Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola! Antes de dejarlos con el capítulo de esta semana, quiero agradecerles infinitamente por sus alertas y favoritos, y en especial a susigabi por haberse tomado el tiempo de dejarme su bello comentario. Ahora sí, espero que lo disfruten tanto como yo lo hice escribiéndolo.


Cosmos: La disculpa

1 de enero de 2011

─¿Harry? ─Se escucha una vacilante e irritante voz que reconocería en cualquier lugar. Por supuesto que sería él quien nos interrumpiría en el mejor momento. ─¿Estás aquí?

Harry y yo soltamos al unísono un suspiro cargado de tristeza y frustración por el momento perdido gracias a la interrupción de Ronald "Inoportuno" Weasley. Harry acaricia la parte de atrás de mi cuello y me observa con una mirada de disculpa, antes de acercarse a mis labios una vez más para murmurar algo contra ellos que me dejará expectante por el resto del día.

─Te lo compensaré más tarde. Lo prometo.

Un casto beso es dejado sobre la comisura de mi boca, antes de que Harry se aparte de mis brazos para ir a atender a su molesto amigo. Mi entrepierna tiene formado un doloroso bulto en ella, pero me obligo a pensar en cosas desagradables para aniquilar mi erección en caso de que a Weasley se le ocurra querer pasar a través de la chimenea. Por mi mente comienzan a bailar imágenes de la chica comadreja desnuda, y eso es todo lo que necesito imaginar para hacer que mi excitación muera más rápido que si le hubieran lanzado una maldición asesina.

─Sí, aquí estoy. ¿Qué ocurre, Ron?

Harry pregunta con amabilidad y sin una pizca de molestia por haber sido interrumpido, lo cual me deja completamente impresionado. Honestamente, yo no podría haber sido capaz de enmascarar tan bien como él la clara frustración que estaba sintiendo en estos momentos debido a lo mucho que se había arruinado el momento.

─Bueno, yo… ¿podemos pasar?

Harry da un rápido vistazo hacia donde me encuentro parado, como si estuviera pidiéndome permiso con la mirada, por lo que ruedo los ojos y le hago una seña para que dejara pasar a sus molestos amigos. Harry me da una agradecida sonrisa y vuelve a girarse hacia la encendida chimenea para contestarle a Weasley.

─Claro, Ron. Adelante.

Harry se levanta del suelo y se acerca hasta donde me encuentro parado junto al sofá. Las llamas de la chimenea se encienden y adquieren una tonalidad esmeralda, antes de expulsar a través de ellas a Granger y a Weasley. Una vez que ambos están parados a unos pocos pasos de distancia, Granger sacude cualquier imperceptible rastro de polvo que tuviera pegado a su suéter, y dice con un educado tono: ─Buenos días. Espero que no hayamos interrumpido nada.

Weasley asiente a su lado con la cabeza, pero no parecía tener intenciones de mirarme a la cara. De hecho, parecía demasiado entretenido observando cada recoveco de nuestro apartamento. Su vista se detiene particularmente en la extraña mancha de color negro que había dejado la explosión de la maldición que Blaise había lanzado, pero no dice ni pregunta nada al respecto. Internamente me pregunto a qué habían venido los amigos de Harry. Claramente no estaban aquí para emitir opiniones sobre los gustos de decoración de nuestro hogar. No, lo que sea que hubieran venido a hacer era algo mucho más serio y preocupante. Un desagradable escalofrío me recorre al pensar que ellos estaban aquí para traer malas noticias con respecto a la chica Weasley. ¿Acaso ella había logrado escapar de San Mungo?

Merlín, realmente espero que ese no sea el motivo por el que ellos están aquí.

─No, para nada. ─Harry dice esto con un amable tono de voz, pero desde aquí podía ver a la perfección que sus ojos traicionaban estas palabras porque en ellos aún había un leve vestigio de frustración.

Weasley parece conseguir apartar la vista de la mancha en la pared para posarla en la mesa de nuestra isla y en parte de la cocina que se podía observar detrás de ella, aunque sigue en un absoluto silencio. Dejo que pasen unos segundos más para darle tiempo a que diga algo, pero él no parece mostrar indicios de querer abrir la boca. El silencio que reina en la sala se está comenzando a volver incómodo, por lo que me obligo a dejar salir un carraspeo para incitar alguna reacción de los tontos amigos de Harry. Al parecer, esto era lo que Weasley estaba necesitando, porque de inmediato se gira y me observa con una mirada que expresa vergüenza y algo de arrepentimiento.

─Yo sólo quería... ─Weasley cierra los ojos por unos segundos más, antes de volver a abrirlos y reanudar su explicación con una solemne expresión plasmada en su pecoso rostro. ─quería disculparme contigo, Malfoy. Por todo lo que mi hermana te ha hecho. Ella no tenía ningún derecho a hacer esas cosas, sin importar cuán inestable mentalmente se encuentre. Ya la hemos internado en San Mungo y puesto a disposición de los mejores Sanadores mentales que tienen en el hospital. La están manteniendo sedada con pociones y comenzarán a darle un tratamiento mágico de inmediato, así que estará encerrada allí por un buen tiempo. No tienes que preocuparte de que vuelva a intentar atacarte.

Decir que estaba sorprendido de escuchar a Ron Jodido Weasley disculpándose conmigo podría ser considerado el eufemismo del año. Estaba perplejo y completamente sin palabras. Jamás, ni siquiera en mis sueños más desopilantes, hubiera creído que fuera posible que un Weasley se disculpara con un Malfoy por algo, pero al parecer no era algo que fuera tan imposible de suceder; sólo se necesitó que un miembro de la familia de las comadrejas casi me matara para que esto ocurriera. Un codazo en mis costillas me despierta de mi estado de asombro, y cuando bajo la vista a mi izquierda, descubro que Harry había sido el responsable de ello y estaba dándome una insistente mirada para que dijera algo. Aparto la vista de mi inquieto novio y la poso en el avergonzado rostro de Weasley. Aclarando una vez más mi garganta, fuerzo a las palabras a salir de mi boca antes de que el silencio de la sala vuelva a tornarse opresor.

