Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecerles a todos por sus alertas y favoritos, pero en espacial, quiero darle mi infinito agradecimiento a susigabi por haber comentado. Así que este capítulo va dedicado especialmente para ti. Ahora sí, espero que disfruten el capítulo de esta semana.


Cosmos: Cumpliendo promesas

1 de enero de 2011

Lo primero que noto al despertar es lo cansado que mi cuerpo se sentía a pesar de haber tenido una noche de sueño ininterrumpido, lo cual sería preocupante en cualquier otra situación, pero dados los acontecimientos ocurridos hacía no menos de veinticuatro horas atrás, era de esperarse que así fuera. Abro los ojos con pereza y suelto un silencioso bostezo. Mi vista inmediatamente se posa en la pequeña y cálida figura que tenía acurrucada contra mi costado, y es entonces donde siento cómo se apodera de mi rostro una boba sonrisa. El simple hecho de ver a Harry completamente dormido y presionado contra mí era más que suficiente para alegrarme el día. Por lo general, no tenía el placer de poder observarlo dormir ya que Harry era un madrugador nato (contrariamente a mí, que detestaba levantarme temprano), así que aprovecho que me había despertado antes que él para disfrutar de la increíble sensación de tenerlo dormitando tan cerca de mí. No sé por cuánto tiempo me quedo viéndolo respirar acompasadamente, mientras lo escucho murmurar ininteligibles palabras en sueños, pero sé que ha sido el suficiente como para hacerme despertar por completo.

Decidiendo que ya había actuado durante demasiado tiempo como un espeluznante acosador, comienzo a apartar las mantas de mi cuerpo y a salir lo más silenciosamente posible de la cama para no despertar a Harry. Una vez que consigo liberarme del fuerte agarre en el que él me tenía apresado, dirijo mis pasos al baño para hacer mis necesidades básicas e higienizarme. Termino de cepillarme el cabello y es entonces cuando noto la desastrosa imagen que me estaba devolviendo el espejo. Mi ojo izquierdo, al cual la maldita comadreja le había dado un puñetazo, se encontraba muy hinchado y con una preocupante tonalidad morada por toda la piel que lo circundaba.

Suelto un molesto bufido al ver la forma a la que había quedado reducido mi rostro, y me obligo a mí mismo a hacer algo al respecto, en especial ahora que tenía que ir a ver a mis amigos. Ciertamente no quería aparecer frente a ellos luciendo como si alguien me hubiera utilizado como su bolsa de boxeo. Tomo mi varita de la repisa en la que la había dejado y la apunto a la hinchazón acumulada sobre mi pómulo. El hechizo consigue aliviar un poco el dolor y la inflamación, pero no hace demasiado por el preocupante color adquirido. Vuelvo a apuntar la varita y lanzo otro hechizo para camuflar este hecho. Cuando el mismo hace efecto, mi piel vuelve a relucir con ese pálido color que tanto me caracterizaba.

Completamente satisfecho con mi trabajo, salgo del baño y vuelvo en silencio al dormitorio para tomar algo de ropa limpia que ponerme, y es allí donde veo la imagen más adorable (y a la vez erótica) que jamás haya visto. Recostado en la cama y con un rostro plagado de sueño, se encontraba un adormilado Harry. Sin embargo, esto no era lo que provocaba que una agradable sensación me recorriera por completo. No, lo que despertaba en mí esos irrefrenables deseos de besarlo y hacerle el amor hasta que perdiera la noción de la realidad era la forma en la que Harry estaba desperezándose con los brazos extendidos hacia adelante como una especie de adorable gatito. Honestamente, el apodo que le había dado le calzaba como un guante.

─Buenos días. ─Dice Harry al notarme parado junto al poste de la cama como un perturbador acosador. Afortunadamente, él no parece encontrar este hecho para nada inquietante y simplemente me da una enamorada sonrisa. ─¿Por qué te levantaste tan temprano?

Aparto de mi mente los lujuriosos pensamientos en los que me había perdido, unos en los cuales estaba haciendo que Harry se estirara de esa forma en la que lo estaba haciendo ahora, pero debido a la intensidad con la que yo embestía dentro de su cuerpo, y me obligo a forzar a mi cerebro a componer una respuesta a su inocente pregunta.

─No es tan temprano, son casi las nueve de la mañana. Lo cual me recuerda, ─Digo con un tono indiferente, mientras voy al armario y saco ropa limpia que ponerme. ─¿no estás llegando demasiado tarde al trabajo?

─Es sábado, Draco. No me toca trabajar los fines de semana, a menos que esté de guardia o tenga un caso importante por resolver; lo cual, y para nuestra mayor fortuna, no tengo en estos momentos. ─Suelta Harry entre medio de un bostezo, uno que lo hacía ver absolutamente adorable. Asiento con la cabeza para hacerle saber que lo había escuchado, mientras me visto con un pantalón negro que no era demasiado formal, pero era lo suficientemente sofisticado como para asistir a un desayuno en la mansión de mis amigos. ─Pero aún no me has respondido.

─¿Mmm? ─Digo distraído, mientras tomo un suéter de cuello alto de color negro y me lo pongo.

─¿Por qué te has levantado tan temprano? ─Dice Harry con curiosidad, a la vez que se levanta de la cama y se acerca hasta donde me encontraba vistiéndome. ─¿Y por qué te estás vistiendo como si fueras a asistir a uno de esos pomposos bailes del Ministerio?

─¿Baile? ─Suelto una divertida risa ante esto, mientras termino mi atuendo con un saco de pana de color gris oscuro. ─No son prendas tan formales, Harry. Entiendo que tu deplorable sentido de la moda pueda estar confundido, pero esto es lo que vestiría cualquier mago que se precie para salir de casa. De hecho, incluso podría considerarse demasiado informal. Mis padres de seguro deben estar revolcándose en su tumba en estos momentos al verme usar algo como esto, y no las tradicionales túnicas de magos.

─Me gusta más como te quedan esta clase de prendas que las túnicas de magos.

Harry se acerca a mí y me masajea el pecho de una forma que era a la vez inocente y muy sugerente. Realmente este descarado gatito iba a ser la causa de mi prematura muerte.

─¿Y se puede saber cuándo me has visto vistiendo túnicas de magos para dar esa afirmación tan tajante? ─Digo esto con una ceja en alto y lo atraigo hacia mi cuerpo. Harry se deja hacer y entierra su rostro en mi pecho, a la vez que inspira para llenarse del olor a perfume que desprendía mi ropa. ─Las túnicas de Hogwarts no cuentan, Potter. Esas ni siquiera eran túnicas formales.

─Recuerdo que usaste túnicas formales para el Baile de Navidad en nuestro cuarto año. ─Harry murmura esas palabras contra mi pecho, e incluso sin verlo puedo notar lo mucho que el recuerdo parece haberlo hecho sonrojar. Al parecer mis túnicas no le disgustaban tanto como me estaba queriendo hacer creer. ─Y aunque no voy a negar que te quedaban bien, no se compara con la forma en que te sientan este tipo de prendas.

