¡Hola a todos! Espero se encuentren muy bien. Estuve escribiendo algo y salió lo que coloqué aquí. Sé que no es la gran cosa, pero el siguiente será el final. Les mando un abrazo grande a todos.


La decisión

Aquella frase de Rentaro dejó pasmados a los siete presentes, que no supieron cómo reaccionar. Estos se observaron los unos a los otros de manera diferente. A Liu Kang esto le generó muchísimas dudas, puesto que no supo que decir o hacer al respecto. Si bien pensó que sería bueno revivir a todos los caídos, ¿por qué sólo le ofrecían hacerlo con Kitana? ¿Es que acaso las vidas de los demás caídos no valían de nada? Este se los hizo saber, contestando los Dioses que sus almas ya habían reencarnado en otros cuerpos humanos, siendo imposible su resurrección, mas la princesa aún no había encarnado en otro ser, siendo posible una resurrección de ella.

Por otra parte, los seis miembros restantes tampoco les gustó mucho esto, por distintos motivos. Bi Han, Reptile, Sareena y Cyrax realmente sentían bastante desagrado por la caída princesa, puesto que la conocían bastante bien y les agradaba muchísimo Li Mei, alguien a quién consideraban su amiga y parte de la familia. En tanto, Li Mei y Kung Lao sintieron una incertidumbre muy extraña, siendo Lao el que preguntó cuánto tiempo tenía Liu para decidir, contestando los dioses que disponía de una semana para tomar la decisión, afirmando el monje.

Los Dioses Antiguos se despidieron sin más, aclarando que en una semana irían al Templo del Cielo para saber la decisión del líder del grupo, desapareciendo en un parpadeo, volviendo el cielo a su estado anterior.

Liu Kang estaba muy callado, no comentó una sola palabra. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no notó como el resto del grupo se puso a hablar a unos metros de distancia sobre esta situación.

—¡¿Se volvieron locos?! ¡Kitana era una arpía! ¡Si algo hicieron bien ustedes fue matarla, amigo Duce!—exclamó un furioso saurio, que dejó a todos sorprendidos.

—Cuando trabajé para ella junto a Bi Han, fue un suplicio aguantar su soberbia y sus caprichos. Su belleza era inversamente proporcional a su humildad—comentó un serio Cyrax por su parte.

—Ni loco aguantamos a esa loca en el Templo del Cielo. ¡Les juro que dejo el equipo si Liu Kang la revive! —vociferó un furioso Bi Han, causando la sorpresa del resto.

—¡Quiero mucho a Liu, pero no tolero permitir que se le ocurra revivir a una tipa tan soberbia!—Sareena tampoco estaba de acuerdo, rememorando aquella rencilla con ella en el Infierno en el pasado—. Siento que ser una Retornada afloró su verdadera personalidad y no la pantalla que mostró ser por años—aclaró esta.

—No creo que mi hermano haga semejante tontería. Además, sería contraproducente considerando que tenemos una buena relación con Dairou y su mundo ahora—expresó Lao, frotando su mentón de manera serena—, además, siendo que Li Mei está aquí, creo que se olvidó de Kitana hace mucho ya—dijo.

La única integrante del grupo no había emitido una sola palabra, fueron las palabras de su amigo las que la hicieron sonrojarse a tal punto que no podía hilar dos frases de manera consecutiva sin tartamudear. Esta intentó negarlo, aunque al ver que los cinco la observaban arqueando una ceja y una sonrisa maliciosa, se le hizo imposible no echarse a reír ante el nerviosismo e incomodidad de la situación. Ella preguntó si era tan evidente, aclarando el resto que era así. Kung Lao, además, agregó que seguramente era reciproco el sentimiento, mas su hermano no fue capaz de notarlo en ningún momento, preguntándose la mujer extranjera la razón, recibiendo una respuesta contundente de los tres varones terrestres del grupo.

—Los hombres nunca nos damos cuenta cuando las mujeres están enamoradas de nosotros. Nos cuesta horrores notarlo—explicó el ciborg.

—Sumado a ello, Liu Kang no parece ser la persona más extrovertida, tal vez tema a un rechazo—dedujo el ninja azul, recibiendo una afirmación de su esposa.

