Era la quinta vez que recorría el salón y los zapatos de tacón que usaba ese día no ayudaban a sus ya machacadas extremidades, si a eso le sumabas el viaje de casi 4 horas, aunque estaba consciente de que no podía parar, cada vez que lo hacia alguna persona encontraba la manera de detener su caminata y enfrascarse en una plática de poca importancia sobre su vestido, joyas o el palacio donde residía. Normalmente no le importaría y representaría su papel al socializar y encantar a los presentes para reunir más adeptos al reclamo de su hermano mayor, pero hoy, después de más de 4 horas de mantener entretenidos a los presentes su garganta estaba reseca y su cabeza comenzaba a palpitar.

- Así que aquí estás. Llevo un tiempo tratando de encontrarte, comenzaba a preocuparme.

Una voz suave y melódica la hizo volver el rostro hacia el dueño de la misma, un joven alto, de apariencia dulce e imponente y que al mismo tiempo era familiar para ella al ser el mismo rostro que habíavisto diariamente.

- La princesa Emery Wingright saluda a Su Alteza Real el príncipe heredero a la corona James Wingright. - con elegancia posó una mano sobre su pecho y se inclinó parcialmente, apenas flexionando las rodillas y agachando la cabeza para evitar el contacto visual, aunque también lo hacía para ocultar la sonrisa que buscaba abrirse paso en su rostro, tan clara que reflejaba el atisbo de burla que siempre estaba presente en sus saludos compartidos en solitario.

- Puede levantarse princesa. - concedió con tono autoritario antes de tomar su mano con delicadeza y llevarla a sus labios rápidamente. - El príncipe heredero a la corona saluda a Su Alteza Real la segunda princesa.

- Olvidaste mi nombre y títulos... - reprocho dulcemente, frunciendo el ceño ante la mueca de asco en los labios de su hermano. - ¿Para qué me buscabas? ¿No estabas muy ocupado atendiendo a tus asesores?

- Quería escapar de los asuntos de estado un par de minutos. Dejemos que nuestro padre se encargue de ello...

- Antes de su inevitable retiro. - susurro tan suavemente que solo ellos lo escucharon mientras tomaba el brazo que el príncipe ofrecía y comenzaban una lenta caminata. - Pronto tomarás el trono. Deberías involucrarte más.

- ¿Más de lo que ya lo hago? Em, prácticamente estoy gobernando.- se quejó suavemente antes de exhalar dramáticamente. - Solo estoy cansado, ¿tan malo es que quiera pasar el tiempo con mi dulce hermanita?

- Por supuesto que no.

Acaricio su mano con paciencia, consciente de la pesada carga que llevaba sobre sus hombros. Haría lo que fuera para ayudarlo a asegurar su posición, absolutamente todo. James sería un gran rey, era valiente, honorable, inteligente, un gran guerrero y estratega, se preocupaba por su pueblo pero su reino aún sufría los estragos de la guerra, una que aún no estaba del todo terminada, apenas consiguiendo un respiro gracias a la endeble tregua que ostentaba hasta hace un año, aunque los rumores de guerra no ayudaban a la frágil paz, tampoco lo hacía la clara postura del futuro rey en recuperar los territorios expropiados en el norte. La tierra de la que una vez provino su madre, la fallecida reina. Todo esto solo logró que los opositores se reunieran y clamarán por un nuevo heredero.

Emery quería ayudarlo, deseaba hacerlo con todo su corazón, pero había cosas que ella no podía controlar o influenciar, lo sabía muy bien y su hermano también estaba consciente de ello aunque prefiriera evitar el tema. Necesitaba una reina.

- Jamie... se que no te gusta hablar de esto pero... Es necesario que te cases, necesitas alguien que pueda apoyarte en tu ascenso, alguien con un apellido que pueda respaldarte y...

- Em, lo sé, estoy consciente de ello, aún estoy revisando mis opciones. - se apresuró a contestar, de esta manera efectivamente cerrando el tema. - Lo que me recuerda, ¿donde es que está ese prometido tuyo, no se supone que tendría que estar a tu lado?

La mención de su futuro esposo le hizo escanear rápidamente el salón, buscando el color rojo que tanto conocía y emocionaba, sin embargo, no pudo encontrarlo ante el repentino mar de gente que se presentó en el salón.

- No lo sé. Supongo que debe estar con sus hermanos o hablando con otros nobles...

- Se supone que debería acompañarte y ser tu primer pareja de baile esta noche, evitar que todos esos... buitres se acerquen. La tradición marca que en el baile de inicio de año las jóvenes bailen con su futuro esposo, de preferencia que sea el primer...

- Jamie. Nate tiene otras cosas que hacer, no puede estar al pendiente de mí todo el tiempo, ni siquiera estamos casados aún y nadie me ha propuesto bailar hasta el momento, además no es obligatorio que sea la primera pieza.

- ¿Cosas como qué? Es el tercero en la línea de sucesión en su reino. No tiene más que aparecer, sonreír y sostener tu brazo mientras se hacen presentes en los eventos de ambos reinos.

Emery sonrió, si bien sus palabras podrían sonar amargas y envidiosas, lo cierto era que su hermano se preocupaba profundamente por el status de su relación con quien sería su futuro esposo, especialmente en la forma en como él la trataba.

Nathaniel Jungsworth, tercer príncipe heredero a la corona del reino Otrantua, pequeño en territorio y población compensando esas debilidades con el enorme capital económico que poseía y aún así dependiente de su reino natal, Isoula, para mantener su independencia y prosperidad. Ambos territorios se alimentaban el uno al otro, Isoula proporcionando protección militar y un intercambio relativamente justo de recursos mientras que Otrantua donaba constantemente capital invaluable a la corona, tan conscientes como estaban de esta relación de codependencia, ambos monarcas quisieron asegurarse que el trato permanecería intacto tanto tiempo como fuera posible y comprometieron a Emery, su segunda hija con Nathaniel tan pronto como ella complio los 5 años y el los 7.

