«Eres muy bonita, Midori... Tan bonita como para hacer que las montañas se derrumben y el mar se seque.»
—Norwegian Wood (Tokyo Blues).
Sólo Kisuke y Tessai sabían que a Yoruichi le encantaban las compras.
Era una de las pocas cosas que a la ex-princesa sí que le daba vergüenza contar. Porque cualquiera podría quedarse helado al saber que a la poderosa ex-comandante del Omnitsukido, la que apaleaba o aplastaba a cualquiera sin siquiera hacer uso de su Zampakuto, aprovechaba cualquier oportunidad para hacer algo tan banal como lo era recorrer un centro comercial, probarse ropa y crear conjuntos.
Era una suerte que ni el grupo de Ichigo y Rukia ni la asociación de mujeres Shinigami frecuentase demasiado su centro comercial favorito. Le había reservado demasiados sustos a la mujer de cabellos violetas de que la descubriesen haciendo algo que resultaba demasiado anticlimático para alguien como ella. Algo que muy probablemente arruinaría su reputación para siempre e incluso haría que el poco respeto que sus antiguos compañeros le tuvieron desapareciese por completo.
Bueno. Quizá no tan así pero el punto es que no quería que nadie lo supiera.
Para ser honestos la razón por la que le gustaba tanto comprar era algo parecido a un sentimiento de libertad, de cotidianidad. Durante los años que pasó siendo líder del clan Shihoin y la comandante del Omnitsukido jamás en su vida había tenido que comprar su propia ropa. Obviamente porque se la daban ya hecha a su justa medida. De por sí apenas salía de su mansión más allá de las misiones. Cosa que toda su vida la había hecho sentir encerrada, ahogada. Recordaba que hubo un tiempo en el que estaba harta de todo, los cuellos de los lujosos vestidos con los que la vestían se sentían como sogas en su cuello, dispuestas a ahorcarla hasta la muerte si hacía algo mal. Los tocados le apretaban la cabeza como si deseasen aplastarla. Estaba harta de usar esos atuendos que no le pertenecían por más que fuesen hechos para ella. Esos atuendos que no decían nada sobre ella y que de todos modos, pasaron a pertenecer a otra persona cuando ella escapó de la Sociedad de Almas años después.
Con todo esto; desde la primera vez que salió de compras se enamoró de la actividad de buscar y elegir su propia ropa. Pagarla con su propio dinero sin que nadie le dijese que debía o no elegir. El mezclarse con otras mujeres comunes y corrientes y tener la alegría de saber que, estando allí no era nada diferente a ellas era una de las cosas que más le gustaban de ir de compras.
Por el momento su pareja no sabía de esta rara afición que ella tenía. Y no es como si Yoruichi pretendiese ocultárselo, pero tampoco tenía la intención de decírselo sin más. Sabía que Soi Fong jamás la juzgaría sólo porque le gustase ir de compras sin importar cuánto se quejara de los viajes de compras de Matsumoto y de la Asociación de mujeres Shinigami. Pero si incluso con sus amigos desde bebés tenía cierto grado de vergüenza era difícil no tenerlo con su propia novia.
Eso hasta una ocasión en la que Yoruichi esperaba junto al Senkaimon a Soi Fong. Ya preparada para ir simplemente a dar una vuelta por Karakura y buscar lugares que todavía no hubiesen recorrido. Por una vez en bastante tiempo en la calle no hacía ni demasiado frío ni demasiado calor, pero Yoruichi prefirió llevar una sombrilla y una chaqueta sólo por si acaso. Y de paso también le pidió a Soi Fong que trajese su propio abrigo.
Por mensaje Soi Fong le había comentado por mensaje que había tenido que traer de antemano a alguien especial a quien no podía dejar, asimismo le preguntó si no le molestaba. A Yoruichi le picó un poco porque normalmente le gustaba tener entera intimidad con la capitana. Pero le dijo que no había problema, que seguro sería más divertido el paseo con alguien más.
Empezó a notar las señales de que en el Senkaimon estaba llegando alguien. Sabiendo bien de quién se trataba Yoruichi sonrió de oreja y dejó su teléfono para ponerse de pie y recibir a su ex-discípula con los brazos abiertos.
—¡Bienvenida Soi Fong! ¿Cómo has esta...?
Pero cuando la única respuesta que recibió fue un ladrido la sonrisa desapareció por completo de su rostro y este mismo palideció. Por instinto miró hacia el suelo y justo algo surgió del Senkaimon, algo que definitivamente no era su chica.
Algo pequeño, muy peludo, ruidoso y con dientes muy afilados.
