Los rayos de luz ciertamente daban en su rostro y le molestaban, se removió con incomodidad y lentamente los abrió. Sin embargo, eso no fue lo que terminó de recibirlo en su mañana.

Pues las ventanas estaban abiertas y dos manos sujetaban cada extremo de manera peculiar.

—Eres hermoso aún cuando duermes.— Dijo aquella voz tan juguetona acompañada de unos gráciles ojos de oro.—. Pero desafortunadamente es hora de despertar. Es nuestro día.

—¿He?— De repente Nagisa no supo a lo que se enfrentó, si de por si ya estaba cansado y aún confundido por recién haber despertado, lo estuvo aún más cuando el mayor de los Akabane se acercó a él para depositar un cálido beso en sus labios.

—¿Qué pasa, Muñeco? ¿Acaso no te ha gustado?— El pelirrojo inquirio cuando vio su gesto. El celeste de inmediato negó.

—No es eso, en realidad...

—¡Genial! Entonces cambiate a la ropa que te he dejado al borde de la cama. La compré especialmente para ti, por lo que también espero que te guste.

Aquella interrupción le sorprendió. Más cuando le fue señalado un lindo conjunto de ropa al borde de la cama de un aparente color rosa pastel bastante llamativo.

Ya se lo imaginaba, si era sincero.

No sería la primera ni última vez en la cual sería sometido a algo así.

Nagisa Shiota se había acostumbrado a sentirlo todo, incluso a inflingirse a sí mismo la sensación tan dolorosa de estar vivo. Desafortunadamente siempre era una respuesta positiva al dolor que se lo hacía saber.

Y entonces buscaba más.

Era una fantástica y enferma obsesión la cual amaba con todo su ser.

Tomó la ropa entre sus manos, observando cómo Karma tomaba asiento en el único sillón en el medio de su habitación que daba directo a donde él estaba.

¿Eso estaba ahí ayer?

O peor aún, ¿El Akabane mayor no planeaba irse? Tal parecía que no, por sus ojos tan bien puestos en él, supo que quería verlo desde ya.

—¿Qué esperas?— Le insinuó.—. Ahí tienes la ropa, cambiate y modela para mí, muñeco.

Con eso aclarado y extrañado por el singular apodo que Karma le había decidido dar, soltó un pequeño suspiró mientras desabrochaba los botones de su camisa y tomaba en sus manos la playera de tela delgada escotada color rosa con una hermosa flor en el medio.

Cuido que sus coletas no se desamarraran y ahora fue por la pequeña falta del mismo tono tipo colegiala.

No evitaba aquel nerviosismo principalmente por los ojos de Karma, quien parecía ya comerlo con la mirada a penas inicio a quitarse la ropa.

¿Era su imaginación o acaso era en serio un ciervo a punto de ser atacado por aquel lobo?

Finalmente acabó de colocarse aquellas mayas de un hermoso y puro color blanco casi perfecto que llegaban casi hasta la mitad de su muslo.

Lo último que colocó en sus pies fueron unos simples zapatos negros de plataforma no tan alta. Curiosamente estaba también acostumbrado a usarlos de alguna manera.

Una vez listo, se acercó a su dueño, de pie y mostrado una figura espectacular que sin duda cualquier mujer estaría deseosa de tener.

Con una piel blanca, hermosa y de textura suave, sus ojos azules profundos como un cielo en primavera. Tal vez había vívido gran parte de su vida siendo brutalmente acosado, pero incluso su cabello tan brillante le pareció algo casi imposible.

No le quedaba duda, Shiota Nagisa era un completo Ángel.

Algo perfecto para él.

Nagisa si bien ya estaba muy acostumbrado, no evitaba sentir el como su corazón latía con desenfreno al estar frente aquellos ojos que silenciosamente lo atacaban.

Vestido, se sentía desnudo. Observado, su corazón se sentía aturdido. Jamás había sentido aquello, tenebroso de caminar en tacones, tarareando en su mente la única canción de su madre que recordaba.

Akabane lo tomó de su cintura y se levantó, con exaspero le besó y por si eso no fuese suficiente, tomó con brusquedad su cabello hasta que tirando de el logró sacar las ligas para soltar sus mechones.

Nagisa soltó un pequeño quejido, cuando alguien lo tomaba así, siempre se había sentido pequeño, sumiso, tanto que le encantaba.

Tal vez un golpe, una cortada, un choque eléctrico, atesoraba...

Le gustaba y con desespero deseaba sentir más, pero yacía temeroso por ello y decidía callar, esperando que sus ojos llenos de deseo hablaran para decir lo que quería.

Lo cual jamás pasaba...

—Eres igual a una pequeña perra.— Karma se separó, empujándolo de forma disimulada hasta quien sabe donde.—. Te gusta, ¿No es así?

