Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! No, no están viendo espejismos, estoy actualizando un miércoles. ¿Y por qué estoy actualizando antes de tiempo? Bueno, por dos motivos. El primero de ellos es que en mi país tenemos un feriado muy largo esta semana, así que podré tener tiempo de corregir no uno, sino dos capítulos para actualizar; y el segundo motivo es que estoy infinitamente agradecida con todos ustedes por todo el apoyo que le han dado esta semana a esta historia. En verdad les agradezco por todas sus alertas, favoritos y comentarios. No tienen idea de lo mucho que significa para mí, así que quería brindarles mi agradecimiento trayendo un capítulo antes de tiempo.

Por último, quiero dedicarle el capítulo de hoy a SaShaNix, xonyaa11 y AnataYume por haberse tomado el tiempo de dejarme sus bellas opiniones en un comentario. Ahora sí, espero que disfruten el capítulo.


Cosmos: Recuperando parte de la familia

2 de enero de 2011

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Me detengo frente al armario de nuestra habitación y vuelvo a rebuscar entre mis prendas por otro abrigo que me haga parecer más confiado de lo que en realidad me estoy sintiendo. En el fondo del armario veo uno largo de color negro que podría cumplir con dicha función. Lo saco de su percha y vuelvo mis pasos hacia el espejo a mi izquierda. Luego de quitarme el que tenía puesto y arrojarlo descuidadamente detrás de mí, me coloco el que tengo en la mano y observo el reflejo que me es devuelto. Mis cejas se fruncen en un crítico gesto y de inmediato decido que este no era el indicado para usar porque me hacía ver muy parecido a mi padre y, honestamente, lo que menos necesitaba la persona a la que iríamos a ver era un permanente recordatorio de quién había sido mi progenitor.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Vuelvo mis pasos hacia el armario por lo que debía ser la enésima vez y me quito el largo abrigo con frustración. Desde la cama podía escuchar con claridad el gran esfuerzo que Harry estaba haciendo para no soltar una fuerte carcajada al verme en tal estado de descontrol, pero elijo ignorar este hecho por el bien de mi cordura y reemprendo mi búsqueda de un abrigo que me sentara bien. Paso una y otra vez las perchas con los distintos abrigos y chaquetas que tenía, pero ninguno parecía ser lo suficientemente perfecto para brindarme la confianza que me estaba faltando. En mi desesperación, estoy a punto de volver a probarme todas las prendas que había descartado en un primer momento, y es entonces donde las amortiguadas risitas que Harry estaba dando contra su mano se vuelven realmente molestas.

─No veo qué podría ser tan divertido de todo esto, Potter.

Mi exclamación sale con ese arrastre de palabras que tanto me caracterizaba y eso parece ser lo único que necesitaba decir para que Harry pierda el poco autocontrol que tenía, y comience a reírse a carcajadas por Merlín vaya a saber qué. Reprimo un irritado gruñido al escucharlo mofarse de mí y me vuelvo hacia los dos abrigos que tenía en la mano para tratar de decidir cuál de los dos volver a probarme. Sin embargo, soy sacado de mis pensamientos cuando siento unos brazos rodearme la cintura y a Harry apoyar su frente contra mi espalda.

─Lo siento, no quería burlarme de ti; pero tienes que reconocer que estás exagerando con esto.

─¡¿Exagerando?! ¡¿Exagerando?! ¿Te parece que esto es exagerar? Claramente tus deplorables capacidades observadoras no te permiten ver lo desastroso que podría salir este almuerzo si no elijo las prendas adecuadas para vestir.

─Como dije, ─Harry se interrumpe a sí mismo para soltar otra risita y en verdad estaba a segundos de lanzarle un hechizo punzante en su trasero por tal desfachatez. ─totalmente exagerando.

Un ultrajado bufido escapa de mis labios al ver que Harry no iba a tomarse la situación con la debida seriedad. Más irritado que nunca, aparto sus manos de mi cintura y regreso al armario para volver a rebuscar en él. Harry suelta un desganado suspiro al comprender lo molesto que estaba, pero eso no evita que se ponga en plan valiente Gryffindor y vuelva a acercarse a mí, sólo que esta vez se planta frente a mí y me obliga a que lo mire a los ojos. Cuando ve que yo no tengo intenciones de evadir su mirada, me quita las dos prendas que tenía en las manos y las arroja hacia atrás. Las mismas caen en un desordenado montón sobre el suelo del dormitorio, pero ni siquiera tengo tiempo de reprenderlo por la descuidada forma en la que había tratado mis costosas prendas, porque de inmediato Harry eleva su varita para convocar uno de los tantos abrigos que me había probado esta mañana y que habían quedado descartados sobre la cama. Cuando el abrigo azul (el mismo que Harry me había hecho usar el día que fuimos a comprar el árbol de Navidad) aterriza en sus manos, Harry me da un movimiento con su cabeza para incitarme a descruzar mis brazos. Una vez que hago como me pide, me lo pasa por los brazos y se encarga de prender los botones con bastante parsimonia. Sus manos tardan mucho más de lo normal en realizar esta tarea debido a la forma en la que parecían detenerse a cada dos segundos para acariciarme el pecho por encima del suéter que llevaba puesto, aunque esto no podría importarme menos porque sus roces tenían un deje tranquilizante en mí. Finalmente, Harry termina de abrochar el último botón y me observa con algo que se parecía al exasperante cariño.

─Ahí tienes. El abrigo perfecto. ─Harry enrosca sus manos en mi cuello y me observa con esa embelesada mirada que había aprendido a reconocer como aquella que quería expresar un "te amo" sin palabras, antes de comenzar a hablar con un tranquilizador susurro. ─Todo estará bien, Draco. Lo prometo. Sé que estás nervioso, pero volverte a probar una y otra vez los abrigos no solucionará nada.

─Sigo creyendo que esta es una pésima idea.

Estas palabras las digo acompañándolas de un bufido, a la vez que vuelvo a cruzarme de brazos con molestia. Harry, que había tenido que apartarse de mi cuello para que pudiera cruzarme de brazos, suelta un exasperado gemido y rueda los ojos. La molesta mirada que me dirige podría asustar a cualquier otra persona, pero yo no era cualquier otra persona y estaba absolutamente acostumbrado a que él me dirigiera este tipo de miradas, por lo que ni siquiera me inmuto ante ella.

─Estás comportándote como toda una reina del drama. Lo sabes, ¿verdad?

El ahogado jadeo que escapa de mí al escucharlo decir esto es sumamente indecoroso, pero me encuentro tan insultado ante su acusación que ni siquiera me preocupo por ello, y sólo consigo reunir la fuerza de voluntad suficiente para elevar mi barbilla en el aire con altivez, antes de salir absolutamente ofendido por la puerta. Detrás de mí escucho con claridad la divertida risita que Harry estaba soltando mientras vuelve a poner todo nuestro dormitorio en orden con un pase de su varita, aunque elijo ignorar este hecho y me dirijo a la cocina para buscar un vino que llevar al almuerzo con Andrómeda. Después de que tomo de la cava uno de los costosos vinos tintos que tenía almacenados allí, lo coloco en una bolsa de papel y espero a que Harry termine de reducir el tamaño de los obsequios para poder guardarlos en el bolsillo de su abrigo. Cuando ambos terminamos con nuestras tareas y ya no queda nada con lo que dilatar la situación entre manos, Harry se acerca a mí y me toma de la mano para poder entrelazar nuestros dedos. Una vez que tenemos nuestras manos entrelazadas en un fuerte agarre, Harry nos desaparece con un fuerte chasquido.

