Los chicos fueron despertados por los gritos apurados de la Señora Weasley. Al parecer las tradiciones de la familia continuaban incluso fuera de la Madriguera. El ruido y los viajes escaleras abajo eran notables. El único divertido en esto era Sirius que veía la casa rebosar de vida y sonreía mientras intercambiaba ideas con los gemelos. Tras veinte minutos de estampida todos los baúles estaban organizados en la entrada y los chicos terminaban de vestirse. Molly permanecía distante pero habló con Harry como si nada hubiese pasado, algo más fría pero nada más.
Cuando llegó la hora de irse Tonks apareció por la puerta junto a Hestia Jones. Ambas luciendo más mayores de lo que eran. La metamorfomaga había optado por ponerse el pelo rubio y lacio mientras crecía su busto y alargaba su tamaño. Hestia había modificado el peinado y realizado algún encantamiento para modificar su figura. Junto a ellas Alastor Moody intentaba colocarse un bombín del siglo XIX para disimular su ojo mágico.
—¡Vámonos! ¡Vigilancia Constante!
La auror miró para otro lado con desdén diciendo—Nadie atacará el expreso de Hogwarts. Sería una muerte directa hay miles de magos y aurores.
—Tampoco pensábamos que atacarían Privet Drive, Tonks—indicó el auror—Vigilancia Constante.
Ambas mujeres abrieron la puerta y salieron mientras con sus varitas levitaban los baúles y los encogían. Alastor detrás de los chicos aseguraba el perímetro junto a un perro negro despeinado. Harry abrió los ojos al ver como el perro le guiñaba el ojo. No pensaba que Sirius fuese tan estúpido como para ir transformado en frente de todo el mundo. Alastor pensaba lo mismo mientras murmuraba.
—Vas a estropearlo todo, chucho—gruñendo.
Ladridos se intercambiaban pero nadie los entendía. Moody sacó la varita dando un pequeño hechizo al animal quien chilló de dolor. Las dos mujeres murmuraban entre ellas, riéndose mientras avanzaban. Parecía que no se tomaban muy en serio su trabajo. Harry conversaba con Ron y Hermione. Ambos llevaban sus chapas de prefecto orgullosos. El pelirrojo tan solo hablaba de castigar a Slytherins y del baño de prefectos a lo que la chica le reñía. Tras una larga caminata ingresaron a la estación de Kings Cross.
El guardia de seguridad muggle vio al perro y se ciñó sobre ellos diciendo—Los perros no pueden entrar.
Moody observó al hombre mientras sacaba su varita, dispuesto a usar algún hechizo desmemorizante. Por suerte, Tonks fue más rápida ya que hinchó su pecho y dijo rápidamente—Soy ciega.
El muggle frunció el ceño pero tras un vistazo de la mujer y sus enormes pechos dejó pasar a Sirius. Moody dijo rápidamente—No deberías darles esas lecciones a los chicos.
Hestia afirmó—Gracias a ella hemos pasado con Sirius. Usó sus poderes—guiñó un ojo a su compañera—Mejor que confundir a cualquiera.
—Es de la vieja escuela—rio Tonks mientras encogía sus atributos bajo la atenta mirada de los chicos.
El auror simplemente dijo—No se trata de eso—miró a Ginny y Hermione especialmente—No debes enseñarle a usar sus cuerpos. No serán mejor que algunas Slytherins como Zabini.
Harry escuchó atentamente y supo que el rumor era cierto. Zabini era un chico de Slytherin cuya madre se había casado diez veces. Todos decían que los había asesinado y encontraba marido por su cuerpo. Hermione le dio la razón al veterano auror pero la pelirroja parecía confundida. Harry tenía claro que a Ginny le daba bastante igual el juego limpio siempre que consiguiese su objetivo. Era demasiado cabezona.
Mientras atravesaban la barrera mágica y se internaban en el vagón nueve y tres cuartos, los chicos iban poniendo sus pequeños baúles y Ojoloco iba agrandándolos fácilmente. En ese proceso, Harry vio como desde detrás de su bombín, su ojo mágico giraba y dijo en voz baja.
—Lucius Malfoy con su hijo.
Harry se levantó para ver cómo el apuesto aristócrata pasaba junto a ellos y decía sutilmente—No debes meterte en problemas Potter. Y menos este año, por el bien de tu perro.
Harry abrió los ojos para ver qué Sirius seguía en su forma y Lucius lo miraba directamente. Sabía quién era. Dudó por un momento ya que sabía que un simple hechizo devolvería a Sirius a su forma humana y sería capturado o asesinado en pocos momentos. Se calló mientras Draco reía al ver al perro y simplemente se marchó saludando a Potter diciendo.
—Pronto estarás castigado de por vida—enseñó su cargo de prefecto.
Hermione corrigió—No puedes hacer eso, Malfoy. Debes de ser justo.
El chico simplemente echó una mirada a su busto y con una mueca de desprecio dirigida al trío dijo—Justo sería que una sangre sucia como tú estuviese a los pies de un verdadero mago—Hermione retrocedió cuando la mano del chico se dirigió a su pecho— pero eres lo suficientemente sucia como para valer menos que el oro de Weasley.
