Las semanas continuaron en Hogwarts como si nada. Harry soportaba los enfados de Snape, la tortura de Umbridge y las aptitudes de medio colegio sobre él. De vez en cuando usaba a Luna como válvula de escapa de sus pasiones pero intentaba mantener a la chica fuera de sus problemas.
Los sueños recurrentes seguían y no le encontraba ningún sentido. Soñaba con una puerta en un pasillo y una sala llena de orbes cristalinos. Había visto esa misma puerta en el Ministerio. Era la entrada al Departamento de Misterios según Hermione el lugar donde se escondían los secretos mágicos más fuertes. Sospechaba porque Voldemort querría ser más fuerte pero no comprendía porque se mantenía oculto ni que estaba haciendo.
Hoy era un día especial y eso hizo que su desempeño en las clases fuera mejor. Ignoró a Umbridge y no le llevó la contraria mientras pensaba en cómo tendría que explicar Defensa a un gran grupo de personas. No era un excelente profesor. Sospechaba que Lupin sería mil veces mejor pero gracias a sus amigos habían organizado la clase de hoy. Tras terminar de comer, Ron y él se encaminaron hacia la Sala de los Menesteres en el séptimo piso. Mientras tanto Hermione estaba fuera dejando entrar a todo el mundo. Su deseo se materializó en aquella sala. Se elevó el techo y se materializaron colchonetas, espejos y cientos de maniquíes de entrenamiento de auror.
Una vez entraron todos, se situó a un lado junto a sus dos amigos e insinuó.
—Lo primero que tenemos que hacer es ponerle un nombre en clave—al ver las dudas de muchos—Para que Umbridge no nos pillé—matizó.
Se propusieron muchos pero todos acabaron sorprendidos por la destreza de Ginny de elegir nombres absurdos. Se eligió por mayoría "Ejercito de Dumbledore" algo que asumieron que fastidiaría a Umbridge y al Ministerio. Tras establecer unas normas claras entre los miembros. Harry se comprometió a que probarían a los miembros en duelos individuales.
Pronto se vio que Hermione a pesar de conocer muchísimos encantamientos no era una diestra luchadora y fue vencida repetidamente. Ron logró igualar a los mejores duelistas de la sala pero era tosco en sus movimientos y tenía poco repertorio. Harry no fue vencido por ninguno y los mejores duelos fueron contra sus compañeros de quidditch que le superaban en edad. Todo esto le permitía evaluar a todos los compañeros y situarlos en un nivel de partida.
Observando los duelos, recordó lo que le había dicho Susan hacía días en la enfermería. Hermione había protegido a Hannah, habían cumplido su promesa por lo que decidió hacer válida su petición. Interrumpió las prácticas y apuntando su varita a una invicta pelirroja anunció su duelo. Ninguno confiaba en la Huffelpuff a pesar de sus dotes de batalla.
La sala se convirtió en una arena de duelo y se levantaron escudos enormes para protegerse de cualquier hechizo errante. Con cada chico en un extremo, los gemelos fueron haciendo apuestas.
Un breve intercambio de maleficios dio el pistoletazo de salido al duelo abierto. Harry comprobó que Susan tenía el mismo poder que su tía y había sido instruida hábilmente. Comprendía porque lograba vencer a casi todo el mundo aunque no estaba en su naturaleza pelear. Para ella era como un deporte en el que era hábil pero nada más. Harry conseguía esquivar sus haces más fácilmente que ella y eso poco a poco daba una ventaja. Pronto decidió centrar su estrategia en otra cosa.
—Aguamenti—el chorro de agua se dirigió directamente hacia su pelo mojando su ropa. El pelo mojado obstaculizaba su visión mientras que provocaba que se sonrojase sabiendo el efecto que estaría teniendo en sus enormes pechos.
Más enfurecida esgrimió su varita en un tajo en diagonal lanzando una maldición que por poco esquivó Harry. Enfadada comenzó a lanzar hechizos peligrosos con los que la barrera apenas podía mantenerse. Sabiendo que el duelo debía acabar, la pelirroja hizo algo que heló la sangre de Harry.
Usando su mismo hechizo, conjuró una enorme bola de agua que congeló y luego dispersó. Pequeños cristales de hielo se lanzaron hacia él en una muestra de magia similar a lo que Bellatrix había hecho en Hogsmeade solo que menos poderoso. Harry levantó una lluvia de llamas para defenderse.
Ahora ambos sabían que no estaban jugando. Harry no poseía mucha variedad y avergonzarla no conseguiría nada. Debía derrotarla legalmente. Alzando su varita dijo.
—Avis—un puñado de pájaros surgieron y fueron dirigidos hacia Bones—Opugno.
No se ando con chiquitas—Incendio—una llamarada mató a las aves y rápidamente conjuró gruesas sogas que se ataron a las extremidades de Harry obstaculizando su movimiento y dejándole a merced de la chica.
Harry no agachó la cabeza sino que la levantó vacilante y dijo—¡Acabame!
