Tras varios días de clases aburridas llegó el día que más esperaba Harry. La clase de Defensa contra las Artes Oscuras era su favorita y claramente tenía un gran talento en ella. Gracias a lo aprendido había salido victorioso de varios enfrentamientos aunque también tenía que decir que todos los profesores habían intentado atacarlo o matarlo. Tras esa bendita hora, surgía lo peor, Pociones.
La clase impartida por Snape se basaba en seguir unas instrucciones inespecíficas y en aguantar sus improperios algo que para la mayoría de los Gryffindors era imposible. El profesor favorecía a su casa descaradamente y acostumbraba a meterse con los alumnos.
El día empezó calentita cuando al sentarse en el desayuno una carta firmada apareció ante Ron y Ginny. Ambos miraron la carta firmada por Percy y enfurecidos la prendieron en llamas. Los pelirrojos seguían enfadados por su fuga y ataque a Ginny. Tras eso la chica se dirigió a la otra mesa a buscar a Luna. Ambas mucho más felices caminaron hacia su clase. Hermione y Harry esperaron a que Ron terminase a atiborrarse de comer.
—Antes de hacer magia hay que reponer fuerzas—indicó el chico con la boca llena.
Su amigo sonrió mientras que Hermione añadió—Eso no está demostrado. Es un cuento que se le dice a los niños para que coman.
El chico se amargó y cogiendo algunos cruasanes salió junto a sus amigos. La chica añadió—¿Para qué llevas comida? ¡Vamos a clase!
El chico añadió—Esa mujer no tiene pinta de hacernos trabajar mucho—se zampó uno y añadió—¿Olvidas las decisiones de Dumbledore? Un tipo tartamudo que se asustaba por todo y después tenía al que no debe ser nombrado en su cabeza. Otro era une engreído incapaz de realizar un encantamiento.
—Olvidas a Moody y Lupin—añadió la chica—Buenos profesores.
—Intentó comernos, Herms—dijo el chico—Y ni siquiera era Moody.
—No es motivo para comer a deshoras, Ronald—añadió esperanzada.
Harry le dijo—Tranquilizate, nos pondremos detrás. Nadie nos verá comer. De todas maneras estamos muy avanzados.
—Serás tú—indicó Hermione—Todavía nos cuesta realizar algunos hechizos.
—Yo os puedo enseñar—dijo el chico que vivió mientras robaba uno de los dulces de Ron.
Tras la charla llegaron al rellano del aula. Allí se congregaban un pequeño grupo de serpientes y leones. Entre ellos destacaba Malfoy, con su grupo de idiotas cerca. Harry recordó la frase de Dumbledore, vigilar a Davis. La chica a la que había salvado en el tren estaba apoyada en una pared conversando con otras Slytherins pero siendo manoseada por Crabbe y Goyle. Al parecer era ya algo normal que la tocasen esos gorilas. Harry señaló a la castaña y le dijo a Ron.
—Mira—el chico observó cómo ambos idiotas le tocaban los senos sin ningún problema. Ron miró a Hermione que estaba conversando con Parvati y sacando su varita pronunció.
—Depulso—ambos chicos chocaron con la pared dándose un fuerte golpe. La castaña miró un momento al aire y vio la varita del pelirrojo escabulléndose en su túnica. La joven bajó la mirada agradecida.
El pelirrojo añadió—¿Por qué la ayudamos? Es Slytherin
Harry le pisó el pie y dijo—No recuerdo que se haya metido con Hermione nunca. Además—miró al techo—Dumbledore lo dijo. Fue violada.
El pelirrojo bajó la mirada mientras su mente iba a Percy. Miró a Hermione sobreprotectoramente. Harry sonrió sabiendo que no era solo sexo al menos. Mientras conversaban evaluando el físico de las chicas, la puerta se abrió revelando el aula.
Hermione rápidamente ocupó uno de los primeros puestos mientras que Ron de incognito apuntó uno dos o tres filas más alejadas. Harry lo siguió con sigilo esperando que su amiga no los notase. Cuando la castaña se giró les lanzó una mirada de enfado que hizo que ambos se encogieran en su pupitre.
La profesora Umbridge igual de cargada de color rosa entró en el aula y rápidamente usando magia repartió los libros de texto. Hermione miró el libro, emocionada de todo lo nuevo que iban a aprender. Umbridge consiguió bajarle de la nube con simples oraciones.
