Al día siguiente, Grimmauld Place se había convertido en una simulación de la vida en un manicomio. Todos los habitantes parecían vagar en penurias y nadie parecía poder ayudarles. Lo único que los mantenía a raya era saber que pronto Arthur sería dado de alta y podrían ir a verle.

Cuando Harry dormía habían llegado los demás Weasley junto a Hermione. La Navidad había comenzado en el hogar de los Black pero solamente Sirius parecía tomárselo de buena gana. Incluso estaba algo enfadado con él, ya no solo por las memorias que había visto sino por su despreocupación con Arthur. El Señor Weasley era como un padre y sentía en lo profundo el dolor de su familia.

Los gemelos habían dejado de bromear y permanecían encerrados en el cuarto experimentando con criaturas mágicas. Ron jugaba al ajedrez silenciosamente con Remus, mientras que Hermione estudiaba sin parar. Él charlaba con todos mientras intentaba evitar que Sirius estuviese borracho todo el día.

Ese día estaban todos sentados en la gran mesa del comedor, listos para degustar una copiosa comida de la Señora Weasley. Mientras devoraban sus platos, Molly levantó la mano en señal de silencio y todos callaron sus conversaciones. La madura pelirroja simplemente dijo.

—Gracias a Harry vuestro padre—su voz se quebró—se encuentra fuera de peligro mortal. Los curanderos han informado de que el díctamo no funciona en sus heridas por lo que no se cierran. Podría morir desangrado.

Todos se alarmaron mientras que Sirius simplemente brindaba como si nada. Dudando preguntó—¿Qué es el díctamo?

Hermione le echó una mirada de angustia y recitando—El díctamo es la esencia de una planta. Cicatrizá cualquier herida incluso algunas producidas por maleficios. Deja una cicatriz que desaparece a los días.

—¿Entonces porque no dejá de sangrar? —cuestionó el mago.

Hermione no supo que responder pero el profesor Lupin alzó la mano diciendo con voz tranquila—Algunas…maldiciones o magias oscuras no tienen solución—movió la cabeza dejando ver las marcas de sus transformaciones.

Todos escucharon aquello horrorizados por la perspectiva de una muerta desangrado. La magia oscura del veneno de Nagini era demasiado fuerte. Harry había visto a aquella serpiente y ciertamente no era tan amenazante como un basilisco. Se mantuvo pensativo mientras miraba a todos en la mesa. Tan solo una perspicaz Hermione dijo.

—Quizás cosiéndole.

—¿Coser? ¿Su piel? —Ron se atemorizó por aquella barbarie.

—Es algo muggle. Cura heridas graves.

Molly observó a la niña y mirando a Remus dijo—Podemos intentarlo. O al menos darles una idea a los curanderos—el mago asintió angustiado.

Ambos adultos se fueron hacía la chimenea pero fueron interrumpidos por los gemelos que enojados dijeron—Tenemos 17. Queremos ir a ver a papa.

Remus esperó la respuesta de su madre pero está permaneció impasible lloriqueando y con una orden poco firme indicó—Quedaos aquí. Cuando vuestro padre esté bien iréis—no les dejó responder sino que ambos caminaron hacía la chimenea.

Visiblemente enfadados, Fred y George se fueron hacía el cuarto que compartían. Ron miró a Hermione como si evaluase la situación. Harry permaneció estático mientras que un borracho Black afirmó.

—Iré a hablar con ellos.

Se encaminó escaleras arriba mientras que Harry simplemente decidió ir a ver a la pequeña de los Weasley que no había bajado a comer. Lo ocurrido con su padre le había traído recuerdos del basilisco y estaba en un estado casi de shock. No comía y apenas hablaba con nadie. Hermione había comentado que ni se había vestido, por lo que llevaba muchísimo tiempo en pijama.

