La imagen salió de su cerebro. Escuchó la voz de Voldemort dentro de su cabeza helándole cada pelo de su cabeza.

—Harry. Harry

Si bien la táctica de volverlo loco era insuficiente si conseguía helarle la sangre, asustarle e incluso bajarle algunas erecciones matutinas. Llevaba varias noches despertándose al amanecer por la voz del Señor Oscuro, a su vez una sucesión de imágenes discurría sobre sus ojos. Siempre las mismas, un pasillo largo de azulejos oscuros. Una puerta negra. Una sala repleta de orbes de cristal como los de la profesora Trelawney. Era todo tan extraño pero siempre conseguía despertarlo. Pareciera que Voldemort disfrutaba de la tortura psicológica.

Y la única forma de contrarrestarlo era hacer lo que cualquier chico de quince años haría en una noche donde no podía dormir bien. Harry no era nuevo en masturbarse, lo solía hacer para poder dormir o antes de los partidos de quidditch. Pero, hacerlo en plena casa de sus tíos le producía un poco de miedo. Petunia era lo suficientemente cotilla como para verlo en plena paja y pegarle con el cinturón. E incluso Vernon sería capaz de castrarlo con sus tijeras de podar para que no hubiese nada mágico en el mundo. Así que esa tarde decidió hacer algo más arriesgado, si en la casa no podía hacérsela se la haría fuera.

Privet Drive era un conglomerado de viviendas todas iguales y cuyas calles se cruzaban armoniosamente. Normalmente había tiendas, comercios o colegios. Pero, Harry buscaba sitios menos transitados y recordó un lugar perfecto. Un solitario parque que se encontraba cerca de la carretera comarcal. Ese lugar estaba abandonado ya que nadie se atrevía a dejar niños pequeños cerca de carreteras y polígonos industriales. Allí estaría tranquilo.

Caminó por alrededor de veinte minutos esquivando a cualquier persona con la que pudiese cruzarse. Los vecinos eran casi igual de cotillas que los Dursley y muchos jóvenes tenían miedo de la pandilla de Dudley y no dudarían en chivarse. Al llegar al parque se sentó en una ruleta metálica y se bajó los pantalones.

La ropa muggle del chico siempre le estaba grande y el pantalón que se sujetaba con una correa maltrecha cayo rápidamente. No llevaba calzones ya que Dudley era mucho más gordo y los que le prestaba se le caían así que prefería ir con el pene libre dentro del pantalón. Todo su cuerpo era flaco producto de comer apenas durante sus veranos aunque del ejercicio de quidditch estaba desarrollando una esbelta pero, musculosa figura. Sus brazos y piernas lucían músculos tonificados pero, su cuerpo era tan delgado que a mucha gente le parecía enfermizo. En altura, Harry superaba a la media. Aunque recientemente tanto Neville como Ron lo habían superado. Sus ojos eran de un verde esmeralda y llevaba el pelo negro enmarañado intentando ocultar su famosa cicatriz.

Su entrepierna irónicamente estaba depilada. Harry había hecho caso en ese aspecto a la moda del mundo muggle y se había depilado todo el cuerpo. Muy pocos magos acostumbraban a hacer eso ya que se consideraba que tener pelo prominente era señal de poder. Sin embargo le ayudaba a ser más ligero como buscador y disminuía algo de fricción en sus testículos.

Sin embargo, la depilación hacía que sus testículos pareciesen más grandes y voluminosos como si estuviesen cargados de esperma mientras que su pene resaltaba por su longitud y delgadez haciéndolo parecer enfermo y algo mustió. El prepucio rodeaba al glande cubriéndolo casi en su totalidad. Con un movimiento, el chico descorchó su miembro dejando ver un glande afilado, listo para penetrar su primera vagina. Harry comenzó a mover su brazo rítmicamente sin preocuparse por nada hasta que su pene llegó a su máxima potencia. El miembro era largo, duro y delgado, aunque tampoco era nada del otro mundo.

Teniéndolo listo, Harry comenzó a pensar en todos los errores que había hecho con las chicas y en cómo podría haber aprovechado aquellos momentos. Pensó en todos los atributos de las mejores hembras que conocía. Mientras su mano subía y bajaba excitando progresivamente su miembro, Harry notaba como el sudor del roce hacía que fuese mucho más placentero. Su mente divagó rápidamente hacía todas las mujeres que algún día había deseado en la soledad de su cuarto en la Torre de Gryffindor.