—Buenos días, magos y brujas de quinto curso. Este año seréis instruidos bajo la correcta doctrina del Ministerio de Magia. Eso implicará un correcto desenvolvimiento en el área de los duelos. Aprenderéis hechizos y a defenderos de estos pero siempre bajo la seguridad de la literatura. Cuando lleguen vuestros TIMOS estaréis preparados para afrontarlos sin haberos puesto en peligro.
Hermione alzó la mano y añadió—¿No habrá parte práctica?
—No es necesario que aprendáis a ejecutarlos demasiado. Con que sepáis el lanzamiento, el conjuro y las defensas estaréis capacitados para los TIMOS—dijo risueña—Además, ¿Quién iba a atacar a niños como vosotros?
—No se. Quizás. ¡Lord Voldemort! —un silencio inundó el lugar mientras que la cara de Umbridge cambiaba de un rictus de simpatía a una mueca de asco y desgrado.
La bruja tembló de rabia e indicó—¡No ha vuelto! ¡Mentiroso!
—¡No miento! ¡Ha vuelto y usted lo sabe!
—Castigado. Señor Potter. Preséntese por la noche en esta misma aula—volvió a la anterior posé de tranquilidad y dijo—Bueno, comencemos página ciento cinco—todo el mundo observó aquel libro y comenzó a abrirlo con tranquilidad. Tan solo Hermione ya lo tenía por la página que indicaba.
Alzó la voz y dijo—Profesora Umbridge—dijo educadamente—el encantamiento desarmador ya lo vimos en segundo año. Deberíamos estudiar algo más complejo.
—¿Segundo? —dijo asustada la profesora—¡Por dios! ¡El nivel de Hogwarts ha desaparecido! No todo en la vida es atacar. Esta clase es ¡Defensa!, no Artes Oscuras.
Todos miraron a la mujer sin protestar. Hermione añadió—No sabía que ese encantamiento era propio de las artes oscuras.
—¡Hay que levantar la mano jovencita! Ahora a leer y no es necesario pensar.
Ron añadió en voz baja—Dirá hablar, ¿no?
Harry rio por lo bajo aunque observaba a aquella mujer con más odio aún. Había votado en su contra en el juicio, se había inmiscuido en Hogwarts y ahora le quitaba su clase favorita. Iba a tener que ir sin aprender nada. Hojeó las páginas del libro mirando que en efecto tan solo había letras y movimientos de varitas sin ninguna mención a algún encantamiento concreto.
La hora se pasó entera leyendo un libro inútil. Al salir del aula, Ron fue el primero en hablar. Miró a su mejor amigo y le dijo.
—Deberíamos saltárnosla. Es peor que Binns—añadió con horror—A estas horas Hogsmeade no debe de estar tan mal.
Recibió una colleja de parte de Hermione que le dijo—No compares, Ronald. Pero…—miró a Harry e indicó—Si esto sigue así no sacamos nuestros TIMOS. ¡Es importante!
Ambos chicos se miraron entre risotadas. Ron habló primero diciendo—Yo anotó lo de Hogsmeade. Te compró algunos dulces si me prestas la capa—le dijo a Harry. Este añadió—Si lo haces, voy contigo.
Ambos se llevaron un golpe en la cabeza de su amiga que dijo—¡Como podéis estar tan tranquilos! ¡Los TIMOS son importantes!
El pelirrojo dijo—Fred y George sacaron tres TIMOS, nada más. Y míralos—indicó—viven como dios.
Harry se encogió de hombros diciendo—Soy rico—miró a Ron que tenía una mirada divertida. Hermione lo miró y añadió—No tiene gracia, Harry.
Ambos caminaron en dirección a las mazmorras. Hermione criticaba a ambos chicos por tomarse la educación como si fuese diversión. Todos caminaron bajando las escaleras y descendiendo planta por planta hasta encontrarse con la escalera que llevaba al punto más bajo del castillo. Allí se situaba la clase y almacenes de Pociones, la sala común de los Slytherin y otras zonas en desuso para castigos físicos. Ron observó cómo todos los alumnos iban entrando y mirando a Harry le dijo.
—¿Seguro que no quieres jugar un ajedrez mágico?