¡Y que se dirigía hacia ella!
—¡Soi Fong! —gritó la morena y luego echó a correr a toda máquina por el primer pasillo que se le ocurrió. Pero el animal inusualmente rápido casi que le pisaba los talones sin dejar de ladrarle.
Llegó a su habitación, se transformó en gato lo más rápido que pudo y dio un gran brinco al escritorio y después se trepó arriba del armario. Ahí se quedó, temblando mientras la criatura seguía ladrándole y con las patas delanteras contra las puertas del closet. Como si amenazara con subir también.
—¡Soi Fong! —llamó con voz temblorosa otra vez.
En esos momentos la mencionada capitana entró a la habitación y suspiró al encontrarse a su novia en forma de gato, temblando como una hoja en lo alto de su armario y en el suelo a su exaltada mascota. La joven se inclinó y recogió en sus brazos al ovejero Shetldand de color gris con manchas negras y pecho blanquecino, y lo acarició para calmarlo un poco mientras que la mujer hecha gato se alejaba del borde ¿Quién le decía que esa cosa no podría saltar hasta allí y morderla?
—Era... ¡¿Era a ese animal al que dijiste que traerías?! —reclamó con su voz masculina. Aunque las orejas bajas y su lomo erizado le quitaban el toque amenazante que quería dar.
Soi Fong suspiró: —Yoruichi. No tenía un lugar lo bastante confiable para dejar a Moon. Y Omaeda no era una opción. Ese tonto apenas sabe cuidarse a sí mismo, menos podría vigilar a un perro. Así que decidí traerlo.
Yoruichi se apretó más contra la pared: —Por lo menos tráelo amarrado, o con bozal ¡Lo que sea! ¡En cualquier momento puede morderme el cuello y tú tendrías que lidiar con el que tu perro haya matado a tu novia!
—No exageres, Yoruichi —Soi Fong rodó los ojos—. Moon sólo quiere jugar contigo. No mordería ni a una mosca.
—Tú no lo sabes... Tú no ves la maldad en sus ojos.
Los ojos felinos de Yoruichi se toparon con los oscuros ojos del cachorro. Este le dio una sonrisa canina enseñando sus colmillos y agitó la cola.
—Míralo. Sólo quiere ser tu amigo —Soi Fong sujetó del torso a Moon y estiró los brazos hacia arriba, como si quisiera que Yoruichi lo mirase bien.
—¡Aleja esa bestia de mí! —exclamó casi saltando al otro lado del armario. Soi Fong volvió a suspirar.
En contexto, Soi Fong había encontrado a Moon hace unos ocho meses durante una de sus patrullas. Había encontrado al pobre animalito de recién nacido, en una caja con las palabras "Adóptame" escritas, temblando de frío y sin nada a la vista para comer. La capitana había querido pasar de largo. Pero era simplemente inhumano dejar a la interpérie a una criaturita tan frágil, y esos ojos oscuros que le suplicaban un refugio.
No pudo resistirse, Soi Fong llevó al animalito a sus aposentos escondido en su haori. Lo alimentó, le preparó una cama entre sus ropas y lo bañó para quitarle las pulgas que podría tener. Para el amanecer la joven se había terminado enamorando por completo del cachorro que se pegaba a ella como si fuese su madre y terminó poniéndole un nombre, relacionado con los colores de su pelaje similares a los de la Luna y sus manchas. Y fue Omaeda quien se encargó de pagar grandes cantidades de comida para perros, juguetes y un collar.
Por otra parte, Yoruichi tuvo que recordar con dolor que su novia era una amante de los animales. Y en contra de lo que se podría pensar los perros no eran la excepción. Soi Fong también tuvo que aceptar con un suspiro que Yoruichi odiaba los perros.
Más bien les temía. Pero la ex-princesa no aceptaría que le temía a los perros ni siquiera bajo tortura.
No hacía falta mencionar que había entonces comenzado una guerra unilateral entre el can y Yoruichi. Que insistía en que Moon quería matarla a mordidas porque el cachorrito siempre la seguía entre ladridos, y sólo trepándose en lo primero que encontrase lograba "librarse" de él. Cabe destacar que siempre acababa siendo regañada por la capitana mientras que Moon salía impune ¡Más razón para creer en la oscuridad en el alma de ese perro!
La capitana volvió a suspirar y devolvió a Moon a su pecho.
—¿Si le pongo su correa bajarás de ahí? —El gato negro sólo asintió.
—Pudiste dejarlo con tu familia.
—Ni loca. Sólo podría contar con mi clan si les pidiera que lo entrenaran para rastrear cuerpos —contestó la capitana.
