Tras acabar el castigo de Umbridge, por fin podía disfrutar de su cama en el cuarto de la Torre de Gryffindorr. Si bien los dormitorios de Slytherin ofrecían intimidad y posiblemente una compañía mil veces mejor. Reconoció que echaba de menos el alboroto que formaban sus compañeros de cuarto. Lo único que lo apenaba era saber que Susan no podría dormir con él.

Al contrario que en los dormitorios de Slytherin, no confiaba en ninguno de sus actuales compañeros de dormitorios. Susan era demasiado voluptuosa como para que a alguno de ellos se le escapase algún comentario soez. Eso era algo con lo que no tenía que preocuparse con Daphne. Se comportaba tan frígida que era imposible siquiera pensar en que fuese a delatarlo. Ciertamente era la única serpiente con la que podía mantener una conversación decente y agradecía no tener que estar hechizándola diariamente.

Se sumergió en su sueño entre quejidos de dolor. La cicatriz acostumbraba a arderle en presencia de Voldemort aunque últimamente parecía que le ardía por las noches. Cerró los ojos quedándose dormido sin saber que a kilómetros de distancia el Señor Tenebroso estaba ocupado con asuntos más importantes.

—Mi señor…Avery se equivoca—indicó un mago de rostro picado por alguna enfermedad—Solo usted puede cogerla. Si lo hace otro, la magia del departamento de misterios lo incapacitará como hizo con Bode.

La voz sibilina de Voldemort hizo que el hombre arrodillado se estremeciese—Sí. Lucius ha comprobado eso recientemente. Me temo que eso es algo que él deberá solucionar por su cuenta…

—Se lo aseguró mi señor. Yo mismo me encargaré de evitar que Bode hablé—dijo Lucius.

—Eso espero, Lucius por tu propio bien. En cuanto a ti—miró a un hombre delgado—me has decepcionado Avery. Mintiéndome y asegurando que podías ser mejor que mis leales hombres. Mereces ser castigado, Crucio—la rapidez de la maldición impactó contra el hombre haciendo que se estremeciese en el suelo y llorase de dolor. Algo que parecía afectar al patriarca Malfoy pero que Voldemort disfrutaba con fervor.

Tras unos minutos de agonía retiró la maldición y miró al hombre ante él. Sonriendo lo mejor que podía su rostro serpentino observó al hombre y dijo—Sin duda has sido de mucha utilidad Rookwood. —el hombre levantó la cabeza—Debí haberte rescatado hace semanas.

El hombre se levantó tambaleándose un poco y miró hacia atrás para ver el rostro deteriorado de una mujer morena junto a otra rubia. Ambas mujeres de casi igual estatura y porte pero muy diferentes debido a su estado de salud. Mientras que la rubia era una aristócrata total que cuidaba su rostro y cuerpo. La morena parecía que acababa de estar en una dieta realmente estricta ya que todo en ella anunciaba que llevaba años enferma.

—Bellatrix…te ves mejor que en Azkaban—dijo Rookwood sutilmente.

La morena sonrió revelando que a pesar de haber ganado algo de peso y vestir mucho mejor, sus dientes seguían estando igual que en la cárcel. Se acercó un poco bajando la cabeza ante su maestro y dijo.

—Tuve algunos días de ventaja. No puedo decir lo mismo de ti Augustus—dijo la mujer riéndose para sí misma—¿Alguna noticia nueva, Señor?

Voldemort simplemente respiró y dijo—Ya llegará tu momento, Bella. Eres la única en quien confió como para dejarte causar caos sin mi supervisión…en cuanto a los demás espero que les des un trato agradable Cissy.

La rubia asintió sumisa y Voldemort sonrió de nuevo sabiendo que no era algo que la mujer o su esposo desearían. Inmediatamente se le ocurrió un nuevo plan para entretener a su mejor aliado mientras ayudaba a atormentar a sus enemigos y le facilitaba las cosas de cara al futuro.

