La noche pasó demasiado lenta para el pesar de Harry. Tenía que ir al Ministerio para la vista y no estaba particularmente seguro de haber convencido a Bones o de que Fudge lo fuese a dejar libre. Tampoco tenía tan claro que el director tuviese influencia suficiente. Tan solo deseaba no ir a Azkaban o que le rompiesen la varita. Esperaba que no le molestasen demasiado durante las primeras horas del día.

Comió rápido el desayuno y se fue a su cuarto. Ni Ron ni Hermione pudieron relajarlo lo suficiente. Se encerró durante unos minutos golpeando su propia cama harto de todo el asunto. Su vista era sobre las doce de la mañana así que tenía tiempo para intentar relajarse.

Se tumbó en la cama a esperar que la Señora Weasley le llamase para solucionar ese problema. El tiempo se fue pasando y lo único que consiguió era tener una gran erección que no disminuía. La única cosa que lo distraía de su juicio eran los recuerdos de Ginny. Pensándolo seriamente salió de su cuarto en búsqueda de la pequeña pelirroja. Tan solo era un pequeño favor, nada del otro mundo.

Encontró a la joven junto a su madre conversando en la cocina. Educadamente cortó su conversación diciendo.

—Ginny puedo hablar contigo a solas—la chica dejó de mirar a su madre y sumisamente fue junto a Harry. Molly en cambio observó a su hija y el comportamiento que tenía. Intentó relajarse pensando en que el chico no haría nada raro con su pequeña.

Harry subió las escaleras junto a Ginny hasta llegar a su cuarto. Entreabrió la puerta y vislumbró a Ron. Rápidamente dijo—Mejor vamos a tu cuarto.

Ginny los condujo hasta su cuarto, mucho más limpio que el suyo. En una cama había apilados libros, plumas y algún sujetador que Harry observó por largo rato. Redirigió su mirada a la pelirroja que parecía ligeramente ofendida por ver eso. Puso sus manos en los hombros de la chica y le dijo.

—Estoy muy mal Ginny—la miró a los ojos—necesito tu…ayuda.

La chica lo miró y con una gran sonrisa y algo de pudor en sus mejillas dijo—Por supuesto, Harry. ¿Qué necesitas?

El chico se sentó en la cama de la pelirroja y se señaló sus partes bajas—Estoy estresado. Necesito relajarme y tras lo que pasó. Pensé que serías la mejor opción para esto—la chica parecía muerta en vida por su proposición aunque parecía algo aliviada.

Ginny se sentó en la cama y dijo—¿Esto cambiará nuestra relación? —algo de alegría se veía en sus ojos. Deseo que se produjese algún cambio.

Harry la miró pensando en que decirle. Intentando tranquilizarla le dijo—Por supuesto que no. Es un favor de amiga… si quieres puedo agradecértelo luego.

Se sonrojó más furiosamente y dijo—Si estás dispuesto—encogiéndose de hombros ante la idea algo seductora. Rápidamente la chica se tumbó en la cama como si fuese a dormir y le hizo gestos a Harry para que la acompañara en esta postura. Harry puso su cabeza en la almohada y notó como la pelirroja comenzaba a moverse bajo las sábanas hasta situar su cara contra la entrepierna del chico. Sus hábiles manos comenzaron a quitarle los pantalones y calzoncillos hasta dejar su rabo tieso chocando con su mejilla.

Las sábanas nublaban parte de la vista pero poco le importaba. Ginny había decidido chupar su miembro lentamente sin prisas. Pero Harry no disponía de demasiado tiempo, instintivamente su mano agarró la nuca de la chica guiándola en el proceso. Si bien era más un adorno que otra cosa, notó que la pelirroja parecía algo más temerosa en sus chupadas. Había cambiado y ahora lamía el miembro echándole grandes cantidades de saliva mientras sus manos jugueteaban con sus testículos. Cuando el líquido comenzó a bajar por su miembro, Ginny usó sus manos para pajearlo.

Harry cesó de mirarla y simplemente con sus manos fue manteniendo la cabeza de Ginny cerca de su pene. Sabía que sus labios no estaban en su polla, tan solo sus hábiles manos. Pero al tocarle la cabeza le recordaba quien le estaba haciendo la paja. Se imaginó a Ron entrando y viendo el cabello pelirrojo de su hermana saliendo de debajo de su sabana. Rápidamente le indicó a la chica.

