—¡Son medidas dictatoriales! ¡Dumbledore debería hacer algo! —profirió Hermione a gritos desde dentro de la sala de los Menesteres.

El conflicto había dividido Hogwarts en dos bandos enfrentados. Desde que Umbridge era la suma inquisidora había comenzado a imponer normativas cada vez más absurdas y ningún profesor hacía nada. Los miembros del ED protegían a los pequeños de sus casas pero los Slytherin parecían acosarlos cada vez más. Malfoy era el líder del "Escuadrón inquisitorial" y en su cargo de prefecto podía torturar a los capturados.

Las primeras normas eran básicas. Prohibido saltarse clases o comprar mercancía peligrosa. Realizar magia en los dormitorios o simplemente imponer más respeto en las clases, algo con lo que Hermione simpatizaba. Pero las últimas eran más severas, se prohibía la asociación entre casas para cualquier otra cosa que no fuese estudiar e incluso se prohibían las muestras de cariño fuera de las salas comunes.

Ron simplemente limpió el desastre que habían dejado en la sala—Fregotego—se volvió hacía la morena y dijo—Dumbledore no parece demasiado activo en esto. Tendrá mejores cosas en las que pensar—miró a Harry—Con Bellatrix y Voldemort fuera…

—Sí. Pero no es motivo para dejar que esa bruja torture y mande por los pasillos. Evaluá a los profesores. Ya expulsó a Trelawney y ahora…—con pena—quiere expulsar a Flitwick por tener antepasados enanos.

Harry sonrió recordando el momento en el que Snape había expulsado a Umbridge de Pociones—Simpatizó con Snape. ¡Qué asco de tía!

Ronald rio y dijo—Al menos nos hemos asegurado de que aprendan a defenderse. La mayoría han alcanzado buen nivel. Dudo que muchos alumnos puedan igualar nuestro nivel—sintiéndose mucho más seguro—Deberíamos hacer como Fred y George. Guerra psicológica.

Ambos chicos rieron al pensar en las fechorías de ese par. Desde hacer paredes invisibles en los pasillos a intentar quemar el despacho de Umbridge. Incluso les habían confiscado las escobas debido a que las usaban para pintar los techos. Ahora estaban desarrollando algo mucho más caótico y todos estaban expectantes.

—Lo importante es que no nos pille.

—Llevamos ya dos meses—dijo el pelirrojo confiado—no nos van a pillar. ¿Alguna noticia de Voldemort?

Harry se tocó la cicatriz instantáneamente—Nada. Tan solo sueños con un pasillo y una puerta.

—¿Sabes cuál es? —preguntó Hermione.

—Departamento de Misterios—dijo tranquilo—lo vi cuando fui con Bones a la vista.

Meditando dijo—Hannah me dijo que allí se esconden los grandes poderes de la magia. Lugares inexplorados y asombrosos—soñando dijo—Sería divertido trabajar allí. Aunque también me dijo que…un mortifago trabajó allí durante la guerra.

—Augustus Rookwood—dijo Ron pensando. Harry recordó algo y dijo—Lo delató Karkarov, en el juicio de Crouch Junior.

Mientras conversaban, el bolsillo de Harry se encendió en un tono rojo. Hermione añadió—¿Es tu moneda? En la mía no hay nada—sacando su galeón falso. Moneda que usaban para comunicarse con los demás miembros del ED.

Mirando el canto, sonrió al ver de quien se trataba. Mirando a sus amigos dijo—Susan me llama—levantándose de su asiento.

—¿Cómo pudo hacer eso?

—Rompió la red de encantos que hicimos. Su moneda puede dirigir mensajes a miembros particulares—dijo tranquilamente, omitiendo la parte en la que él había ayudado a la bruja pelirroja para poder comunicarse fácilmente. Susan no era tan buena en encantamientos pero tenía una mente aguda y había ideado la forma de interferir en la magia de los galeones. Tan solo un poco de ayuda suya y de sus amigas fue suficiente como para romper la red mágica.