Suelto otra risa al escuchar esto y me fuerzo a crear una nota mental para comprar más de este tipo de prendas formales muggle. Al parecer, Harry tenía una especie de fetiche con ellas, y eso era algo que sin duda pretendía explotar para nuestro placer.

─Lo tendré en cuenta.

Le doy un beso en esos indomables cabellos y lo aparto de mí. El tiempo estaba pasando a gran velocidad y si no me daba prisa, Pansy terminaría cumpliendo con la amenaza que me había dado anoche. Harry parece algo confundido y herido por este hecho, pero trata de enmascararlo al ir a buscar su varita a la mesa de luz.

─Entonces, ¿por qué estás vestido así?

Harry pregunta nuevamente y con fingida indiferencia, pero podía apreciar con claridad la leve sospecha de su tono. No queriendo darle injustificadas inseguridades, me giro hacia él y comienzo a explicarle a dónde tenía pensado ir mientras ato mis zapatos con un hechizo.

─Iré a cumplir con la promesa que les hice a Pansy y a Blaise, antes de que vuelvan a derribar la puerta de nuestro apartamento pensando que me has secuestrado, o cualquiera sea la estúpida idea a la que sus imaginativas mentes hayan arribado ahora.

─Oh.

─¿Qué ocurre?

─Nada.

─Harry.

─No es nada, de verdad. Diviértete.

Y sin darme tiempo a que siquiera diga algo más, sale de la habitación y lo escucho ir al baño. Suelto un suspiro y trato de pensar en cuál podría ser el motivo por el que parecía haberse disgustado ahora, pero nada tenía sentido. Todo había estado perfectamente bien unos segundos atrás. Entonces, ¿qué lo había puesto en ese estado de irritabilidad?

Unos suaves pasos me sacan de mis pensamientos y sólo ver la forma en la que Harry parecía estar esquivando adrede mi mirada era suficiente para que no quisiera dejar las cosas así entre nosotros. Reprimiendo un suspiro, me acerco hasta posarme detrás de él y lo envuelvo con mis brazos. Harry no hace ademán de querer apartarme, pero la forma en que su cuerpo se tensa me da un claro indicio de que, lo que sea que estuviera molestándole, aún lo hacía. No quería dejarlo solo en un momento como este, en especial cuando había algo que parecía estar perturbándolo tanto, por lo cual trato de pensar en una forma de resolver este hecho sin faltar a la promesa que les había hecho a mis amigos; y es entonces, donde se me ocurre la solución perfecta a ambos problemas.

─¿Sabes? En realidad, tenía la esperanza de que quisieras venir conmigo.

─¿Qué?

─Bueno, ─Harry gira en mis brazos y me observa con algo de incertidumbre, pero mis palabras parecían ser lo que estaba esperando oír, porque de inmediato lo siento relajarse en mi abrazo. Al notar este obvio cambio en su actitud, tomo una bocanada de aire y continúo con mi explicación. ─Pansy y Blaise esperarán que les cuente todo lo ocurrido con lujo de detalle, pero hay cosas que ni siquiera yo sé aún. Y no tiene sentido que tú tengas que explicar las cosas dos veces. Así que pensé que ambos podríamos ir a desayunar con ellos y explicarles todo de una vez.

─Yo… no estoy seguro de que vaya a ser bienvenido allí. ─Dice Harry con algo de vacilación, pero por dentro sabía que él estaba a punto de aceptar mi propuesta. ─Ya viste lo molestos que estaban conmigo anoche.

─Sí, pero eso sólo fue porque habían recibido esa carta y estaban preocupados por mí. Ahora saben parte de la verdad y tienen en claro que tú no tuviste nada que ver en eso, así que no hay motivos por los cuales no serías bienvenido allí. No tienes nada que temer.

─Pff… no les tengo miedo a tus amigos, Draco. Honestamente, hay muy pocas cosas en este mundo que podrían asustarme. ─Harry dice esto acompañado de un rodar de ojos, a la vez que se aparta de mí y comienza a rebuscar entre sus prendas por algo decente que ponerse. ─Sólo no quiero generar un problema entre ustedes. Sé lo mucho que ellos significan para ti.

─Y ellos saben lo mucho que tú significas para mí, por lo que tienen en claro que deberán aceptarte si quieren mantenerme como su amigo. ─Vuelvo a acercarme hasta colocarme detrás de él y masajeo sus hombros para tratar de calmar un poco la tensión que Harry claramente estaba sintiendo en estos momentos. ─Así que no veo cuál podría ser el problema de que vengas conmigo. Ese no, ponte el de color beige. Combinará mejor con esos pantalones.

Harry toma el suéter que le indico y comienza a vestirse sin decir nada más, pero desde aquí podía ver que mis palabras habían tranquilizado gran parte de sus dudas. Harry se acerca a mí cuando termina de abrocharse el calzado y permite que lo tome de la mano para trasladarnos hasta la sala de estar. Una vez allí, suelto su mano y realizo el hechizo para volver a conectar nuestras chimeneas. Afortunadamente, había podido ser capaz de manipular lo suficiente la vaga petición que Weasley me había dado para no cortar por completo la conexión con la chimenea de mis amigos y, en cambio, sólo la había bloqueado. De no ser así, no podríamos emplear este método para viajar hacia la mansión de mis amigos. Una vez que termino de desbloquear la chimenea, tomo un puñado de Polvos Flu de la chimenea e ingreso en ella. Al girarme hacia la sala, veo que Harry toma un poco de polvos para él y se acerca hasta donde me encontraba. De inmediato, extiendo la mano que tenía libre y entrelazo nuestros dedos. Cuando creo que ambos estamos listos, me aclaro la garganta y digo con una voz clara la dirección de la mansión de mis amigos.

─Dimora Zabini.

Distintas chimeneas pasan en un remolino de imágenes borrosas, pero no presto atención a esto, sino a la forma en la que Harry aprieta la mano que tenía entrelazada con él; y realmente no podía distinguir si su repentino nerviosismo se debía a que no le agradaba viajar por este medio de transporte, o debido a la incertidumbre que sentía por tener que volver a enfrentarse a mis amigos. Algo me decía que era un poco de ambas cuestiones.

Afortunadamente, y antes de que la situación se volviera incómoda, aterrizamos en la amplia chimenea de la mansión de mis amigos. Me apresuro a ingresar en la imponente sala de estar en la que aparecemos, pero en ningún momento suelto la mano de Harry, y esto me gana una agradecida sonrisa por parte de mi gatito. Sin embargo, el ruido de besuqueo que resuena en la amplia sala nos aparta de nuestro cursi intercambio de miradas. Elevo la vista hacia el refinado sofá que teníamos frente a nosotros y es entonces donde debo hacer un esfuerzo sobrehumano para no rodar los ojos con exasperación. Honestamente, ¿es que esos dos no podían quitarse las manos de encima ni siquiera cuando sabían que tendrían visitas? Bajo la vista hacia Harry y observo lo sonrojado que se había vuelto al ver la imagen que teníamos frente a nosotros. La misma no era otra más que la que solía ver con alarmante frecuencia cada vez que visitaba a mis amigos. En ella, Pansy estaba sentada en el regazo de su esposo y no paraba de retorcerse contra el miembro de Blaise, mientras que ambos se besaban como si el mundo fuera a acabarse de no hacerlo; y como si esto no fuera suficiente, Blaise había colado una mano por debajo del corto vestido de Pansy y estaba aferrándose a su trasero como una especie de salvavidas.

