En La Comarca, en la tierra verde de Hobbiton, las palabras indignadas y enardecidas eran poco oídas por las personas de esos paisajes. Primero, y antes que nada, porque los placidos Hobbits no poseían una mente tan rencorosa ni tan poco un corazón tan envidioso y aquellos que poseían tales características rápidamente eran identificados como una molestia y un mal Hobbit. Así había sido desde los días en los que las leyendas acerca de una sombra de muerte se cernía sobre las rizadas melenas de los medianos, desde los ayeres en los que aquello no era un cuento ni una leyenda sino una realidad para los oriundos de aquellos tiempos lejanos y desconocidos para el ya hacendado Hobbit moderno de la Tercera Edad.

Mas Bilbo mismo se sorprendió ante la sarta de insultos indignados que sus, hasta ese momento, invitados le dedicaban en lo que había sido su fiesta de cumpleaños centésima decima primera. El, temporalmente, dueño de Bolsón Cerrado pasó de ser alabado por su benevolencia, por su generosidad, ante semejante maravilla de celebración en la que llovió vino y nevó comida, si usted me entiende, a ser ahora el viejo Hobbit, una vez nombrado El Preservado entre otros títulos, destinatario de cóleras no antes vistas por los Hobbits que se amontonaban murmurando por todo lo ancho y todo lo largo del jardín buscando descubrir el truco en la desaparición del anciano Hobbit.

»¡Es un loco! ¡Un loco y un mal educado! Indignado he quedado yo, mi padre, el padre de mi padre y el padre del padre de mi padre, si usted me entiende.

Bilbo, que balanceaba un pie enfrente de otro entre las tinieblas intangibles de la oscuridad, merodeando entre el plano que era real y el que no, sin entender cuál era cuál verdaderamente; si el suyo o el del anillo, finalmente se decidió a alejarse de aquellas palabras, de aquellos medianos iracundos y en sus interiores sintió pena por tratar a amigos así, principalmente a su jardinero El Tío y a su hijo, que a su vez, era el amigo mas fiel y cercano de su querido sobrino Frodo. Antes de adentrarse en el camino de piedra que lo llevaría a Bolsón Cerrado encontró en el aire, flotando a la deriva, las palabras que su viejo amigo le regaló a su hijo, Samsagaz Gamyi, que no eran mas que una oración moribunda que el viejo Bilbo apenas pudo comprender.

»Para nuestra desgracia, mas para la mía que para la tuya, hijo mío, hoy partió rumbo al horizonte, rumbo a lo desconocido, el único Hobbit al que he llegado apreciar y admirar como a un hermano.

Bilbo notó calidez en su pecho y comenzó a reírse para sí mismo en los rincones de su mente sin vociferar ningún tipo de sonido por su boca ni por sus labios. Mas sintiéndose decidido y renovado, enormemente motivado y agradecido de haber conocido a Hamfast Gamyi, de haberlo tenido cerca en su vida.

La puerta de Bolsón Cerrado se abrió en la oscuridad de la noche sin que nadie, nadie visible, la manipulara y tras el mismo instante en que se abrió dando la bienvenida a lo desconocido se cerró negándole la entrada.

Bilbo apartó el anillo de su dedo anular y entre carcajadas leves y sonrisas orgullosas lo resguardó en su bolsillo, palmeando tres veces el mismo y mirándolo con el mismo cariño con el que un dragón hubiera visto la joya mas hermosa de su montaña de tesoros, aquella que era única en su tipo e inconfundible por su belleza imperecedera. Golpeteó el piso con la palma de sus pies y exclamó satisfecho por cómo habían terminado las cosas.

—He de suponer que te crees muy astuto, joven Bilbo.

El mediano brincó en su sitio, casi tambaleando para caer, pero no cayó, pues sus pies eran fuertes y sus dedos firmes como los de cualquier Hobbit. Se inclinó un instante hacía atrás, mas no cayó ni por asomo y, sin poder negarlo, no pudo evitar el susto asi como había evitado el suelo.

