Mientras intentaba abrazar a su compañera desmayada para protegerla de los hechizos que viajaban a toda velocidad por la calle, Harry observaba consternado como su padrino se batía en duelo con la peor bruja de toda Inglaterra.
El hombre había perdido practica en el arte pero aún tenía más talento que la mayoría de los aurores. El talento suficiente como para superar los cinco minutos de duelo y borrar la mueca de autosuficiencia en la morena. Ahora transmitía algo de pánico aunque se podía intuir alegría en el fondo. A pesar de posiblemente ser atrapada aun podía tener la baza de tener a Sirius con ella, algo que Harry no iba a permitir. Sabía que para ambos les esperaba la muerte y no deseaba ver a su padrino en esas circunstancias.
Sujetando a la pelirroja sin tocarle sus partes más sensibles observó el duelo entre ambos Blacks. Sirius aumentaba de confianza ante las amenazas verbales de la bruja. Ambos no parecían tomarse la lucha demasiado en serio sino que intercambiaban bromas entre maleficios. Los aurores ahora parecían tener dos objetivos pero cada vez que intentaban romper el duelo entre ambos, eran asesinados por algún hechizo desviado. Sabiendo que no debía intervenir rezó para que pronto alguien llegase al lugar. Alguien con el suficiente poder para hacer huir a uno de los dos duelistas.
—¿Por qué has venido aquí? ¿Y tú maestro, prima?
—Muerto—como si fuese obvio—¡Lord Voldemort ha muerto y sigue muerto! —sonrió descaradamente sabiendo que era mentira—Solo quería causar caos. ¿No es un delito? —preguntó con duda.
El hombre sacudió el aire con otro hechizo y le dijo—Lo es cuando lo causas en Hogsmeade con mi ahijado cerca—dijo con furia.
La mujer se quedó pensativa y luego exclamó—¡Bien! ¡Tú ganas Black! —alzó su varita apuntando a los chicos que estaban en el suelo. La agitó bruscamente—¡Preparaos para ir al cielo…no, no al hielo! —la nieve que recubría todo Hogsmeade se levantó en el aire formando pequeñas lancetas que se congelaron. Ahora un enjambre de pinchos se dirigía hacia ambos chicos—¿¡Cuando mueran me dejaras divertirme!?
Sirius corrió disparando un látigo de fuego mientras que Harry intentando protegerse levantó un escudo con su varita. Sabía que era cuestión de tiempo hasta que su muerte llegase pero se esforzaría por resistir. Susan despertó de su sueño para verse a punto de morir. El hielo se fragmentaba bajo la presión del escudo pero todavía podía herirles, el escudo de Harry comenzaba a fallar. La pelirroja sin apenas fuerzas disparó otro escudo que ayudó a disminuir el daño.
Harry la miró mientras intentaba manejar la magia en ese estado. Poniendo mayor poder a su hechizo vio que era insuficiente. Se tumbó y envolvió el cuerpo de la chica para al menos intentar que solo él muriese esa noche. Rezó todo lo que pudo hasta que notó el calor de un hechizo envolviéndolo desde dos lados. Uno era Sirius, pero ¿el otro?
Sus escudos fallaron pero tan solo agua y algo de nieve los envolvió. Retirando el exceso, Harry notó que efectivamente tan solo tenía algunos cortes en su espalda por trozos de hielo pero que estaban bien. Vio como Sirius sacaba su varita instintivamente de nuevo, no vio a la mortifaga cerca aunque sospechaba que seguía por ahí. En cambio escuchó la voz seria y furiosa de Madame Bones.
—¡Sirius Black y Bellatrix Lestrange! ¡Entreguen sus varitas! ¡Han asesinado a innumerables aurores está noche y han intentado asesinar a Harry Potter y a mi sobrina de nuevo! ¡Entréguense o no respondo!
Sirius rápidamente preparó su varita para un duelo mientras que se escuchó la carcajada febril de la otra mujer.
—¡Amy! ¡Hemos venido a verte! ¿Cómo están tus padres?
La mujer se silenció por un momento y lanzó un encantamiento silencioso. Harry notó como su padrino se escondía mientras Bellatrix lo esquivaba ágilmente como si no hubiese estado catorce años encerrada.
