La puerta del Sactum se abrió ante la llegada de su visitante favorito y ante ello Strange salió de su trance de meditación para dirigirse escaleras abajo y atender a su invitado. Su sonrisa se ensanchó y miro con cariño al adolescente que jugaba con la capa. Ambos se habían hecho buenos amigos y eran un dúo desastroso que en ocasiones exasperaba al inventor y al médico.
Al acercarse más pudo percibir el dulce aroma de manzana con canela.
—Dr. Mago— gritó el joven con alegría acercándose y abrazando con cuidado al hombre quien solo giro los ojos ante el apodo al tiempo en que correspondía al abrazo. El niño se separó no sin antes acariciar suavemente su vientre sietemesino y vibrando de emoción cuando sintió movimiento. Strange sonrió— Tenga le traje el pay de manzana que tanto le gusta.
El vigilante le entregó una caja muy bonita y elegante que contenía el horneado. Desde que se enteró de que el pay era un antojo del mago debido a su estado, se aseguró de llevárselo al menos una vez a la semana, aprovechando la mesada que Tony había insistido en que tomará. El hechicero tomó el regalo feliz y con un antojo creciendo con el paso de los segundos. Palmeando el hombro del niño le agradeció y lo invitó a comer y beber té.
—Entonces, ¿cómo van los preparativos de la fiesta? — preguntó Strange después de dar un bocado a su postre y beber su té.
El adolescente si es que se podía se iluminó como un farolito y soltó su verborrea sobre cómo iban las cosas. Porque si, cuando las mujeres del equipó se enteraron de la noticia del embarazo y una vez que lo asimilaron se entusiasmaron con la idea y se involucraron, claro está que respetando el espacio que pedían ambos hombres, pero con lo que no pudieron fue con el hecho de organizar una fiesta, para divertirse, celebrar y descubrir el sexo del bebé.
—Y la tía May y la Dr. Christine encontraron el otro día premios divertidos para los juegos. La Sra. Potts contrato un buen banquete para todos…
Su tarde continuó con ambos conversando. Stephen feliz y con una sensación cálida en el pecho de escuchar al niño, al saber que todos los vengadores también estaban felices por ellos y por la llegada del bebé. Al comprender que su familia adquiere nuevos miembros.
Por años Strange fue solo él, después de la muerte de su familia, navegando y luchando para hacerse de una reputación en el campo de la medicina. Solo él cuando perdió sus manos y alejó a su amiga y amante por sus groserías y arrogancia. Solo él y Wong cuando llegaron al Sactum. Solo el, Wong, Tony y luego Peter y luego su tía, Pepper, Rhodey, Happy y el resto de los Vengadores.
Saber que ya no estaba solo y su familia había comenzado aumentar lo emocionó de una manera que no sucedía desde hace años, desde que supo que tendría pronto una hermanita menor, desde que obtuvo su título de médico que tanto esfuerzo le costó. Estaba feliz, emocionado, orgulloso y en paz.
Por fin en paz, un que había venido buscado por demasiado tiempo.
La fiesta fue un completo caos divertido. La comida fue deliciosa y las bebidas refrescantes. Los juegos ocasionaron que al menos algunas cortinas terminaran chamuscadas, un par de jarrones rotos y algunos de Vengadores sujetos a la pared por las redes de Peter.
Los regalos fueron lindos, muchos juguetes y ropita que fue arrullada por muchos de los asistentes.
Y cuando llegó el momento de la revelación del sexo del bebé… Bueno Wong fue quien sugirió la idea. El hechicero, vestido para el momento con sus túnicas, vertía cuidadosamente algunos ingredientes en un caldero de bruja, bajo la atenta mirada de la pareja. Stephen luchaba por aguantar la risa y controlar su sorpresa al ver que su amigo había accedido.
—¿Unas palabras mágicas? — pidió el hechicero mayor acercando un cuenco con algún líquido al médico.
—Emm. ¿Abracadabra? — respondió Stephen con su mejor cara seria. Sus amigos rieron, algunos a carcajadas.
—Servirá— aceptó dejando ver una sonrisa ladina. Vertió el cuenco y unos segundos después comenzó a salir humo blanco del caldero para después cambiar de color, pasando a un rosa pastel y luego a un rosa más intenso.
La sala estalló en vítores ante la llegada de la futura bebé.
Stephen y Tony se abrazaron y besaron. Quizás comenzando a pensar en nombres para su bebé.