De verdad, jamás entendería cómo eran capaces de perderse tanto el uno en el otro, a tal punto que ni siquiera se habían percatado de que habíamos pasado a través de su chimenea. Al menos Harry y yo éramos capaces de no perder por completo toda noción de la realidad cuando estábamos demostrándonos afecto. Un descarado gemido escapa de los carnosos labios de Pansy, y eso provoca que Harry se tense a mi lado producto de la incomodidad que le estaba generando esta situación. Decidiendo que esto ya había ido demasiado lejos, doy un paso hacia adelante y me preparo para interrumpir a estos dos sexópatas antes de que comenzaran a tener sexo enfrente nuestro.

─Ejem, ejem.

Interrumpo su lujurioso intercambio con mi perfecta imitación del sapo de Umbridge, y eso es lo único que se requiere para que Pansy se aparte de un salto del regazo de Blaise y comience a reacomodar su vestido. A su lado, Blaise reajusta disimuladamente el claro bulto que se había formado en sus pantalones, y dice con un exasperado tono algo que sólo pretendía divertir.

─No podías haber esperado una hora más para aparecer por aquí, ¿verdad? ─Blaise me da una de esas perversas sonrisas y eleva una ceja en un seductor gesto que sólo me hace rodar los ojos, aunque a Harry no parece gustarle para nada esto, porque de inmediato aprieta su mano en la mía de una manera que era dolorosa. ─¿Sabes, Draco? Comienzo a pensar que tienes una vena voyeur en ti, porque de otro modo no se explica que siempre consigas encontrarnos con las manos en la masa. Quizás, inconscientemente, quieres unirte a nosotros. Por mí no hay ningún problema, sabes que no me molestaría compartirme contigo.

Pansy rueda los ojos a su lado y desde aquí podía ver los deseos que ella tenía de golpear la cabeza de su esposo para que dejara de decir tantas estupideces juntas. Sin embargo, había alguien en esta sala que no estaba tomándose la broma de Blaise tan bien. Harry se tensa a mi lado y por el rabillo del ojo puedo ver la letal mirada que estaba dirigiéndole a mi descarado amigo. La falsa insinuación que me había dado al parecer no le había hecho ninguna gracia a mi posesivo y celoso gatito.

Tratando de aligerar un poco el tenso aire que comenzaba a flotar en la sala, suelto una divertida risa y digo algo que pretendía poner paños fríos a la situación; pero como solía ocurrir habitualmente en mi vida, el resultado que obtengo es el opuesto.

─Si no lo supiera mejor, comenzaría a preocuparme por esa curiosidad que estás expresando allí.

─Bueno, ¿qué puedo decirte? Tu reputación te precede, Draco. ¿Quién mejor que tú para mostrarme los placeres que podría hacerme sentir un dominante? Si te soy honesto, tú eres la única persona con la que aceptaría explorar mi "curiosidad". No confiaría en nadie más para que me convirtiera en su "sumiso". ¿Qué te detiene? Sabes que mi perfecto trasero valdría totalmente la pena.

Blaise me giña un ojo en un gesto que era mucho más seductor de lo que cualquier otra persona normal podría lograr con ello, y eso sólo hace que el agarre que Harry tenía en mi mano se volviera insoportablemente doloroso. Un extraño calor comienza a recorrerme los dedos que tenía entrelazados con él, y cuando bajo la vista para ver qué era lo que estaba provocándolo, veo que nuestras manos estaban resplandeciendo con un brillo dorado producto de la magia que intentaba desbordarse de Harry. Nunca me cansaría de decirlo, ver ese despliegue de salvaje magia era fascinante y muy aterrador a la vez. Aunque Harry no parece percatarse de este hecho, por el contrario, continúa fulminando con todas sus fuerzas a mi bromista amigo; y justo cuando creía que la situación no podría volverse más incómoda, Harry abre la boca y suelta unas palabras en una especie de amenazante gruñido que hace estragos en mi entrepierna por lo caliente que sonaba su celosa advertencia.

─Lo que lo detiene es que ama a su, ¿cómo lo llamaste? Ah, sí, sumiso. Lo que detiene a Draco es que ama a su sumiso novio, el cual no sólo es el Auror más poderoso del Ministerio, sino que, además, es el mago que derrotó a Voldemort. No creo que tú quieras, o siquiera puedas, competir contra eso, ¿verdad?

Blaise observa a Harry con una irritada mueca ante esas punzantes palabras. A su lado, Pansy tenía una ceja en alto y desde aquí se podía ver el esfuerzo que estaba realizando para no soltar una fuerte carcajada debido a la gracia que le había causado la ingeniosa respuesta de Harry. Blaise parece recomponerse de la sorpresa que le produzco el celoso comentario de Harry y trata de abrir la boca para replicar algo, pero Pansy se le adelanta e interrumpe lo que avecinaba convertirse en una batalla de mordaces comentarios entre estos dos idiotas.

─¡Hombres! ─Pansy rueda los ojos y se levanta del sofá en un refinado movimiento. Una vez de pie, se dirige a todos nosotros con ese mandón y altivo tono que tanto la caracterizaba. ─Muy bien, si ya terminaron de hacer el ridículo en esta inútil pelea verbal por ver quién la tiene más grande, vayamos a desayunar. Tengo hambre, y estoy ansiosa por obtener respuestas sobre lo que ocurrió ayer.

Pansy comienza a caminar hacia una puerta a la izquierda y de inmediato me apresuro a seguirla, lo último que querría es que ella se enfadara conmigo. Nunca lo admitiría en voz alta, pero Pansy podía dar miedo cuando realmente se cabreaba. Un leve apretón en nuestras entrelazadas manos me aparta de los recuerdos en donde una iracunda Pansy había intentado hechizarme en Hogwarts por haberle jugado una broma al cambiarle la tonalidad de todas sus prendas a un naranja chillón (el cual era el color que más detestaba), y cuando miro hacia abajo, veo que Harry se encontraba algo sonrojado por su anterior arrebato, pero noto a la vez una confiada postura en su cuerpo que indicaba lo muy complacido que estaba consigo mismo por lo que había hecho y cómo no se arrepentía de nada de ello. Le devuelvo el apretón de manos para hacerle saber que entendía el motivo de su accionar y que no estaba molesto por ello, y eso sólo me gana una caricia en el dorso de la mano.