La primera chica con la que perdió una oportunidad fue con la asiática Cho Chang. Cho era un año mayor y le rechazó para ir con Cedric. A pesar de eso, Harry había desarrollado una pequeña atracción hacia ella. Atracción más allá de lo sexual aunque no quiere decir que no se interesase en eso también. Chang era una chica con pelo liso, largo y negro. Recortado de manera angulosa y que no poseía mucho pecho. Su cara tampoco era del todo hermosa. Su piel era pálida. Lo único que Harry necesitaba de ella aparte de que era popular era su culo. La chica practicaba quidditch y gracias a eso tenía una cadera fina pero, musculosa preparada para montar todo tipo de instrumentos. Harry podía imaginarse a la chica cabalgando su miembro o simplemente a cuatro patas. Cho era bastante sumisa con sus conocidos así que Harry esperaba poder azotar sus mejillas con su miembro. Tristemente pensó que como Cedric había muerto podría conseguir lo que había perdido el año anterior. Eso lo asustó mental e inconscientemente dejó pene para ir a su cicatriz.

La otra mujer era Parvati Patil. La belleza india le había acompañado al baile pero, por culpa de su mala destreza como bailarín y a la presión del torneo había pasado de su belleza exótica y de sus curvas danzantes. Parvati era popular y chismosa, pero, con todo era de las mujeres más hermosas. Su piel un poco oscurecida hacía que sus grandes caderas y sus nalgas rellenas fuesen más hermosas de lo normal. Sus pechos aunque modestos tampoco eran nada desdeñables. Harry podría haber bailado con ella toda la noche, emborrachándola con whisky de fuego o cerveza para luego acompañarla a un armario de escobas y poder besar su agujero más recóndito. Un trasero como ese debía de ser follado así. A cuatro patas y bruscamente, preocupándote por tu gozo e ignorando las suplicas de la chica culona. E incluso Harry pudo imaginar a ambas gemelas practicándole sexo oral juntas y pasándose su semilla por los labios o derramándola en los pechos de la otra.

Su pensamiento voló al último gran momento. El momento en el que podría haberse salido con la suya con una diosa. Una diosa hecha mujer. La mujer Fleur, una francesa con herencia veela era la cúspide del deseo. Alta, blanca, rubia, ojos azules. Sus pechos y su culo eran extraordinarios pero, sin llegar a rebosar. Si bien otras chicas tenían pechos más grandes u otras como Parvati la superaban en la parte trasera, Fleur era la perfección. La armonía total. En el laberinto la había tenido a su merced, atada por enredaderas y con la ropa deshilada. El miedo que vio en sus ojos duró poco pues un Desmaius la dejo noqueada. Harry podría haber disfrutado de ella en ese estado pero, no fue capaz. La otra vez fue debajo del agua, Fleur había sido atacada por criaturas marinas en su intento de rescatar a su pequeña hermana. Su encanto la atrapó debajo del agua y pudo presenciar su derrota dejándola a merced de aquellas criaturas. Harry podría haberla salvado pero, eso haría que no tuviese tiempo de completar su misión. Así que lo único que se llevó ese día fue un tocamiento superficial de los pechos de la rubia fuera del agua. La chica le dio las gracias por salvar a su hermana pero no de la manera que pretendía. Lo único bueno era que había podido agarrar la braga de la pequeña hermana de Fleur. Gabrielle debía de ser pequeña pero, al tener sangre veela ya era hermosa y sexual. Harry usaba sus bragas para masturbarse a veces.

Pensando en cómo había visto el blanco coño de la chica recubierto de vello dorado mojado debajo del lago negro, Harry se corrió manchando su mano. Una vez acabado, respiró duramente mientras se ponía el pantalón de nuevo. Pasó su mano por el ancho chándal manchándolo más. Cuando fue a salir del parque, la pandilla de Dudley lo rodeó.

Su primo se acercó. Harry pudo ver lo ancho y fuerte que el gran D se había vuelto en el último verano. Él había crecido en altura pero seguía estando casi desnutrido por culpa de sus tíos.

Dudley le miró y riéndose dijo— ¿Qué haces aquí?

Harry frunció el ceño e incluso se puso rojo recordando la paja que se acababa de hacer pensando en varias chicas. Contestó bruscamente— ¡A ti que te importa! No te tienen prohibido tus padres hablar conmigo.

Avanzó para irse pero, Dudley le detuvo diciendo— ¡Se lo que has hecho! —detuvo al chico en seco. Sus tíos ya lo tenían por el loco del pueblo no necesitaba ser visto como un pervertido sexual— Estabas follando con Cedric. Te escucho cada noche. ¡Gimoteando en la cama!

Ese nombre detuvo a Potter quien lo miro intrigado y asustado. Dudley sonrió descaradamente y mirando a sus amigos dijo— Potter sueña por las noches. Lo escuchó todo— miró a su compañero y dijo— ¡Deja en paz a Cedric! ¿Quién es Cedric? ¿Tu novio?

Harry se enfadó pero, todo fue a peor cuando los amigos de su primo empezaron a insultarle y a darle collejas. Harry aguantó mientras retenía su varita debajo de la manga por si hacía falta. Escuchaba las voces de los chicos mientras sus ojos miraban al cielo extrañado. Si bien Gran Bretaña era nubosa no era normal una tormenta en verano.

