Hermione contemplaba el invernadero lleno de plantas exóticas. Sprout le había explicado que tenía horas para arreglar el estropicio causado por ella y los demás alumnos en la clase. Ella no estaba de acuerdo con eso por supuesto. Los libros decían que las plantas mágicas se debían tratar como ella lo hacía.

A pesar de todo, el regaño de Sprout dolía y ahora estaba castigada. Había aprendido de Neville lo suficiente como para en menos de media hora haber casi terminado su castigo. Con la ayuda de un poco de magia, había iluminado el lugar y así había conseguido hacer más rápido la tarea.

Pronto su mente se dio cuenta de que ambas plantas mágicas trabajaban en una relación de simbiosis. Tal como había observado en clase, la Tentácula usaba sus hojas para realizar fotosíntesis salvando al Lazo del diablo de la luz. Ambas se protegían con tal de reproducirse. Pero Hermione lo sabía, la mezcla podía ser explosiva. Era como si dos mujeres se pudiesen reproducir. Algo extraño.

Absorta en su tarea escuchó pasos tras de sí. La voz traviesa de la menor de los Weasley irrumpió en su apacible lugar.

—No sabía que se te daba bien la Herbología.

Se giró para confrontar a la chica que desde hacía horas había dejado de hablarle. Orgullosa le dijo.

—Se me da bien todo, Ginny—sonrió descaradamente—deberías de saberlo—saludó a Luna rápidamente antes de decir—¿Viniste a disculparte?

Luna giró la cabeza hacia Ginny. La pelirroja miró a ambas chicas y viéndose presionada dijo con algo de enfado.

—¡Está bien! No es tu culpa que estes buena, Herms. O que tengas más…tetas—miró hacia abajo—Pero cuando Harry derramó su semen mientras te miraba. Yo… me enfadé. ¡Contentá!

Hermione dejó su varita en la mesa mirando a la chica y acercándose a ella le dijo—No voy a quitarte a Harry. Además, todavía me cuesta estar con él, después de haberle visto su…

—Pene. Miembro. Polla—secundó Luna pensativa. Ambas la miraron avergonzadas. La rubia en cambio tenía otros planes—¿Por qué te pusiste celosa de Hermione y no de la mamada que le di?

Ginny se sentó en uno de los taburetes de clase que usaban en el merendero. Mirando a la albina con ganas de asesinarla, confesó.

—Bueno…que conste que no me gustó Luna. Solo que—observó a Hermione en especial sus pechos—tú y yo somos similares físicamente y lo que puedes darle—pensó—se lo puedo dar yo. Pero ella—apuntó a la morena—es un jodido espectáculo. Solo mírala. Mirá esos melones y ese pelo despeinado que parece que viene de follar siempre. Ella puede hacer cosas que yo no. Es mejor en magia y tiene esos pechos. Es como mama.

Luna observó a su mejor amiga y dijo—Puede que a ti no te crezcan aún. Tú madre tiene buenos pechos. Quizás te crezcan más tardes.

Hermione consoló a la pelirrojo pero le dijo a Ginny—No creo que ocurra, Luna. Solo es suerte. Yo tengo mucho pecho y ella…juega quidditch. El ejercicio le ha dado un buen trasero.

Ginny se sonrojó un poco mientras sacaba culo haciendo alarde de sus típicas payasadas. Hermione dio unos azotes hasta que Luna volvió a la realidad diciendo.

—Necesitamos tu ayuda con algunos hechizos.

La pelirroja dijo—Quiere decir que la profesora McGonagall piensa que si no nos ponemos al día suspenderemos. Se nos dan fatal las Transformaciones.

—¿No ejecutáis el movimiento? ¿Os falta intención?

Ginny se sonrojó mientras Luna añadió—Nos distraemos con facilidad. Típico en adolescentes—añadió.

Dando por sentado que cualquier dato que viniese de la mente de la rubia era de dudosa veracidad. Arrancó un ramaje de Lazo del Diablo y mirando a Ginny le dijo—Transfórmalo.

La menor de los Weasley alzó su varita y pronunciando despacio logró convertir la ramita en un troco idéntico de metal. Hermione dijo—Incendio—la llamarada envolvió la rama pero no ardió, demostrando que Ginny había realizado bien el conjuro.

Luna sacó su varita de su oreja y peinándose de nuevo sacó su libro. Lo abrió por una página memorizada y dijo—Probaré a animar la transformación. Así sacaré la máxima puntuación—Hermione dudó de la chica. Era una Ravenclaw pero parecía poco cuerda. Ni siquiera ella había logrado eso el año pasado.

