Esta mañana, ya no me acordaba como tocaban mis dedos esa guitarra que era para mí tu cuerpo.
Ya no me acordaba lo que sentía cuando acariciaba tu pelo…
Vivir con el fantasma de una relación, ¿Quién no lo ha hecho? Vivir enredada en unos recuerdos maquillados por la nostalgia y en unas caricias que ya no calientan.
Esta mañana me he girado para buscarte por el salón antes de salir de casa, pero tu sombra ya ha empezado a borrarse. Todavía estás ahí, lo sé porque tu sonrisa sigue picando en mi recuerdo, pero supongo que estoy aprendiendo a vivir sin ella, y a vivir sin ti.
Le doy un último vistazo a la casa antes de enrollarme la bufanda en el cuello y salir para pelear contra el invierno. No había pasado mucho desde el momento en que pensé que moriría de amor, pero mírame, sigo respirando. Porque nadie muere de amor, y nosotros, cariño, no somos los protagonistas de la historia que contabas. Al menos ya no.
Me dijiste que te marchabas para no volver y lo cumpliste palabra por palabra. Y desde ese momento, tu sombra se instaló a vivir en cada rincón de mi vida.
Freno el paso a medio camino para pedirle al hombre de la estación el mismo café cargado y amargo que pedía todos los días. Todavía me pesa y hay días en los que me obligo a no pensarte, pero luego hay otros en los que sólo quiero verte para mandarte a la mierda. Y ojalá tuviese el valor de hacerlo.
Un relámpago ilumina el cielo sacándome del letargo, haciéndome mirar hacia arriba para contemplar las nubes oscuras y cargadas a la vez que mis puños se cierran con fuerza. El cielo parecía igual de enfadado que aquel día y por culpa de ello las imágenes volvieron.
¿Cómo podía algo que te hacia sentir tan bien dejarte destrozada al siguiente instante? Si el amor era eso, daba mucho asco.
Ya no me acuerdo…Si tus ojos eran marrones o negros, como la noche o como el día que dejamos de vernos…
Sólo recuerdo que llovía y que quedamos en la parada del metro.
Yo sonreí al verte, pero tus ojos ya me advirtieron del mal tiempo antes de que te acercases a mí.
"¿Y tu paraguas?" Preguntaste cubriéndome de la lluvia con el tuyo. "Estás empapada."
"Estaba llegando a la estación cuando ha empezado a llover." Te contesté antes de acercarme a besarte. Tus labios no me respondieron con la rapidez con la que lo hacían de costumbre, pero recuerdo sorprenderme cuando tu mano rozó mi mejilla antes de que decidieras profundizar el beso. Nunca te había gustado mostrar afecto en público, pero supongo que tú ya sabías que ese era nuestro último beso.
Y yo no quería que acabara.
"¿Nos vamos a casa?" Pregunté buscando tu mano para entrelazarla con la mía.
Tú asentiste lentamente y decidiste que tomásemos el camino más largo para volver aunque yo me estuviese congelando de frío. Que ilusa, ¿verdad? ¿Cómo iba a saber que mi vida se transformaría en invierno esa misma noche?
Yo te sujetaba la mano con tanta fuerza, que no me daba cuenta que lo único que querías era soltarla. ¿Tan rápido te cansaste?
A nosotros nunca nos ha importado el silencio, pero pude ver que tu mente estaba en otro lugar, completamente distante a tu cuerpo. Puede que en tu mente pasaran las diapositivas de los dos años que habíamos pasado juntos o puede que recordases todas las veces que te decía que te quería a caricias, la verdad es que no sé que pasaba por tu mente en ese momento, pero sé que hubo duda en tu mirada por un momento y que tu mano apretó la mía como si tuviese miedo a perderla.
Pero cuando llegamos al destino final, tu cabeza volvió a alzarse con firmeza. Y cuando abriste la puerta y pude ver las maletas que habías dejado con cuidado en la entradita, el frío que cargaba se me caló en los huesos. Sé que mi garganta se secó y que mis pies se clavaron al suelo negándose a entrar al interior hasta que tú lo hiciste. Tu mirada dejó de mirarme y tus manos se separaron de las mías para cruzarlas sobre tu pecho.
"¿Qué es esto?" Me atreví a preguntar con un hilo de voz.
¿Por qué hacia tanto frío de repente?
"Shiho…tenemos que hablar." Contestaste todavía con la mirada en el suelo.
Cariño, sé que querías hablar con firmeza, pero sólo pareciste un cobarde.