Susan sonrió mientras se daba la vuelta moviendo la cadera seductoramente sabiéndose vencedora. Sonrió a sus compañeras de curso de Huffelpuff mientras alzó su varita lentamente vocalizando el maleficio que pondría fin al duelo. Se acercó a Harry poniendo su varita en dirección a su entrepierna. Sonriendo al verla dura, dijo—Glacius.
El temor inundó el rostro del niño que vivió mientras atado, su miembro iba derramando su semilla dentro de su túnica. A su mente vino la imagen de la Señora Weasley que guardaba un parecido razonable con la chica que se lo hacía ahora. Sin embargo esto no finalizó el duelo tan solo hizo que Harry se corriese y sonrojó a toda la población femenina que ya conocía los efectos de ese encantamiento hábilmente dirigido. Con sus músculos y algo de ayuda de finos encantamientos cortó las cuerdas y volvió a la embestida. Ahora grácilmente Susan esquivaba mientras miraba socarronamente su entrepierna aliviada y mojada.
La chica bajó su varita momentáneamente mientras sorprendía a todos diciendo en alto—Si logra vencerme—mirando a Harry—podréis vender mis sostenes—Fred sonrió mientras hacía cuentas en su mente—si pierdes…entonces serás mi esclavo por un día.
Harry tentativamente afirmó. Quería desechar la braga de Gabrielle y tener un sujetador como el de Susan, ciertamente era una ganancia para sus masturbaciones.
—Impedimenta. Expelliarmus. Reducto—Harry volvía a la carga con nuevas fuerzas, sus encantamientos cada vez se volvían más dañinos. La pelirroja esquivaba cómo podía mientras levantaba escudo tras escudo. La magia centelleaba y se rompía cada vez que se lanzaba un nuevo hechizo. El chico no iba a tolerar que aquella muchacha se chulease de él. Había quedado empate con Voldemort, una pelirroja no era nada para él.
Pronto se vio contra la espada y la pared. Todos esperaban que Harry pusiese fin a la batalla pero la chica no parecía dispuesta a parar de defenderse. Sus encantamientos protectores no fallaban algo que nunca había visto. Normalmente bajo presión los hechizos de ese tipo fallaban a menudo. Distraído por el bamboleo de los melones de la pelirroja se contuvo hasta que pudo ver como una luz verde se aproximaba a él. Visualizando el destello esmeralda se asustó visiblemente y se tiró a un lado para esquivarlo.
Sospechaba que era un maleficio asesino. A su mente vino la imagen de Voldemort ejecutándolo y el familiar color esmeralda. Agachado quiso continuar el duelo pero un simple Expelliarmus lo desarmó. Susan sonriendo indicó.
—Deberías escuchar los encantamientos que se lanzan—indicó la chica sonriendo.
Caminó riendo hacía sus amiga y Hermione añadió—¡Eso fue muy bajo Susan!
Harry extrañado afirmó—¿No fue la maldición asesina?
Ron miró a su amigo y dijo—Fue un encantamiento de chispas verdes.
La pelirroja mientras hablaba con Hannah sonrió y dijo—Una batalla no da una segunda oportunidad. Aunque—sencillamente dijo—debo admitir que será un gran profesor.
Harry se sonrojó mientras decía ante todos—Lo que Susan ha hecho es una estrategia fantástica pero arriesgada. Generalmente vuestro atacante estará concentrado y no pensando en montar en escoba—mintió claramente. Observó como casi todos prestaban atención mientras que los gemelos reían. Fred exclamó.
—¿¡Quién de los dos montaba la escoba!?
George en cambió dijo—También chicos debéis prestar atención en el movimiento y la luz que desprende el hechizo—muchos lo miraron extrañados pero él dijo—en sexto os enseñan lanzamiento no verbal.
—Intentan—acotó Fred.
La sesión del ED acabó con todos sorprendidos de lo hábil que era Harry y de cómo en dos horas habían practicado más hechizos defensivos que en toda su vida en Hogwarts. Además todo eso había permitido nivelar a los estudiantes en grupos en función de su habilidad en duelo. Discutiéndolo, Hermione habló.
—Diría que muchos no tienen nivel para pelear en una batalla real—mientras anotaba en una hoja.
—Para eso está el ED—secundó Harry—habrá que ayudarles. ¿Cómo están los de séptimo y sexto?
Ron se tumbó en una de las colchonetas mientras decía—Dan buena pelea. Más variedad que nosotros. Pueden luchar bien. Solo tú y …Susan podrían darles batalla. Habrá que ponerles a practicar entre ellos.
Asintió mientras mirando a sus dos amigos decía—Bones es extremadamente hábil. Fue entrenada por su tía seguro pero…usó tácticas demasiado violentas para mi gusto—afirmó el chico.
