Reuniones fructíferas

Incluso meses después de la victoria contra Lucius, el ruido de los fuegos artificiales resonaba por todo Clover. Esta había causado el comienzo de una de las fiestas más duraderas que se han visto jamás en el reino. Todas las calles estaban llenas de decoraciones, comida y de gente aliviada tras volver a evitar una gran catástrofe.

El centro de toda esta fiesta se situaba en el palacio real, donde todos los escuadrones se reunían al menos 2 veces por semana para "celebrar la ocasión", palabras dichas por el mismo rey. Este, tan centrado en sí mismo, solo podía pensar en los beneficios que le traerían la reciente muerte de Julius y el reconocimiento que se llevaría tras la batalla. Sin embargo, ni la economía del reino estaba preparada para tanto festejo, ni mucho menos los caballeros mágicos.

La batalla había sido dura y sangrienta, gran parte de los caballeros mágicos de Clover habían caído en ella: Fuegoleon, Jack, William, ... Estos, a pesar de haber sido traído de vuelta como paladines poco después de morir habían caído definitivamente tras su derrota, para consternación del propio Lucius.

Yami había visto como su mentor, Lucius, no el hombre al que acababa de dar un golpe mortal, lloraba por la pérdida de estas personas que tanto apreciaba. El mismo estaba llorando, causado por la mezcla de emociones que todo la guerra había traído consigo. Por ello, no había ido a ninguna de las fiesta lujosa que se llevaba a cabo en la capital, sino que se había encerrado en su habitación mientras se martirizaba por sus acciones.

Poca gente lo había molestado en esos días. Asta, cuando lo despertaba para desayunar, Nozel, para realizar reuniones de emergencia en la capital y, por supuesto, Ichika. Su hermana, a la que nunca pensó que volvería a ver salvo el día en que decidiese cobrar venganza, se había quedado durante una temporada en la sede de los Black Bulls. Era la única que lo convencía de salir de la base de vez en cuando, con la excusa de que le enseñase algún lugar concreto de Clover, alguna comida o cualquier cosa que encontrase para intentar salir de su miseria. Secretamente, estaba bastante agradecido de que no lo odiase teniendo en cuenta su reencuentro lleno de engaños y mentiras que casi acaba en tragedia y se alegraba bastante de poder forjar de nuevo una relación, que se iba estrechando día tras día.

El resto de los Ryuzen también se habían quedado en el reino, aunque no de forma voluntaria. El barco especializado que habían utilizado había sido destruido en la batalla, por lo que no podían volver hasta al menos, un mes más. En este tiempo, aquellos que tenían sangre noble habían realizado varios acuerdos comerciales, que mejorarían mucho la economía de ambos países. Además, también había escuchado gracias a su hermana (que desde pequeña le gustaba contar todos los chismes de los que se enteraba) que también se estaban realizando alianzas matrimoniales entre la realeza: entre Yosuga y Mereoleona.

Recordaba haberlos visto juntos en el campo de batalla y aunque había notado cierta tensión, no esperaba que hubiese escalado tan rápido. Por lo que había dicho Ichika, el matrimonio apresurado entre ambos se debida a que, en una de las famosas salidas para entrenar de Mereoleona, Leopoldo la había seguido para practicar sus nuevas técnicas con Salamander (que había adquirido tras la muerte de su hermano) y los había encontrado, para su desgracia, en una posición bastante indecente. Esto último había causado que se riese por primera vez desde la muerte de Julius, lo que causó que Ichika casi se pusiese a llorar, ya que junto a todos los Black Bulls llevaban intentado que se riese por meses.

En cuanto a Charlotte, no había hablado apenas con ella desde el final de la batalla, en la enfermería. Allí, había tenido una charla bastante larga, le había explicado su infancia, la muerte de su clan y finalmente, había confesado que estaba enamorado de ella por años, pero su miedo había impedido que diese ningún paso. Tras esto, se habían besado y decidieron darse un tiempo para sanar las heridas de la guerra. Para Yami ese momento había llegado y pensaba decirlo a Charlotte en tras la siguiente reunión de capitanes, que sucedería en un par de días.

El día que Nozel los había convocado, una de las últimas tormentas de verano había ocupado la capital. Por ello, a pesar de que su sede estaba relativamente cerca del centro de la capital, Charlotte había decidido utilizar la magia espacial de una de sus subordinadas. Una vez allí, se despidió de ella y fue con marcha pausada hacia el lugar de la reunión. En estos meses había intentado procesar lo mejor posible todo lo que había ocurrido en la guerra: la pérdida de sus camaradas, la posterior batalla con ellos y las revelaciones inesperadas.

