Harry se adentró en su dormitorio con una imponente erección. No sabía qué hacer, Ron estaba aún en la ducha pero sospechaba que se encontraba en la misma situación que él. Le dolía la entrepierna de la presión que su pantalón ejercía. Se desnudó de cintura para abajo pero ni con varios meneos de su diestra mano consiguió quitarse el placer. Su cuerpo parecía demasiado empecinado en mantener su pene tieso.
Angustiado se puso un bóxer mientras recordaba todo lo que había consumido. Nada raro salvo las cervezas de mantequilla que Ginny le había ofrecido. A su mente vino la imagen de Neville con su abuela luciendo el mismo problema. Intranquilo supo que debía de ser una obra de la pelirroja o alguna broma de los gemelos. Quizás eran ellos los sujetos de broma de aquel experimento.
Incapaz de decidir qué hacer fue hacia la cocina con la esperanza de que alguien de la Orden pudiese revertir el encantamiento. Nada más llegar a la cocina se encontró con un grupo de mujeres particularmente amplio, algo que no deseaba especialmente. Se asomó intentando ocultar su entrepierna y dijo en voz alta.
—¡Tonks! Puedes venir. He tenido una duda con un encantamiento— la mentira más fácil que se le ocurrió.
Inmediatamente la voz alegre y algo chillona de la bruja llegó a sus oídos—Baja, que seguro que Molly o Hestia saben más de eso que yo—maldijo internamente mientras descendía la escalera.
Una vez en la cocina vio quienes eran las mujeres que había visto de refilón. La Señora Weasley estaba lavando los platos utilizando su típica ropa, por otro lado sentadas en una mesa de madera roñosa estaban tres mujeres. Harry vio a la auror portando una gabardina roja que llevaba el símbolo del Ministerio. A su lado había otra mujer de cara amable y cabello negro, tenía una constitución atlética. Cerca de está, había una mujer de cerca de cuarenta años más seria y con el pelo de un tono negro pero que comenzaba a clarear. Tonks rápidamente dijo.
—Mirá, está es Hestia—señaló a la mujer joven que acompañaba a Tonks, la de pelo negro y mejillas sonrosadas— La otra es Emmeline—las saludó amistosamente solo para escuchar a la auror decir—¿Qué encantamiento? Tengo entendido que eres hábil con la varita.
El chico dijo nervioso—Uno para bajar las erecciones.
Tonks abrió los ojos y su magia obró milagros. Sus ojos se expandieron y su pelo cambió a un tono rojo y luego amarillo para asentarse en su rosa característico. Molly observó nerviosa la entrepierna del chico junto a las otras dos mujeres. Las otras tenían aptitudes que se asemejaban a la mezcla entre el descaro de Tonks y la modestia de la madura pelirroja. No duraron mucho tiempo viéndola hasta que la auror dijo.
—Consejo de brujas. ¿Qué hacemos? —preguntando a las demás. Se excusó de su falta de acción diciéndole— Yo nunca he bajado erecciones con magia, las he provocado.
Hestia con una mirada dijo—Quizás manualmente puedas—dijo nerviosa mientras le lanzaba un guiño a su compañera. Tonks rápidamente dijo—¿Funcionaría?
El chico negó diciendo—Ya me he hecho tres. Llevó así desde que llegué y Ron también. No se me baja. ¿Qué hago?
Tonks dijo—Quizás no sabes hacerlo bien. Podemos avisar a tu sobrina—miró a Hestia—o a Ginny. Quizás Hermione pueda ayudarte.
El chico negó nervioso y asustado por lo que la chica decía. Molly en cambio levantó la varita y dijo—Glacius.
Un torrente de aire glacial inundó los genitales del chico. Su cuerpo se contrajo rápidamente y expulsó semen. Su pene más sensible y algo más bajo seguía estando erguido. Las mujeres todavía podían verlo imponente desde detrás del bóxer. Molly observaba aquello extrañada y dijo.
—Imposible—asustada por ver que ni el frío podía con aquello—Emmeline, ¿alguna idea?
La bruja dijo—Desaparecer la sangre que está en su pene pero no me atrevo a hacerlo. Podría romper sus tejidos.