Sacando un folio de apuntes, la morena dijo—Usó la técnica de Bellatrix. Todos vimos cómo levantaba esos carámbanos en Hogsmeade. Ella hizo algo similar pero menos letal—dijo la chica. Al ver las miradas de incredulidad de ambos insinuó—Es más fácil derretir cristales diminutos que grandes picos de hielo. Lo de la luz verde fue brillante y lo de Glacius…—miró arrepentida a Harry.
El chico se contrajo al recordar cómo se corrió solo—Eso fue una táctica para avergonzarme.
—Debes de admitir que consiguió tenerte a su antojo. Cuando hizo eso ya sabía que iba a ganar.
Ron sonrió e insinuó—Bueno ahora eres su esclavo—mirando a Hermione con deseo afirmó—Has tenido suerte.
Harry sonrió rencoroso mientras meditaba eso. Ciertamente le había vencido así que sería su esclavo por un día. Mirando a Hermione que lo juzgaba pensó en la cantidad de cosas sexuales que podría hacer durante un día entero. Si ella fuese suya realmente le daría utilidad a su cuerpo. No sabía leer mentes pero sospechaba que Susan obraría de la misma manera. La chica era serena y alegre pero había demostrado ser despiadada. Decidió cumplir con su promesa como buen Gryffindorr. Mirando al pelirrojo dijo.
—Id hacia la torre me espera un largo día cuidando a nuestra tejona favorita—salió de la sala corriendo dirigiéndose hacia la sala común de Huffelpuff, con suerte llegaría antes que sus compañeras.
Se encaminó cerca de las cocinas donde los toneles evitaban la entrada a la madriguera de los tejones. Esperando allí vio como Susan, Hannah y Megan llegaban charlando animadamente. Ambas chicas se reían mientras la pelirroja parecía contarles algo. Al verle, Hannah se sonrojó furiosamente mientras Megan le saludó animadamente.
—Espero verte en el quidditch pronto Potter—dijo la morena riéndose—a ver si eres tan bueno en la escoba como con la varita.
Harry sonrió. Megan Jones se había convertido en cazadora y era bastante buena. Huffelpuff tendría posibilidades este año siempre que ellos aplastaran a Slytherin el próximo fin de semana.
Hannah en cambio sonrojada dijo—Megan ya sabemos que nuestra pequeña Susie es bastante buena con la varita.
La chica abrió los ojos y dio un codazo a la rubia. Luego miró a Harry y preguntó—¿Qué haces aquí, Harry?
—Era tu esclavo durante un día. ¿No?
La chica se quedó muda mientras que sus dos amigas intentaban decir algo. Hubo una especie de conclave donde las tres intercambiaron miradas que Harry no pudo saber cuál era su significado. Tras unos minutos, una sonrojada Susan insinuó.
—¡Está bien! —rindiéndose ante su propia promesa en la sala de los Menesteres. Tocó un tonel revelando la entrada—Entra. Acabemos con esto. Harás mis deberes durante todo el día y le explicaras la transformación a Hannah.
La chica se preparó para atravesar la puerta pero fue reprendida por Megan quien dijo—¿Vas a dejar ir esta oportunidad?
—¡Callate! —dijo Susan sabiendo bien que hacer.
Harry entró en el lugar secundado por las tres chicas. La sala común era diferente a la de los Gryffindors o Slytherin. Mientras que en la de su casa todo era dorado o rojo de manera que daba alegría, está transmitía serenidad. Los colores eran apacibles y todo estaba decorado con macetas en representación de la Profesora Sprout. Muchos lo miraron extrañados pero fue conducido por una red de túneles hasta un cuarto con tres camas. Extrañado de poder entrar afirmó.
—¿Cómo he podido entrar? En la torre las escaleras de las chicas se convierten en un tobogán si lo intentas—dijo curioso.
Hannah miró al chico y dijo—Imaginó el porqué de la precaución.
—Lealtad—indicó la pelirroja—Valoramos eso y el trabajo duro. Por eso se puede entrar fácilmente. Ahora comienza a explicarle a Hannah la transfiguración. Tienes una hora para que avance en convertir un pájaro en una copa. Avis—invocó dos pájaros. Lo dejó solo con Abbot mientras las otras dos se marchaban por otra puerta a lo que suponía que era el baño.
Intentó no pensar en el posible calvario que tendría y se concentró en la chica rubia y regordeta que tenía ante él. Al igual que Neville, no era hábil en la magia y le costaba muchísimo ejecutar bien un hechizo. Pero su trabajo duro la hacía una excelente alumna. Tras explicárselo varias veces consiguió realizar el encantamiento con buenos resultados.
Cuando sus dos amigas llegaron, la rubia había logrado invocar aves, dirigirlas y convertirlas en versiones de barro de copas. La transformación en metal vino después bajo la atenta mirada de sus amigas. Hannah sonreía al sentirse útil y sentir como su magia corría por su cuerpo sin obstáculo.
—¿Cómo lo has hecho? —quiso saber Megan—Nosotros somos incapaces de ayudarla.
