Harry salió del compartimento y rápidamente pudo ver a Hermione guiando a los jóvenes de primer año hasta Hagrid. Los guiaban y poco más pero podía ver que el pelirrojo parecía hastiado de su trabajo y se dedicaba a mirarle el trasero a su amiga. Sonrió descaradamente mientras el chico andaba hacia los carruajes que lo llevaría a Hogwarts. Deseaba que sus amigos acabasen rápido de registrar el tren y guiar alumnos para que se sentasen con él.
Esperando a que llegasen todos, miró detenidamente los carruajes hasta darse cuenta de que estaban tirados por unos caballos fantasmagóricos. Caballos que antes no estaban sujetos. En sus tres años no había visto esos animales lo cual lo hacía pensar si realmente había perdido la cordura. Observando aquellas criaturas escuchó la voz sibilina de Luna diciendo.
—No te preocupes yo también los veo—susurró mientras subía a un carromato.
—¿Qué son?
Luna se encogió de hombros a lo que Harry supuso que la joven realmente era bastante rara. Pero al menos lo hizo sentir mejor ya que no era el único que los veía. Se subió al carromato y esperó a que llegasen sus amigos acompañados por Ginny. La pelirroja enfadada miraba a Hermione con ganas de matarla algo que Harry atribuía a su situación en el tren.
Durante todo el viaje Ginny intentó acercarse más a Harry y llegado el momento parecía más una gata marcando territorio que una niña de catorce años. Hermione por otra parte avergonzada con Harry pero hastiada de Ginny se dedicaba a hablar con Ron aunque parecía insinuar más canalillo del necesario algo de lo que ninguno se perdía detalle. El pelirrojo a pesar de no notar nada raro en su amiga se sonrojaba mucho ya que era incapaz de no mirar los senos de la chica. La modesta Hermione parecía erotizada por esa atención babosa y sacaba pecho riéndose. Harry la miraba pensando si el vistazo a su pene había causado eso.
A los pocos minutos llegaron al castillo y tanto Ginny como Luna se despidieron cada una dirigiéndose con sus amigas o a su propia mesa respectivamente. Los chicos tomaron asiento en la mesa de Gryffindorr. Curiosamente el sombrero seleccionador, entonó una nueva canción. Ambos chicos se miraron confundidos mientras la perspicaz bruja dijo.
—Quiere decir que debemos cooperar en estos tiempos…oscuros—buscando la palabra adecuada.
—¡Como si los Slytherin quisieran cooperar con nosotros! —insinuó Ron. Harry le dio la razón a su amigo. Muchos puristas no querrían cooperar para vencer a Voldemort.
Poco después se elevó el director Dumbledore. Está vez su mirada no se dirigía a ningún estudiante sino que iba al cielo del Gran Comedor. Entonando su discurso comenzó diciendo.
—Hace años, por estos mismos pasillos caminó un estudiante. Un estudiante que se sentó en una de estas mesas caminó por este castillo y utilizó la misma magia que todos usáis día a día. Ese muchacho era Tom Riddle—ninguna voz se alzó—Hoy se hace llamar como Lord Voldemort—un murmullo se elevó en toda la sala—Puede que el Ministerio se niegue a creer en su regreso pero como director os informo—cerró los ojos—que fuerzas oscuras intentan penetrar estos muros cada día. Pero mientras este en mi mano, Hogwarts siempre dará ayuda a quien la merezca y la pida—miró a algunas personas para luego decir—Ahora algo más alegre…—la charla continuó con cosas sin ningún interés para Harry hasta que el anciano fue cortado por una voz chillona.
—Señor director…creo que es mi turno—Dumbledore se retiró momentáneamente dejando espacio a aquella dama vestida de rosa. Harry insinuó—Estaba en el juicio.
Dolores Umbridge, Harry la recordaba como una de las que había votado en su contra. Por eso estaba Dumbledore enfadado, el Ministerio estaba interviniendo en el colegio algo prohibido en teoría. La mujer se levantó de su asiento y se acercó al estrado donde usualmente daba sus charlas el director.
Dumbledore se apartó educadamente mientras fijaba su mirada en la mujer. No era amenazante pero si se veía algo irritado por tenerla en Hogwarts.
—Buenos días. Yo soy Dolores Umbridge, vuestra nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras. He sido contratada por el Ministerio para impartir un temario libre de riesgos. Me temo que la educación del colegio es peor de lo que se temía y el Ministerio ha decidido intervenir de inmediato. Por ello, el ministro Cornelius Fudge—dijo con grandilocuencia—ha decidido otorgarme este puesto de autoridad para dar a conocer la grandeza de la magia de los magos y brujas ingleses bajo unos estándares adecuados de enseñanza. Sin detener o extralimitar los contenidos en algunos ámbitos, buscando el equilibrio.
