—Es sólo nuestro nuevo juguete, Gakuhō.
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Buscando palpar un poco de consuelo, Nagisa contempló los ojos brillantes semejantes a los de un gato.
Pero también tembló de terror cuando notó la mirada molesta de Karma.
Asano no denotaba nada, a excepción de una pizca de preocupación a penas perceptible mirando al menor de los presentes.
Estar ahí, justo a esa hora, había sido su peor decisión en mucho tiempo.
Ah, mierda.
Pronto, Nagisa escucho suspirar al hombre mayor que acompañaba a ambos gemelos, pero no dijo nada.
Todos se veían molestos con su presencia, sin embargo, tampoco es como si el celeste se sintiera orgulloso.
Se sentía cruelmente atrapado.
—¿Acaso planean quedarse ahí todo el día?— Las palabras bruscas de Karma, dadas de forma repentina, hicieron que sus acompañantes lo voltearan a ver. Sin embargo, este sólo miraba a Gakuhō y Asano.
Estos dos últimos asintieron y comenzaron a caminar hasta una habitación al final del pasillo.
De repente, cerraron la puerta tras de sí, dejando a un Nagisa sumamente confundido.
¿Qué mierda había sido eso?
Se preguntó y subió las escaleras a su habitación. De alguna forma, ya se imaginaba un regaño por parte de ambos gemelos más tarde.
Suspiró cansado. Al llegar a su habitación, se dejó caer en la cama boca arriba, mirando el techo, con su corazón aún latiendo rápidamente y sin control.
¿De qué se supone que estarán hablando? ¿Quién era aquel hombre? ¿En qué estaban metidos los hermanos Akabane?
Y es que, era sumamente extrañó. Las palabras de Karma sonaban alertadas, creía que incluso eran desesperados. Probablemente deseando una solución, pero, ¿A qué exactamente?
¿Qué mierda estaban haciendo esos dos?
Volvió a preguntarse, creyendo posiblemente que ellos mismos después se lo contarían.
La curiosidad lo carcomía.
Sin embargo, tampoco era como si tuviesen un por qué para hacerlo, después de todo el sólo había sido comprado para satisfacer sus deseos sexuales.
Nagisa cerró un momento sus ojos; "Simplemente estaba ahí para cumplir y dar buen sexo" Realmente no era nada extrañó ahora en su vida, pero se ponía un poco mal cuando indagaba en ello con profundidad, llegándose a preguntar;
"¿Qué hacía antes de ser secuestrado?
¿Estudiaba? ¿Tenía amigos? ¿Mi madre siempre estuvo conmigo?
...Ni siquiera puedo recordar su rostro. Aunque estoy seguro... Si me viera hoy, ni siquiera me reconocería.
Ya que ni yo sé en qué es lo que me he convertido. Sólo sé que me gusta y ya."
A veces así eran sus noches, pensando... Indagando en su pasado, haciendo memoria sobre lo bueno y lo malo.
Al final, con él siempre estuvo una parte cuerda que guardo con todo anheló.
Al abrir sus ojos de nuevo, se topó con el alto candelabro plateado que iluminaba su habitación.
Ya quería que los gemelos Akabane fueran a verlo o lo llamarán para hacerle olvidar todo pensamiento racional.
Era la única manera de volver a ser quién ahora era.
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Por otro lado, delante de Karma y Asano, yacía Gakuhō, sentado con sus dedos entrelazados y esperando una respuesta de los Akabane para finalmente irse, en ellos recaía sobre qué hacer.
—¿Y bien?— Dijo él, mirando a ambos por igual.
Por parte de sus acompañantes, ellos se miraron, cada uno pensando algo diferente.
Y es que... ¿Acaso ya había mencionado los tratos ilegales en los que se encontraban metidos estos dos gemelos?
El bajo mundo, la trata ilegal y asesinato eran su especialidad. Ellos trabajaban a su propia manera; Siendo los Antonegras de la mafia europea, la más fuerte hasta ahora y que al parecer, tenía muchos enemigos.
Claro, ambos gemelos corrían un gran riesgo, pero realmente no les importaba, hacía tiempo que se habían mentalizado y se estaban preparando, no sólo físicamente, para recibir la muerte de la forma más amable y hermosa posible.
—¿No es posible que tú viajes y te hagas cargo de los asuntos pendientes? Nosotros ahora no estamos disponibles.— Asano habló, pensando directamente en Nagisa. Era muy pronto para dejarlo sólo. No se atrevería a abandonarlo.
Gakuhō en cambió vociferó.
—Podría.— Argumentó él.—. Pero definitivamente no sería algo gratis.— Y ahí estaba todo, siempre había algo de más que los gemelos debían de dar.
Aunque bueno, en aquel bajo mundo no era nada nuevo.
—¿Qué es lo que quieres?— Karma realmente no se vio contento y de una u otra forma, ya sabía lo que pediría.
