«Profesora ¿Qué tipo de prueba tendremos hoy? ¿Selección múltiple? ¡Bien! Escogo no tomarla.»
—Patty.
Ambas mujeres llegaron empapadas a la tienda de Urahara. Empapadas de los pies a la cabeza y con las ropas húmedas pegadas a las pieles de manera casi incómoda. Pero pese a todo muertas de la risa. Estaban tranquilamente disfrutando de un paseo por Karakura cuando la lluvia las cogió por completo desprevenidas. No es que a ellas les molestase mojarse o algo por el estilo, de hecho a Yoruichi le gustaba mucho dejarse bañar por la lluvia. Pero había sido de lo más divertido el cómo de un momento a otro una fuerte llovizna había comenzado a caer sobre Karakura, casi como si hubiera explotado un enorme globo de agua en el cielo. Para mala suerte de ambas no habían traído ninguna sombrilla, y tardaron un poco en regresar a la tienda a carencia de otros techos. Por lo que cuando llegaron estaban literalmente chorreando agua al punto de que la alfombra de bienvenida en la tienda quedó también empapada.
—Quédense ahí tortolitas. Acabo de limpiar el piso —les advirtió Tessai. Luego les dijo que les traería toallas y se fue directo al pasillo.
Mientras esperaban aún paradas en la entrada. Yoruichi se fijó de reojo en cómo la blusa blanca de Soi Fong, mojada se le ajustaba a la cintura y dejaba ver su sostén. Sonrió traviesamente.
—No está nada mal —dijo a lo que la otra muchacha la miró confundida.
—¿No está mal qué?
—La vista. No está nada mal —y como para hacer énfasis en su punto la mujer morena barrió con los ojos la figura mojada de la más pequeña.
Esta vez Soi Fong sí captó la indirecta. Pero sólo pudo cruzar los brazos como tratando de cubrirse el torso y hacer una mueca.
—Pervertida —masculló. Pero también un pequeño sonrojo se formó en sus mejillas.
Un momento después el ex-líder de la división Kido apareció con un conjunto de toallas de colores. Las chicas se secaron el cuerpo, el cabello y se escurrieron la ropa sólo lo suficiente para no volver el piso un desastre mojado, dejaron sus zapatos empapados entre otro par de toallas y finalmente pudieron ir al cuarto de Yoruichi a bañarse y cambiarse. Para evitar contraer un resfriado según les dijo Tessai.
La primera en entrar a bañarse fue Yoruichi por insistencia de la capitana. Quien hizo caso omiso cuando la mujer morena le "sugirió" bañarse junto a ella. Finalmente Yoruichi se resignó y entró sola al baño. Por su parte Soi Fong la esperó sentada en la cama, revisando su teléfono que gracias al rey alma no se había mojado lo suficiente como para arruinarse. Luego Yoruichi salió envuelta en una toalla y sacó unos pantalones cortos blancos y un top beige para vestirse, sin ropa interior. Por más que con voz seductora le dijo a Soi Fong que no le importaría si decidiese "echar un vistazo" la capitana firmemente le dio la espalda y mantuvo la mirada fija en su teléfono hasta que estuvo segura de que la mujer de pelo violeta estuvo vestida.
Soi Fong no pensaba admitir ni para sí misma que varias veces había tenido que resistir la tentación de observar a su novia aunque fuese por el rabillo del ojo.
De cualquier manera, esta vez Soi Fong se metió en el baño y lo cierto es que se quedó en la bañera un rato más largo del que se había quedado Yoruichi, porque el agua caliente aparte de aliviar el intenso frío que no sabía que tenía debido a la lluvia helada había relajado de sobremanera sus músculos tensos al punto de casi quedarse dormida. Pero se levantó y de la misma manera salió con una toalla y se encontró con su novia en la cama, leyendo un libro. Al oír la puerta abrirse Yoruichi alzó la cabeza y tras ver a su chica mojada y con sólo una toalla cubriéndola sonrió maliciosamente.
—Ni siquiera lo pienses —espetó con severidad la capitana y se dirigió al armario de la morena para buscar algo de ropa.