—¡Como se les ocurre atacar Hogsmeade! ¡Se han vuelto más estúpidos de lo normal!
Fingiendo pensar, la mujer añadió entre maleficios—Pretendíamos secuestrar a Potter y torturarlo durante semanas hasta vengarnos por nuestro señor…—parecía segura de sus decisiones y Harry notó que sabía herir con la palabra. Mucho mejor que las bravuconadas típicas de Slytherin.
—Reducto—indicó fríamente la pelirroja deseando acabar con sus enemigos—La asesina más celebre en siglos y el traidor a la Orden. Si acabo con vosotros seré ministra—jactándose de su posible logro.
Sirius sabía que debía participar pues pronto se cansaría de atacar a Bellatrix sin ningún efecto y comenzaría con él. Mirando a la mortifaga ambos llegaron a una conclusión. Bella continuó el duelo mientras en las sombras Sirius se convertía en perro. Ya había usado la misma táctica antes. Por detrás, atacó a Amelia en el hombro. La herida comenzó a sangrar y dejó caer su varita por el dolor. Lo suficiente como para que una Bellatrix orgullosa mirase a la mujer pelirroja.
—Llegó tu hora Amy. Reducto—un fino maleficio colocado levantó a la bruja por los aires estrellándola contra una de las casas de madera. Harry observaba como la bruja caía en un ruido sordo al suelo. Un hechizo de ese calibre podía matar si iba bien apuntado pero dudaba que desde esa distancia hubiese golpeado en el lugar indicado. Aun así el traumatismo era severo.
Harry miró a la mujer fue a socorrerla pero fue interceptado por un hechizo de la mortifaga—¿Dónde estás perrito? ¡Ahora que la prima Bella se ha encargado de la malvada bruja pelirroja! ¡Bueno le daremos un regalo al perro sarnoso!
Miró a Susan y a Harry casi envueltos en nieve—Glacius—un flujo de agua helada cubrió a los chicos dejándoles en una especie de iglú. Atrapados. Harry preparó su varita para romper el hielo pero la voz mágicamente de la mujer se escuchó a través—No creo que la pequeña Bonnie aguante la hipotermia.
Se marchó caminando disparando hechizos por el lugar. Harry a través del hielo mientras abrazaba a Susan pudo ver cómo ninguno de sus compañeros era rival para la mortifaga. Tan solo cinco hechizos conectaron con la mortifaga durante una refriega. Los gemelos y Ron fueron desmayados. Ahora se enfrentaba a las tres chicas que parecían igualar sus esfuerzos. Para la mujer era solo un aperitivo, aturdió a Luna y Ginny para luego torturar a Hermione con el Cruciatus. Los gritos de la chica le indujeron a actuar pero no podía. Sabía que si se iba posiblemente el cuerpo inconsciente de la pelirroja tras tanto tiempo caería en hipotermia. Escuchó el sonido rezando para que alguien llegase.
Escuchó carcajadas tras ver a Neville enfrentarla. La furia le daba enfoque y consiguió paralizarla. Vio al chico preparando un maleficio fatal pero fue demasiado lento. Fue lanzado hacia atrás y cayó seco como anteriormente había hecho Madame Bones. Sin ninguna resistencia disparó varios Incendios quemando el lugar todo lo que pudo.
Hasta que en medio de su danza de locura y placer, la voz enfadada de Dumbledore llegó.
—Ha sido una tontería venir sin tus amigos Bellatrix—indicó el director cortésmente.
La mujer observó el lugar y añadió—Estuve un rato recordando viejos tiempos pero…—observó a la mujer pelirroja desmayada y sangrando—…fue algo mal. ¡Me guarda rencor! No sé porque Albus.
—Tus actos Bellatrix no fueron los de alguien inocente y recto. Ahora debo pedirte que te marches y le digas a Lord Voldemort que la próxima vez se presenté él
—¡No existe Albus! —recalcó—pero haré lo que dices.