Aquello lo dejó estupefacto, ¿Desde cuándo alguien era observador hasta llegar a aquel punto?

En toda circunstancia aquello le hubiese excitado más. De hecho lo hacía enloquecer aún más.

—¿Qué...?

—Eres fácil de leer, muñeco. Aquel gemido y gesto dice mucho de ti, ¿Qué tipo de masoquista eres? ¿Hasta dónde se supone que has llegado antes? ¿Cuántas veces te han hecho gritar de dolor hasta sentirte muerto por dentro? ¿Cuántas personas te han hecho sentir satisfecho con ello?

La única vez en la que tocaron su cuerpo con cigarros encendidos, cuando fue amarrado y amordazado por un grupo de personas, simulando su secuestró, inclusive cuando las cadenas golpearon su cuerpo hasta hacerlo vomitar sangre.

Se acostumbró tanto a ello... Que el deseó enfermo fue creciendo con demencia.

Quería ser castigado, ¿Qué crimen silencioso había cometido para desear tanto aquello?

Su piel se erizo cuando la puerta a sus espaldas fue abierta, Akabane le besó de nuevo y está vez camino con rapidez por el pasillo paseando sus manos por aquellas finas curvas que tanto le habían encantado desde el inicio.

Tocando todo lo que pudiese, analizando sus puntos más débiles con cada paso que daban.

Sólo Nagisa se detuvo cuando dejó de sentir el piso bajo sus pies. De alguna forma sospecho que estarían al borde de las escaleras, con el riesgo de caer al vacío en algún momento.

—Eres un muñeco sucio y estúpido por aguantar todo esto.— Entre el segundo beso, el pelirrojo murmuró aquello. Afirmo su agarre a su cintura.

Nagisa frunció su ceño. Aunque bien sabía que todo aquello era la asquerosa verdad de su infierno.

Quiso decir algo, más su labio siendo atrapado entre los dientes de su contrario, mordiendo hasta hacerle caer una lágrima, sus pies resbalaron y aquellas manos sosteniendo su seguridad lo soltaron.

Dejándolo caer en seco por las escaleras. Entre gritos de dolor, Nagisa tardó segundos en tocar el suelo. Golpeo su estómago, costillas, piernas, cabeza... Todo le dolía.

Pero bien sabía que la sangre escurriendo de su labio había sido por aquel mortal beso segundos antes.

Lo último que sintió fue su cabeza golpear contra los pies de alguien.

Con mareos y confundido del por qué de aquello, levantó su mirada.

Asano le miraba desde arriba, serio, sin importarle que literalmente había estado a punto de morir. Sólo le observaba con una seca mirada de desprecio.

Todo lo contrario a la cálida sonrisa del día anterior.

Pensó que al menos le preguntaría si estaba bien, o si se había hecho daño de más; Pero pronto el verlo darle la espalda en vez de una mano, le hizo sentir paniqueado.

Ese no era el Asano que lo había recibido. No era lo que él vio, ¿Qué mierda se supone que había pasado?

Pero de nuevo no tuvo tiempo de pensar, pues fue jalado de sus cabellos para ser levantado por la fuerza, la tétrica risa de Karma lo tomó desprevenido, deformando aquel gesto tan valiente que tenía antes de caer.

Supo en ese momento que aquella casa tenía más secretos de lo pensado. Más contrastes aterradores de los que él pensaba.

—¿Qué pasa, muñeco? ¿Tienes miedo acaso?— El mayor se río de forma socarrona tras ver su gesto abrumado y confundido.—. Es una lástima, porque no deberías. Esto es tan sólo el inicio.

Parecía un muñeco de trapo, asustado y deseando saber que mierda pasaba realmente en esa casa.

El pánico poco a poco entró a su cuerpo al mismo tiempo que unas grandes manos lo abrazaban desde atrás.

—Tranquilo, niño.— Le susurró en su oído.—. Nada aquí es lo que parece, y por si no lo sabías, el hijo de puta de Asano es aún peor que yo. En quién no debes de confiar realmente es en él y en sus palabras, porque si lo haces, acabarás mal.

Su corazón exaltado dio un vuelco asustado.

Aquellos brazos le soltaron y próximamente vio a Karma desaparecer en el pasillo. Dejándolo a la deriva.

Nagisa se sentía aún aturdido.

N/A: Hola! Si vieron mi perfil hace unos días, de seguro se dieron cuenta que hice una encuesta para saber de cuál historia debería de hacer un maratón y ustedes votaron.

Por obvias razones, Sweet Sour Candy ganó, por lo que a partir de hoy, por cinco días seguidos habrá un capítulo diario de SSC, así que esperenlo, porque está historia se vendrá con todo.

Sin nada más que decir, espero que disfruten de éste maratón.