—Creo que, si todos hablamos con él por separado, podremos convencerlo de no tomar semejante decisión estúpida— pensó en voz alta el monje, notando que el resto le felicitó por dicha idea.

Preguntando Sareena como harían, Kung Lao propuso que primero sería Reptile quien hable con él, seguido de Bi Han, Cyrax, Sareena, él mismo y finalizando Li Mei, comentando que así sería mejor, siendo que entabló relación con ellos de forma inversa. Li Mei entonces comentó que ella fue la última en conocerlo, pero Lao contestó que su idea era que ella hablase al final luego que todos dialogasen para darle mayor impacto a sus palabras. Todos dijeron que, si llegaba a salir bien, ayudarían a encontrar a la mujer que Kung Lao tanto buscaba con mayor ímpetu y le pagarían su boda, afirmando este que mejor se pongan a ahorrar dinero, porque quería que fuese una boda costosa.

En tanto, Liu Kang estaba pensando toda la situación. Realmente había olvidado a Kitana, pero no se animaba a decirle sus sentimientos a Li Mei. Sumado a ello, ¿ella sentía lo mismo por él? Él siempre creyó que su amiga estaba enamorada de Kung Lao, pero como él buscaba con tanto esmero a esa mujer sin rostro, nunca correspondió su amor. ¿Era así cómo debía terminar todo? ¿Él debiendo revivir a Kitana para ser feliz y dejar que Kung Lao se quede con la mujer de la que se había enamorado tras dos años de vivir tantas cosas juntos? Si bien nunca intimaron, él la deseaba con locura. A cada día que pasaba, vivir con ella le hacía verla tan brillante como el mismísimo Sol naciente. Veía sus ojos color miel y se perdía en la mirada, totalmente embobado ante tanta belleza. Su cabello negro tan largo y ondulado le dificultaba concentrarse como si estuviese en una ilusión. Sus labios y su cálida voz le transmitían una mezcla de deseo y ternura que no podría seguir controlando. Con el paso de los años, él supo cuán grande era el amor, el cual emanaba de su ser como si se tratase de un río turbulento. ¿Cuál era la razón de vivir si no la tenía a su lado? Tal vez, este era el empujón que necesitaba para animarse a dar el paso que tanto temía dar. Al salir de sus pensamientos y girar su cabeza, no estaba casi nadie del grupo, solamente uno de sus amigos.

—Liu Kang, me gustaría hablar contigo un momento—dijo este con suma seriedad, sorprendiendo al aludido demasiado. Era la primera vez en dos años que le llamaba por su nombre y no por su apodo.

—Amigo, ¿estás bien?—preguntó asustado.

—Yo sí, pero no quiero que cometas el más grande error de tu vida—respondió, con una abrumadora seriedad.

—¿Hablas por lo de Kitana? Pero Syzoth, ¿no crees qué?...

—Nada de lo que digas podrá justificar ese error, Liu Kang—dijo, interrumpiendo a su amigo, dejándolo mundo—. Escúchame, eres mi amigo y moriría por ti y por los Agentes de la Justicia, ustedes son la primera familia que he tenido en mucho tiempo. Tal vez mi especie esté aquí, sí, pero ustedes son mis amigos, mis hermanos, he pasado tantas cosas con ustedes que soy capaz de morir por cualquiera de ustedes. Y por eso mismo, Liu Kang, no quiero que cometas el error de revivir a Kitana.

Aquellas palabras harían emocionar a cualquiera, inclusive al monje, que contuvo sus emociones al notar la seriedad de su amigo. Ellos fueron enemigos en el pasado, pero estos últimos años viviendo juntos los convirtieron en una familia unida. Era cierto: los Agentes de la Justicia no eran un equipo, eran una verdadera familia. Todos morirían por cualquiera de sus miembros, sin excepción alguna. Si Reptile, aquel que le decía "Kaiser" de manera cariñosa le llamaba por su nombre, claramente era por algo. Deseaba oír a su amigo y sus razones, así que le pidió una explicación coherente del porqué de sus palabras.

