Capitulo nuevo, corazones. No se fíen de este ataque de inspiración, porque la vida adulta puede matarlo en cualquier momento.


03- Scanlan Shorthalt

Una belleza exótica.

Esa había sido la primera definición que Scanlan Shorthalt pensó cuando Brigid Íonachta fue presentada ante los miembros de Vox Machina bajo la etiqueta de ser una vieja amiga de Vax y Vex que no habían visto en mucho tiempo y que ahora se habían reencontrado en Emon, varios años después.

Y es que no existía mejor término para ella.

Era preciosa, de rasgos finos y figura con curvilíneas envidiables, además de lo resaltable de su alocado cabello de fusión rojo oscuro, atado en una floja coleta que siempre se soltaba y sus ojillos rasgados de tono amatista.

Eso explicaba fácilmente por qué tantos individuos en Emon babeaban de solo verla pasar. Brigid siempre caminaba de forma simple y a la vez refinada, actuando con cautela y con encantadora amabilidad, a veces fingida y a veces realista.

Era una simple lugareña que trabajaba como costurera y cuyo labor era bien reconocido entre los nobles de la capital por hacer vestidos maravillosos, lo que siempre le garantizaba un buen pago que le ayudaba a mantenerse bien a diario.

Parecía sacada de una canción poética sobre la belleza etérea de alguna deidad.

Muchos creerían que nunca encajaría con un grupo de desbandados problemáticos como Vox Machina.

¡Menudo error!

Scanlan lo había comprobado en primera fila en una de las escasas veces en que no los vetaron de una taberna. Él estaba dando uno de sus exorbitantes espectáculos donde sus canciones siempre aludían al sexo, cuando de un momento a otro, Brigid se puso de pie sobre la mesa donde estaba el resto del grupo y ebria hasta los cimientos, se puso a bailar al son de lo que él cantaba, ganándose los silbidos lujuriosos y los aplausos de quienes yacían en el lugar a esa hora. Incluso Grog gritaba eufórico por su danza mal ejecutada como si fuese lo más increíble del mundo.

Cuando Scanlan terminó de cantar, bastante animado por las acciones de esa hermosa fémina, la susodicha se cayó de espaldas y fue atrapada por los fuertes brazos de Vax, quien solo se mofó de su mala costumbre de embriagarse hasta no recordar ni quién era mientras ella reía de buena carcajada.

Allí descubrió que así como ella podía ser un encanto de persona, también podía ser una absoluta desvergonzada. Beber cerveza hasta casi ganarle a Grog y defenderse a puño limpio de quienes la insultasen sin más (eso último casi les había costado pasar tres noches en una celda). Brigid era una mujer de matices interesantes; que podía ayudarlos a salir de problemas sin caer igual de bajo y a la vez meterse en medio de sus peleas de bar para ayudarlos a ganar ventaja gracias a sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo. Que podía dialogar con Keyleth para subirle los ánimos y la autoestima, al mismo tiempo pelearse con Percy por sus mañas de "ricachón noble" y como broche de oro, ayudar a los gemelos Vax y Vex a llevar a cabo sus artimañas para conseguir dinero, aprovechándose de su carita de ángel inocente incapaz de matar una mosca.

Era una mujer interesante que parecía conocerlos a todos con solo observarlos durante algún tiempo y que siempre estaba al servicio de Vox Machina, ya fuese para ayudarlos o para estallar de locura con ellos.

Y además… una de las pocas mujeres que se habían resistido con terquedad obstinada a los encantos de Scanlan Shorthalt. Una de las escasas féminas que no había conseguido llevarse a la cama.

La dulce ninfa siempre respondía a sus coqueteos con risas falsas o con respuestas sarcásticas, pero jamás había dicho que sí.

Aunque algo bueno había salido de eso, pues gracias a esa extraña dinámica, ambos habían acabado haciéndose más amigos de lo que él no imaginó con anterioridad. Pues más allá de la peculiar tensión sexual que ambos cargaban, Brigid siempre era amable con él a pesar de que a veces afilaba de forma cruel su lengua para frenar sus coqueteos.

Si lo veía, le preguntaba que era de su vida, varias veces le guardaba una jarra de cerveza cuando terminaba sus espectáculos en alguna taberna e incluso más de una ocasión se tomó la molestia de remendar su ropa cuando el muy idiota había tenido "percances" durante algún entretenimiento sexual. Incluso él mismo había aprendido a predecir cuando ella iba a reaccionar con furia ante alguna situación o cuando estaba más cansada de lo que realmente admitía por su trabajo de costurera.

