«Eres la delgada línea entre la fé y la espera ciega.»
—Rupi Kaur.
—Yoruichi-san está rara.
Fue lo primero que le dijo Ichigo al tendero, al ver cómo la mujer morena de repente pasaba junto a él casi que sin mirarlo, sólo para encerrarse en su habitación. Por un lado Ichigo agradecía que Yoruichi no hubiese empezado a irritarlo con sus bromas de doble sentido o se hubiese aparecido desnuda. Pero también lo desconcertaba un poco.
Kisuke sonrió y simplemente contestó: —Tiene una videollamada con alguien especial.
—No sabía que Yoruichi-san supiese usar tecnología. Menos aún que supiese lo que son las videollamadas —esa frase sonaría ofensiva en más de un sentido. Pero el rostro de Ichigo se veía sinceramente sorprendido.
Cosa que cabe destacar, lo volvía más ofensivo.
—Claro que ella sabe usar tecnología, Kurosaki. Si no supiese hacerlo no podría manejar las armas que he creado para ella o alguno de mis aparatos —señaló lo obvio con evidente ironía.
—Claro —Ichigo se rascó la nuca. Avergonzado de sí mismo y de su tonta duda. Kisuke rió entre dientes.
—Parece que la Universidad te está comiendo un poco la cabeza —volvió a comentar el rubio.
—Sin duda —bufó—. Los días en los que falto por tener que tratar con huecos me cuestan carísimo. Y sólo Orihime se digna a ayudarme a recuperar las clases aunque sea contra la voluntad de Ishida.
—¿Ah sí? —dijo Kisuke sin prestarle demasiada atención esta vez al muchacho de cabellos naranjas. Estaba ocupado buscando algo. Su inseparable abanico.
El tendero hizo una mueca y tras una escueta disculpa desapareció por el pasillo a buscar su preciado abanico, mientras que Ichigo continuaba quejándose en voz baja de cómo el Quincy apenas lo dejaba estar con Orihime desde que oficializaron su relación, y más aún ahora que estaban durmiendo juntos. Y de cómo este se justificaba diciendo que "podría ser una mala influencia" para su novia, que cabe destacar ya era una adulta hecha y derecha y de las mejores de su facultad en la Universidad.
De cualquier forma, el tendero buscó por varias habitaciones su abanico. Incluidas las habitaciones de Jinta y de Ururu e incluso la de Tessai. Por más que buscó e incluso revolvió la mayoría de los cajones —cabía aclarar que ni siquiera se acercó al cajón de la ropa interior de Ururu— no encontró su abanico, y ya algo frustrado se dirgió a la habitación de Yoruichi. La puerta estaba cerrada, pero la abrió y entró como Pedro por su casa.
La dueña del cuarto estaba en su futón, sentada con las piernas cruzadas y la computadora delante de ella. Ni siquiera se inmutó cuando Kisuke entró sin avisar en su cuarto, pero la muchacha al otro lado de la pantalla, con la que hablaba Yoruichi, sí que pareció notarlo.
—¿Quién acaba de entrar? —preguntó Soi Fong.
—Sólo es Kisuke. Seguro busca algo —contestó con simpleza la morena. Para luego sonreír cuando la capitana soltó un gruñido.
Rebuscando en uno de los cajones del armario de la morena Kisuke no pudo evitar sonreír también. Por más de un motivo.
—¿Qué me decías antes? —volvió a hablar Yoruichi.
—La asociación de mujeres Shinigami ha perdido por completo la cabeza —se quejó Soi Fong con un bufido de por medio—. Hace poco a Matsumoto se le ocurrió la magnífica idea —la muchacha hizo un énfasis sarcástico en la palabra magnífica— de usarnos a mí, a Kotetsu y a Yadomaru para que los demás pagaran a cambio de un beso ¡Y la mayoría aceptó! ¡¿Eso no es prostitución?!
Yoruichi la miró con leve pesar. Mientras que Kisuke ahora buscaba entre los ganchos y dónde guardaba los zapatos.
—¿Te sorprendería si te dijera que no es la cosa más rara que Matsumoto es capaz de hacer en mi opinión? —cuestionó Yoruichi y Soi Fong, tras un momento de silencio suspiró.
—No, a mí tampoco —confesó— ¡Pero lo más extraño de todo es que incluso Yadomaru accedió!
—Eso no me sorprende. La mente de Lisa es más sucia que una alcantarilla —comentó Yoruichi.
—¡En eso estoy de acuerdo! —intervino Urahara aún metido en el armario.
—¿Por qué sigue ahí? —preguntó bruscamente Soi Fong y el rubio estaba muy seguro de que la capitana tenía una mueca de desagrado en su rostro.
Oh, Soi Fong. Siempre tan encantadora y gentil.
Yoruichi soltó una breve carcajada. Pero de todas maneras se dirigió a su amigo por primera vez.
—Es verdad ¿Qué tanto buscas, Kisuke?