Desapareció en un espectáculo de humo y Dumbledore rápidamente alzó su varita, blandiéndola en dos grandes arcos restauró gran parte de Hogsmeade. Apagó las llamas que consumían los tejados y fue retirando todos los encantamientos protectores. Conjurando su patronus de fénix llamó a la Señora Pomfrey. Harry vio como despertaba a todos los hechizados revirtiendo sus problemas. Tonks, Ron y otros muchos fueron recuperándose poco a poco. Harry pudo ver que en efecto Madame Pomfrey acudía para socorrer a los más heridos.
Cuando todo se solucionó, Dumbledore caminó hasta donde el iglú seguía estando. Sin acercarse, desmanteló el hechizo haciendo que el hielo se desmenuzará por encima de ambos chicos. Desde lejos preguntó.
—Harry. ¿Estás bien?
—Sí, señor.
Felizmente insinuó—Debo sentirme orgulloso. Visto todos los destrozos que Bellatrix causó, me siento orgulloso de que estes sano y salvo—miró a la chica a la que Harry abrazaba—Ahora si me permites levitarla para llevarla a la enfermería junto a su tía.
Harry se alejó un poco de la chica y tocándole el pelo dejó que el director hábilmente la levantase mágicamente. El anciano caminaba cargando con el peso mágicamente y Harry le preguntó.
—¿Sirius?
Dumbledore observó el lugar y dijo—Debe de haberse ido. Lo que ha hecho esta tarde—miró la villa y a la chica que cargaba—Es un suicidio. No sé porque buscaría perseguir a Bellatrix solo pero no es un acto de sensatez.
Harry no supo que decir. Su padrino había sido demasiado impulsivo al querer verlo tan apresuradamente pero gracias a él habían podido evitar que Bellatrix hiciese perdidas mayores. En realidad casi habían sido aniquilados por aquella mujer. No había asesinado a nadie pero seguramente algunos estarían días en el hospital y el único que había salido ileso era Sirius.
Continuó caminando hasta llegar a Hogwarts. Una vez allí pudo ver a muchos profesores contando a sus alumnos. Se fue directo a la enfermería solo para ver en la puerta a los gemelos, Ron y Ginny hablando animadamente.
Les preguntó—¿Hermione? ¿Neville?
Ginny les dijo—Heridos. Se recuperarán pronto.
Harry miró a todos y sintiéndose aún peor por no poder protegerlos se dirigió al Bosque Prohibido. Caminó hacia la cabaña de Hagrid, no le vendría mal hablar con el gigante pero no se encontraba en su casa. Casi lo echaba de menos, la profesora sustituta les enseñaba animales mágicos curiosos pero poco peligrosos y Hagrid. Era justo al revés, el gigante tenía una concepción errónea del peligro y los exponía bastante pero era bastante bueno en su trabajo.
Caminó hasta donde Hagrid usualmente les enseñaba los animales, recordando los hipogrifos en su tercer año. Pensó en Sirius y en cómo se encontraría tras el combate. Recordaba cómo su padrino había colaborado para incapacitar a Amelia Bones, era un comportamiento extraño. La otra era una asesina, Bones solo era una política competente. Olvidando de esos sentimientos observó una manada de criaturas. Las mismas que había visto tirando de los carromatos antes de venir a Hogwarts.
Eran seres extrañamente demoniacos pero tranquilos. Parecían comer carne de los pequeños roedores que cazaban por el bosque. Caballos alados tenebrosos. Esa era la definición más clara. Animales que pocos veían. No lo entendía aún. Desvió la mirada y pudo ver a Luna Lovegood acercándose a los animales.
—¡Luna! ¿Cómo estás? —dijo preocupado.
La chica cerró los ojos y dijo—Hola Harry Potter—se quedó quieta y afirmó—Estoy mejor. Solo me aturdió y pude esquivar sus hechizos. Las otras estaban peor.
Lo suponía habiendo visto a Ginny en las puertas de la enfermería y de Hermione aún no tenía idea. Lo hizo caminar junto a ella y luego se arrodilló en el suelo. Harry impactado por verse rodeado de aquellas criaturas y con la rubia rebuscando en sus pantalones se quedó quieto. No se sabía si era de asombro o un reflejo propio pero su miembro respondió a ser buscado. Se infló con orgullo y la bruja lo localizó rápidamente.