Ron miró desconfiado a Hermione y gruñó—¡No se suponía que nadie de nuestro nivel podía romperlo!¡Eres la mejor de la clase, Herms!

La chica se defendió—Habrá que utilizar más hechizos para proteger las monedas. Quizás Sirius nos ayude en vacaciones. Ellos crearon el mapa.

Harry cortó la conversación saliendo de la sala de los Menesteres y dirigiéndose a donde Susan le esperaba. Durante estos meses había sido un apoyo incondicional. Tanto durante la enseñanza en el ED, que debido a su nivel podía pelear con él y hacer demostraciones prácticas como en su vida personal. Sin quidditch tan solo podía ayudar a Angelina y Ginny en sus entrenamientos o charlar. Y con medio colegio odiándole cada vez estaba más difícil. Ron se la pasaba casi siempre con Hermione así que no le parecía tan mala idea estar con Susan. No eran novios ni nada por el estilo pero debido a su acuerdo de ser "su prometido" había conseguido salvaguardarla de acoso de los Slytherin y de Umbridge.

Ya no solo era por Amelia sino que de verdad apreciaba la compañía de Susan y cada vez deseaba más tenerla en todo su esplendor. Ya la había visto desnuda pero no había apreciado nada de su cuerpo. Tras toda la actividad sexual había llegado a poder pensar en la pelirroja de Huffelpuff como una chica decente y no como un útero con piernas. En estos momento mientras caminaba por los pasillos reflexionaba y se daba cuenta de que en efecto, su "relación" de amistad con Bones era menos superficial que lo que parecían mantener Ron y Hermione. Sus amigos follaban y discutían, pero poco más tenían en común. Parecían quererse y Harry había estado presente durante los celos del pelirrojo con Krum. Pero era todo físico. No había muestras de amor en las clases.

Caminó por los corredores hasta llegar al lugar donde se suponía que debía estar Susan. En un cruce de pasillos no encontró a nadie. Instintivamente sacó el Mapa del Merodeador, lo usaba a menudo mientras caminaba tras el ED para asegurarse de que Umbridge, Filch u otro idiota lo encontraban. Vio a Ron y Hermione juntos en el baño de Myrtle y el nombre de Susan acercándose a su posición.

Corrió hacia ella y la abrazó. La chica se quedó sobresaltada y preguntó curiosa—¿Cómo sabías por donde vendría? ¿Otra de vuestras moneditas? —entre risas.

Frunció el ceño y dijo—No te costaría mucho adivinarlo—sabiendo que había logrado resolver el enigma del galeón días atrás—Es demasiado tarde para hacer turismo.

La chica sonrió y dijo—Solo quería probar a dormir contigo—dijo con cariño pero sin ningún ápice de segundas intenciones.

—No podemos hacerlo en mi dormitorio. Imaginate si Seamus le da por mirar—dijo con horror por imaginarse a ese idiota masturbándose.

Se estremeció—Pero aún. Si Neville me viese—tembló—no podría mirarle a la cara a él ni a Hannah—dijo apenada—Tampoco puedes quedarte en el mío. Después de la broma de Megan…no está el ambiente muy tranquilo. ¿Crees que algún premio anual nos dejará el dormitorio?

Se lamió los labios recordando aquel fantástico día. Presto atención a la cara algo apenada de Susan y a la pregunta que había formulado anteriormente. Era tan inocente que sonrió y tocándole la mejilla negó pero dijo.

—Creo que sé dos lugares perfectos. ¡Puedes elegir!

La chica le miró pensativa y él dijo—La Casa de los Gritos. Está sucia y algo destruida pero hay cama o la cabaña de Hagrid—lo miró abriendo los ojos con algo de horror. Harry se escusó diciendo—Hagrid no está y no pasará nada por dormir allí.