El chico retrocedió al ver cómo Tonks sacaba su varita dispuesta a intentarlo. Al ver su reacción rio totalmente y mirando a Hestia dijo—Encargate tú. Prueba con hechizos encogedores.
—O de secado—añadió Molly al ir con Tonks hacia un lado de la cocina oculto.
Pronto su pene se convirtió en un espectáculo de prueba. Las dos brujas morenas empezaron a probar hechizos contra su miembro y sus testículos. Si bien conseguían disminuir parte de la erección, volvía pronto a resurgir. Su calzón estaba ya manchado de semen y era claramente visible. Nada funcionaba con su miembro. Hartas de ver cómo los destellos de su varita no hacían efecto, la más experimentada de las dos dijo.
—Una pócima—añadió Emmeline— Por eso nada funciona. Algún fallo con los ingredientes quizás. Durará hasta que tu cuerpo eliminé el fluido.
Harry tragó con dificultad y dijo—¿Estaré así por días?
Hestia negó y dijo—Las pociones en general suelen irse al cabo de horas. Para mañana estarás bien.
El chico negó con algo de furia diciendo—Llamad a Snape. ¡Quien sea! ¡No puedo dormir con una erección toda la noche! ¡Llevo ya veinticinco eyaculaciones! —la ansiedad estaba haciendo estragos en su cuerpo.
Ambas mujeres comprendían el dolor que debía estar pasando el chico aunque algo de lujuria estaba en sus ojos cada vez que observaban aquel pene. Poco tiempo hasta que una sonrojada Molly y una impaciente Tonks regresaron y vieron toda la ropa interior maltratada del chico. La auror vacilante dijo.
—Tu futura esposa estará orgullosa—Hestia sonrió con algo de descaro. A Harry se le vino a la mente las dos Huffelpuff de su año, Susan y Hannah. Una tímida, la otra más lanzada.
Harry rápidamente dijo—No soy yo. Hemos llegado a la conclusión de que es una poción. Llama a Snape o a Dumbledore. ¡Quien sea!
Molly rápidamente abrió los ojos con anticipación y dijo—Se que poción es.
Tonks añadió—Entonces solo hay una solución—miró a las demás y a Molly pidiendo permiso en silencio. Permiso que fue concedido con una fugaz mirada que el chico no detectó—Iré a por Ginny.
—¡Ginny! ¿Por qué?
Molly mordiéndose el labio con temor dijo—La poción. La excitación que causa solo puede ser destruida por alguien del sexo opuesto—miró al chico y dijo—Físicamente. Por eso nada funcionaba del todo.
El chico asintió y dijo—¿Tiene que ser Ginny?
Tonks por la escalera dijo—Prefieres a Molly o a Hermione.
Negando aceptó que Ginny era la mejor opción de la casa. Era joven, atractiva y no le sacaba edad. No podría soportar hacerlo con Hermione. Mientras lo meditaba la voz taciturna de Emmeline dijo—Si, es lo que creo que es. Entonces no hace falta que sea sexo, Molly. Solo tiene que sacarle semen—añadió con repulsión.
Molly se vio esperanzada por aquello. Todos esperaron hasta que Tonks apareció con Ginny de la mano. La chica tenía el pelo desordenado en una maraña rojiza, su cara estaba roja de calor y sus pezones estaban tiesos. De su entrepierna salín gotillas que recorrían sus piernas y se perdían en los muslos. Una singular mancha le hizo ver a Harry que no era el único con un problema de excitación.
Ambos se encontraron cara a cara. Ginny miraba con deseo y ardor en sus ojos chocolate el miembro de Harry y este observaba con anticipación el cuerpo joven y pequeño de la chica. Deseando meterse en ella y tomarla frente a su madre pero intentando dejar ir esas emociones. Un comentario de Tonks sacó a ambos de sus pensamientos.
—¿Qué preferís? ¿Con público o sin él? —la auror se refería a las cuatro mujeres en la sala. El pene se hinchó más ante la perspectiva de una orgia pero fue detenido por un comentario de Emmeline.
—No es necesario consumar, chicos. Tan solo necesitas correrte Harry y Ginny, solo necesitas provocar una corrida—suspiró y dijo—En teoría eso os librará del brebaje que bebisteis.