Reptile entonces comenzó a relatar como era la vida con Kitana como princesa, contándole como debía aguantar los berrinches de esta y cuántos castigos sufrió en el pasado por su culpa. Él contó que, al ser tan malcriada por su padrastro, la hizo crecer como una niña malcriada, aunque de buen corazón. Si bien es cierto que Kitana le amaba, no podía permitirse arruinar algo que se venía construyendo con paciencia y dedicación. Syzoth dijo que no tenía ganas de seguir hablando de Kitana, pensando que lo mejor sería enfocarse en el presente, mencionando que Dairou era un buen emperador, cumpliendo con su palabra. Aunado a ello, este agregó que seguramente hay alguna mujer que lo quiere mucho. Teniendo algo de valor, Liu Kang le confesó a su amigo que estaba enamorado de Li Mei, pero sospechaba que ella quería a Kung Lao y no deseaba arruinar su felicidad. El saurio simplemente abrió la boca y se golpeó la sien, sin poder creer lo idiota que era su amigo al no notar lo evidente. Syzoth le dijo que no tenía ni idea de lo que Li Mei pensaba, que tal vez debería confesarle sus sentimientos, que no piense en revivir a Kitana para reemplazar a Li Mei, porque no había comparación entre ambas.

—Li Mei no es un reemplazo, Liu Kang, es nuestra amiga. Y si la amas como dices, ve a decirle lo que sientes. —Le reclamó el saurio, visiblemente enojado.

—Pero amigo mío, no quiero arruinar la amistad que tengo con ella ni con Lao—se excusó él, notando que su amigo no le creía en absoluto..

—Puedes luchar contra Onaga y sus siervos sin vacilar, ¿pero temes de decirle a Li Mei lo que sientes por ella?—preguntó bastante molesto el saurio, cruzando sus brazos.

—Son situaciones distintas, Syzoth—se defendió él, haciendo algunos ademanes con sus manos..

—Enfréntalas o no serás más nuestro líder, Liu Kang. De momento, no volveré a hablar contigo hasta que tomes una decisión—espetó de manera tajante.

El saurio dio media vuelta, aclarando que iría una semana con los saurios al Amazonas hasta que el día llegase. Le pidió que tomara la decisión correcta y tuviese el valor suficiente. Syzoth se marchó, volviéndose invisible. Su amigo sabía donde estaba, pero prefirió no seguirlo y respetar su decisión. Como mínimo le debía ello.


Al día siguiente, Liu Kang se encontraba en el Templo del Cielo meditando en soledad. Este seguía pensando en las palabras de su amigo, preguntándose si este trataba de darle algún mensaje encriptado, y si fuese el caso, cuál era el mismo. En su meditación, este sintió como la temperatura del lugar descendió repentinamente, dándose cuenta allí mismo que Bi Han había entrado al lugar. El ninja estaba vestido con su uniforme de combate, preguntándole a su amigo si podía sentarse con él, cosa que el monje accedió gustoso.

Bi Han fue claro y sin rodeos, como a él lo definían las cosas. Antes de irse, Reptile decidió contarle todo, pidiéndole a este que le cuente a sus amigos todo, con la condición que Li Mei no sepa el detalle que Liu Kang estaba enamorado de ella, correspondiendo los sentimientos de ella. Bi Han le dijo que habló con Syzoth acerca de todo, contándole que también debió aguantar a Kitana cuando trabajó para Shang Tsung en su isla, siendo una mujer bastante arrogante y molesta, mas ello no le importaba. Bi Han no venía a hablar de la experiencia que tuvo con Kitana, venía a hablar con su amigo porque sabía que algo no estaba funcionando bien en su cabeza.

—Liu Kang, no quiero que cometas un error. ¿Realmente sigues queriendo a Kitana? ¿O solamente piensas en revivirla para que intentar olvidar a Li Mei?

—Bi Han, yo…

—Déjame terminar, amigo mío—le interrumpió en seco, asintiendo el otro—. Escúchame bien, ¿has oído a tu corazón? ¿O quieres oír a la razón? —preguntó.

—Bueno, tal vez los edenianos…

—¡A nadie le importan los edenianos! ¡Escucha a tu corazón! Yo pasé muchos años sin oírlo y me perdí de momentos hermosos y bellos con mi hermano y mi esposa, Liu Kang, No quiero que cometas el mismo error que yo. Si Li Mei te ama, bien, y si no, lo has intentado, pero no toleraré yo tampoco que quieras usar a la princesa para reemplazar a nuestra amiga—espetó este.