─Las acciones de tu hermana no fueron responsabilidad tuya, Weasley; aunque aprecio tu disculpa de todos modos. ─Digo esto con un encogimiento de hombros para restarle importancia y seriedad a la situación. ─Sólo me alegra que todo esto haya terminado al fin.

El pecoso rostro de Weasley se llena de sorpresa al ver que mis palabras eran sinceras, y realmente debo hacer un gran esfuerzo para no rodar los ojos. ¿Acaso él creía que yo no era capaz de ser justo y saber discernir entre quién había sido responsable de nuestras desgracias y quién no lo había sido? ¿Y después éramos los Slytherins los prejuiciosos? ¡Ja! ¡Cuánta hipocresía!

Weasley asiente con la cabeza para hacerme saber que apreciaba mis palabras, pero no dice nada más. Afortunadamente no volvemos a caer en un incómodo silencio, porque de inmediato Harry se apresura a sonreír, y dice: ─¿Por qué no se quedan a almorzar? Estaba a punto de prepararnos algo de comer de todos modos.

─¿Estás seguro? No queremos imponernos, Harry.

Granger dice esto acompañado de una cautelosa mirada hacia donde me encontraba parado, por lo que me obligo a reprimir el molesto bufido que quería escapar de mi boca y pongo en práctica todas las enseñanzas que mi madre me había dado de pequeño para ser un buen anfitrión.

─No es ninguna molestia, Granger. Sólo no esperen una comida demasiado elaborada. Aún no hemos tenido tiempo de ir de compras.

─¡Oh! No te preocupes por eso. Cualquier comida será lo suficientemente compleja para mis deplorables capacidades en la cocina, así que no seré una persona quisquillosa con ello.

Granger suelta una avergonzada risita al dejarse en ridículo ella misma, y al instante escucho las carcajadas que Harry y Weasley sueltan por ello. Yo me limito a sonreír para hacerle saber que había encontrado su comentario algo gracioso, pero tampoco quería reírme abiertamente en caso de que creyera que el viejo Draco Malfoy estaba burlándose de ella. Después de que Harry consigue calmar las risas, comienza a caminar hacia la cocina para empezar a preparar el almuerzo, por lo que me apresuro a seguirlo para ayudarle, pero soy detenido incluso antes de que alcancemos la isla de la cocina.

─No te preocupes, tengo esto cubierto. Además, puedo aprovechar el momento para enseñarle a Hermione a preparar algo de pasta. No hay forma de que ella pueda arruinar la preparación de algo tan simple como eso.

Detrás de mí escucho a Granger murmurarle a su esposo algo que sonaba a "Estoy segura de que yo podría ser capaz de quemar incluso eso", pero no presto atención a ello y, en cambio, observo a Harry con una ceja en alto como si estuviera preguntándole qué diablos se suponía que yo iba a hacer mientras él cocinaba. Harry parece ser capaz de entender a la perfección lo que quería transmitirle con este gesto, porque de inmediato toma una de mis manos y le da una ligera caricia antes de decir algo que me dejará estupefacto y con una terrible sensación en mi estómago.

─¿Por qué mejor no te que quedas con Ron? Podrían aprovechar para jugar una partida de ajedrez mágico mientras Hermione y yo cocinamos. A ti te gusta jugar al ajedrez, y sabes que yo apesto en ese juego; y Ron es un gran estratega como tú. Apuesto a que te divertirás mucho más jugando con él de lo que lo heces conmigo. ─Inmediatamente quiero replicar que no había una ínfima oportunidad de que pudiera disfrutar más de pasar tiempo con la comadreja que con él, sin importar que Weasley fuera el mejor jugador de ajedrez mágico del mundo (lo cual estaba seguro de que él no era, aun sin haberlo visto jugar), pero Harry capta de inmediato las palabras que estaba a punto de soltar y me da un fuerte apretón en la mano a modo de advertencia. Cuando ve que podré ser capaz de tragarme para mí mismo todos los mordaces comentarios que tenía acumulados en la punta de la lengua, me regala una última sonrisa antes de volver a dirigirse a la cocina. ─Sólo traten de no matarse entre ustedes. La sangre es muy difícil de quitar, y ni siquiera quiero pensar en lo que me costaría quitarla del blanco tapizado de nuestro sofá.

─Ja, ja, ja. Eres tan hilarante, Potter. ─Suelto con marcado sarcasmo, mientras voy hacia uno de los cajones del aparador y saco el juego de ajedrez mágico que mis padres me habían regalado.

─No finjas molestia, sabes que amas mi sentido del humor. Ese es uno de los motivos por el que estás conmigo.

Harry dice esto y me saca la lengua en un burlón gesto que sólo me hace negar con la cabeza por lo tonto que estaba siendo, aunque por dentro estaba admitiendo a regañadientes que él podía tener algo de razón en ello. Sin decir nada más, traigo el juego hasta el sofá y lo coloco sobre la mesa de café frente a mí. Luego de hacer esto, comienzo a sacar las hermosas piezas de su caja. No importaba cuántas veces hubiera visto esto, aún no podía dejar de maravillarme con lo hermosas que eran. Mis padres habían mandado a hacer este juego a medida a un reconocido joyero australiano. El mismo consistía en un tablero de cristal que estaba adornado en las esquinas con oro blanco, perlas y diamantes en una estructura elegante. Las piezas de ajedrez, por otra parte, estaban hechas de oro blanco sólido, y se hallaban completamente revestidas en diamantes, zafiros y perlas. Por donde se lo mirara, este set era absolutamente precioso; y esto no sólo se debía a lo costoso que era, sino también a lo estético que era. Mis padres realmente habían pensado y diseñado cuidadosamente cada detalle antes de mandarlo a hacer.