—Tenemos que hacerlo—respondió la rubia seriamente—Me cuesta estar concentrada contigo si no paro de pensar en tu pene.
Harry tragó saliva pero añadió—No deberíamos hacer esto. Somos amigos—dijo mientras intentaba evitar que la chica tocase su miembro.
—El otro día te corriste y nada ha cambiado—dijo la chica. La franqueza de aquella chica conseguía sorprenderle siempre.
—Eres muy persuasiva—dijo mientras no podía evitar contemplar las manos de la chica deslizándose por su miembro—Chupámela. ¡Eres una diosa haciéndolo!
Podía decir eso verdaderamente. Luna era la tercera boca que cataba su pene pero dentro de sus capacidades era la mejor haciéndolo. Harry la enderezó dejando su miembro al descubierto. Besó a la chica mientras palpaba su trasero. Tenía un culo firme entre sus manos. Lo apretó con fuerza mientras su otra mano se dirigía hacia el pecho de la chica. Atravesó su camisa y llegó al seno derecho. Lo podía cubrir con su mano lo que demostraba que al igual que la pelirroja no fue hecha para ser una belleza tetona.
La presión entre los dos cuerpos hizo que la bruja notase perfectamente la dureza de Harry. Sin parar de besarlo, comenzó a frotarse contra el miembro desnudo hasta que no pudo más y forzó la mano del chico en su centro.
Estaba frotando a su amiga por encima del tanga cuando notó como la rubia jalaba su miembro erecto. Con dos dedos fue acariciando la montaña que tapaba el tanga de la chica, rozó el clítoris varias veces despertando gemidos hasta que decidió meterlos en su interior, apartando la tela que se interponía. Luna gimió entre besuqueos.
—¡Que ganas tengo! —dijo sonriendo sin dar más relevancia a como los animales los miraban.
Harry se divertía follándola con los dedos mientras ella pajeaba torpemente. El ritmo era tremendo y Harry notaba como el brazo de la chica se cansaba al no estar acostumbrada a tanto ritmo. Luna parecía querer acoplar los movimientos pero sus gemidos lo imposibilitaban. Llegado el momento la bruja vio que era buen momento para utilizar armas más potentes. Harry se fijó en los caballos alados que parecían expectantes ante el intercambio sexual de ambos adolescentes de pie.
—Te la voy a chupar—dijo la chica anunciando su tarea.
Sin saber que decir—No sé qué decir…Gracias, Luna, yo… ¡Uff! —no pudo seguir hablando cuando la rubia decidió meterse la mitad en la boca.
La maestría que ya había demostrado en el tren no era causalidad. Harry disfrutó de los labios pequeños y finos de la rubia arrastrándose por todo su miembro, dejando marcas de pintalabios en puntos que parecían inalcanzables para una garganta común. Luna mamaba sin parar y lo hacía realmente bien. Sus labios recorrían una y otra vez toda la polla, desde la punta hasta los huevos, y la lengua los seguía retorciéndose dentro de la boca para poder lamer todo lo que entraba en aquella garganta.
Agarró la cabeza de Luna en un acto reflejo para acompañarla en su ir y venir bajo su vientre. Le excitaba ver cómo podía metérselo casi entero en la boca sin ninguna queja. Notó los labios de su amiga en sus huevos, a veces lo sacaba rápido otras veces lentamente. Era una piedra en su garganta. Incluso podía ver el contorno de su pene palpitando dentro de la faringe. Tras minutos de felación, la bruja liberó a Harry y se giró aun arrodillada. Un simple mandato volcó toda la conciencia de Harry.
—Follame.
No se necesitó más. Harry le subió la falda hasta apoyársela en la espalda dejando al descubierto su trasero, cubierto por un tanga que hizo descender. El coño de la rubia tenía algo de vello pero era prácticamente translúcido. Su propia excitación hacía que estuviese bien lubricado y con ganas de dejar entrar a un hombre. Valoró darla un par de lametones ya que no tenía mal aspecto pero se guardó ese pensamiento. Tras ajustarse un poco el glande hizo contacto y poco a poco fue internándose a través de esa cavidad estrecha, húmeda y ardiente.
