El nuevo ambiente de la casa de los Black distaba mucho de la sombra anterior. Todo se había llenado de gente irradiante de felicidad que se contagiaba en todos los ocupantes. Todos se habían recuperado de sus ataques y el más grave de todos, Arthur Weasley había superado sus problemas mayores y podía descansar en casa sin ningún peligro. Eso hacía que todos estuviesen en su máxima expresión de felicidad.
Los gemelos compartían bromas con todos mientras Sirius y Remus les ayudaban a formular nuevas mezclas explosivas o productos extraños. Ron y Hermione disfrutaban de algún polvo ocasional pero el resto del tiempo lo pasaban cada uno con su pasatiempo favorito, dejando a Harry en un limbo existencial. Pasaba su tiempo con todos los ocupantes de la casa, investigando, entrenando e incluso conversando y cada vez descubría más cosas.
Mientras charlaba ociosamente con algunos miembros, el humo verde mostró a la figura siniestra de Severus Snape. Su capa ondeaba con cada paso mientras hojeaba con desprecio todo el lugar. Cualquiera diría que la casa era propiedad suya pues pegaba con toda su personalidad. El hombre avanzó antes de entregar un sobre a Harry, tras hojear al resto de habitantes dijo.
—Potter, te quiero todos los miércoles en mi despacho a las ocho. Para realizar lo que el director ordenó.
Oclumancía, pensó Harry por un momento—¿Qué le diremos a los demás?
—Que estás tratando de sacar buena nota en Pociones. Cualquiera que haya visto tu desempeño sabrá que necesitas ayuda urgente—dijo mientras se marchaba hacía la chimenea. Sin embargo el comentario no pasó desapercibido para Sirius y saltó en defensa de su ahijado.
—¡No trates así a mi ahijado, Quejicus!
El profesor de Hogwarts se tensó mientras sacaba su varita claramente dispuesto a silenciarlo. Relajó su rostro mientras sacaba sus dientes amarillos—¿Te sientes útil al decir eso, Black? O acaso piensas que estar aquí…encerrado es más útil que estar en contacto intimo con el Señor Tenebroso.
Sirius miró hacia abajo y se defendió diciendo—¡Dumbledore me lo prohíbe! ¡Pero peleé en Hogsmeade y acudí a San Mungo!
—Un perro manso ayuda mucho en una pelea—riéndose por lo bajo—Aunque lo más gracioso fue cuando ayudaste a salvar a Bellatrix en Hogsmeade. ¿No fuiste tú, el que atacó a Amelia Bones?
Cerrando los puños ladró con furia—Eso fue por Bones…no por Bella.
—Cuanta familiaridad—indicó Snape viéndose ganador ya en la pelea verbal—Quizás debas volver a ver a tu primita. Igual te echa de menos.
Sirius se preparó para atacar pero fue cortado por una perspicaz Tonks que simplemente dijo—La próxima vez que veamos a mi querida tía, acabaremos con ella—Sirius asintió mientras Snape negaba con los ojos—De todas maneras tenemos los papeles que quiso robar en San Mungo.
Snape simplemente miró a la auror y dijo—Entregámelos. El director debería tenerlos por si acaso.
La auror miró al hombre con desagrado y le entregó una carpeta. Sirius alcanzó a leer el título y se quedó estático mientras que Harry añadió.
—¿Para qué querría un listado de niños nacidos en 1980?
Los tres adultos se miraron entre ellos pero se mantuvieron en silencio sabiendo que no podían decirle nada a Harry. Mientras Snape abandonaba el lugar, Tonks indicó al resto—Hice una copia. La dejaré en el cuarto de Molly. Es el lugar más seguro…
Sirius añadió—Debería custodiarla yo, es mi casa.
—Tú estás borracho cada día. Podrías desaparecer las hojas o quemarlas y nadie se enteraría.
Supo exactamente lo que debía hacer. Tenía que averiguar porque Bellatrix había intentado agarrar esa carpeta, porque el año de su nacimiento era tan importante para Voldemort. Ciertamente los pensamientos que recorrieron su mente cuando se enteró del destino de sus padres volvieron a él. ¿Por qué ellos? ¿Por qué Voldemort perseguiría a un infante e intentaría asesinarle? Su madre era una sangre sucia por así decirlo y su padre un traidor a la sangre pero no eran motivos importantes como para que él fuese directamente a asesinarlos en persona.
Mientras Tonks llevaba los papeles al cuarto de la Señora Weasley, Harry decidió hablar con su padrino sobre lo que había visto en el pensadero de Orión, hace pocos días. Sentándose más cerca del hombre dijo.
—Me alegro de que todos estén bien.
El merodeador miró a su ahijado con algo de pesar—Sí. Solo hubo un muerto y he de decir que es un destino mucho mejor que el que mi querida prima les dio en su momento—con tristeza dijo—Pero aun así, Alice…la dulce y pequeña Alice tendrá que vivir sola y loca.
Por un momento supo que ese no era el camino adecuado. Intentó recordar la memoria de Tom Riddle en su segundo año, como logró manipular a la gente en su tiempo. Supo que no estaba bien así que simplemente decidió hablar claro.
—Verás el primer día que llegué…vi un pensadero y encontré un recuerdo extraño—Sirius prestó atención pero no dijo nada—En él te vi a ti, conversando con Bellatrix en los pasillos de la Oficina de Aurores. Entrasteis a una sala de interrogatorio y…
Su padrino se frotaba la cabeza intentando recordarlo. Parecía que Azkaban obraba maravillas en la memoria de sus residentes. En un intento dijo—¿De qué hablábamos?