Ginny la animó diciendo—¡Venga Luna! Tenemos tiempo para practicar—agarró un trozo de ramaje y Hermione apenas prestó atención a lo que la pelirroja hacía.

Luna dejó el libro mientras movía la varita y leía el hechizo memorizándolo. Ginny miró a la chica con asombro mientras Hermione miraba extrañada el libro de aquella chica. Estaba lleno de tachones pero no eran armonioso como los suyos sino toscos. La chica encontró algo más curioso, en aquel libro había dos letras. Muy diferentes, una elegante y otra muy tosca.

Luna miró la planta y dijo—Fallus Tentaculus.

Ginny observó cómo aquellos ramajes se modificaban ligeramente hasta formar penes y luego comenzaban a crecer enrollándose por las paredes del invernadero. Ahora la transformación de Luna estaba peleando contra las verdaderas plantas de la sala. Las enredaderas se habían suavizado hasta ser similares a pollas.

—Increíble—dijo la pelirroja asombrada del poder de su amiga—Te ayudaré—movió su varita en un movimiento simple y le dio más movilidad a la nueva planta.

Hermione dijo—¿Seguro que ese era el hechizo? No me suena.

Ginny abrió los ojos y dijo—No creo que a la Profesora McGonagall le guste ver una planta de penes. Aunque tu trabajo sea asombroso—alabando a la rubia.

Luna miró su cuaderno y dijo—Es imposible que me haya equivocado—observó su cuaderno y dijo—No es mi letra. Alguien tachó ese hechizo.

Ginny observó la letra y dijo—Deberíamos hablar con Turpin. Esa broma es demasiado. ¿Se le puede castigar?

La hija de muggles afirmó—Sí. Pero con esta prueba no durará mucho en detención. Primero encarguémonos de esta monstruosidad—dijo viendo los penes que se acercaban y comenzaban a rodear las piernas de las chicas—Vamos a ver—razonó—Luna la transmutó en plantas con forma de pene, suavizó su textura y demás. Son enredaderas con forma de polla. ¿Qué hiciste Gin?

—Les di movilidad—afirmó la pelirroja temerosa—¡Aleja estas plantas de mí! ¿Qué plantas son? —afirmó la chica asustada al ver cómo comenzaban a enrollarse en sus piernas.

—Lazo del Diablo y Tentácula Venenosa.

Luna instantáneamente dijo—Oye, ¿Qué es ese olor? Me estoy excitando.

Ginny se sonrojó—¡No cuentes esas cosas Luna! —tras olfatear dijo—Huele bien.

—Feromonas de la Tentácula Venenosa. Tu hechizo interaccionó con la magia natural de estas plantas. Quieren reproducirse con nosotras—enunció la mejor estudiante de las tres con asco.

Alarmada la pelirroja preguntó—¿Cómo se reproducen? ¿Me saldrá zumo de pomelo por el coño? O cómo funciona—preguntó curiosa.

Luna añadió—Esporas tras una fecundación interna—miró las plantas y susurró—Nos van a follar.

Ginny tragó saliva y dirigió una mirada suplicante a Hermione. Las tres chicas estaban sonrojadas por el efecto de las feromonas, claramente excitadas. Las plantas se enroscaban en sus tobillos y piernas, sujetando sus brazos pero no eran capaces de meterse entre sus ropas. Hermione intentaba resistir cortando ramas con su varita. La pelirroja intentaba quemarla pero sus hechizos incendiaban otras plantas por lo que el remedio era mucho peor. Luna permanecía estática con los ojos empañados de placer. Sus manos comenzaban a abrir su túnica y mostrar sus pechitos.

La morena al ver a la joven chica le dijo—Resiste, Luna.

La chica yacía ahora atada por múltiples enredaderas. Apenas se resistía sino que se limitaba a gozar y maullar de afecto ante los roces que las plantas le daban por todo su cuerpo. Algunos tentáculos se enrollaban en sus pechos mientras que otros comenzaban a adentrarse por debajo de su falda.

Hermione se vio rodeada cuando la menor de los Weasley abandonó su lucha y comenzó a lamer los pechos de Luna. La temperatura subía y pronto la más tetona se vio también acorralada. Las plantas comenzaban a inmovilizarla y acercarla a sus dos amigas. Con las tres chicas excitadas y bien sujetas, el invernadero se convirtió en un cuarto oscuro.