Harry recordó cómo habían ayudado a Neville en Transformaciones—Solo hay que confiar en ellos. Es más que capaz de hacer eso—indicó mirando a la rubia.
Susan habló sentada en su cama. Señaló un pergamino y una pluma en una mesa e indicó—Hazme el trabajo de encantamientos sobre cómo cambiar el estado de una masa líquida. Treinta centímetros—indicó ligeramente. Harry se puso a ello arrepentido de su decesión. Tendría que haberse quedado con Ron y Hermione y no cumplir su promesa. Se imaginaba una de esas escenas de las películas de Dursley donde el criado se monta una bacanal. No tener que explicar y hacerles los deberes a dos adolescentes.
Mientras se sentaba escuchó el tono de voz de Susan—Desnudo.
Miró a las chicas intentando encontrar una explicación pero la mirada risueña de Megan le hizo entender. Se trataba de algún tipo de broma o era algo más. No podía adivinarlo. Se fue desnudando dejándoles ver todo su cuerpo. El pelo comenzaba a crecer por todo su cuerpo oscureciendo poco a poco su escroto y ocultando su entrepierna. Su cuerpo estaba algo más tonificado por los ejercicios de quidditch mientras que su pene se mantenía a media asta ante tres brujas.
Mientras escribía en el pergamino notaba los ojos de las chicas pegadas a él. Escuchaba susurros y murmullos. Parecía que la broma que le habían hecho se le había salido de control. A la mente del chico vinieron imágenes de la bacanal que había soñado cuando se sometió a Susan voluntariamente. Se imaginó junto a la chica pelirroja, ambos besándose en la cama mientras bajo las sábanas la rechoncha rubia y Megan trabajaban sus entrepiernas. Todo en una danza de gemidos mientras Harry besaba y amasaba los senos de Bones. Su miembro respondió hasta alcanzar su máxima extensión. La hinchazón hizo que su glande saliese a relucir, globoso e imponente.
Una vez hubo acabado, se levantó imponente ante las chicas que estaban tumbadas en una de las tres camas. Su miembro apuntó directamente hacia ellas y por un momento pensó en salpicarlas con su semen. Habló a la pelirroja sumisamente.
—He acabado ya
La chica riéndose y acompañada por sus amigas dijo—Señora.
Harry la miró pero no se amedrentó—Ha acabado ya, Señora—eso la hizo sonreír. Entonces el chico añadió—Ya he acabado sus órdenes. Me retiro a mi dormitorio.
Alarmada la chica añadió—No. No. Eres mi esclavo todo lo que queda de día—al parecer no quería que se fuera. Su miembro se movió ligeramente en preparatoria para un duro trabajo. La chica en cambio al ver esto fijó su mirada en otra cosa—Creo que comenzaremos por algo más tranquilo…Ven aquí—se acercó y está lo condujo debajo de las sábanas. Desde ahí vio tres pares de piernas que se movían ligeramente. Se metió de lleno debajo mirando los pies y percibiendo detalles de la ropa que llevaban.
La voz clara de Susan le dio la orden—Devóralo—no tuvo que preguntar a qué se refería pues dos piernas se abrieron. Las piernas intentaban cerrarse pero las otras dos chicas lo impedían. Sabía que tenía que hacer aunque nunca lo hubiese hecho hasta ahora.
Miró hacia arriba y percibió como la sabana lo tapaba totalmente. Notó como parecía haber movimiento entre las chicas. La que abría las piernas no estaba tan convencida como Harry esperaba. Aun así poco le importaba. Solo podía obedecer a Susan, en teoría era su esclavo. Observó cómo dos de ellas mantenían a la del medio abierta de piernas. Sin pensar siquiera se zambulló en medio. Su cabeza se situó justo en la entrepierna. Mientras olía un aroma diferente a los familiares que conocía, sus manos fueron tocando las piernas. No eran especialmente atléticas ni tonificadas pero tampoco había mucha grasa. Eso pensó hasta que llegó a la barriga, era grasa no músculo. Sus ojos se adaptaron a la tenue luz y pudo ver que había unas grandes bragas entre las piernas tapando todo lo que podía. Optando por algo ingenioso situó sus manos bajo las nalgas de la chica apretándolas. Mientras tanto su boca comenzaba a intentar morder sutilmente el borde de la ropa interior para separarla de su dueña.
Cerrando los ojos se concentró en todo lo que ocurría a su alrededor. Notó el nerviosismo de la chica a la que tocaba, su olor característico que comenzaba a diluirse a la vez que se excitaba. Sus manos comenzaron a atrapar sus nalgas impidiendo que escape. La chica se había rendido y su respiración incomodaba a Harry. Le resultaba más difícil bajarle la braga con los dientes a la vez que su pene erecto le dificultaba el movimiento y le dolía al ser apretado.