—Lucius—el hombre miró a su amo esperando alguna orden—soluciona el problema con Bode. No puede hablar con el Ministerio si lo hace habría que acabar con Amelia Bones y eso gastaría a muchos de nuestros hombres.

—Por supuesto mi señor. Pero he de decir—arrastró sus palabras—que el DMLE es ineficiente en sus tareas. Han capturado a muchos de los fugados pero los mejores, los que usted mismo seleccionó siguen fuera viviendo en algunas propiedades protegidas.

—¡Calla Lucius y piensa en tu nueva labor! —el hombre se marchó de la sala tras dar un beso a su esposa. Rookwood miró aquello con algo de curiosidad mientras Bella fingía arcadas—Augustus amigo mío, descansa. Pronto llegará vuestro momento de actuar. En cuanto a ti…—miró a Narcissa—averigua el paradero de los miembros de la Orden. Debemos ir eliminando a los que podamos o al menos a los que son inútiles en mi nuevo mundo.

La mujer miró a su hermana y dijo—Creo que Bella podría ayudar—la morena sonrió con sadismo mientras murmuraba—Conozco a una traidora a la sangre perfecta para visitar…

Lord Voldemort se arrodilló con pesar y cerrando los ojos afirmó—Nagini me dice que ha habido algún problema en el Ministerio de Magia. Ha atacado a alguien.

Narcissa permaneció impasible mientras Bellatrix afirmaba—¿Está bien su mascota? ¿Quién fue el asesinado?

Voldemort sonrió y dijo—Arthur Weasley.

—Traidores de sangre. Se lo merecen.

—Quizás la pequeña Weasley pueda ser educada aún.

Harry tembló ante esa palabra. Su cicatriz vibró más y pudo ver como una gran serpiente se deslizaba por el suelo y tras un destello, vio que Voldemort tenía razón. El Señor Weasley yacía desangrándose en el suelo. Gritó en sueños mientras veía como aquel reptil mordía una y otra vez a Arthur justo en el crece de dos filas de estanterías.

La voz de la Profesora McGonagall lo despertó del sueño—¡Potter! ¡Despierte!

Se despertó sudoroso y alterado. Nada más ver que Neville y Ron lo miraban con preocupación, dijo.

—Ron. Tu padre ha sido atacado.

El chico se alarmó y mirando a la profesora dijo—Hay que avisar a los gemelos y a Ginny. Tienen que hacer algo—exaltado—por favor. Puede morirse.

Minerva estaba impasible aunque miraba fijamente a Harry en busca de alguna explicación. Al no tenerla miró a los tres chicos y dijo algo pálida—Esto escapa a mis funciones. Potter ven conmigo a ver al profesor Dumbledore. Weasley Longbottom—ganándose la atención de ambos—estén tranquilos. Serán informados tan pronto como se pueda.

El pelirrojo quiso protestar pero una mirada fija de la anciana fue suficiente para acobardarlo. Salió caminando del lugar y Harry la siguió caminando por los pasillos oscuros hasta llegar al grifo que custodiaba la entrada. Murmuró algo y la estatua del grifo se apartó dejando ver una escalinata que ascendía en caracol hasta una gran puerta negra.

McGonagall abrió la puerta y Harry observó cómo el despacho de Dumbledore seguía igual que como lo recordaba. Repleto de cachivaches dorados, pinturas antiguas y grandes estanterías llenas de libros. Frente a un mueble finamente elaborado se hallaba el director Dumbledore que miró por encima de sus gafas, curioso al ver al joven Harry fuera de la cama a esas horas.

La mujer afirmó—Dice que ha visto a alguien atacar a Arthur—se calló momentáneamente evaluando la expresión del director—¿Es verdad?

Se alisó la barba y sin mirar a Harry dijo—Me encargaré de ello inmediatamente Minerva—elevó la mirada a dos cuadros y sus fotos salieron de ellos. Harry no sabía que planeaba el director pero se contuvo hasta que uno de los retratos volvió y Dumbledore bajó los ojos—Sí. Me temo que es verdad. Han atacado a Arthur. He mandado a gente a ayudarlo. Gracias a Harry quizás pueda salvarse. ¡Ahora Minerva! —hizo que la mujer levantase la mirada—Convocá a los Weasley serán mandados a Grimmauld lo antes posible. Granger los acompañará en cuanto acabe el trimestre.