—Deja de jugar con tus manos—Ginny paró de pajearle. Su cabeza se fue acercando irremediablemente contra el pene del mago. Los ojos de la joven crecieron al ver que parecía haber crecido más en los últimos minutos. Abrió la boca y comenzó a chupar. Inmediatamente la fuerza en su nuca desapareció y Harry simplemente toqueteaba su cabello mientras la chica subía y bajaba en un ritmo mágico.

El mago miró hacia un lado de la cama donde se hallaba una mesita de noche. En ella había libros, peines y otros productos de maquillaje. Sacó las manos para darle rienda suelta a Ginny mientras intentaba abrir los cajones estirándose. El movimiento hizo que su polla abultase contra la tierna mejilla de la pelirroja, al verlo su miembro vibró pero Harry pudo contenerse.

Hurgando en uno de los cajones encontró unas tiernas bragas. Las agarró alzándolas solo para darse cuenta de que tenían snitch dibujadas que aleteaban en el centro. La pieza era de seda negra. Consideraba que aquella prenda femenina no era común sino sensual. El color, la textura la hacían ver propias de fantasías. Rápidamente la olió buscando el olor a coño pero no encontró ningún rastro. Rápidamente quitó la sabana dejando ver la cabeza en su vaivén habitual. Los ojos estaban llorosos y su mandíbula parecía demasiado abierta aunque se seguía deslizando por su rojizo miembro.

Con su mano la ayudo, sacándosela de la boca. Enseñándole la braga le dijo.

—¿De quién es?

Ginny dirigió su mirada hacia los ojos verdes del mago mientras con su mano lo masturbaba lentamente. Luego miró a las bragas que el chico esgrimía. Tragando saliva y peinándose con la mano dijo.

—Mías no son—dijo tragando bocanadas de aire—Serán de Herms.

Harry rápidamente echó un vistazo a la costura y tras mirarlo lo apretó en su mano. Dirigiendo su mano a la pelirroja la volvió a guiar hacia debajo de la sabana para que siguiese mamando. La chica regresó sumisamente y volvió a empezar su labor centrándose esta vez en el glande. El chico notaba que su fin estaba cerca pero intentaba contenerse mientras olía la ropa interior de Hermione. Mientras lo hacía notó que sus testículos comenzaban a palpitar con deseo. Rápidamente comenzó a gemir de placer y se preguntó cómo lo estaría pasando Ginny debajo de la sabana.

Su pregunta fue respondida rápidamente ya que la joven emergió con parte de su semilla corriendo por su rostro y pelo. La chica intentaba limpiarse con las manos y dejando el sobrante impregnado sobre las sábanas que la habían cubierto. Harry vio esto y le dio más espacio. Ginny fue limpiándose pero el mago agarró la ropa interior de Hermione y con ella fue limpiando el rostro de la chica delicadamente. Una vez limpia, Harry dijo.

—Creo que…uf…iré a ducharme para quitarme el olor—dijo sonriendo a la pelirroja.

Dejó a la chica en el cuarto avergonzada y caminó hasta la ducha. El agua y el placer que había recibido al dominar a la chica lo llevaron a una tranquilidad extasiada. Cuando salió, el peso de la realidad lo sacudió de nuevo. Tenía que ir al juicio sin la certeza de salir libre. Avanzó hacia el salón para encontrarse al Señor Weasley vestido para trabajar.

—Hoy me toca turno de tarde así que puedo llevarte a tu vista—dijo solemnemente.

Harry asintió y tras una sesión de llanto por parte de Molly salieron de la casa. Ambos fueron caminando hacia el centro de Londres. Harry rápidamente indicó—¿No nos aparecemos en el Ministerio?

El hombre se tocó la parte calva de su cabeza y dijo—No. Esta vez, no—respirando dijo—Queda más formal aparecer por la entrada de visitantes.

Ambos caminaron hasta una concurrida calle donde se metieron dentro de una cabina de teléfono londinense. Harry pudo ver como el Señor Weasley tecleaba una combinación de teclas al azar. Mirando hacia todos lados preguntó.

—¿No es arriesgado poner la entrada en medio de una plaza muggle?

—No. Los muggles no se enteran de nada. Está cabina tiene más encantamientos que el propio Ministerio. Indetectable para muggles como el Caldero Chorreante, por así decirlo—dijo rápidamente mientras la cabina comenzaba a descender lentamente hacia el vacío.

