Nueva actualización, corazones. ¡Eso es raro, casi siempre tardo una vida en hacerlo!


02- Vex'ahlia

Una pobre chica desafortunada… o tal vez no tanto.

La perspectiva de Vex sobre Brigid Íonachta había cambiado bastante cuando la habían conocido, en comparación al presente tras volver a encontrarla.

La primera vez que la había visto, en compañía de su hermano, había sido al borde de la muerte a la que ella misma se quiso entregar tras una vida donde todo lo que amaba había perecido y por artimañas torcidas, sus manos acabaron manchadas de sangre inocente.

Aterrada, asustada, triste, sin esperanzas ni motivos para querer vivir.

Mientras Vax se debatía internamente sobre cómo podían ayudarla, Vex se inclinó por ser más directa y hasta algo más cruel.

Porque era posible que hasta ahora, la vida de Brigid hubiese sido una caída directa al infierno, plagada de errores y acciones imperdonables a los ojos de algunos, pero podía torcerlo a una mejor dirección. Nadie le estaba pidiendo que se redimiera por sus acciones con actos heroicos; podía simplemente tener una vida en paz y alejada de todo aquello que le recordase sus malos pasos del pasado.

Vex'ahlia se lo había dicho en un discurso algo brusco, antes de contarle que la situación de ella y su hermano tampoco era la mejor, pero aún así estaban dispuestos a seguir viviendo en busca de una mejor alternativa para sus vidas. Si ellos, que ya habían pasado un buen infierno con su padre y la muerte de su madre, podían decidirse a buscar algo mejor ¿Qué le impedía a Brigid hacer lo mismo?

A Vex no le importó en lo más mínimo lo que Brigid hubiese hecho en el pasado, porque sabía que estaba arrepentida y seguramente esa culpa la carcomería en lo profundo hasta el día de su muerte. Con eso ya era castigo suficiente.

Tras enfocarse en incentivarla para que pudiese encontrar una mejor vida, la tentación a que los acompañase la llamó con la intensidad de un grito divino. Después de todo, no le vendría mal una compañía femenina que la entendiese en asuntos que su hermano no captaría ni a punta de espada. Pero esas ideas murieron tan pronto como surgieron, cuando Brigid les agradeció infinitamente su ayuda y que ya no podía seguir siendo carga para ambos; debía emprender su rumbo de forma independiente. Vax no dijo demasiado ese día y solo asintió con la cabeza al momento de despedirse, pero su única familiar no fue igual y se aferró a Brigid como si fuese su hermana de sangre, luchando por no llorar en ese instante.

No lo diría en voz alta, pero en solo cosa de días, había llegado a quererla como si ambas fuesen de la misma familia.

Sus destinos se separaron; Vax y Vex emprendieron el rumbo a donde la vida los llevase y Brigid se encaminó hacia la ciudad que la vio nacer y donde fue feliz algún día: Emon.

Eso había sido todo. La semielfa de cabello rojizo oscuro había partido de sus vidas de la misma forma en que había llegado; inesperadamente y dando una leve emoción a su trayecto.

Por supuesto… Vex jamás se imaginó que la volvería a ver.

En el presente, con ella y su hermano metidos con un grupo de pésima reputación conocido como Vox Machina y endeudados hasta el cuello por todas partes en Tal'Dorei.

Pero en el momento en que sus miradas se cruzaron, Vex volvió a sentirse como esa adolescente ingenua que quería tener una hermana de su edad para sentir que su familia estaba completa. Apartó a Vax con cierto apuro y abrazó con fuerza a Brigid, repitiendo su nombre con una euforia reprimida. Gesto que la fémina contraria le correspondió con la misma felicidad desbordada.

Por todos los dioses… ¡Se veía preciosa! En comparación a su yo del pasado, esa chica se veía resplandeciente como un amanecer después de la lluvia.

Esa misma noche, ambas mujeres charlaron animadamente en una taberna, bebiendo cerveza hasta el límite y riéndose de malos chistes. No dejaban de ponerse al día sobre sus vidas desde el momento en que se habían separado y a ratos se repetían mutuamente la frase "Debiste haber estado allí ¡Fue tan gracioso!".

Fue como si el vinculo que había surgido en el pasado, ahora se hubiese convertido en algo mucho más profundo y emotivo.

Misma razón por la cual Vex comenzó a frecuentar el hogar de Brigid, a veces en compañía de Vox Machina o Vax; aunque en otras ocasiones iba sola. En especial si quería pasar el tiempo con ella. A veces la sorprendía trabajando en sus encargos de costurera donde hacía milagros con las telas. Otras la sorprendía cocinando algo delicioso y terminaba compartiendo con ella lo que preparaba.