—Dentro de las posibilidades parece que la casa de Hagrid es lo mejor que tenemos—dijo meditando entre asco y una media sonrisa. Harry tenía claro por la expresión de la joven que no estaba tan segura de su decisión. Había sido ella quien había propuesto dormir así que no entendía porque se escandalizaba.

Harry la agarró de la mano mientras la conducía por los corredores. Había veces que se paraban a mirar un pergamino roto y tenían que girar o maniobrar. E incluso la pelirroja pudo ver cómo se adentraban en pasadizos secretos para salir justo en un muro de fuera de la escuela. La chica observó la luna y las imponentes torres de Hogwarts. Tranquilizándose caminó lentamente mientras que Harry miraba temeroso hacia las torres. Sospechando de que cualquier profesor pudiese estar mirándolos. Caminaron descendiendo hasta toparse con la enorme construcción de madera que era la casa del guardabosques.

Susan alargó su mano ocultando su varita y con un sencillo hechizo abrió la puerta. Una vez dentro de la casa, Harry encendió la chimenea mágicamente y ambos observaron el estado del lugar. La cabaña nunca había sido un lugar de limpieza pero tras meses sin presencia estaba cubierta de polvo. Del techo colgaban cubos, ballestas, cazos y otros utensilios. Los muebles eran más grandes de lo normal y en la cama podrían cohabitar dos hipogrifos. Ciertamente el enorme porte de Hagrid se extendía a todo. La chica observaba todo con algo de asco mientras que Harry intentaba imitar los encantamientos de Molly y Tonks.

Consiguió limpiar algo hasta dejarlo mínimamente habitable. La chica ayudó al alzar su varita en un amplio arco y absorber todo el polvo. Impresionado cuestionó.

—¿Dónde te enseñaron eso?

—Encantamientos para casaderas. Capítulo quinto—contestó la chica.

No sabía si era una broma o no. Tampoco le importaba pero miró a la joven con algo de risa. No esperaba que Susan tuviese las mismas enseñanzas que tipos como Malfoy o Parkinson. Poco le importó en ese momento asombrado por la destreza mágica de la joven.

—Este lugar es horrible—maldijo la chica mientras intentaba acomodarse—No comprendo cómo alguien puede vivir aquí. Ese hombre es un incivilizado, no sé cómo Dumbledore permite esto.

Miró a la pelirroja con algo de desilusión. Sus palabras habían traído recuerdos de su alacena debajo de las escaleras. A la vera de esto, su hogar sí que era una salvajada y más aún para un niño.

—¿Crees que Hagrid es un mal profesor?

Se sentó en una silla secamente y pensando indicó—Es muy bueno con los seres mágicos. Pero no sabe reconocer el peligro. Y ciertamente su casa es un claro reflejo…—miró los utensilios que había colgados—Podría hacerse un armario o Dumbledore podría haberle construido una casa en condiciones.

Sacándole conversación—¿Prefieres ver unicornios como la actual profesora? —era una gran mujer y enseñaba bien pero sus clases carecían de dinamismo.

Susan simplemente añadió—Son hermosos. —como una niña pequeña—Pero no es por eso, Harry. Simplemente se deben de enseñar animales en función de la edad. Como la Profesora Sprout con las plantas. No puedes enseñar a un tercer año a trabajar con hipogrifos—dijo recordando la lección donde uno de esos bichos atacó a Malfoy.

—¿Qué le veis a los unicornios?

Sonriendo dijo—Son interesantes. Los machos pelean entre sí para ver quien tiene el cuerno más grande y grueso. Algo similar a lo que veo en Hogwarts—miró al chico—y las hembras y las crías se acercan a las mujeres puras y de buen corazón. Prefieren siempre a las mujeres. A mí siempre se me acercan.