"¿Por qué has hecho las maletas?" Pregunté con la mirada fija en ti, con la esperanza de que me contestaras con cualquier cosa que aliviase el miedo que sentía en ese momento. Pero solo lo hiciste más grande.
"Bueno, no es fácil de decir, pero…me han ofrecido un buen puesto en Inglaterra, y es una oferta a la que no puedo decir que no." Te excusaste. "Sé que ha sido repentino, pero tu acabas de entrar a trabajar en el mejor laboratorio de la ciudad y no podía arrastrarte a ir conmigo y que lo abandonases todo. Creo que nuestros objetivos son distintos."
"¡Lo que yo decida hacer, es cosa mía! ¿No crees?" Me enfadé. Me enfadé mucho por que no me diste opción. "¿Porqué no lo has querido hablar antes? Puedo pedir que me trasladen."
"No." Me interrumpiste antes de que pudiese encontrar una solución. " Aceptar este trabajo implica trabajar muchas más horas de las que ya trabajaba y obviamente muchos más viajes. Pasaríamos semanas sin vernos y puede que cuando estuviese contigo no estuviese al cien por cien…creo que ya es difícil para nosotros tal y como estamos ahora y no sé si me voy a equivocar pero no creo que que pudiésemos resistir a este cambio ninguno de los dos."
"Entonces, ¿Me quieres decir que prefieres mandarlo todo a la mierda?" Pregunté más enfadada. No podía callar, lo único que veía era que te escapabas de mis manos. "¿Por qué has echo las cosas así?" Pregunté negando con la cabeza.
"Te quiero, Shiho…no me voy por que no lo haga. Pero no te mereces tener un amor a medias, ni una relación a distancia que apenas pueda contestar tus llamadas ni devolvértelas."
Recuerdo que quería seguir contradiciéndote para buscar una de las opciones en la que no tuviésemos que separarnos, pero tú ya habías tomado tu decisión, te habías rendido y no me dejaste ni intentar luchar.
Te vi marcharte en silencio mientras la lluvia seguía cayendo y la sombra que traías se quedó a vivir conmigo hasta día de hoy.
Pero haciendo un gran esfuerzo aún veo tu mirada en cada espejo, de cada ascensor,
Donde cada noche me sube hasta el cielo de moteles invernadero, donde se jura algo tan efímero…
No hay nadie a parte de yo en el ascensor y me permito relajarme unos segundos para mirar mi reflejo. Han pasado casi tres años desde que te marchaste, pero mis ojos siguen plasmando en cada espejo..
Todavía hay gente que me pregunta por ti cuando me ve, y joder, como duele tener que fingir indiferencia y contestar que no estábamos hechos el uno para el otro, que no sé nada de ti…que ya no hay un nosotros.
A veces he pensado en buscar tu nombre por internet y leerme todos los artículos en los que hablan de ti, pero sé que eso solo hará que mi fuerza se debilite, así que un día más me obligo a pensar que no eres tan importante y que voy a olvidarte de la misma manera en la que tú me has olvidado a mi.
Puedo notar la gente mirarme de camino al laboratorio, ellos intentan disimularlo, pero sé que hablan de ti cuando susurran. ¿Como no hacerlo? Después del sacrificio, has conseguido poner tu nombre en lo alto de las listas de los mejores detectives.
Tú tomaste tu decisión y de una manera u otra has tenido tu recompensa. Porque esto es lo que querías, ¿no?
Me pongo la bata intentando apartarte de nuevo de mi mente y por unas horas el ajetreado trabajo me hace lograrlo, es una lástima que los recuerdos vuelvan a atormentarme en el instante en el que vuelvo a poner un pie en casa. No he cambiado de dirección, ni de teléfono, pero todo parece distinto.
El silencio era una tortura que dejaba vía libre a la risa que emitías y que tanto me gustaba para atormentarme hasta quedarme dormida.
Ya no me acuerdo…Ni de tu risa ni de tu prisa por darme un beso, ni qué botón de tu camisa desabrochaba primero
ni qué rumba me bailabas cuando querías robarme el sueño.
Tus manos conocían mi cuerpo como si lo hubieran esculpido y yo me creí tu musa. Y sé que por un tiempo lo fui.
Mi mente intenta convencerme a todo momento de que no fue real, que no sentimos tanto…pero aunque nos quedamos sin nuestro final feliz, fue lo más real que he sentido en la vida. Y sé que tú también sentiste lo mismo.