La aparición dura unos pocos segundos y cuando nuestros pies aterrizan en un nevado suelo, descubro que frente a nosotros se encontraba una modesta casa de dos pisos. Al menos podía considerarse modesta si se la comparaba con los estándares que solía tener la familia Black y con los cuales, por mucho que a Andrómeda le pesara, había sido criada. La casa no tenía luces navideñas en el exterior, pero desde la ventana del frente aún podían verse resplandores titilantes que se asemejaban al brillo que dejaban las hadas cuando eran colocadas alrededor de un árbol de Navidad. Harry eleva el puño que tenía libre y da tres fuertes golpes en la puerta que teníamos frente a nosotros. Sin embargo, en ningún momento suelta nuestras entrelazadas manos, por el contrario, me da un fuerte apretón para hacerme saber que él estaba aquí y que no iría a ningún lado; que, pasara lo que pasara, él no iba a permitir que Andrómeda dijera nada en contra mía.

Y es este simple gesto de amor incondicional el que consigue plasmar una enamorada sonrisa en mi rostro. Harry me devuelve el gesto automáticamente, y es así como nos encuentra Andrómeda al abrir la puerta. Afortunadamente, no tenemos tiempo de que el silencio en el que habíamos caído se vuelva incómodo, porque de repente siento una feliz exclamación ser soltada detrás de Andrómeda, antes de que un niño de no más de doce años venga corriendo a aferrarse con fuerza a la cintura de Harry.

El cabello del niño es lo primero que me sorprende de toda esta imagen que se presentaba frente a mí. Si bien había visto a Teddy en ciertas fotografías que Harry tenía, éstas no podían plasmar con total precisión la intensa coloración turquesa de sus cabellos.

─¡Harry! ¡Viniste! Tengo tanto que contarte. Fuimos a visitar a los abuelos de mamá y había niños muggles allí. ¿Sabías que los muggles tienen un juego que se llama fútbol? También se juega con una pelota, pero no puedes tocarla con las manos, sólo con los pies. Sólo el jugador que está en el arco puede tocarla con las manos. ¿Verdad que es extraño? ¿Alguna vez has jugado al fútbol? ¿Crees que podamos jugar a eso montados en escobas?

Escucho a Harry soltar una risita por todo el apresurado balbuceo que estaba soltando su ahijado, a la vez que acaricia con ternura los estrambóticos cabellos de Teddy. Internamente me pregunto cómo había podido ser capaz de entender todo ese apresurado balbuceo de palabras. Oh, cierto. Él no había entendido nada de ello. Sus siguientes palabras así me lo confirman.

─Hey, ve más despacio, hombrecito.

Teddy se aparta del lugar en el que tenía enterrada su cara en el pecho de Harry y le da una alegre sonrisa, y es entonces donde finalmente parece notar mi presencia. Teddy se aparta de inmediato de Harry y me observa con gran curiosidad a través de unos ojos avellana muy bonitos.

─¡Oh! No creo que te conozca, pero me pareces familiar. ¿Cómo te llamas? Yo soy Teddy. ¿Eres amigo de mi padrino? ¿Por qué nunca te he visto antes? Harry, ¿por qué nunca me dijiste que tenías otro amigo?

Al parecer, los interminables balbuceos de Teddy no estaban reservados únicamente a Harry, si la forma apresurada en la que estaba dirigiéndose a mí era indicativo de algo. Harry parece notar lo estupefacto que me había quedado debido a todo ese interminable palabrerío, por lo cual se apresura a realizar las correspondientes presentaciones antes de que yo comenzara a entrar en pánico.

─Teddy, él es Draco Malfoy… él es tu primo. ─Harry me sonríe y me da un nuevo apretón de manos, antes de soltar aquello que de seguro incomodaría a todos los presentes. ─Y él no sólo es mi amigo, él también es mi novio.

Teddy posa sus brillantes ojos avellana en mí y me observa críticamente por unos segundos que hacen que un desagradable escalofrío se extienda por mi columna. Finalmente, Teddy parece acabar con su silencioso escrutinio y deja que sus facciones se iluminen con una amplia y sincera sonrisa.

─¿De verdad eres mi primo?

─Emm… Sí, lo soy.

─¡Eso es genial!

Y ni siquiera tengo tiempo de registrar el momento en el que Teddy se había apartado de Harry, porque en menos de un pestañeo tengo a un emocionado niño aferrado a mi cintura en un abrazo que era sorprendentemente fuerte para el delgado cuerpo que lo estaba dando. Mi rostro debía estar presentando una expresión estupefacta en él, porque podía sentir a Harry enmascarando una divertida risita mediante una fingida tos. Afortunadamente, Teddy no parece ofendido por mi falta de iniciativa para devolverle el abrazo y sigue prendido a mi cintura por unos segundos más. Después de que Teddy se aleja de mí dando unos pasos hacia atrás, reanuda una vez más el apresurado sinfín de palabras con el que él parecía hablar.

─¡No sabía que tenía un primo! ¡Eso es tan genial! ¿Por qué nadie me lo dijo? ─Harry me observa con incertidumbre por unos segundos, como si no supiera qué responderle a su ahijado para no agobiarlo con explicaciones para las que un niño aún no estaba listo para afrontar, aunque él se salva de tener que dar una explicación cuando Teddy reanuda su interminable monólogo. ─No importa, eso genial de todos modos. ¿Y saben que otra cosa es genial? ¡Que Draco sea tu novio! Él sí me agrada para ti, Harry. ¡Y no me gustaba cuando salías con Ginny! Siempre parecías estar triste cuando estabas con ella. Además, ella no era muy agradable conmigo. Nunca me dejaba comer de las tartitas de melaza que tenía escondidas en la alacena de la cocina.

Mis dientes se aprietan en una irritada mueca ante la mención de la maldita comadreja, pero eso no se compara a los instintos asesinos que siento brotar desde un oscuro lugar de mi ser al percibir cómo Harry se tensa a mi lado al escuchar a Teddy decir esto. Era increíble hasta qué punto había llegado la locura de Weasley, a tal punto que ni siquiera le importaba la forma en la que estaba hiriendo los sentimientos de un niño sólo por mantener su sucio secreto a salvo. El egoísmo de la chica comadreja parecía no tener límites. Y a pesar de todo el odio que sentía burbujear en mi pecho y que estaba dirigido únicamente a la pecosa ex prometida de Harry, no podía evitar que un pequeño vestigio de orgullo se instalara en mi pecho al haber conseguido la aprobación de Teddy y sin siquiera haber movido un dedo.

Había un dicho popular que decía que los niños podían ver mejor que nadie las verdaderas intenciones de una persona, y el hecho de que Teddy me hubiera aceptado sin objeciones sólo parecía contribuir a nuestro favor, aunque no podía estar seguro de que eso fuera a ser suficiente como para convencer a Andrómeda. Me giro con cautela hasta el lugar en el que ella se encontraba parada y allí descubro algo que me deja totalmente sorprendido. Sus ojos castaños estaban abnegados en lágrimas y tenía un leve temblor en sus manos, aunque no podía discernir si éste era producto de lo emocionada que se encontraba por verme, o debido al esfuerzo que estaba haciendo para no sacar su varita y hechizarme. Temiendo que pudiera ser por este último motivo, aclaro mi garganta y me apresuro a tratar de dejarle en claro que lo que menos quería era causar problemas.

─Yo… entenderé si no quieres saber nada de mí; y también entenderé si no quieres que sea parte de la vida de Teddy. Sólo quiero que sepas que no me interpondré entre Harry y Teddy. Sin embargo, no puedo asegurarte que Teddy no vaya a cruzarse conmigo en caso de que tu nieto decida visitar a su padrino. Harry y yo estamos compartiendo un apartamento ahora, y si bien puedo dejarlos solos cuando él decida venir de visita, no puedo asegurarte que Teddy no vaya a tener interacciones conmigo si ustedes deciden visitar de imprevisto.