Cuando bajó las bragas pudo ver unos labios rosados e impolutos. Su lengua instintivamente se lanzó a probar el dulzor que escondían aquellas cortinas carnosas. Cortinas que desprendían miel. Una miel que se fue arremolinando sobre la lengua estática. Cuando hubo destilado suficiente, un lametazo lo consumió. Tras ese movimiento un gemido se alzó en el silencio. Repitió lo que había hecho aunque cada vez asumía mayor iniciativa. Cada vez su lengua se internaba más y se deslizaba por entre sus pliegues. El clítoris se alzaba entre los labios dejando en claro su presencia, algo que Harry adoró rápidamente. Sus manos habían dejado de sujetar sus nalgas y se concentraban en mantener abierta a la chica. Por encima de él se escuchaban gemidos y succiones. Parecía que sus compañeras habían decidido unirse a la fiesta.
El problema ya no era su habilidad con la lengua. La legua parsel le había dado fluidez y velocidad. Sino que su miembro pulsante y desnudo interfería en su labor. Actuaba como un gato neumático manteniéndolo unos centímetros por encima de la cama. La presión le provocaba dolor. No estaba hecho para aguantar eso. Mientras seguía con su labor dijo.
—No puedo hacerlo bien con una erección así—esperaba que su consejo sirviese de algo. Notó como los chupeteos se detenían. Escucho risas y voces pero tras algunas palabras que no pudo entender por los gemidos ahogados, unos pies comenzaron a juguetear con su miembro.
Lo masturbaban con destreza aunque obviamente no llegaba al nivel de una boca femenina o incluso de su propia mano. Era morboso pero ineficaz. Eso solo lo calentaba más pero no le solucionaba su problema. Pronto comenzó a dar sexo oral con menos ganas. Se paraba a gemir y su postura comenzó a ser ineficiente. Las chicas empezaron a notar el defecto pero poca importaba ya a estas alturas. Notaba las contracciones de la cadera de la chica a la vez que su miembro comenzaba a vibrar listo para descargar.
Se zambulló por completo dejando su rostro entre los gordos muslos de la chica. La voz entusiasta de Susan indicó—¡Sorpresa!
Quitó la sabana y Harry pudo verlo todo. La chica que se retorcía fruto del placer de su lengua era Hannah Abbot. La culpa inundó su mente por un momento. Sabía lo enamorado que Neville estaba de la rubia y él le había comido el coño por unos minutos. Le había provocado un orgasmo. Al menos no era algo tan sexual como si la hubiese tomado. Fue a levantarse para irse de su coño pero Susan lo empujó de vuelta para que recibiese el flujo torrencial en toda la boca. La pelirroja sonreía al ver tal vulgaridad. Una vez cesó la fuente, Harry se levantó y pudo ver a Megan colorada. Sus pies jugueteaban a una velocidad pasmosa. Parecía que en vez de quidditch era experta en futbol. Sentirlo era ciertamente aburrido pero verlo con sus propios ojos era mucho más excitante.
Ahora podía ver los cuerpos de las chicas desnudas pero se olvidó de eso cuando se pene comenzó a contraerse entre las plantas de los pies de la morena. Miró a Susan esperando consejo y la chica simplemente agarró a la aun extasiada rubia y le dijo.
—A su estómago—Megan se lo tomo como una orden. Con sus pies fue torciendo el glande hasta que apuntó a la barriga de la chica. Ahora comenzó a masturbarlo más rápido. Harry intentó aguantarse pero la visión de tres mujeres desnudas, extremadamente sexuales y una de ellas consumida por el placer oral. Fue demasiado para él. Podía ver la mirada ávida de Susan. Sin haber catado nada parecía sumamente extasiada. Simplemente el poder sobre él parecía ser suficiente para mantener su excitación.
Su semen salió disparado en varios chorros que fueron pintando el vientre graso de la rubia. La bruja al verlo y sentirlo simplemente usó sus dedos para restregárselos por su cuerpo. Megan mostrando una elasticidad impecable se llevó los dedos de los pies a la boca y saboreó las pequeñas gotas que habían caído en ellos. Su miembro colapsó y comenzó a perder vigor. Cuando pensaba que ya había acabado, los labios de la pelirroja arroparon a su pene y comenzó a succionar los últimos resquicios. Gimió como nunca mientras vaciaba todo lo que podía quedar en esa boca tan hermosa.
Habiendo acabado la pelirroja dijo—Se acabó tu esclavitud. Ha sido…divertido—sin saber que decir realmente.
Mientras se vestía Harry le dijo—La próxima vez lo será aún más—miró a las tres con un deseo ardiente. Tan solo había probado un coño y unos pies. Nada en comparación con el oro que podían dar esas jovencitas combinadas.
—Dudo que haya próxima vez—esgrimió la que minutos antes había sido su dueña. Esgrimió su varita y murmuró—Te acompañaré a la puerta Potter.