Este recuerdo me provoca un doloroso nudo en la garganta, pero me obligo a apartar mis pensamientos de ello y continuar colocando las piezas en el tablero. Lo último que querría es mostrar debilidad frente al idiota de Weasley. El hecho de que estuviéramos siendo civilizados por el bien de Harry no significa que quiera que me viera con lágrimas en los ojos por el recuerdo de mis padres. Tenía un orgullo que mantener después de todo, muchas gracias.

Weasley se sienta en el sofá individual a mi derecha y observa el juego de ajedrez con algo que se asemejaba al enfado y el desprecio. Sus ojos ruedan con marcada exasperación, y aunque no dice nada, yo era capaz de comprender el motivo de su enfado. El imbécil de Weasley estaba molesto porque creía que yo sólo había usado este ajedrez con el fin de presumir de mi riqueza frente a él. No tenía pruebas de esto, pero tampoco tenía dudas porque Weasley era así de predecible. Y mis sospechas quedan confirmadas cuando Harry se asoma detrás de mí y salta en defensa de mis intenciones.

─Antes de que digas nada, Ron, ─Harry se detiene y observa a su pecoso amigo con una mirada que era bastante intimidante para la pequeña figura de quien la portaba. ─no, Draco no está intentando presumir con ello. De hecho, es el único juego de ajedrez que tiene y el gran significado que posee para él no proviene de lo costoso que es, sino que se debe a que éste fue el regalo que sus padres le habían mandado a hacer para dárselo como obsequio de Navidad hace cinco años atrás. Un regalo que nunca pudieron entregarle en persona porque fueron asesinados antes de que fueran capaces de hacerlo.

Realmente no podía expresar en palabras la sorpresa que me produzco saber que Harry aún recordaba el motivo por el que yo valoraba tanto este juego de ajedrez, en especial porque eso había sido algo que le había dicho hace cuatro años atrás y sólo de pasada. Saber que él prestaba tanta atención a mis palabras, incluso a cosas tan simples como el motivo por el cual tenía aprecio por un objeto, era más que conmovedor y hacía que un agradable calor recorriera todo mi pecho. Y se vuelve imposible que una enamorada sonrisa no se apodere de mi rostro. Mis ojos observan a Harry con infinita adoración e intentan plasmar en ellos todos los sentimientos que tenía por él y que tanto me costaba expresar fuera de mi escritura. Harry me devuelve la mirada y me sonríe con cariño, era casi como si estuviera diciéndome con este gesto que comprendía a la perfección todo aquello que yo no podía decirle en palabras.

Desafortunadamente, somos sacados de este cursi intercambio de miradas y gestos por un doloroso gemido que procedía desde mi derecha. Cuando giro la cabeza hacia el origen de tal sonido, descubro que éste provenía de Weasley, quien tenía la vista fija en el techo y una expresión de derrota e incomodidad plasmada en su pecoso rostro.

─Si van a hacerse ojitos todo el día, mejor me voy.

─Lo siento, no quise distraerlos. Ya me voy.

Harry deja un último apretón sobre mi hombro antes de volver hacia donde Granger lo estaba esperando junto a la mesa de la isla. Desde aquí podía oír con facilidad la forma en la que Harry estaba explicándole a su amiga la manera de preparar una salsa casera, pero desconecto esto de inmediato y pongo toda mi atención en el juego que tenía delante. Era hora de poner en su lugar a esta comadreja y dejarlo en completo ridículo con la aplastante victoria que estaba a punto de obtener.

─Blancas para ti.

Le señalo las piezas de ajedrez que tenían perlas blancas para señalizarlas y acompaño esto con un gesto con la mano para indicarle que podía comenzar. Weasley asiente y observa el tablero con atención por unos segundos, antes de realizar su primer movimiento.

─Peón a c4.

─Peón a c5.

Replico a su movimiento para espejarlo y lo observo con atención, preguntándome qué tan ciertas habían sido las palabras de Harry acerca de que Weasley era un gran estratega. Algo me decía que mi novio sólo estaba exagerando sus habilidades para que aceptara jugar con él. Sin embargo, otra parte de mi ser me decía que Harry en realidad no había mentido y su pecoso amigo en verdad podría ser un gran oponente al cual enfrentarme en este juego. Los minutos pasan entre sonidos de piezas de ajedrez moviéndose por sí solas por el tablero en base a nuestras órdenes, junto al que hacían aquellas que habían sido comidas por el oponente. A diferencia de lo que ocurría con la mayoría de juegos de ajedrez mágico, estas piezas no se golpeaban y destruían entre ellas; en cambio, cuando un oponente tomaba una de las piezas de su contrincante, la pieza tomada caminaba a través del tablero y se colocaba en el lado de quien la había ganado junto a un espacio vacío del tablero especialmente realizado para esto. Esta había sido una idea de mi madre, a quien le resultaba desagradable la forma en que las piezas solían destruirse de manera tan bárbara en los juegos comunes y corrientes. Mi padre había estado de acuerdo con ella y por eso habían diseñado esta forma más elegante de ir eliminando las piezas ganadas del tablero.

Aunque a Weasley no parecía importarle esta pequeña variación en el juego, y después de la sorpresa inicial que se había llevado al no ver a su reina destrozar a mi peón, continúa jugando como si nada hubiera cambiado. Los minutos transcurren y la partida estaba cada vez más peleada. Los peones estaban prácticamente idos para ambos lados y a ambos nos quedaba una torre en pie. Weasley aún contaba con un caballo, pero había perdido a su reina en una jugada magistral que yo había hecho y que había dejado a la comadreja rechinando los dientes con enfado. En cuanto a mí, mis caballos habían sido eliminados, pero todavía me quedaba en pie un alfil y mi reina, y eso era todo lo que necesitaba tener para ganar esta partida.

Y aunque realmente detestaba admitirlo, Harry había tenido razón cuando dijo que Weasley era un gran estratega. Su modo de jugar no era estilizado ni demasiado llamativo, pero era lo suficientemente impredecible y arriesgado como para poder sorprenderme con la guardia baja en algunos momentos de la partida. Supongo que eso se debía a su personalidad Gryffindor, incluso en eso podía evidenciarse la forma en la que nuestras casas en Hogwarts nos caracterizaban.