Sentado en la silla donde comía, la silla de Bilbo, la principal de la casa se encontraba la figura enorme de un hombre ya mayor, mucho mayor que Bilbo, pero al mismo tiempo mas joven. De mirada cansada y rostro que deslumbraba experiencia, que emanaba sabiduría y que ya para ese momento era imposible imaginar la cantidad de años que esa piel había presenciado. Sus ropajes eran grises y holgados, casi volviéndose uno con los otros y otros con los unos para ser solo una pieza. Entre unas manos enormes, tan enormes como para abarcar la cara de Bilbo con una sola palma, descansaba el largo bastón de madera cuya corona resultaba ser una pequeña pipa escondida como los dientes de una serpiente entre la punta hueca de la vara.

Era Gandalf El Gris, segundo mago Del Concilio de Elrond y cuarto miembro en grado de importancia, El Amigo de Los Hobbits, Amigo de los Elfos, Consejero de los Hombres y Gandalf Tormenta de Cuervo, éste último siendo su título menos usado y menos apreciado por el mago.

Pero para Bilbo siempre fue solamente:

—Gandalf, querido —Bilbo se relajó y alejó sin darse cuenta su mano del anillo, así como no se había dado cuenta de cuando llevó sus dedos hacía él—. ¿Has sido tú el rayo verdad? Desconocía que tuvieras intenciones de usar tus habilidades esta noche mas allá del espectacular dragón que voló sobre mi cabeza, me sentí como de cuarenta y cinco otra vez; pues incluso pude oler de nuevo el metal del oro en La Montaña Solitaria.

—He tenido qué, y ha sido mi deber obligado mantener en secreto algo que a ti parece ya no importarte —la voz de Gandalf era pesada, sería e inundada por decepción y molestia—. Lo que hoy has hecho te dejará marcado, tal vez ya no a ti, pero sí a tu nombre y a tu apellido, por consecuente a Frodo, a su descendencia.

—Pamplinas Gandalf, en dos o tres meses todos habrán olvidado siquiera que existió un Bilbo Bolsón en Bolsón Cerrado —el mediano caminaba rápido, mas extrañamente torpe, como si no terminase de recordar qué buscaba—. Además he dejado preparados regalos para contentar los corazones y sanar las heridas que mi broma haya dejado esta noche. Eso, junto con la comida y la bebida que esta noche regalaré hasta el amanecer hará que mis viejos compañeros olviden cualquier tipo de mal trago.

—Seguirás tu plan de irte, ¿no es así?

Gandalf ya no poseía interés en reprender a Bilbo, pues ni él era su padre ni el otro era su hijo, mas tampoco observó con buenos ojos las nuevas intenciones del Hobbit.

—¡Pues claro! —la voz de Bilbo era energética y segura, a Gandalf casi no le cabía creer que se encontraba de frente con el mismo Bilbo Bolsón al que tuvo que sacar a rastras de Bolsón Cerrado para llevarlo en la empresa de Thorin Escudo de Roble— ¡Harto me encuentro ya de que todo el mundo me mire por el hombro o que susurren mi nombre y mis asuntos entre chismes todo el día, toda la noche y toda la semana como si yo ya no viviera en Hobbiton! ¡Es desgastante, cruelmente desgastante, y para serte sincero, ya no lo pienso tolerar! ¡Quiero nuevas aventuras Gandalf, quiero tener otras historia que no sean las tres mismas de cuándo nos atacaron los trolls, de la desolación de Smaug en La Montaña Solitaria ni de La Batalla de Los Cinco Ejércitos!

—Cualquiera se sentiría afortunado de siquiera vivir para contar cualquiera de esas historias, Joven Bilbo.

El rostro alargado de Gandalf se ensombreció de pena y a la mente de Bilbo llegaron los crueles destinos que algunos de sus compañeros sufrieron en aquella batalla ya lejana en la que cinco facciones lucharon por el tesoro debajo de la montaña.