La profesora abandonó el despacho y el director miró a Harry con curiosidad—Es vital que respondas a estas preguntas. ¿Cómo fue el sueño? ¿Cómo viste el ataque?

Cerró los ojos y dijo—Voldemort mandaba a Bellatrix y Malfoy a hacer algo. Rookwood estaba con ellos…al parecer Avery había fallado en algo.

Dumbledore apretó los puños esperando que dijese más—Luego vi a la serpiente atacar al Señor Weasley. Era como si yo sintiese odio.

—Me temo que tendrás que empezar una nueva optativa con el profesor Snape lo antes posible. Es importante evitar que Voldemort controlé tu mente

—¿Y lo de Malfoy?

—Se investigará. Ahora estoy seguro de que tienes muchas ganas de estar con Sirius—sonriendo como un abuelo bonachón—Y también estoy seguro de que podemos buscar un momento para que usted y la Señorita Bones pasen algún día.

Harry sonrió momentáneamente pero dijo—¿Snape? Ni de coña. No confió en él.

—Es tu profesor y miembro de la Orden. Confió en él. Debe de ser suficiente.

No queriendo pelear más agarró polvos flu y se encaminó hacia la chimenea mientras se iba el director sonrió y dijo—¿Debería llamar a Madame Bones para redactar un contrato de matrimonio? —parecía que estaba riéndose pero la frondosa barba impedía notarlo del todo.

Harry tragó saliva y gruñó—No Señor—la timidez se apoderó de él mientras se enrojecía. Arrojó el polvo y las llamas esmeraldas lo envolvieron para teletransportarlo en la cocina de Grimmauld Place. Nada más llegar vio una estampa que le heló la sangre.

Molly Weasley lloraba en una silla mientras Remus y Sirius intentaban consolarla como podían. Nada más aparecer por el lugar, su padrino lo miró y sonriendo como nunca dijo—¡Harry! ¡No te esperábamos tan pronto! ¿Dónde están los otros?

—Dumbledore me envió hoy tras lo…—miró a la mujer—sucedido. Los demás vendrán pronto. Creo que es mejor que me vaya a mi cuarto—no queriendo ser testigo del dolor de la mujer. Curiosamente había olvidado totalmente el polvo que le había echado días atrás.

La voz llorosa y entrecortada de Molly le hizo estremecerse. Este era un llano mucho más profundo que el que había presenciado con el boggart. La mujer sin duda temía mucho más la pérdida de su marido. Aun así y tal como le había dicho Remus, Arthur seguía en San Mungo y no habían confirmado ninguna noticia.

—Gracias por avisarnos. Si no hubiese sido por ti. Estaría muerto ya—lloró aún más.

Harry asintió con la cabeza aunque veía como la mujer se derrumbaría tarde o temprano. Subió las escaleras hasta llegar al cuarto que compartía con Ron anteriormente. Fue a entrar pero antes de hacerlo, un pensamiento fugaz le inundó. Ahora que Sirius estaba distraído podía investigar el despacho de Orión Black. Ese lugar, junto al cuarto del merodeador era de los pocos lugares prohibidos de la enorme mansión. Corriendo se encaminó hacia el lugar que se había convertido en uno de los santuarios privados de su padrino. Una vez abrió la puerta entendió por qué.

El lugar era estrecho y los muebles apenas habían sido limpiados. Había telarañas en las lámparas y polvo en muchos estantes. Todo era de caoba y plata pero no era la finura del ambiente lo que destacaba sino la gran cantidad de bebidas alcohólicas distribuidas. Vacías o medio llenas, el olor a whisky inundaba el lugar. Se atrevió a pensar que el resplandor del suelo se debía a ese líquido ámbar. Encima del escritorio un enorme cuenco junto a cientos de tubos plateados. Recuerdos que no debería de ver ya que la identificación estaba borrosa y no veía tan bien. Junto al cuenco papeles desperdigados como si alguien estuviese buscando algo.