Después de que pasamos unas cuantas habitaciones, Pansy ingresa por una puerta a su izquierda, a lo que suponía que era el comedor principal. Mis sospechas se confirman cuando ingresamos a ese gigantesco salón. La larga mesa rectangular que se extendía por toda la sala era capaz de abarcar cómodamente a más de treinta personas. La misma estaba compuesta del mismo material que las lujosas sillas, y poseía un color marrón oscuro que relucía a la luz de los grandes ventanales ubicados en la pared del fondo. Del techo del amplio comedor colgaban no uno, sino tres gigantescos candelabros de oro que tenían incrustaciones de diamantes en cada uno de ellos. Lo que terminaba de cerrar la decoración del ostentoso lugar era una gigante chimenea de mármol, la cual se encontraba encendida con un chisporroteante fuego. El comedor era un claro derroche de elegancia y sofisticación, y no hacía más que demostrar lo asquerosamente ricos que eran mis amigos.

Nada de esto me sorprendía ni incomodaba, después de todo, solía tener cosas como estas en la Mansión. Durante gran parte de mi vida había vivido en la más opulenta riqueza y, de hecho, la casa de Blaise y Pansy habría quedado en ridículo frente a la Mansión Malfoy en sus épocas de gloria. Sin embargo, eso no evitaba que me recorriera un desagradable escalofrío por la columna; porque puede que yo no me sintiera intimidado por toda esta riqueza que nos rodeaba, pero Harry era otro cantar. Sí, mi gatito no era precisamente pobre. En realidad, él provenía de una familia que estaba bastante bien posicionada económicamente. No obstante, él nunca había estado expuesto a tanta opulencia junta y, de hecho, Harry solía sentirse incómodo en esta clase de ambientes. Sólo bastaba con ver la forma en la que detestaba asistir a funciones ministeriales (donde el derroche de dinero estaba a la orden del día) para saber que esto era así.

Bajo la vista hacia Harry para comprobar si mis sospechas eran ciertas y él realmente no estaba pasando un buen momento, sin embargo, me sorprendo con lo que encuentro. Si bien había algo de disgusto en su mirada por todo el innecesario derroche de ostentación que nos rodeaba, Harry no parecía encontrarse intimidado por ello o siquiera incómodo. Al notar que esto no sería un problema para él, lo atraigo hacia la mesa y retiro una de las sillas para él. Harry me da una divertida mirada y rueda los ojos, pero no parece tener intenciones de querer protestar por este gesto y simplemente se sienta en donde le había indicado. Sin perder tiempo, tomo asiento a su lado y aprovecho para apretarle el muslo con mi mano izquierda a modo de agradecimiento por el esfuerzo que estaba haciendo al estar aquí, y también, por qué no, para recordarle y asegurarle que me encontraba justo aquí.

Pansy chasquea sus dedos y de inmediato aparece una elfina doméstica a su lado.

─Tiky, trae vajilla adicional. Tenemos un invitado más a nuestro desayuno.

─Si, ama. De inmediato.

Tiky desaparece con un chasquido, y reaparece incluso antes de que me diera cuenta de que se había ido. Con un rápido movimiento de sus arrugadas manos, la elfina coloca en el lugar que me encontraba sentado tazas, copas, platos y cubiertos de la misma forma en la que estaban ubicados en el resto de la mesa. Por último, una servilleta de una fina tela es colocada como una ostentosa especie de decoración junto al plato vacío, antes de que la elfina se aparte y observe a Pansy en espera de una nueva orden.

─Bien hecho, Tiky. Ya puedes traer el desayuno.

Tiky vuelve a desaparecer y reaparecer con admirable rapidez, y esta vez lo hace cargando detrás de sí una infinidad de bandejas y tazones que contenían incontables opciones de desayuno. Desde los clásicos desayunos ingleses, hasta algo más dulce como pasteles y tartas que se veían completamente apetitosas. No importaba lo que quisieras comer en este momento porque esa opción en la que estarías pensando de seguro estaba aquí. Genial, otro derroche más de ostentación. Sólo una forma más de incomodar a Harry. Internamente me pregunto si ellos lo estaban haciendo adrede, pero me regaño de inmediato por pensar de esa manera. No, ciertamente Pansy y Blaise no estaban haciendo esto a propósito y con el único fin de intimidar a Harry con su riqueza, siendo que ellos no habían esperado que yo trajera a Harry conmigo. No, ellos habían hecho esto porque esa era la forma en la que vivían día a día. No estaban haciendo nada más que lo mismo que hacían cada vez que yo venía a visitarlos de imprevisto.

Me quedo más tranquilo al descubrir que mis amigos no parecían querer hacer sentir mal a Harry adrede, y tomo una de las pequeñas tartas de chocolate que había frente a mí para colocarla en el plato. Frente a mí, Pansy estaba sirviéndose lo que parecía ser un omelette relleno. A su lado, Blaise estaba haciendo honor de su título de glotón y se encontraba llenando su plato con un poco de todo lo que tenía a su alcance. Ruedo los ojos ante esto y niego con la cabeza al ver cómo algunas cosas nunca cambiarían, antes de girarme hacia Harry para ver si éste había perdido la timidez y había conseguido colocar algo en su plato. Afortunadamente, Harry parecía haber tomado esto como una oportunidad de hacer algo más que evitar la mirada de mis amigos, y estaba encargándose de tomar una de las tartitas de melaza que había en una bandeja, y otra como la que yo tenía en mi plato.

Al ver que no tenía nada de lo que preocuparme, tomo la taza de té que tenía a mi derecha y le doy un gran sorbo. La caliente infusión consigue aplacar un poco el nerviosismo que siento por lo que estaba a punto de descubrir. Porque sí, una parte de mí aún estaba ansiosa por saber cómo, exactamente, Harry había podido descubrir la verdad a tiempo para salvarme de lo que de seguro habría sido una muerte asegurada. Pansy parecía estar igual de impaciente que yo, porque al instante baja su taza de té, y después de limpiar delicadamente su boca con una servilleta, dice:

─Bien, basta de dilaciones. Comienza a hablar, Draco. ¿Qué demonios ocurrió ayer?

Y si bien estaba impaciente por conocer la verdad, no estaba seguro de encontrarme listo para revivir todo de nuevo. ¿Acaso Pansy no podía dejar que termináramos el desayuno en paz? Al parecer no podía, porque no paraba de darme insistentes miradas para que comenzara a hablar. No encontrando escapatoria a esta situación, suelto un derrotado suspiro y comienzo a narrar todo lo ocurrido desde que Weasley entró por la chimenea y me atacó por la espalda, hasta que me dejó en la Casa de los Gritos atado en esa silla y siendo incapaz de pedir ayuda o escapar.