—¿Has visto mi abanico, Yoruichi-san? Creo que desde esta mañana no lo tengo ¡Y no soy nada sin él! —clamó exageradamente el tendero aún de rodillas, con una mano alzada de forma dramática y la otra empuñando la tela de su pecho. Desde la pantalla se oyó como Soi Fong mascullaba «Payaso».
—Oí a Tessai decir que lo puso en un lugar especial para que aprendieras a no dejar las cosas tiradas como si nada por la casa. Pero no me preguntes dónde lo puso porque no sé.
El ex-líder del Departamento de Investigación y Desarrollo soltó un pequeño suspiro cansino y finalmente dejó el armario de Yoruichi para buscar bajo las mesas.
—Espero que no hayas hurgado en mi ropa interior, Kisuke —increpó Yoruichi no sin antes enmudecer su micrófono. Puesto que si Soi Fong la escuchaba armaría el escándalo del siglo.
—Como si usaras mucha ropa interior —contestó el aludido mirándola por encima del hombro, a gatas debajo de una mesa alta.
—Touché —Yoruichi esbozó una sonrisa felina. Y luego volvió a dirigir su vista a la pantalla y encendió el micrófono— ¿Qué haces? —le preguntó a Soi Fong que había agarrado su celular y le estaba mensajeando a alguien.
—Eran Jon y Mei-chan —respondió Soi Fong con simpleza.
Por otro lado Yoruichi no pudo evitar gruñir al sólo oír el nombre de la amiga de Soi Fong.
—¿Qué querían? —cuestionó de forma un poco más seca.
Mientras que Kisuke se había vuelto a erguir para observarlas con una ceja alzada en dirección a su amiga de la infancia. Normalmente no se veía tan irritada al sólo tener noticias de alguien.
O Yoruichi se estaba contagiando del mal humor de Soi Fong, o los encantadores amigos de la capitana habían hecho algo muy grave para molestarla —tenía entendido que con la actriz nunca habían tenido "buenas migas" por decirlo de alguna forma— o la morena estaría ¿Celosa?
—Ambos... Simplemente presumir —Soi Fong dejó su celular a un lado—. Jon está entusiasmadísimo desde que formalizó su relación con su novio, y me estaba hablando de cómo fue su cita hoy en una piscina. Mei igual. Hoy celebró su aniversario con Aioros y... Vaya. Le decoró la habitación con fotografías y globos, le dio flores y hoy fueron juntos a un Onsen. Mire —después la capitana acercó su celular a la pantalla para que Yoruichi pudiese ver la foto que su amiga había enviado. En la que la chica sonreía de oreja a oreja mientras que su novio le besaba la mejilla. Sosteniendo en sus manos un ramo de lirios, lilas y orquídeas.
—Qué bonito —dijo Yoruichi. Su mirada se había suavizado de sobremanera tras oír a la capitana y ver esa foto.
—Sí... Es lindo que ellos tengan eso —murmuró Soi Fong.
—¿A ti te gustaría tener algo así, Soi Fong? —habló la morena de un momento a otro.
Soi Fong tardó en procesar lo que su antigua maestra le había preguntado. Pero en cuánto lo hizo su rostro se iluminó de color rojo, tanto que empezó a sacar humo por las orejas, y empezó a negar frenéticamente y a hablar sin entenderse ni siquiera a sí misma.
—¡Lo que dije fue que es lindo que ellos tengan esas cosas! ¡Quise decir que estoy feliz por ellos! ¡Nunca dije que los envidio o algo parecido! ¡Eso estaría mal y.. ¡¿Acaso me cree envidiosa o algo parecido?! ¡Porque si es así...
La morena interrumpió la perorata de la capitana con una estruendosa carcajada.
—¡Nunca dije que les tenías envidia, Soi Fong! —exclamó entre risas— ¡Sólo te pregunté si te gustaría que alguien hiciera cosas así por ti!
Un momento en silencio. Uno en el que Soi Fong se cruzó de brazos y se negó a mirar a Yoruichi por un momento, con el ceño fruncido en una especie de actitud de berrinche. Hasta que lentamente y casi como si le doliese la muchacha dijo:
—Tal vez.
—¡Aquí está!
El chillido casi femenino de Urahara hizo saltar a la morena e incluso a Soi Fong desde el otro lado de la pantalla. El tendero finalmente había encontrado su preciado abanico en una esquina de la habitación en la que estaban amontonados un par de futones. A saber por qué Tessai había decidido ponerlos ahí pero la verdad el rubio no pensó mucho en eso. Salió como un rayo de la habitación de la morena una vez tuvo lo que quería y se perdió el resto de la conversación.
Aunque después lo pensó mejor; y se dio cuenta de que en algún momento la mirada de Yoruichi tenía un destello extraño, un ápice de algo que no distinguía muy bien pero no se parecía en nada a la forma en la que Yoruichi lo miraba a él, a Kuukaku o incluso a Byakuya.