Sin embargo…

Sí, había algo que Scanlan detestaba de Brigid…

No. Esa palabra no iba al caso. Si así fuese, tal vez siquiera serían amigos todavía.

Más bien… se trataba de algo que a él mismo le desagradaba; ser golpeado en donde le dolía y cuando menos lo veía venir. El hecho de ser tomado con la guardia baja era lo que detestaba. Pero si se trataba de ella, no se sentía igual. Sabía que esa mujer no usaría su instante de debilidad para luego reírse o atacarlo por detrás.

Porque aunque Brigid aseguraba que no era un ángel a causa de que también era un desastre andante al igual que cualquier integrante de Vox Machina, o cualquiera que conviviera con ellos de cerca, a veces parecía que sí lo era.

Uno encantador y a la vez peligroso.

No en vano… la primera vez en años que él se quebró emocionalmente fue ante los ojos de Brigid.

Estaban afuera de una taberna luego de una noche de griteríos, cerveza y música. Los demás seguían adentro del establecimiento y ellos dos habían salido con la excusa de que la fémina había sentido nauseas de tanto tragar alcohol. Scanlan estaba ebrio hasta la médula y confesó con la voz rota que ya estaba harto de que los demás no lo consideraran más allá de que fuese un chiste andante. En sus propias palabras, había alegado, arrastrando las vocales en su lengua, que los artistas también necesitaban bajar el telón de vez en cuando y descansar un poco como cualquier persona normal. Pero si el precio era ser pateado abajo del escenario, entonces no valía la pena salir de allí si al menos arriba estabas a salvo.

Estaba seguro de que ella lo miraría en menos y sobre todo por decir esas cosas con el alcohol elevado hasta las nubes, pero Brigid solo le sonrío con profunda tristeza empática y musitó la oración que lo hizo entender la razón de por qué todos los miembros del equipo la apreciaban tanto.

- Así que al fin se te cayó la máscara de bardo, Scanlan.

Tras esa frase, no fue capaz de seguir mirándola a la cara, pues los orbes se le anegaron de lágrimas gruesas que quemaban de sobremanera en la comisura de sus ojos, negándose a caer.

- ¡Ay no, por favor no! – suplicó la fémina temiendo haber tocado una cuerda demasiado frágil en el corazón contrario y acercándose con cuidado lo abrazó de manera reconfortante – No llores.

Ella no había cometido ninguna atrocidad. Había mirado en donde nadie lo había hecho antes. Había encontrado el lado que Scanlan escondía a los ojos ajenos bajo una larga lista de malos chistes de doble sentido y aventuras sexuales sin filtro. El que pertenecía a su verdadero ser y que tal vez él mismo ya estaba olvidando.

El abrazo lo había tomado por sorpresa, pero no le tomó mucho tiempo corresponderle y aferrarse a ella como si la vida se le fuese en ello. Había escondido su llorosa mirada en el hombro de la chica de orbes amatistas para que no notara lo desquebrajado que se encontraba, mientras esta solo le sostenía en sus brazos, frotando su espalda y musitando palabras de consuelo.

Mientras luchaba por no empapar la blusa de ella con sus lágrimas, percibió el familiar aroma de la contraria con una mayor intensidad. Brigid siempre parecía llevar consigo la esencia de su entorno; a madera, cerveza, frutas frescas y el aroma de su hogar siempre desordenado de telas, husos, hilos y vestidos de fino material.

Y por alguna razón, ese olor acogedor lo terminó por ayudar a dejar escapar sus lágrimas en un llanto silencioso que Brigid se negó a interrumpir, mientras se preguntaba si alguno de los integrantes de Vox Machina ya había visto ese lado de Scanlan. Y si la respuesta era una negativa, entonces no le extrañaría que ahora se hubiese quebrado después de aguantar en silencio tanto tiempo.

- No le diré a nadie sobre esto, si así lo quieres – murmuró por lo bajo mientras comenzaba a apartarse de a poco, rompiendo ese abrazo.

- Gracias por eso – respondió el bardo mientras sorbía por la nariz y se quitaba lo restos de lágrimas con brusquedad – Porque no quiero a Vex jodiendo encima el resto de mi vida por esto.

- Sobre mi cadáver – le aseguró Brigid con una sonrisa decorada por su mirada humedecida, haciendo un gesto de silencio con su dedo índice sobre sus labios, provocando una carcajada ahogada entre ambos.

Una señal algo exagerada de que esa instancia se quedaría solo entre ambos y la prueba de que ella sí lo conocía como pocos lo harían. Sin artimañas. Sin trucos sucios.

Solo siendo ella misma.


¡Ejem!

Nos vemos XD