Tonks añadió—Pero…alguien debería estar para que Harry no se pase. Es un chico violento—riéndose y mirando a Hestia haciéndole un guiño.
La otra chica dijo—Molly debe de supervisarlo. Es su hija podrá enseñarle algunos trucos—ambas mujeres se rieron para consternación de la madura pelirroja que dijo con miedo—Lo hacéis solos. Yo me marchó—sacó su varita y mirando a Tonks dijo—Y vosotras—miró a ambas veinteañeras—venís conmigo a ayudarme con la limpieza de la segunda planta. Emmeline se marchó rápidamente dejando a los dos chicos solos.
Harry se sentó en una silla pensando en todo. Mirando a Ginny le indicó—¿Hermione y Ron están bien?
La chica arrodillándose ante él dijo—Sí. Una vez nos dimos cuenta de que nuestras varitas no podían saciarnos. Hermione…hizo…lanzó un encantamiento a mi hermano—tragó con dificultad y dijo—le hizo una paja y se recuperó. Me dijo que podía volver a hacerlo…pero… ¡Es mi hermano! ¡Asqueroso! Intenté hacerlo con la varita, mi mano e incluso le pedí a Hermione pero ni sus dedos pudieron. Tonks vino y me lo explicó.
Harry se sentó en una silla antigua y bajo la mesa la pelirroja comenzó a sacarle su pene del calzón. Rápidamente notó como la chica usaba su mano y su delgada lengua para ir recogiendo los rastros de las antiguas eyaculaciones. A pesar de no verlo lo sentía, al menos así podía olvidarse de que iba a correrse en la hermana menor de su mejor amigo.
Una vez húmedo y limpio, la pelirroja comenzó con su trabajo. Su mano derecha estaba haciendo disfrutar a Harry mucho más de lo que la propia lo hacía en casa de los Dursley. Pensaba que se debía a que lo hacía una chica. Olvidándose de quien lo hacía, empezó a gozar. La chica cambiaba el ritmo en el momento justo decidiendo prolongar la agonía y el gozo de Harry. Así nunca llegaba al clímax pero tampoco paraba de gemir.
El joven mago pronto pensó en lo morbosa que hubiese sido la situación si hubiese tenido a aquellas cuatro brujas viendo esto. En cómo Molly hubiese visto a su hija pajeando a Harry tan diestramente. La chica lo soltó y todo ocurrió demasiado rápido. Notó como Ginny recorría todo el camino con su lengua hasta posarse en su glande. Gotas de sudor caían intentando alargar el placer que sentía. El esfuerzo para no correrse era titánico. Los labios de la chica eran carnosos pero delicados, Harry podía sentirlos ahora más que nunca, su vista no le había engañado y claramente era mucho mejor sentirlos mientras la chica lo chupaba de arriba abajo dándole placer que visualizarlos din tener ese placer. Nada más que unos pocos viajes fueron suficiente para que el mago deseara sentir eso de nuevo. La pelirroja se detuvo momentáneamente.
Cuando volvió, tenía mucha más confianza y lo agarraba como si fuera suyo. Ginny quería acabar esto lo antes posible y Harry no podía superar el ritmo frenético que la chica imponía. En un reflejo miró hacia abajo y vio a la pecosa niña que huía de él, arrodillada mamando su miembro erecto. Y lo peor es que le gustó, era hábil en ello a pesar de su inexperiencia. Con la vista fija se corrió como nunca lo había hecho en su vida. Su semen recorrió las manos de la chica y ensució sus labios. Rápidamente Harry se subió el calzoncillo avergonzado y con la mente clara. Ginny se levantó y rápidamente y con un trapo se quitó el semen de sus manos. Su actitud había cambiado de estar excitada a estar muy avergonzada. La única muestra de lo ocurrido era la memoria de ambos y los labios manchados de blanco de la menor de los Weasley.
—Lo siento, Harry—dijo la chica.
No lo comprendió hasta que la chica se marchó. Sospechando que se trataba de algún tipo de broma suya y de los gemelos con la ayuda de Tonks decidió irse a acostar con un nuevo sentimiento ejemplar. Había salido bien a pesar de todo aunque deseaba llegar al final de todo esto.