Desde la videollamada Kisuke empezó a notar cosas cada vez más particulares con respecto a su amiga, en especial cuando Soi Fong estaba de visita o cuando hablaban por teléfono o hacían otras videollamadas. No sólo se trataba de la mirada que le había visto aquella ocasión cuando Yoruichi pensaba que no les estaba prestando ninguna atención. Sino que notó cambios en general en el comportamiento de la ex-princesa. Comportamientos que, o sólo él notaba, o todos los demás lo notaban también pero sencillamente no se atrevían a meterse con cosas que no eran de su incumbencia.
Yoruichi parecía estar desarrollando una complicidad con Soi Fong que el tendero jamás habría imaginado ni siquiera en ellas. Y eso que él presenció hace cien años el alcance del lazo que ellas tenían en ese tiempo que fueron maestra y alumna. Hablaban por teléfono casi todos los días y las conversaciones podían terminar extendiéndose hasta por una hora, no más que eso a causa de las ocupaciones de la capitana. Las risas y hasta largas carcajadas que le escuchaba a Yoruichi nada tenían que ver con las risas normales cuando se burlaba de Ichigo, cuando molestaba a Byakuya o incluso cuando charlaba con él. Urahara no sabría cómo describirlo. Pero podía decir que algo en el timbre cambiaba. Se hacía más alegre, más cálido y libre. La risa de alguien que no teme mostrar un lado especial de sí mismo a otra persona.
A veces espió sus videollamadas. Y aquello persistía. Esa mirada era exactamente la misma en su mayoría. Pero de a poco la chispa que antes no había podido identificar se volvía más nítida. Era alegría mezclada con una pizca de tristeza, un sentimiento de confort pero con una contradictoria soledad al mismo tiempo. Algo similar al anhelo por algo que ya estaba a su lado.
La sonrisa de Yoruichi se hacía cada vez más gentil sin perder su aire juguetón. Su ánimo era incluso más animado que de costumbre como si se hubiese sacado un peso de los hombros, o hubiese recibido un regalo nuevo esperado por tantísimo tiempo. Tanto que incluso Ichigo o Rukia, en sus ocasionales visitas a la tienda llegaron a comentarlo. Cuando le preguntó al respecto la morena sólo le contestó que Soi Fong lentamente empezaba a dejar atrás el honorífico sama, y empezaba a tratarla más como una persona real y menos como a una diosa. Decía que era un grandísimo alivio. Que le alegraba un montón que su pequeña abeja finalmente quisiese ser su amiga. Pero Kisuke, con una mirada seria le dijo.
—Pero eso en realidad no es suficiente para ti ¿No, Yoruichi-san?
Yoruichi no respondió.
La primavera se hacía presente, y con ella el ambiente empezaba a cambiar. La temporada del amor según el público. Casi al mismo tiempo las parejas empezaban a surgir entre los conocidos de los habitantes de la tienda de Urahara. De un momento para otro Lisa y Nanao comenzaban una relación —tan inocente que ni él ni Yoruichi pudieron procesarlo al tratarse de... Bueno, de la pervertida de Lisa—, el cabezón de Ichigo se encontraba "amarrado" a alguien incluso más cabezón que él, el capitán Hitsugaya se empezaba a notar cada vez más "cercano" a la jovencita Karin Kurosaki —no había que mencionar que a menudo Ichigo hervía de rabia con esto—, Rukia y el teniente Abarai cumplían un año siendo pareja. En fin, el amor llovía en el aire.
Con un sonrojo en sus mejillas. Kisuke se atrevería a admitir que incluso él mismo se había visto más interesado de lo normal en el capitán Hirako. El que hace cien años hubiese sido su compañero y al que no pudo salvar de ser una de las ratas de laboratorio de Aizen.
Pero ese no era el caso. El punto era que un día, Kisuke descubrió, con un sentimiento parecido a la ternura, que incluso su amiga de la infancia se había visto afectada por el aroma a amor. Porque justo después de que hubiesen tenido esa pequeña conversación en la que sólo recibió silencio Yoruichi empezó a abrirse cada vez más con él. Empezó a hablarle de como sus sentimientos por Soi Fong, que una vez fueron mero cariño de hermana mayor, ahora eran sentimientos demasiado complejos de encasillar. Sentimientos que por un lado la habían hecho sentir tan bien como si tuviese cálidas burbujas en todo su interior, pero que al mismo tiempo le generaba un nudo en la garganta como si en el fondo quisiese en verdad decir algo pero algo en su propia mente se lo impidiese.
Así es, Yoruichi estaba enamorada.
En el momento lo único que Kisuke pudo hacer fue sonreírle y decirle que la apoyaba. Que estaba más que bien lo que estaba sintiendo. Incluso terminó por comentarle ciertos detalles con respecto a su pequeño enamoramiento hacia el antiguo líder de los Vizards. No necesitó que la morena hablara para notar que esta se sentía mucho mejor después de aquella conversación. Después de comentarle algo cuanto menos, demasiado personal.
—Para eso son los amigos —le había respondido Kisuke con una sonrisa—. Ahora dime ¿Qué piensas hacer al respecto? ¿Cómo piensas conquistar a tu dama?