—¡Que sensación tan buena!

—¡Se siente tan bien!

—Es como si un torposoplo estuviese en mi coño, rebotando sin parar.

Ginny y Luna se habían entregado al placer y gemían constantemente mientras las plantas se retorcían por todo su cuerpo, mutilando sus senos. Ambas habían abierto sus camisas para que pudiesen entrar mejor. Luna llevaba un sujetador rosa que permanecía en su lugar a pesar de que estaba siendo magreada por las ásperas pollas. Ginny en cambio babeaba de placer mientras la planta se entrecruzaba por su pecho, apretando sus pequeños pezones. No llevaba sujetador y Hermione pronto se vio a sí misma en la misma situación.

La planta se retorcía entre ellas pero dejó el suficiente espacio como para que Ginny atrajese a Hermione hacía ella y con su mano bajase su ropa interior hasta los tobillos. La morena sujetó a la menor de los Weasley en su hombro mientras intentaba resistirse y alejarla de su cuello. Pronto Luna se unió a la refriega. Sacó los senos de Hermione a relucir y comenzó a palpar cintura abajo. La bruja totalmente excitada tras un asalto por dos frentes gimió mientras su enorme pecho chocaba con los modestos senos de la rubia. Al notar la mano aventurera de Ginny subiendo por sus pantorrillas en dirección a su trasero, Luna comenzó a toquetear el vello púbico. Ambas manos destinadas a encontrarse en su trasero. Por suerte, Hermione atacó antes, besó a Ginny mientras que su mano levantó la falda de Luna y agarró sus nalgas prietas llegando a tocar los límites cubiertos del tanga que llevaba.

Al ver que Hermione se dejaba vencer, Ginny rápidamente agarró la falda de Luna hasta levantarla por completo. La morena sujetó ambas nalgas, estrujándolas entre sí. La rubia por otro lado al ver semejantes melones frente de sí dijo.

—Tus tetas son muy cálidas—puso sus manos sobre ellas—Quiero chupar tus tetas.

Ginny cumpliendo el deseo de su amiga, levantó ambos pechos sosteniéndolos con sus manos. Luna rápidamente se encaramó a uno de los pezones sorbiendo de ellos. Hermione gruñó de placer. Sus pechos eran demasiado sensibles, y con la boca de Luna meneando un pezón y Ginny amasando sus pechos en conjunto. Hacía que fuese difícil aguantar. Los gemidos de Hermione se volvieron intensos pero todo cambió cuando una de las plantas polla se insertó en el coño de la rubia.

Con la bruja rubia siendo follada, dejó de lamer los pechos de Hermione. Ginny en cambio ocupó su tiempo sorbiendo los de Luna. La saliva de la pelirroja discurría y manchaba sus ropas pero parecía darle igual. Tan solo se concentraba en los gemidos placenteros de Luna ante la pobre penetración que aquella transformación le daba. Las tres se habían dado cuenta que ahora que la planta comenzaba a perder fuerza. Luna y Ginny no eran tan poderosas como para mantener la planta transformada por mucho tiempo.

Un gemido lastimero de Luna les hizo ver el alcance de la magia. La planta derramaba algo similar al semen que salía del coño de la bruja. Tras eso el tentáculo parecía deshacerse y morir. Hermione se arrodilló hasta tener el trasero de Luna enfrente suya. Era pequeño, con nalgas apretadas que ofrecían poca movilidad. Su ano no se diferenciaba del resto de su trasero ya que el color era igual. Lo mismo le ocurría al coño. Una raya abierta y secretando fluido pero que parecía casi un corte entre la carne pálida de la chica. El vello rubio que portaba era tan frágil que diseminaba la luz y no se apreciaba. Hermione sacó la planta muerta del coño de la chica y probó el semen.

Era dulce pero también distinguió en el conglomerado alguna pizca del sabor de la chica. Un sabor lima con menta, refrescante sin duda. Luna tras bajar del orgasmo indicó.

—¿Quién sigue?

Ambas chicas se miraron entre sí. Hermione sujetando las nalgas de Luna y Ginny tras pegar una chupada a los pechos de la rubia. Un hilo de saliva unía el destrozado pezón con la boca de la pelirroja. Hermione sabía ahora la verdad, mirando a las chicas que estaban tan o más excitadas que ella les dijo.

—Cuando se corren, mueren.