—Sabes que no desprecio aquellas vidas, ni minimizo los riesgos que sufrí en aquellos días —Bilbo rebuscaba entre sus cosas, buscando eludir el dolor y la melancolía que nuevamente le pesaban en los hombros—. Tú mismo lo has dicho miles de veces, yo ya no soy aquel Hobbit que partió rumbo a lo desconocido y él ya no es este viejo cascarrabias que busca nuevas emociones. Estoy harto ya Gandalf, harto de que mi nombre sea solamente usado para chismear rumores de izquierda a derecha por toda la Comarca y harto ya de que solamente recuerden el buen trato para conmigo cuando necesitan algo de mi parte… Dicen que nado en riquezas, que mi hogar es el mas hermoso de Hobbiton, que me conservo joven y que tantas buenas fortunas no las merezco; pues que no es justo que a uno todo le salga bien…

Los ojos de Bilbo contemplaron tristes por la ventana, buscaron las luces de las velas que alumbraban el camino a la fiesta y a su mente vino su joven sobrino Frodo.

»Zánganos sin cerebro. A veces me pregunto si verdaderamente soy uno de ellos, pues solamente en el cuerpo me les parezco. Daría regalado Bolsón Cerrado y todas mis riquezas, que son muchas menos de las que ellos murmuran, porque existiera la posibilidad de que Frodo me acompañara en este nuevo vieja al que parto. Soy viejo, y uno con la edad se vuelve sentimental, quiero a ese muchacho pues en su haber solamente hay humildad y empatía para sus semejantes. Sé que jamás abandonaría La Comarca aunque yo fuese quién se lo pidiera, es un joven que encuentra placeres en cosas tan simples como la brisa del viento por la mañana y el aroma de una buena cerveza de barril recién servida… Frodo es un muchacho de corazón amable, de sonrisa alegre que ya cuenta con buenos amigos en estas tierras, tres de ellos que yo creo serán con el tiempo como sus hermanos. Ama La Comarca, la adora y sé que todas mis pertenencias tendrán un buen patrón en él. Los Bolsones no somos grandes y fuertes como los Tuk ni tan numerosos cómo los Brandigamo, pero somos gente de tradiciones y creemos que el mayor tesoro de un Hobbit es su hogar, pues allí residen sus tesoros verdaderos. Estas paredes vieron a la abuela de mi madre dar luz a su madre, a mi abuela dar vida a mi madre y a ella misma traerme a mí al mundo. Bolsón Cerrado no puede quedar desamparado, pues sería una pena y una desgracia, mas estoy completamente seguro de que mi hogar, el hogar que se me fue regalado por mis padres, encontrará un mejor dueño en Frodo de lo que pudo encontrar en mí.

Bilbo se acomodó las correas de su mochila, se relamió los labios dos veces y aseguró la funda de su vieja daga. Se sacudió los ropajes y sonrió de oreja a oreja como niño para Gandalf, indicándole que ya estaba listo para partir.

—¿Le dejaras todo a Frodo?

Como siempre, Gandalf no vacilaba e iba directo al punto con sus palabras, certeras como un flechazo Elfico.

—Todo, incluso mi nombre; pero solo la mitad pues la primera todavía me sirve en mi viaje.

Respondió el Hobbit y abrió la puerta de Bolsón Cerrado, no tenía planes de pedirle a Gandalf que se fuese, pues ese ya era trabajo del Señor de la Casa quién ya no era él. Simplemente se acercó al mago para despedirlo adecuadamente y comenzar su camino.

—¿Le dejaras el anillo también?

Las palabras del Mago fueron clavos que plantaron los pies de Bilbo al suelo y lo hicieron frenar. El mediano se sacudió un instante, recobrando el sentido y respondió sin mas:

—Pues claro, todo lo mío es de él ahora —Bilbo señaló la vieja mesa al lado de la chimenea, esa a la que Thorin había usado como taburete muchos años atrás—. Está dentro de ese sobre junto con las escrituras de Bolsón Cerrado y el testamento en regla para cuando los SacoVilla Bolsón vengan a pelear por cosas que no les incumben. Yo ya estoy demasiado cansado y viejo para siquiera escuchar sus murmullos y molestos insultos —Bilbo bufó mientras se acomodaba el saco molesto—. Me llaman El Preservado, pero tratar con esos Hobbits me ha quitado ya demasiados años de vida. Cada día me siento mas disperso, estirado y delgado cómo un diminuto pedazo de mantequilla en un enorme trozo de pan. Mi mente me juega malas pasadas y mis pensamientos se miran desorientados y llenos de lagunas. Quiero viajar, quiero ver montañas de nuevo Gandalf, montañas hermosas. No busco dragones, ni tesoros, mucho menos peleas y conflictos, solamente busco un lugar donde poder terminar mi libro. ¡Incluso ya le tengo el nombre! —el buen humor le regresó al recordar su vieja obra— ¡Un Viaje de Una Ida y Una Vuelta! ¡¿No te parece hilarante!? Así fue como Thorin llamó al viaje cuando vinieron a Bolsón Cerrado…

—Te empeñas mucho en un manuscrito que pocos leerán, Bilbo…

Gandalf era sincero y directo como cualquier mago, algo que muchas veces llegaba a ser descortés para las costumbres Hobbits, más Bilbo sabía que esas palabras, duras y crueles, no eran ni de cerca malintencionadas.

—Pues quién lo lea será dichoso y quién no un tonto —Replicó el mediano orgulloso de su poco trabajo hasta ahora—. Frodo lo ha leído en partes y lo que ha visto le ha encantado, él es un joven de gusto muy fino que no se dejaría encantar con cualquier obra aún si fuese para darme gusto. Es por eso mismo que no dudo en dejarle todo lo mío a él, pues sé que les tendrá tanto respeto ahora que son de él como cuando fueron mías.

—¿Entonces no te importará vaciar tus bolsillos, no?

Gandalf permanecía sentado, mirando a Bilbo apenas y un poco mas a bajo de su barbilla pero para el Hobbit era como si el mago lo mirara desde arriba con superioridad y aquello lo irritó levemente.

Hizo caso y de su segundo bolsillo derecho sacó el dorado anillo que lo había acompañado durante tanto tiempo…

—¿No es curioso? —Bilbo lo llevó entre sus dedos y lo coronó en la punta de los diez, apenas ocultando un poco de él con los dedos— Es casi como si quisiese venir conmigo… ¿Y por qué no podría? Es mío al fin del día… ¿Por qué no podría llevar conmigo una de mis pertenencias?

—Ese anillo ya no es necesario para ti, Bilbo —Gandalf poseía una voz tan profunda como los ecos de las montañas huecas del norte, pero Bilbo apenas lo escuchó—. Cómo tú dijiste, todo lo tuyo le pertenece a Frodo, no veo razones para que ese anillo sea una excepción…

—¿Y a ti que te importa lo que yo haga con mis posesiones? —mas aquellas palabras hicieron reaccionar a Bilbo, de la peor forma— El anillo no es de Frodo, es mío. Vino a mí, fue un regalo, un hermoso regalo… Es mi tesoro mas grande… Es mi precioso…

—Ya lo habían llamado así antes y no fuiste el primero, mas te pido como amigo que me ayudes a que seas el último.

Los ojos de Gandalf contemplaron tristes la mirada perdida de su amigo y la sonrisa siniestra que nacía en su boca, entendiendo lo que estaba pasando y mirando sin sorpresa como le regresó la palabra con rabia.

—¡Insisto! ¡Insisto en que no hay nada de malo y que a ti poco o nada te incumben mis propiedades! —los ojos de Bilbo bailaban entre su anillo, la cara de Gandalf y la daga en su cintura— ¡T-Tu lo que quieres es mi anillo! ¡Q-QUIERES R-ROBARLO!