—¿Alguien de tu escuadrón?
—Podrían lastimarlo —replicó Soi Fong.
—¿Y si lo dejabas con Komamura que también tiene un perro?
—Komamura-taicho ya está lo suficientemente ocupado para que le dé una responsabilidad innecesaria.
Yoruichi suspiró cansina, y a una distancia prudente pero aún cercana a la capitana se atrevió a darle una mala mirada al perro que seguía en los brazos de Soi Fong, con la correa amarrada y siempre mirándola con sus enormes ojos oscuros y la lengua afuera. A pesar de que en la tienda Yoruichi había dicho que se bajaría del armario si Soi Fong le colocaba correa a Moon, casi en seguida la mujer felina había saltado al escritorio debido a que Soi Fong puso a Moon en el suelo y este como siempre quiso correr hacia ella, siendo detenido solamente por la correa. Por esto mismo la morena se rehusó a bajar al suelo hasta que Soi Fong con un suspiro volvió a cargar al perrito mientras su novia tomaba su forma humana, se vestía con la ropa que usaba antes de la aparición del cachorro y lo llevó en brazos todo lo que llevaban de camino.
Yoruichi suspiró cansina, y a una distancia prudente pero aún cercana a la capitana se atrevió a darle una mala mirada al perro que seguía en los brazos de Soi Fong, con la correa amarrada y siempre mirándola con sus enormes ojos oscuros y la lengua afuera. A pesar de que en la tienda Yoruichi había dicho que se bajaría del armario si Soi Fong le colocaba correa a Moon, casi en seguida la mujer felina había saltado al escritorio debido a que Soi Fong puso a Moon en el suelo y este como siempre quiso correr hacia ella, siendo detenido solamente por la correa. Por esto mismo la morena se rehusó a bajar al suelo hasta que Soi Fong con un suspiro volvió a cargar al perrito mientras su novia tomaba su forma humana, se vestía con la ropa que usaba antes de la aparición del cachorro y lo llevó en brazos todo lo que llevaban de camino.
No es como si le gustase esto mucho a la morena. Porque ese animal estaba llenando de pelo uno de sus lugares favoritos. Pero era eso o arriesgarse a que esa cosa la persiguiese para arrancarle la piel de una mordida.
Por más que Soi Fong le hubiese explicado cientos de veces que Moon no era agresivo, y menos lo sería con ella.
De cualquier forma, ambas mujeres llegaron caminando al Centro comercial que Yoruichi siempre solía frecuentar. La idea era en un momento era comer en un restaurante bastante moderno y bonito, lleno de luces rosas y flores sintéticas que la morena había encontrado alguna vez paseando por allí, en dónde según ella el pescado sabía a gloria y sólo por eso había decidido llevar a su novia ahí. Y para colmo aceptaba mascotas para suerte de Soi Fong y desagrado de Yoruichi. El caso es que, cuando tomaron las escaleras eléctricas y se dirigían a la zona de comidas de un momento a otro Yoruichi se detuvo, y por pura inercia Soi Fong también lo hizo. Debido a que ella no conocía muy bien aquél Centro comercial y Yoruichi era quien la guiaba.
—Yoruichi ¿Qué pasa?
La morena se había quedado mirando una tienda. Más específicamente algunos de los conjuntos que se exhibían en los maniquíes. Había por ahí un corsé que le había gustado un montón, unos pantalones, botas ¡Ni siquiera le gustaban los tacones pero unos plateados por ahí le habían llamado la atención!
—¿Yoruichi? —el nuevo llamado de la más baja, sumado al pequeño ladrido de Moon devolvieron a tierra a la de cabello violeta. Quien se sobresaltó un poco— ¿Te gustaría tener algo de esa tienda?
Yoruichi la miró a los ojos. Por alguna razón parecía más ¿Tímida? ¿Apenada?
—¿Crees que sería raro si te dijera que sí? —respondió con otra pregunta, muy para sorpresa de Soi Fong.
¿La descarada Yoruichi Shihoin viéndose avergonzada por algo tan simple como que le hayan gustado unas prendas en una tienda? Esto sí que era nuevo.
—Claro que no, cielo —le dijo con cariño—. Si quieres algo de ahí podemos conseguirlo.
Como si hubiese contado alguna noticia excelente, de un momento a otro la morena sonrió de oreja a oreja y sus ojos dorados se iluminaron de sobremanera. Como una pequeña niña a la que le han dicho que le compraran esa muñeca nueva que pidió por muchísimo tiempo.