Andrómeda no parecía tener intenciones de decir nada después de que termino de explicarme, y eso parecía terminar de confirmar mis sospechas. Ella no quería tener nada que ver conmigo, a tal punto que ni siquiera estaba dispuesta a dirigirme la palabra para echarme de su casa. Sabía que esto sería una mala idea. ¿En qué estaba pensando Harry cuando creyó que Andrómeda sería capaz de ver más allá del desprecio que, aparentemente, aún sentía por todos aquellos pertenecientes a la familia Black?

Un fuerte sollozo me saca del regaño interno que estaba dándome por haber cedido a los incongruentes deseos de Harry, y cuando vuelvo a posar la vista al frente, me doy cuenta de que éstos provenían de Andrómeda. Mi sorpresa al verla llorar no se compara con lo que me produce el oírla decir unas palabras que jamás creí que pudiera decir.

─Lo lamento. Lamento todo lo que le dije a tu madre en esa carta. Lamento no haber podido ser capaz de ver más allá de mi dolor y resentimiento porque eso quizás podría haberle salvado la vida a mi hermana; pero de lo que más me arrepiento es de no haberme puesto en contacto contigo en todos estos años, a pesar de que era el momento en el que más necesitabas a alguien a tu lado. Sé que no me creerás, pero no ha habido un día desde el asesinato de mi hermana en el que no haya tenido la intención de escribirte. En verdad quise hacerlo, es sólo que yo no… no tuve el valor suficiente para hacerlo. Supuse que, después de todas esas cosas hirientes que le había escrito a tu madre, lo que menos querrías era saber de mí. Sé que no lo merezco, pero en verdad espero que puedas perdonarme. Si no es por mí, al menos por el bien de Teddy. Él se merece tener la posibilidad de formar un vínculo con su primo.

Realmente no creía que existiera una palabra tan poderosa que pudiera expresar lo mucho que me había sorprendido su declaración. No podía verme, pero podría apostar mi vida a que mis ojos se encontraban absolutamente abiertos y que mi rostro expresaba completa sorpresa. Nunca creí que Andrómeda fuera capaz de dejar de lado todo el dolor que había tenido que sufrir en su vida; desde todo el desprecio que la familia Black le había mostrado por haberse enamorado de un hijo de muggles, hasta las pérdidas de las personas que más amaba en este mundo y que habían tenido lugar durante la guerra. Sin embargo, aquí estaba la evidencia que desmentía mis suposiciones. No estaba seguro de que hubiera alguna deidad que estuviera acomodando mi vida para que todo fuera enderezándose en ella, pero si ésta en verdad existía, entonces sólo podía agradecerle infinitamente por brindarme un respiro de mi nefasto destino.

Elevo la vista que ni siquiera recordaba haber bajado, y la poso en el bello rostro de mi tía. Una tímida sonrisa se apodera de mis facciones y me quedo en silencio por unos segundos más para ordenar mis pensamientos. Una vez que creo saber qué decir para expresar lo que pasa por mi mente, me aclaro la garganta, y digo:

─Por mi parte, todo está perdonado. Yo sólo… espero que los errores que cometimos en el pasado con mi familia no vayan a ser un impedimento para forjar un vínculo entre nosotros.

Andrómeda continúa observándome con lágrimas en los ojos, pero cuando habla lo hace con un seguro tono de voz que consigue calmar mi nerviosismo.

─Estaría encantada de que formaras parte de mi familia, Draco.

Le sonrío a Andrómeda para hacerle saber lo agradecido que estaba por sus palabras, pero no consigo que nada salga de mi boca. Al parecer, las emociones que sentía desbordarse de mi pecho me habían dejado mudo y sin la capacidad de articular palabras. Por el rabillo del ojo podía ver la amplia y sincera sonrisa que Harry tenía plasmada en su rostro, y eso era más que suficiente para hacerme comprender que había tomado la decisión correcta al haber accedido a venir hoy aquí. Harry le da un apretón más a mi mano, antes de tratar de aligerar el ambiente con un tonto comentario.

─¿No podríamos seguir teniendo todo este emotivo momento dentro de la casa? Creo que, si sigo parado aquí afuera unos pocos minutos más, me convertiré en un muñeco de nieve.

Ruedo los ojos ante el lamentable intento de broma de Harry y observo que la mirada de Andrómeda tenía una expresión de cariñosa exasperación dirigida hacia él. Era casi como si mi tía no pudiera decidirse entre golpear en la cabeza a Harry por su horrible sentido del humor, o abrazarlo hasta la asfixia debido al claro aprecio que le tenía por intentar aligerar el ambiente. Finalmente, Andrómeda no tiene que tomar una decisión, porque de repente Teddy toma la mano que Harry tenía libre y lo jala hacia el interior de la casa. Al tener mi mano derecha aún entrelazada con la izquierda de Harry, también me veo arrastrado con ellos. Honestamente, era sorprendente la fuerza que tenía ese niño. Quizás había heredado algunos rasgos de hombre lobo de su padre. Tendría que preguntarle a Harry cuando volviéramos a casa.

─¡Sí! ¡Vamos, entren! ¡Quiero abrir mis regalos ahora!

Todos reímos ante la impaciente exclamación de Teddy y lo seguimos dentro. Una vez que paso el umbral de la puerta, puedo ver el lugar en el que me encontraba. La sala de estar era acogedora y estaba decorada con una gama de colores que iban desde los marrones hasta el banco. Del lado izquierdo había una gran chimenea que tenía varios portarretratos sobre la encimera. En estos se podían apreciar una foto de Andrómeda, su esposo y su hija (la cual no parecía tener más de cinco años en ella), una de Teddy junto a sus padres; y también había otra de Teddy, Harry y Andrómeda, la cual parecía haber sido tomada unas cuantas navidades atrás. Frente a la chimenea había un gran sofá y dos sillones con un tapizado marrón oscuro, los cuales tenían sendos almohadones en ellos. Una mesa de café marrón y una alfombra de color camel con ribetes en dorado estaban ubicados frente a la chimenea de manera estratégica. Un aparador con estantes había sido realizado para aprovechar el lugar que quedaba debajo de las escaleras (las cuales conducían a los dormitorios en la parte superior de la casa) y en este era posible ver una pequeña colección de libros entre los que estaba seguro de haber visto la saga de "Constelaciones". Por último, observo que junto a la ventana había un gran árbol de Navidad que tenía adornos en colores dorados, y sobre las nevadas ramas, pululaban pequeñas hadas dejando un brillante resplandor plateado a su alrededor. Así que de ahí venía el brillo que había visto desde afuera. En su conjunto, la casa era elegante, pero también gritaba a los cuatro vientos comodidad y calidez.

Harry se detiene frente al sofá y suelta mi mano para poder rebuscar en el bolsillo de su chaqueta. Una vez que saca los empequeñecidos regalos y los devuelve a su tamaño original, los distribuye a sus correspondientes dueños, no sin antes aclararles algo que me dejaría con otra boba sonrisa plasmada en mi rostro.

─Estos son de parte de ambos.

Le acaricio la mano una vez que vuelve a colocarse a mi lado en forma de agradecimiento por haberme incluido en ello, y me hago una nota mental de compensárselo con creces cuando volviéramos a nuestro apartamento. Mi gatito reamente se lo había ganado. Un emocionado grito me saca de esos lujuriosos pensamientos en los que me había perdido, unos donde pensaba cuál podía ser la mejor manera de demostrarle a Harry lo muy agradecido que estaba con él. Poso la vista en el lugar desde el cual había provenido ese chillido y veo que había sido Teddy quien lo había soltado cuando había descubierto su obsequio de su gran caja.