Ella no lo recordaba pero James dijo que la ceremonia de compromiso fue hermosa y suntuosa, la princesa solo sabía que el vestido que usó esa tarde era pesado, era difícil moverse con él y le cortaba la respiración. Sin embargo, a partir de ese momento ella supo que aquel chico pelirrojo sería parte permanente de su vida.

Nate fue su mejor amigo desde entonces, al ser obligados a pasar tanto tiempo juntos como era posible no habíanada que no conocieran del otro y aunque su matrimonio era una estrategia política planeada por sus padres al final Emery no podía estar más contenta con la elección de su novio, pasaría el resto de su vida con el hombre que la conocía más, podía ser mucho peor.

- Es un inútil... - murmuró por lo bajo el joven a su lado, como si realmente esperara que ella no escuchara.

- Jamie...

- ¿Esta molestandote otra vez, Emy?

Un gruñido de parte de su hermano fue la única respuesta que recibió aquella pregunta formulada por un hombre joven de pie a su lado, los ojos verdes, iluminados por una chispa de diversión fijos completamente en el príncipe antes de palmear con fuerza su hombro y dirigirse hacia ella, inmediatamente sin preguntar tomo su muñeca y la llevó a sus labios para evitar inclinarse de más, antes de depositar un casto beso en la cara interna de la misma, una terrible falta de respeto que probablemente se castigaría duramente si no fuera quien era y llevara haciéndolo como gesto personal desde que era una bebe.

- Darian. ¿Así es como saludas a tu futuro rey y a la princesa? ¿Dónde está tu respeto por la familia real? ¿Acaso estás buscando la muerte?

- Me disculpo Alteza Real. No pensé que estuviera de humor para falsos saludos. Acepto mi equivocación. Sin contar que tecnicamente no estamos dentro del territorio de Isoula sino en un estado neutral.

- Eres tan cínico. - reprocho, sin embargo, el tono displicente quitó cualquier tipo de reclamo en la frase, acostumbrado ya a la irreverencia de su primo y mejor amigo.

Darian Limerick, duque de Treailles, prácticamente territorio vecino de la capital, habia pasado más de la mitad de su vida viajando entre su ciudad natal y el palacio real, compañero de armas de su hermano y una de las pocas personas que contaba con su completa confianza. Si no se prestaba suficiente atención incluso podrían confundirlos como hermanos al compartir el mismo tono de cabello castaño rojizo de la familia real, seguramente producto de su tatara tatara tatara abuela quien fue hermana de su propio tatara tatara tatara abuelo, eran familia muy lejana, pero familia al final.

- ¿Qué haces aquí? La última vez que te vi fue en el condado del este. Dijiste que te quedarías allí hasta el próximo mes.

- ¿Y perderme esta fiesta donde todas las personas importantes se reunen y el cumpleaños de Emy en un par de semanas? Nunca

- A ti solo te importan las fiestas...

- Jamás me perdería ningún evento importante en la vida de mi querida Emy.

Su mano se apoyó suavemente en el cabello de la princesa, acariciándolo con paciencia y cariño como lo habia hecho miles de veces desde su infancia. Darian realmente la quería, la adoraba intensamente, desde el primer momento en que sus ojos se posaron en la regordeta bebe se robó su corazón y se volvió lo más preciado de su vida. Al ser hijo único siempre sintió una soledad gigantesca que se aderezaba con el peso de los deberes que heredaría junto a su título, sólo la compañía de su mejor amigo podía desvanecerla, pero en cuanto vio a la princesa en los brazos de su hermano mayor, aquellos sentimientos desaparecieron como si jamás hubieran existido y desde ese preciso momento juro que su seguridad sería definitivamente una de sus prioridades, pondría su vida como garantía si eso significaba que su adorada Emy estaría a salvo y feliz para siempre y esa era la razón por la que su prometido no era del todo de su agrado.

Solo faltaban un par de meses para la boda, en cuanto Emery cumpliera los 18 años de acuerdo a la ley matrimonial de Isoula sería considerada como una mujer adulta, apta para las nupcias y tan solo dos semanas después uniría su vida al príncipe Nathaniel, quien desde hacía un par de años no era ni de lejos el prometido modelo que se supone debería ser, los preparativos ya estaban en marcha y aunque sabía lo mucho que la princesa deseaba esa unión también estaba seguro de que la competencia por su mano, que hasta el momento se habia mantenido tranquila y oculta por el rey y el príncipe, empeoraría ahora que el tiempo alcanzaba ya su límite y nada estaba escrito en piedra hasta que ella diera el sí en ese altar. Le preocupaba su seguridad y el hecho de que aquel supuesto prometido no se encontrara a su lado en un evento público no hacía más que empeorar el ambiente aunque ella no lo notara.

Un movimiento en su lado izquierdo lo hizo tensarse al reconocer la presencia que se acercaba lentamente hacia el lugar donde se encontraban y por la posición del príncipe supo de inmediato que él también lo habia notado, de manera imperceptible asintió, animando su decisión.

- Su Alteza Real, ¿me concedes este baile?

- ¿Ahora? Pero...

- La fiesta no puede disfrutarse del todo si no baila al menos una vez y si promete no machacar mis pies con sus hermosos zapatos como solía hacerlo, estaré encantado de acompañarla en tantas piezas como así lo desee.

- No siempre te piso. - sus mejillas se sonrojaron con fuerza, aun así tomó la mano que se le ofrecía y lo siguió mientras tomaban un espacio entre las personas que ya disfrutaban de la música.

Los brazos de Darian, tan familiares como los de su hermano, rodearon su cintura con seguridad y con la elegancia que siempre lo habia caracterizado la guió entre las parejas de bailarines, deslizándose al ritmo del violín.

