SHIBUSEN HOST CLUB

La profesora Marie pegó un papel en el tablón de anuncios de la clase.

-¿Primer festival Shibusen? – preguntaron con curiosidad algunos alumnos que se habían acercado a mirar.

-¡Exactamente! – exclamó ella – Veréis, en otras academias del mundo es costumbre realizar un festival anual, así que por eso le he pedido permiso al director para celebrar también aquí uno. Cada clase se encargará de hacer una actividad para entretener a los visitantes, ¡espero que hagáis algo divertido! – añadió tendiéndoles más panfletos con información.

Los alumnos se quedaron con los papeles en la mano y Marie se fue del aula canturreando algo.

-Entonces, ¿tenemos que pensar una actividad grupal y entretener a los visitantes? – preguntó Kid tras leer más detenidamente el panfleto.

-¿Qué tal un lugar de estudio? – propuso Maka inmediatamente – Podríamos tener un ambiente tranquilo y ayudar a todo aquel que quiera aprender.

-Maka, el objetivo de un festival es divertirse – respondió Soul rodando los ojos – Con tu propuesta más bien espantaremos a todo aquel que aparezca.

-¿Y una casa del terror? – propuso Patty dando saltitos – ¡Podríamos dar sustos a todos!

-¡No hablas en serio! – exclamó su hermana Liz aterrorizada.

-¡Bu! – le gritó Patty de repente, poniendo una cara rara.

-¡Ah! – chilló Liz asustada y su hermana empezó a reírse infantilmente.

-Esto… ¿puedo hacer una sugerencia? – murmuró Tsubaki levantando una mano con timidez.

-Claro, adelante – asintió Kid.

-¿Qué os parecería hacer un Host Club? – propuso la de pelo moreno.

-¿Qué es eso? – preguntó Maka confusa.

-Es un sitio donde te reciben unos anfitriones y te entretienen – trató de explicar Tsubaki – Nosotros seríamos los hosts y recibiríamos amablemente a todo aquel que quiera pasar. Es que he estado leyendo recientemente una historia que transcurría en uno y parecía divertido… – añadió con timidez.

-No sé si termino de entender el concepto…

-¡Miau! ¿No lo sabes, Maka? – le preguntó la gata Blair desde uno de los pupitres de atrás.

-¿Qué haces tú aquí? – preguntó ella sorprendida.

-Me aburría en casa – contestó despreocupadamente saltando de un pupitre a otro hasta llegar al frente mientras Maka la miraba mal – En fin, los hosts son una especie de actores que tratan de cumplir las fantasías de los clientes y les hacen pasar un buen rato conversando con ellos – explicó – ¡Es muy divertido!

-¡Oye, oye! – trató de llamar la atención Black Star – Si fuera un host de esos todo el mundo me prestaría atención, ¿verdad? Mmm, suena bien, ¡voto a favor de la idea de Tsubaki!

-Un Host Club tiene que ser un sitio refinado y simétrico – dijo Kid emocionado – ¡Yo también voto a favor!

-¡Yo también! ¡Yo también! – empezaron a decir otros alumnos.

En ese momento, Ox dio un paso al frente ajustándose las gafas.

-Bien entonces, ¿quién está a favor de que nuestra clase haga un Host Club para el festival escolar? – preguntó el chico dirigiéndose al resto de compañeros.

Casi todos levantaron la mano.

-Perfecto, entonces está decidido. Nuestra clase hará un Host Club – concluyó Ox.

-Umm, no sé si entiendo bien en qué consiste esto del Host Club, pero si alguien tiene ideas que las vaya diciendo – pidió Maka con una libreta y un boli en la mano.

-¡Dejad que os ayude! ¡Soy una experta en el tema! – exclamó la gata emocionada, chasqueando los dedos para transformarse en humana.

-No estoy segura de que tu ayuda sea necesaria… – empezó a decir Maka.

-¿Verdad que ninguno ha pensado en los tipos de hosts? – preguntó Blair.

-¿Tipos? – repitió la castaña confusa.

-¿Ves cómo sí necesitáis mi ayuda? – presumió – En un Host Club, cada anfitrión debe cumplir un rol determinado. Por ejemplo, está el tipo demoníaco, una persona que parezca salvaje e indomable. Los visitantes querrán probar su suerte tratando de capturar por fin su corazón – añadió emocionada.