Recordó cómo en las clases siempre la cría de unicornio solía caminar hacia Susan y Hannah mientras que la madre prefería quedarse cerca de Parvati y Lavender. Ambas no eran vírgenes pero parecían tener mano con los animales con sensibilidad especial. Cambiando de tema decidió centrarse en algo más importante.

—¿Se sabe algo de Lestrange?

Susan estiró la cabeza hacia atrás y dijo—Mi tía me escribe cada día. Lleva semanas recibiendo pequeñas penetraciones en las barreras de la mansión. Parece que se han enterado de que estamos prometidos y planean matarla o algo peor—dijo con claro agobio—Ella dice que no me preocupe, que ningún mago puede atravesar esas barreras. Pero…

Harry suspiró y sentándose en una silla cercana le agarró la mano en gesto de cariño y preocupación—Quizás debamos dejar esto—la chica lo miró confusa—Hicimos que pareciese que estamos juntos para librarnos de Umbridge y de Malfoy pero esto… No quiero que pierdas a tu tía—dijo con algo de razón. Sabía lo que era perder a seres queridos, ambos lo sabían.

—Es solo Lestrange. —afirmó—V…él está demasiado ocupado haciendo sus cosas y Black no parecía ser un problema real aunque atacase a la tía.

—Es tarde. ¿Vamos a la cama? —preguntó mientras señalaba una enorme cama que se encontraba tapada por mantas de pelo que perfectamente podrían proceder de un oso.

—Es una proposición indecente, Señor Potter—dedujo la chica riéndose en voz baja. Harry la atrajo hacia la cama y la arropó para luego tumbarse a su lado. Por suerte y a pesar de que la cabaña no era el mejor lugar para dormir ya que no ofrecía cobertura ante el frío, no pasaron penurias. Las sábanas de Hagrid eran peludas y gruesas y eso arropaba lo suficiente. A eso se le sumaba que Harry parecía quedarse dormido abrazando a la chica cuya cabeza descansaba en su pecho. Protegiéndola de todo.

Los ratos que se despertaba a media noche, Harry los usaba para peinar a la chica o mirarla asombrado de la ternura que desprendía mientras dormía. Parecía tan etérea que no le importaba que sus costillas cediesen ante el peso de su cabeza. Sufría en silencio mientras admiraba su belleza. A las horas se dio cuenta de que se habían acostado con las túnicas puestas. Riendo para sí mismo, recostó la cabeza de la chica en la almohada y se quedó quieto junto a ella, suspirando de…felicidad tal vez. La cicatriz le escocía un poco pero decidió ignorarlo mientras se sumergía de nuevo en el sueño.

A la mañana siguiente un suave tintineó le hizo darse cuenta de que no se encontraba en su dormitorio de Gryffindorr, sino en otro lugar. Observó todo lo que colgaba sobre sus cabezas y recordó cómo habían pasado la noche en la cabaña de Hagrid. A su lado seguía durmiendo su pelirroja quien no parecía haberse dado cuenta de los rayos solares que se colaban por entre las vigas de madera. Le besó la mejilla con cuidado y la zarandeó un poco hasta que la chica abriendo los ojos miró en todas direcciones. Levantó la gruesa manta con desdén y luego se relajó visiblemente.

Le miró y bostezando dijo—¡Buenos días! ¡Deberíamos volver al Gran Comedor!

Harry la secundó diciendo—Es domingo. Podemos quedarnos unas horas más aquí.

Susan dudó un momento y cuando tomó una decisión fue a volver a recostarse en la almohada pero el sonido de un estruendo los alarmó a ambos. La puerta de la casa se abrió y entraron en ella una furiosa profesora Umbridge seguida por Dumbledore. El sapo rosa observó a ambos y dijo.

—¡Le ves! Tenía razón. El Señor Potter ha liado a la Señorita Bones para que se entregue a él en está…pocilga que usa de picadero. Esto contradice el artículo 34.4 de la nueva ley educativa Dumbledore así como diversos artículos anteriores sobre el bienestar de los alumnos en Hogwarts.