Estamos tan enfrascados en nuestro juego, que ni siquiera nos percatamos del tiempo que llevábamos jugando; y sólo somos capaces de darnos cuenta de este hecho cuando Harry se acerca a nosotros, y dice: ─La comida está lista.

Weasley y yo asentimos para hacerle saber que lo habíamos escuchado, pero no apartamos la vista del tablero que tenemos frente a nosotros. Detrás de mí escucho un exasperado bufido salir de los labios de Harry, antes de girarse hacia Granger y decir algo con un tono que estaba cargado de indignación.

─¿Sabes? Estoy comenzando a arrepentirme de haberlos instado a jugar.

─Estoy de acuerdo contigo. En especial porque nunca había visto a nadie llegar tan lejos en una partida con Ron. Honestamente, esta partida podría durar siglos enteros.

Granger suelta esto con marcada irritación y se sienta en el otro sillón individual a observar la partida, no sin antes lanzarle un hechizo de éxtasis a la comida para que no se enfriara. Siento el sofá ahuecarse a mi lado cuando Harry se sienta muy pegado a mi costado izquierdo. Inmediatamente, una de sus manos toma la mía y entrelaza nuestros dedos, mientras que la mano que tenía libre acaricia distraídamente mi muslo. Observo a Harry de reojo, mientras lo siento recostarse contra mi cuerpo para observar mejor el tablero de ajedrez, y no puedo evitar que una sonrisa vuelva a apoderarse de mi rostro. Realmente podría acostumbrarme a esto.

Frente a nosotros podía ver que Weasley estaba frunciendo el ceño, pero esto era producto de lo mucho que estaba pensando en su próximo movimiento en el juego, y no debido a la descarada muestra de afecto que Harry estaba prodigándome a la vista de ellos. Las cejas de Weasley se elevan y en su rostro veo una triunfal mirada que me pone los pelos de punta. Él no había encontrado una forma de ganarme, ¿verdad?

─Caballo a f6. Jaque.

Su caballo se mueve hacia el casillero en el que tenía ubicado uno de los dos peones que me quedaban, y es entonces donde sonrío internamente. Había conseguido atrapar a Weasley en mi estrategia, ahora sólo era cuestión de realizar los movimientos adecuados para acabar con esta partida. Aclaro mi garganta y realizo uno de los movimientos que me darían la victoria. Harry parece notar esto, porque lo siento rodar los ojos y enmascarar una pequeña sonrisa contra mi brazo izquierdo.

─Alfil a f6. ─Mi voz no tenía malicia, pero el brillo en mis ojos expresaba lo mucho que iba a disfrutar con la próxima palabra que saldría de mi boca. ─Jaque.

Weasley frunce el ceño de tal manera que su frente se llena de arrugas, a la vez que intenta buscar una forma de escapar de mi acorralamiento, aunque su cerebro parece terminar de registrar de una vez por todas aquello que yo había anticipado que ocurriría. Soltando un molesto bufido, llama a su torre para eliminar a mi alfil, aunque esto le asegurara una muerte segura. Después de todo, mi estrategia lo había acorralado de tal forma que no tenía posibilidad de moverse de otra forma por el tablero, no sin quedar en jaque mate frente a mis restantes piezas.

─Torre a f6.

Su torre elimina a mi alfil, pero ese sólo había sido un sacrificio que necesitaba hacer para obtener la tan ansiada victoria. Sin poder evitar un pequeño rastro de presunción en mi tono, me enderezo en el sofá y realizo el movimiento que me coronaría como el ganador de esta partida.

─Reina a f6. Jaque mate.

Weasley estaba frunciendo el ceño de tal forma que de seguro le quedarían marcas en su pecoso rostro, pero no parecía querer hechizarme o algo por el estilo; por el contrario, parecía estar enfadado consigo mismo por no haber visto venir esa jugada. Finalmente logra recomponerse y lanza un exasperado bufido, antes de soltar algo que pretendía restarle importancia a mi grandiosa victoria.

─Pff… no luzcas tan complacido, Malfoy. Sólo ganaste porque las piezas de tu juego te conocen mejor y están acostumbradas a seguir tus órdenes.

Weasley hace un gesto con la mano para restarle importancia y eso hace que me sienta ultrajado. Ciertamente él no estaba insinuando lo que creía que estaba insinuando, ¿verdad? ¡El descaro! ¿Acaso creía que no podría ganarle a menos que utilizara mi tablero de ajedrez? Ya veríamos si eso era verdad. Era hora de que alguien le enseñara algo de humildad a esta molesta comadreja.

Suelto un fingido jadeo que pretendía hacerle ver que su acusación me había herido, y coloco la mano que tenía libre en mi pecho para agregarle mayor teatralidad, antes de soltar lo que pasa por mi mente.

─¿Estás insinuando que sólo gané porque el juego estaba arreglado? ¡El descaro que tienes, Weasley! Nunca pensé que fueras tan mal perdedor. ─Harry ahoga una risita contra mi brazo, en especial cuando las mejillas su amigo se tornan escarlatas ante mi acusación, por lo que aprovecho a seguir metiéndome con él. ─Y sólo para que lo sepas, podría ganarte en cualquier lugar y con cualquier tablero de ajedrez.

─¿Ah, sí? Bueno, ya veremos eso. La próxima vez utilizaremos mi tablero de ajedrez; y quiero ver si entonces consigues ganarme.

─Dalo por hecho, Weasley; pero quiero que Harry examine el tablero antes de que juguemos. No confío en que no vayas a amañarlo de alguna forma para que me sea imposible ganar en él.

─Oh, no. No van a hacerlo. A mí me dejarán fuera de esto.

Harry se apresura a no tomar partida en nuestra discusión, pero por el rabillo del ojo podía ver la gracia que le causaba todo nuestro intercambio y lo muy feliz que se sentía por ver que ambos estábamos haciendo planes de volver a jugar en un futuro. Harry me da un fuerte apretón en nuestros entrelazados dedos, antes de pararse y jalarme para que me ponga de pie. Una vez que hago como me indica, lo siento pararse sobre la punta de sus pies y darme un casto beso en los labios.