Me desperté sobre tu pecho, escuchando tu respiración y notando como tu brazo me rodeaba la cintura, tenías un libro entre las manos y parecías absorto en la lectura.
"Buenos días." Sonreíste cuando tus ojos me atraparon. Dejaste el libro a un lado sin preocuparte en guardar la página y te ladeaste hacia mi dirección para abrazarme con más fuerza. Mis protestas no sirvieron de nada cuando tus labios besaron mi cuello y tus manos despertaron todos mis sentidos.
Amanecer junto a tu cuerpo era un vicio del que me había tenido que desintoxicar a la fuerza. Y el mono que había dejado, no acababa de desparecer nunca.
Dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, que vas echando de más lo que un día echaste de menos.
Las estaciones siguieron pasando y tu sombra se hizo tan borrosa, que apenas podía percibirla cuando me giraba a buscarla. Mi corazón quiere que vuelvas, pero mi mente ya no quiere recordarte tanto como lo hacía. Supongo que aunque el tiempo no borre la herida, sí que ayuda a cicatrizarla.
Ahora fumo un poco más y adopté un gato para darte todo el amor que no supe donde meter cuando te marchaste. Le cuento nuestras historias en mis noches flojas y él se acurruca contra mi cuello como si quisiese decirme que me entiende, que él también piensa que eres un capullo.
Pero el vacío ya no es tan profundo, ni el mar tan oscuro, porque si te empeñas en nadar hacia la superficie, te acabas topando con los rayos del sol. Y yo quería acariciarlos.
¿Yo qué culpa tengo si ya no me acuerdo?
El recuerdo de tu rostro empezó a convertirse en una incógnita para mí, tu sonrisa sonaba distorsionada en mis oídos y ya no recordaba en que lado de la espalda tenías ese lunar que tanto me gustaba. Mi obsesión por olvidarte hizo que tu silueta se volviese un píxel borroso y tu voz un sonido desconocido para mí.
Despertarme sin mirar el otro lado vacío de la cama ni que inconscientemente sacase dos tazas del armario cuando preparo café.
Guardé nuestras fotos y tus regalos en una caja y la precinté sin intención de volver a abrirla. Pero todavía no había sido capaz de tirarla a la basura.
¿Cuántas cosas más debía olvidar para caminar sin esa sensación al andar de haber dejado algo atrás?
Pero haciendo un gran esfuerzo aún veo tu mirada en cada espejo de cada ascensor
donde cada noche me sube hasta el cielo de moteles invernadero, donde se jura algo tan efímero…y tan eterno.
Tu nombre apareció de repente en la pantalla de mi teléfono. Vi tu cara en la pantalla mientras el teléfono seguía sonando y mis manos no supieron que hacer. Era casi media noche, pero tu llamada sonó un largo tiempo, como si desearas con fuerza que descolgara el teléfono. Pero al final no lo hice.
Y maldito el momento en que decidiste llamar, porque tu maldita cara volvió a atormentar mis noches y empecé a preguntarme por que lo habías echo cada vez con más frecuencia. Al día siguiente, fui con miedo al trabajo, no sabía como iba a reaccionar si por cualquier casualidad te encontraba ahí y no sabía tampoco si estaba preparada. Pero tú ya dijiste que no ibas a volver, y cumplías demasiado bien con tu palabra. Así que, al final solo conseguiste empeorar mi humor.
Tu risa volvió a sonar en mis oídos y la sombra que había desaparecido tras mi espalda se estaba dejando volver a ver. Me pasé las siguientes horas maldiciéndote y me marché a casa evitando a los otros compañeros.
¿Por qué volvías ahora a mi mente después de lo mucho que había trabajado para borrarte de ella?
Decidí pillar el camino largo a la hora de volver a casa, no solía cogerlo porque inevitablemente me recordaba a aquel día, pero necesitaba despejarme y pensar, o al menos intentar hacerlo. Y todo ese paseo no sirvió de nada una vez te encontré apoyado en la puerta de mi casa. Por un momento pensé que se me iba a salir el corazón por la boca y luego pensé que no eras más que una ilusión causada por el cansancio, pero me miraste y supe que eras tú. Estabas aquí.
Una vez te tuve de frente, mi garganta no fue capaz de hacer sonido. No sabía si tenía ganas de llorar, de gritar o de golpearte.
"Shiho." Dijiste dando un pequeño paso hacia mí.
Escuchar mi nombre de tus labios casi hace que mis rodillas flaqueen, pero conseguí sacar fuerzas de donde no sabía que tenía para hacerme la valiente. No quería que me vieses decaer.