—¡Entonces vamos! —dicho esto agarró del brazo a la capitana y la arrastró adentro de la tienda. Tan de repente y con tal brusquedad que a Soi Fong casi se le caía su mascota.
A Soi Fong casi se le caía la mandíbula de la sorpresa en más de una ocasión. Porque no había sido sólo una prenda la que al parecer le había llamado la atención a su antigua maestra sino que conjuntos completos de ropa. Soi Fong admitía que se descolocó bastante y en un punto incluso terminó recordando como la teniente Matsumoto se gastaba el dinero de la asociación de mujeres Shinigami en cantidades exponenciales de ropa. Ropa que en su mayor medida era para ella sola mientras que las demás prácticamente sólo le hacían compañía.
Pero en lugar de molestarse lo cierto es que le resultó de lo más tierno el modo en el que Yoruichi se movía por la tienda con la misma emoción que una niña en medio de una dulcería. La manera en la que sus ojos brillaban cuando escogía un conjunto y ella decía que le quedaba bien. También se encontró en varias ocasiones teniendo que meterse en el probador sólo porque Yoruichi había encontrado algo que le parecía que le quedaría bien a ella y la incitaba a ir a probárselo o a combinarlo con alguna otra cosa. Moon ladraba como a manera de aprobación y se quedó ese rato sentado en el suelo, obedientemente. Tanto que incluso Yoruichi se sentó junto a él como si no hubiese nada de qué preocuparse
Sin darse cuenta Soi Fong terminó disfrutándolo también. Recorrieron otras dos o tres tiendas en el que crearon sus pequeños desfiles de modas e incluso se permitieron tomarse algunas fotos frente al espejo con sus ropas nuevas. Pasaron todo el mediodía comprando ropa hasta que finalmente les dio hambre y decidieron ir al restaurante al que tenían planeado ir antes. Pidieron ambas soba y sopa de miso y por un buen rato se quedaron conversando con las bolsas de compras agrupadas a sus pies, soltando de vez en cuándo risotadas que incluso llegaban a asustar a los meseros.
—¡No me digas! —exclamó la morena entre risas— ¡¿Cómo que para no caerte tú...?! —Yoruichi no pudo seguir hablando por las carcajadas.
—¡Le dejé una marca en la cabeza porque además apreté los dedos! —respondió Soi Fong entre risas. Moon estaba en su regazo comiendo unos palillos de carne seca que una mesera le había dado— ¡En mi defensa... Fue un accidente!
Cuando salieron del restaurante y luego del Centro comercial, cansadas pero contentas. Caminaron a casa en silencio. Soi Fong finalmente había bajado a Moon y le estaba dejando caminar porque no podía llevarlo a él y a las bolsas al mismo tiempo. Yoruichi, distraída. Se sobresaltó cuando sintió que algo agarraba su pantalón, miró hacia abajo y palideció al ver que era el perro, que le había agarrado el pantalón con los dientes y lo jalaba a modo de juego.
—¡No entres en pánico! —exclamó la capitana viendo que su novia estaba a punto de gritar— Míralo. En verdad sólo quiere jugar contigo.
Yoruichi. Medio temblorosa se atrevió a mirar de nuevo hacia abajo. El perro soltó su pantalón y se paró en dos patas para apoyar las delanteras en la pierna de Yoruichi. Con una sonrisa perruna mientras agitaba la cola.
—Quiere que lo cargues —dijo Soi Fong. A lo que Yoruichi la miró con desconfianza.
—¿Cómo sé que no me está engañando para arrancarme la nariz de un mordisco?
—Es el perro más dócil que conozco, Yoruichi —replicó Soi Fong—. Y no te preocupes que aún no lo entreno para convertirse en asesino. No hay peligro.
La mujer morena dudó. Pero luego se inclinó lentamente, extendiendo los brazos hacia Moon que seguía sujetando su pierna. Lo agarró por los costados y lo alzó con igual lentitud, como esperando que atacara para soltarlo a toda velocidad. Cuando lo tuvo un poco más cerca y a la altura de su rostro el perrito ladró, apoyó las patas en sus hombros y comenzó a lamerle todo el rostro. Mientras que Yoruichi se quejaba y Soi Fong soltaba un «Aww» sin poder evitarlo.
—Oye, perro. Basta... Me dejarás apestando a babas —decía la de cabellos violetas.
—¿Lo ves? A Moon le agradas —dijo con dulzura la más baja. Yoruichi posó una mano en el hocico del perro para que dejase de lamerle la cara por un momento y miró a Soi Fong de mala manera.
—No le comentarás a nadie de esto —declaró.
Con una gran sonrisa Soi Fong dijo: —Sí, claro.
