¡Muchas gracias por este precioso fanart en honor a está historia! ¡Es realmente hermoso!

Créditos a; Arshipatch

En DevianArt

Capítulo corregido:

01/01/2021

Las luces eran tenues, con velas en candelabros, con altas pinturas tétricas levantándose por sobre las paredes de aquella gran mansión ensombrecida con tonos naranjas, rojos y negros.

El ambiente si bien era cálido, desprendía un aura oscura más todos los invitados de aquella noche, antifaces negros cubrían sus ojos, dejando únicamente la parte de su pupila abierta.

Todos desprendían aquella misma aura; Peligro y autoridad.

Ya no quiero estar aquí. Pensó el celeste al sentir todas las miradas por sobre él, casi hasta dudo que aquella fuese su bienvenida.

Las miradas voraces y sedientas de sangre le dejaban un muy mal sabor de boca. Además hacían que sus débiles piernas temblaran constantemente, haciéndolo lucir aún más dulce e inocente.

Había estado en ese ambiente antes, sucio, en donde todos le veían con aires de postre tras un leve plato principal en una cena de navidad.

Su corazón latía, bajo la atenta mirada de todos su excitación crecía...

Amaba ser el centro de atención, juzgando por su belleza, no había nada mejor que mirarle pasar.

No era como una modelo, mucho menos una prostituta parada a la mitad de la calle buscando ser pagada.

Él era único en todos los sentidos. Sabía de lo que estaba hecho y lo que podía hacer. Estaba consciente de la gran belleza que el joven propio cargaba para su juventud.

También sabía como sacar provecho máximo de ella.

Sonrió para si, sólo hasta que escucho una voz bastante particular gritarle entre medio de su ensoñación que lo sacó de su trance en un sólo y agudo grito casi de furia.

—¡Nagisa!— Próximamente miro a Karma a su lado, algunas personas voltearon, pero nada de otro mundo al seguir con sus conversaciones con otros invitados.—. La cena iniciará, ve a cambiarte a tu cuarto, te he dejado algo sobre tu cama que deberás ponerte.

—Ah... Si... Sí...

—¡Entonces corre!

El grito y el aparente tono enojado, hicieron estremecer su espalda en miles de cosquillas que lo hicieron correr escaleras arriba lo más rápido posible. Pronto se extravió en los pasillos.

Y finalmente llegó hasta la habitación donde dormía. Viendo que sobre su cama reposaba un vestido de novia blanco. Sin embargo, siendo únicamente un velo.

Pero se veía hermoso, más aún, al ver que quedaba perfectamente con su figura.

Ya colocado noto que aquel vestido bajo un velo, no eran más que trozos de tela que se limitaban a cubrir sus zonas más íntimas, mientras que el velo dejaba ver aquella blanca piel tan pálida y perfecta bajo un manto que parecía ser de nieve.

Le asentaba bastante bien, y sus cabellos sueltos de tono azul eran el contraste perfecto para hacerle ver cálido, inocente, sensual y puramente tentador.

Fascinante.

Próximo a ello, Nagisa bajo con apuro las escaleras casi de plata hasta llegar al comedor principal.

Donde al ver a los invitados sentados a lo largo de la mesa, con ambos gemelos esperándolo en la parte superior, su corazón latio con desenfreno, pero más aún al ver que aquellas miradas de lujuria a su persona crecieron casi con demencia.

Suspiro alto y miró al menor de los Akabane hacerle una seña para que se acercara a ellos, donde justo también estaba su asiento en el centro.

Nagisa acató aquella orden aún de pie, siendo tomado de los hombros por ambos gemelos.

—Es un gusto en verdad presentarles a un nuevo integrante de la familia.— Menciono Karma, a lo que después un silencio turbio se hizo en la habitación. Con toda atención merecida.—. Él a partir de ahora será conocido como Nagisa Akabane. Joven adoptado para el bienestar y prosperidad de la misma familia Akabane.

Tras ello, Asano tomó el orden de las palabras por gusto de su hermano.

—A partir de ahora, Nagisa será reconocido como nuestro hermano menor y futuro candidato para seguir el orden de la familia.— Y Nagisa se quedo boca abierto—. Es de verdad un gusto que hayan estado aquí para recibir esta noticia con nosotros.

Y todos aplaudieron tras la reverencia de los dos mayores y una obligada a Nagisa.

Nagisa no daba crédito a ello. Pues, ¿Qué mierda era eso? ¿Seguir con la familia? ¿Hermano menor? ¡¿Nagisa Akabane?!

El joven chico sólo sonrió con temor y finalmente un choque entre copas de champaña hizo dar inicio a aquella cena tan esperada.

Pero mierda, él ni siquiera pudo disfrutar la exquisites con caviar en su plato debido a que seguía sin asimilar lo dicho por sus ahora... ¿Hermanos mayores?

Era una jodida locura.

No sabía lo que planeaban, ni siquiera sabía si ser su propio gusto sexual seguía en pie. Tal vez esperar sería lo mejor, porque ellos debían darle una explicación justa... ¿Cierto...?