Los rostros de Pansy y Blaise se llenan de horror y asombro con lo que estaba contándoles, pero nada se comparaba con las emociones que sentía desbordarse de Harry a través de su magia. El bajito cuerpo de Harry se hallaba completamente tenso a mi lado y su rostro se encontraba cerrado en una enfadada mueca. Incluso desde aquí podía ver la forma en que su mandíbula se apretaba y casi era posible escuchar cómo sus dientes rechinaban producto de lo mucho que estaba apretándolos; pero eso no era lo que realmente me preocupaba de todo esto. No, lo que en verdad terminaba de confirmar lo cerca que Harry estaba de perder el control y salir disparado a encontrar a Weasley para hacerle pagar por sus accionares, era el intenso brillo dorado que se había apoderado de sus puños cerrados. Las manos de Harry relucían con tanta potencia que parecían encontrarse revestidas en una especie de oro gaseoso. La magia que intentaba descontrolarse era casi palpable, y parte de ella se extendía en ráfagas ardientes y electrificantes a nuestro alrededor.

De repente, las fuentes y platos ubicados en la mesa comienzan a temblar y elevarse de su lugar de una forma siniestra. Las copas y tazas tintinean del mismo modo en que lo harían si un terremoto estuviera azotando la habitación, y detrás nuestro, el fuego de la chimenea se incrementa con un fuerte y amenazador rugido que sobresalta a mis amigos. Los rostros de Pansy y Blaise se llenan de terror al ver todo este descontrolado despliegue de magia, y por el rabillo del ojo puedo ver cómo ambos estaban aferrándose a algo debajo de la mesa. Desde aquí no podía ver qué era ese algo, pero podría apostar toda la fortuna de mi familia a que eran sus varitas y que ellos sólo estaban esperando el momento exacto para alzar escudos protectores en caso de que la situación se desbordara por completo.

Decidiendo que esto ya había pasado a convertirse en algo serio y que alguien tenía que detener el incontrolable arrebato de Harry antes de que se tornara peligroso, me armo de valor para hacer lo que tenía que hacer. Inspiro con fuerza para darme ánimos, y cuando creo que mi mano no temblará como una hoja de un árbol frente a un fuerte viento, la acerco hasta colocarla sobre el puño derecho de Harry. Una vez que hago esto, lo obligo a abrirlo y entrelazar nuestros dedos. Y es instantáneo. La salvaje y descontrolada magia de Harry se calma de inmediato una vez que nuestros dedos se entrelazan. El fuego de la chimenea recupera su tamaño e intensidad normal, y los platos y tazas dejan de moverse y vuelven a su inerte posición en la mesa. Pansy y Blaise lucen algo aliviados de ver este repentino cambio, pero sus miradas siguen fijas en Harry y están cargadas de desconfianza, era casi como si esperaran que volviera a perder el control repentinamente. Afortunadamente, Harry parece haber sometido sus desbordadas emociones y su poderosa magia vuelve a ronronear con calma como una especie de gatito.

─Lo siento.

─Realmente das miedo cuando te enfadas de verdad.

Blaise dice esto con un cauteloso tono de voz, y desde aquí podía ver que él aún no mostraba indicios de querer guardar su varita. Harry no parece ser capaz de notar este hecho porque tenía la vista puesta en nuestras entrelazadas manos, aunque eso no evita que sus mejillas se tiñan de rojo al escuchar esto. Le doy un apretón de manos para hacerle saber que todo estaba bien, y él me devuelve el gesto al instante. Cuando estoy convencido de que Harry no volverá a perder el control, elevo la vista hacia mis amigos y los observo mirarme con preocupadas miradas en sus aterrados rostros. Y justo cuando el silencio que se extendía sobre nosotros comenzaba a volverse inquietante, Pansy aclara su garganta, y dice: ─Realmente no sé qué decir.

─Estoy igual que Pans.

Blaise se une a esto, aunque parece haber conseguido quitar algo del temor que lo acometía, porque desde aquí veo que guarda su varita en la funda de su muñeca.

─Hay algo que aun no entiendo. ─Dice Pansy frunciendo el ceño y colocando en su rostro la enfadada mueca que siempre usaba cuando intentaba entender algo que escapaba de su comprensión. ─¿Cómo lograste liberarte entonces? Hasta donde tengo entendido, no eres capaz de resistirte a la maldición Imperius.

Oh, Pansy. No eres la única que no entiende eso. Yo aún sigo sin saber cómo diablos Harry pudo encontrarme y rescatarme de eso. Y como ya estaba cansado de no tener la historia completa, me giro hacia Harry y le doy una significativa mirada para que comenzara a explicar su parte. Él se remueve con incomodidad en el asiento, y después de aclarar su garganta, empieza a contar todo lo ocurrido desde que recibió la carta que Weasley me había forzado a escribirle, hasta el momento en el que me encontró en la Casa de los Gritos. Y no podía evitarlo, pero una parte de mí se sentía algo desilusionada con el hecho de que Harry hubiera dudado de mis sentimientos, a tal punto de creer que las mentiras que me había visto obligado a escribir en esa carta fueran ciertas.

A pesar de todas las formas en las que le había demostrado a Harry cuánto significaba para mí, aun así, él todavía tenía dudas al respecto. ¡Y que el infierno se congelara si ese no era un desalentador comienzo para una relación! No. No podía pensar de esa manera. Claramente no podía culpar a Harry por haber tenido dudas acerca de mis sentimientos después de haber recibido una carta tan desagradable como esa. ¡Y escrita con mi letra, nada menos! Además, él no había dudado de lo que yo sentía por él, al menos no por completo, ya que no se había conformado sólo con haber leído esa carta. No, él había continuado buscando una explicación a mi repentina desaparición. Harry no se había dado por vencido con nosotros aun cuando todas las señales indicaban que debería haberlo hecho, y eso era todo lo que necesitaba saber para eliminar cualquier inseguridad que se hubiera formado dentro de mi ser.

Una vez que consigo alejar de mi mente estos nocivos pensares, elevo la vista (la cual ni siquiera recordaba haber bajado) y la poso en los estupefactos rostros de mis amigos. Pansy y Blaise se encontraban boquiabiertos y sus ojos estaban cargados de horror, era casi como si Harry les hubiera dado la peor noticia del mundo. Aunque el momento de sorpresa no dura demasiado, y de inmediato, Pansy y Blaise comienzan a lanzar blasfemias y palabrotas hacia la chica comadreja.

─¡Esa maldita zorra! ¿Cómo pudo hacer algo como eso? ¡Está completamente loca!

─¡No puedo creer que esa repugnante perra se haya atrevido a hacer algo como eso! ¡Esa hija de puta va a lamentar el día en el que decidió meterse con ustedes!

Después de que Pansy dice esto, suelta un enfadado gruñido que no tenía otro propósito más que quitar algo de la rabia y los deseos de venganza que estaba sintiendo. Una vez que consigue poner en orden sus emociones, eleva la vista y la pasea desde Harry hacia mí.