Ambos disfrutaron la lenta travesía hasta que la cadera del chico golpeó las nalgas de Luna. Listo para percutirla, se sobresaltó cuando Luna dijo.
—Sácala.
Sorprendido se echó para atrás. Pensó que le había hecho daño o que había alguien espiando en el prado o que incluso alguno de esos caballos la habían atacado sin que si diese cuenta. Sin embargo, Luna se volvió a arrimar pero está vez dirigiendo el glande hacia su otro agujero. El ano cedió aunque mucho más lento que su coño. Las dimensiones y la naturaleza del mismo dificultaban la tarea de horadar. Por suerte la lubricación que Luna había realizado con su garganta estaba ayudando.
—Creo que de momento esto es lo máximo—afirmó la bruja tras haber introducido la mitad.
—¡Increíble! —dijo Harry al notar la presión extremadamente agradable de tener su pene dentro del trasero de la chica.
—Sabía que te merecías desvirgar mi culo—dijo tranquilamente.
Eso aceleró aún más a Harry. Tras la maestría que la chica demostraba con un rabo entre los dientes estaba claro que tenía mucha experiencia. Por lo que darle a Harry tal honor era algo que hizo que su pene se hinchase mucho más. Agarrando la cadera de la rubia y con la otra dando suaves azotes puso en marcha el mecanismo.
Harry comenzó a moverse lentamente buscando ensanchar el agujero. Siempre mantenía a Luna cerca atrayéndola hacía sí, algo que ella acompañaba con movimientos de vaivén. En conjunto conseguían dilatar la entrada y volver loco al chico al tener entre sus manos un culo juvenil que le apretaba muchísimo ya que era su primera vez. Además todo en el cuerpo de Luna era pequeño y delgado por lo que a excepción de su increíble boca siempre era apretada.
Los gemidos de la chica se intensificaron por lo que Harry decidió acortar distancias para enmudecerla con su mano. Los gemidos apagados de la chica indicaban el placer que sentía en cada embestida y aumentaron cada vez más debido a que la chica usaba una de sus manos para masajear sus labios internos.
Estaba en la gloria. Iba y venía dentro del interior de Luna cada vez más rápido. Lo azotaba o la animaba a embestirse a sí misma. La agarraba por el pelo o simplemente marcaba su cuello como una lamprea buscando acrecentar su dominio y vaciar toda su ira. Con más de la mitad dentro poco a poco comenzaba a excitar más. Los azotes se volvían más fuertes conforme entraba más en su interior.
Tras varios jadeos de la chica, pudo sentir como su coño se contraía. Ella gritó de placer y Harry alarmado sacó su miembro del ano de la chica. Viéndola correrse sobre el lecho de agujas de pino, Harry desenvainó su miembro y tras una masturbación corta derramó toda su semilla en la cara de la rubia.
Luna sacó la lengua para absorber todo lo que pudo e incluso llegó a chupar el pene para dejarlo limpio.
—¡Justo lo que esperaba! —dijo limpiándose los labios manchados de blanco—Espero que te hayas replanteado las cosas.
Harry no sabía que decir en ese momento—¿A qué te refieres?
—A sentirte mal por no haber evitado las heridas de Hermione, Ron, Ginny o Susan—indicó la chica—Y por…querer repetir conmigo. Más a menudo—dijo más alegre.
El miembro respondió a eso—Dijiste que lo teníamos que hacer para quitarte la duda.
—La duda—sugirió la chica—la duda de tu culpabilidad—afirmó—Además no soy Ginny. Solo busco relajación.
Harry observó a la chica y el agujero dilatado de su trasero. El desgaste de la pintura de labios era evidente y sabía que esa imagen se le quedaría grabada. Luna le ponía, le ponía mucho. Pero no solo se quedaba con eso. Olvidando sus propios temores su pene volvió a la carga para la alegría de la bruja excéntrica. Pero no solo eso podía tener a la rubia como su culo antiestrés mientras aceleraba sus opciones con otras cosas.