─Felicitaciones, ganador.

Detrás nuestro escucho el lastimero gemido que Weasley hace al ver esto y casi podía ver con facilidad la forma en la que Granger estaba regañando a su esposo al decirle que madurara de una buena vez, aunque esto no podría importarme menos. No, lo único en lo que podía pensar era en el agradable cosquilleo que aún sentía después de haber sido besado por Harry de esa manera tan tierna y en frente de sus amigos.

Granger nos insta a ir a comer antes de que la comida se enfriara más, y como nadie quería atreverse a contradecirla, vamos hasta la isla para almorzar. La deliciosa comida pasa acompañada de divertidas anécdotas que Harry y sus amigos habían vivido a lo largo de estos años, con lo cual agradezco internamente por este respiro de las complejas situaciones a las que debería enfrentarme en unos pocos días. Sin embargo, Granger parece recordar esto, por lo que pregunta algo que me traerá a la mente aquellas situaciones que habían pasado a un segundo plano debido a todo lo ocurrido con la chica Weasley.

─¿Y cómo estás sobrellevando todo lo del secreto de Dylam Rocafo?

Termino de tragar el bocado de pasta que tenía en la boca y me obligo a no prestarle atención al doloroso nudo que se instala en mi estómago por su pregunta, antes de elevar la vista y posarla en Granger.

─Adrian, mi editor, está planeando que realice entrevistas con distintos medios para dar mi versión de la historia, pero, honestamente, no hay mucho más que pueda hacer al respecto. Haga lo que haga, siempre estaré sujeto a la opinión que tenga la sociedad mágica sobre mí; y si estos deciden que no pueden dejar detrás mi pasado como Mortífago, entonces no hay forma en la que pueda recuperar el prestigio y respeto que había ganado con mis libros.

Granger asiente ante esto, y aunque no la conocía tanto como Harry, incluso yo podía ser capaz de notar que ella estaba muriéndose por decir algo al respecto. Al parecer, su deseo de dejar explícita su opinión podía con su autocontrol, porque se apresura a soltar aquello que parecía estarle molestando.

─Creo que sería muy beneficioso para tu causa si Harry pudiera salir públicamente en tu defensa ya que su opinión es...

─Mira, Granger, ─La interrumpo antes de que terminara de comunicar su opinión, y por las miradas de asombro y temor que Harry y Weasley me estaban dirigiendo, parecía que yo acababa de hacer algo que nunca debería haber hecho a menos que quisiera perder la vida. Sin embargo, no presto atención a esto, y sigo terminando de expresar mi idea. ─agradezco tu preocupación sobre el asunto, pero no voy a dejar que Harry haga eso. Sé cuánto detesta este tipo de acciones, y ciertamente no seré yo quien lo exponga a algo que lo incomoda. Estaré bien. Puedo resolver esto por mi cuenta.

Granger me observa con una expresión que sólo podía significar aprobación, antes de darme una complacida sonrisa. A mi lado, Harry parece relajarse al ver que su amiga no desataría el infierno por haber sido interrumpida, y se apresura a masajearme el muslo debajo de la mesa lo más disimuladamente que podía en un intento por agradecerme por mis palabras. Le doy una mirada de reojo a Harry, pero no digo nada para no delatarnos y, en cambio, pongo toda mi atención en lo que Granger estaba diciéndome.

─Oh, por favor, llámame Hermione. Si bien conservé mi apellido después de contraer matrimonio con Ron, aun así, no es necesario que nos tratemos de manera tan formal.

Me quedo completamente sorprendido ante la petición de la amiga de Harry, en especial porque creía que ellos no tenían demasiado interés en ser nada más que corteses conmigo, y sólo por el bien de Harry. No obstante, y contra todo pronóstico, la vida me demostraba una vez más lo equivocado que estaba al asumir cosas antes de tiempo. No queriendo que mi silencio se interpretara como una negativa de mi parte, asiento hacia la chica de abultado cabello frente a mí, y digo con un educado tono:

─Está bien, Hermione. ─El nombre me suena raro en la boca, pero me obligo a dejar de lado estos pensamientos para terminar de expresarme. ─Y también puedes llamarme por mi nombre, si quieres.

Weasley vuelve a gemir como si estuviera sintiendo un gran dolor, antes de posar la vista en la mesa para dejar salir algo con un enfurruñado tono de voz.

─No esperen lo mismo de mi parte. Yo seguiré llamando a Malfoy por su apellido.

─No esperaba menos de ti, Weasley. ─Ruedo los ojos con exasperación y siento a Harry soltar una divertida risita a mi lado, antes de terminar de sentenciar que el sentimiento era mutuo. En verdad no tenía ninguna intención de hacerme amigo de la comadreja. ─Y no te preocupes, porque yo también continuaré llamándote Weasley.

Harry suelta una carcajada al escucharme decir esto, y deja muy en claro lo que pensaba de nuestra infantil rivalidad con unas simples palabras que lo resumían a la perfección.

─Son unos absolutos idiotas. Ambos.

─Estoy totalmente de acuerdo contigo, Harry.

Granger se apresura a expresar su acuerdo y nos premia con sendas miradas de desaprobación por nuestro infantil comportamiento. Weasley y yo los ignoramos a ambos y elegimos no replicar nada, principalmente porque no habríamos sido capaces de encontrar una explicación que pudiera justificar nuestros accionares. La tarde transcurre entre anécdotas y conversaciones que tenían el único fin de intentar crear un vínculo entre Weasley, Granger (no, Hermione) y yo. Unas horas después, los amigos de Harry están listos para marcharse a su hogar. Sin embargo, Hermione parece recordar algo sumamente importante y se detiene a unos pasos de meterse dentro de la chimenea.