Harry se dio la vuelta mientras escuchaba como las chicas se vestían como podían. Una vez pudo girarse notó que las chicas tenían puestas combinaciones de ropas cruzadas. Se veía por las tallas y pudo ver que la túnica que Susan llevaba le quedaba demasiado estrecha y mostraba gran parte de sus pechos llegando al extremo de verse su sujetador rojo. La falda le tapaba más de las rodillas como si fuese de alguien de más alta. Divertido por la apariencia siguió a la chica mientras le observaba el culo no muy discretamente. Una vez atravesaron las compuertas de la sala común, Harry preguntó.
—¿Por qué le habéis hecho eso a Hannah?
Se enderezó la túnica distrayendo al chico antes de añadir—Necesita ser consciente de sí misma. No puedo protegerla siempre—indicó fríamente.
—¿Qué tiene eso…que ver?
Suspirando indicó—Si Quien Tú Sabes gana…—miró hacia abajo—es posible que Hannah acabe como zorrita de algún sangre pura. Debe de aprender a valorarse a sí mismo—miró a Harry—si usa su físico para liarse con Neville. Entonces ganará confianza…se volverá más hábil. Es lo que hacéis vosotros con Nev—recordando el momento en Transformaciones.
Meditando dijo—Entonces… ¿Por qué no dejar que me la folle? —era algo que no cuadraba.
Apretó los puños—Tiene derecho a entregarse totalmente a su enamorado.
—¿Tú no? —adivinó por su postura rígida.
Mostrando un anillo en el dedo, la pelirroja añadió serena—Soy la heredera de la familia Bones. Debó someterme al esposo que mi tía encuentre para mí.
Pensando como un Slytherin supo que la verdad que buscaba se encontraba en Amelia Bones. Y la única forma de acercarse a la familia era…Susan. Mirandola de arriba abajo pudo notar que la ropa que había utilizado era suficiente para levantar el ánimo. Parecía más el conjunto de una colegiala cachonda. Se acercó a la chica tocándole los hombres y acercándola más. Con sus labios a pocos centímetros, Harry añadió.
—¿Y si—ofreciendo algo mejor—encontrarás un esposo? Ya sabes—una mano recorrió su cuello hasta tocar suavemente sus cabellos pelirrojos. Tan similar a Ginny y a la vez tan diferente. Le trajo excelentes y húmedos recuerdos—un hombre rico…amable…y único heredero como tú.
La chica abrió los ojos y temblando añadió—Entonces mi tía supongo que estaría dispuesta… pero dudó que alguien se fije en mí de la manera en la que yo quiero.
—Y, ¿Cómo quieres que te quieran? —siguió presionando el chico. Ciertamente se sentía mal por lo que hacía pero necesitaba saber todo sobre Sirius y su padre. Más aun teniendo en cuenta lo que Amelia le había insinuado.
Sin saber qué hacer, Susan se intentó alejar hasta que chocó con los toneles que conformaban la entrada a su sala común. Siendo encantador se centró en sus ojos, labios, pelo, cuello e ignoró todos sus atractivos voluptuosos. La chica sin saber que hacer dijo.
—Pues…—miró hacia abajo con algo de vergüenza—no se. Nunca he tenido novio—eso alarmó a Harry haciéndole sentir ligeramente peor—Pero supongo que me gustaría que me amasen y me cuidasen y que tan solo no quisiesen meterla. Además de por mi riqueza, que me trate bien…que se lleve bien con mi tía y mis amigas—sonrió. Visto el orgasmo que le había dado a Hannah no le iba a costar—Y…
Posicionó sus labios justo encima de los suyos. No era un beso aunque sus respiraciones se chocaron. La sensación provocaba hormigueos en Susan y eso inflaba sus melones aún más para el placer del chico. El sonrojo se extendía por todo su cuerpo calentándolo. Sonrió socarronamente al ver como la sensación invadía la mente de la chica. Un error de cálculo la llevó a toquetear los barriles incorrectos que activaban la entrada de la sala común.
Una líquido ámbar se derramo sobre la chica. Sería extremadamente excitante si no fuese por el olor a vinagre que inundaba a la sensual pelirroja. Harry la agarró del brazo rápidamente y corriendo la llevó hacia el baño de los prefectos. Conocía la contraseña por Ron y gracias a eso pudo aventurarse en él. Susan observaba todo mientras intentaba evitar que sus pechos se saliesen del sujetador. El olor comenzaba a invadir a la chica que avergonzada no podía hacer nada ante su cuerpo mojado.
La voz severa de Harry la sacó de sus fantasías—Estás hecha un desastre, Susie— el nombre familiar le llamó la atención a la joven.
No le dio tiempo a reaccionar, cuando Harry sin pararse a mirarla le sacó el uniforme y la falda. Las dobló y rápidamente la ayudó a sumergirse en las piscinas de burbujas. La espuma cubrió todo lo bueno que la chica podía ofrecer. El chico se arrepintió de eso pero era un mal necesario. Susan rápidamente parecía encogerse entre las aguas para ocultar su escote. Harry se sumergió poco después y usando una jarra fue rociándola.