─¡Me compraron una escoba nueva! ¡No puedo creerlo! ¡Es el mejor regalo de todos ─Teddy se lanza hacia Harry y hacia mí, y nos abraza con tanta fuerza de la cintura que por un momento temo que nos deje marcas en la piel. Y todo esto lo realiza sin dejar de exclamar emocionado una palabra en una infinita letanía contra nuestros abrigos. ─¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

Estaba tan aturdido por las confiadas reacciones que Teddy realizaba frente a mí, aun si sólo me había conocido durante unos pocos minutos, que lo único que atino a hacer para devolverle el gesto es darle unas torpes caricias en su cabello turquesa. Harry, por el contrario, parecía acostumbrado a las desinhibidas demostraciones de afecto de su ahijado y automáticamente lo rodea con su brazo derecho en un medio abrazo, antes de soltar una divertida risita por la clara emoción que estaba demostrando Teddy.

─De nada, hombrecito. Sólo asegúrate de no volver a usarla dentro de la casa. No creo que tu abuela me deje volverte a comprar otra escoba si vuelves a estrellarla contra su vasija de porcelana.

Teddy asiente fervientemente, antes de apartarse de nosotros y volver hasta el lugar donde había dejado su escoba. Giro la cabeza hacia mi tía y la observo hacer una dolorida mueca al ver la nueva escoba de carrera. Estaba seguro de que internamente estaba pensando en la vasija que aparentemente había pedido, o en la que iba a perder con este nuevo regalo de su nieto. Finalmente, niega con la cabeza y dice algo en un resignado tono de voz mientras termina de desenvolver su obsequio.

─Ni me lo recuerdes, Harry. Todavía sigo encontrando fragmentos de porcelana y astillas de madera debajo de los muebles de la sala. ─¡Oh! Muchas gracias. Es hermoso.

Andrómeda saca de la caja un juego de té de porcelana que tenía grabados de flores como decoración en cada pieza, y lo coloca en uno de los estantes parcialmente vacíos del aparador debajo de la escalera.

─De nada. No pude encontrar el mismo diseño que se rompió, pero me pareció que ese se parecía bastante al que tenías.

─Es perfecto. De hecho, me gusta mucho más este diseño de flores que el anterior. Si te soy honesta, las margaritas que tenía dibujado el anterior no eran de mi completo agrado. ─Mi tía saca un obsequio de uno de los cajones del aparador y se lo entrega a Harry con un rubor en sus mejillas, aunque éste no parecía ser provocado debido a que le avergonzara el regalo que tenía para él. Esto queda confirmado cuando se gira hacia mí, y dice algo en un arrepentido tono. ─Yo… lamento no tener ningún obsequio para ti, Draco.

─Está bien. El que me hayas permitido ser parte de sus vidas en regalo suficiente. ─Andrómeda me observa con renovadas lágrimas en los ojos, aunque por fortuna no vuelve a llorar. Aprovecho el hecho de que ella parecía haber conseguido mantener a raya sus emociones para distraerla un poco de todo ese despliegue de emociones al entregarle la bolsa con el vino que habíamos traído. ─Trajimos algo para beber. Espero que el vino tinto esté bien, sino puedo volver a buscar uno blanco.

Andrómeda toma la bolsa y observa con apreciación la botella que había dentro, antes de asentir y darme una agradecida sonrisa.

─Oh, no debieron molestarse. De todos modos, gracias. Irá perfecto con la carne al horno que he preparado.

─Gracias, Andrómeda. Me queda perfecto de todos lados. No sé cómo haces para conocer tan bien mi talle de ropa.

Me giro hacia Harry para ver cuál había sido su obsequio y allí veo algo que me deja con la boca abierta. Andrómeda le había comprado un abrigo de paño que le llegaba hasta la mitad del muslo. El mismo tenía tres botones negros para prenderlo, y poseía un bolsillo a cada lado de su cadera. Las mangas del abrigo tenían cuatro pequeños botones como decoración en los puños, pero lo que terminaba de hacer ver a Harry como una imagen sacada de una revista de moda era el color del abrigo. Éste tenía una tonalidad entre el beige y el camel, contrastando a la perfección con el cabello negro de Harry y haciendo que sus ojos se vieran aún más brillantes de lo que solían serlo. En resumen, Harry se veía completamente comestible en ese abrigo. Merlín, casi estaba a punto de agradecerle el que su guardarropa estuviera lleno de prendas viejas y estiradas, porque verlo portando esas ropas a la moda estaba causando estragos en mi entrepierna. Honestamente, no sabría cómo haría para no saltar sobre él y follarlo hasta la inconciencia si decidiera cambiar su guardarropa por este tipo de prendas.

Por fortuna, soy sacado de mis lujuriosos pensamientos (antes de que éstos me dejaran con una inoportuna erección) por la tranquila voz de Andrómeda.

─Me alegra que te gustara, Harry. Bien, será mejor que vayamos a almorzar antes de que la comida se enfríe. Teddy, ve a lavarte las manos.

─Pero…

─Pero nada, jovencito. Ve a lavarte las manos, o no te dejaré llevarte la escoba a Hogwarts. Tú decides.

Teddy refunfuña por unos segundos más, pero la severa mirada que su abuela le da es más que suficiente para detener cualquier berrinche que estuviera a punto de soltar. Con claro desgano, deja la escoba sobre el sofá y dirige sus pasos hacia una puerta a la derecha que no había notado antes por haber estado lejos de mi alcance. Andrómeda nos hace un gesto para que la sigamos e ingresa por una puerta a su izquierda, la cual asumo que da a un comedor o la cocina. Harry hace ademán de querer seguirla, pero mi mano cobra vida propia y lo detengo incluso antes de percatarme de lo que estoy haciendo. Sin siquiera pensar en lo que hago, me coloco detrás de él y me acerco hasta su oreja izquierda para susurrarle algo en el oído.

─Quítate ese abrigo. Ahora.

─¿Por qué? ¿No te gusta cómo me queda?

Suelto una nerviosa risa al escuchar el confundido tono con el que Harry habla, y realmente estaba a un paso de darme cabezazos contra la pared por la frustración sexual que estaba sintiendo en estos momentos. Realmente no veía la hora de que volver a nuestro apartamento para pudiéramos tener sexo como conejos.

─¿Qué si no me gusta? Oh, mi ingenuo gatito. En realidad, es todo lo contrario. El jodido abrigo te queda tan bien que lo único que quiero es bajarte los pantalones y follarte contra este sofá mientras lo llevas puesto.

─¡Merlín, Draco! ¡Teddy y Andrómeda están aquí y pueden escucharte, idiota! ─Harry se cubre su rostro con sus manos para ocultar algo de la vergüenza que le había producido mi declaración, pero desde la cercana posición en la que me encontraba podía notar lo mucho que mis palabras lo habían entusiasmado gracias al escalofrío que lo recorre. ─¿Por qué dirías algo como eso aquí?

─¿Por qué crees que estoy susurrándotelo en la oreja? ─Le digo con diversión, manteniendo aún ese bajo tono de voz, mientras coloco mis manos en sus caderas en un posesivo abrazo y lo acerco hacia atrás para que fuera consciente del bulto que se estaba formando sin mi consentimiento en mis pantalones. ─Por lo que más quieras, quítatelo antes de que no pueda ser capaz de ocultar esto.

Muevo mis caderas hacia adelante para hacerle notar el bulto que comenzaba a crecer en mis pantalones a alarmante velocidad, y eso parece ser suficiente para que Harry suelte un amortiguado gemido contra las manos que cubrían su boca. Afortunadamente para ambos, éste había sido lo suficientemente bajo como para que sólo yo fuera capaz de oírlo. Harry parece despertar de ese aturdido estado en el que lo habían dejado mis palabras y se apresura a apartar mis manos de su cadera con un manotazo. Una vez que lo suelto, se quita con prisa el abrigo que Andrómeda le había regalado y lo deja junto a la chaqueta que había traído y que había dejado sobre uno de los sillones. Aprovecho a imitarlo y dejar mi largo abrigo junto al suyo, pero el ruido de la puerta del baño al abrirse nos sobresalta de tal forma que damos un respingo en el lugar.