─Bueno, supongo que con toda esa evidencia fue más que suficiente para que la trasladaran a Azkaban, ¿verdad? ─Pansy nos observa expectante por unos segundos, pero ni siquiera nos da tiempo a que elaboremos una respuesta, porque de inmediato nos interrumpe y continúa despotricando. ─Por supuesto que sí lo han hecho. Lo siento, esa fue una pregunta estúpida de mi parte. Entonces, ¿cuándo será el juicio de esa perra?

Después de que Pansy suelta esa pregunta, siento a la perfección cómo el cuerpo de Harry se tensa y remueve con incomodidad a mi lado; y cuando bajo la vista hasta posarla en su rostro, veo con claridad lo muy sonrojado que se había vuelto. Y eso era lo único que necesitaba ver para confirmar mis sospechas. No iban a llevar a la chica comadreja a Azkaban. A pesar de todo lo que ella había hecho… a pesar de que no sólo había envenenado a Harry con Amortentia, sino que, además, había utilizado una maldición Imperdonable para alejarme de él… a pesar de que había intentado asesinarme… a pesar de todo eso, aun así, Harry no iba a encerrarla en Azkaban.

Y por mucho que lo intentara, no podía evitar que una desagradable sensación se apoderara de mi pecho y lo comprimiera con cizaña. Una parte de mí siempre había sabido que Harry nunca sería capaz de entregar a uno de sus amigos, sin importar cuánto daño hubieran causado, porque así de leal era él. Sin embargo, eso no quería decir que la parte más ingenua de mi ser no hubiera tenido la esperanza de que, después de todo lo que Weasley había hecho para causarnos daño, Harry habría decidido proceder de la forma en la que lo haría con cualquier otro mago o bruja que no perteneciera a su círculo interno de amigos. Honestamente, ¿qué más tenía que hacer la chica Weasley para que Harry decidiera arrestarla? Había estado a punto de cometer un asesinato, ¿es que eso no era evidencia suficiente para ganarse una estancia en Azkaban? ¿Es que mi vida tenía tan poco valor que ni siquiera Harry, quien decía amarme, estaba dispuesto a ponerme por encima de una peligrosa bruja que no tenía más que rencor y deseos de venganza en ella?

Mi corazón comienza a doler como si miles de invisibles agujas estuvieran clavándose en él, y esa desagradable sensación sólo se intensifica cuando siento cómo mis pulmones parecen estar teniendo dificultades para hacerles llegar oxígeno. No queriendo entrar en un colapso nervioso frente a mis amigos, en especial cuando no había nada que pudieran hacer para cambiar esta deprimente realidad, me obligo a tomar respiraciones acompasadas y a poner en orden mis sentimientos. Una vez que consigo apartar cualquier vestigio de pánico que me quedara, poso la vista frente a la fuente de tartitas de chocolate que tenía delante y espero a que Harry dijera aquellas palabras que terminarían de confirmar aquello que había sido capaz de vislumbrar a través de sus gestos.

─De hecho, no vamos a llevarla a Azkaban.

Harry hace una pausa y se muerde el labio con nerviosismo. Por el rabillo del ojo podía ver cómo intentaba buscar mi mano izquierda para volver a entrelazar mis dedos con el fin de que esto le brindara algo de tranquilidad para continuar la explicación. Y aunque sabía que era un accionar mezquino y resentido, eso no evita que yo ignore adrede esa pequeña mano que trataba con desespero de encontrar la mía debajo de la mesa y, por el contrario, entrelazo mis manos juntas para poder apoyar mi barbilla en ellas. Harry se da cuenta de inmediato que estaba evitándolo a propósito y su mirada se llena de tristeza.

Y realmente lo odiaba. Odiaba sentirme tan culpable por hacer algo como eso, aun si tenía todo el derecho del mundo a estar ofendido debido a la decisión que Harry había tomado; pero lo que más odiaba, lo que más me provocaba disgusto hacia mí mismo, era el hecho de ser el responsable de haber herido los sentimientos de Harry de esa forma, a tal punto que sus hermosos ojos verdes se habían llenado de tristeza y un miedo que era casi palpable. Y aunque esto era algo que estaba lastimándome tanto como a él, aún no podía encontrar la fuerza de voluntad necesaria para descruzar mis manos y tomar la suya en la mía. Harry parece comprender que no tenía intenciones de volver a entrelazar nuestros dedos, porque de inmediato baja la vista con un derrotado gesto y vuelve a poner su mano en su regazo.

─¿A qué te refieres con que no van a llevarla a Azkaban? ¿A dónde van a llevarla entonces?

Agradezco internamente la interrupción de Blaise, porque el silencio que se había extendido por el lujoso comedor era asfixiante. Aunque Harry no parecía encontrar este hecho tan tranquilizador, ya que se sobresalta en su lugar al escuchar el áspero tono con el que Blaise había hablado. Afortunadamente, Harry era alguien demasiado valiente como para intimidarse ante ello, y eleva la vista hasta posarla de nuevo en mis amigos, antes de reanudar con su olvidada explicación.

─Ron va a internarla en San Mungo para que puedan tratarla por los traumas que tuvo debido a la guerra. Ella no ha vuelto a ser la misma desde que perdió a uno de sus hermanos. Creemos que tiene graves secuelas psicológicas que la han estado haciendo actuar de esa forma, y la única forma de evitar que siga siendo una amenaza para todos, incluso para ella misma, es tratando dichos traumas con pociones y Sanadores especializados.

Mis amigos parpadean y observan a Harry como si esperaran que éste en algún momento les dijera que todo era una broma, que sólo se estaba riendo de ellos y que, en realidad, ya habían encerrado a Weasley en Azkaban. Sin embargo, cuando Harry no hace ademán de querer demostrar que sus palabras eran un chiste, comprenden que esa realmente era la verdad de a dónde habían llevado a Weasley.

Y es entonces donde se desata el infierno. Los gritos ultrajados de Pansy y Blaise resuenan por todo el lugar de una forma que me hace helar el cuerpo, aunque no podía hacer nada más que quedarme sentado y dejarlos que despotricaran por unos minutos. Después de todo, yo los conocía mejor que nadie, y de nada serviría que intentara calmarlos sin antes haberles permitido soltar algo del veneno que tenían dentro. A mi lado, Harry se estremece por las hirientes palabras que ellos estaban diciendo y por el rabillo del ojo podía ver que tenía los puños fuertemente cerrados para tratar de mantener bajo control su magia. Afortunadamente, Harry tiene la sensatez de no replicar o intentar justificarse frente a mis amigos, porque ciertamente ellos no habrían apreciado algo como eso en estos momentos, no cuando la decisión que él había tomado les parecía una completa injusticia.

─¡Tienes que estar bromeando, Potter! ¡No puedes decirme que después de todo lo que esa perra hizo, no tendrá ningún castigo!

─¿Cómo te atreves, Potter? ¡Esa hija de puta se merece pudrirse en Azkaban por todo el daño que le ha hecho a Draco! ¡¿Cómo puedes sentarte tan tranquilo allí y no hacer nada?! ¡Es tan injusto! ¡Tan injusto que uses tu fama de héroe para evitar que le den el castigo que realmente se merece a la hermana de tu amiguito!

