El verano se convirtió en otoño y el Hechicero Supremo tenía ya 5 meses de embarazo, su pancita era más notoria, las náuseas y vómitos matutinos habían quedado atrás y ahora solo quedaba disfrutar de la etapa y seguir con sus ocupaciones. Y era lo que el ex neurocirujano se encontraba haciendo en estos momentos. Estaba en la Torre Stark, recostado cómodamente en el sillón que su novio había puesto en el laboratorio, con un tomo de hechicería flotando delante suyo, pasando cada página con una de sus manos mientras la otra acariciaba perezosamente su estómago y en ocasiones a la capa encima suyo que fungía como una cálida manta y también como un protector.

Debes en cuando dirigía algunas miradas afectuosas al dúo de genios que estaban completamente ensimismados en mejoras para el próximo teléfono que saldría a la venta.

La habitación en general contenía una viñeta pacífica y hermosa. Algo que empezaba a suceder muy seguido.

Pronto el lugar se llenaría de risas y alegría cuando debajo de dedos temblorosos se sentiría por primera vez y fuertemente el movimiento del pequeño que crecía cómodo en el vientre de su padre.

Strange dejó de lado su libro con una mirada de asombro y una sonrisa en sus labios. Retomando sus caricias esperó paciente hasta que volvió a sentir ese maravilloso movimiento.

—¡Tony!, ¡Tony!, Ven— gritó con emoción sorprendiendo a ambos residentes. El mencionado tardo un poco en reaccionar mirándolo con sorpresa, y cuando procesó las palabras de su pareja se levantó abruptamente, preocupado, comenzando a lanzarle preguntas y llamando a su IA— no es nada malo, Tony, cálmate… ven, acércate y dame tu mano.

El ingeniero se acercó con cautela, pero sospechando lo que sucedería a continuación. Detrás de él, la joven arañita los miraba como un búho, con mucha curiosidad, esperando expectante.

Tony llegó, sintiendo su alma vibrar de emoción, tomó con cautela la mano ofrecida y la fue dirigiendo hasta el estómago de su pareja y esperó, conteniendo la respiración, no deseando perderse nada, ni siquiera para respirar. Strange acarició con su mano libre por unos instantes más hasta que pudieron percibir de nueva cuenta la inquietud de su bebé.

Y oh, qué dicha y calidez se arremolino en el pecho del hombre de hierro al percibir por primera vez a su pequeño. Si una lágrima llegó a fugarse, bueno nadie dijo nada.

—Mira Pete, ven, siente— dijo el hombre con emoción volteando a ver a su arañita para después volver a dirigirse a su novio— Puede venir, ¿verdad?

Strange sonrió, agradecido por la consideración a su espacio, asintiendo a un adolescente quien se acercó con cautela hacia la pareja.

—Dame tu mano Peter— el hechicero lo guió a la zona donde se sentía más el movimiento. Una sonrisa iluminó su rostro al también percibirlo.

—Esto es maravilloso, Dr. Strange, Sr. Stark— exclamó con demasiada energía feliz desbordándose— mucho más genial que solo escuchar latir su corazón.

Ante su confesión ambos hombres lo miraron con asombro cosa que hizo que se sonrojara furiosamente.

—¿Tú puedes? — preguntó el hombre que comenzaba ver como a un padre— ¿Cómo?

Peter asintió tímidamente.

—Súperaudición y eso— respondió sonrojándose aún más si es que podía.

Strange y Tony sonrieron, arrullando al joven.

La tarde continuó los tres optando por dejar de lado sus deberes para simplemente disfrutar de su pequeña familia.

Solo faltaba cierto hechicero malhumorado quien había partido hace poco tiempo a una dimensión para suprimir una amenaza para completar su felicidad.