"Lo siento…me equivoqué." Te disculpaste intentando no mirar al suelo.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, y mi mano, golpeó tu mejilla antes de que ninguno de los dos nos diésemos cuenta. Tu mirada entristeció, tu mejilla se enrojeció y mi furia creció.
"¿Te equivocaste?" Pregunté sin poder esconder la molestia.
"Me equivoqué." Repetiste apretando los puños.
"¿Qué haces aquí?" Pregunté buscando las llaves dentro de mi bolso para no tener que mirarte a la cara.
"Te llamé, pero no me contestaste…así que decidí coger un avión y venir a Tokio."
"Vi tu llamada, pero no quise responder." Contesté con el tono más duro que conseguí emitir. Odio hacerte daño, pero tú tuviste muy poca compasión por mí. Abrí la puerta y Kuro corrió bajo el sillón cuando vio que esta noche no volvía sola. Ya sabes que los animales tienen la capacidad de notar cosas que nosotros no podemos percibir, y todavía me río al recordar como se bufó y gruñó al verte. Supongo que pudo ver que tú eras el cuchillo que me había causado todas esas heridas que él todavía lamía.
Te sorprendiste al ver como nuestro apartamento había cambiado, cambié los muebles de sitio, nuestras fotos habían desaparecido de las paredes al igual que tus libros de las estanterías. Y el sofá que tan buenos recuerdos que había traído, había sido remplazado por uno que tú nunca hubieses escogido. No me preguntaste, pero si hubiese podido, cariño, lo hubiese prendido en llamas.
Te ofrecí un té y nos quedamos hablando por horas. Por tu cabeza pasó la idea de preguntarme si tenía algo de vino, pero descorchar una botella de vino era demasiado peligroso para los dos. Y yo había creado un muro entre los dos.
Me explicaste los casos en los que trabajaste y todas las veces en las que me habías buscando con la mirada esperando escuchar mi opinión en cada uno de ellos. Me preguntaste por mi trabajo y casi te veo cruzar los dedos cuando me preguntaste si había conocido a alguien.
No voy a mentirte, quise decirte que sí, pero nadie que cruzase mi vida se había podido comparar a ti.
Tu presencia hizo que me relajara y no sé como acabamos bromeando y riendo al final de la noche. Por un instante parecía que no había pasado nada entre los dos, pero yo sabía que ahora éramos dos personas distintas.
"¿Vas a quedarte mucho tiempo en Tokio?" Pregunté cuando te dirigiste a la puerta.
Tú asentiste. "El tiempo que tarde en conseguir rectificar mis errores del pasado." Dijiste volviendo a clavar tu mirada sobre mí. "¿Crees que todavía tengo alguna oportunidad?"
"No lo sé…" Suspiré lentamente. "Todavía te guardo dentro, pero…yo ya no estoy enamorada de ti." Tu mirada cayó con mis palabras, pero ¿Qué esperabas?
Pensé que te marcharías, pero te quedaste ahí, sin dejar de mirarme. Tus puños se apretaron y finalmente diste un paso para acercarte a mí, poniendo tus manos en mis mejillas. "Déjame demostrarte que esta vez merece la pena."
"¿Y que me asegura a mí que no me vas a venir con la misma mierda de la última vez? No voy a pasar por lo mismo, Kudo."
"No sucederá." Frunciste el ceño. "Dejaré el trabajo y buscaré otro si es necesario, sólo quiero demostrarte que realmente quiero esto…"
Yo quise negarme, pero no me salían las palabras. Puede que no estuviese enamorada de ti, pero seguías teniendo ese estúpido efecto sobre mí.
"No seas idiota, no voy a dejar que dejes tu trabajo."
"Shiho, estoy dispuesto a lo que sea y te quiero demostrar que vas a ser mi prioridad, siempre." Parecías desesperado y yo no sabía si hacerle caso al corazón o a mi cabeza. "¿Te puedo recoger mañana cuando salgas del trabajo? Podríamos ir a cenar y ver como van las cosas."
"No." Negué rápidamente haciendo que tus ojos se apagaran.
Ya no me acuerdo.
Tu sonrisa se fundió pero acabé de hablar antes de que tu decepción se prolongara. "Mañana tengo una reunión y he de ir a Shibukawa, pero si quieres puedes recogerme en la estación y cenamos algo aquí."
Tu sonrisa volvió a aparecer y puede ver esperanza en tus ojos. No sabía si eso estaba siendo un error o no, pero es que con solo una sonrisa, volviste loca mi cabeza.