Harry se estremece antes esas hirientes palabras que Pansy suelta, y es entonces donde comprendo que la situación estaba a un grito de distancia de salirse de control. Soltando un desganado suspiro, me preparo para detener lo que de seguro se convertiría en una despiadada pelea de seguir así. Descruzando mis manos, doy un fuerte golpe en la mesa para hacerme oír entre todo el griterío que aún continuaba ocurriendo. Tanto Harry, como así también Pansy y Blaise, se sobresaltan y quedan en absoluto silencio ante mi sorpresivo arrebato. Una vez que confirmo que tenía su completa atención puesta en mí, elevo la vista hacia Pansy y Blaise, y comienzo a hablar en un confiado tono de voz que no se correspondía del todo con las confusas emociones que me recorrían, aunque mis amigos no parecen notar este hecho.

─¡Ya basta!

─Pero, Draco…

─¡No, Pansy! No quiero oírlo. ─La interrumpo antes de que comenzara a despotricar una vez más, y suelto otro agotado suspiro para brindarme algo de la paciencia que a cada segundo que pasaba parecía ir agotándose de mí. ─Esto no es culpa de Harry. Además, yo vi a Weasley en persona, y ella realmente parecía estar mentalmente inestable. Si internarla será la solución necesaria para que nos deje en paz de una vez por todas, entonces estoy más que de acuerdo con que la trasladen a San Mungo.

─¡No puedes decirnos que esto no es su culpa, hombre! ¡Él es el jodido héroe del mundo mágico, por las bolas de Merlín! ¡Sólo tiene que chasquear sus malditos dedos, y el mundo mágico hará lo que él quiera! ¡No puedes decirme que Potter no utilizó su fama y posición social para hacer que liberaran a esa perra de su merecido castigo!

─Oh. Y según tú, Blaise, ¿por qué delito se habría juzgado a Weasley?

─¡Esa basura pobretona intentó matarte, Draco! ¿Acaso eso no es un delito suficiente para que encierren a alguien en Azkaban?

Pansy dice esto con los dientes apretados en una especie de enfadado gruñido, pero yo ni siquiera me inmuto por todas estas dolorosas verdades que ella acababa de decir, y simplemente niego con cansancio mientras trato de aplacar un poco el dolor de cabeza que comenzaba a formarse en mi sien.

─Mi historial no está lo suficientemente limpio como para que pueda ser capaz de juzgar a nadie, Pansy. Tú lo sabes más que nadie. Además, ─Empiezo a decir mientras observo cómo mis amigos intentan justificar mi pasado como Mortífago, pero no les permito salir en mi defensa porque eso era un hecho, una realidad. Mi pasado era algo que me condenaría de por vida, sin importar cuánto hiciera para dejarlo detrás. ─aun si quisiera presentar cargos por lo que Weasley me hizo, a nadie le importaría. Nadie tomaría en serio una denuncia mía porque la mayor parte del mundo aún sigue viéndome como poco más que un remedo de Mortífago. De hecho, incluso hasta podrían culparme a mí por lo ocurrido al aludir que de seguro la incité de alguna forma para hacer eso.

Pansy y Blaise asienten con derrota al comprender la triste realidad y no parecen encontrar argumentos para contradecir mis palabras. Porque sí, no importaba cuánto dolor o sufrimiento alguien nos hiciera pasar a aquellos que habíamos estado en el bando perdedor; no importaba cuánto arruinaran nuestras vidas o nos pusieran en peligro, a nadie le importaría. Para el resto de la sociedad mágica no éramos más que una suciedad debajo de sus zapatos, unos mocosos Mortífagos que sólo habían conseguido librarse de pasar una vida en Azkaban debido a lo abultadas que eran nuestras cuentas bancarias. El resto de la sociedad sólo nos veía como los malcriados herederos de unas snobs familias puristas que habían comprado su libertad con cuantiosas donaciones de dinero. Y en verdad dolía. En verdad dolía que, sin importar cuánto quisiera dejar mi pasado detrás y construir un futuro respetable para mí, jamás podría quitarme de encima el prejuicio que tendría la intolerante sociedad mágica hacia mí, la misma que no parecía querer dejar detrás el odio a todos aquellos que habíamos estado en el bando perdedor.

Este pensamiento era completamente deprimente, en especial porque recién ahora era capaz de darme cuenta de lo mucho que afectaría la opinión de la sociedad mágica a mi relación con Harry. Era algo completamente obvio para cualquiera que tuviera un mínimo de materia gris en su cabeza el hecho de que nadie estaría de acuerdo con que Harry saliera con un Mortífago, y eso sólo podía significar una cosa. Nuestras vidas iban a volverse una completa tortura una vez que esta verdad saliera a la luz. Y aunque lo intento, no puedo evitar que una sensación de inquietud se apodere de mi ser al pensar en lo que eso implicaría para ambos. ¿Acaso nuestra relación era lo suficientemente fuerte como para superar las adversidades que se avecinaban?

Al parecer, lo era, porque siento a Harry cerrar con fuerza sus puños en su regazo y comenzar a hablar con un tono de voz tan decidido que me provoca escalofríos por todo el cuerpo.

─Jamás dejaré que nadie vuelva a tratarte de manera injusta, Draco. Haré lo que sea para que la maldita sociedad mágica te brinde el respeto que te mereces. Y ya me gustaría ver a alguien intentar contradecirme con esto.

Sabía que en estos momentos debía tener una boba sonrisa enamorada en mi rostro, y también sabía que me arrepentiría más tarde por haberla soltado frente a mis amigos (quienes no dudarían en usarlo como un arma para futuras bromas), pero aun sabiendo todo esto, no consigo hacer que me importe lo suficiente como para reprimirla. Las manos que tenía entrelazadas frente a mí finalmente se sueltan, y en un rápido movimiento, tomo una de las pequeñas manos de Harry para poder entrelazar nuestros dedos. Harry observa nuestros entrelazados dedos y les da un apretón como para convencerse de que esto estaba ocurriendo y era real. Cuando parece confirmar que esto no era un producto de su imaginación, se gira hacia mí y me da una mirada que estaba cargada de amor. Y eso era lo único que necesitaba ver para eliminar de mi ser cualquier vestigio de duda que hubiera tenido sobre los sentimientos de Harry. Él en verdad me amaba, y ninguna de las decisiones que había tomado con Weasley pondrían en duda este hecho.

Por el rabillo del ojo veo cómo Pansy y Blaise se observan por unos segundos en un silencioso intercambio de palabras, antes de volverse hacia nosotros dos con sendas miradas de aceptación. No estaba muy seguro qué los había terminado de convencer de que mi relación con Harry era algo que me traía felicidad en lugar de problemas, pero lo que sea que hubieran visto en nuestro cursi intercambio debió haber sido suficiente como para hacer que terminaran de eliminar de sí cualquier desconfianza que les quedara.

