- ¡PAPÁ! - gritaba miéntras se acercaba al híbrido, el cuál estaba sentado sobre el árbol

- ¿Moroha? - abrió sus ojos ante el llamado de su hija

Bajó, acercándose a las jóvenes

- ¡Hola! - sonrió, dándole un gran abazo

Mi niña

Pensó, sonriendo y estrechándola en sus brazos

- Hola tio Inuyasha - sonrió Towa

- Señor Inuyasha - saludó con seriedad Setsuna

- Hola niñas, ¿qué hacen aquí?

- Bueno... - sonreía sonrojada - Recien venimos de casa de tía Rin y... - miraba a sus primas, emitiendo una risita burlona

- ¿He? - las miró confundido - ¿Qué ocurre?

- Ella nos contó sobre como fue la propuesta de casamiento de nuestro padre - continuó Towa

- Y Moroha quería saber sobre como usted y la señora Kagome habían resuelto eso - dijo Setsuna

- Y decidimos acompañarla - puso su mano en la nuca

- Hmng - se sonrojó - ¿Y para que quieren saber eso? - miró a un costado, con sus brazos en sus mangas

- ¡Vamos papá! - se quejó la adolescente - Nunca me contaste como fue tu propuesta a mamá

- Hola niñas - las jóvenes voltearon ante la voz de la sacerdotisa

- ¡Mamá! - sonrió - Tú nos contarás

- ¿He? ¿Qué cosa? - miró a su esposo - ¿Estas bien Inuyasha?

- Queremos saber como el tío Inuyasha te pidió matrimonio, tía Kagome - dijo Towa

- Jajaja asique es eso - sonrió - ¿Por eso estás sonrojado?

- Agh... no, no es por eso Kagome

- Bien, siéntense y les contaré

La jóvenes se sentaron alrededor de la sacerdotiza, mientras que Inuyasha se sentó a su lado, con sus brazos y piernas cruzados

- Todo pasó unos años después de que regresará por el pozo... Inuyasha y y yo ya estabamos instalados en nuestra casa y, miéntras él se encargaba de de aniquilar monstruos junto al monje Miroku, yo recogía hierbas medicinales y preparaba medicinas junto a la anciana Kaede y Jinenji...

- La señorita Kagome ya lleva un par de años aquí Inuyasha... ¿No crees que ya es el momento? - le preguntó miéntras regresaban a sus hogares

- Hmng - tragó saliva - Bueno... yo...

- No te atreves ¿verdad? - sonrió

- ¡No es eso! - lo miró, frustado

- ¿Entonces?

Mientras tanto, Kagome se encontraba recolectando hierbas medicinales en compañía de Jinenji y la anciana Kaede

- Oh, lo había olvidado - extendió la mano hacía su tazón - Tome - le dio la pequeña raíz a la anciana

- Es la raíz de Kikyou

- Si, recordé que me había dicho que se le habían terminado y recogí algunas de camino aquí

- Muchas gracias Kagome - sonrió - Me sorprende lo rápido que has avanzado en tu entrenamiento estos años

- Muchas gracias - sonrió orgullosa

- ¡Tía Kagome! - ambas saltaron a sus brazos

- Niñas - sonrió, mientras las abrazaba

- ¡Kagome, anciana Kede, Jinenji!

- ¡Hola Sango! - dijo efusivamente su amiga

- Hola Hisui - le sonrió la anciana - Parece que aún no quiere dejar tus brazos

- Así es - miró al pequeño de cuatro años

- ¿Qué te trae por aquí?

- Miroku aún no regresa y las niñas estaban inquietas, asique decidí venir aquí

- Señora Kaede, ¿podría acompañar a Sango? prometo mañana quedarme más tiempo

- Oh, no tienes de que preocuparte querida Kagome, pueden irse

- Muchas gracias Kaede - sonrió la exterminadora

- ¡Nos vemos más tarde! - tomó a las gemelas y caminaron en dirección a la aldea

Los jóvenes ingresaron a la casa del monje

- Ya regresé querida - dijo al abrir la puerta, sin embargo, no obtuvo respuesta - Parece que no están

- Debe estar con Kagome

- Bien, eso significa que tenemos tiempo de hablar

- ¿Sobre qué? - lo miró, sorprendido

- Sobre tu miedo a proponerle matrimonio a la señorita Kagome

- ¡¿Otra vez con eso?!