Harry observó todo conforme bajaba por la cabina. Una enorme estatua de un mago y una bruja junto a un elfo, un centauro y otras criaturas se erguía en el centro de una gran plaza como si fuesen adornos de una fuente. En un lado había una cantidad de chimeneas que liberaban personas en estampidas de llamas verdes. Polvos Flu, supuso el chico mientras avanzaba por una pasarela ornamentada con azulejos brillantes y negros. Conforme caminaban vio una enorme edificación cubierta de cristales y en el centro de la torre, una enorme pancarta con la cara de Cornelius Fudge.

El Señor Weasley miró todo y dijo—De mal gusto—mirando la imponente pancarta.

Asintió y se dirigieron en otro ascensor hasta una planta. Allí, Harry pudo notar una estancia amplia con gabinetes separados por cristales. En cada estancia había una gran placa con un nombre. Mirando preocupado dijo.

—¿Aquí es mi juicio?

Arthur simplemente añadió—Yo me tengo que ir a trabajar Harry—dijo mirándole apenado—Te dejo aquí, en la Oficina de Aurores. Preguntá a alguien o busca a Tonks—dijo rápidamente mientras comenzaba a irse.

El chico se asomó por los gabinetes buscando a la auror que ya conocía. Miraba el reloj asustado pero caminaba rápido rodeando las estancias buscando a cualquiera que le pudiese ayudar. En poco tiempo llegó a una sala cerrada con varios candados. Curioso miró el nombre de los ocupantes de la sala. Leyó curioso "James Potter y S. B."

Esa era la sala de su padre y su padrino. Pero el nombre de Sirius parecía haberse casi borrado. Tocó la marca y se dio cuenta de que fue arrancado por un encantamiento fragrante. Las marcas de quemaduras eran obvias, habían fundido las letras y tan solo quedaban distinguibles la S y la B. Curioso intentó entrar en ella solo para ser descubierto por una voz.

—A la tía no le gustará verte hurgando en zonas prohibidas del Departamento—dijo una voz femenina.

Harry se giró anonadado solo para ver a su compañero de Hogwarts, Susan parada allí. La pelirroja miró la puerta y los nombres y luego su mirada cambió de una severa a una apenada. Mirando al chico le dijo.

—Puedo entenderte, Harry—dijo con sinceridad—Pero no deberías hurgar por el Ministerio. Puedes meterte en problemas.

Harry le dio un vistazo a la chica disimuladamente y dijo—¿Sabes dónde está tu tía, Susan?

La chica rápidamente lo agarró y lo llevó por los innumerables corredores hasta llegar a una puerta ornamentada negra. Susan tocó la puerta y se abrió, revelando a una Amelia Bones sorprendida de ver a Harry. La mujer observó con el monóculo y dijo.

—Deberías estar ya en el juzgado. ¿Qué haces aquí?

Dudando ante dos mujeres dijo—Me notificaron que sería aquí.

La mujer miró el papel que el chico tenía y enfadada dijo—Propio de Cornelius—con pesar—Debemos marcharnos hacia abajo cuanto antes. Si no apareces, el Ministerio podría mandarte a Azkaban por desobediencia.

Ambas mujeres escoltaron a Harry por las escaleras. El chico avanzaba visiblemente más nervioso que antes. En un intento de desviar la atención preguntó.

—Madame Bones, porque…—repaso la formula mientras la mujer lo miraba—¿Por qué la oficina de mi padre estaba cerrada con llave? Nunca recibí nada de sus cosas.

Susan miró a su tía y dijo—Eso es ilegal tendrías que haber recibido todo lo de tus padres. O eso tengo entendido—dijo mirando a su tía.

Harry suspiró y dijo—Recibí sus bóvedas en Gringotts y según Dumbledore algunas propiedades. También tengo algunos objetos que me han legado conocidos pero nada más—con pesar y tristeza en su voz. Tan solo la capa, el mapa y ese álbum de fotos.

Amelia rápidamente descendió las escaleras para llegar a la última planta y dijo—Los objetos personales de ese lugar—con asco—están confiscados. Se pensó que el fugitivo Black podría venir a por alguna cosa de su pasado. Por eso se cerró la oficina y no se quitaron ninguna de las cosas—su voz cambió a una más tranquila y dijo—Se lo que se siente al querer saber más de tus padres—ojeó a Susan—pero esto es seguridad nacional. Aunque—al ver la cara apenada de Harry—estoy segura de que puedo coger algunas cosas triviales y que mi sobrina te las entregue en Hogwarts.