Moverse en completa sincronía con él no le fue difícil, aprendió a bailar en los brazos del mismo chico y sus movimientos le eran tan conocidos como los propios por lo que era muy sencillo sumirse en una conversación durante estos momentos.

- ¿Recuerdas cuando aprendiste a bailar? Lo detestabas en serio.

- Jamie y tú siempre me molestaban, pero era mucho más pequeña y ustedes demasiado altos. Claramente eso afectaba mi equilibrio.

Su risa llenó sus oídos, logrando que lo imitara de inmediato mientras los recuerdos de su niñez la invadían con rapidez incluidas las burlas y juegos que al principio no eran de su agrado pero que ahora la llenaban de nostalgia.

- A veces desearía que el tiempo se detuviera y permanecieramos como antes, niños sin tantas responsabilidades, siempre seguros y protegidos.

- Supongo que todos compartimos el mismo deseo de alguna manera, permanecer en las épocas sencillas, pero hay cosas que no podemos cambiar, el tiempo es una de ellas.

Darian permaneció callado, notando por primera vez los cambios que los años trajeron a la princesa, no solo su cabello habia crecido hasta rozar su cintura, su cuerpo habia cambiado hasta obtener volumen donde antes no lo habia, incluso con aquellos vestidos pensados para ocultarlo se podían notar, sus movimientos eran elegantes y estudiados, dedicados a obtener la atención y su mirada aunque conservaba la inocencia de aquellos años de infancia ahora poseía un brillo de astucia que aparecía cada vez que se posaban en alguien nuevo, analizando. Incluso su voz, sosegada, denotaba inteligencia al dirigirse a personas fuera de su círculo de confianza. Se estaba convirtiendo en una mujer hermosa e inteligente y no podía estar más orgulloso de ella.

La música se detuvo y ella se alejó un paso para poder realizar la reverencia que marcaba el final del baile, Darian la observó por segundos antes de imitarla, como si olvidara la etiqueta, abrió la boca para decir algo pero antes de que cualquier palabra pudiera abandonar sus labios se vio interrumpido por una voz incluso más cínica que la suya de ser eso posible, solo que esta no estaba teñida de camaradería, claramente sus palabras buscaban alterarlo.

- El Duque Limerick no debería acaparar a su Alteza por tanto tiempo. Debería saber mejor que nadie que hay una larga fila esperando por los favores de la princesa, muchos tenemos la esperanza de que nos honre al menos con un baile esta noche y usted continúa apartándola de nosotros. La lista es interminable, aunque si no me equivoco yo soy el segundo.

Darian apretó los puños, enfocando inmediatamente su atención hacia el joven frente a él. Por un momento quiso ocultar a Emery de la mirada astuta que la recorrían de pies a cabeza así que dio un paso al frente cubriendola con su cuerpo.

- No entiendo a que se refiere Seabrook. Le pedí un baile a la princesa y ella tuvo la amabilidad de aceptar, incluso estoy pensando en...

- Pero Limerick, ¿acaso olvidó el protocolo adecuado para dirigirnos entre nosotros? Estoy consciente de su cercanía con la familia real pero... tenemos el mismo rango.

Los dos jóvenes se observaron fijamente creando una tensión en el aire que hacía difícil el respirar normalmente, era fascinante verlos como si se enfrentaran solo con la mirada y ambos estuvieran en igualdad de condiciones, repentinamente, en lo más profundo de su mente surgió la pregunta; ¿si ambos pelearan quien venceria? Sin embargo, ya habia dejado que esto avanzara de más y no era conveniente dar una escena frente a los presentes, mucho menos si consideraban la presencia de la familia imperial, quienes vigilaban atentamente, buscando una brecha por donde ingresar. Suavemente pero con el volumen suficiente como para atraer la atención de su compañero y el recién llegado, Emery aclaró su garganta.

- Disculpe mi falta de propiedad y respeto. - se apresuró a decir el chico de ojos verdes y cabello rubio e inclinarse frente a ella mientras extendía la mano. - El duque Alec Seabrook saluda a su Alteza Real Emery Wingright, la segunda princesa.

- Su Excelencia, me alegra que pudiera acompañarnos el día de hoy. - observó cómo el joven duque beso con delicadeza sus nudillos antes de que le permitiera levantarse - ¿Está teniendo un buen momento?

- Por supuesto Alteza. Aunque definitivamente puede mejorar si me concede una pieza.

Emery sintió la tensión proveniente de su compañero y la mirada fulminante que venía desde el otro lado del salón ante la invitación, claramente ni a su hermano ni a Darian les agradaba esta persona, pero no podía negarse de manera tan directa y recurrir al pretexto de estar demasiado cansada se descarta gracias a su anterior interacción. Los susurros comenzaron a rondarlos conforme el tiempo sin respuesta se alargaba, la habia acorralado, muy inteligente de su parte.

- Por supuesto Su Excelencia, será un honor.

No perdió el tiempo y sin prestarle más atención a Darian, como si realmente nunca hubiera estado allí se apresuró a alejarla y llevarla al otro extremo de la pista donde ocuparon su lugar en la fila que ya se formaba, lo cual le brindó un respiro, de esta forma no tendrían que hablar, también le permitióanalizarlo, no habíapasado mucho tiempo en su presencia al ser su ducado Beumorot, ubicado en el norte del reino, aproximadamente a un mes de viaje de la capital lo cual le impedía socializar demasiado en los círculos cercanos al palacio, solo un par de veces habían coincidido en el mismo lugar aunque nunca intercambiaron más que los saludos de cortesía y eso tampoco detuvo los rumores sobre su activa vida amorosa y tampoco la hacía ciega ante su imagen. Podía entender cómo es que decenas de mujeres cayeron ante el encanto del duque, los intensos ojos verdes que parecían analizar y descubrir cada uno de sus secretos, el brillante cabello rubio que invitaba a deslizar los dedos entre las hebras y especialmente la sonrisa traviesa que le dedicaba a todos de manera enigmática como si supiera todo y no estuviera dispuesto a compartirlo.