Lo siguiente de la cena pasó tranquilo, comiendo a gusto mientras el ex Shiota sentía miradas penetrantes sobre su ser. Tomando un bocado, una pregunta externa fue lo que llamó su atención.

—Eres lindo, Nagisa.— Argumento una señora no tan mayor, llevaba un vestido negro ajustado junto a un antifaz color plata bastante brillante.—. Tienes suerte de estar con los Akabane, ¿Qué edad tienes?

—Diecinueve...— Argumento con temor, a lo que la joven mujer sonrió.

—Eres bastante joven para estar en este tipo de mundo, dime; ¿Cómo fue que los conociste?

Nagisa no sabía si contestar a ello, por lo que un gesto incómodo fue lo único que hizo, bajando su mirada por inercia. Solía hacerlo cuando estaba siendo regañado.

—Oh, lo siento. Mi error.— La mujer se excusó al ver lo que causó, sin embargo, siguió sonriendo.—. ¿Podrías decirme a qué te dedicabas antes?

Uhg... Aquello no podría ser peor.

—Yo... Yo...

—Lo sentimos, pero ese tipo de preguntas no están permitidas, señorita.

Al ver la timidez de Nagisa, Karma salió a su defensa. A lo que la joven mujer se disculpó por su impertinencia.

—Oh, lo siento, de verdad no era mi intención.— Dijo.—. Es sólo que me ha parecido fascinante el hecho de...

Pero entonces, un fuerte golpe resonó en la habitación, Nagisa levantó su mirada, sólo para ver como la mujer recibía una bofetada por parte de un hombre lo bastante mayor que ella. O eso parecía.

—Lamento la inoportunidad de mi esposa. Ella lo lamenta.— Y no hubo más palabras.

Nagisa no supo lo que pasó, pensó que alguien diría algo por el golpe o una queja mínimo, sin embargo, todos siguieron con lo suyo, como si nada hubieran pasado.

Incluso los gemelos Akabane, que no se inmutaron. Él fue el único que reaccionó ante la violencia presentada.

Inevitablemente el sentimiento de miedo se colocó en su pecho. Pero decidió que seguir comiendo sería lo mejor.

Así pasó aquella noche, una velada entre desconocidos de los cuales no conocía más que el tono obscuro de sus ojos y trágica aura.

Entre copas de vino y champaña él se hallaba, entre grandes brazos y paredes de miradas yacía atrapado.

Sin saber su pertenencia o ahora propósito en aquella casa de locos y extravagantes.

La fiesta pasó, haciéndolo sumergir en el infierno del que tanto había escuchado hablar, ¿Aquello era cierto? Sin morir, el infierno había tocado, sin morir, estaba pasando por los siete que había escuchado.

Y lo peor, sabía que aquel mismo sólo había empezado.

Tomó del velo de su aparente vestido mientras caminaba con ambos gemelos, bostezando sin saber a que hora acabaría aquello con exactitud.

—Puedes ir a dormir.— Exclamo el hermano menor.—. Nosotros nos encargaremos de lo que falte, has sido un buen chico está noche, Nagisa.

—Nos alegra que los avisos no hayan tenido que ser necesarios.— Le siguió el hermano mayor.

Nagisa se sintió feliz, adorando la sonrisa que ahora estaba recibiendo por parte de los gemelos. Tan brillante y cálida que el pensamiento de que ellos pudieron haber sido malos con él hasta atentar contra su vida, se borró de su cabeza.

Sí... Nagisa seguía siendo puro de alma. Aún.

—Mañana recibirás un premio por tu buena conducta, chico.— El celeste asintió totalmente animado.—. Ahora corre, que a penas y puedes mantener tus ojos abiertos.

Dirigió como último, una mirada cálida a ambos hermanos antes de subir hasta su habitación y perderse en los pasillos de aquella mansión.

Se sentía bien, era agradable.

Y no supo por qué, hasta que las palabras de la cena volvieron a su mente como un recuerdo fugaz.

"Hermano menor."

No sabía en lo que se metía. No sabía dónde estaba. No entendía lo que hacía.

Pero tenía una familia.

¿Qué tan cierto era aquello? Había sido llamado como un Akabane, perdiendo su anterior apellido.

Pero, ¿Qué más daba? ¡Las cosas ya estaban hechas! Él estaba realmente feliz.

No porque estuviese siendo amenazado con miradas que ni siquiera él notaba.

Tampoco porque básicamente estuviera siendo exhibido como una obra en un museo, o como un animal exótico en el mejor zoológico del mundo.

¡Tenía una familia! ¡Había sido anunciado como parte de una de forma oficial!

Y en efecto, si lo has entendido, querido lector; La manipulación a base de mentiras domina. Buscando colocarse en lo más alto, formando un infierno que no se compadeceria ni siquiera del alma de un caído.

En todo lo hay, entre susurros, gritos o juramentos.

Porque venir a la tierra sin pecar, es como no tomar agua teniendo sed.

Porque nunca se debe intentar ganar por la fuerza, lo que bien puede ser ganado con la mentira.

Y aquella, tan sólo era el detonante para la verdadera catástrofe.