Subió las escaleras rápidamente dirigiéndose hacia el cuarto de Ginny. El recuerdo de la mamada de la pelirroja se le vino a la mente. Llevaba algo de tiempo sin practicar nada de sexo y ciertamente no quería hacerlo en este momento. Mientras entraba en el cuarto su mente reconstruyo el momento exacto y su miembro reaccionó. A oscuras entre las sábanas se adivinaba un bulto.

Se sentó en la cama de la chica y fue quitando las mantas que la recubrían hasta encontrarse con la figura algo destruida de aquella joven. Ginny Weasley tenía ojos llorosos, estaba encogida, despeinada y llevaba puesto un pijama. El olor a sudor se había fijado al cuarto y lo llenaba todo dejando un olor rancio, desagradable para cualquiera. Harry olfateó con algo de asco, estaba claro que el sudor de las chicas se había acumulado. Acarició el cabello y el cuello de la chica y está se estremeció. Se mantuvo así por un rato hasta que está dijo.

—¿Por qué soy débil?

—No lo eres.

—No pude protegerme a mí. Ni a mí padre.

La acarició aún más envolviéndola entre sus brazos. El olor corporal lo azotó pero se mantuvo firme, envolviendo a la pequeña chica entre sus brazos.

—No lo eres. Eres una gran bruja. Muy hábil volando y con la magia. No debes de preocuparte por tu padre está en las mejores manos—indicó esperanzando a ambos. Parecía surtir efecto ya que recuperó algo de su alegría.

—No soy tan buena. Bones me superá fácilmente en el DE—indicó recalcando algo de celos. Celos que supo ver rápidamente—Además solo estoy en el equipo porque te prohibieron entrar.

Sabía que ambas cosas eran verdad pero no significaba nada. Ginny era excepcional volando y lo había visto recientemente en los entrenamientos. Se quedó callado y decidió alabarla.

—Susan es una excelente bruja sin duda—apagó los ojos de la chica—Pero estoy seguro de que no es capaz de tener una cadera como la tuya. Ciertamente el quidditch hace que las chicas desarrolléis caderas fuertes para sujetaros a las escobas—mirando a las cazadoras de Gryffindorr podía decir que tanto Angelina como Alicia poseían traseros dignos.

Ginny intentó darse la vuelta para restregar su trasero contra la entrepierna de Harry. Lo vio venir pero no se quitó. Dejó que se restregase lo que quisiera mientras él la calmaba con delicado toques de su pelo y cuello. Sin embargo, el olor a sudor concentrado estaba excitando al chico, todo eso junto a los roces y a poder catar el cuello de la chica. Era como un vampiro en busca de su fluido favorito solo que esté no se encontraba en la sangre sino en una cavidad más sagrada. Una cavidad que podía casi afirmar con seguridad que permanecía inexplorada.

No se sentía culpable por aprovecharse la chica. Necesitaba relajarse y pretendía ayudarla a conseguirlo. Esta vez no se preocuparía por su placer sino que miraría por el de ella. Siguió besándole el cuello mientras que su pene iba pulsando contra las nalgas cubiertas de la chica. Sus brazos fueron a las caderas y procedieron a quitar el pijama delicadamente. Ginny gemía en voz baja claramente algo más feliz mientras su cadera iba impulsándose hasta encajar su rabo entre sus nalgas. La chica abrió los ojos momentáneamente al sentirlo contra su piel desnuda. Se sonrojó y en un movimiento audaz se dio la vuelta y lo empujó contra su cama.

Con Ginny encima de él, Harry se vio atrapado entre el pequeño cuerpo de la jovencita y las sábanas manchadas. El olor ya no sabía si venía directamente de sus cuerpos o si venía de las sábanas. Ambos se restregaban y la chica parecía haber pasado de la tristeza a un éxtasis perpetuo. Amaba cada movimiento y respondía con aún más intensidad. Ambos se besaban mientras que el mago jugueteaba con el cuerpo que tenía encima de él. Iba quitando prenda a prenda, en un singular striptease mientras la portadora besaba cada rincón y movía el cuerpo en un intento de excitar aún más. Parecía alegre al sentir el efecto que estaba teniendo en su entrepierna. Una polla que pedía acción y Harry se lo iba a dar.