─¡Oh! Casi lo olvido. ─Hermione vuelve sus pasos hasta donde nos encontrábamos parados, y dice algo que nos beneficiaría para mantenernos en contacto con otras personas. ─He encontrado la forma de modificar el hechizo de bloqueo de lechuzas para que dejen pasar a ciertos remitentes de los cuales quieran recibir correo.

─¿De verdad? ¡Eso es asombroso, Hermione! ─Harry exclama esto con genuina felicidad y por dentro estaba preguntándome de quién estaba esperando recibir una carta para sonar tan ilusionado. ─Tienes que enseñarme a hacer el hechizo.

─Por supuesto. Es muy simple, de hecho. ─Granger se sonroja un poco ante el cumplido que Harry le había dado, pero se pone de inmediato a explicarnos con detalle qué hacer para permitir el paso de ciertos remitentes al estar activo el hechizo. ─Lo que tienen que hacer es escribir en un papel los nombres y apellidos de las personas de las cuales desean recibir cartas, y lanzar el hechizo de desviación de correo modificado sobre el pergamino y la ventana.

Hermione nos muestra el movimiento de varita a realizar y la modificación al nombre del hechizo, antes de instar a Harry a que lo practique frente a ella. Una vez que queda conforme con la forma en la que Harry mueve su varita y enuncia el hechizo, regresa sus pasos hacia la chimenea en donde la estaba esperando un impaciente Weasley. Después de que Harry le promete que utilizaríamos el hechizo, Hermione y Weasley desaparecen por la chimenea en un refulgir de llamas esmeraldas. Y así como habían venido, se van, y la sala de estar vuelve a quedar en completo silencio.

─¿Quieres que probemos el hechizo?

Harry se gira hacia mí y me observa expectante, como si no pudiera ser capaz de contenerse por más tiempo. Honestamente, comenzaba a preocuparme por su inesperada emoción al respecto. ¿De quién quería tener noticias de manera tan desesperada? Una pequeña espinita se clava en mi pecho y me hace querer gruñir debido a los celos que estaba percibiendo colarse en mi ser, aunque consigo enmascarar bien este hecho y simplemente asiento en su dirección mientras voy hasta el escritorio para buscar un pergamino, tinta y la pluma que Harry me había regalado. Le entrego todo esto para que pudiera anotar los nombres de las personas que él quería recibir correo, y por qué no también para enterarme de a quién estaba tan ansioso por ver. Harry no parece percatarse de mis celos, y simplemente me sonríe al ver que había traído la pluma que él me había regalado. Después de que termina de anotar a las personas con las que quería tener contacto, me pasa el pergamino para que anotara las mías. Doy un rápido vistazo a la lista de él, pero no encuentro nada sospechoso o que merezca mención. La lista contenía, además de mi nombre, el de toda la familia Weasley, a Teddy y a Andrómeda, y algunos ex compañeros de clases y ex miembros de La Orden del Fénix; también había escrito los nombres de Gawain Robards, su jefe, y el del ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt. Como decía, nada que destacar.

Asumiendo que la emocionada reacción de Harry provenía simplemente del hecho de poder estar en contacto con aquellas personas le importaban, niego con la cabeza y anoto los nombres de Harry, Pansy, Blaise y Adrian. En comparación con la de Harry, mi lista era patéticamente lamentable por lo escasa que era. Para no sentirme tan mal conmigo mismo, me digo en mi mente que no se trataba de una cuestión de cantidad, sino de calidad, y vuelvo a entregarle el pergamino a Harry para que hiciera el hechizo correspondiente. Harry lo toma en sus manos y lanza el hechizo. Luego, se dirige a la ventana y realiza el mismo sobre ella. Una vez hecho esto, guarda el pergamino en uno de los cajones del aparador y vuelve hacia la cocina para limpiar el desastre que había quedado después de nuestro almuerzo con sus amigos. Mientras Harry se encarga de eso, me ocupo de guardar el ajedrez que había quedado en la mesa de café, y de poner en orden la sala de estar y la mesa de la isla. Cuando ambos terminamos de limpiar y ordenar todo, volvemos nuestra mirada hacia el único lugar que aún permanecía sucio. La pared de nuestra sala.

Harry realiza un complejo movimiento de varita y la mancha desaparece al instante, pero el cuadro había quedado completamente destruido, por lo que me apresuro a descolgarlo de la pared y a desaparecerlo en el acto. Observo el hueco que había quedado en la pared y me digo a mí mismo que se sentía como si algo faltara. Nunca me había gustado del todo ese cuadro como para sentir verdaderamente su ausencia, pero me había acostumbrado lo suficiente a tenerlo en la sala como para no creer que ésta se veía completamente desnuda sin él. Harry parecía estar pensando en lo mismo, porque estaba observando la pared con el ceño fruncido. De repente, su rostro se llena de emoción y lo veo dirigirse apresurado hacia nuestro dormitorio.

─Tengo una idea.

Aguardo impaciente frente a la vacía pared mientras me pregunto qué tenía en mente este inocente gatito ahora. Afortunadamente, no debo esperar demasiado por una respuesta, porque Harry regresa a la sala de estar con un portarretratos en la mano. Un vistazo más de cerca a esta foto me dice que era la misma que había traído de su anterior casa, y en la cual Harry y yo nos encontrábamos en un parque de diversiones muggle. Harry me observa con una cautelosa mirada, como si estuviera preguntándome si estaba de acuerdo con colgar esta imagen en nuestra sala, antes de decir algo con un tímido tono de voz.

─Podríamos colgar esta foto para reemplazar el cuadro, si es que quieres.

La idea de Harry no podría haber sido más que perfecta, por lo que me apresuro a quitar cualquier rastro de duda que tuviera al acercarlo a mí y besarlo con fuerza. Harry hace un ruidito de contento y me permite besarlo a mi antojo. Después de unos segundos de intenso besuqueo, me aparto y digo algo con un divertido tono para tratar de aligerar el ambiente.

─Me encanta la idea que has tenido. Me sorprendes, Harry. ¿Quién hubiera dicho que tu cerebro funciona correctamente?

─¡Eres un absoluto imbécil, Draco!