Ginny miró a su amiga sin comprender nada pero Luna más perspicaz ya estaba puesta en la tarea. Se había arrodillada y engullía varias plantas sin ningún esfuerzo. Hermione observaba impresionada como la chica no parecía dominada por la cantidad de gargantas profundas que realizaba. A ella ya le costaba mamar el pene de Ron, que era bastante grueso, no quería imaginarse chupando algo tan largo. Viendo que la rubia parecía trabajar sin esfuerzo, ella se tumbó y relajó esperando su destino. No tardó mucho en llegar varias pollas que se enredaron en su cuerpo.

Con varias restregándose por sus pechos, una en la boca y otras en sus manos. Hermione fue atacada por todos los frentes sin apenas recibir ningún atisbo de placer. Por suerte dos penes ocuparon su coño. Ahora si recibiendo placer su cuerpo comenzó a responder. Fue empapada de semen por todos lados. Su cuerpo al igual que la cara de Luna fueron cubierto de semen. Ginny curiosa se dedicó a lamerlo con claro entusiasmo. El líquido resbalaba hacia el trasero de Hermione perdiéndose en su negra profundidad. Luna y Ginny se dedicaron a horadar con sus lenguas hasta encontrar lo que buscaban.

La morena gemía ante dos lenguas tocando sus intestinos. La última planta decidió ocupar un lugar impensado. Impulsándose por la ropa maltrecha de las chicas se encajó en el trasero de la pelirroja. Un grito de dolor fue suficiente para decirle a Hermione que a pesar de que algunas lamidas podían ser eróticas, meter algo no era una buena idea. El pene acabó dentro de aquel trasero. Tras eso la transformación murió y volvió a su forma original.

Las chicas estaban limpias de semen pero su ropa, pelo y expresiones eran de mujeres que venían de haber sido brutalmente cogidas. El pasado placer se adivinaba en cada paso que ambas daban. Los cristales del invernadero estaban humedecidos del vapor que desprendían sus cuerpos.

Hermione agarró su varita e intentando concentrase dijo—Fregotego.

La suciedad se marchó y el invernadero quedó irreconocible. Luna y Ginny comenzaron a vestirse mientras usaban encantamientos para peinarse, quitarse olores extraños. Una vez acabadas, la morena miró a una Luna contenta y dijo.

—Deberíamos hablar con Turpin y sus compinches. Lo que han hecho—miró el libro de Luna—Es peligroso. Si lo hubieses intentado en tu cuarto—se estremeció al pensar en ella, Parvati y Lavender siendo violadas por una planta.

Luna miró su libro y curiosa dijo—Necesitaré mirar el de Ginny. No puedo fiarme de lo que pone—indicó fríamente. La pelirroja la abrazó diciendo—Podrás mirarlo cuando quieras.

Ginny rápidamente dijo—Creo que Turpin se merece una reprimenda.

—La castigaré—indicó Hermione.

—Eso es muy blando—se miró a sí misma e indicó—Yo me encargaré. Aprenderá a no meterse con Luna.

Hermione observó a su amiga decidida a obrar justicia y a la pequeña Luna. Una joven chica algo chiflada pero claramente no merecía ese abuso. Le dio la razón y dijo—Estaré en la biblioteca con Hannah. No la lieis demasiado.

—Por supuesto, Herms—dijo falsamente Ginny.

Ginny Weasley era una persona demasiado malvada para una chica. Tras vivir con muchos hermanos mayores había desarrollado una astucia y una maldad sobresaliente. Algo más malintencionada que Ron y más cruel que los gemelos. Así era la hija menor de los Weasley, la primera mujer en siete generaciones.

Ahora se encontraba en busca de su presa. No sabía dónde encontrar a Lisa Turpin así que simplemente caminaba por la torre de Ravenclaw, la biblioteca o el Gran Comedor. No sabía dónde podía pasar esa chica su tiempo libre pero tampoco tenía prisa por averiguarlo. Caminaba pensando en todo lo acontecido durante ese verano, durante toda su vida.

Había sido salvada por Harry de una serpiente gigante en su primer año. Todo por creer que el niño que vivió era igual al que aparecía en sus cuentos de niña. Su ilusión se había roto pero ahora Harry era algo más que una visión celeste. Era un gran hombre, atractivo, poderoso y bastante rico. Además gracias a su educación mágica sabía que obtendría el título de lo familia Black. Ginevra Potter-Black, casi podía oírlo en su mente. Era sencillamente perfecto.