Mientras iba palpando el crecimiento de esos meses, dio una palmada con ambas manos en sus nalgas. Ese era uno de los puntos positivos de la bruja. Poseía una caderas entrenada y ejercitada junto con unas nalgas nada despreciables. Junto a su cara de niña pícara, su trasero era lo mejor. No por tamaño o firmeza sino por la perfección física que ofrecía. Trabajado duramente en el quidditch. Ginny gimió en voz alta y Harry se sorprendió por el gozo. Parecía poseer algo de vena sumisa.

Mientras la besaba le quitó el sujetador revelando sus pequeños y pálidos senos. Una vez libre de todo atuendo, incluida su ropa interior, Harry dio paso al espectáculo. Su miembro dejó su trasero y se ciñó en el espacio entre él y ella, justo rozando el clítoris en cada movimiento. Ginny estaba enrojecida y ciertamente excitada por todo. El líquido preseminal fluía, lubricando y brindando aún más placer a ambos. Su gozo ya se debía de escuchar en la misma planta y Harry tenía algo de temor de ser visto. Por suerte en la casa no había tanta gente.

Decidiendo incrementar la excitación de la chica, la agarró con fiereza hasta que su boca tocó su oreja. Su mente buscó algún dato que pudiese hacer que Ginny fuese más dócil y manejable y lo encontró fácilmente. Sus comentario sobre Susan y anteriormente en el tren con Hermione. Tenía envidia de las chicas que llamaban su atención, en especial aquellas con las que no podía competir en senos.

—¡Me estás haciendo gozar más que nadie! ¡Oh, Dios! ¡Qué bien lo haces!

Iluminada preguntó entre sonrisas placenteras—¡Soy la mejor! ¡Soy tuya!

Sonrió al entender a lo que se refería la pequeña Ginevra. Por desgracia era demasiado inocente como para entender el significado de esa oración. Cualquier otro hombre habría usado esa frase para tratarla salvajemente. Harry en cambio, usó otro método.

—¡Mucho mejor que Susan!

Eso hizo que le temblase la ceja a la pelirroja pero se mantuvo en su magreo. Harry sabía que mentía, tan solo había visto a Bones desnuda y ni tan siquiera fue suficiente como para experimentar algo sexual con ella. Sin embargo, eso hacía que tuviese más interés en ella. Podían dormir juntos sin preocuparse en cómo se sentiría estar rodeado de sus pechos. Con Ginny sospechaba que si dormían juntos, terminaría embarazándola tarde o temprano.

Masculló ligeramente la bruja—Pues claro que sí. Esa zorra no tiene nada. Solo esos dos…melones con los que seduce a jóvenes inocentes—la mentira era obvia. Si quisiese seducir a alguien, Susan tendría innumerables pretendientes y no buscaría a alguien digno para continuar su línea—Yo soy mucho más efectivo, puedo hacer cualquier cosa…menos eso—sintiendo el efecto que había provocado en el chico. Poco quedaba ya del sufrimiento por el paradero de Arthur.

—¿Cualquier cosa? —fingiendo Harry. La chica asintió en pleno éxtasis por todo el roce. El niño que vivió lo sintió y sin que viese su rostro anunció—Entonces seguro que te irá bien más abajo.

Ginny abrió los ojos sin entenderlo bien pero pronto se vio desplazada y su rostro se situó en la entrepierna. La señal era obvia y su lengua salió tentativa, dispuesta a explorar de nuevo todo su falo. Primero bajó las prendas con prisa para toparse con todo el aparato. Lo recordaba igual de imponente pero parecía que la pelirroja había aprendido de sus encuentros posteriores. Está vez había dejado que sus manos explorasen el bajo vientre y tan solo su boca se encontraba trabajando. Sus labios avanzaban con rapidez sabiendo ya que lugares tocar para brindar placer.