- Alteza, ¿le han dicho que se ve especialmente hermosa hoy? - prácticamente le susurro al oído cuando los pasos y el ritmo de la música los acercaron, su cuerpo inmediatamente se tensó ante el movimiento.

- No sería el primero en mencionarlo. Pero lo cierto es que me cuesta trabajo creer su afirmación. Considerando que apenas si me ha visto un par de veces.

- Es cierto. - rio suavemente, su voz grave podría haber hecho desmayar a cualquiera pero ella pudo escuchar la nota falsa detrás de la frase. - Pero los rumores de su belleza han cruzado fronteras hasta llegar a mi humilde territorio y puedo decir que se han quedado cortos.

- Bueno, no son los únicos rumores que han llegado a la capital desde su ducado.

- ¿Ah sí? ¿Cómo cuáles?

- Digamos que seguramente no soy la única mujer a la que le ha dicho este tipo de cumplidos sin esperar lograr algo al final de la noche.

- Me sorprende su franqueza y cuan directa es, así que permítame serlo igualmente. Es cierto que es un cumplido muy frecuente pero es la primera vez que lo utilizo sinceramente.

Emery rió, incrédula y segura de que las palabras previamente dichas eran parte del muy elaborado plan que siempre ponía en acción, aunque no estaba segura de que es lo que buscaba tratando de conquistarla ya que ella estaba comprometida en matrimonio.

- Se que no soy del agrado de su Alteza Real, el príncipe heredero y tal vez esa sea la razón por la que usted está tan a la defensiva conmigo. - su sonrisa flaqueo mientras trataba de mantener la expresión neutral en su rostro.

- ¿De qué está hablando Su Excelencia? Su Alteza Real no tiene ningún tipo de preferencia, aprecia a todos los nobles por igual, después de todo somos un mismo reino y nos necesitamos mutuamente.

- ¿Es eso cierto Alteza? - la nota de incredulidad fue tan clara que le hizo preguntarse si el duque tenía algo personal contra su hermano. - Si es así, entonces ¿por qué no me da la oportunidad de mostrarle mi verdadera personalidad? Estoy seguro de que encontrara la experiencia mucho más educativa y entretenida que la personalidad de la persona que se encuentra actualmente a su lado.

Su expresión se congeló inmediatamente ante la clara implicación a su prometido, abrió la boca para responderle pero lo que sea que fuera a decir se atascó en su garganta al sentir la mano del duque deslizándose lentamente desde la palma, por la muñeca hasta el antebrazo en una caricia, lenta, suave, dejando un rastro de calidez que erizó su piel, sorprendida y asustada por las reacciones completamente nuevas de su cuerpo dio un paso hacia atrás rápido como si se enfrentara a un animal ponzoñoso y letal, ante el repentino movimiento, el tacón de su zapato se atoro en el filo del vestido y perdió el equilibrio. Se habría estrellado contra el suelo de no ser por el brazo firme y estable de su compañero quien la atrajo hacia su cuerpo, poniéndola de nuevo sobre sus pies, dejando nada de espacio entre sus cuerpos, sus rostros tan cerca que podía sentir el olor a menta de su colonia. ¿Sus ojos siempre habían sido tan verdes con pequeñas motas grises?

- Entonces Alteza... ¿Qué opina? ¿aceptará mi propuesta?

Emery no respondió durante un par de minutos antes de recomponerse y alejarse, sin embargo, el duque continuó sosteniendo su muñeca con fuerza, como si no pudiera dejarla ir del todo.

- Duque Seabrook, me parece que está sobrepasando el límite, no debe olvidar que yo soy la princesa de este reino y estoy comprometida, no creo que quiera que sus acciones sean malentendidas.

- Lamento mucho si mi comportamiento la incomodo, creí que sería apropiado hacerle compañía ya que se encontraba sola. Alteza, debería tener cuidado, muchos podrían malinterpretar, como yo, la situación de su compromiso si el príncipe no se encuentra con usted en eventos importantes.

Apretó uno de sus puños sobre la falda de su vestido tratando de ocultarlo con los pliegues, sorprendida y furiosa ante las palabras del hombre frente a ella trato de soltarse del agarre con violencia sin lograrlo del todo. ¿Acaso no temía las consecuencias que le podrían traer aquellas frases? Si alguien llegara a escuchar el intercambio...

- Duque, ¿le molestaría soltar a mi prometida?

El aludido la soltó inmediatamente, alejándose dos pasos mientras que Nathaniel se posicionaba sutilmente entre los dos, ocultandola parcialmente de su vista, casi cubriendola con su 1.87 de estatura y Emery no pudo estar más agradecida al verlo aparecer.

- Por supuesto Alteza, yo solo me aseguraba de que la princesa no estuviera sola, no es bueno para nadie que todos los presentes notaran...

El ceño del príncipe se intensificó, casi como si deseara desaparecerlo con la fuerza de su mirada, probablemente tenía que ver con la falta de propiedad y actitud descarada del hombre frente a ellos y no con que haya escuchado las proposiciones anteriores. El aire se cargó de una electricidad que anticipó la furia que estaba a punto de desatarse entre los dos hombres y aunque admitía que deseaba borrar la sonrisa autosuficiente del apuesto rostro del rubio, sabía que no podía hacer nada contra él de manera tan directa. Su ducado podía ser el más lejano pero territorialmente era el más vasto, Alec Seabrooke era el dueño de la mayoría de las minas de diamante y oro del reino, si decidíade alguna manera cortar relaciones con la familia real el reclamo de su hermano sería mucho más inestable de lo que ya era.

- ¿Y esa es la razón por la que sostuvo a la princesa de esa manera tan irrespetuosa ?