Hermione arrastró al chico dentro del aula y Harry entró después. Notó que el lugar seguía igual. Las paredes decoradas con botellas y muestras recolectadas del mismo Snape, los bancos de trabajo estaban igual de sucios que siempre y en lo alto una pizarra que estaba comenzando a mostrar la tarea del día. Snape imponente se situaba a un lado de la pizarra mientras observaba a todos. El hombre se asemejaba a un vampiro de novela muggle mientras se movía por el aula. Su capa ondeaba al ritmo de sus pisadas mientras se cernía sobre el grupo.
Instintivamente Harry se tocó la cicatriz y Ron preguntó—¿Quién tú sabes?
—No. Es como en Grimmauld. Me pasó con Dumbledore.
El chico se encogió de hombros mientras se sentaba en uno de los últimos puestos con la esperanza de pasar desapercibido. Harry acompaño a su amigo, dejando a Hermione junto a Neville. Ciertamente el chico temía a Snape y con Hermione a su lado al menos podría aprobar cómodamente.
Ambos se pusieron en marcha siguiendo la receta propuesta aunque estaba claro que no tenían el don. La poción de Ron era de un tono verde suave casi transparente y la de Harry verde potente cuando debería de ser azulada. Ambos chicos observaban con miedo como tras regañar bruscamente a Seamus, Snape iba hacia ellos.
El hombre astutamente observó el líquido e insinuó—Me parece que tus sueños de ser auror se estancarán al igual que este—observó el color—líquido.
Harry asintió sabiendo que se necesitaba pasar los TIMOS de muchas asignaturas entre ellas Pociones para acceder al puesto de auror. Ron por otro lado cerró los puños ante las constantes reprimendas de Snape.
—Ahora que la Señorita Granger se ha compadecido del idiota de Longbottom, tú inutilidad sale a flote. No eres diferente al engreído de Potter.
Ambos chicos se quedaron callados. Tras años habían aprendido que el silencio era lo mejor para lidiar con aquel idiota. No podían ganarle en su duelo. Era un profesor y obviamente Dumbledore no tenía intenciones de despedir al profesor de Pociones. Aguantaron todo lo que pudieron hasta que Snape dio por finalizada la clase. En total habían perdido cerca de cincuenta puntos de la casa.
Hermione los esperó a la salida. Ron instintivamente puso su mano en la falda de la chica magreandole el trasero. Harry los observó sonriéndole a su amiga mientras se dirigía hacia el despacho de Umbridge para su castigo. Subió las escaleras en dirección al aula de Defensa, donde adjuntá a ella se encontraba el despacho del titular de la asignatura. Distraído chocó con Ginny. La pelirroja se tocaba el brazo delicadamente y Harry le cuestionó.
—¿Qué haces aquí?
La chica se encogió de hombros—Me peleé con algunas Ravenclaw por defender a Luna.
—Bien hecho—dijo Harry mientras avanzaba en dirección al despacho.
Ginny se tocó el brazo y añadió—¿Umbridge te castigó a ti también?
Asintió y se fue hasta el salón de clases. Una vez allí recibió la orden de comenzar a escribir en un papel. Harry miró a la mujer vestida de rosa mientras observaba la estancia repleta de cuadros y fotos de gatos. Tocó la pluma que la mujer le había entregado. Curioso preguntó—¿Y la tinta?
Con voz cantarina le dijo—No la necesitaras.
Harry sin pensarlo si quiera comenzó a escribir y al cabo de varias líneas una punzada de dolor le atravesó el brazo. Al poco tiempo un hilo de sangre empezó a fluir despacio por su antebrazo. Se levantó la túnica para ver cómo en su piel aparecían las letras que había escrito en el papel. La misma frase que estaba escrita en el pergamino. Miró el color de su escritura y supo que era su sangre.
Umbridge al ver la expresión del chico añadió—Puede irse. A la misma hora toda la semana hasta que…se grabe el mensaje—rio un poco mientras Harry se alejaba por la puerta.
Impresionado por la crueldad de la mujer, el mago subió las escaleras hacia la torre mientras se paraba cada cierto tiempo para intentar frenar la hemorragia. Recordó cómo Ginny intentó tapar su brazo. ¿Le habría hecho lo mismo? Dudaba que a tal nivel pero aun así no le gustó especialmente. Ningún encantamiento lograba restaurar su piel tan solo disminuir el sangrado. Llegó a la sala común donde Ron jugaba al ajedrez con una despeinada y enrojecida Hermione. La apariencia de la joven no se debía a una pelea seguramente.