-¿Qué? – preguntó Maka.

-Pues yo creo que Black Star y Soul podrían entrar perfectamente en ese tipo demoníaco – intervino Tsubaki.

-¿Salvaje e indomable? No suena mal – opinó Black Star imaginándose el centro de atención.

-Bueno, está bien, lo apunto – dijo Maka – ¿Qué más tipos hay?

-Oh, también está el tipo cool… – empezó a decir Blair.

-Espera… ¡El tipo cool soy yo! – se quejó Soul entonces.

-¿En qué quedamos? ¿Eres demoníaco o cool? – le preguntó Maka cruzándose de brazos.

-Soy las dos cosas. ¿No me convierte eso realmente en alguien muy cool? – preguntó el chico haciéndose el interesante y los demás lo miraron con vergüenza ajena.

-Esto de los tipos es estúpido… – murmuró la castaña soltando el bolígrafo sobre la mesa.

-No digas eso. Tú podrías ser la tipo nerd – intervino Blair.

-¿Yo? Ni hablar, yo no quiero ser host. Yo estaré organizando desde atrás – se negó Maka rotundamente.

-Qué aburrida… – se quejó Soul y ella rodó los ojos.

-¿Y quién podría ser el príncipe del Host Club…? – se preguntó Blair cruzándose de brazos.

-Oh, ese suele ser el protagonista de la historia, ¿verdad? – preguntó Tsubaki.

-¿Protagonista? – repitió Black Star – ¡Me lo pido!

-¿Tú qué vas a ser un príncipe? – le preguntó Soul mirándolo mal.

-¡Soy más que eso! ¡Soy el gran dios Black Star! – exclamó subiéndose a una mesa de un salto.

-Perdonad, pero el príncipe seré yo – intervino Ox.

-¡No, seré yo! – le contestaron.

-¡Ni hablar!

-Ya has hecho que se peleen – dijo Maka con tranquilidad, pero mirando acusadoramente a Blair.

-¿Sabéis qué? Todos sois príncipes a vuestra manera, así que lo mejor será que cada uno actúe como es en realidad – trató Blair de calmar los ánimos, dando por imposible lo de los tipos de hosts.

En ese momento, el ruido de una silla de ruedas rodando a toda velocidad por el pasillo anunció la inminente llegada del profesor Stein.

-¡Chicos! ¡Cada uno a su asiento que va a empezar la cla…! – exclamó el hombre al entrar al aula, aunque su silla tropezó con algo y volcó – ¡Ay! – se quejó rodando por el suelo.

OoOoO

Tras un par de semanas de preparativos, por fin llegó el día del Festival Shibusen. Mucha gente de la ciudad se acercó a la academia para disfrutar de las múltiples actividades que ofrecían las distintas clases.

Y así, en la parte sur del edificio, al final del corredor norte, en la tercera sala de combates, el Shibusen Host Club acababa de abrir sus puertas…

-¡Bienvenidos al Club de Hosts de la Academia Shibusen! – exclamaron todos los anfitriones a la vez.

-Tu turno, Patty – susurró Maka.

-Vale – asintió la rubia obedientemente y entonces corrió hacia el centro de la sala – ¡Yupi! ¡Bravo! – chilló lanzando pétalos de rosas hacia la entrada.

Maka se había leído varias novelas sobre Host Clubs para informarse y, por algún motivo, cada vez que alguien abría la puerta de un Host Club aparecían pétalos de repente…

-Vale, perfecto ese ensayo – aplaudió la profesora Marie, la cual estaba revisando los preparativos de todos los grupos de la academia – ¡Vuestra clase ha tenido una gran idea con esto del Host Club! ¡Me encanta!

-Y a mí. Esto es un sueño – comentó Kid admirando la decoración.

Su aula escolar no le parecía la más apropiada para albergar un Host Club, así que el chico le había pedido a su padre la llave de otra sala más amplia. Ventajas de ser el hijo del director.

Además, Kid se había entretenido en dejar la habitación impoluta, decorándola con mesas cubiertas por una mantelería exquisita y con unos centros de mesa completamente simétricos.

En ese momento, la puerta se abrió.