—¡BILBO BOLSON! ¡ME CONFUNDES CON UN PRESTIGITADOR DE MALA MUERTE! ¡Y LO QUE ES PEOR! ¡ME DESCONOCES! —Gandalf era un gigante para los medianos, pero ellos desconocían que incluso entre los hombres el mago era prominente y enorme, pues en ese instante que se alzó de la silla enardecido e indignado su figura logro cubrir por completo la entrada de Bolsón Cerrado, ensombreciendo por completo a Bilbo que temblaba en su sitio mientras contemplaba aterrorizado como era la figura de su viejo amigo sin encorvar— ¡DE SER ESAS MIS INTENCIONES YA LAS HABRÍA LLEVADO A CABO AÑOS ATRÁS! ¡DESDE EL MOMENTO EN QUE DESCUBRÍ QUE POSEÍAS UN ANILLO DE PODER! ¡TE HE AYUDADO A MANTENERLO EN SECRETO POR DECADAS Y ME INSULTAS PROPONIENDO QUE LO QUIERO PARA MÍ! —Gandalf bufó y volvió a su pose encorvada, entendiendo que quizá se dejó llevar por sus emociones— Bilbo, te conozco desde que eras un infante de quince años, conozco a tu familia mas de lo que incluso tú podrías imaginar. No busco ofenderte, ni timar tu buena fe… Busco salvarte de un horror inimaginable…

Las palabras de Gandalf eran sinceras, tanto que solamente de escucharlas Bilbo recobró la razón y apartó las manos del anillo, tirándolo en el suelo…

El anillo no rebotó.

—Tal vez, no, verdaderamente tienes razón Gandalf; como siempre.

Bilbo pudo sentir como los hombros se le emparejaron y las piernas se le aligeraron en cuanto dejó de poseer el anillo. No logró entender como lo había hecho, pues para él fue como si le hubieran dicho que abriera la boca y la relajara hasta que se cayeran los dientes, uno se lo podía imaginar pero realizarlo era otra historia.

Lagrimas comenzaron a nacer en sus ojos sin razón, al menos para el mediano, y suspiró tranquilo de sentirse ligero de pronto. Alzó la mirada del suelo y miró a Gandalf con una sonrisa, mas éste lo observaba incrédulo, con los ojos bien abiertos y la boca a medias.

El Mago tomó de la mano a Bilbo y lo jaló para abrazarlo con fuerza entre sus brazos.

—Tal vez tú no encuentres valor alguno en lo que acabas de hacer, joven y querido Bilbo, pero simplemente no tengo palabras ahora, pues me han abandonado—la voz de Gandalf era incrédula e incluso mantenía cierto miedo—. He pasado tantos años con ustedes los Hobbits que ya no puedo contar las generaciones que me dieron hospedaje y buena fe, en especial los Bolsones queridos y aún después de tantas cenas y tantos desayunos no puedo dejar de encontrar maravillas en ustedes… Son simplemente seres hermosos…

Bilbo hubiera querido corresponder los sentimientos acelerados de Gandalf, pues no era propio de él ponerse sentimental y aquello era un evento bastante especial, pero…

Algo no iba bien…

Lo pudo sentir en su sudor frio y helado como nieve glacial, en el suelo que sus pies pisaban que se tambaleaba mareado y pudo olerlo en el aire que le sabía agrio y pesado…

La cabeza le dio vueltas y apenas pudo escuchar lo que Gandalf le decía a las lejanias, pues para el mediano el mago estaba distante y su voz no era mas que un silbido desprovisto de fuerza.

Las manos le temblaron y perdieron fuerza, los dedos se le encogieron como minúsculos gusanos y su piel se contrajo sobre sí misma como buscando devorar hasta los huesos su propio ser…

La piel le pesaba y la cara le ardía, podía sentirlo…

Estaba muriendo…

Fue como si la vida se le escapara por la boca, en un suspiro. Bilbo abrió la boca y respiró, mas no pudo sacar otra cosa que no fuera su propia vida que se le escapaba por los dientes y lo dejaba hueco por dentro como un huevo al que habían hervido con un agujero en la punta. Se había consumido por dentro y ahora no quedaba mas que el cascaron de cristal delgado que amenazaba con romperse con su propio peso.