Harry gemía sin parar, dándose cuenta de que la pequeña Weasley había aprendido poco a poco a usar los labios heredados de su madre. Si bien no llegaba a la técnica de verdadera zorra de Molly, su hija había aprendido nuevos trucos. Dejó que siguiese a su ritmo tan solo alabándola o dándole pequeñas ideas. Poco a poco alcanzó el ritmo optimo y se permitió respirar de alivio mientras notaba como su pene iba contrayéndose. La contracción hizo dudar a Ginny quien aminoró el ritmo pero fue reprendido cuando el mago introdujo todo su miembro y sobrepasó la campanilla haciéndola toser.

Paró un momento sacándose el miembro entero mientras se recuperaba. Harry contempló como de su rabo salían hileras de saliva a modo de telaraña y como estos hilos llegaban a los pequeños labios de la chica. Labios creados para darle placer. Incorporándose un poco la agarró del cabello y la joven abrió los ojos sabiendo lo que venía. Pero haciendo alarde de su gentileza, Harry tan solo le apartó el cabello dejando vía libre para que siguiese mamando a su ritmo.

A pesar de todo, no parecía una actividad muy sexual. Si no fuese porque Ginny tragaba su pene, más bien parecía un masaje de pies. Harry estaba relajado y tumbado, sumergido en sus pensamientos. Algunos de los cuales eran escalofriantes desde que había podido visualizar el ataque a Arthur. La atención de Ginny ciertamente era reconfortante pero no era un acto en el que estaba interesado ahora mismo. Parecía más un entrenamiento erótico para la pequeña chica que un acto de amor.

En un intento de brindar más placer, la bruja intentó llevarlo más profundo. Una decisión errónea ya que al contrario que brujas más experimentadas como Luna o su propia madre, Ginny no poseía suficiente experiencia ni una boca preparada para chupar. Lágrimas corrieron por su rostro mientras intentaba volver a respirar regularmente. Harry soltó un comentario que había oído abundantemente de Seamus en los últimos años.

—Sin arcada no hay mamada—la pelirroja se quedó con ese mensaje y siguió en su intento. A pesar de atragantarse no paró y tras varios minutos pudo meterlo más allá de su campanilla. Los instantes eran asombrosos ya que sentía la presión de sus labios perfectos, la lengua jugando mientras lubricaba lo que podía y el bamboleo de la úvula golpeando su glande.

Sabía que correrse en uno de esos momentos probablemente resultaría en asfixia en algunos casos. Se retiró dispuesto a darle lo que buscaba por toda la cara pero algo cruzó su mente. Con Arthur en el hospital y Molly fuera, bien podría ser está su oportunidad de desvirgar a la pequeña Ginny. La chica sacó la lengua, en un acto visto de innumerables revistas eróticas de sus hermanos pero Harry no deseaba eso en este momento.

Sacándola de su pene, la besó. Sus brazos volvieron a recorrer todo el cuerpo de la chica mientras sus lenguas danzaban. Ahora podía ver que el nuevo talento no se debía a un mejor uso de sus labios sino a que tanto beso había hecho que la lengua de la pelirroja tuviese mucha más destreza y eso se veía reflejado cuando manejaba una polla. El olor a almizcle estaba por toda su boca y a Harry no le pareció tan mal. Era una señal de pertenencia y ciertamente Ginny era lo suficientemente guapa como para no sentir asco y pensar en ella como una vulgar zorra.

Fue situándola poco a poco de manera que su pene estuviese listo para insertarse en el coño pelirrojo. La postura tuvo que ser una vaquera, si bien sabía que los traseros como el de Ginny se merecían un trato más duro. Todo le provocaba un gozo sin igual, iba a demostrar su poder tomando un coño virgen. Se situó justo y sus manos fueron abriendo las piernas de la chica haciéndole ver lo que deseaba. Ginny se dio cuenta pero no hizo nada y fue una invitación para el mago. Insertó la punta y notó como se tensaba y la bruja gritó de dolor.

