La imagen seguía en su mente. Harry se quedó parado observando la reacción desconsolada de la mujer madura. Su varita apuntaba a lo que tenía ante ella murmurando algún tipo de encantamiento. No tenía luz y Harry no podía adivinar de que se trataba. Con miedo pudo observar que se trataba de un simple boggart debido a que cambiaba de forma entre todos sus hijos muertos.
Ese era el efecto que una de esas criaturas podía tener en una persona estresada. Miró a la mujer escuchando sus lamentos y simplemente dijo—Señora Weasley no es real—la miró sollozando más fuerte—es un boggart.
Quiso interponerse como había hecho Lupin antaño pero pensó en que el suyo sería un dementor. Sería demasiado para que Molly lo soportase. Intentando solucionarlo se quedó mirando el dolor de la madura pelirroja. Dejarla allí sería aumentar su tormento así que simplemente le indicó—No es real. Sabe que están vivos, Señora Weasley. ¡Usted lo sabe! —le recriminó el chico.
El boggart volvió a cambiar para reflejar a dos hombres adultos semejantes a los gemelos muertos. Sus miembros estaban esparcidos gracias a cortes en sus extremidades. Molly abrió los ojos con horror diciendo—No. No. Fabian y Gideon no se merecían eso—tragó saliva diciendo—fue mi culpa.
Harry no supo que decir y simplemente añadió—No lo fue. Ellos decidieron pelear bajo ese riesgo. No puede controlar la vida de los demás—le dijo con algo de enfado. Tanto Molly como Dumbledore intentaban controlar su vida y eso le fastidiaba.
Molly abrió los ojos diciendo—Yo…yo solo quiero que sigan vivos—tragó aire sollozando—no podría ver cómo mis hijos son descuartizados frente a mi casa—dijo con dolor, un dolor que Harry comprendía. Pero también sabía que los boggarts al igual que los dementores se alimentaban del dolor que una persona sentía. Esa criatura se hacía poderosa y llegado el momento intentaría absorber la vida de la Señora Weasley. No sabía qué hacer hasta que una sollozante Molly le indicó.
—Ginny…cuidó de mí—la tristeza era demasiada para su voz que ya comenzaba a fallar debido al llanto. La criatura rotaba de muertes pero cada vez se acercaba más a la regordete pelirroja. El chico sabía que podía ocurrir a continuación, semejante a los dementores, los boggarts eran capaces de arrancar el alma.
Con algo de miedo en su voz indicó a la madura—Su hija se encarga de cuidarme a menudo—sabía que era mentira pero eso consiguió que la Señora Weasley olvidase al boggart y preguntase entre lágrimas—¿Cuidarte? ¿A qué te refieres?
—Ginny me hizo una mamada—la mujer simplemente avergonzada le miró a los ojos verdes. Sabía que había ocurrido aquel día cuando tuvieron que permitirlo. Harry contempló el rostro de la mujer y simplemente dijo—No fue muy buena haciéndolo—me preguntaba si una mujer como usted podría hacerlo mejor—dijo con timidez.
Molly se levantó y dijo—Seguramente pero tengo edad para ser mayor que tu madre. No pienso hacerlo. Hazlo con Hermione seguro que sabe más de lo que parece—sin embargo, el niño que vivió tenía otros planes. El boggart se aproximaba listo para el ataque y sus visiones seguían atormentando a Molly. Pronto acabaría con su vida, un confundus hizo que la mujer olvidase los cuerpos muertos frente a ella. Harry se ocupó del boggart solo para ver a Molly mirándolo interrogante.
Se preguntó que estaría pasando por la mente de la Señora Weasley solo para ser sorprendido por las manos de la mujer hurgando en su túnica hasta toparse con su pene. Al sentir aquellas manos su cuerpo se contrajo con pavor pero extrañamente vio el deseo en los ojos de la mujer. Retrocedió con algo de valentía a pesar de lo bien que se sentía el toqueteó de las manos con su escroto.
—Señora Weasley…no…no—respirando—esto está mal. Usted es…es muy…ah—gimió bajo un apretón en sus testículos—mayor—esgrimió el chico con un argumento que poco a poco perdía peso.
La madre de Ron continuó su labor mientras peleaba con las manos de Harry que intentaban detenerla. Viéndose obstaculizada dijo—¿No te excitó, Harry? ¿Tan vieja soy? —la tristeza se agolpaba en su rostro ya húmedo. Sin embargo un resplandor amarillo aún era visible en sus ojos. Al igual que el Imperius, el Confundus dejaba algunas pistas, Molly seguía embrujada.