─¿Por qué están parados allí?

Teddy pregunta esto con confusión y, por fortuna, no parece darse cuenta del verdadero motivo por el cual las mejillas de Harry podrían rivalizar contra la coloración del cabello de Weasley. Bendita sea la inocencia que aún tenía este niño porque, de haber sido alguien mayor, no habríamos podido evitar las burlas que de seguro vendrían por nuestro claro intercambio con motivos sexuales.

─Estábamos esperando a que salieras del baño para lavarnos las manos. ¿Verdad, Draco?

Harry me da una mortífera mirada que prometía desatar el infierno sobre mí si no le seguía la corriente, o, peor aún, si dejaba entrever algo de lo que en realidad estábamos haciendo; y como yo valoraba demasiado mi vida, no consigo hacer nada más que asentir en acuerdo con Harry. Al menos con esto no iba a poder acusarme de no haberlo apoyado y no podría amenazarme con dejarme sin sexo. La tensa expresión facial de Harry se aligera al ver que no tenía intenciones de contradecirlo y se vuelve hacia un Teddy que nos estaba observando con algo de sospecha. Mmm… Quizás mi primo no era tan inocente como yo creía.

─¿Por qué no vas a ayudar a tu abuela a poner los platos? Estaremos allí en un minuto, ¿sí?

─Está bien.

Teddy se encoge de hombros y después de darle una última mirada codiciosa a su nueva escoba, atraviesa la puerta por la que Andrómeda había desaparecido. Cuando la figura de Teddy desaparece de la sala, siento un fuerte golpe aterrizar sobre mi brazo derecho.

─¡Auch! ¡Eso me dolió, Potter!

─Tienes suerte de que sólo haya hecho eso, Malfoy. No tienes idea de lo mucho que quiero hechizarte las pelotas en este momento. Honestamente, ¿en qué estabas pensando? Teddy pudo habernos visto.

Harry me observa con irritación a través de esas largas pestañas que tenía, y aunque sabía que este no era el momento ni el lugar apropiado, no podía evitar encontrar su enfado algo sumamente caliente. Merlín, siempre me sorprendía la facilidad con la que podía ponérmela más dura que una roca cada vez que Harry me observaba con esa ferocidad en sus ojos verdes.

─¡Oh, vamos! No es como si hubiera hecho algo escandaloso. Sólo te abracé y susurré algo al oído.

Digo esto haciendo un despreocupado gesto con la mano, mientras comienzo a caminar hasta el baño para lavarme las manos. Una vez allí, tomo la pastilla de jabón y froto mis manos con ésta. La enfadada silueta de Harry se refleja en el espejo del baño y en verdad tengo que hacer un sobrehumano esfuerzo para no encerrarlo dentro de este pequeño lugar y borrar ese molesto mohín que estaba haciendo a fuertes estocadas dentro de su respingón trasero. Por fortuna, Harry no parece percatarse de los impúdicos pensamientos que estaban pasando por mi mente, y suelta un irritado bufido antes de ingresar en el baño. Cuando termino de enjuagar los remanentes de jabón que me quedaban, me aparta con un leve empujón para tomar mi lugar.

─¿Sólo eso? Creo que te estás olvidando del momento en el que te refregaste contra mi trasero como un perro en celo.

Harry me da una mirada de fastidio al escuchar la maliciosa risita que suelto, pero no dice nada y termina de lavarse las manos en silencio. Después de secárselas con la toalla que le paso, y de colocarla de vuelta en su lugar, salimos del baño y nos dirigimos hacia la puerta que teníamos frente a nosotros y de la cual se podían escuchar las voces de Teddy y Andrómeda. Cuando ingresamos al lugar, descubro que ésta era una especie de cocina-comedor muy luminosa y extremadamente limpia. Andrómeda se gira hacia nosotros al escucharnos entrar y nos observa con una ceja en alto y una maliciosa sonrisa bailando en su rostro que me provoca un desagradable escalofrío en la piel. Algo me decía que ella tenía pleno conocimiento de lo que había ocurrido en su sala de estar.

─¿Se habían perdido ustedes dos?

Harry vuelve a sonrojarse al escuchar esto, y aunque intenta abrir la boca para justificarse, nada consigue salir de ella. Me trago para mis adentros la diversión que estoy sintiendo al verlo tan nervioso y avergonzado, y me apresuro a rescatarnos de lo que de seguro sería una sesión de bromas e insinuaciones por parte de Andrómeda.

─Sólo estábamos dándole el ejemplo a Teddy y fuimos a lavarnos las manos.

─¿Así que ahora lo llaman así?

Andrómeda suelta una risita al ver cómo tanto las mejillas de Harry como las mías se vuelven de una preocupante tonalidad rojiza, pero elije darnos algo de respiro y nos insta a tomar asiento en la mesa donde se podía apreciar una gran fuente con carne asada y otra con papas a la crema. Mi estómago gruñe con satisfacción ante la agradable vista y los apetecibles aromas que llegaban desde allí, por lo que me apresuro a tomar asiento junto a Harry en una de las sillas libres. El almuerzo transcurre entre divertidas historias que tenían como protagonista a Teddy y sus travesuras. Las risas no escasean ante los miles de anécdotas que Harry y Andrómeda estaban reviviendo para amenizar la comida y, por qué no también, para que pudiera conocer un poco más a Teddy. Y aunque estaba infinitamente agradecido por el hecho de que quisieran incluirme, no podía evitar que un leve rastro de tristeza se acumulara en mi pecho al pensar en lo mucho que me hubiera gustado haber presenciado dichas anécdotas en persona.

Había tantos momentos importantes en la vida del pequeño Teddy que no había sido capaz de ver, tantos de ellos que sólo ocurrían una vez y que, por mucho que lo deseara, no podrían volver a ocurrir. Nunca había podido verlo soltar sus primeras palabras o dar sus primeros pasos, tampoco había podido estar en ninguno de sus cumpleaños o llevarlo a King's Cross para abordar el Expreso de Hogwarts en su primer año escolar. Y este pensamiento era algo bastante deprimente. Era increíble cómo el prejuicio y las malas decisiones en la vida podían quitarle tanto a una persona sin que ésta fuera capaz de percatarse de ello hasta que ya era demasiado tarde. Harry parece notar mi melancólico estado, porque de inmediato acerca una de sus manos debajo de la mesa para tomar la mía. Le doy una agradecida sonrisa y continúo terminando de escuchar la historia que Teddy estaba contando acerca de la vez en la que había conseguido robar todo un frasco de galletas de una de las alacenas más altas de la cocina y sin usar magia. Después de que terminamos de reír debido al divertido final que había tenido su historia, Andrómeda se gira hacia nosotros y nos pregunta algo que nos dejará a Harry y a mí removiéndonos incómodamente en nuestros asientos.

─¿Y bien? ¿Alguno de ustedes va a contarme cómo terminaron juntos? No tenía idea de que también te gustaran los hombres, Harry. No me malinterpretes, no tengo prejuicios de ningún tipo acerca de las preferencias sexuales de una persona. Simplemente me sorprendió porque, después de todos esos años junto a Ginny, creí que eras heterosexual. Y a propósito de eso, ¿qué pasó con ella?