—Su juguete.— Inquirió él tras una sonrisa burlona.—. Yo puedo ayudarlos con sus pendientes si es que están tan ocupados en este lugar, pero a cambio quiero que me den al chico de cabello azul que vi hace rato.— No mentiría, realmente le había atraído demasiado.—. Ese es el costo.
—¡Olvídalo!
Aquel llamado de atención, salió de los labios de Asano.
Ya que no, definitivamente no entregaría tan fácil a una reliquia como Nagisa, había pagado una fortuna por él y no dejaría que se le fuera de las manos por una cuestión tan absurda. Era un no totalmente.
Y además, Karma tampoco se quedaba atrás, aunque él supo disimular un poco más su enojo. Esas palabras tampoco le habían gustado. No porque apreciara a Nagisa, sino por el simple hecho de que le gustaba, había amado el sexo con él y aún había cosas que quería probar de él. También se negó.
—¿Eh?— Gakuhō de repente se vio extrañado.—. ¿Por qué esa acción de repente? ¿Tanto lo quieren con ustedes? ¿O acaso es que ya le han tomado cariño?
No, no era nada de eso. Sólo no querían que algo que les había costado mucho y que los hacía sentir bien en la forma sexual, se les escapará tan fácil.
Ambos gemelos guardaron silencio, dejando al más alto con la duda.
Aún así, decidió no decir nada más, simplemente acomodó su suéter y se levantó, listo para volver a su hogar después de todo aquel pesado día.
—Ustedes deciden qué hacer. Tienen una semana para hacerlo, su siguiente misión ya ha sido entregada, sólo deben partir.— Dijo como último para darles la espalda a ambos. Sin más, salió del salón para dirigirse a la salida principal.
Ambos gemelos estaban realmente furiosos.
No sólo en sus miradas se podía notar, sino también en los puños cerrados con bastante fuerza y sus uñas clavándose en su carne.
—Me largo.— Habló Karma, yendo directo a la salida.
—¡Espera!— Llamo Asano tratando de retenerlo con su mano.—. ¿A dónde irás?
—Al cuarto del muñeco. Necesitó hablar con él.— Y sin más, dejó la habitación para comenzar a subir las escaleras directo al cuarto de Nagisa.
Él era una persona muy tentadora, Karma realmente no se sorprendió al saber que Gakuhō lo pediría a él a cambio, sin embargo, la molestia pudo más que otra cosa. Hasta ahora le habían dado muchos privilegios, además de que dejarlo sin seguridad fue algo tonto de su parte.
Esperaba que el pequeño celeste captara un poco mejor las cosas, pero viendo sus gestos confundidos e incluso aterrados, supo que había varias cosas que aclarar con él antes de que fuera muy tarde.
Una vez en el segundo piso, Karma fue directo a la última puerta, la abrió abruptamente sin antes tocar, encontrándose con un Nagisa soñoliento que tal parecía, había estado teniendo unos momentos de sueño muy acogedores.
—¿Karma...?— Habló este con la voz algo apagada. Tallo sus ojos terminando de despertar, más las manos a cada lado de su rostro lo hicieron sorprender de sobremanera.—. ¿Kar...?
—Dime que hacías abajo cuando llegamos.— Interrumpió este, de paso ensombreciendo su mirada con aire terrorífico.
Nagisa, nervioso por tenerlo tan cerca, tragó saliva sin saber exactamente qué decir.
—Ah... Yo...— Comenzó, su voz tembló, algo que realmente maldijo en sus adentros. Esperaba no verse tan imbécil por titubear.—. Como ustedes no llegaban... Yo me preocupe. Pensé que les había pasado algo, así que baje a esperarlos.
Y de hecho, no era una mentira realmente.
Pero sus gestos lo hacían lucir como todo lo contrario. Más sin embargo, Karma únicamente suspiró.
—Nuevas reglas.— Aclaró su garganta posteriormente, sin soltarlo y ahora viendo sus ojos directamente.—. Si nosotros no estamos aquí o no nos ves en ningún lado, no tienes derecho a dejar tu habitación.
—Pero...
—Nada de quejas, recuerda tu contrató. Claramente decía que debes de hacer caso en todo lo que te digamos, sin objeciones.
—Pero... ¿Y si de causalidad, vuelve a pasar lo de hoy? Yo...
—Si eso pasa, recibirás un castigo, y créeme, no será nada bonito.
Si era sincero, Nagisa sintió claramente varios cosquilleos correr por toda su espalda hasta llegar a su estómago.
Sabía que aquello era una amenaza, estaba descrito con todas las palabras posibles, sin embargo, no evitaba el sentirse ultrajado.
Tenía miedo, pues claramente los ojos del Akabane mayor indicaban una muerte segura si es que llegaba a desobedecerle, más el sonrojo colocado en las mejillas del de cabello azul daban muchas cosas en las cuales pensar.
Y no era ocasionado exactamente por la cercanía con el mayor.
¿Por qué aquella amenaza le parecía una oferta tan tentadora?
