El asunto había comenzado casi dos semanas después de volver de una dimensión con criaturas poderosas a las que tuvo que derrotar haciendo uso de diversos hechizos que solo debían de usarse en casos extremos y que tenían consecuencias interesantes.

El asunto se manifestó una cálida mañana en forma de náuseas que obligaron al Hechicero a levantarse apresurado para dirigirse al baño de su habitación en el Sactum y poder vaciar sus pobres entrañas en la taza del inodoro.

El ruido de arcadas y maldiciones terminaron de despertar a un adormilado ingeniero quien al sentirse orientado y funcional se dirigió hacia el baño. La preocupación comenzó a apoderarse de sus rasgos cuando observó a su novio, sudoroso y miserable abrazar la taza del baño mientras solo producía arcadas secas.

—¿Estás bien ahí Houdini? — interrogó Tony preocupado, acercándose hacia su pareja para arrodillarse a su lado y tiernamente apartar los mechones rebeldes que cubría su rostro. Su corazón se estrujo cuando vio ojos de caleidoscopio húmedos por las lágrimas y un rostro enrojecido por el esfuerzo— ¡Ay! Stephen.

El hombre de hierro acuno con mano cálida la mejilla del su novio, quien gustoso se inclinó aún más en el toque, dejando escapar un suspiro de satisfacción.

—Estoy bien, Tony. Quizás algo de lo que cenamos ayer me cayó mal— respondió con voz temblorosa y algo ronca.

El castaño asintió ante su respuesta, archivando aquella información en su mente y descubrir si el establecimiento de comida la servía en mal estado.

—Siendo así será mejor que hoy no vayas a tus ocupaciones mago, y no— interrumpió apresuradamente ante el inicio de una protesta— no está en discusión. Sé que eres fuerte, Stephen y que puedes con todo, pero prometimos hacer todo lo posible para descansar cuando enfermamos. Así que regresaremos a la cama, donde nos acurrucaremos y no haremos nada productivo en todo el día, yo cuidare de ti, ¿sí?

Strange lo miró atento sopesando en alguna respuesta de negación, pero al no haber ninguna y ante el deseo de su propio cuerpo por descansar accedió.

—Está bien Tony —dijo con una sonrisa cansada.

El hombre más pequeño sonrió satisfecho. Ayudó a su amante a ponerse de pie, soportando casi todo su peso y los condujo hasta la enorme cama con dosel, donde se recostaron, Strange, como pocas veces, siendo la cucharita pequeña.

—Estoy seguro que mañana estarás mejor, Houdini. Ahora duerme— sugirió regando besitos por toda la cabeza de su novio hasta que este se quedó dormido.

Antes de que el superhéroe también sucumbiera de nuevo al sueño le pidió a su IA que despejara su agenda por el día y le avisara a Wong sobre lo sucedido.

Esperaba con ansias que mañana las cosas mejoraran.

Lamentablemente las cosas no mejoraron.

Strange se despertó completamente aturdido y desorientado, con un dolor de cabeza que lo hizo soltar un gemido lastimoso y que terminó por alertar al hombre que estaba junto a él.

—Veo que ya despertaste— habló Wong, con su tono tranquilo característico y su rostro neutral. Suavemente depositó el tomo de hechizos que estaba leyendo sobre la mesita que tenía enfrente para concentrar toda su atención en su amigo— ¿Cómo te sientes?

—Como si me hubiera vuelto a atropellar un dragón— respondió con sorna, al tiempo que estudiaba su entorno. Percatándose que se encontraba en la sala del Sactum descansando en el sillón y con la capa cerniéndose cerca de él preocupada. Cuando terminó de vagar dirigió su rostro cansado a su amigo— ¿Qué me paso? ¿Cuánto tiempo estuve fuera?

El asiático lo observó atento y serio antes de responder.

—Aparentemente te desmayaste, así es como te encontré en uno de los pasillos del Sanctum. Llevas apenas un par de horas.