La voz de Dudley le sacó de sus casillas diciendo— Bueno. No pasa nada si eres gay, Potter. Mientras no hagas nada raro con la ropa que te presta mama. —dijo dejándole como un muerto de hambre que vivía de la caridad. Una sonrisa cruzó sus labios, solamente el oro que tenía en su cuenta escolar sería suficiente para irse a vivir por años— Pero, preséntame a tus amigas. Esas chifladas que van a ese colegio tuyo— miró a Harry y luego les dijo a sus amigos— El pobre va a un manicomio. Pero, hay que admitir que las locas están tremendas. Vamos, preséntamela a la pelirroja le hace falta una buena varita—dijo riéndose en doble sentido. Sus amigo reían aunque no cogían el doble sentido.

Harry enfadado por lo que había dicho sobre Ginny, sacó su varita pero, antes de que los otros chicos la viesen, huyeron. Sabía que Dudley había visto a Ginny antes e incluso a Hermione pero en ese momento le molestaba bastante. Si bien la pelirroja solía acosarlo a veces, era ferozmente leal y bastante guapa.

Dudley miró a sus amigos y luego un viento hizo que su vello se pusiese de punta. El frio lo congeló todo. Asustado por el clima dijo.

—¿Qué hiciste?

Harry miró el cielo y tuvo un presentimiento que ya había sentido antes— Yo no he hecho nada—los amigos de Dudley se escusaron con él temerosos de las nubes que parecían rodearlos y volverse más grandes.

Sabiendo que Voldemort podría acechar en cualquier momento, dijo— Corre. Volvamos a casa— al menos allí Dumbledore tendría algún tipo de protección especial—esa era su única esperanza ahora mismo.

Ambos corrieron hasta llegar a la boca de un túnel que cruzaba la carretera en dirección a Privet Drive. Ambos la atravesaron, Dudley iba primero pero, algo le detuvo. Harry no sabía que era pero, al parecer el frío había causado algo extraño en su primo. Pronto vio de que se trataba. Dos dementores los habían acorralado y estaban atacando a Dudley.

Cuando uno lo vio se deslizó hasta él y comenzó a catarlo. Su mente se llenó de imágenes terribles. El dolor del colmillo de basilisco, Ginny muerta, Hermione petrificada, Sirius muerto, Voldemort matando a Cedric. Lucius burlándose de él en frente del ministro. Todos los pensamientos tristes se acumularon hasta que llegó la muerte de su madre. Harry alzó la varita pensando en algo remotamente feliz. A su mente vino la imagen de una chica embarazada y de su varita salió un ciervo centelleante que cabalgó y expulsó a ambas criaturas.

Harry miró a Dudley y acercándose dijo— ¿Estas bien?

Dudley no respondía, así que lo cargo como pudo de regreso a la casa. Fue difícil por su gran peso pero lo consiguió. Por desgracia ya era tarde en la noche y Petunia esperaba a su hijo en la puerta, nada más verlo, pegó un grito. Vernon salió asustado solo para ver cómo su hijo no respondía. Miró al chico de la cicatriz y amenazándole dijo.

—Esta vez te has pasado chico. Nos lo has dejado bobo—Lo miró con odio y dijo—¡Si no se recupera, Potter! —Vernon miró a su hijo y enfadado dijo—¡Como no se recupere, te prometo que te matare!

Harry miró a su tío sin pararse a pensar en lo que había hecho. Intentó dar soluciones diciéndole—Dadle chocolate. Ayudará—recordando lo que Lupin le había indicado.

Petunia mirando a su hijo le dijo a su esposo—¿Deberíamos enviar una carta a Dumbledore?

El hombre gruño diciendo—Lo llevaremos al hospital. Ese viejo loco no vendrá a mi hogar—Harry estuvo de acuerdo, el director le había ignorado todo el verano.

Justo en ese momento una carta voladora aterrizó en frente de Vernon y Petunia. La carta comenzó a abrirse sola hasta formar algo parecido a unos labios. Ambos estaban impresionados mientras que una voz femenina y madura iba diciendo.

—Querido Sr Potter: el Ministerio ha recibido información de que usted utilizó el encantamiento patronus a las 21:23 de la tarde en presencia de un muggle, la gravedad de esta infracción del decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad ha ocasionado su expulsión del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Con mis mejores deseos, Madame Bones.

Vernon sonrió bruscamente para consternación de Harry— Te expulsaran. ¡Justicia! —cambió de humor y se río, mientras se atusaba su bigote de morsa—Por fin, tu gente me ha hecho caso. Eres un bicho raro. Irás a un manicomio.