Miró los papeles extrañado de lo que leía. Mientras estaba distraído una voz desdeñosa lo asustó.

—Veo que todos los Potter son iguales. Inmiscuyéndose en asuntos de otros— Reconoció el tono de Walburga Black, proveniente de un retrato. Miró el retrato y preguntó—¿Cómo te teletransportas?

—Podemos movernos entre cuadros siempre que seamos la misma persona—comprendió porque Dumbledore había mandado a esos cuadros a buscar a Arthur o como espiaba casi todo el castillo.

—¿Qué son estos recuerdos?

La mujer los miró y agudizando la mirada añadió—Mi marido…—despectivamente—era demasiado blando como para ver a su primogénito desterrado, solo y encarcelado. Sabía que Azkaban era un lugar terrible—masculló en voz alta—¡Se lo tenía bien merecido el traidor a la sangre! Así que antes de que enviasen a Sirius, duplicó parte de sus memorias y una vez fue llevado allí…Orión decidió pasar su tiempo entre botellas mientras observaba todos los errores que pusieron fin a nuestra familia—con algo de horror en su voz añadió—He de decir que me equivoque confiando en el Señor Oscuro. Pero siempre hice lo mejor para mi familia.

Harry había dejado de escuchar todo lo que decía y simplemente con curiosidad observó los recuerdos en los frascos. Miró a la dama del cuadro y añadió mirando—Cogería el tercero por la derecha.

Lo agarró y se sumergió en el pensadero solo para ver de nuevo a su padrino caminando por los pasillos del DMLE.

Un hombre de porte aristocrático caminaba por los pasillos de la oficina de aurores. Varita en mano parecía preparado para un ataque en cualquier momento, a pesar de ello camina con orgullo luciendo el uniforme característico de los aurores novatos que tantas veces había visto llevar a Tonks. Por la edad parecía que acababa de dejar Hogwarts hacía realmente poco.

El hombre llevaba el pelo ondulado y a los hombros mientras que lucía una sonrisa confiada a pesar de que su rostro estaba contorsionado en una mueca de seriedad. Parecía que le acababan de dar una mala noticia. Su padrino ciertamente observaba como los pasillos del DMLE estaban desiertos y miraba expectante una siniestra fotografía con rostros tachados. Se fijó en algunos y notó que eran aurores fallecidos en combate. Parecía que la guerra estaba en su momento más álgido.

Mientras caminaba una voz chillona hizo que a Sirius se le erizasen los pelos y se diese la vuelta dispuesto a atacar.

—¡Sirius esperá! ¡No puedes permitir esto!

Sirius miró con desprecio a la mujer que corría detrás de él. Llevaba un vestido negro con múltiples adornos plateados y su mirada hizo que Harry la reconociese al instante. No hacía mucho que la había visto y ahora podía ver cuanto había envejecido Bellatrix Black tras su paso por Azkaban. En ese momento parecía una mujer que aún no había alcanzado la treintena pero mucho más madura que su padrino aún.

—¿Qué quieres Lestrange?¡No eres bienvenida a este departamento!

La mujer sonrió con ironía mientras miraba el desierto lugar—Debo sentirme honrada la mayoría de las pérdidas vinieron de la mano de mi marido o de la mía—dijo sonriendo con descaro mientras el hombre la miraba con odio—Sabes porque he venido. ¡No sabía lo que hacía! ¡Es demasiado pequeña!

Sirius observó aquello y dijo—Cissa está embarazada y casada. Sabe perfectamente bien lo que hace.

—¡No puedes dejar que la manden a Azkaban! ¡Es tu prima! ¡No permitiré que la manden a Azkaban! ¡Es mi hermana!

Sirius alzó la voz diciendo—¡No te importó mucho cuando casi asesinas al marido de Andy!