El agua fue lavando el pelo y el cuerpo de la chica aunque el olor se tardaría mucho más en quitar. Algo con lo que Harry contaba. Se resistió todo lo que pudo a tocar sus senos pero lo que si logró fue desprender su sujetador y usarlo para intentar adivinar el enorme tamaño. Lo único malo era que su cuerpo se había humedecido entero así que no pudo notar si era excitación lo que manchaba su braga.
La voz entrecortada de la chica dijo—¿¡P…or por qué!? ¿Por qué haces esto? ¡Conmigo!
Harry la agarró para darle la vuelta y poder ver sus ojos. Mostraban miedo aunque también había el sesgo distintivo de la pelirroja. Susan podía haber sido criada de manera férrea. Apegándose a las tradiciones de los sangre pura sin llegar a extremos pero no dejaba de ser la chica tímida y amable que entró por el castillo en primer año.
—Te refieres a protegerte y ayudarte a relajarte y—susurró en su oído causando un escalofrío—limpiarte. Olías mal. Estabas hecha un desastre. Los baños de los dormitorios son muy pequeños. No se quitaría el olor. Aquí—observó el inmenso baño—puedes nadar y relajarte sin que nadie te moleste—se encogió de hombros—si quieres que me vaya.
Anduvo hasta salir del baño y la pelirroja se dio cuenta que se había metido con ella pero con ropa. Mientras ella tan solo había entrado con ropa interior, Harry llevaba todo el uniforme del que ahora caía agua a raudales.
—¡Espera! —exclamó—¡No puedes salir así! La gente te tomará por aun más loco. Tan solo…—no supo que decir—quedate aquí mientras intento quitarme el olor.
Se sentó en el borde sumergiendo tan solo los pies mientras observaban como la chica usando sus manos comenzaba a repartirse agua y espuma por todo el cuerpo. Breves vistazos le permitieron observar su trasero cubierto por la braga o sus pezones. A pesar de que se podía considerar una actividad normal Harry estaba excitado y arrepentido a la vez.
No le gustaba jugar con los sentimientos de alguien como Susan. Era su amiga y una muy buena persona pero contra más pasaba el tiempo más intrigado estaba de la vida de Sirius y su padre. Parecía que únicamente tres personas vivas podían contarle lo ocurrido. Su padrino después de trece años aprisionado dudaba que tuviese recuerdos estables de su vida anterior, además su odio por Madame Bones no lo hacían fiable. La tía de Susan era su única opción descartando que Bellatrix fuese alguien respetable. Tenía que acercarse a Amelia y ciertamente está era la mejor forma. Además tras ver lo bien que se lo pasaba Ron usando los melones de Hermione, tenía curiosidad sobre la pasión de Susan.
Sumergido en sus pensamientos no se dio cuenta de que Susan había navegado en su dirección y había agarrado su varita. Ahora le apuntaba directamente y sabía que no podía escapar del disparo. Una corriente cálida lo abrazó secando toda su ropa instantáneamente. El agradecimiento que sintió fue suficiente como para intentar abrazar la parte que no estaba sumergida. Se tensó ante la idea de brazos envolviéndola pero pareció calmarse cuando obviaron sus senos.
Una vez lavada lo máximo posible, Susan le dijo dubitativa—¿Podrías encargarte de mi ropa?
Sonriendo avanzó hacia el uniforme que le había quitado antes. —Dirás de Hannah y Megan. Porque no son tus tallas.
—Intenta arreglarlo lo máximo posible.
Descarado dijo—¿No debería tomar tus medidas?
Un maleficio punzante le hizo estremecerse—Ya me has visto en paños menores varias veces Potter—insinuó acertadamente. La había desnudado, agarrado en el agua y había visto sus piernas mientras hacía sexo oral. Usando ese conocimiento visual intentó acortar y ensanchar las prendas para que encajaran bien. Mientras lo hacía notaba los ojos de la chica pegados a su torso. Mirando algo. Inconscientemente se tocó el brazo donde Umbridge había grabado sus letras durante días. Aún había marcas pero al menos habían cicatrizado y dejado de parecer letras. Eran cortes finos.
Una vez arreglado, Susan le obligó a mirar para otro lado mientras se vestía lo más rápido que podía. Lo hizo lentamente y de forma manual aunque Harry sospechaba que era más para darle un espectáculo ya que la magia lo hubiese hecho más rápido. Harry no apartó la mirada de los azulejos brillantes que reflejaban parte del cuerpo de la chica. Una vez vestidos juntos se encaminaron escaleras abajo. Harry quería acompañarla a su sala común para luego volver cuando observó como una muchedumbre se agolpaba en el portón de entrada. Ambos corrieron escaleras abajo, hasta toparse con una escena sobrecogedora.
La profesora Umbridge se concentraba en el patio rodeada de alumnos. En frente de ella McGonagall consolaba a una llorosa Trelawney. No tenía grandes sentimientos hacia la profesora de Adivinación, salvo la profecía que vaticinaba la fuga de Colagusano había sido un farsante pero al menos no disfrutaba torturando alumnos. Escuchó la voz sibilina de Umbridge diciendo.