Harry tragó saliva. En el mundo mágico no había manicomios, Azkaban conseguía volver locos a todos los magos. Se imaginó ocupando la misma celda donde había estado Sirius o soportando las risas de los antiguos mortífagos. Tembló mientras subía la escalera y veía a sus tíos acompañar a Dudley al hospital.

Se acercó a su habitación y dio un portazo enfurecido. Rápidamente agarró su varita con esperanza de que no se la rompiesen. Se planteó mandar una lechuza a Dumbledore o a los Weasley pero sabía que no le responderían. Miró los periódicos en el suelo y supo que el director ya no manejaba el ministerio a su antojo. Él tampoco era considerado el niño que vivió, era solamente un mentiroso buscando atención. Quizás Hermione supiese algo de legislación a la que pudiese agarrarse.

Agarró una pluma y preguntó a Hermione fingiendo desinterés. Mando a Hedwig volando mientras se tumbaba en la cama angustiado. Sabía que sería estúpido salir de la casa o hacer algo más pero cada vez que cerraba los ojos sentía el frío de los dementores a su alrededor. Miraba por la ventana esperando ver la niebla que producían aquellos espectros. Se sentó en su cama mirando las fotos de sus padres, caminaba por el pequeño cuarto intentando tranquilizarse. Las horas pasaban y nadie respondía ni siquiera los Dursley volvían. Se tumbó en su cama pero los sueños del pasillo volvían a él.

Intentó recordar el mensaje del aullador pensando en quien lo había enviado. ¿Madame Bones? A su mente vino la melena pelirroja espesa y ondulada de Susan, una Huffelpuff de su año. ¿Quizás fuese su madre? Dudaba que funcionase además Hedwig estaba ocupada en otra entrega. Mientras meditaba escuchó voces abajo.

Susurros inundaban la parte de debajo de la escalera. Harry agarró la varita esperando defenderse de sus adversarios pero la puerta de su cuarto se abrió desvelando al Profesor Moody y a Lupin. Harry sonrió.

—¿Profesor? ¿Qué haces aquí?

Moody se apoyó en su bastón nudoso y con un gruñido dijo— No enseñe mucho así que nunca he sido tu profesor Potter.

—Venimos a por ti—Dijo Lupin con una sonrisa, aclarándolo todo. La sonrisa hacía que su cara pareciese semejante a la de Ojoloco tras tantas cicatrices recorriéndole el cuerpo.

Harry miró a ambos y dijo esperanzado—¿Sirius?

Moody miró hacia todos lados con su ojo y Lupin dijo—Vamos a llevarte con él solo…—fue interrumpido por el auror quien dijo— ¡Dejate de charlas!, ya tendrá tiempo para hablar con Black. ¡Ahora vámonos de aquí!

Moody agarró a Harry llevándolo abajo donde una decena de magos y brujas miraban hacia todos lados. Algunos observaron al chico con ilusión otros estaban nervioso. Pronto Remus se unió a ellos cargando el baúl del chico. El exauror dijo.

—Rodearemos Londres en escobas y luego iremos al cuartel. Formación de V, con Potter en el centro. No se separen. Habrá enemigos.

Notó el nerviosismo en algunos de los magos delante suya. Harry echó una mirada rápida mientras observaba a sus defensores. Algunos de ellos eran jóvenes o desprendían confianza con verlos otros parecían más asustados de estar en un combate real.

Remus habló tranquilizando a los demás y a Harry—Voldemort no tiene fuerza para hacer un ataque contundente. Alastor exagera.

Una voz chillona de una chica con cabello rosa sonó—¡Suele exagerar!

En ese momento el ojo azul eléctrico se volvió loco y rodeó la cabeza del anciano dirigiéndose en todas las direcciones. A los pocos minutos golpes contundentes sonaron alrededor de la casa. El anciano auror alzó su varita y mirando a Lupin dijo.

—¿Qué decías? —miró a los demás y dijo—Tenemos que salir de aquí. O se nos caerá encima la casa.

Una chica de alrededor de la veintena, recién salida de Hogwarts tiño su cabello de un rosa a un color verde oscuro y dijo en voz alta risueña—¡Para una vez que tiene razón, tenía que ser hoy!

Harry miró asustado y preguntó—¿No estaba protegida la casa?

Moody asintió y dijo—Sí. Dumbledore hecho algunos hechizos fuertes, pero debe de haber un fallo. Porque sus hechizos están golpeando levemente la casa. Tranquilo chico, saldremos de aquí.

Harry miró a todos lados asustado mientras observaba como algunos magos levantaban escudos alrededor de la casa o aseguraban el techo. Otros inspeccionaban desde las ventanas pero en la oscuridad era difícil ver a los atacantes. Moody dirigía la operación desde una silla mientras su ojo giraba y él decía en voz alta las posiciones de sus atacantes. Esperaba que se acabase rápido aquello, pero el fuego se volvía mayor contra la casa.