- Cariño. - Se apresuró la princesa a interrumpirlo rápidamente con el tono de voz más meloso y dulce que poseía, mientras posaba su mano en su pecho con suavidad. - Su Excelencia solo trato de ayudarme, sabes lo torpe que suelo ser y los vestidos de fiesta lo empeoran, el impidió que cayera.

Nate posó la mirada en su rostro, tratando de leer sus acciones y jugar el papel que ella quería representar, no le fue difícil, la conocía como la palma de su mano así que frenó inmediatamente sus intentos de recriminarle y se limitó a asentir con educación antes de volver completamente su atención hacia la princesa.

- Querida. - suavemente y con toda la intención de que los presentes notaran el gesto, se inclinó y besó con cariño la mano de la joven. - ¿Te han dicho que luces exquisita esta noche?

- Claro que sí. Pero ninguno de esos cumplidos valen más que el tuyo.

- Soy un hombre con suerte.

- Lo es Alteza.

Nate dirigió su mirada hacia el hombre que aún se encontraba a su lado, como si recién recordara su presencia.

- Lo lamento duque, creí que se habia marchado pero estoy seguro que comprenderá que mi atención sea dispersa ante la presencia de la mujer que se convertirá en mi esposa.

El énfasis en la palabra esposa no pasó desapercibido, sin embargo, el duque no se alejó, como si estuviera aceptando un reto no verbalizado.

- Ahora sí nos permite, parece que las parejas esperan que la pista se despeje para continuar con lo que hacían, para lo cual están hechos los bailes. - señaló con sutileza a las personas que susurraban con rapidez a su alrededor y por primera vez el duque pareció sorprendido. - Querida, ¿me permites esta pieza?

- Por supuesto Alteza.

Tomando su mano ambos se alejaron nuevamente mientras él deslizaba su brazo en su cintura con firmeza y posesividad, rápidamente se movieron al unisono, desplegando el encanto y el cariño que en la corte daba tanto de qué hablar tanto como una alianza política inteligente, como una historia de amor de cuento de hadas, ambos sonrieron brillantemente mientras el apretaba el agarre en su cintura, pegando más su cuerpo al propio.

Alec observó todo desde su actual posición al lado en la orilla del salón, su mirada brillando con envidia, aunque no totalmente hacia el príncipe que sostenía entre sus brazos a una de las mujeres más hermosas del reino, sino de la princesa, quien poseía no solo los recursos, como se mostraba en todas las decoraciones de piedras preciosas en su vestido o en las joyas que adornaban sus manos y muñecas, incluso cuando el atuendo era demasiado aniñado para su gusto, muy inocente, tratando de mantener la imagen tan bien creada de la dulce y virginal princesa que tanto se habían esforzado en crear, sino también en el poder que su título ostentaba, al ser la hermana favorita del futuro rey, su tesoro más grande, cualquier hombre que la desposara contaría con acceso a todo, incluido el apoyo al completo de la familia real. Si tan solo pudiera poner sus manos sobre ella, si ella cayera en sus tan bien creadas redes, si tan solo su plan hubiera funcionado y esa noche hubiera podido llevarla a la cama... Entonces haría correr los rumores, para el día siguiente su compromiso estaría roto y él la salvaría al desposarla, el más grande tesoro del príncipe James sería suyo y todo ese poder, ese apoyo también lo sería y en el futuro, cuando concibieran un hijo... sería un descendiente a la corona y si el joven príncipe continuaba con su negativa a casarse, entonces el trono sería de ellos. Tenía que conquistarla, debía hacerla suya, si quería que su territorio y su gente sobreviviera ante la hambruna, la sequía y la pobreza que poblaba su ducado, problemas que la familia real prefería no mirar, entonces tenía que conseguir esos recursos por su cuenta, debía arrebatarsela de las manos a ese estupido príncipe que solo se regocijaba ante el poder que sus padres le habían heredado, debía hacerlo costara lo que costara.

Mientras tanto la joven pareja se movía con gracia entre las parejas, quienes después de un tiempo decidieron regresar a sus asuntos y fue hasta ese momento en el que ambos príncipes pudieron relajarse. Emery se inclinó para recargar su rostro en el hombro de su compañero de forma que sus labios rozaban su oído.

- ¿Dónde estabas? Fuiste anunciado hace más de dos horas, se supone que debías saludar a mi hermano en cuanto llegaste.

- Ya lo sé. Es solo que mis hermanos me dirigieron directamente a la mesa de vinos. ¿Te han dicho lo deliciosa que está la cosecha de hace 5 años?

- ¡Nathaniel! En Isoula aún no eres lo suficientemente mayor como para beber alcohol.

- Em, soy lo suficientemente mayor como para contraer matrimonio en un par de meses y por si lo olvidabas, cosa que sorprendentemente haces desde que somos niños, soy mayor que tú por dos años.

- Aun así, no está bien que el príncipe del reino vecino, con quien tenemos una alianza prefiera un par de copas que a su prometida.

- Lo se, lo se. Me disculpo, no volverá a pasar.

- Nate, no creo que seas consciente de lo que nos estamos estamos jugando James y yo en Isoula, su sucesión está en duda y muchos nobles están solo de nuestro lado por los beneficios que Otrantua les trae, si ellos siquiera llegan a sospechar que este compromiso está en el mínimo peligro de romperse...

- Em, está bien, lo entiendo, Isoula no es el único que tiene algo que ganar. Somos amigos y sabemos las razones por las que hacemos esto. Lo prometo, no volverá a pasar, seré el prometido modelo a partir de ahora, además, hice un perfecto trabajo al defenderte de ese tipo, ¿no es cierto?

- Tengo que concederle eso al menos... ¿de verdad piensas que me veo exquisita?

Nate la observó con sorpresa antes de dejar que sus ojos vagaran por su cuerpo, frunciendo el ceño ante lo que vio y el sonrojo que ya habia poblado sus mejillas desapareció casi con la misma rapidez con la que llegó.