El anciano dio un vistazo mientras que Susan parecía encogerse dentro de las sábanas. Harry había pasado su brazo protectoramente y el anciano sonrió ante esto aunque algo en su mente parecía nublarse.

Miró a la profesora Umbridge como si sonriese y dijo—Debo de estar de acuerdo con usted en que ambos—dio una mirada a los chicos—han contravenido varias normas importantes tanto de la escuela como del Ministerio. —señalizando la diferencia de instituciones algo que enfureció a Umbridge—Pero me temo que no hay rastros de que se hayan entregado al amor en este lugar…—dijo pensativo.

La mujer alzó la varita y un rayo celeste impactó en Susan. El director levantó la suya enfurecido por el ataque pero en cambio otro destello del mismo color salió de la chica y Umbridge asombrada salió del cuarto gruñendo.

—De igual forma el Señor Potter será castigado junto al Señor Weasley por lo que hicieron. Son los culpables.

Vio que Susan estaba algo avergonzada pero no comprendía el porqué, simplemente preguntó.

—¿Qué ha hecho Ron?

—Le cogieron ayer con la Señorita Granger haciendo el amor—dijo risueño el director.

Abrió los ojos por lo que escuchó para luego decir—Pero…señor yo no hice nada con Susan. Solo…—con algo de vergüenza—solo dormí.

El director miró al adolescente que había salido de la cama dejando sola a la chica—Lo sé. Pero las reglas son las reglas, Harry. Espero que dejes este lugar como estaba antes. No me gustaría contarle a Hagrid lo que has estado haciendo—dirigió su mirada a la chica—Me temo Señorita Bones que si bien la profesora Umbridge insiste en no castigarte, tu tía recibirá una carta sobre su comportamiento.

A la chica se le heló la mirada con algo de temor. Harry la miró pensando en cómo podría reaccionar Madame Bones ante esto, tenía miedo pero no tanto. Dumbledore sonrió como si fuese su abuelo.

—No creo que Amelia—utilizando el nombre de pila—se escandalicé por esto, Señorita Bones. El amor nunca es un mal augurio en tiempos oscuros—dijo sonriendo—Aunque Harry siempre pensé que la elegida sería la Señorita Weasley.

Susan frunció el ceño mientras Harry meditaba las palabras de Dumbledore. El chico simplemente añadió.

—No sabría decir si esto es amor, señor. Simplemente es lo que deseamos—dijo recordando como ambos habían dormido extremadamente a gusto anoche— Sin el quidditch, con Ron y Hermione todo el día trabajando y otras responsabilidades—Dumbledore intuía todo al parecer—me pareció buena idea estar con Susan. Nada serio—quiso recalcar.

Susan miró al chico tímidamente sin saber que decir. El color del hechizo de Dolores comenzaba a desvanecerse de ella. Dumbledore sonrió diciendo—Suponía eso. Pero Dolores se pasa el día diciéndome que ustedes dos están comprometidos e incluso ha llegado a escribirle a Amelia para eso—entre risas mientras se encaminaba a la salida—Creo que deberías hablarlo con tu tía y explicarle el significado de ese brillo azulado—mientras se despedía tras echar una ojeada.

Una vez salió, Harry vio como la chica se mordía el labio esperando la pregunta se anticipó—Es un hechizo para detectar el himen—se puso roja de vergüenza y masculló— Soy virgen.

Su pene latió internamente pero Harry se olvidó de eso mientras le decía tranquilamente—Podemos pasar más horas durmiendo. Ya nos han pillado, qué más da—se recostó en la cama y la chica lo miró sonriendo y se tiró encima de su pecho presionando sus pechos contra sus abdominales.

En un susurro armonioso la chica dijo—Debería decirle a la tía Amelia…—Harry no pudo escuchar aquello ya que estaba dormido pensando en toda la positividad que parecía traerle su relación con la pelirroja.