A pesar de todo, su ilusión se había dinamitado tras el resurgimiento de Voldemort y la fractura de su familia. Con Charlie en Rumanía y ahora Percy apoyando al Ministerio, todo iba peor. Su madre se angustiaba al revivir sus traumas de la pasada guerra mientras su padre se jugaba la vida por Dumbledore. A eso se le sumaba su trauma de casi haber sido violada por su propio hermano. Solo guardaba odio hacía él ahora mismo.

Ese trauma se había volado cuando se le ofreció la oportunidad de darle placer a Harry y no una sino dos veces. Dos mamadas que a pesar de su falta de destreza estaba segura de que había disfrutado. Se veía en ese momento como la única chica en su vida. Pero…eso se había roto pronto. En el tren había visto a Luna mamando ese pene. Ese pene que le pertenecía. ¿Le había importado aquello? Sí y no. Obviamente lo veía como una traición de parte de Harry pero por otro lado, Luna era su mejor amiga. Ambas habían sido tratadas como locas en su primer año. Sabía que la rubia no guardaba interés en Harry solo era diversión. Pero las fauces de la bruja eran demasiado grandes como para no impresionarla.

Daba gargantas profundas increíbles mientras que ella apenas podía chupar más allá del glande. Su garganta era pequeña y en la mayoría jugaba con sus manos, lengua y labios. Ella era un bisturí mientras que Luna era un cuchillo. Y a todo eso, se le sumaba su nueva competencia. Competencia que había catado y visto con sus propios ojos hacía pocos minutos. Hermione. Inteligente, guapa y con un cuerpo de escándalo cubierto por sosas túnicas. Nadie se habría impresionado pero Harry le lanzó una cuerda de semen directa ante la visión de sus enormes pechos.

Ella había visto la mercancía en directo, el gran pene de su chica. Había demostrado en el invernadero que no eran tan mala chupando pollas y a diferencia de ella, había permitido que las plantas ocuparan su vagina sin problemas. Su vulva seguía siendo virgen y en cambio era su pequeño ano el que había alojado por segundos una de esas plantas. Si no fuese por los intereses comunes que compartía con Harry y haber sido la primera en catarla se situaría en la base de la pirámide. Borró eso de su mente al ver delante suya a su objetivo.

Ya se preocuparía por las demás en otro momento. Ahora debía ayudar a Luna con su problema y porque no, calmar algo su ansiedad. Ante ella se encontraba Lisa Turpin secundada de otras Ravenclaw entre ellas Marietta Edgecombe y Cho Chang. Ahora todo mejoraba. Tenía una afrenta con la asiática especialmente. Sacó su varita esperando su oportunidad.

Delante suya, varias chicas se acomodaban en un banco de piedra observando uno de los patios inmensos del castillo. Entre ellas destacaban la perra de Chang con su insignia de prefecto de sexto año. La bruja asiática llevaba el pelo moreno largo y con un corte de pelo demasiado anguloso. Dibujado a regla prácticamente. Su cuerpo era plano a pesar de ser dos años mayor que ella. Lo único salvable era su cadera, trabajada por el quidditch. Además a eso se le sumaba su actitud sumisa.

Turpin por otra parte era una zorrilla total. Se escondía detrás de Cho haciéndole la pelota. El resto del tiempo se lo pasaba mal metiendo o incomodando a los demás. Era morena y de color de piel más oscuro. No llegaba al rosado de Hermione sino que se acercaba a un tono que ella calificaba como Slytherin. Un color de piel aceitunado, un moreno delicado podemos decir. Llevaba el pelo en una coleta, iba vestida elegantemente con el uniforme de Hogwarts contrastando con sus amigas. Su cuerpo era "bonito" por decir algo. Nada comparable con lo mejor que Hogwarts tenía que ofrecer.

Alzó su varita apuntando a la muchedumbre de chicas y las hechizó. Una jauría de mosquitos apareció de la nada y se abalanzó sobre las chicas. Muchas corrieron espantadas pero Chang rápidamente agitó su varita y dijo.

—Estoy decepcionada. Esto es de un cuarto año.

Ginny apareció ante sus ojos y dijo—¡Un halago! ¡Gracias Chang! Aun no empecé cuarto.

—Siempre teneís que estar molestando a los demás, Weasley—afirmó Turpin.

La pelirroja sonrió dejando ver sus nacarados dientes. Cho en cambio le dijo—No voy a pelear con un cuarto año—quitó su varita haciéndose la digna.