Se encogió de hombros—Solo quería recuperar a mi hermanita. Ese asqueroso sangre sucia solo quería un coño puro para impregnarlo. Y encima tiene la desfachatez de que su bastarda tenga poderes mágicos sobresalientes. Cambia de formas—dijo abriendo los ojos—Si lo mató, quizás la Tía Walburga quiera integrar a Andy en la familia.

—¡Estas loca!

—No la envíes a Azkaban. Hablare con Bones en su lugar o con Moody.

Riendo dijo—Moody te mataría antes de que entrases en su despacho. ¿No fuiste tú la que le destrozó el ojo?

Se quedo pensativa y dijo—No. Snape—el hombre frunció el ceño con odio—su hechizo lo hizo. Yo no estuve aquel día.

Parecía que la mirada grisácea de su padrino adquirió un odio renovado. No hacía la mujer sino hacia Snape, algo dentro de él parecía roto. La miró de nuevo buscando algo que Harry no supo encontrar. Bellatrix ciertamente apoyaba a Voldemort y debía de estar marcada ya pero no parecía tan loca o amenazante como ahora.

Con pesimismo dijo—Si fuese por mí, Cissa ya estaría en su casa. Pero fue James el que la cogió. Voy ahora a buscarlo.

Los ojos de la mujer se ciñeron mientras murmuraba—Potter. Su esposa sangre sucia está preñada—con horror. Se recompuso en una máscara fría ensayada y dijo—Iré contigo, hace tiempo que no veo a Potter en la batalla.

—Se suele quedar con Lily o haciendo papeleo—indicó mientras ambos avanzaban por los pasillos hasta llegar a un despacho. El mismo en el que Harry ya había estado tiempo atrás. La bruja parecía querer hacer daño y dijo simplemente—¿Qué tal Bones?

Sirius cerró los ojos momentáneamente pero no respondió. Vio como Bella se mordía el labio en señal de risa sin esperar una verdadera respuesta. Ambos dejaron de caminar mientras Sirius sostuvo el pomo de la puerta preparándose para abrirla. Harry notó como la mujer miraba el lugar con algo de duda. Parecía que algo la perturbaba en aquella sala. Abrieron la sala solo para ver una escena que le heló la sangre a Harry. Su padre estaba recibiendo sexo oral de un rubia embarazada.

James Potter, con casi la misma apariencia que Harry había visto en el espejo de Oesed años antes. Un hombre un poco más bajo que Sirius con pelo alborotado y de un tono más claro que el de Harry. Gafas redondas y de montura frágil. Todo combinado en un cuerpo más atlético de lo que Harry había visto en su vida. Ciertamente era atractivo y parecía haber sido bendecido también en el apartado sexual. Al igual que él, su padre tenía un rabo largo solo que más grueso que el suyo. No podía comparar debido a la imagen que vivía en tercera persona.

Su padre guiaba con su mano a una mujer arrodillada frente a él. Agarrando su cabellera rubia platino, iba sumergiéndola en su entrepierna. La mujer poseía unos rasgos finos y afilados y lo único que afeaba su apariencia era su nariz. Pero a pesar de ello era claramente una hermosa dama. Debía rondar la veintena. Llevaba puesto una túnica verde y en sus manos llevaba innumerables anillos algunos de los cuales eran claramente de precio elevado. La boca de la mujer tragaba de manera casi imperceptible, era como si bebiese vino de una copa. Un acto tan irreal, que Harry dudaba de que aquella memoria no estuviese modificada. La mujer ciertamente lo mamaba tan hábil que su padre no paraba de gemir incluso mientras observaba frente si a Sirius.

—¡Cornamenta! ¡Como se te ocurre! ¡Aquí!

Bellatrix empujó a Sirius hacia delante y al ver la estampa abrió los ojos mientras levantaba la varita dispuesta a diseccionar lo que se metía en la boca de aquella chica—Para Cissa—una simple orden de la morena hizo que la chica se estremeciese y su mamada detuviese el ritmo. Se sacó el sable de la boca y se levantó ágilmente. Miró a la otra mujer y sonriendo con algo de baba todavía dijo.