Harry se tensa a mi lado de la misma forma en que solía hacerlo cada vez que el tema de la chica comadreja salía a colación, por lo que me apresuro a darle un apretón en nuestras entrelazadas manos para hacerle saber que estaba aquí para lo que necesitara. Harry me devuelve el apretón y parece encontrar la fuerza de voluntad suficiente para explicar, una vez más, toda la trágica historia que habíamos vivido.

─Teddy, ¿por qué no vas a jugar a tu habitación por un rato?

─¿Qué? ¿Por qué? Quiero quedarme aquí. ¡Ya no soy un bebé! ¿Por qué no puedo quedarme?

─Porque tengo que hablar de cosas de adultos con tu abuela. Sé bueno, ¿sí? ─Harry le habla con un paciente tono, pero por el molesto mohín que estaba haciendo Teddy, podía ver que éste no se iría sin dar batalla. Harry parece notar esto también, porque de inmediato se apresura a tratar de apaciguar un poco a su irritado ahijado. ─Mira, si vas a tu habitación mientras hablo con tu abuela y no intentas escuchar a escondidas, te prometo que levantaré protecciones en el jardín para que puedas probar la escoba antes de volver a Hogwarts.

Teddy frunce el ceño ante esto e, incluso sin que él hubiera dicho nada, yo sabía que Harry había ganado esa batalla. Su oferta era demasiado tentadora para que un niño como Teddy pudiera rechazarla. Teddy se cruza de brazos en un enfadado gesto para representar con ello cuánto lo indignaba esta oferta para aplacarlo, sin embargo, eso no evita que acceda a la petición de Harry.

─Bien. Iré a mi habitación. ─Teddy se levanta de su asiento y se dirige hacia la puerta, pero se detiene a punto de atravesarla para decir algo en un impaciente tono de voz que le hace soltar una risita a Harry. ─¡Pero date prisa! Quiero que me enseñes algún movimiento de Quidditch antes de que vuelva a Hogwarts.

─Dalo por hecho, siempre y cuando cumplas con tu promesa y no espíes a escondidas.

Teddy asiente con desgana y sale de la habitación cerrando la puerta detrás de sí, lo cual me genera muchas sospechas. ¡Vamos! Que, de haber estado en su lugar, yo no habría aceptado tan fácilmente el no enterarme de lo que Harry iba a decirle a Andrómeda. ¿Es que mi gatito de verdad era tan ingenuo para creer que Teddy no estaría escuchando a escondidas detrás de la puerta? Me giro hacia Harry y lo observo con una incrédula mirada, antes de dejar salir lo que en verdad pensaba al respecto.

─¿De verdad crees que él no estará escuchando a escondidas?

─Para nada. Podría apostar mi varita a que Teddy está detrás de esa puerta escuchando todo.

Y lo admito, me alivia un poco el saber que la ingenuidad de Harry no era tan grande. Honestamente, me hubiera preocupado si él hubiera confiado ciegamente en la promesa de un niño travieso. Andrómeda lanza una mirada molesta hacia la puerta que se encontraba cerrada, y en un rápido movimiento, conjura un hechizo de privacidad para que nada ni nadie pudiera oír lo que ocurría dentro de la cocina. Teddy parece percatarse de esto, porque de inmediato se escuchan los enfadados pisotones que da mientras sube las escaleras a su habitación. Andrómeda sonríe con suficiencia y hace un gesto con la mano para que comenzáramos a hablar. Y lo hacemos. Le contamos toda la historia de cómo la chica comadreja había retenido a Harry en contra de su voluntad con pociones de amor. Le decimos acerca de sus amenazas y de la forma en la que había delatado mi identidad secreta como Dylam Rocafo; y también le contamos de la forma en que me había secuestrado y cómo había intentado deshacerse de mí para poder volver a retener a Harry en sus garras. Cuando Harry termina la historia contándole la forma en la que había conseguido encontrarme en la Casa de los Gritos, elevo la vista de nuestros entrelazados dedos y la poso en el rostro de mi tía.

El rostro de Andrómeda presentaba una compleja mezcla de emociones entre las que se podían vislumbrar el horror y la estupefacción, pero lo que más destacaba de todas ellas el claro enfado que estaba volviendo su castaña mirada en una que me recordaba con pavor a la de la tía Bellatrix. Si ya de por sí Andrómeda era muy parecida físicamente a la retorcida Bellatrix, el hecho de estar enojada la hacía exaltar aún más estas similitudes de una manera que era aterradora. Afortunadamente, Andrómeda parece notar lo incómodos que Harry y yo estábamos sintiéndonos con este prolongado silencio que se había extendido entre nosotros, por lo que se apresura a moldear sus facciones en unas más amables y que eliminaban gran parte de su parecido con su hermana mayor, aunque el enfado aún podía percibirse en el tono de voz con el que comienza a hablar.

─Si debo ser honesta, Harry… esa chica nunca me gustó para ti. Por lo que Molly me ha contado, ella siempre pareció tener un preocupante fanatismo hacia ti. Eso sin contar esa extraña sensación que tenía de que ella estaba ocultando algo cuando estaba cerca de su presencia. Ahora veo que mi intuición no estaba desacertada. Por su bien, espero que nunca vuelva a acercarse a ustedes, porque entonces sabrá de lo que una Black es capaz de hacer.

─No te preocupes por eso. Ella está encerrada en San Mungo ahora, y pasará un buen tiempo antes de que los Sanadores consideren prudente dejarla salir del hospital. Lo que hizo… está en el pasado ahora. Draco y yo estamos bien. Y si debo ser completamente honesto, nunca hemos estado mejor en nuestras vidas. ─Harry me da otro apretón en nuestras manos y me regala una de esas brillantes sonrisas que adoraba ver en su rostro, antes de retomar la conversación con un tema más ligero. ─De hecho, creo que deberíamos enfocarnos en aquello que es realmente importante, como el motivo por el cual aún no le has pedido a Draco que te firme tus libros de "Constelaciones".

Andrómeda suelta una divertida risita y acepta con gusto el cambio de tema, aunque puedo notar con facilidad que sus mejillas se habían teñido con un leve rubor gracias a las palabras que Harry había soltado. Sintiéndome un poco más seguro ahora que habíamos dejado el tema de la maldita comadreja de lado, elevo una ceja y pregunto: ─¿En verdad has leído mis libros?

─Sí, lo hice; y déjame decirte, Draco, que son realmente fascinantes. Tienes un gran talento para la escritura. Estoy ansiosa por leer el séptimo libro.

Sabía que mis mejillas debían haberse sonrojado un poco por todo este despliegue de cumplidos a los cuales no estaba tan acostumbrado a recibir en persona hoy en día, aunque eso no conseguía opacar el orgullo que estaba sintiendo por haber recibido un halago de uno de los últimos familiares que me quedaban con vida.

─Gracias. Significa mucho para mí. Si quieres, puedo pedirle a mi editor que aparte una copia del nuevo libro para ti antes de que salga a la venta.

─¡Oh! No quiero generarte molestias.

─No es molestia alguna. De todos modos, Adrian siempre consigue apartar una copia para Blaise y Pansy. Estoy seguro de que no le importará guardar una para ti también. Y ahora que lo pienso, quizás también deba pedirle una para Hermione, o ella de seguro intentará robarte la que te di a ti.

Harry me da una agradecida mirada por haber pensado en su amiga, pero parece recordar algo y su semblante se cubre con absoluta irritación.

─Sí, yo en tu lugar, Andrómeda, me aseguraría de tener pañuelos descartables cerca antes de comenzar a leerlo.

─¡Harry!

Lo reprendo con molestia cuando termina de darle a Andrómeda esa advertencia que podría haberle arruinado la lectura. Andrómeda nos mira con una ceja en alto, pero no insiste en querer saber a qué estaba refiriéndose con ello. Gracias a Merlín por ello, porque de no haberlo hecho, estaba convencido de que habría hechizado el trasero de este impertinente gatito. Harry suelta una maliciosa risita, antes de pararse y arrastrarme de regreso a la sala de estar.