Harry cruzó mirada con un confundido pelirrojo. Ninguno entendió nada pero Hermione añadió—Significa que están interviniendo en lo que aprendemos. No quieren que sepamos demasiado.
Ron dijo—No me importaría saber menos de historia de la magia—el profesor era un fantasma con voz monótona.
Harry rio y lo secundó diciendo—No creo que Trelawney supere lo esperado.
Todos comieron entre charlas amigables. Neville miró a Harry en medio de la comida y cuestionó.
—Harry te busque por el tren—añadió algo impaciente.
Miró al joven y le dijo—Susan y yo nos fuimos por caminos separados tras oíros—señalizó—a Abbott y a ti—se sonrojo y un sonriente africano le dijo.
—Vamos Nev, cuéntanos—miró en dirección a los Huffelpuff —¿Es verdad que tiene las tetas más grandes que Hermione?
Ron miró al chico interesado mientras con su mano se restregaba el pene no muy discretamente. La chica redirigió su conversación con otras mientras Harry esperaba a que Neville diese detalles. Seamus miró al chico y le dijo.
—¿Cómo lo tiene?
Más rojo que nunca dijo en voz baja—Tan solo nos besamos nada más—eso desilusionó a los chicos—Hannah es estupenda pero…no se. ¿Y si le hago daño?
Dean se rio mirando la entrepierna del chico valorando el tamaño. Seamus en cambio dijo—No digas tonterías. A todas les gusta que les den duro. Las tímidas suelen ser bombas en la cama y Abbott—le echo un ojo—es bastante acogedora.
Neville se levantó para irse avergonzado mientras que Ron mordiendo un muslo de pollo gritó al aire—¡Enanos vengan!
Todos rieron hasta que Hermione le regaño diciendo—Ronald Weasley tienes la sutileza de un troll—miró a la mesa y añadió—Los de primer año. Sígannos., por favor.
Ambos chicos se encaminaron hacia la torre de Gryffindorr seguidos por un coro de pequeños niños. Harry reía mientras observaba al pelirrojo intentar desquitarse de ellos pero no había manera. Mientras estaba feliz escuchó la voz pícara de Seamus diciendo.
—Estás chalado, Potter—señaló el periódico—Hasta El Profeta lo dice.
Defensivamente dijo—¡Deberías dejar de leer El Profeta, Seamus! ¡No seas estúpido!
—Mi madre también me apoya. Casi no me deja regresar por estar bajo las órdenes de Dumbledore y en un cuarto contigo—dijo el chico enfadado—Espero que no hagas nada nuevo, Potter. No voy a poner en riesgo mi vida por tu afán de gloria.
—¡Iros a la mierda! ¡Tú y tu estúpida madre!
Seamus sacó la varita para defenderse pero Harry fue más rápido. El irlandés fue lanzado hacia atrás con fuerza por un hechizo. Huyó rápido no dispuesto a que nadie le atrapase cometiendo una infracción en el castillo. Tras atravesar dos plantas y andar dando vueltas por el castillo se detuvo cerca de una columna a reflexionar. Seamus lo tenía por un mentiroso y seguramente la mitad del castillo también. Llorando pesadamente mientras se apoyaba escuchó el comentario de una de las prefectas de Ravenclaw.
—Deberías irte a tu torre Harry—señaló el águila a pocos metros—Es la torre de Ravenclaw.
Harry miró a la gemela de Parvati y dijo—Sí. Creo que me iré. Gracias Padma.
La chica asintió pero antes de que Harry abandonase el lugar dijo—Deberías buscar a Lovegood. La última que la vi estaba cerca de los baños abandonados con…—Harry corrió como nunca. No podía soportar que le hiciesen esas cosas a alguien tan bondadoso aunque extraño como Luna y menos después de recibir placer oral.
Recorrió el castillo hasta llegar al lugar donde hace años se había abierto la Cámara de los Secretos. El baño de Myrtle la llorona. Un lugar donde se reunían parejas para follar o realizar experimentos mágicos prohibidos. Angustiado entró en el baño y no vio nada. Ni rastro de Luna. Decidiendo que lo mejor sería preguntar a alguien, se paseó por las plantas del castillo preguntando a todos los prefectos. Ninguno sabía nada así que jugó su última baza. Subió a su cuarto y usó el Mapa del Merodeador.
En pocos minutos localizó a Luna quien parecía dormir en su cuarto en la Torre. Se relajó aunque mosqueado con Padma por mentirle u omitirle algo decidió vigilar el castillo buscando algún comportamiento extraño. Pero curiosamente vino de la cama de al lado, la cama de Ron. Miró en el mapa y sus dos mejores amigos compartían cama en este momento.