En medio de la batalla, la mujer que la había maldito había aparecido como paladín y reveló la razón por la que la había maldito: su padre había engañado a la pobre mujer, la había dejado embarazada y luego la echó cuando buscó ayuda para su hijo, maldiciéndolos a los en el proceso. Tras ese suceso, había vivido muchas injusticias, que junto al estrés de ver como su hijo era incapaz de dejar de sonreír como parte de su maldición y el que tener que mantenerlo a él junto a ella misma, había causado que muriese de cansancio a muy corta edad. En su último aliento, su espíritu había viajado a la mansión de los Roselei y la maldijo como venganza.

Su medio hermano, Luck de los Black Bulls, había combatido a su lado durante la pelea, pudiendo ayudar a descansar al alma de la pobre mujer. Tras ello, se habían acercado durante estos meses y esperaba que su padre pudiese reconocerlo en poco tiempo.

Con los recuerdos nuevos en mente, Charlotte llegó a la reunión de capitanes sin darse cuenta. Era la primera en llegar, como siempre. Se sentó en su sitio habitual, esperando con ansias que Yami se sentase a su lado. A pesar de la distancia que ambos habían acordado, en las reuniones tras la batalla se habían sentado juntos sin falta y hoy esperaba que no fuese el día en que fallasen. Mientras esperaba a que fuese la hora acordada (siempre llegaba con media hora de antelación), fue saludando a los capitanes que iban entrando. Todavía no se acostumbraba del todo a ver a Yuno en el sitio de William, a Leo en el de Fuegoleon y a otro caballero joven del que nunca recordaba su nombre en el de Jack. Todos le parecían muy jóvenes para ser capitanes, sobre todo Leopoldo, que su altura no le ayudaba. Sin embargo, algo en sus miradas había cambiado tras la guerra, que les hacían parecer mucho mayores. Esto era aun más pronunciado en el caso de Leo, que había perdido el ojo derecho en la batalla, siendo sustituido por uno de fuego gracias a Salamander.

Cuando comenzó la reunión, no pudo evitar sentirse decepcionada.

Yami no había ido.

Yami, completamente empapado, corría bajo la lluvia.

Debido a la gravedad de las heridas de Finral, no podía usar su magia tan a menudo, para su desgracia. Esto provocó que fuese con media hora de retraso a la reunión. En general, no le importaría estas malditas de reuniones (más bien estaría agradecido de que no ocurriesen nunca), menos hoy, que se había prometido a sí mismo que tendría una conversación en condiciones con Charlotte.

Tras meses de espera, finalmente se había recuperado lo suficiente para poder seguir adelante tras la muerte de Julius. Por ello, había intentado reservar mesa en una cafetería bastante conocida en el centro de Clover, pero se había echado para atrás por dos razones: 1. Charlotte tenía una agenda muy ocupada y por lo que intuía, bastante estricta, por lo que no quería molestarla. Y 2. No estaba seguro de que, tras meses de silencio de su parte, quisiese salir con él. Por ello, esperó para preguntarle primero y ya después acordar la cita.

Ahora, su principal problema era llegar a la reunión a tiempo y poder hablar con ella.

Charlotte, junto al resto de los presentes, giró la cabeza cuando oyó un golpe en la puerta. Yami, que se encontraba completamente empapado y casi sin aliento, acababa de llegar. Murmuró una disculpa mientras se sentaba a su lado, sin quitarle la mirada, sin siquiera hacerle caso a las réplicas de Nozel. Esto causó que se tensase involuntariamente, colocando sus manos en sus muslos.

"Tenemos que hablar al acabar" le susurró mientras se inclinaba hacia ella, causándole un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y un sonrojo leve. Lo miró directamente a los ojos, buscando alguna señal que le permitiese saber que quería decirle. Él, mientras continuaba mirándola, le sonrió y le intentó agarrar la mano debajo de la mesa. Sin embargo, se arrepintió en el último momento, causando que el movimiento quedase en un leve roce. Avergonzado, rompió el contacto visual y giró su cabeza hacia Nozel, para intentar atender a la reunión.

Rápidamente, Yami sintió como le agarraban fuertemente la mano. Se giró a verla, encontrándose con su sonrisa, que no pudo evitar devolver mientras entrelazaba sus dedos con los de ella.

Aunque al final no se enterasen de nada de la reunión, si alguien les preguntase, no podrían negar que fue una reunión muy fructífera.