Eso fue lo único que dijo de momento, dándole la oportunidad a su colega de asimilar la información. Stephen por su parte hurgó en sus recuerdos. Ese día se había levantado con sus ya habituales náuseas matutinas, sintiéndose algo cansado y viéndose terriblemente mal que hasta su novio lo notó, quien quería quedarse con él y cuidarlo y en cambio tuvo que dejarlo bajo promesa de cuidarse y no excederse para ir a una importante reunión de negocios. Entonces continuó con su día, decidieron ponerse a leer y meditar para evitar por completo entrenar con los estudiantes. Y así se pasó largas horas hasta que su estómago protestó de hambre y cuando se puso de pie, lo hizo demasiado rápido, mareándolo y ocasionando que la oscuridad se asomara en el borde de su visión y lo llevara al suelo. No se rompió la cabeza porque la capa logró atraparlo y dejarlo con cuidado en el suelo.

Dejando escapar un suspiro el mago continúo hablando, con voz temblorosa y el rostro oculto entre sus manos.

—No sé qué me pasa Wong, ya llevo tres semanas así y no hay mejoría, estoy muy cansado, a veces con mucho apetito, a veces sin ganas de ingerir nada, y por las mañanas o tengo solo náuseas o van acompañadas de vómito. ¿No me estoy muriendo, o si?

Wong guardó silencio accediendo a toda la información archivada en su cabeza para poder identificar la causa de los síntomas. Una intoxicación alimentaria fue la primera opción, pero esta no se mantiene por tanto tiempo, así que quizás sea algún problema mágico. Algo que pescó en alguna dimensión y trajo consigo cuando volvió.

—Déjame hacerte una revisión más profunda, ¿estás de acuerdo con ello? —Wong lo habría hecho desde que lo encontró desmayado, pero siempre ha sido tan acérrimo del consentimiento que decidió esperar a que su amigo se despertará para hacerlo. Obviamente se aseguró antes que lo que lo llevó al suelo no fuese algo mortal.

Strange asintió, recostándose en el sillón y siguiendo los movimientos de su colega, quien se cernió sobre él y convocó su magia, comenzando a analizarlo de la cabeza a los pies. Fue cuando llegó al estómago del hechicero que se detuvo abruptamente. En todos sus años pocas cosas lo hacían romper su semblante estoico y esta era una de esas. La sorpresa inundó sus ojos y su boca se abrió ligeramente. Volviendo de nueva cuenta a estudiar mejor esa área corroboró su descubrimiento. Stephen lo observó con preocupación ante la expresión conmocionada de su amigo.

—¿Qué es Wong? — el tono asustado del mago más alto sacó de su estupor al mencionado quien trató de recobrar su semblante. El bibliotecario lo miró seriamente y después de un tiempo de buscar las palabras adecuadas respondió.

—Estas en cinta— dijo con cierta incredulidad en su voz.

Strange lo miró con los ojos bien abiertos.

Estas en cinta.

Un embarazo.

Un bebé creciendo dentro de él.

Esa simple oración se había llevado su capacidad para formular palabras, dejándolo también en un estado de entumecimiento que lo seguía aun ahora que la noche había llegado y se encontraba encerrado en su habitación, sentado en el borde de la cama y repasando una y otra vez la discusión que tuvo con su amigo.

¡Eso es imposible, Wong! ¿No juegues con eso? La última vez que comprobé era un hombre de nacimiento.

No es un juego, nunca bromearía con algo tan serio. Lo estas, la magia no se equivoca… Además, esto ya ha sucedido otras veces en mi tiempo en Kamar Taj ahora que recuerdo. También existen algunos hechizos de fertilidad que podrían provocar un embarazo en quien lo use, sea hombre o mujer.

Cerrando sus ojos dejó escapar un suspiro tembloroso, frotando sus sienes ante el inminente inicio de un dolor de cabeza, que solo empeoraba ante la maraña de pensamientos que se arremolinaban dentro. Un bebé, algo frágil, aún sin forma, creciendo dentro de él. Un bebé suyo… y de Tony. ¡Oh, por Vishanti! Tony. ¿Cómo le diría al hombre que por un descuido suyo con los hechizos pudo quedar en ese estado? ¿Qué haría su novio? Lo más seguro lo miraría con horror o desagrado. A pesar de salir con él, el ingeniero aún tenía ciertas reservas con la magia, aun se asustaba y caminaba cauteloso alrededor de ella. Seguramente esto lo alejaría por completo. Por supuesto que sí, lo vería como una abominación. Dios. ¿Por qué no fue más cuidadoso? Es el Hechicero Supremo debería saberlo mejor. Pero ¿y si nunca se lo dice? Podría deshacerse de él… apenas son tres semanas, una cosa de nada, sería tan fácil o simplemente se iría y lo tendría, desaparecería de la vida del ingeniero y nunca se enteraría de que tendría un hijo.