Con su varita amplió el encantamiento silenciador que había y escuchó claramente lo que estaba ocurriendo al otro lado de la cama. Los comentarios hicieron que su pene latiese ante lo que estaba ocurriendo a menos de un metro. Además nadie sospecharía debido a la fuerza de los encantamientos de Hermione, todos menos él. Intentando hacer el más mínimo ruido mientras sacaba su pene y comenzaba a molérselo ante todo lo que ocurría dentro.
—Este por no obedecer a tu profesor
—Mm
—Este por ser una mentirosa
—Lo sientooh.
—Lujuriosa.
—¡Joder que bien se siente!
—Malhablada
—¡Aahh!
Mientras Hermione respondía con gemidos, Ron azotaba el culo de su mejor amigo. A cada azote una reprimenda mayor de Ron a su alumna. La verdad era que nadie se había imaginado a sus mejores amigos tan íntimos pero esto no tenía precio. Incluso los sonidos y las sombras eran suficiente como para excitarlo de sobremanera.
—Bien espero que haya aprendido la lección.
Hermione volvió a soltar su falda dejándola caer por sus piernas hasta que la voz seria de Ron preguntó.
—¿Qué es lo más importante a la hora de determinar la potencia de una varita?
—¿Su-su diámetro, señor? —dijo la alumna con voz temerosa.
—Claro que no—la miró—¿Dónde has sacado esa idea?
—Pensé que una varita sería más potente a mayor grosor porque…—titubeó mientras se escuchaban ruidos de túnicas descender—Bueno…usted es un mago muy fuerte y no pude evitar fijarme en el grosor de la suya—Harry escuchó las manos de su mejor amiga palpando el miembro por encima de los pantalones.
El chico fingió sorpresa ante la actitud, intentó recriminarle algo pero fue sorprendido por el sonido de una cremallera descendiendo y un suspiro de Ron. Sin ver nada tan solo podía intuir lo que pasaba por los sonidos. Sonidos que se había vuelto un experto en escuchar tras su polla haber pasado por las bocas de Luna, Ginny y Molly. Por si todavía le quedase alguna duda los movimientos y los choques entre la entrepierna del chico con los labios eran suficientes. Aun así escucho sonidos asfixiados señal inequívoca de lo que ocurría tras las cortinas. Ron agarraba a su amiga de sus pelos mientras dejaba que ella se golpease contra la base. No tenía piedad con Hermione pero eso conseguía excitarlo más.
En todas sus mamadas, apenas había tenido el control. Siempre había dejado hacer a las chicas porque era lo correcto pero su mejor amigo estaba tratando a la bruja con brutalidad. Los sonidos de asfixia eran prominentes y claramente se oía la saliva saliendo a burbujas del borde de los labios.
—Si sigue así, podría llegar a ser una gran bruja Señorita Granger—suspiró y gimió—pero debe ser que eso no es una varita.
Ron salió de Hermione y tras un pequeño beso en el glande la morena respondió—Siento mucha la equivocación, profesor Weasley—hubo una pausa—¿Debería dejar de chupársela?
La respuesta del chico fue agarrar el cabello de la chica y dirigirla hacia el interior de su entrepierna. Sin resistirse, Hermione descendió y retomó el ritmo bajo el vientre del pelirrojo. Los gemidos de ambos se amplificaron con el peso de los minutos. Harry se sorprendió de lo hábil que era su amiga mamando y se preguntó con quién había practicado. Transcurrido un tiempo Hermione se levantó y dejó que Ron le bajase lo que quedaba la ropa. Se sentó en la entrepierna del chico completamente vestida salvo por las bragas.
Hermione cabalgaba a su compañero tan duro como nunca Harry lo había imaginado en sus sueños. No poseía ni una pizca de timidez en estos momentos. Montaba a su semental con furia. Compaginando leves movimientos con largas galopadas gimiendo demasiado alto. Harry temió que el hechizo se debilitase y soltando su miembro lo renovó él dándole más fuerza al antiguo.
—Jo-der…la suerte que he tenido…Señorita Granger—intentaba decir Ron—Como la chupa…folla…menudo par de…
Harry no podía verlo tan solo sombras pero pagaría por estar en su lugar ahora mismo. Hermione cambió de posición enseñándole su trasero con su cara apuntando al eje de la torre. La voz del chico recuperó su fuerza al ver que su estudiosa amiga quería que le diesen a cuatro patas. Harry no lo soportó mucho más y soltó su semilla en dirección a donde debería estar el cuerpo de Hermione. Mientras Harry cogía el sueño escuchó a Ron derramar su semilla, tras unos momentos su amiga salió del dormitorio tras toda una noche de sexo.