—¡Bi Han, no quiero reemplazar a Li Mei! —exclamó enojado el monje.

—Entonces demuéstralo con los hechos, amigo. Eres nuestro líder y amigo, eres de la familia y uno de mis hijos lleva tu nombre—dijo, con una seriedad más severa que lo que suele ser normalmente—, no hagas que me arrepienta de elegirte como padrino de uno de ellos, Liu Kang. Y tampoco pongas nuestra amistad en un péndulo.

Liu Kang le reclamó a que se debía ello, aclarando Bi Han que su molestia no venía solamente por Kitana, sino también porque dudaba de algo que no tenía que ser así. Este procedió a explicarle que su amigo estaba dudando demasiado en algo que tenía una solución evidente. Liu Kang podía tener miedo de no ser correspondido, mas no debía permitirse dudar o querer reemplazar a Li Mei con excusas. Le dijo que lo conocía demasiado bien para saber que su duda con Kitana venía por ese lado. Sumado a ello, este le hizo pensar si realmente Kitana deseaba ser revivida o estaba lista para ir a otra vida, puesto que los demás aceptaron que su ciclo había concluido. Aquello realmente hizo pensar al monje cuál era la mejor decisión a tomar, quedándose en completo silencio.

Antes de irse, Bi Han aclaró que se iría unos días al Lin Kuei y se llevaría a sus hijos. Este aclaró que volvería el día que tomase la decisión y, si bien lo seguiría queriendo, de tomar la decisión equivocada se lamentaría mucho de su líder, amigo y padrino de su hijo, puesto que cometería un error inmenso.

Liu Kang se quedó meditando, dejando que el ninja se retirase en silencio, pidiéndole disculpas antes por molestarlo en su meditación.

Era el tercer día y El Templo del Cielo era un completo caos. Sin Bi Han ni Reptile, el lugar se sentía bastante vacío. Lo peor de todo es que Liu Kang realmente quería y necesitaba de sus amigos, pero sabía que la decisión debía ser tomada por aquello que él considerase correcto y no lo que sus amigos le impusieran.


Al tercer día, Cyrax se acercó a hablarle a Liu Kang mientras este cocinaba para los cinco miembros restantes del grupo que seguían allí. Si bien hizo unas porciones más para Bi Han y Reptile, el ciborg le dijo que era en vano, puesto que ellos cumplirían su palabra y ambos lo sabían a la perfección.

Cuando el monje preguntó si su amigo deseaba hablar por el asunto de la resurrección de Kitana, el ciborg negó rotundamente, alegando desear hablar con él sobre algo mucho más importante, en su opinión.

—Dime algo, Liu Kang, ¿realmente sigues enamorado de Kitana? Tú mismo la asesinaste, según me contaron Lao y Sareena en su momento—mencionó de forma calmada Cyrax, sentándose en una silla de metal, especial para él.

—Ambos sabemos bien la respuesta, amigo mío: yo no estoy enamorado de Kitana. Dejé de amarla hace muchos años, inclusive antes de recuperar mi cuerpo y asesinarla—explicó el monje—, pero es una especie de segunda opción, considerando que la mujer de la que estoy enamorado no me ve más que como un amigo.

Si hubiese podido, el ciborg hubiese arqueado una ceja en señal de impresión. Sin embargo, le dio un puñetazo por la barbaridad de pensar en Kitana como segunda opción, aclarando el motivo. Kang cayó al suelo, había olvidado que su amigo golpeaba así de fuerte cuando estaba inspirado. Si bien no creyó necesario iniciar una pelea, sí deseaba hablarlo como dos adultos lo suficientemente maduros para hacerlo.

Kang se sentó al lado de su amigo, preguntándole el motivo del golpe, contestando este que, si bien no le agradaba Kitana por ser una mandona molesta, tampoco era justo utilizarla como una segunda opción. Luego, el ciborg le dijo que si quería a otra mujer, vaya y hable con ella, tal vez sus emociones le eran correspondidas Kang dudaba un poco en hacerlo, confesándole que se trataba de alguien muy cercano a ambos.