- Dime Inuyasha, ¿a que le temes?

- ¡Ya te dije que no es eso! - gritó - Sólo que... no soy bueno mostrando mis emociones y...

- Tienes miedo de no estar a la altura de la situación ¿no es asi?

- Bueno... supongo - hizo una pausa - Kagome es sensible y no quiero decepcionarla

- Tranquilo coqueto - se puso de pie - Yo te ayudaré

- ¿He? - abrió sus ojos - ¿A... a que te refieres?

- ¿De verdad le pediste ayuda a Miroku? - dijo Setsuna, ante la risa de las demás

- ¡No tenía elección!

- Lo sentimos tio - dijo Towa, secándo sus lágrimas - Es sólo que sentimos que el tío Miroku es el menos indicado para eso

- Dejen de burlarse - dijo serio

- Tranquilo Inuyasha - sonrió, poniendo la mano sobre su hombro

- ¿Y en que se supone que me ayudará esto?

- Te ayudará a ganar confianza en tí mismo - dijo, parado al frente del híbrido - Sólo imagina que yo soy la señorita Kagome

- Miroku...

- Anda Inuyasha ¡Dime lo que sientes!

- No es necesario que les cuentes todo Kagome - susurro mientras su hija y sobrinas seguían riendo a mares

- No debes avergonzarte - respondió ella - Después de todo el monje Miroku sólo trataba de ayudarte

Las jóvenes se encontraban al lado del pozo y los niños jugando a su alrededor

- Todavía no puedo creer que estoy aquí - dijo con nostalgia, mirando el pozo

- Nosotros estamos muy felices de que hayas regresado Kagome - sonrió

- Lo se amiga Sango - sonrió - Siempre supe que mi lugar era aquí, al lado de Inuyasha

- Y hablando de él... ¿aún no te lo ha propuesto?

- ¿Ha? - se sorprendió

- Me refiero a si ya te propuso matrimonio

- Bueno... - se sonrojó, mirándo el suelo - Aún no lo ha echo, pero...

- Tranquila, ya conoces a Inuyasha, todavía le cuesta expresar lo que siente

- Lo sé... sin embargo, aún no pierdo la esperanza de que lo haga algún día - sonrió, mirándo el atardecer

- ¡Ésto no está funcionando Miroku! - se quejó

- Porque no estas esforzándote lo suficiente - respondió con sus ojos cerrados y sus brazos cruzados

- ¡Es porque no eres Kagome! - cruzó sus brazos, desviando la mirada

- Entonces cambiaremos la estrategia - puso su mano en la barbilla - Tú serás Sango y yo te diré lo que le dije a ella cuando le pedí que fuera mi esposa

- Debes estar demente - murmuro con una expresión absorta

Se acercó y tomó su mano

- Ésto no es necesario Miroku - dijo sonrojado

- Calla boca, tú sólo escucha - suspiró con sus ojos cerrados - Sango... desde el día en que te conocí supe que serías la mujer de mi vida, la luz de mis ojitos... Sango, cuándo todo esto termine y derrotemos a Naraku, me gustaría que nos casaramos, Sango - abrió sus ojos, los cuáles tenían un brillo especial - ¿Quieres ser mi esposa?

- Miroku... - el ojo derecho del híbrido palpitaba junto a su expresión

- ¿Qué están haciéndo? - dijo sorprendida al ver a los hombres con sus manos entrelazadas

- ¡Sango! - gritó soltando la mano de Inuyasha - No es lo que tú crees jeje

- ARGGG ¡Te dije que esto no era buena idea! - se quejó con su puño elevando

- ¿Buena idea? ¿Qué ocurre?