-¡Rápido! Cada uno a su puesto – indicó Maka y todos los hosts se colocaron tal y como habían ensayado.

-¡Bienvenidas! – saludaron todos a un par de chicas que habían entrado por curiosidad a ver de qué trataba todo aquello del Host Club.

-¡Yupi! ¡Bravo! – exclamó Patty lanzando pétalos de rosas por todas partes.

-Bien. Son nuestras primeras clientas – dijo Maka – ¿Te atreves a atenderlas, Crona?

-Yo… ¡no sé cómo lidiar con esto de ser host! – exclamó la del pelo rosa con algo de desesperación, escondiéndose tras ella.

-Vale, vale. No te preocupes – Maka trató de tranquilizarla – Kid, ¿qué tal si las atiendes tú?

El chico entonces se acercó a las recién llegadas y las examinó de arriba abajo. Una llevaba una sola horquilla a un lado del pelo y la otra vestía una camisa con las mangas de distinta forma.

-Mmm… ¡Asimétricas! ¡No sois bien recibidas aquí! – exclamó Kid empujando a las chicas fuera de la sala.

-¿Qué? – se sorprendieron ellas al verse de nuevo en el pasillo.

Kid les cerró la puerta prácticamente en las narices.

-¿En serio piensas hacer eso con todas las personas asimétricas que entren? – le preguntó Maka sintiendo vergüenza ajena.

-Por supuesto – asintió Kid – Su asimetría contamina el ambiente.

-Lo dice él, que también es asimétrico – se rio Patty infantilmente.

-¡Buaaa! Tienes razón… ¡Soy un cerdo asimétrico! – empezó a lloriquear Kid yéndose a un rincón – ¿Por qué tendré que tener estas tres extrañas rayas blancas en la mitad del pelo?

-Y de nuevo así… – comentó Liz rodando los ojos.

-Bueno, a partir de ahora deberíamos vigilar que solo atiende a gente simétrica… – contestó Maka – Si es que sale de ese rincón, claro… – comentó mientras veía cómo Patty le daba con el dedo y él no parecía reaccionar.

Pronto entró más gente y los hosts empezaron a trabajar… cada uno a su manera.

-¡Eh, simples mortales! ¡Soy el gran dios Black Star! ¡Debéis elegirme a mí como vuestro host! – gritaba el chico subido encima de una de las mesas.

Aunque realmente nadie parecía hacerle ni caso…

-Black Star… tal vez esa técnica aquí no funcione – le dijo Tsubaki con su tranquilidad habitual – Otros hosts están obteniendo más atención sin montar ese alboroto.

-Tienes razón… – respondió el de pelo azul pensativo – Ya sé, ¡tal vez es que tengo que gritar aún más fuerte! – chilló mientras se empezaba a reír exageradamente.

Tsubaki decidió dejarlo por imposible y siguió con su tarea de host… Ya se daría cuenta él solito de que lo de gritar no era una buena técnica.

Se abrió la puerta de nuevo y en esta ocasión aparecieron Spirit y Stein.

-¡Yupi! ¡Bravo! – chilló Patty esparciendo pétalos felizmente.

-¿Pa… papá? – preguntó Maka sorprendida al ver a Spirit – ¿Qué haces tú aquí?

-Maka, ¿es que no puedo venir a verte a tu actividad? – le preguntó poniendo un puchero – Sabes que me gusta apoyarte y mandarte ánimos. En cuanto a él, ha insistido en venir también – añadió señalando a Stein.

-No sé qué es un host. Me gustaría diseccionar uno – habló el profesor con una sonrisa retorcida, dándole vueltas al tornillo de su cabeza.

-Por cierto, estás muy guapa, Maka – le dijo su padre – Y el resto de chicas también – agregó echando un vistazo a su alrededor.

-¡Eres un pervertido! ¡Vete ahora mismo de aquí! – exclamó la chica enfadada – ¡Y usted también, profesor! ¡No va a diseccionar a nadie! – añadió empujándolos a ambos hacia la salida.

-No… ¡Maka no me quiere! – gimoteó Spirit.

-¡A trabajar! – gritó ella cerrándoles la puerta.

-Ahora eres tú quien ha echado a los clientes – le dijo Soul.