Bilbo cerró los ojos recordado lo que su padre le contó acerca de la muerte una vez…

»La muerte, hijo mío, aún esperada es desoladora. Cuando nos llega, aún cuando la vemos venir, no es bienvenida y en cualquiera de los casos y en cualquiera de las situaciones no es mas que una violación para cualquier ser vivo el que se nos prive de algo tan hermoso como lo es la vida misma…

Mas Bilbo no pudo morir, pues fue recobrando conciencia mientras Gandalf recitaba en una lengua que al Hobbit se le asemejó a un Elfico primitivo, pero a la vez mucho mas hermoso, una oración. Toda la luz de la casa parecía debilitarse y juntarse sobre un remolino que iba dirigido a los dos amigos mientras que bajaba por la nuca del Hobbit.

Gandalf terminó y Bilbo sintió que las fuerzas le regresaban de a poco, lo suficiente como para volver a erguirse derecho.

—El anillo se quedará en el suelo, Bilbo —proclamó Gandalf seguro y apartó con gentileza al Bolsón—. Me quedaré solamente para explicarle las cosas a Frodo de la manera correcta y apropiada, pues como tú yo tengo que partir en mi propio viaje; uno que espero no desemboque en lo que creo que hará. Mas espero que si he de partir tenga la suerte de encontrarte por algún lugar y volver a compartir pipa contigo, querido Bilbo.

El mediano suspiró y salió finalmente por la puerta de Bolsón Cerrado. Se dio la media vuelta y despidió algo cansado a Gandalf, a su hogar y al mismo Frodo que no se encontraba allí con una mano arrugada y pálida, mas con una sonrisa radiante y llena de esperanza; una especial que deslumbraba ligereza y paz.

—¡Cuida de mi sobrino! ¡Pues él es ahora mi único tesoro! ¡Y si te soy sincero espero volver a verte por lo menos una última vez que mi viaje llegue a su fin!

Ambos amigos se dieron la mano sin tocarse y se despidieron para dejar de verse los rostros en menos de lo que pudieron imaginar.

Al mismo tiempo que Bilbo Bolsón salía de la comarca rumbo al camino que cruzaba por La Granja del Viejo Maggot y al mismo tiempo que Gandalf veía aterrado e impresionado el anillo dorado en el suelo sin llegarse a creer que de verdad Bilbo simplemente lo había tirado como si nada…

En esos instantes precisos los futuros integrantes de La Comunidad del Anillo tuvieron su propio momento de lucidez…

Pues Frodo, Sam, Pippin y Merry dejaron de beber en su mesa y se miraron melancólicos los unos a los otros intuyendo que seguramente esa sería la última vez que los cuatros Hobbits podrían disfrutar de esas alegrías al menos en esa versión de ellos mismos…

Boromir de La Torre Blanca despertaba gritando horrorizado tras soñar en el Anillo del Señor Oscuro…

Gimli, hijo de Glóin, trataba de cenar junto con sus acompañantes mientas rebuscaba en los confines de su mente alguna explicación para ese horrible presentimiento que lo envolvía desde su partida de Moria…

Aragorn, El Heredero de Isildur, y Legolas, Príncipe de los Elfos, conversaban serios acerca de la carta que el primero había recibido de Elrond acerca de la sombra que amenazaba los bosques Elfos…

Y así cómo el camino de Bilbo se encaminaba el de la Comunidad lo seguía se cerca, pues el destino no es uno sin el otro y al final no hay un final sin un inicio…

Y al mismo tiempo El Señor del Anillo único, Sauron, observaba todo lo que su ojo podía abarcar buscando su tesoro mas grande…

Su anillo…

Pues ese anillo era especial, era único.. Uno para gobernar a todos y en la oscuridad atarlos por la eternidad…


Para los pocos que lean esto, espero que les haya gustado pues es algo que hice con todo el cariño que le tengo a la obra de Tolkien. Vi las películas de niño y me encantaron, los libros me parecen encantadores y si por alguien dejo de lado mi manera de escribir grosera es por El Señor De Los Anillos que no es otro que el propio JRR Tolkien.

Cualquier falta de ortografía o error con el canon me encantaría que me lo hicieran saber, pues aunque sea solo un one shot corto busco que sea perfecto como la obra en sí.

Sin mas que decir…

¡CORRAN TONTOS!