—Hermana—Harry estudió los rasgos entre ambas. Si bien compartían el carácter aristocrático y algunos rasgos faciales, ambas eran distintas. Tanto en gustos como físicamente—no tenías que haber venido a este lugar. Soy capaz de cuidarme sola, Bella—afirmó la mujer simplemente. James observaba aquello mientras se guardaba el miembro erecto.

Riendo la otra bruja dijo—Ya lo veo. Se te da de maravilla—eso hizo que Cissa se sonrojase furiosamente. La agarró del pelo haciéndole algo de daño, ambos hombres iban a intervenir en la disputa familiar pero Bellatrix terminó aquello al decir en voz alta—¡Ahora qué tal si podemos conversar como sangre puras civilizados!

Sirius parecía querer intervenir con alguna broma pero se mantuvo callado al ver que ninguno de los presentes estaba con humor. Se quedó estático hasta que un apagado James dijo en voz alta.

—La atrape en Knockturn. Iba hacía Borgin y Burkes cargada con algunos artículos sospechosos—James suspiró diciendo—La registre y no lleva la marca—mirando a Sirius—Puede marcharse.

La morena sonreía y dijo—Bien. Cissy nos vamos. Estoy segura de que a Lucius no le gustará esto.

—No—todos miraron a Sirius que simplemente dijo—No debería estar metido en esos asuntos. Malfoy no puede obligarte a hacer esas cosas.

La muchacha bajó la cabeza mientras Harry intentaba poner en orden aquella información. La mujer que le había hecho una mamada a su padre parecía ser la madre de Malfoy. Intentó compararla con la imagen actual e inmediatamente supo que la belleza seguía ahí. Tan solo permanecía oculta por capas de superioridad. Ahora era una aristócrata total.

Narcissa simplemente se levantó y dijo— Si le cuento que he perdido los artículos y su reputación está en problemas…Lucius me…

Bella negó mientras Sirius dijo—No te hará nada. Estás embarazada de su hijo.

—Si Moody se enterá de esto—indicó fríamente Potter—Que hemos dejado ir a una traficante—Sirius se echó las manos a la cabeza mientras que la rubia encogiéndose de hombros dijo—Creo que sería mejor si Potter recibe una transacción adecuada…—lamiéndose los labios en una señal inequívoca.

Su padre no parecía tener sentido común sino que al ver aquello se volvió a sacar la verga y gozó una vez más del placer oral de aquella dama. Sirius observó aquello con algo de horror viendo que en efecto su mejor amigo estaba tirando su vida a la basura. La guerra los estaba cambiando demasiado. Bellatrix en cambio suspiró al ver aquello y dijo.

—Por fin las cosas vuelven a la normalidad. Estoy segura de que cuando la sangre sucia esté muerta podré matar a Malfoy—suspirando con felicidad—así este par de tortolitos podrán disfrutar sin esconderse.

Los ojos de Sirius se iluminaron por un momento mientras usaba su fuerza para cargar a la morena contra la mesa del despacho. La besó furiosamente mientras la mujer se retorcía y usaba sus uñas para dejar marcas inconfundibles en la espalda del mago.

Tras largos minutos de mamadas, la voz indignada de Narcissa se hizo notar—Bella eso es impropio estamos casadas.

—Si no hay penetración vaginal no hemos roto nuestros lazos—indicó entre sollozos de placer al tener a Sirius entre sus piernas.

—Con que vaginal ehh—tanto James como Sirius habían caído en esta última frase.

El recuerdo se desvaneció mientras Harry observaba aquello sin saber exactamente si era cierto o no. Se debatió sobre si entregarle una carta a la esposa de Malfoy era algo sensato. Ciertamente no lo era, tampoco hablar con Bellatrix o su padrino ya que ninguno estaba muy cuerdo debido a Azkaban. Había olvidado gran parte de su pasado en Azkaban. Ver esto lo atormentó un poco, su padre y padrino habían practicado sexo anal con dos hembras casadas. Ciertamente podía ver cuánto de corrompido estaba su padre en ese momento y que Amelia tenía algo de razón. Pero eso no explicaba el odio que sentía hacía Sirius.