Por desgracia la ropa que Yoruichi solía guardarle cuando iba a visitarla no estaba ahí. Cuando se lo comentó a la morena y esta se levantó para ayudarla a buscar y no encontraron nada. La ex-comandante consideró que Tessai había sacado la ropa de su rincón normal y la había mandado a la tintorería, por lo que para evitar que su pobre abejita se quedase en toalla y se expusiese a un resfriado buscó algo en su propio armario.
Sacó un suéter esponjoso y un tanto largo, de rayas blancas y negras. En algún momento Orihime se lo había regalado como una disculpa por haber olvidado su cumpleaños y el de Urahara —Yoruichi le había dicho que no era necesario, que estaba acostumbrada pero eso afectó más a la jovencita que no le permitió rechazarlo—. La verdad es que Yoruichi no lo había utilizado porque simplemente no era su estilo, aparte de que se veía a primera vista que le quedaría demasiado ancho. Pero le pareció la prenda perfecta para que Soi Fong usara hasta que le consiguiesen ropa real.
Soi Fong no mostró demasiado en el momento. Pero después de quitarse la toalla y ponerse el suéter, sin ropa interior también. La capitana se sonrojó al sentir la esponjosa tela sobre su piel y notar que tenía un aroma a nuevo, mezclado con el perfume natural de Yoruichi. Además de que sólo pensar que se iba a poner una prenda que le pertenecía a su novia era suficiente para sentir un cosquilleo agradable en su estómago y en toda su piel.
—¡Aww te ves adorable! —exclamó Yoruichi una vez que volvió a mirarla ya vestida. Porque por muchos juegos sugerentes que le hiciese a Soi Fong jamás la miraría si ella no estaba cómoda con ello. Soi Fong rodó los ojos.
—Esto es temporal —contestó la capitana. Tratando de convencer tanto a la morena como a sí misma. Por más que ya le pareciese de lo más agradable estar usando ese suéter grande, suave y perfumado con el aroma de Yoruichi.
Yoruichi exhaló una risa y agarró a Soi Fong de la muñeca, tiró de ella con tal fuerza que la capitana soltó un grito ahogado y cayó en la cama junto a ella y al instante en que Soi Fong quedó tumbada sobre la suave cobija beige y en la almohada blanca enredó uno de sus brazos en la cintura de la otra chica. Mientras que el otro lo tenía flexionado para apoyar su cabeza en la mano.
—Esto te queda mejor que a mí —murmuró la morena con una sonrisa la mujer de ojos ámbar.
—No lo creo. Me queda enorme —replicó Soi Fong.
—Por eso dije antes que te ves adorable. Además... —la mueca de Yoruichi se volvió burlona— Vi hace un segundo en tu expresión que te gustó mucho más que a mí ¿Quieres quedártelo?
—¿Eh? ¡No, claro que no! —exclamó Soi Fong. Ya tenía un pequeño pero notorio rubor en sus mejillas— Lo que me gustó tanto no fue el... Suéter en sí. Lo que me gusta tanto es saber que es tuyo —la joven tosió avergonzada—. Ya sabes. El hecho de que sea algo tuyo que me diste a mí hace que sea mucho más especial para mí.
—¡Eres adorable! —casi chilló Yoruichi casi estrujando a Soi Fong en sus brazos. Sabiendo que no podía resistirse aunque quisiese Soi Fong rodeó con su propio brazo la cintura de Yoruichi y apoyó su mejilla en el pecho de la mujer de piel oscura.
Ambas se quedaron así por un momento. En silencio y mirando al techo. Sin embargo Soi Fong notó cosas extrañas que la morena estaba haciendo con la mano con la que no la abrazaba y tuvo que usar su mano libre para apretar el suéter contra sus piernas.
—Yoruichi —la llamó con severidad. La morena había tratado de levantarle de más el suéter. Y estaba casi segura de que Yoruichi sabía que no llevaba nada debajo.
La de cabello violeta sonrió tímidamente.
—Valía la pena intentar.
