Título: ¡No Más!
Fandom: Naruto.
Personajes: Itachi, Deidara, Hidan y Sasori.
Advertencias:
•Au Universitario.
•Amistad.
•Mención MUY leve de interés romántico de un hombre a otro hombre.
•Posible Ooc en los personajes.
•Personajes no son míos, son de Masashi Kishimoto.
Canción Inspirada: N.O-BTS(Camino a la felicidad).
One Shot hace parte del evento Magic Shot del Club de lectura.
Sinopsis:
¿De que le sirve ver a sus padres/familia feliz, cuando él no se siente de esa manera? Una pregunta que de hace Itachi, Deidara, Hidan y Sasori. Siente que solo están cumpliendo con el sueño de sus padres, pero ¿El de ellos?
Parte Única.
Itachi no entiende porque su hermano menor quiere ser como él, si lo ultimo que quiere es que sean como él; estresado, infeliz e inseguro de muchas cosas. No sabe que es tomar una decisión por su propia cuenta, ya que orden dada por su padre, es orden que cumple sin cuestionar.
A veces sentía que su vida no era de él, sino de su padre, madre y el resto de su familia.
—Quita esa cara y baja a la cena —reprocha Fugaku, su padre.
No sabe que otra cara poner, era buena fingiendo estar bien cuando no lo estaba, pero ahora se le hace difícil y más que abajo se encontraba Uzumaki Nagato. Nagato cursa último semestre de medicina y le gusta, pero se calla porque es hombre y su familia es de clase media, dos cosas en su contra y que la familia Uchiha jamás aceptaría. Dándose una ultima mirada al espejo, puso su rostro inexpresivo, luciendo "sereno" y salió de su habitación rumbo a la cena.
. . .
Antes tachaba a su hermana de histérica y dramática, pero ahora a su edad la entiende mucho.
—Solo exageran, a su edad no tienen preocupaciones —escuchó la voz de una mujer, cosa que le perforó el cerebro con violencia.
—¿Estudios? Eso no es preocupación, antes debería de agradecer que le tenemos en la mejor universidad del país y pagándole una de las carreras más caras que puede a ver —concordó esta vez la voz de un hombre, si la anterior le pareció horrible, esta si que la odiaba.
Su madre y su padre. Al pasar de los días, se volvieron un par de personas insoportables para él, y no, no los odia, solo que siente que lo ahogan.
—¡Hidan tu primo esta aquí! —llamo su padre.
Y sabe que no es un aviso, es una orden disfrazada y que si no la cumple, le va ir muy mal. Sus padres no castigan con látigos, chanclas o correa, castigan dejándolo sin comer o encerrado sin nada, en par de ocasiones lo dejaron amarrado mientras le echaban agua fría. Sinceramente prefiere los golpes a ese tipo de castigos.
—Es que en mi época…
Las palabras iniciales que empieza a justificar sus actos y la cual Hidan detesta. No insulta a sus padres por el poco respeto que aun les guarda.
. . .
Cuanto envidia a los chicos de los Isekai, a estas alturas Deidara ansia que le pasara algo similar a ello y así estar lejos de su familia. Él no tiene la culpa que ellos mismos le frente sus impulsos y después se mantenga quejando que no hace nada.
—En mis tiempos la teníamos que dar todo y trabajar duro, ahora todo lo tienen fácilmente y se quejan, ni trabajar quieren —hablaba su tío por teléfono.
Deidara arqueo una ceja ante lo de «Ni trabajar quieren», le parecía algo tan hipócrita viniendo de él.
—Ni me dejan trabajar, la última vez me hicieron que me despidieran —comento Deidara a voz baja, pasando al lado de su tío.
Y no fue una vez, sino tres veces que eso paso. Su tío es alguien con influencias, tres veces lo echaron del trabajo bajo las amenazas de su tío. Esas ocasiones le regaño y le recordó que su única obligación era la de estudiar, pero cuando Deidara le pedía dinero para algo empezaba a quejarse y a llamarlo inútil. Lo peor es que Deidara hace tres años tiene la disposición de la herencia de sus padres, la cual no hace uso porque su tío movió sus influencias y aun no se la entrega.
Querer ganar su propio dinero, no poder conseguir trabajo porque se lo niegan por el miedo a su tío y además estudiando una carrera que odia.
¿En verdad esto es felicidad? Si la respuesta es si, entonces la felicidad es horrible.
—Algo debo hacer para romper esta rutina —dice Deidara para así mismo, empezando a planear que podría hacer.
. . .
La ropa, zapatos y la decoración de su habitación, todo fue elegido por su abuela. En su infancia sus padres mantenía en viaje y su abuela quien lo "cuidaba" lo dejaba en el sótano para que no la molestará. A medida que pasaba el tiempo y su nula convivencia con personas, se volvió una persona muy agria y distante, tango así que actualmente no sabe socializar y eso le a generado ciertos problemas.
—Harás amigos, eso no es problemas y si los consideras así, algún día pasará, Sasori. —Chiyo, su abuela, le resto importancia.
Le venía diciendo lo mismo desde que tenía sus diez años y hasta ahora Sasori siente que nada cambio.
¿Por qué los adultos no les importa nada de los jóvenes? No tiene respuesta a esa pregunta y le parece curiosa.
Al cumplir sus dieciocho años, fue que sus padres y abuela mágicamente les despertó un interés en su persona. Desde ese momento se convirtió en la marioneta de su familia, una donde obedece, se calla sus llantos y solo hace las cosas cuando tiran de sus cuerdas.
¿Así se sentirán todos los jóvenes de infelices y ahogados? Ojalá no, porque es feo. Al ver a otros de su edad sonreír y pasar con amigos, a veces se pregunta si es real o solo están fingiendo.
…………..