─Vamos, tienes que firmarle los libros a Andrómeda.

Me dejo arrastrar hasta los estantes del aparador y espero a que Andrómeda me dé una pluma y tinta para poder escribir sobre la hoja en blanco del primer libro. Teddy parece haber escuchado que habíamos terminado nuestra conversación, porque de inmediato baja las escaleras enfundado en un abrigo de invierno y jala el brazo de Harry para llamar su atención.

─¿Podemos ir a volar ahora?

─Claro que sí, hombrecito. Sólo aguarda a que Draco termine de firmarle los libros a tu abuela, y podremos ir.

─¡Genial! ¡Date prisa, Draco!

Por el rabillo del ojo veo cómo Teddy va a buscar su escoba al sofá y aguarda a un lado de Harry, quien estaba volviendo a ponerse la chaqueta que había traído. Una vez hecho esto, usa su varita para reducir el tamaño del obsequio que Andrómeda le había dado y lo guarda en uno de los bolsillos de su chaqueta. Y en verdad agradezco internamente que lo hubiera hecho, porque no estaba seguro de poder contenerme de volver a verlo con ese atuendo que le quedaba tan bien. Termino de escribir la última dedicatoria y le entrego el libro a Andrómeda. Ella me agradece y la observo llevar todos los libros al sofá para leer las dedicatorias mientras nosotros cumplimos con la promesa que le habíamos hecho a Teddy.

Vuelvo hasta el sillón en el que había dejado mi abrigo y me lo pongo, antes de que Harry me tome de la mano y nos lleve de vuelta a la cocina en donde un impaciente Teddy ya nos esperaba junto a otra puerta abierta y la cual daba a un gran patio trasero. Salimos al nevado patio y tenemos que soportar los quejidos y exasperados bufidos que hace Teddy mientras Harry coloca las protecciones que harían que ningún muggle pudiera ver a Teddy volar en una escoba. Harry termina de realizar los hechizos y le da el visto bueno a Teddy para que comenzara a volar, y como era de esperarse, él no pierde tiempo y de inmediato da una fuerte patada al suelo y se eleva en el aire para dar unas cuantas vueltas de calentamiento en su nueva escoba. Las risas y gritos eufóricos no se hacen esperar y se entremezclan con las advertencias que Harry estaba gritándole desde el suelo, aunque estas parecían estar cayendo en oídos sordos.

─¡Ve más despacio, Teddy! ¡Y no te alejes tanto porque las protecciones no abarcan más allá del cerco!

─¿En serio, Potter? ¿De verdad tienes la moral para decirle a tu ahijado que vaya más despacio cuando tú ya eras un jugador del equipo de Gryffindor en tu primer año?

─¡Eso es diferente, Draco!

─¿Y cómo, en el nombre de Merlín, eso es diferente?

Harry me observa con una enfurruñada mirada y se cruza de brazos en un molesto gesto que encuentro a la vez muy divertido y adorable. Un enfadado gruñido escapa de esa apetitosa boca, antes de comenzar a reprenderme.

─Es diferente porque, en ese entonces, estaba volando en Hogwarts y bajo el escrutinio de magos y brujas que podrían encargarse de asegurar mi seguridad en caso de que algo saliera mal.

─Oh, ¿así que lo que básicamente estás diciendo es que tú no eres un mago lo suficientemente competente para garantizar la seguridad de tu ahijado?

─Eso no es lo que yo…

─Entonces, lo que estás insinuando es que yo no soy lo suficientemente competente para asegurarme de que Teddy no salga lastimado en su vuelo, ¿verdad?

─Eso tampoco es lo que yo… Argh, ¿sabes qué? Olvídalo. Es imposible hablar contigo cuando te pones en tu papel de mocoso impertinente.

Suelto una carcajada al ver la forma en la que había podido irritar a mi adorable gatito con unas pocas palabras, y a pesar de que él estaba lanzándome exasperadas miradas, por el rabillo del ojo podía apreciar el gran esfuerzo que Harry estaba haciendo para no sonreír. Teniendo la certeza de que él no estaba verdaderamente enojado, me acerco hasta colocarme detrás de él y lo rodeo con mis brazos. Harry suelta un molesto bufido, pero aun así me permite sostenerlo y entrelaza nuestros dedos.

─Y aun así me amas. ─Susurro estas palabras contra su oído, mientras disfruto del escalofrío que asalta a Harry cuando mi aliento colisiona contra la sensible piel de su oreja.

─Sólo Merlín sabe por qué lo hago.

Harry responde esto con irritación, pero la forma en la que se apoya contra mi espalda era más que suficiente para hacerme saber que nada de su molestia era real. Permanecemos en esa posición por un largo tiempo, simplemente disfrutando de la cercanía del otro mientras observábamos la forma en la que Teddy daba vueltas con su escoba alrededor del patio.

─¿Sabes? A veces extraño los días en los que estaba en el equipo de Quidditch de Slytherin. Extraño entrenar jugadas y estrategias; pero en especial, extraño jugar contra otros equipos.

Harry se gira en mi abrazo hasta quedar frente a mí y coloca sus manos alrededor de mi cuello para comenzar a acariciar los mechones de cabello de mi nuca.

─Te entiendo a la perfección. Yo también lo extraño. Extraño las interminables horas de entrenamiento que nos hacía tener Oliver y la sensación de volar a gran velocidad. ¿Pero sabes qué es lo que más extraño, Draco?

─¿Qué? ─Pregunto con algo de cautela al ver la traviesa sonrisa con la que Harry estaba observándome.

─Lo que más extraño es patearte el trasero en un partido de Quidditch.

Harry se aparta de mí y suelta una fuerte carcajada cuando ve la ultrajada expresión que se había apoderado de mi rostro por su clara burla.

─Tú, pequeño descarado. ¡Vuelve aquí!

Harry corre alrededor del patio en una forma zigzagueante para evitar que lo capture, pero mis piernas son mucho más largas que las de él, por lo cual no me es difícil alcanzarlo hasta poder acorralarlo contra el tronco de un árbol. Otra divertida risita escapa de la boca de Harry, y eso es todo lo que puedo soportar antes de inclinarme y reclamar esos labios que me pertenecían. Harry hace un ruidito de contento al sentirme presionar mi cuerpo contra el suyo, pero desafortunadamente somos sacados de nuestro agradable momento cuando escuchamos un asqueado sonido por encima de nuestras cabezas.

─¡Puaj! ¡Qué asco! ¡Dejen de besarse, y mejor enséñenme un movimiento de Quidditch!

Harry y yo soltamos una divertida risa, antes de apartarnos para mirar a un avergonzado Teddy que nos estaba dirigiendo miradas exasperadas desde el aire.

─Eso dices ahora, pero sólo espera a que la adolescencia golpee a tu puerta. Te aseguro que no querrás hacer otra cosa más que besar chicas.

Le digo esto empelando un presumido tono, mientras me acerco hasta una porción del patio que estaba completamente despejada y que podría ser un buen lugar para que Teddy practicara maniobras de Quidditch. Harry se acerca a mi lado, y bendito sea él, se suma a las bromas que estaba dándole a mi primo.

─O chicos. Lo que funcione mejor para ti, Teddy. Aunque, viendo la forma en la que a veces te quedas mirando fijamente a Victoire, creo que Draco podría estar más acertado con tus preferencias.