Le doy un apretón de manos más a Harry, antes de soltarlo y reanudar con el desayuno. Mis amigos aprovechan esto para cambiar de tema a uno más ameno para terminar de comer. Pasamos el resto del desayuno entre risas y burlas hacia las divertidas anécdotas que Pansy y Blaise nos estaban contando acerca de la Navidad que habían tenido en la casa de la madre de Blaise. Después de que hacemos planes para volver a vernos pronto, y de que Pansy vuelve a darle a Harry una de sus amenazas de no lastimarme a menos que quisiera que ella lo castre, regresamos a nuestro silencioso apartamento. En el preciso momento en que salimos de la chimenea, me giro hacia Harry y le doy un pequeño beso en la comisura de la boca, antes de decir aquello que había querido decirle desde que salió en defensa mía esta mañana.

─Gracias. No sólo por haberme acompañado hoy, sino también por todo lo que has hecho por mí.

─Yo… ─Harry baja la mirada con abatimiento y eso provoca que mi corazón se apriete con fuerza. En verdad detestaba verlo triste. ─Lo siento.

─¿Por qué?

─Por haber desconfiado de ti cuando recibí esa carta. Debí haber sabido de inmediato que tú nunca dirías algo como eso. Yo… nunca debí haber puesto en duda lo que sientes por mí, no cuando me lo has estado demostrando en infinidad de formas a lo largo de estos cinco años. ¡Merlín, soy tan estúpido! ─Harry cierra los ojos con fuerza en un intento por reprimir las emociones que intentaban desbordarse por sus ojos, y eso sólo consigue clavar aún más el puñal imaginario que siento en mi pecho. Afortunadamente, Harry no llora, pero su mirada estaba tan cargada de tristeza y arrepentimiento que bien podría estar llorando. ─Es casi como si no hubiera aprendido nada desde el error que cometí cuando descubrí tu identidad secreta. Aun sigo desconfiando de ti a pesar de que eso es lo último que debería hacer.

Y no podía dejar que siguiera pensando esas cosas de él, en especial cuando nada de esto había sido su culpa. No, la única responsable de nuestras desgracias había sido la maldita comadreja. Ella era la responsable de casi haber conseguido apartarme de Harry. Ella era quien había lastimado a mi gatito con su egoísta accionar; y también era ella la que, en estos momentos, estaba encerrada en San Mungo para tratar sus claros problemas psicológicos. Es por ello que Harry no tenía por qué seguir castigándose a sí mismo por algo que no era su responsabilidad. ¿Y qué clase de novio sería si le permitiera continuar pensando en estas destructivas y para nada acertadas ideas?

Decidiendo que Harry ya se había autocastigado en vano durante demasiado tiempo, lo acerco hasta mi cuerpo y lo envuelvo con mis brazos para evitar que escapara. Afortunadamente, esa no parecía ser la intención de Harry, y de inmediato lo siento enterrar su cabeza en mi pecho y aferrarse aún más fuerte a mi cintura. Una de mis manos comienza a trazar ininteligibles patrones en su espalda en una especie de caricia que pretendía calmar al bajito Auror, a la vez que dejo pequeños besos en la cabeza de Harry. Cuando lo siento comenzar a relajarse en mi abrazo, lo aparto un poco de mí para poder ver su rostro. Era necesario que me viera cuando le dijera estas palabras para que pudieran grabarse en su mente.

─No quiero que vuelvas a pensar así de ti mismo nunca más.

─Pero…

─Pero nada. ─Lo interrumpo con un autoritario tono que lo silencia de inmediato. Cuando Harry no hace ademán de querer volver a interrumpir, reanudo con lo que tenía pensado decirle. ─Lo que ocurrió con esa carta no fue culpa tuya, ni tampoco mía. Todo fue culpa de Weasley, y de nadie más que de ella. Así que no quiero que vuelvas a culparte por algo que no te corresponde.

Harry asiente para hacerme saber que entendía y que haría como le estaba diciendo, por lo que aprovecho a darle otro beso en sus labios para demostrarle con ello lo complacido que estaba de que me hubiera escuchado. Cuando me aparto de sus labios, lo observo con una traviesa mirada en mis ojos, y digo: ─En realidad, estoy muy orgulloso de ti, ¿sabes?

─¿Por qué?

─Por no haberte dado por vencido con nosotros, incluso cuando todo parecía indicar que así debías hacerlo.

Harry me regala una adorable sonrisa por esto y sube sus manos hasta colocarlas en mi cuello. Las mías viajan automáticamente a sus caderas y lo atraen aún más a mi cuerpo. Harry hace un pequeño sonido de sorpresa por el repentino movimiento, pero se deja hacer y me observa con un juguetón brillo en sus ojos.

─De hecho, estoy muy agradecido por ello. ─Murmuro contra los labios de Harry, pero sin llegar a rozarlos en ningún momento. Harry hace un ruidito de disconformidad por ello, y eso sólo hace que suelte una divertida risa, antes de que reanude mi explicación utilizando el mayor tono seductor que tenía. ─¿Quieres que te muestre cuán agradecido estoy?

Harry suelta una de esas adorables risitas y me observa con una mirada que estaba plagada de seducción. ¿En qué momento mi adorable gatito se había vuelto tan descarado?

─Oh, sí. No tienes de cuánto me gustaría que me mostraras tu… ─Harry hace una larga pausa y acerca su rostro hasta que sus labios rozan los míos, antes de terminar su oración con un bajo y seductor murmullo que consigue ponérmela dura al instante. ─agradecimiento.

Y eso es todo lo que puedo soportar, antes de acortar el espacio que nos separaba y reclamar esos tentadores labios en un abrasador beso. Harry amortigua un gemido en mi boca por mi sorpresivo arrebato, pero no pierde tiempo y entreabre la suya lo suficiente como para que pudiera comenzar a recorrerla con mi lengua. Sus manos se aferran con fuerza a mi cuello, a la vez que las mías viajan hacia abajo para apretar con ganas ese respingón trasero que tanto me enloquecía. Harry se aparta de mi boca por unos segundos para soltar un necesitado jadeo, antes de volver a besarme como si su vida dependiera de ello. Y justo cuando estaba a punto de comenzar a moverme hacia atrás para llevar esto al dormitorio, somos cruelmente interrumpidos por la chimenea que se enciende.

─¿Harry?

Era obvio que el universo conspiraría para arruinarnos el momento. Esa simplemente parecía ser la historia de mi vida.


Aclaración dentro del capítulo: cuando Draco y Harry van a la mansión de Blaise, Draco dice como dirección las palabras "Dimora Zabini". Según el traductor de Google, la palabra "Dimora" significa "Mansión" en italiano. No sé italiano, así que pido disculpas de antemano si esto no es cierto.


Notas finales: muchas gracias a todos por leer. ¿Quién creen que sea la persona que ha interrumpido este momento tan interesante entre nuestros dos tortolitos? ¡Hagan sus apuestas a través de un comentario! ;)

Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.