Y otras veces, Brigid la acompañaba a las tabernas a disfrutar de una buena dosis de alcohol intoxicante que las dejase fuera de sí. Ya fuese en una salida de dos o en convivencia con todos los amigos de Vex. Otras veces le ayudaba a conseguir dinero fácil y la semielfa arquera se sorprendió de que Brigid supiese robar con tanta naturalidad como si estuviese respirando y no levantar la más mínima sospecha. Consecuencias de buscar sobrevivir cuando apenas estaba comenzando y nadie se dignaba a darle una oportunidad.

Una travesura que se reservaba para los canallas que alguna vez le habían faltado el respeto o intentado pasarse de listos con su trabajo o con su atractivo.

Para Vex, esos momentos reforzaban su idea de que Brigid era el miembro faltante de su familia; pero a pesar de tener esa convicción latente en su corazón, no se atrevía a confesarlo. Porque no sabía si Brigid se sentiría igual o qué diría si llegaba a saberlo. Lo que menos quería era que por culpa de su estúpido sentimentalismo, se arruinara su hermandad con la chica bruja de ojos puros.

Sin embargo un día, lo dejó salir con la misma naturalidad con que respondía con cruel sarcasmo a lo que le hacía enfadar.

Brigid se estaba riendo de buena gana de un curioso infortunio que ambas habían sufrido durante una salida a una taberna la noche anterior. En esa ocasión solo habían estado ambas y sus malos chistes y anécdotas de sus vidas, cuando un par de imbéciles se les aproximaron con la intención de propasarse. Brigid los rechazó cortésmente, siendo algo que no resultó. Y tampoco fue para mejor cuando pasó de la amabilidad a la violencia y los mandó a la mierda con una actitud totalmente despectiva. Y el broche de oro fue para Vex cuando ya hastiada de que no dejasen en paz a su amiga, simplemente soltó un silbido peculiar y en cosa de segundos, su querido amigo Trinckets ya estaba rugiendo en la entrada.

El resto, bueno, podía contarse solo.

- Era a mí a quien acosaban y la que se enojó más fuiste tú, Vex – se carcajeaba Brigid de buena gana – Fue una puta locura ¡Ojala los demás lo hubiesen visto!

- Era obvio que me iba a cabrear, preciosa – afirmó la acusada con una de sus típicas sonrisas coquetas – No puedo permitir que le hagan pasar malos ratos a mi hermanita…

Lo había dicho como si no fuese la gran cosa y antes de haber podido pensarlo, ya había confesado todo en esa simple última palabra.

Al tomar conciencia de lo que había dicho, palideció de temor y no se atrevió a ver a la mujer costurera a los ojos. ¡Mierda! Ahora sí la había regado.

Vex nunca había sido buena con los lazos familiares; el único que poseía era el que tenía con su hermano. Su madre ya estaba muerta y su padre era un asco de individuo. Y Vox Machina eran un lazo caótico que no se atrevía a reconocer como una familia. Brigid estaba más cerca de ese anhelo, pero no podía forzarla.

- Oye Vex…

Su nombre en boca de la semielfa la obligó a voltear a verla, asustada de su reacción. Mas su sorpresa fue enorme cuando vio en los ojos ajenos un vestigio de lágrimas humedeciendo el borde de sus pestañas.

- ¿Eso último… era en serio?

La arquera no pudo ocultar su sinceridad y solo asintió con la cabeza, rogando a cualquier deidad existente, que su amistad con Brigid no se fuera a la mierda en ese momento.

Claro que la respuesta… fue todo lo contrario a lo que sus horribles especulaciones le gritaban.

- ¡No es justo, mujer! – se quejó Brigid cual niña pequeña, inflando sus mejillas – ¡Se supone que soy un año mayor que tú! ¿Por qué me toca ser la hermanita menor?

- ¿Qué… cosa? – inquirió Vex aún procesando lo que pasaba.

- ¡Se supone que a mí me toca ese rol! – farfulló Brigid con falso enfado y hasta sonriendo de oreja a oreja – Yo debería ser la que te cuide.

La contraria no pudo evitar que una extensa sonrisa se le adhiriera a la cara, seguido de una sonora carcajada; comprendiendo que todo estaba bien. Brigid estaba aceptando sus sentimientos fraternales de la forma más inmadura y liberadora que podía con tal de que ambas no empezaran a llorar como niñas pequeñas.

- Lo siento, corazón – se río más fuerte al responder a su berrinche – Pero aquí entre nos, la más madura soy yo.

- ¡Oye! Eso no es verdad – reclamó la otra fémina mientras la abrazaba por el costado – Preguntale a Vax ¡Te dirá que mientes!

- ¿Quieres apostar?

Y en medio de esa falsa discusión por quien tomaría el rol de hermana mayor en su peculiar familia, ambas volvieron a confirmar que su primer encuentro no había sido una mera coincidencia.

Después de todo, los hermanos no necesitan lazos de sangre para ser familia.