-¡Esos dos no eran clientes! – contraatacó Maka yéndose a preparar café.

Soul se encogió de hombros, pero al momento sus ojos dieron con algo y sonrió. Tal vez había llegado su momento de hacer algo muy cool.

El chico se dirigió a un rincón donde había un piano de pared, destapó el teclado, se sentó en el taburete y empezó a tocar una pieza realmente complicada.

-¿Eh? – se sorprendieron muchos al oír la melodía.

Al momento, Soul estaba rodeado de gente.

-¡Vaya! No sabía que Soul tenía este lado artístico – empezaron a comentar algunos sorprendidos.

-¡Oye, tú! ¿Intentas robarme el protagonismo? – chilló Black Star subiéndose de un salto al teclado del piano, creando un ruido algo desagradable.

-¿Qué dices? ¡Simplemente intento hacer mi papel de host! – le contestó Soul enfadado, levantándose del taburete.

-¿Robándome la clientela? ¡Pues entonces tendrás que derrotarme! – respondió desafiante mientras saltaba de nuevo al suelo.

-¡Maka-chop! – exclamó ella dándole a Black Star en la cabeza con un libro.

-Bien hecho – aplaudió Soul, pero entonces recibió él también otro golpe igual por parte de la chica – ¡Oye!

-¡Dejad de causar alboroto! – les regañó Maka.

-¡Eres tú la única que está causando alboroto! – contraatacaron ellos.

-¿Qué? – se sorprendió ella.

-¡Soul! Tú me entiendes, ¿verdad? – preguntó Black Star mirando al otro con ojos brillantes.

-Claro que sí. Por eso soy tu mejor amigo, tonto – le sonrió.

-¡Soul! – chilló el de pelo azul tendiéndole los brazos al otro.

-¡Black Star! – exclamó también Soul imitando a su amigo.

-¡Soul!

-¡Black Star! – chilló y por fin se abrazaron empalagosamente.

-¡Oh, mirad! ¡Es amor prohibido entre mejores amigos! ¡Kyaaaa! – gritaron algunas clientas mientras lloraban de emoción.

-¿Eh? ¡Buah! – exclamaron ambos chicos separándose inmediatamente.

En ese momento, la puerta del Host Club se abrió de nuevo.

-¡Yupi! ¡Bravo! – chilló Patty tirando pétalos.

Una especie de duende narigudo con un altísimo sombrero de copa blanco hizo su entrada.

-Es… ¡la legendaria espada Excalibur! – exclamaron algunos señalándolo.

-¡Excalibur! ¡Excalibur! – canturreó la criatura mientras avanzaba dando saltitos.

La mayoría hizo una mueca que expresaba claramente que la visita era inaguantable.

-He venido hasta aquí porque yo también fundé un Host Club cuando vivía con el rey Arturo – dijo Excalibur – ¡Qué recuerdos! Yo era el anfitrión más popular, todo el mundo quería sentarse a mi lado.

-¿Ya ha empezado con sus anécdotas? – preguntó alguien en voz baja, pero la espada legendaria lo escuchó.

-¡Tú! – gritó Excalibur señalándolo con su bastón.

-¿Yo?

-Sí, ¿sabes cuál es la norma número 1.583.098 para poder ser mi compañero?

-Eh… No.

-¡Tienes que lavarte las orejas todos los días! ¡Por dentro y por fuera! – exclamó Excalibur – Eso mismo le dije al rey Arturo cuando fuimos a esa fiesta en el castillo de su amigo… – continuó con su historia interminable.

-¡Oh, no! ¡Este no se calla! ¡Sálvese quien pueda! – gritó alguien con desesperación mientras se dirigía corriendo hacia la salida.

Aquello pareció ser la señal para que el resto de clientes y hosts abandonara la sala en un abrir y cerrar de ojos, ya que todos sabían de sobra que tanto Excalibur como sus normas y sus batallitas eran inaguantables.

-¡Idiotas! – exclamó la espada tranquilamente, sentándose en un sillón cómodo y sirviéndose un café de una cafetera que aún estaba medio llena.

Y así fue cómo pasó a ser una leyenda que, durante un día, en la parte sur del edificio, al final del corredor norte, en la tercera sala de combates, el Shibusen Host Club tuvo sus puertas abiertas…