Ron dijo rápidamente—Hazle algo y romperé cada hueso de tu cuerpo, hurón albino.
—Estarás castigado de por vida Weasley. No deberías estar cerca del loco de Potter—indicó mientras se retiraba.
Ron miró a Harry y dijo—Lo siento tío. Pero el Profeta…
—Lo sé—sabía que muchos de sus compañeros lo tomarían por loco o asesino debido al profeta y que los hijos de mortífagos se mofarían constantemente de él. Eso no hacía que doliese menos. Sonriendo a pesar de todo dijo—No dejes que le hablen así a Hermione. Ahora eres prefecto.
El pelirrojo sonrió descaradamente al ver que su mejor amigo le apoyaba en su cruzada de injusticia. Poco tiempo después Moody dijo—Nosotros nos vamos—las dos mujeres se teletransportaron y Harry dijo antes de que el auror hiciese lo mismo.
—¿Sirius?
El ojo del anciano se movió intentando localizar a Black entre el gentío algo claramente improbable. Harry esperaba mientras que Ginny correteaba buscando a sus compañeras de cuarto. Ron y Hermione estaban enzarzados en otra pelea sobre su autoridad como prefecto. El hombre arrugó lo que le quedaba de nariz y dijo gruñendo.
—Debe de haberse ido ya—suspirando con agobio dijo—No lo localizo.
Harry sonrió y avanzó hacia el tren solo para que por una ventana viese a una chica acariciando a un perro. Miró por la ventana fijándose en los detalles que diferenciaban a Sirius pero no conseguía saberlo con certeza. Supuso que sería una muggle acariciando a su mascota antes de irse a Hogwarts. Sosegado con la vista escuchó a Hermione diciéndole.
—Nosotros nos vamos al vagón de los prefectos. Luego nos vemos—mientras llevaba a rastras a un cansado pelirrojo.
Harry se encaminó en la dirección contraria arrastrando su baúl. Intentó buscar a alguien conocido con quien sentarse pero o los compartimentos estaban llenos o la gente lo odiaba recientemente. Lo único que le quedaba era encontrar a Neville o a Ginny. Cualquiera le valía ahora mismo. Por desgracia se topó con quien no deseaba.
Frente a un compartimento Crabbe y Goyle intimidaban a dos chicas. Los dos matones iban con otra jovencita junto a ellos, la chica de sus sueños. Tracey Davis. Recordando las palabras de Dumbledore se acercó sigilosamente intentando escuchar cada detalle.
—Tú tía recibirá lo que se merece—agregó Goyle riéndose—se lo merece por meterse en asuntos que no le llaman.
Harry vio el rostro sonrojado de Susan Bones que enfurecida agregó—¡Ni se os ocurra!
Crabbe sonrió y agregó—Cuando tu tía muera podre tenerte como esposa—mientras sus gruesas manos tocaban algo de la ropa de la chica quien se resistía—mi padre te adoptará y serás mía—se relamió los labios ante el pensamiento.
Goyle dijo—Sería una pena desperdiciar sangre mágica—miró a ambas y dijo—tu tía puede seguir viva siempre que se someta al Señor Oscuro.
Harry miró hacia abajo ciertamente esos dos no eran muy listos al confesar aquello. Hannah Abbot que acompañaba a su amiga dijo irritada.
—No ha vuelto—sonriendo algo asustada—El Ministerio lo ha dicho.
Crabbe rio y Goyle simplemente tiró a Tracey al suelo de un golpe. Riéndose dijo—Díselo tú.
Hannah y Susan miraban a la chica que parecía a punto de llorar en el suelo. La joven no decía nada pero en su mirada se leía el daño que Voldemort le había provocado, suficiente como para estar a los pies de esos gorilas. La rubia añadió.
—No…no puede ser…verdad.
—Pronto estarás junto a Tracey a mis pies Abbot—se chuleó uno de ellos. El otro añadió—Podemos comenzar ya.
Los dos gorilas rápidamente fueron a agarrar a Hannah y la rubia sacó su varita lanzando algún que otro encantamiento menor. A pesar de que algunos impactaron, el miedo mermó su capacidad ofensiva y pronto la chica rubia se encontraba junto a la pared. Por suerte su amiga intervino. Mucho más letal, Susan lanzaba encantamientos petrificantes u obstaculizantes algo por encima de las bromas de escuela. Goyle y Crabbe no muy diestros intentaban refugiarse o resistir lo que pudiesen pero pronto tenían algo para negociar. Habían agarrado a Hannah y la apretaban contra ellos. Sus miembros chocaban con la falda de la chica e incluso suponía que con sus bragas.
—Ríndete Bones—dijo tranquilamente—No intentes luchar ni llamar a nadie. Para cuando lo hagas, Abbot ya estará rota—decían mientras sus dedos toqueteaban todo el cuerpo de la chica que temblaba entre los dos gorilas.
Susan dejó su varita en el suelo y Goyle dijo—Ven con nosotros. Tendremos un viaje divertido—la chica fue a entregarse para salvar a su amiga. Por suerte Harry intervino alzando su varita desde el pasillo. Fue a lanzar un encantamiento cuando vio una luz roja acercarse a Crabbe desde el otro extremo del pasillo.