Eso me gana un codazo de Harry, pero desde aquí podía ver el esfuerzo que él estaba haciendo para no sonreír. Sin decir nada más, se encarga de agrandar la fotografía y transfigurar el portarretratos en un marco para poder colgarlo de la pared. Una vez que se encuentra colgado, me acerco hasta la bajita figura de Harry y lo rodeo con mis brazos. Harry aprovecha este movimiento para entrelazar nuestros dedos a la altura de su estómago y se recuesta contra mi pecho.

─¿Sabes? Me gusta mucho más como se ve este cuadro que el anterior.

Harry suelta una risita al oír esto, y dice: ─Vamos a tener que agradecerle a tu amigo por haber lanzado ese hechizo.

─Mmm, no, no lo creo. Blaise ya tiene el ego demasiado inflado como para que le demos más motivos para presumir.

Harry suelta una fuerte carcajada ante eso y yo no podía evitar los incontrolables deseos que estaba sintiendo por besarlo hasta conseguir dejarlo sin aire. Siguiendo mis instintos, lo giro hasta colocarlo frente a mí y hago como deseo. Mis labios se posan en los suyos con ferocidad y de inmediato siento a Harry devolverme el beso con pasión. Claro que este excitante momento no tiene siquiera la oportunidad de ir más allá que unos pocos besos, porque nuevamente somos interrumpidos; esta vez, el motivo de dicha interrupción es el intenso golpeteo que se podía escuchar contra el ventanal de la sala de estar. Nos separamos a regañadientes y giramos nuestros rostros hacia el ventanal para descubrir al responsable de arruinar el momento. Es entonces donde podemos ver a una gran lechuza golpeteando el vidrio con su pico para hacerse notar. La misma tenía atada a una de sus patas un sobre. Un desganado suspiro escapa de mis labios a la vez que me aparto de Harry, y aunque lo intento, no puedo evitar soltar con algo de rencor las siguientes palabras.

─Creo que ya comienzo a arrepentirme de haber modificado el hechizo de bloqueo.

Harry suelta una risita y me golpea juguetonamente el hombro, antes de dirigirse hasta la ventana para hacer pasar a la molesta lechuza. Una vez que le retira la carta de la pata y le da una de las golosinas que tenía en el armario a su derecha, la lechuza sale volando por la ventana. Harry la cierra de inmediato para impedir que el frío viento del exterior siguiera colándose dentro, y vuelve sus pasos hasta el lugar en el sofá donde me había venido a sentar.

─Es de Andrómeda.

Harry abre el sobre con una sonrisa plasmada en su rostro y se apresura a leer la carta. Después de que termina de hacer esto, me la entrega para que pudiera ver qué decía.

Harry:

Primero que nada, espero que hayas pasado una hermosa Navidad y un aún mejor fin de año. Lamentamos no haber podido estar contigo este año, pero estoy segura de que lo entiendes. Lo hemos pasado muy bien con los parientes de mi esposo, e incluso Teddy se ha divertido a pesar de que los otros niños eran muggles y él no tenía permitido mencionar nada sobre la magia.

De todos modos, estaríamos honrados de que quisieras venir a almorzar mañana. Me gustaría ponerme al día contigo, y Teddy no ha parado de decir que quiere verte. Además, aún tengo tu obsequio de Navidad, así que podría aprovechar para dártelo.

Por favor, hazme saber si puedes unirte a nosotros para almorzar.

Con cariño,

Andrómeda

Termino de leer la carta y lo primero que siento es una mezcla de contradictorias emociones bailando por mi pecho, entre las cuales destacaban la tristeza y algo de resentimiento; pero por sobre todas las cosas, lo que más podía percibir era una gran confusión. En ningún lugar de la carta había una ínfima mención a mi persona. Entonces, ¿por qué Harry había decidido mostrármela cuando claramente no estaba incluido en los planes de la hermana de mi madre? Afortunadamente, no debo devanarme los sesos para obtener una respuesta a mi pregunta, porque de inmediato siento a Harry removerse a mi lado y preguntarme algo que me dejará perplejo.

─¿Quieres venir conmigo? Estoy seguro de que a Teddy le encantaría conocerte.

Harry se muerde su labio en ese nervioso gesto que siempre solía hacer cuando algo le generaba inseguridad (y que yo tanto adoraba cuando lo hacía), pero lo único que consigo hacer en estos momentos es suspirar con abatimiento mientras me preparo mentalmente para la desilusión que de seguro iba a causarle a Harry con mi negativa.

─No creo que sea una buena idea.

El rostro de Harry se llena de confusión y me observa intensamente, como si esperara que fuera a explayarme en mi explicación. Al ver que no tenía intenciones de comentar mucho más al respecto, Harry abre su boca y me pregunta el motivo de mi rotunda negativa.

─¿Por qué dices eso?

Observo de reojo el confundido rostro de Harry y en verdad debo hacer un esfuerzo sobrehumano para no ceder ante su petición. Sin embargo, mi conciencia vuelve a mostrarme en mi mente el motivo por el cual nunca podría estar en el mismo espacio físico que Teddy y Andrómeda, y eso era lo único que necesitaba recordar para tomar el valor de explicarle a Harry el motivo por el cual mi tía jamás querría tenerme cerca de ellos. Internamente, me pregunto cuánto más complicada se volvería la existencia de Harry ahora que yo me encontraba en su vida. El pensamiento me deja con un amargo sabor en la boca y un doloroso nudo en la garganta que sólo conseguía incrementar el picor que percibía en mis ojos. Genial, justo lo que necesitaba, que salieran a la luz todas mis inseguridades juntas. Oh, alegría.

─¿Draco?

─Simplemente no creo que sea una buena idea, Harry.

─Sí, eso ya lo has dicho. ─Replica Harry con un rodar de ojos, a la vez que me observa con confusión y algo de exasperación. ─Pero aún no me has explicado el por qué crees eso.

