Pacto de sangre

Tres tardes. Draco llevaba tres tardes enfrascado en ese libro, tres tardes sin hacerle ningún caso a Harry. Eso no era cosa buena.

— Cariño —le saludó, dejándose caer junto a él en el sofá.

— Mmmm.

— Draco, cariño —insistió.

— Un momento.

Harry gruñó, con los brazos cruzados. Finalmente, con un suspiro de molestia, Draco cerró el libro y lo miró.

— Deberíamos hacer un pacto de sangre.

— ¿Disculpa? —se sorprendió por el planteamiento.

— Dumbledore y Grindewald hicieron uno —le explicó como si fuera tonto, señalando el libro entre sus manos.

Maldita Rita y su afán de indagar en la vida de Dumbledore.

— Cariño —le habló, tratando de juntar paciencia— ¿no habíamos hablado de estos libros? Nada que diga esa mujer es fiable.

— Pero deberíamos hacerlo, Harry —protestó, con un puchero y los ojos un poco enloquecidos, poniéndose las dos manos sobre el vientre— Sería una protección extra para nuestro niño.

Harry suspiró y se acercó lo suficiente como para pasarle el brazo por los hombros e invitarle a apoyarse en su pecho.

— Mi vida, no necesitamos un ritual oscuro para proteger a nuestro bebé. Nos tiene a ambos, y a nuestras familias. ¿Crees que tu padre permitiría que le pasara algo a su heredero? —preguntó, tratando de hacerle reír.

Draco se acurrucó contra él.

— Estoy asustado, Harry —susurró por fin—. ¿Y si me pasa algo y no estoy aquí para criarlo?

Su marido se limitó a apretar más su abrazo. Podía entenderle, lo que le estaba pasando era algo extraordinario e inesperado, él también se asustaba a ratos. Pero iban a salir adelante, juntos.

Pérdida de memoria

— Es uno de los efectos secundarios del embarazo, Harry.

— No trates de defenderlo, Hermione —contestó Harry, enfurruñado.

— Te estoy hablando en serio, Harry. Draco es la persona más meticulosa que conozco. La única manera de que haya olvidado tu cumpleaños es que haya perdido memoria por el embarazo. Se llama amnesia del embarazo y es por las hormonas.

— Todo es por las hormonas —masculló entre dientes, negándose a bajarse de su enfado.

— La próxima vez quizá quieras considerar la posibilidad de ser tú el que pase por todo esto —le contestó a su espalda la voz de su marido.

Harry apretó los ojos y soltó aire antes de ponerse en pie y caminar hacia él mientras Hermione se evaporaba silenciosamente.

— Perdóname, cariño —le dijo, acariciándole despacio la cara.

Draco deshizo el mohín de disgusto con la caricia y suspiró. Le tomó de la mano y lo llevó sin decir nada hacia el jardín. A Harry casi le da algo cuando salió al pequeño rectángulo de hierba donde normalmente se tumbaban a ver las estrellas y se encontró un montón de gente que gritaba.

— ¡SORPRESA!

— Feliz cumpleaños, amor —le murmuró Draco al oído—. Te merecías una buena fiesta después de aguantarme estos meses. Y a mi padre.

Una risa fantástica salió de la garganta morena mientras lo abrazaba.

— Sé que no tuviste fiestas de cumpleaños de niño —siguió hablándole, tomando su mano mientras avanzaban por el jardín, saludando a sus amigos—, así que hemos pensado que te gustaría esto.

Su marido volvió a reír, arrugando los ojos de esa manera tan infantil y sexy a la vez. Dentro de él, el bebé se movió, siempre respondía a la voz de Harry y por un momento Draco estuvo seguro de que estaba feliz también. Se puso una mano sobre la tripa con cariño y observó a Harry descubrir los globos, las cadenetas de papel y la tarta.

— Espera, estos son... —gritó emocionado al ver la fotografía impresa sobre la tarta, en vistosos colores.

— "Dragones y mazmorras" —respondió Ron, señalando la tarta con su vaso—, una vez nos dijiste que de niño tu primo la veía y tú solo conseguías escucharla.

— Mira, —Lo acercó Draco más a la mesa— hay un mago bajito con gafas y un guapo guerrero alto y rubio. Estaba hecha para ti.

Hubo una risa generalizada cuando Harry asintió y metió el dedo en la tarta para luego, rápidamente, embadurnarle la nariz a Draco de crema, como había hecho el día de su boda. Y un aplauso cuando se besaron.

Celos

— Es normal, Draco.

Su marido le miró con el ceño muy fruncido y las manos en las caderas.

— ¡Podría haberse hecho mucho daño!

Harry avanzó hasta él y tomó una de sus manos para entrelazar los dedos con los suyos.

— Lo sé. Y estuvo mal, y obviamente hay que explicárselo. Pero cariño, tiene tres años. Son celos.

— ¿Celos? —preguntó sin entender mientras Harry tiraba de él hacia el cuarto del mayor de sus hijos.

Abrió la puerta y ambos vieron al pequeño, un mini Harry, sentado en un rincón, con la cabeza apoyada en las rodillas, abrazadas por sus cortos brazos.

— Scorp empieza a ser más que un bebé llorón, y recibe más atención. Has estado fuera tres días y James estaba impaciente por mostrarte lo que había conseguido hacer con su escoba. Y al llegar te has ido directo a ver a Scorpius. Ha estado mal, pero James necesita escuchar que lo quieres aunque haya hecho algo que no debía, Draco.

Draco miró unos segundos más a su hijo. Con un suspiro, se liberó de Harry y en un par de zancadas se plantó delante del niño, que levantó la varita para mirarle, con ojos llorosos y el labio sujeto entre los dientes. Se sentó frente a él y abrió los brazos.

James no dudó, se refugió en ellos y recibió un beso en la coronilla.

— Te he echado de menos, Jaimie...

Harry los miró a los dos, hablando en voz baja, y cerró la puerta para dejarlos solos e ir a revisar a su bebé, que protestaba ya en la cuna.

El capítulo 19 ha sido ampliado, por si no lo habéis visto. Estos dos van seguidos y hasta aquí llega esta historia. Como le dice Draco a Harry, la siguiente vez lo vives tú, y lo ha hecho con Scorpius.