El chico dudó que contestar, si bien Molly era mayor ciertamente mucho más que Sirius también poseía un atractivo algo ajado por la edad. Su cuerpo se había vuelto rechoncho por sus continuos embarazos lo que había hecho crecer sus enormes pechos aún más. Al contrario que Hermione, estos se habían vueltos esponjosos, gordos y caídos por su propio peso dando un canalillo con un ángulo mucho más grande. La grasa también se había acumulado en su cadera por lo que Harry pensaba que debía tener un trasero enorme pero poco musculoso. Su pelo era más corto que el de Ginny y menos llamativo. Si el de la chica simulaba fuego, el de Molly era un tono más sucio.
Sin saber qué decir, el chico optó por elogiarla y así ganar tiempo hasta que el confundus desapareciese.
—Qué va, Señora Weasley—mintió descaradamente—si se la confunde con Tonks a veces—le dijo para subirle el ego. En cierta medida eso era imposible ya que la auror podía ajustar su cuerpo así que podía superar a cualquier mujer.
A la mujer eso le gustó mucho. Demasiado. Harry se dio cuenta en seguida al ver en sus ojos el resplandor de la lujuria junto a un toque amarillo. En un par de segundos la madre de Ginny, la persona que mejor lo había tratado en años le bajó el pantalón y se metió la mitad de su polla en la boca. No se dio cuenta de que ocurría hasta unos segundos después cuando notó la lengua vibrando en su glande.
—¡Señora Weasley, Paré! ¡Deténgase! Si alguien nos viese—dijo con temor a la reacción de algunos adultos y de los hijos de la mujer.
La madre de Ron lo hizo callar poniéndole un dedo en los labios sin dejar de comerse todo lo que podía. Harry iba creciendo dentro de la boca hasta que llegado un punto la mitad de su polla se encontraba fuera de la entrenada garganta de la madura. El esfuerzo que hacía no era suficiente para tanto rabo aunque su experiencia hacía que fuese muy difícil aguantar.
Ahora entendía de donde había heredado unos labios tan perfectos para el sexo oral Ginny. Parecían diseñados por la evolución para esa labor en especial aunque cabía mejorar mucho en la técnica. La hija le ponía empeño y estaba motivada pero aún era novata y no se sentía cómoda con un pene en su garganta. Molly en cambio trabajaba con su boca como la mejor de las prostitutas. Eso solo lo daban las docenas de mamadas que había hecho en su vida.
Harry estaba disfrutando de una de sus mejores experiencias en su corta vida. En el suelo podía ver perfectamente la lujuria en los ojos de Molly Weasley mientras recorría todo su miembro, y todo ello encima de sus enormes tetas. Pensó por un momento en que se debía a haber parido mucho pero al pensar en Hermione o en otras alumnas de Hogwarts desechó esa idea. Deseaba que Ginny en la adultez fuese como su madre.
Los labios de la pelirroja seguían recorriendo todo su falo alternándose con la ágil lengua cada vez más. Tras ver que ni siquiera sus mejillas podían dar cabida a tal rabo, Molly había agarrado la base y pajeaba a buen ritmo mientras su lengua humedecía todo lo que su mano no cubría. Agarró los cabellos pelirrojos de la mujer madura preparándose para darle el premio que se merecía tras una limpieza tan profunda. Olvidándose de todo dijo.
—¡Uf es increíble! Cómo la chupa, Señora Weasley. Eres una verdadera puta—dijo sin ya callarse—Prepárese para su recompensa.
Su mano guio a la mujer hasta que su glande apuntó directamente al fondo de su boca. Listo para correrse se preparó para apuntar directamente a su boca pero fue detenido cuando Molly dejó de pajearle y cesó en su mamada húmeda. Su miembro rojo, duro e impregnado de hilos de saliva esperaba que le diesen un último empujón para derramar su leche. Un empujón que no llegó.
Harry impresionado vio como los ojos de la madre de Ron recobraban su brillo normal. La maldición se había esfumado pero poco importaba ahora. Con miedo esperó la reacción enfurecida de la mujer. Recordaba sus aulladores y temía lo que pudiese hacerle. Sin embargo, la lujuria ganó está vez y Molly afirmó.
—Oh, no, Harry. Estaba pensando en otra cosa—a la vez que lo obligaba a tirarse en el frío suelo—Aprovechemos este momento…
La Señora Weasley se puso encima y agarró el miembro de Harry que ahora estaba aún más duro. Rápidamente lo dirigió a su entrepierna en un movimiento ensayado miles de veces. Harry estaba tan caliente que no dijo nada al sentir como su miembro entraba dentro de una mujer por primera vez. Su glande hizo contacto con los labios vaginales y poco a poco se abrió paso a través de su coño caliente. A pesar de su experiencia, Molly intentaba posicionarse bien gracias a que el miembro de Harry era demasiado largo y tocaba puntos que no habían sido tocados en años.