- Claro, estas muy bonita esta noche.

Esa era la palabra clave, "bonita", no hermosa, no exquisita, simplemente "bonita", esa palabra dicha en este momento le pareció casi un insulto, ella sabía que él simplemente la consideraba una amiga, pero el hecho de no ser ni mínimamente deseada por el hombre con el que pasaría el resto de la vida hería su orgullo, tal vez esa fue la razón por la que reaccionó de esa manera ante los halagos de Alec Seabrook.

Nate sabía que tenía que casarse con Emery, siempre lo habia hecho, era algo tan real y sólido como el mismo hecho de que era pelirrojo, nunca lo puso en tela de duda o se rebelo ante ello, era parte de su vida y ya estaba, pero con el paso de los años, entrando él a los 20, se dio cuenta que no era joven poco agraciado al contrario, tantas damas peleaban por el solo para pasar al menos 10 minutos a su lado, noto lo divertido que era la compañía de mujeres que no se veían tan recatadas, tan inocentes; adoraba a su prometida, era su mejor amiga y no veía a nadie más apropiado que a ella para pasar el resto de su vida y crear una familia, pero Emery a pesar de ser preciosa aún se vestía como una niña de 12 años, estaba consciente de que era una estrategia de sus asesores pero... a veces él quería perder el peso de sus cargas en los brazos de mujeres dispuestas a soltarse un poco.

- ¿Algo te molesta?

Apenas susurro en cuanto noto la expresión sombría de la princesa, que parecía a punto de soltar lágrimas, preocupado por haber dicho algo incorrecto, aunque solo encontró halagos y no pudo ver en donde es que su carácter amigable habia decaido.

- No, por supuesto que no. Todo está bien. - se apresuró a decir.

Sabía que Nate no la veía como una mujer deseable, estaba lejos de mirarla como lo hacía con otras mujeres de la corte, también estaba consciente de que su matrimonio era una estrategia política y no una unión de amor y aun asi, con todo eso, era doloroso saber que no era deseada, aunque eso poco importaba su deber era casarse y traer una estabilidad al ya existente tratado con esa boda.

- ¿Te quedarás con nosotros hasta la ceremonia? Podemos arreglar una habitación en el palacio para que puedas quedarte con nosotros.

- Te lo agradezco Em. Pero mis hermanos y yo partiremos a Otrontua esta noche, tengo algunos asuntos que finalizar antes de nuestro matrimonio pero regresare justo antes de tu cumpleaños. Lo prometo.

- Está bien. No tienes que prometer nada, confío en ti plenamente. Aunque el viaje es bastante cansado, pudieron quedarse, no era necesario que vinieran.

Una expresión de tristeza cruzó por el rostro del joven tan rápido que por un momento ella creyó imaginarla, una punzada de angustia apretó su pecho y miles de pensamientos corrieron por su cabeza, sin embargo, decidió alejarlos al reconocer que no era el momento adecuado para profundizar sobre ellos.

- Bueno, tenía que hacer mi parte y venir por ti. - su frase trató de aligerar el gélido humor que repentinamente los rodeó sin mucho éxito. - Además es una oportunidad muy rara, no todos los días todos los nobles de Isoula y Otrontua se reúnen en un mismo lugar, las conexiones que se pueden crear esta noche... pueden cambiar un destino. - sus ojos se perdieron un momento en la lejanía antes de regresar su atención hacia su prometida. - Tu padre incluso invitó a la familia imperial de Liguesa, parece que está buscando que la tregua se convierta en un tratado y la paz sea definitiva.

- Creo que así es. Isoula no puede seguir costeando esta guerra...

Su murmullo fue tan bajo que incluso fue difícil para Nate entenderlo, ambos sabían que esa información tenía que tratarse con cuidado ya que habia ojos y oídos por todos lados, nadie debía saber que esta vez, al contrario que otras tantas, la paz era tan inestable como un puente colgante y en esta ocasión seguramente no terminaria con pocas pérdidas.

Suspirando Emery concentró su mirada en la familia imperial Rowland, quienes se encontraban de pie, apartados en una esquina del salón, rodeados de guardias que portaban el escudo de su familia, impenetrables, intocables. Los ojos azules del emperador, un hombre alto y corpulento, un soldado en toda la extensión de la palabra, danzaban ante la escena frente a él, analizando cada movimiento. La mujer a su lado quien ya lucía canas en el cabello azabache se limitaba a observar el vino en su copa, aburrida, aunque por el ceño en su rostro podía adivinar que estaba prestando atención a cado uno de los movimientos realizados cerca de ella y por ultimo, el unico que no parecía estar a la defensiva, un chico de no más de 16 años de edad, alto y delgado que comenzaba a dejar las características infantiles propias de la adolescencia para convertirse en las de un joven con una piel pálida que contrastaba con el color azul de sus ojos, aunque él parecía completamente fuera de lugar, nervioso e incómodo incluso al lado de su familia.

- ¿Los conoces? - preguntó Nathaniel en cuanto noto la dirección de su mirada.

- Solo de vista. Mi padre nunca me ha permitido acercarme a más de un par de metros en las raras ocasiones donde coincidimos, pero se que el hombre mayor es el emperador Ruben Rowland I y la mujer a su lado es su hermana, la princesa Katherin, ¿no es cierto?

- El emperador Ruben es la razón por la que nuestros reinos han formado esta alianza. - sin soltarla o alejarse comenzó a relatar al príncipe, buscando distraer la atención de la plática anterior. - Fue su abuelo quien inició la guerra con Isoula pero fue él quien la hizo más cruda, gracias a él se ganaron tantas batallas y su territorio se expandió en la búsqueda de recursos para acabar con tu pueblo. No fue hasta que quisieron tomar Otrotua que ambos reinos se unieron, prácticamente igualando al imperio y poniendo la guerra en un punto muerto que hasta nuestros días no ha podido despejarse. - Emery regresó su atención al trío con renovado interés, ese era el hombre que habia tomado el territorio de su madre y habia puesto en jaque a su pueblo y familia durante años, quien era ambiguo al momento de negociar la paz. - No creo que este conflicto dure mucho más tiempo, está envejeciendo y pronto tendrá que dejar el trono a su heredero, es un alivio que el chico se vea un tanto débil, incluso un poco fácil de manipular...