Abriendo los ojos, Ginny dijo—¿Segura Chang? —la chica dudó un momento pero Ginny dijo—Accio cosas de Luna—Chang sonrió. Algo tan general no sería atraído por Accio pero para su desgracia Ginny sabía más de lo que las Ravenclaw pensaban.

Collares y plumas salieron de los bolsillos de Turpin y Chang y se dirigieron hacia Ginny. Está observó las cosas y moviendo su varita en un arco pequeño dijo—Locomotor—las cosas se movieron y la chica las desterró dando una simple orden para que buscasen a su dueña.

—¿Decías? —inquirió la chica riéndose.

Chang observó aquello miró a su amiga y luego redirigió su mirada hacía Ginny. Sacó su varita diciendo—Esto es una tontería. No puedes detener los rumores de cientos de alumnos.

—Pero puedo evitar que le roben algunas cosas—dijo sencilla la chica.

—¡Lunática se lo merece! ¡No has visto cómo se viste! Lleva rábanos de pendientes y collares de corchos.

Ginny pensó por un momento que decir. Luna tenía costumbres raras y había comenzado a usar esas cosas pero originalmente no los llevaba. Miró a Chang y dijo—Empezó a llevar esas cosas cuando vosotras—señaló a Turpin—le robasteis sus cosas personales. ¡Ahora vais a pagar!

Cho no retrocedió—¿Cómo sabes que le robamos sus zafiros?

Palideció ante eso. Harry los había recuperado y ahora Luna volvía a llevarlos a veces. Los mantenía escondidos o eso le había dicho. Ciertamente esas idiotas se merecían mucho dolor. Ginny no contestó sino que se situó en la posición de lucha que sus hermanos le habían enseñado. Era ilegal batirse en los pasillos pero poco importaba en ese momento. Luna era su amiga.

Ginny comenzó la pelea. Sabía que no podía combatir indefinidamente contra dos brujas mayores. Tenía que librarse de Chang cuanto antes. Situó su varita apuntando a Lisa quien le devolvió el reto. Cuando fue a hechizarla, redirigió el conjuro hacia Chang. Su Desmaius estuvo a punto de golpearla pero con reflejos de buscadora lo esquivó.

Pronto se vio acorralada ante una lluvia de hechizos. Muchos de los cuales absorbía sin saber cómo deshacerse de ellos. No eran hechizos muy dañinos eso tenía que agradecerlo al menos. Su pelo se había teñido a un negro oscuro, su nariz sangraba y su ropa estaba pintada de colores. Sus piernas bailaban a veces aminorando su puntería. Pero Ginny había aprendido algo de los mayores y es que no se preocupaban por los que estaban debajo. Chang y Turpin jugaban con ella sin prestar atención real. Eso abrió una ventana para que Ginny alzando su varita exclamase.

—¡Incendio! —la corriente de fuego brilló por el corredor adoptando la forma de una serpiente. Pronto se extendió por todo el corredor amenazando a ambas chicas. Lo intentaron apagar pero Ginny no detenía el chorro ígneo. De la punta de su arma seguía saliendo aquella corriente que cada vez quemaba más a las jovencitas. Ginny movió su varita lentamente hasta que el fuego comenzó a retroceder y apagarse.

Turpin lloraba mientras Cho miraba a Ginny anonadada. La pelirroja fue a abandonar el lugar cuando escuchó la voz impresionada de la asiática.

—¿Harry te enseñó eso?

Ginny miró a la chica y negando dijo—Sí intentaras perfeccionar tu magia en vez de molestar a chicas puras como Luna quizás consigas cosas como esas—alardeando de su poder.

Mientras se veía, Turpin gritó—Reducto.

El hechizo iba a golpear en plena espalda de Ginny. Un maleficio de ese calibre podía destruir rocas así que los daños torácicos que podía provocar eran graves. Ginny giró sobre sí misma y esquivó aquel hechizo. Luego dijo—Debería aprender de los mayores. Reducto.

Las primeras veces fueron infructuosas tan solo débiles hechizos golpeaban el techo desencajando polvo. Cho y Turpin se burlaban de la chica hasta que harta Ginny dijo—Se acabo el meterse con Luna o conmigo—apuntó su varita y dijo—Reducto.

La luz golpeó en medio de ambas chicas dejando un agujero en la pared. La metralla de roca se había incrustado en brazos y piernas mientras que ellas habían salido despedidas en direcciones opuestas. Sabiendo que era su responsabilidad el daño causado decidió hacer lo más sabio. Huir.