Teddy se sonroja imposiblemente al oír el nombre de una de las pequeñas Weasley, y del nerviosismo que siente, su vuelo comienza a tambalearse. Reímos unos segundos más, antes de darle un respiro de nuestras burlas al pobre chico. Cuando conseguimos dejar detrás las risas, comenzamos a enseñarle a Teddy algunas maniobras de Quidditch que habíamos aprendido en la escuela. Teddy trata de realizarlas y nosotros nos aseguramos de corregirle la postura y guiarlo para que pueda efectuarlas a la perfección. El resto de la tarde pasa entre gritos eufóricos por parte de Teddy cuando consigue realizar un movimiento a la perfección, y vítores de nuestra parte al verlo tener éxito en su práctica. Harry se acerca a mí después de que Teddy decide ir a probar la velocidad de su escoba y entrelaza su mano izquierda con mi derecha.

─Sabes, deberíamos ir a volar alguno de estos días. En verdad lo extraño.

─Me encantaría. ─Le digo mientras tomo la mano que tenía entrelazada con la de él y dejo un pequeño beso en nuestros entrelazados dedos. ─Los jardines de la Mansión Malfoy son lo suficientemente extensos como para que podamos ir a volar; y están llenos de protecciones, así que no tendremos que preocuparnos de ser vistos por muggles.

─Eso me gustaría.

Le doy una sonrisa al ver que a Harry no le molestaría volver a mi antiguo hogar y continuamos viendo por unos minutos más la forma en la que Teddy vuela. Una puerta detrás nuestro se abre y por ella se escucha la voz de Andrómeda.

─Teddy, adentro. Es tarde y todavía tienes que ducharte y cambiarte, o de lo contrario llegarás tarde a la estación.

─Ya voy. Ya voy.

Teddy baja refunfuñando del aire y nos da una triste mirada antes de salir corriendo hacia el interior de la casa en donde lo esperaba su abuela. Harry hace un intento de querer seguir a su ahijado, pero lo detengo sin siquiera darme cuenta de que lo hago. Harry eleva una ceja en cuestionamiento y eso es lo único que necesito ver para terminar de acortar la distancia y acercar su rostro hacia el mío para besarlo con fuerza. Harry sonríe dentro del baso, y cuando nos separamos, me observa con curiosidad y algo de incomprensión.

─¿Por qué fue eso?

─Por todo y por nada. Porque puedo. ─Le doy un último beso, antes de volver a entrelazar nuestros dedos y comenzar a caminar hacia la puerta que Andrómeda había dejado abierta. ─Y porque te amo.

Harry se detiene y me observa con esa embelesada mirada que tanto disfrutaba ver en él, antes de acurrucarse contra mi costado y murmurar una respuesta que jamás me cansaría de escucharle decir.

─Yo también te amo.

Entramos en la cocina y allí descubrimos que Andrómeda nos había preparado una taza de té. Nos sentamos junto a la mesa y bebemos de esa caliente infusión mientras escuchamos de fondo los regaños que Andrómeda le estaba dando a su nieto por aún no haber empacado su mochila con sus pertenencias para volver a Hogwarts. Harry me sonríe a través de la taza que tenía cerca de su boca y yo le devuelvo el gesto. Cuando estamos a punto de terminar la taza de té, escuchamos unos rápidos pisotones bajando por la escalera y, segundos después, entra Teddy completamente vestido con ropas muggles y con el cabello turquesa aún húmedo por el baño que se había dado. Al ver que todavía estábamos aquí, nos sonríe y se acerca hasta donde Harry se encontraba sentado.

─¿Harry?

─¿Sí, Teddy?

─¿Tú y Draco me llevarán a la estación?

─No lo sé. ¿Tú quieres te llevemos?

─¡Claro que sí!

Harry me da una mirada inquisitiva, como si estuviera preguntándome si estaba dispuesto a cumplir el deseo de Teddy; y como no había nada que quisiera más que acompañarlos en este momento, termino de tomar el té que me quedaba y mando la taza a lavarse con un hechizo, antes de levantarme y observar a los otros dos ocupantes de la cocina con una ceja en alto.

─Bueno, ¿y a qué estamos esperando?

Teddy sonríe abiertamente y suelta un apresurado parloteo que sonaba a algo así como buscar su escoba, y sale de la cocina. Harry aún permanece sentado y con la taza de té en sus manos, pero la agradecida mirada que estaba regalándome decía más de lo que lo harían miles de palabras. Después de que mandamos la taza de Harry a lavar, volvemos a la sala de estar y allí vemos que Teddy ya se encontraba enfundado en un abrigo y su abuela estaba abrazándolo y dándole indicaciones sobre comportarse bien. Harry se acerca a la escoba que estaba apoyada contra el sofá y la reduce de tamaño para poder guardarla en el bolsillo. Andrómeda termina de despedirse de su nieto, y después de saludarnos y hacernos prometerle de que vendríamos a visitarla pronto, nos paramos cerca de la puerta de salida para poder aparecernos.

─¿Listo para irnos, hombrecito?

─¡Sí!

Teddy nos toma a ambos de las manos y le da una última sonrisa a su abuela, antes de que sienta el tirón de la aparición. Aterrizamos dentro de la estación de King's Cross directamente en la parte mágica y allí vemos el expreso de Hogwarts a punto de partir. Harry se apresura a sacar la escoba de Teddy y devolverla a su tamaño original para poder entregársela a Teddy. Una vez hecho esto, Teddy se gira hacia Harry y lo abraza con fuerza por unos segundos.

─Adiós, hombrecito. Cuídate; y no te metas en demasiados problemas, o harás que le dé un ataque al corazón a tu abuela.

Teddy se ríe ante esto y promete comportarse, aunque la traviesa sonrisa que estaba plasmada en su rostro me decía que esa no era una promesa que él fuera a cumplir. Mi primo se gira hacia mí, y después de un breve momento de vacilación, se arroja a mi pecho y me da un fuerte abrazo como el que le había dado a Harry segundos atrás. Con toda la torpeza del mundo, le doy unas pequeñas palmaditas en la espalda para despedirme.

─Adiós, Teddy. Fue un placer conocerte.

─A mí también me gustó conocerte, Draco. Yo… ─Teddy se remueve incómodamente en el lugar y me observa con algo de incertidumbre, pero finalmente parece reunir el valor para preguntar aquello que tanto estaba molestándole. ─¿Puedo escribirte?

Lo observo con algo de sorpresa durante unos segundos, antes de que una feliz y sincera sonrisa se instale en mi rostro. Cuando creo que seré capaz de hablar sin que mi voz fuera a temblar producto de la emoción que estaba sintiendo, elevo una ceja en alto y digo algo en un confiado tono que para nada se correspondía con el huracán de emociones descontroladas que estaba sintiendo en estos momentos.

─Me ofendería si no lo hicieras.

Teddy sonríe abiertamente, y después de prometernos que nos escribiría a ambos, sale disparado con su escoba en mano y se sube a uno de los vagones del tren. Unos pocos minutos después, se escucha un fuerte bocinazo y el Expreso de Hogwarts comienza a moverse en dirección norte. Harry entrelaza una de sus manos con la mía y se apoya en mi brazo para observar con la mirada perdida cómo el tren se aleja por el horizonte. Y a pesar de que este era un momento absolutamente perfecto, no podía sacarme del pecho esa extraña sensación de que esta sólo parecía ser la calma que avecinaba la tormenta. No sabía bien el por qué, pero tenía un extraño presentimiento de que algo saldría mal en un futuro no tan lejano; y yo había aprendido por las malas a aceptar que mis premoniciones solían ser, por desgracia, bastante acertadas.


Notas finales: espero que les haya gustado el capítulo y que no se hayan empalagado demasiado con todo el fluff que hemos tenido en él. Voy a pedirles un segundo más de su tiempo para que me dejen sus opiniones en un comentario. Siempre es agradable saber qué les va pareciendo la historia. Ahora sí, me despido. Nos leemos en la próxima actualización.