Su vagina era demasiado cerrada y a su pene le resultaba difícil meterse dentro. Ginny detuvo todo el magreo mientras en su rostro se dibujó una mueca de dolor que hizo que sus caderas parasen. Harry sostuvo sus caderas con sus manos manteniéndola recta pero sin ningún movimiento. La nueva postura suspendida, hizo que la chica fuera poco a poco relajándose. Su coño seguía apretado pero el miembro en su interior no rozaba ninguna pared por lo que apenas había más dolor.

Ginny le devolvió la mirada y se podía ver esperanza además de pasión arrolladora, algo que el chico ya había apreciado durante los entrenamientos del ED. Harry en cambió fijó la mirada en otra cosa, un pequeño hilillo de sangre recorría los muslos de la joven descendiendo desde su coño. La prueba fehaciente de que ya no era más una niña. Decidió acabar con la espera, sabiendo que el tiempo podía ser su enemigo.

Entró una vez más en ella, y siguió embistiendo delicadamente. Su miembro iba entrando y abriendo a la chica pero el ritmo era lo suficientemente lento como para ni calentar ni causarle dolor. A su mente vinieron las atracciones de feria lentas donde sus tíos no le dejaban montar. Llegaba el momento de entrar aún más en ella, en vez de mantenerla estática recibiendo decidió estrellarse en su pozo sin fondo. Su pene entró entero separando sus paredes hasta que sus caderas se tocaron mutuamente. Inmerso dentro, pudo amasar ambas nalgas mientras su polla se contraía por la tremenda presión.

Ginny levantó la cabeza y mirando al cielo, contrajo su coño con toda la fuerza posible. Parecía que se estaba corriendo por toda su gesticulación. Estaba impresionado por la gran fuerza que poseía en su coño. Tanta que decidió darla un descanso y derramar su semilla en el punto más profundo posible. La agarró y estrujándola contra su pecho, derramó toda su semilla. Mientras lo hacía, la chica gruñó y gimió, pero se mantuvo estoico llenándola mientras amasaba las nalgas de la chica.

Una vez fuera, la vio respirar con dureza. Había sido una primera vez demasiado corta pero lo suficiente como para que Harry estuviese satisfecho. Viéndola hecha un desastre le ordenó—¡Lamé!

La pelirroja estaba literalmente llena de diferentes líquidos. Saliva por la cara, sangre en los muslos y una mezcla grumosa que fluía lentamente desde el interior de su vagina. El color de ese fluido era algo más parecido a algún fluido corporal que al propio semen. La pelirroja lamió un poco pero se notaba que todavía el dolor le nublaba un poco la mente. No tenía tantas ganas ni mostraba mucha destreza. Parecía una cachorra sumisa lamiendo y eso no le molestaba mucho. Una vez estuvo limpia, se guardó el pene y Harry decidió recompensarla con breves abrazos y caricias en el pelo.

La bruja se tumbó relajada en la cama pero Harry decidió echar más leña en el fuego. Agarrando algo de semen del coño, se lo dio a lamer. La chica lo saboreó sin muchas ganas y claramente no estaba contenta con lo que estaba degustando.

—Ve a ducharte y comer Gin. Descansa—le aconsejó pero la chica se lo tomó como si fuese una orden—Mañana seguramente vayamos a San Mungo a ver a tu padre y tienes que estar presentable.

Ginny se levantó agotada dirigiéndose al baño y mientras se iba preguntó—¿Me darás un masaje después de ver a papa?

Harry se lamió los labios mientras observaba los fluidos que discurrían lentamente por las piernas de la chica. La mirada hizo que la bruja se estremeciera mientras abandonaba la habitación.