Nada más verlo, Hermione le dio un abrazo y notó el aspecto del brazo de Harry. Ron al verlo añadió.
—Debes decírselo a Dumbledore. Te está torturando.
Movió el brazo y dijo—Tiene cosas más importantes por las que preocuparse.
—Dejá de ser tan cabezón. Esto no es un castigo normal. Ni Snape castiga así—añadió la chica.
Harry se estremeció por el dolor y por saber que sus amigos tenían razón. Umbridge era una sádica enviada a torturarle por el Ministerio. Miró su herida y añadió.
—¿Puedes curarla?
Hermione negó diciendo—Magia avanzada. Dudó que nadie sepa curarlo. Pomfrey tal vez.
Ron observó y dijo—En teoría es superficial debería parar. ¿Cómo te lo hizo?
—Escribiendo con una pluma
Hermione se veía ahora tensa. Era casi como mancillar un libro para ella. Ron vio la mirada de su "novia" y se estremeció con anticipación. Ninguno de los dos sabía nada sobre encantamientos curativos o instrumentos capaces de abrir la piel y escribir con sangre. Mientras hablaban, Hermione dijo.
—Tenemos que aprender Defensa.
Harry habló—Los TIMOS me dan igual, Hermione—la chica se ofendió—puedo sacar buena nota sin esforzarme. Me preocupa Voldemort—ambos miraron hacia otro lado.
La chica puso su mano en el hombro del niño que vivió—Lo sé. No es solo por los exámenes, Harry—miró el cielo oscuro tras ella—Esto…es algo más grande que eso. Mucho más. Siempre lo ha sido. Mirá—les dijo a sus dos amigos—puede que aún no haya una guerra abierta. Pero pronto lo habrá y muchos saldrán perjudicados. Deberíamos enseñar Defensa.
Ron miró a la chica y matizó—Deberías enseñar a los que quieran Defensa. Umbridge es una inútil. Y…eres el mejor.
Harry observó a sus dos amigos—La mayoría piensan que soy un chalado buscando fama.
Hermione enumeró—Nosotros no. Ni Hannah, Ginny, los gemelos, Neville.
—Las chicas del equipo de quidditch—dijo Ron.
Harry añadió riéndose—Luna—el pelirrojo se rio también ante la mención de la chica rubia—Está bien. Pero hay que buscar un sitio para reunirnos y tener una lista de personas, un temario—enumerando todo lo que se debía hacer.
Ron añadió—Neville, Ginny y Luna pueden dar voz de esto por Huffelpuff y Ravenclaw.
Hermione añadió—Yo me encargo de la lista y demás cosas. En la próxima salida a Hogsmeade podemos reunirnos y firmar el papel. Pensad en algún sitio para reunirnos—salió de la sala en dirección a su escalera.
Harry añadió—¿La casa de los Gritos?
—Llena de mierda y fuera del castillo. ¿Detrás del espejo en el cuarto piso?
—Sirius me contó que está derrumbado.
—¿La cámara secreta?
Ron se tumbó mientras Harry decía—No quiero que nadie se pinché con los colmillos de basilisco. La sala de los Menesteres—dijo en voz alta mientras pensaba para dentro hablaré con Dobby.
El pelirrojo agarró una carta y se la tendió—Es de Sirius. Llegó mientras estabas en detención. ¿Algo importante? —preguntó mientras su compañero la leía.
—Dice que viene a Hogsmeade.
—Está loco. Es una idiotez—aseguró el chico—Con el escape de Lestrange, los aurores están protegiendo el colegio y los sitios donde hay más gente. Si se presenta por aquí igual lo atrapan.
Intentando tranquilizarse él y a su amigo le dijo—Tenemos a Dumbledore aquí y varios aurores pertenecen a la Orden. No creo que atrapen a Sirius tan fácil—insinuó—sabe bien como esconderse.
El pelirrojo limpiaba sus fichas de ajedrez mientras decía—Ojoloco está retirado. Puede ser un ídolo pero—tragó saliva y dijo—Amelia Bones es la que manda y dudó que tenga compasión. Y ahora menos con esto de Lestrange.
Harry cerró los ojos evitando imaginarse ese destino. Ambos chicos se perdieron en charlas inocentes mientras la noche cubría el cielo.