- Sólo estoy tratando de ayudar a Inuyasha a pedirle matrimonio a la señorita Kagome, por lo que pensé que sería buena idea recordar el momento en el que te lo pedí a tí, querida Sango

- Inuyasha... Tú... - sus ojos comenzaron a brillar - ¡Kagome estará muy feliz! - sonrió

- ¿Estas... estas segura Sango?

- Si, de hecho, creo que está esperando ese momento

- Kagome - suspiró

- ¡Papá! - gritó Kin, seguida de su hermana

- Niñas - sonrió, recibiendolas en sus brazos

- Oh, ya están aquí - sonrió, ingresando con Hisui en brazos y entregándoselo a Sango

- Buenas noches señorita Kagome

- Kagome - tomó su mano - Quiero hablar contigo un momento

- ¿He? - se sorprendió - Si... ¿sucede algo?

- Acompañame... nos vemos luego chicos - saludó a sus amigos

- Excelencia - se acercó a su esposo - ¿Usted cree...?

- Eso espero Sango - sonrió - Tú puedes Inuyasha

Caminaron unos instantes, en dirección al árbol sagrado, en dónde Inuyasha frenó su caminar

- Es el árbol sagrado - pronunció ella

- Si... este lugar, significa mucho para mi, ¿sabes? Porque... aquí fue donde te conocí Kagome

- Inuyasha - murmuro

- Cuando desperté... mi corazón estaba dañado - puso su mano en su pecho - El tiempo se había detendido en aquel instante en el que fui sellado por la flecha de Kikyou... sin embargo - volteó, sus ojos estaban brillosos

Los ojos de la sacerdotisa estaban llenos de lágrimas

- Tú... tu me lo devolviste Kagome... tu me enseñaste a sonreir... a creer en los demás, gracias a ti pude hacer amigos, aprendí a cofiar en ellos... derramé lágrimas por los demás y comprendí...comprendí lo que es la verdadera fuerza y la bondad... sólo contigo lo aprendí

Se acercó y tomó sus manos

- Kagome... estoy seguro de que tú naciste para conocerme y yo... yo sólo nací para estar contigo

- Inu...yasha - su voz se cortaba miéntras sus lágrimas recorrían sus mejillas

- Kagome, ¿Quieres casarte conmigo?

La jóven abrió sus ojos, en señal de sorpesa, mientras sonreía

- Si - pronunció con firmeza - Quiero casarme contigo, Inuyasha

El jóven sonrió y, estrechandola en sus brazos, la besó tiernamente bajo las hojas de aquel árbol que, aquella lejana tarde, habían presenciado su primer encuentro

- ¡Qué hermoso! - dijo Towa mientras secaba sus lágrimas

- No sabía que eras tan romántico papá - lo miró tiernamente mientras lloraba - Mira, hasta Setsuna esta emocionada

- Ah, ya cállate - respondió su prima, intentando ocultar sus lágrimas

- Hay muchas cosas que no saben de Inuyasha niñas - sonrió, apoyándose en su hombro

- Ja, no es nada - sonrió

- Bueno niñas - se pusieron de pie - Pronto va a anochecer, debemos regresar

- Si, le prometimos a la anciana Kaede que le ayudariamos con la leña - dijo Towa

- ¡Es cierto! - recordó Moroha

- Si no nos apuramos, se va a molestar - Setsuna giró, en dirección a la aldea

- Nos vemos más tarde, mamá, papá - corrió, abrazándolos, provocando sus sonrisas

- ¡Adios tio Inuyasha, tia Kagome! - gritó Towa, mientras las tres se alejaban corriendo

- Ha crecido mucho, ¿no crees? - dijo Kagome

- Si - respondió, abrazando a su esposa

- ¿Inuyasha? - se sorpendió, mirándolo

- Soy muy feliz con ustedes Kagome

- Inuyasha - sonrió, apoyando su cabeza en su pecho - Nosotras también... estamos muy felices de tenerte a nuestro lado

- Kagome - murmuro

Y así permanecieron, abrazados y mirando el atardecer, aferrados a aquel amor que sanó sus corazones, aquel amor que logró traspasar las barreras del tiempo y la distancia y que permanecerá por siempre en la eternidad