—Amigo mío, llevo enamorado tiempo de Li Mei—confesó avergonzado el monje, tomándose la cabeza en señal de vergüenza, en tanto, su amigo lo observó en silencio—, pero creo que ella está enamorada de Kung Lao y no quiero que nuestra hermandad con Lao se vea influenciada por emociones como esta que siento.

Cyrax se golpeó la cabeza, insultando internamente a Liu Kang por ser tan idiota de no darse cuenta que sus emociones eran reciprocas. El ciborg se levantó dando un golpe a la cabeza, contándole a su amigo que guarde su porción, porque necesitaba tomar aire y despejar unos días la cabeza. El ninja africano comentó que iría a visitar a Botsuana a sus sobrinos y hermanos por unos días, mencionando que el viaje era planificado de hace tiempo, sin la posibilidad de posponerlo. Este se retiró, diciéndole al monje que deberá ser rápido o podría perder a quién realmente ama.


Tres días habían pasado ya y Cyrax se había marchado, tal como prometió. Con tres de ellos fuera, la situación era extraña para los cuatro integrantes restantes. Sareena se encontraba a solas con Liu Kang, puesto que tocaba entrenar juntos ese día. Ella ya sabía de las intenciones de su esposo y amigos, compartiendo la idea de estos.

A diferencia de los otros, Sareena conocía un poco mejor al monje que el resto. Ella había hablado algo con Liu Kang mientras estuvieron yendo del Infierno a la Tierra para encontrarse con Cyrax y el resto. Aunado esto, estos entablaron una gran relación de confianza. Ella sabía mejor que el resto que su esposo estaba furioso con su amigo, mas no podía intervenir de forma abierta, en caso contrario, ella arruinaría el meticuloso plan de Kung Lao.

Durante la lucha, Kang dejó una abertura, recibiendo un golpe de la dama de mechón blanco, quién lo dejó dolorido en el suelo unos momentos. Levantándose rápido, Kang intentó atacarla, siendo esquivado su golpe por su amiga, que detuvo la lucha, alegando la falta de concentración evidente en él.

—Además, ese golpe que te dio Cyrax sí que te debe doler—comentó ella, entre risas—, aún tienes la marca y todo de su puño—dijo, riéndose más.

—Me tomó desprevenido —bufó él, enojado con su amigo—, pero me lo merecía por la tontería que dije—mencionó él.

—Dime, en tres días tomas la decisión. ¿Sabes qué harás, Liu?—preguntó, de forma muy curiosa.

—Realmente no lo sé, amiga. Estuve pensando en hablar con Li Mei y confesarle mis sentimientos—contó él, explicándole a ella, que se sorprendió gratamente, aunque rápidamente pensó en como hacer que él pueda hablar con ella y no sentirse nervioso.

Sareena le dijo que iría a convencer a Bi Han de volver al Lin Kuei, para llegar el día de la decisión o inclusive un poco antes. Ella confesó que Kitana no era su amiga en lo absoluto, pero sí lo era Li Mei y junto a Kia, Jataaka y Ashrah, su más grande amiga. La dama contó que quería ayudar de corazón a Kang, explicándole una manera de poder hablar con Li Mei de manera eficiente. Si ella lo amaba —como todos menos Liu sabían—, seguramente estarían al fin juntos, pero si no era correspondido, no se desanimase, que el amor es algo que encontraría tarde o temprano. De todas maneras, Sareena pasó a efectuar una amenaza a su amigo, diciéndole que si Li Mei llegaba a dejar este templo, ella se iría del grupo sin dudarlo. Y que ni piense en proponer a Kitana para reemplazarla, puesto que su amiga era irreemplazable, como cada miembro del grupo, algo que el monje asintió.

Ella se marchó, dejando a un Liu Kang demasiado pensativo. Él dudaba de revivir a Kitana, no sólo por él o Li Mei, también por sus amigos, que eran una gran familia para el propio líder, quién encontró paz con ellos. Entonces, Liu Kang golpeó sus puños, tomando una decisión: si iba a declararse a Li Mei, primero tendría que hablar con su mejor amigo para preguntarle si sucedía algo entre ellos. No perdería el amor de esa vez ni a su mejor amigo. Tenía que pensar una vez en su felicidad.

Continuará...