—¡NO MÁS! —grita Deidara, parándose en una mesa de la cafetería.
Todos se quedaron callados y se le quedaron mirando, algunos intercambiaban miradas confusas.
—¡¿Quién de aquí esta estudiando algo que no quiere?! —pregunta h varios empiezan asentir.
—¡Yo estudio una puta carrera, que no le entiendo ni una mierda¡ —Se queja Hidan, parándose igual en una mesa.
Seguido de Hidan varios empezaron a gritar las carreras que odiaban, pero por sus padres debían de hacerlo.
—¡¿Quién se siente que vive como un títere?! —Vuelve a preguntar, ahora recibiendo una respuesta más efusiva que la anterior.
—Parece que solo funcionó cuando tiran las cuerdas de mi —comenta Sasori, sin mostrar alguna expresión en su rostro.
Y otros empezaron a comentar lo mismo, o como sus padres cada día le reprochan todo lo que han "invertido" en ellos.
—¡¿Quién es feliz?! —Esta vez, Deidara hizo esa pregunta en un tono de voz más bajo.
Y fue ahí en donde todos en esa cafetería estuvieron de acuerdo. Itachi quien no había dicho nada, por fin se sintió inidentificado con algo y se dio cuenta que no era el único que se sentía así, en parte le pareció satisfactorio y en otra parte le pareció triste.
—Alcemos la voz y todos digamos ¡NO MÁS! ¡VIVAMOS, ESTUDIEMOS LO QUE QUERAMOS Y TRATEMOS DE SER FELICES! —Ante esas palabras dichas por Deidara todos empezaron aplaudir.
—¡Propongo que todos nos revelemos, ante los malditos adultos! —sugiere Hidan, contagiado de la emoción del rubio.
Sasori, Itachi, Hidan y Deidara, no se conocen, pero sus miradas se cruzaron y fue como un clic, de que los cuatro debían de hacer algo. Deidara con una seña con su mano, indico a los otros tres que le siguiera, lo cual ninguno se negó.
Una vez que estuvieron los cuatro juntos, fue Itachi quien habló primero:
—Yo a ustedes los he visto antes.
—¡Si! Creo que fue en una de esas reuniones que odio ir —concuerda Deidara.
—Debe ser, porque en mi facultad no —observa Sasori y los demás asiente.
—¡Que importa! —le resta importancia Hidan—. Tenemos que renunciar a nuestras carreras, irnos de casa y empezar a vivir —dice despreocupado y feliz.
—¿Y de que vamos a vivir, genio? —cuestiona Sasori, no muy convencido. Ni los conoce y ahí esta escuchando un plan que en parte le interesa.
—Trabajo, trabajo, trabajo. —Itachi repite la palabra como si fuese obvio.
—Irnos de la ciudad, aquí no se podrá —asume Deidara por la situación con su tío.
Los cuatros siguieron hablando y planeando algo apresurado con personas que apenas se conocen, pero usarán a su favor la frase que escuchan mucho: «Sin miedo al éxito».
«Hay jóvenes en peores situaciones.»
Una frase que cada uno se repite a su manera y a sus palabras, cada vez que se sentía mal, su mente la repetía para minimizar su sentir y seguir con su rutina. A veces pensaban que estaban exagerando o que eran unos malagradecidos, pues para Itachi fue criado con esa idea que debe hacerle caso a sus padres en todo, así si obedecer le hicieran sentir mal, pasa lo mismo con Sasori y lo mismo con Hidan, la situación de Deidara es que su familia creen que debe de agachar cabeza por haberle medio criado. Un factor en común con los cuatros, es que vivían con un sentimiento de deuda y culpa. Deuda con sus padres y familiares por haberlos criado y darle universidad, culpa cada vez que salían regañados por no cumplir con las expectativas del resto.
—Entonces, ¿aceptan? —pregunta, una vez dejando en claro lo que iban hacer hoy. Posiblemente firmarían un fracaso o un éxito a futuro, pero ya lo habían decidido.
—Aceptó —contestaron todos al unísono.
. . .
Faltaban quince minutos para terminar las clases y los celulares de los alumnos empezaron a sonar, era la señal para revelarse. Segundos después todos se pusieron de pie y con música por los altavoces-Deidara pudo hacer un truco para que eso fuera posible-, seguido de un grito de varios alumnos a la vez que decían: ¡No más! Y salieron corriendo de sus aulas de clases.
Las reacciones de los profesores fueron distintas, unos estaban sorprendidos, otros se reía a carcajadas, unos parecían molestos y unos cuantos le era indiferentes. Los alumnos de varias facultades se pusieron de acuerdo con aquella "rebelión", algunos no participaron porque no se sentía de esa manera o por miedo de ser reprendidos ante los adultos que son "perfectos" y al parecer jamás fueron jóvenes.
Gritaban, reían, algunos tiraban sus uniformes y otros corrían hacia la salida. Por primera vez, se sentía libres y alegres, sin presiones, sin fingir, sin callar sus dolencias, ni ser perfectos como sus padres y familia quieren que sea.
—¡Somos libres! —gritaba Hidan.
—¡Haré lo que quiera! —le siguió Itachi, quitándose el saco del traje serio que portaba.
—¡No somos de piedra! —sigue Sasori, sintiendo un peso menos al decir aquello.
—¡Podemos equivocarnos! —concuerda Hidan, quitándose la camisa y darle vueltas encima de su cabeza.
Entre risas y lágrimas corrían sin un rumbo fijo, el inicio de una amistad algo inusual y el inicio de vivir su propia vida, sin ser títeres de nadie, sin cumplir los sueños de sus padres, sin fingir que estaban bien, ahora podría ser felices para algo que todos saben es que la vida no es fácil, pero eso no significa que deban de resignarse a ser felices.
Fin.