Su pene entraba muy despacio mientras ambos disfrutaban del proceso hasta que las nalgas de la pelirroja se apoyaron en las piernas del mejor amigo de sus hijos. En un momento deseó que su esposo tuviese la misma longitud que aquel chico. En ese momento ideal, unidos completamente Molly sintió un escalofrío que hizo que Harry supiese lo que estaba pensando.
Estaban en un cuarto de una casa llena de sus hijos y con su esposo a pocos metros además de algunos miembros de la Orden. No era una situación ideal pero parecía que la mujer no se iba a contentar con una leve inserción. Harry intentó levantarla en peso para irse pero era demasiado para él. Un simple comando fue suficiente para convencerle.
—Rápido, necesito esto—apuró la mujer—solo hagámoslo rápido y no hagas ruido.
Era un comando fácil. En la Torre de Gryffindor todos se masturbaban y se intentaba hacerlo en silencio para no destapar las fantasías eróticas de cada uno. Harry dejó escapar un gemido cuando la mujer empezó a follárselo sin pedir permiso con gran furia.
La Señora Weasley le había tapado la boca con sus manos mientras cabalgaba a un ritmo endiablado, mordiéndose el labio y conteniéndose con los ojos cerrados. Harry veía lo cachonda que estaba por su cara y por la humedad de su vagina que pronto empapó su pene. Su mente únicamente se centraba en cómo su pene latía ante el paso de ese pedazo de hembra una y otra vez.
Cuando subió el ritmo lo único que se le ocurrió fue agarrarse a algún sitio. Por suerte Molly contaba con dos grandes estribos que colgaban de su cuerpo. A pesar de su ropa, Harry pudo disfrutar de sus magníficos senos, hundiéndose en ellos ya que estaban atrapados en un enorme sujetador. El placer era tan grande que evitó el gemido haciendo una ventosa en los pechos de la mujer. El sexo era más bien una posesión, ya que la Señora Weasley chocaba con él cada vez más rápido y él intentaba no correrse demasiado pronto. Con sus manos en sus pechos y ella botando cada vez más, Harry supo que no duraría mucho.
Parecía que la vejez afectaba a la mujer ya que pronto paró en un ritmo más apacible. Lo suficiente como para que Harry se trasladará a sus nalgas y ahora podía acompañar el sexo con alguna embestida. Más cachondo que nunca al ver como la cara de la mujer se ponía roja disimulando sus gemidos, Harry engordó su rabo y cedió en la última incursión llenándola de semana espasmo a espasmo. Molly en cambio, siguió durante un rato más hasta que un grito ahogado por sus manos anunció su corrida. Harry pudo sentir un flujo chorreando contra su pene lubricándolo más.
Sacó el miembro flácido de su interior mientras el semen del mago chorreaba por sus piernas.
—Hablaremos de esto en otro momento—dijo avergonzada—Buenas noches.
La mujer se marchó a darse un baño, supuso Harry. Dudaba que fuesen a hablar de esto debido a que mañana partían a Hogwarts. Se encogió de hombros y simplemente partió a su cuarto solo para escuchar gemidos del cuarto de los padres de Ron. Parecía que su pene había abierto la chispa dentro de Molly y ahora pretendía saciar su hambre sexual. Sonriendo descaradamente fue hasta su cuarto solo para encontrar a una aventurera Hermione besando al chico pelirrojo. Algo irritado por ver a sus mejores amigos se marchó hacia abajo con la esperanza de charlar con alguien de su edad solo para ser escuchar como aquel elfo demente elucubraba junto a un retrato. El mismo de siempre. Observó lo que decía, interesado.
—Mi ama—miró al cuadro la criatura—Otro Potter ha corrompido la casa de los Blacks—dijo con algo de rencor.
La mujer del cuadro frunció el ceño diciendo—¿La traidora de la sangre de Andrómeda ha vuelto? —el odio era intrínseco.
Kreacher negó—No. No. Solo el traidor Sirius habitá en la casa. Los demás son traidores a la sangre y sangre sucias. El traidor a la sangre Potter mancilló otra vez estás paredes, practicando el acto matrimonial con una bruja mucho mayor.
—¿Qué traidor Kreacher? —intervino Harry de las sombras.