Al ver que Harry no tenía intenciones de dejar el tema por las buenas, suelto otro desganado suspiro y comienzo a explicar el motivo por el cual nunca podría conocer a Teddy, sin importar cuánto quisiera hacerlo. Aunque todo esto lo hago con la vista fija en la mesa de café para evitar adrede esas esmeraldas que conseguían taladrarme el alma.

─Cuando la guerra terminó, mi madre intentó ponerse en contacto con Andrómeda. Ella no quería hacer nada más que disculparse por la forma en la cual se había dejado llevar por las enseñanzas de sus padres, dándole la espalda a Andrómeda cuando ella más la había necesitado. Mi madre sólo quería disculparse y ofrecerse a ayudarla ahora que ella parecía necesitarlo más. Ella sólo quería brindarle el apoyo que no le había dado en todos esos años por sus equivocados prejuicios. Después de todo, Andrómeda no sólo había perdido a su esposo en la guerra, sino también a su hija y a su yerno; así que mi madre supuso que su hermana no se sentiría tan sola si ella estaba a su lado para ayudarla a criar a su nieto. ─Hago una pausa en mi relato cuando me asaltan los recuerdos de lo nerviosa y emocionada que estaba mi madre al enviarle esa carta a su hermana, y no puedo evitar que mis dientes se aprieten con irritación al recordar las crueles palabras que Andrómeda le había escrito a mi madre en respuesta. Harry parece notar mi molestia, porque de inmediato me toma una de las manos y entrelaza nuestros dedos para darme con este gesto el apoyo que necesitaba para seguir adelante con la historia. Le doy una triste sonrisa y termino de explicarle el motivo por el cual un encuentro con Andrómeda no sería posible ni en esta, ni en ninguna otra vida. ─Pero Andrómeda no se tomó esto tan bien. Después de recibir la carta de mi madre, le escribió una hiriente respuesta que incluso fue capaz de hacer que los ojos de mi madre se llenaran de lágrimas. No entraré en detalle sobre lo que decía esa carta, pero a grandes rasgos puedo decirte que en ella Andrómeda acusaba a mi madre de ser una interesada, y sólo ponerse en contacto con ella cuando nuestro nombre había caído en desgracia después de haber estado en el bando incorrecto de la guerra. Andrómeda le dejó en claro que nunca quería volver a oír de ella, y que jamás permitiría que su nieto tuviera contacto con una familia de asesinos como la nuestra; y como si eso no fuera suficiente, le dijo que, por lo que a ella le importaba, mi madre podía pudrirse en el infierno junto a mi padre y a mí.

Giro la cabeza hacia la derecha para observar la reacción de Harry a mis palabras y es entonces donde puedo apreciar la horrorizada expresión que tenía plasmada en su rostro. Había sorpresa, y una gran decepción, pero lo que más me sorprendía de ella era la marcada determinación que se vislumbraba en esas vívidas esmeraldas que Harry tenía por ojos. Y ni siquiera tengo tiempo de pensar en cuál era el motivo por el que esa emoción se estaba reflejando en su mirada, porque de inmediato suelta mi mano para poder tomarme del rostro y acercarme hasta su altura. Una vez que nuestros labios se encuentran a escasos centímetros de distancia, acorta el espacio que nos separa y me besa con fiereza durante unos segundos que me saben a poco, antes de separarse y comenzar a hablar con esa decisión que tanto lo caracterizaba.

─Andrómeda va a tener que dejar su resentimiento de lado si quiere que yo siga siendo parte de la vida de Teddy. Eres mi novio, Draco, y Teddy es una parte importante de mi vida de la que quiero que tú seas parte. Así que no voy a permitir que ella impida que formemos un vínculo con él sólo porque no es capaz de perdonar los accionares de su hermana. Sería muy injusto de su parte hacerte a un lado sólo por un prejuicio, porque entonces ella estaría cometiendo el mismo error que la hizo perder a sus padres y hermanas en primer lugar. ─Harry acaricia mi cuello en una manera que pretendía ser tranquilizadora y vuelve a acercar su rostro hasta casi rozar nuestros labios. Luego, murmura contra ellos algo que me hará imposible negarle nada de lo que me pida. ─Todo estará bien, dragón. Lo prometo. Sólo tienes que confiar en mí.

Y tal y como lo predije, no podía encontrar la fuerza de voluntad suficiente para negarle nada. Soltando un derrotado suspiro, lo acerco hasta que ambos estamos descansando nuestras frentes juntas, y digo aquellas palabras que me sentenciarían, aunque no estaba seguro de que lo hicieran para bien o para mal.

─Sí lo hago. Sí confío en ti.

Harry sonríe ampliamente al escuchar mis palabras y me deja un último beso en los labios antes de llevar la carta hacia el escritorio para responderle a Andrómeda. Lo observo escribir con emoción y haciendo uso de la pluma que él me había regalado, y desde mi lugar en el sofá me pregunto si alguna vez sería capaz de negarle algo a Harry. Algo ubicado muy en el fondo de mi ser me dice que jamás sería capaz de hacer tal cosa.


Aclaración dentro del capítulo: el ajedrez mágico descripto en el capítulo está inspirado en el Pearl Royale Chess Set creado por el joyero australiano Colin Burn, y el cual es el juego de ajedrez más lujoso del mundo. Busquen imágenes en internet de este juego porque realmente es hermoso, o si no, pueden ingresar en mi cuenta de Archive Of Our Own (ShadowLestrangePotter) y buscar este capítulo porque allí pude colocar una foto de este ajedrez.

En cuanto a los movimientos de ajedrez descriptos, espero que tuvieran algo de sentido y fueran posibles de realizarse en un juego normal. Sólo he jugado ajedrez en el juego para PC de Harry Potter y la Orden del Fénix, así que pido disculpas de antemano si mis descripciones carecían de fundamento. Mi intención no era ofender a quienes tengan conocimientos de este juego.


Notas finales: espero que les haya gustado el capítulo. Voy a pedirles un segundo más de su tiempo para que me dejen sus opiniones y comentarios. Siempre es agradable leer qué les va pareciendo la historia. Ahora sí, me despido. ¡Nos leemos la semana que viene!