Harry se acercó más a la pared con el propósito de esquivarla pero efectivamente el hechizo dio en uno de los compinches de Malfoy que cayó desmayado. Goyle miró hacia la persona en el otro y simplemente sacó su varita lanzando un encantamiento desconocido. Extrañamente un escudo reflectó el ataque y otra luz roja consiguió noquearlo. Harry se acercó a las tres chicas solo para ver cómo Neville se acercaba tímidamente hacia el otro lado. El chico murmuró sin siquiera verlo.
—¿Estáis bien?
Hannah lo abrazó llorando y Harry notó como el tímido chico se ponía aún más rojo debido a la corta falda de la Huffelpuff y sus pechos. Susan se levantó más ilesa y murmuró.
—Gracias por la ayuda con Crabbe—miró al enorme chico—aunque—añadió quejándose—si no fuese por mí lo habrías pasado mal—miró a Goyle y vio que el hechizo que le había rebotado le había roto el tórax dejando varias costillas al descubierto.
Neville abrió los ojos pero no se lamentó por el resultado. Miró a Harry y dijo—Las estaban atacando. Supongo que Davis se llevó la peor parte—Harry sabía la verdad y se calló pero Hannah dijo—No. Ellos vinieron junto a Tracey. Parecía como si…
—Fuese su esclava—afirmó Susan—nos querían a nosotras para hacer sus cosas—dijo fríamente.
Neville abrazó más a la rubia consolándola quien parecía mucho más sensible. Harry abrió los ojos al darse cuenta de quien era el amor de su amigo. Intentando parecer duro dijo.
—¿Qué hacemos con Davis?
Hannah dijo rápidamente—La llevamos a nuestro compartimento para que se recupere del shock.
Harry añadió—Tendrá que volver a su casa cuando lleguemos y posiblemente será peor—razonadamente dudaba que las serpientes la tratasen bien y menos después de todo esto.
Susan dijo rápidamente—Llevémosla con Daphne—Neville fue a levantarse pero la chica rubia dijo—No me dejes sola, por favor.
Harry ni siquiera dijo nada simplemente observó la interacción entre ambos. Hacían buena pareja, ambos tímidos pero bastante fieles le sorprendía que Neville no hubiese acabado en Huffelpuff. Susan agarró a Tracey y mientras está gimoteaba, la pelirroja intentaba consolarla y agarrarla para que no se derrumbara. Harry fue a ayudarla pero la voz sensata de Neville sonó en el pequeño pasillo.
—Deberíamos borrarles la memoria—todos le miraron extrañados y se excusó diciendo—si lo recuerdan posiblemente buscarán venganza.
Harry sacó su varita recordando su segundo año y los embrujó fácilmente. Luego ayudó a Susan a llevar a Davis a un compartimento en la parte de delante del tren. Un lugar apartado y ruidoso cercano al cuarto de la locomotora. Mirando el lugar no supo porque alguien escogería ese sitio. Susan no tardó mucho en llamar y entregar a una Davis sollozante. Ni siquiera pudo escuchar que se decían porque la bruja dijo rápidamente—Nos vamos.
Intentando convencerla dijo—¿No podemos quedarnos a escuchar?
—Dirás espiar, Potter—ciñó Susan a lo que dijo—Nos meterás en problemas—fue a irse pero se paró cuando el chico dijo—¿No tienes curiosidad?
—¿Por lo que le paso a Tracey? —se dio la vuelta encarando sus ojos con los de Harry. El recuerdo de su conversación con su tía vino a su mente—No. Oí suficiente antes. Espero que Daphne pueda tenerla vigilada y evitar que esos idiotas se sobrepasen con ella.
Harry la miró juzgándola pero se calló mientras está avanzaba hasta el compartimento donde Neville y Hannah estaban. Irónicamente Susan se detuvo y Harry la miró extrañado. Si bien ambas chicas no eran sus mejores amigos pasar el rato con Neville no era tan malo. Él se encaminó a abrir la puerta pero la mano de la pelirroja lo detuvo en seco diciendo nerviosa.
—Creo que iré con Megan. Adiós—se fue correteando y Harry dudo de porque hacia eso. No le encontraba sentido. Miró atentamente la puerta y luego se dio cuenta de que las sombras dentro parecían estar besándose uno encima del otro. Eran simples beso o Hannah estaba botando en el pene de Neville. Intentó poner la oreja pero algún encantamiento le impedía escuchar lo que ocurría dentro.
Mirando para otro buscó el compartimento de Ginny pero no la encontró. Hastiado se metió en un compartimento donde tan solo había una chica de Ravenclaw. La joven parecía absorta a su presencia así que se sentó ignorándola. Por desgracia la postura que tenía y el conjunto de ropas hicieron que sus ojos la mirasen demasiado. Pensando que no se daba cuenta comenzó a acariciar su pene por debajo de la ropa. Todo para que la niña dijese.
—Estoy halagada de esa sensación, Harry Potter.