Los ojos cafés de la princesa se encontraron con los de su prometido en un gesto de reproche, no podía hablar de más, mucho menos referirse así al futuro heredero de un país que prácticamente los tenía sujetos del cuello, la única respuesta que obtuvo fue un gesto de disculpa.

- Lo que me recuerda, tu hermano debería incluirlo o al menos intentar hablar con él, reforzar relaciones... ¿por qué lo dejaría aislado?

- No creo que sea la mejor idea. James aún está decidido en recuperar el territorio que padre cedió hace un tiempo, no haría ningún bien a la tregua si comienza a pelear con el joven príncipe.

- Tienes razón. Deberías ir tú, ciertamente tu hermano no es la persona más encantadora del mundo, en cambio tú podrías tratar de hacerlo sentir incluido.

- ¿Acaso estás ofreciendo a tu prometida a otro hombre?

- Por supuesto que no. Me estoy preocupando por los intereses de la familia de mi prometida... - ambos rieron suavemente, regresando a la dinámica sencilla que siempre habia caracterizado su relación. - Tu y yo podríamos intentar hablar con él, no sería extraño si nosotros, personas que no tenemos un interés directo al trono, tratamos de dejar una buena imagen con el futuro emperador.

La música terminó en el momento preciso, así que lo tomó como un designio y sin darse más oportunidad a dudar, tomó el brazo ofrecido por su prometido y ambos se dirigieron hacia el extremo opuesto de la pista.

Estaban cerca de alcanzar su objetivo cuando un soldado con el símbolo de la casa imperial se plantó frente a ellos, evitando que continuarán con su camino.

- No pueden avanzar más. No tienen permitido acercarse a ningún miembro del imperio de Liguesa.

- ¿Estás consciente de con quien estas hablando? - se apresuró a levantar la voz Nathaniel, tratando de hacerlo retroceder al usar su estatura y su título. - Somos el tercer príncipe de Otrontua y la segunda princesa del reino de Isoula.

- Sin excepciones. - el soldado dio un paso más, acercándose incluso mas a la pareja.

- Nate, está bien. - Emery frenó el avance de su prometido, preocupada por su seguridad. - Solo queríamos presentarle nuestros respetos al príncipe heredero pero comprendemos perfectamente que su seguridad es muy importante. Nos disculpamos por nuestro comportamiento. Vamos.

- ¡Esperen! - el grito proveniente de algún punto detrás de la masa de músculos que era el guardián detuvo su retirada. - No se vayan.

El joven que hasta hace un par de segundos se encontraba de pie junto al emperador y princesa ahora los miraba con los ojos azules completamente abiertos en una máscara de ansiedad, con rapidez y destreza evito las manos del soldado, quien trató de retenerlo y trotó hasta encontrarse frente a frente con Emery.

- Permítame disculparme a nombre de toda la familia imperial Rowland por el grosero comportamiento de mi guardia. Le pido su comprensión, están un poco nerviosos, no es muy común que abandone el palacio, mucho menos para asistir a una fiesta...

- Del país con el que están en guerra.

- ¡No, no es a lo que me refería! Es solo que... ellos creen que soy muy joven y... - replicó con energía, preocupado por causar un malentendido con la princesa mientras sus pálidas mejillas adquirían un tono carmín, lo cual solo logró dibujar una sonrisa en los labios de la chica. - Solo están exagerando.

- Está bien Alteza. Lo puedo comprender, cuando eres una persona valiosa los cuidados a veces parecen ser excesivos, pero es solo porque a las personas les preocupa su bienestar, debe comprenderlos.

No hubo una réplica, el joven príncipe quedó boquiabierto frente a ellos, encantado ante la expresión dulce que le dedicó, un detalle que no pasó desapercibido para Nathaniel.

- No nos hemos presentado Alteza. Mi nombre es Nathaniel Jungsworth, tercer príncipe del reino de Otrantua y esta es mi prometida.

- Emery Wingright, segunda princesa de Isoula. Es un placer conocerlo Su Alteza Imperial. Le doy la bienvenida al reino y espero que usted y su familia estén teniendo un momento agradable.

- Le agradezco su bienvenida Alteza. Mi nombre es Alexander Rowland, príncipe heredero a la corona imperial. - extendió la mano con cuidado y Emery pudo notar que temblaba cuando beso sus nudillos.

- No sabe cuánto apreciamos su presencia en el evento de hoy, es muy importante para nosotros que nuestra gente pueda ver cómo es que nuestras familias y por lo tanto nuestros territorios pueden llevarse bien y alcanzar la tan deseada paz.

- Es algo que todos nosotros deseamos Alteza.

Un silencio se apoderó repentinamente del momento ante la incomodidad que se instauró entre ellos, Emery trató de encontrar un tema de conversación seguro, el que fuera pero todo parecía demasiado político, tan peligroso para tratar en este momento.

- Alteza, disculpe mi atrevimiento y puede decir que no si así lo desea pero... ¿podría permitirme bailar la siguiente pieza con usted?

El rostro del príncipe enrojeció más de ser posible y evito su mirada por todos los medios incluso si su mano estaba extendida hacia ella, Emery lo observó sorprendida ante la propuesta y pudo sentir claramente la tensión proveniente de su prometido, aun así no pudo ver ninguna razón válida por la cual negarse, después de todo el propósito era hacerlo sentir incluido.

- Seria todo un honor Alteza.

- Em...