¡Por Vishanti! Que cosas horribles piensa, no sería justo para Tony ocultarle algo como esto. Sin importar como fue concebido era también suyo.

Pero tenía tanto miedo.

No quería perder a su novio.

No sabía qué pensar.

No sabía qué hacer.

—Strange, mago, vamos, regresa conmigo— escuchó alguien mencionar su nombre. Se escuchaba lejano, distorsionado— Vamos Stephen, mi amor, copia mi respiración.

Tony. Estaba aquí, a su lado, pidiéndole que respirara. ¿Respirar? ¿Por qué lo haría?

—Por favor, por favor. Vuelve. Respira.

Y lo hizo. Lentamente. Poco a poco se volvió consciente de su entorno, del cálido pecho que podía sentir debajo de su mano fría y temblorosa, del aroma a aceite de motor y colonia cara que su novio siempre emitía.

—Eso es bebé, lo estás haciendo estupendo.

Una mano callosa acuno su mejilla e instintivamente se inclinó hacia el toque. Strange miró al hombre delante suyo con ojos rojos y mejillas húmedas. Tony mostraba en sus rasgos preocupación y cariño.

—Estas bien cariño, estoy aquí, estas aquí—susurró el ingeniero contra los cabellos negros de su amante una vez que lo atrajo a su regazo para abrazarlo, mimarlo y colmarlo de palabras dulces— ¿Qué paso Stephen?

Tony fue el primero en romper el ya cómodo silencio, maldiciendo internamente cuando sintió al hombre pálido tensarse.

—Está bien si aún no quieres decírmelo, sin presiones cariño.

Y Strange suspiro de alivio ante el respeto por su comodidad, por permitirle estar un rato más en los brazos de su amor antes de que se alejara por considerarlo un monstruo. Eventualmente tuvo que dejar la comodidad que el cuerpo del hombre de hierro le proporcionaba, para acurrucarse contra la cabecera de la cama y mirarlo. Memorizar sus bellos ojos castaños y su linda sonrisa porque estaba seguro que sería la última vez.

Suspirando de nueva cuenta se lanzó al relato. En todo ese tiempo Tony lo miró con diversas emociones: sorpresa, incredulidad, curiosidad. Nunca desagrado.

—Wong dice que muy seguramente fue el hechizo de restauración de la vida que use hace casi tres semanas y media en aquella dimensión y cuya consecuencia de su uso provocó un estado de fertilidad que me hizo propenso a quedar en estado sin importar que fuera hombre.

» También preguntó a uno de los ancianos sobre la situación y mencionó que podría interrumpir el embarazo sin haber complicaciones o continuarlo también sin complicaciones, porque la magia ayudaría a que fuera una gestación sin riesgos.

» Si decido mantenerlo nacerá bien, mejor que cualquier otro niño.

—¿Tu qué quieres hacer, Stephen? — preguntó con cautela una vez que encontró que decir y después de un rato de tenso silencio.

El hechicero observó atento a su novio, analizando sus expresiones y leyendo el tono de su voz.

—No lo sé— respondió simplemente.

Tony asintió en respuesta levantándose de la cama. Strange lo vio ponerse de pie y cerró sus ojos no queriendo ver marcharse a su amor. Pero nunca escucho pasos alejándose ni la puerta abrirse, en cambio sintió el toque tierno contra sus mejillas y con esperanza en sus ojos y corazón alzó la cabeza admirando en la postura y mirada de su novio un inmenso amor y cariño que sanó su atormentada alma.

—Sea lo que sea que decidas hacer, me quedaré contigo. Si deseas conservarlo o no, no te dejaré solo. Te amo Stephen Strange— su confesión de amor la susurró contra sus labios para después besarlo.

No pasaron muchos días cuando Stephen le comunicó su decisión, después de someterse a una revisión con el anciano del que hablo su amigo y sopesar los pros y contras del embarazo.

Conservaría al bebé y se aventuraría en esta locura para saber a dónde los llevaría.

Tony lo abrazó y besó, sonriendo y riendo ricamente.