—Debería dejarla ir Minerva—matizó con tristeza—si sabe lo que la conviene—amenazó verbalmente.
La profesora parecía a punto de estallar y simplemente añadió furiosa—Pues me gustaría decirle un par de cosas Dolores.
Antes de que ambas mujeres se enfrascaran en una maldición, las grandes puertas se abrieron revelando a un iracundo Dumbledore. El anciano salió corriendo y Harry quiso hablar con él pero no le dirigió la palabra. Ignorando a Umbridge indicó—Minerva acompañe a Sybill a su cuarto.
—Aja Aja—dijo carraspeando—Debo recordarle Albus que el ministerio y la junta educativa que supervisa esta institución me ha concedido poderes extraordinarios. El ministro Fudge confía en mí para imponer las viejas normas a esta escuela. Y lo primero que haré en mi papel de Suma Inquisidora es despedir a aquellos miembros del personal docente que no cumplan…con su papel asignado.
Dumbledore se alisó la barba sonriendo—Sí. He sido informado gentilmente por el señor Malfoy de esos arreglos pero me temo Dolores, que usted tiene permiso para cesar a mis profesores no para expulsarlos. Así que—miró a la llorosa mujer—Sybill regresa. En cuanto a la vacante creo conocer a la persona perfecta—riendo.
Umbridge abandonó el lugar diciendo—Cornelius se encargará de este desacato a sus órdenes—miró al director y dirigiéndose al resto de los alumnos informó—A partir de hoy tengo poderes para corregir y castigar las normas de Hogwarts. Pido a los prefectos que informen a sus casas de cada nueva norma publicada en la puerta del Gran Comedor. Ahora si me disculpan.
El sapo rosado avanzó esquivando alumnos. Harry apenas la vio mientras intentaba mirar a los ojos a un esquivo Dumbledore. En cambió notó como Umbridge fijó sus ojos en él y más precisamente en su mano que sujetaba a Susan. La mujer con histeria dijo.
—Señorita Bones alejase de ese…ese mentiroso compulsivo y agitador. Piense en la vergüenza que pasaría su tía si se enterase de que usted se confabula con semejante sujeto—su indignación era palpable.
Harry soltó el brazo de la pelirroja y se dispuso a irse rápidamente sin causarle problemas a su nueva amiga. En cambio escuchó el tono jovial que antaño era tan común en Susan decir.
—En realidad Profesora…Harry es mí…mí—fijó su mirada en la suya mientras le agarraba los brazos—mi prometido—dijo buscando un término no demasiado exacto—¿No se lo contó mi tía? —dijo curiosa.
Dolores abrió los ojos—Creo que tendré que hablar con Amelia sobre esto. Imagínese el dolor que sufriría el mundo mágico si un miembro tan calificado como usted acabase bajo la mano de un mentiroso compulsivo.
—Imagínese el dolor que tendría mi tía si averigua las cicatrices que tiene Harry y medio Hogwarts en sus brazos—alzó el suyo donde pequeños cortes se podían apreciar. Harry observo como al igual que él, Susan también había sido castigada.
La profesore retrocedió mientras Susan se burlaba con la mirada. Harry añadió—¿Prometido? —entre risas.
Escuchó las palabras "viejo sapo" por parte de la pelirroja pero las ignoró mientras está se sonrojaba y asentía curiosa—Mantengámoslo como una mentirijilla…Probablemente Umbridge se chivará y tendremos a mi tía por aquí dentro de poco—dijo hastiada.
—Pensé que admirabas a tu tía.
—Lo hago. La quiero mucho por criarme solo y nunca haberse casado o tenido hijos—afirmó—pero es sobreprotectora a veces. Su trabajo la lleva a desconfiar de todos y lleva años persiguiendo a Black. Es como ir tras un fantasma—dijo tranquilamente—aparece y se esfumá. En Hogsmeade. Un centenar de aurores le perdieron la pista. Y ahora Lestrange.
Tanteando el terreno dijo—¿No le tienes miedo a Black o a Lestrange?
Sin vacilar dijo—No. Son excelentes magos. Letales eso sí. Pero solo magos. No son inmortales.
—Sabias palabras, amor mío—dijo Harry en broma mientras se retiraba. Todo había salido a pedir de boca. Con suerte Umbridge le dejaría en paz a la vez que podría hablar con Madame Bones mucho más. El peso de la moral no le corroía la mente. Susan había dicho "prometido", nunca novio. Eso le daba cierto margen de escape y pensándolo fríamente. Prefería que alguien como ella se quedase con su patrimonio a que lo heredase Malfoy.
Susan le miraba mientras avanzaba con seguridad hacia sus compañeros que veían asombrados como la profesora de Adivinación era llevada a dentro secundada por un gran grupo de personas. En silencio la chica añadió para sí misma—Debería escribirle a la tía Amelia sobre mi nuevo prometido—pensó entre risas.