Las palabras de su Nate fueron acalladas cuando el pelinegro, con una sonrisa de emoción en el rostro, tomó su mano y sin perder tiempo se unió rápidamente al círculo de bailarines que ya se preparaban para la siguiente pieza; un vals.

Emery reconocería los acordes donde fuera, eran una de sus piezas favoritas, prácticamente la primera que aprendió, conocida por el nivel de dificultad que conllevaba, preocupada observó que el príncipe los habia posicionado en un lugar en el que estarían a la vista de todos los presentes, ¿estaba consciente de eso? ¿cómo reaccionarían los demás al verlo tratar de mantener el paso?

- Alteza, podemos esperar, no es necesario...

- No, está bien.

Inmediatamente con un gesto de disculpa y concentración rodeo su cintura, manteniendo una respetuosa distancia entre ambos, entrelazo sus dedos, tomó la postura adecuada y comenzó a moverse en completa sincronía al ritmo de la música. Sus pasos, firmes aunque mínimamente inseguros la guiaron a través de las parejas, cada uno de sus movimientos, perfectamente estudiados seguían la secuencia con tanta precisión como la de cualquiera en la sala.

- Alteza, lo está haciendo muy bien. - le dijo después de recuperarse de la sorpresa y antes de que su compañero la hiciera girar sobre su propio eje y regresará a sus brazos para continuar con el ritmo. - No esperaba que fuera tan bueno.

- Investigue sobre los bailes típicos de Isoula y Otrontua para estar preparado...

- ¿Preparado?

- Pensé que... participar activamente en el baile me haría estar menos aislado y facilitaría mi tarea de crear algún tipo de buena conexión con los presentes que pudiera ayudar a que esta... tregua sea más duradera que sus predecesoras.

- ¿Usted quiere que esta tregua perdure? - dijo antes de notar la mirada sorprendida y un tanto acusadora del príncipe. - Quiero decir, conociendo la ideología de su padre...

- Lo sé. Se que mi padre quiere continuar con esta guerra hasta que los territorios queden tan debilitados que no tengan más opción que abdicar y jurar lealtad a la casa imperial, si no fuera por mi tía...- cerro lo boca rápidamente al notar que estaba compartiendo demasiada información. - Como sea, Isoula y Otrontua no son los únicos que están desperdiciando recursos en esta incansable búsqueda de poder y territorio, Liguesa también continúa dedicando más de la mitad de sus activos en esta pelea, activos que podríamos dedicar a causas mucho más inteligentes.

- Ese es un excelente punto de vista Alteza. Pensar en su gente es muy respetable para un líder. - el chico se encogió un poco ante el cumplido, como si las palabras lo avergonzaran y fue en ese momento en que Emery se dio cuenta que el príncipe era mucho más alto que ella, tal vez un poco más bajo que Nathaniel pero continuaba creciendo, sus hombros no eran tan angostos y los ojos que podían parecer infantiles ya contaban con un brillo de inteligencia que al ser un niño, ella no habia notado, definitivamente sería un joven corpulento y atractivo cuando fuera mayor. - Si usted así lo prefiere puedo presentarle a más personas después de este baile.

- No creo que sea lo mejor, yo...

- Está bien, lo dejaremos para otra ocasión. - sonrió nuevamente y esta vez se sumieron en un cómodo silencio mientras disfrutaban de su compañia.

- Alteza, he estado practicando. - nuevamente el sonrojo invadió sus mejillas y ella no entendió del todo la afirmación- Me he esforzado.

- Lo sé, puedo notarlo.

La música se detuvo y ellos también, sin embargo él no la soltó, la miro confundido, como si no entendiera la razón detrás de su respuesta, como si hubiera dicho algo completamente fuera de lugar.

- Alteza, ¿acaso usted no...?

- Emery. Nos vamos.

James la tomó por la muñeca con fuerza y la alejó con tanta rapidez que pudo considerarse como violenta, la ocultó detrás de su cuerpo y solo pudo ver cómo es que hacía una inclinación educada antes de caminar hacia la salida.

- Me disculpo alteza. Nos iremos primero. - solo alcanzó a soltar antes de tener que trotar tras su hermano. - ¿Qué diablos estás pensando James? ¡Ese era el príncipe heredero de Liguesa! Fue una falta de respeto...

- No puedo creer que el inutil de tu prometido te obligue a bailar con el engendro de Liguesa. ¡¿Acaso no tiene nada más que alcohol en la cabeza?!

- Nate no me obligo a nada... solo queríamos que...

- No me importa que es lo que ese idiota quisiera. No puedo creer que permiti que bailaras con todos esos estúpidos. - murmuró casi por lo bajo, con la incredulidad clara en el tono.

- ¿Qué está pasando?

- Es solo que a la abuela se le olvidó mencionar que hay una vieja leyenda en este territorio donde se dice que cualquier mujer soltera que baile en esta festividad esta destinada a casarse con su pareja de baile.

- Pero estoy comprometida. - quiso reir, su hermano nunca habia sido creyente de ese tipo de habladurías.

- Convenientemente si no has jurado lealtad a los votos matrimoniales eso no cuenta. E incluso si bailaste con tu prometido también lo hiciste con otros tres hombres y uno de ellos es el príncipe del territorio enemigo.

Emery quiso corregir y decir que estaban en tregua, sin embargo, el peso de las palabras la golpeó y repentinamente fue consciente de las miradas de algunas personas a su alrededor, si bien pocos aún eran afectos a esas creencias, lo cierto era que la mayoría pertenecía a los altos círculos de poder en la corte de su país, personas tan poderosas como su abuela misma y el hecho de que ella habia bailado con cuatro hombres esa noche claramente podria causar algun tipo de separación en sus aliados porque eso significaba que ella podía casarse con cualquiera de esos hombres. Si la leyenda tenía algo de verdad su alma gemela podría ser cualquiera de esos cuatro hombres.