Harry sonrió aún más. Los tres descendieron las escaleras y Amelia rápidamente miró a la pelirroja más joven y añadió—No se te permite estar aquí, Susan. Vuelve a casa—ordenó sin remordimiento. Mientras la joven volvía a subir, ambos caminaron por el pasillo hasta llegar a un corredor con dos puertas. Harry observó una detenidamente y cuestionó.

—¿Qué hay allí?

—Departamento de Misterios. Se esconden las magias más poderosas en él. Tan solo los inefables pueden entrar e investigar. Sería una locura entrar en él—añadió tranquila mientras avanzaba hacia otro extremo.

Una vez entraron en la sala, pudor reconocerla. La misma sala del juicio donde habían apresado a los torturadores de los Longbottom. Nervioso por ver la misma jaula en el centro y sillas con cadenas dijo—¿Wizengamot?

Un asentimiento de Amelia fue suficiente para que comprendiese que esto sería más que una simple vista. Fue a ocupar la silla pero fue detenido por el brazo de la mujer pelirroja. Rápidamente añadió—Tienes que esperar a que todos estén en la sala. El acusado no puede entrar antes—dijo sonriéndole—Me quedaré contigo unos minutos.

Ambos hablaron de cosas triviales hasta que Harry consternado vio a Cornelius junto a Lucius Malfoy conversando tranquilamente. El hombre rubio miró a Harry con disgusto pero iba echando un vistazo a todo a su alrededor. Miraba cada parte del pasillo con delicadeza, tanta que ni Fudge se daba cuenta. A diferencia de Draco, Lucius si era una verdadera serpiente. Cornelius miró a las personas paradas en la puerta e impresionado dijo.

—¡Amelia! Me alegra que estes aquí—ciño su mirada en el niño que sobrevivió—¡Ya te has metido en problemas, chico! Sospechaba que Potter no podría estar sin llamar la atención más de diez días—mirando a Lucius—¿Qué has hecho para tener a la directora del DMLE aquí contigo?

Lucius miró contento y dijo—El Señor Potter siempre ha tenido un complejo de superioridad—miró al chico y dijo—Igual que su padre—con sorna.

Cornelius sonrió también y dijo apenado—Era un gran hombre pero un poco engreído. Y Black—dijo con disgusto—No ha sido capturado. Espero el velo cuando lo capturen, Amelia.

La mujer asintió para consternación de Harry. Lucius rápidamente dijo con gracia para sí mismo—Es una verdadera desgracia que esté todavía libre—miró a Amelia y dijo—Quizá Madame Bones sea ineficiente en sus tareas—eso parecía ofender a la mujer pero se mantuvo callada y seria observando al hombre.

Harry fue a protestar pero fue detenido por la mujer que añadió—Creo que soy perfectamente eficiente en mis tareas. Si Black está libre se debe a un golpe de suerte y a sus métodos que aprendió cuando estaba sirviendo aquí—sonrió a Malfoy y dijo—¡Claro tu eso no lo sabes! Porque estabas…—fue silenciada por Fudge quien dijo—Bueno vayamos entrando. Hay que juzgar a un delincuente.

Los hombres entraron y Amelia se despidió del chico para poder ocupar su lugar en el jurado. Ahora ciertamente temía el resultado de su vista. Fudge se estaba riendo en su cara del resultado y parecía beber de la mano de Malfoy. Bones odiaba a Sirius y parecía querer capturarlo lo antes posible pero pensaba que era su única baza. Esperó hasta que fue informado de que debía entrar en la sala.

Entró y se sentó en la silla con cadenas. Las cuerdas metálicas se aferraron a sus muñecas y Fudge habló desde el centro de la sala.

—Vista contra Harry James Potter por uso de magia en presencia de muggles reiteradamente. En el proceso judicial encontramos a Cornelius Fudge como juez—refiriéndose a él mismo—Dolores Umbridge como subsecretaria—Harry vio a una mujer horrenda vestida de rosa—Percival Weasley como asistente—la mirada de odio hacia el chico fue inquietante. Después de enterarse de lo de Hermione y Ginny quería matar a ese hombre—Fiscal general, Amelia Susan Bones directora del Departamento de Cumplimiento de la Ley Mágica.

Mientras el ministro se callaba una voz potente y clara se elevó desde el pasillo acercándose al lugar donde Harry estaba atado.

—Abogado del acusado, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore—todos observaron al anciano entrar visiblemente enfadado en el juicio y a Cornelius mirándolo con avidez en sus ojos.