—Quería que liberaras a Narcissa, mi…mi padre la había atrapado haciendo algo ilegal. Le estaba haciendo una mamada.
Sirius abrió los ojos mientras murmuraba—¿Por qué tendría mi padre un recuerdo mío?
Ahora llegó el turno del chico que vivió. Sorprendido por comprender la veracidad de los hechos dijo—¡Osea que es verdad! ¡Mi padre era un canalla! ¡Le ponía los cuernos a mi madre con la mama de Malfoy!
Sirius lo aplacó diciendo—Era una transacción. No estuvo bien. Estábamos en guerra y ciertamente…—dudó en su siguiente frase—no fue algo sabio, ni moralmente correcto. Pero, estoy seguro de que Dumbledore pensaría lo mismo que James y yo en ese momento…
Malinterpretando sus palabras—¿Dumbledore perdonaría a dos delincuentes por tener sexo con ellas? —era algo que le asqueaba hasta cierto punto.
En broma, insinuó—Dicen que es gay. No has visto sus túnicas—por un momento ambos compartieron una risa. Su padrino puso sus manos en los hombros y mirándole fijamente le hizo reflexionar—Quizás no fue nuestra mejor decisión pero…aunque no me guste era mi prima. Sí, estaba casada con un idiota pomposo y amariconado…nunca estuvimos muy unidos pero no quería ver a una embarazada en Azkaban.
—¿Se folló a esa mujer estando embarazada? —sabía la respuesta de ver la memoria pero quería escucharlo de su padrino.
Este negó y dijo—No. Se la mamó y luego tu padre le hizo dos orgasmos anales. Nunca por el coño—viendo que el chico no había tenido una educación sexual decente preguntó—¿Sabes lo que es?
Harry agrandó sus ojos y dijo—Sí. —Sirius sonrió descaradamente diciendo—Has salido a tu padre. Dime, ¿conozco a alguna, cervatillo?
Intentando desviar la conversación insinuó—No estuvo bien, Sirius. Él estaba casado, no debería haber hecho eso.
—¿Preferirías ver en Azkaban a alguna de tus compañeras de Hogwarts? —el chico se quedó mudo. Quizás algún Slytherin pero no disfrutaría de encerrar a ninguno de sus amigos—Tu padre tampoco. Era un buen hombre y tomo malas decisiones—recordando a Peter—pero siempre lo hizo con buenas intenciones. Si hubiese querido ponerle los cuernos a tu madre se hubiese ido a un prostíbulo. Lo que hizo con Cissy no estuvo bien pero ciertamente salvo a un alma inocente.
—¿Inocente? —sabiendo que la Señora Malfoy podía no ser una mortífaga pero bondad poseía poca al menos en este momento—¿Qué me dices de ti? ¿Tú lo hiciste con esa mujer? —horrorizado.
Rodando los ojos afirmó—Esa mujer tiene "nombre". Pero sí, lo hice. No me arrepiento. Bella era una diosa en la cama.
—Estaba casada y era una mortífaga.
—Sí, con un idiota—afirmó su padrino mientras jugueteaba por los cajones de la cocina en busca de botellas de cerveza—En cuanto a lo otro…he de decir que si bien apoyaba a a Voldemort y era una mortífaga no estaba tan chiflada como ahora. Ciertamente no me importaría repetir. Su nueva apariencia no está para nada mal—dijo riéndose a carcajadas mientras bebía de su botella de Whiskey. Harry ciertamente veía que estar encerrado estaba costándole a Sirius algo de cordura, sospechaba que aquellas palabras las decía de cachondeo pero uno nunca podía estar seguro.
—¿También lo hiciste como mi padre?
Sonriendo descaradamente mientras bebía sin parar indicó—Bueno…no está bien que yo te cuente mis andanzas sexuales. Debería de ser un quid pro quo, ¿no crees? —al ver que su ahijado se lo pensaba indicó—Bueno no. Tu padre tenía una reputación que mantener, no podía romper su vínculo matrimonial en un mero intercambio de servicios. Yo en cambio disfruté cada segundo de todo lo que mi pirada prima tenía para ofrecer—se relamió los labios—¿Tú qué? ¿Lo has hecho con alguien por el culo?
Bebió un trago de la misma botella y dijo—Luna Lovegood. No veas como la chupa. Es increíble, nunca tienen nauseas. Se la mete entera.
Riéndose Sirius dijo—Deberías cuidarla bien. Chicas como esa, son difíciles de conseguir.
—Que va—riéndose también—Soy el niño que vivió, recuerdas.
—No deberías usar tu fama para follar—dijo su padrino en un intento pobre de regañarle. Ya era obvio que el alcohol se les había subido.
—¿Nunca lo hiciste?
—Demonios sí. Era el hijo renegado de los Black. Con solo eso conseguí follarme a muchas Slytherin que quería que regresase al buen camino—riéndose—Mi difunta madre hizo que Bella me hiciese una mamada cuando tenía trece solo para intentar traerme de vuelta a sus ideas—Harry rio más que nunca—Luego mi fama de prisionero de Azkaban me abrió algunas bragas. Sobre todo muggles francesas.
Recordó a Fleur e insinuó—Yo conseguí la braga de una veela—eso hizo que su padrino alabase a su ahijado por un momento.
Al cabo de algunas horas, ambos estaban en diferentes estados de embriaguez. Mientras que Harry reía pero mantenía la cordura, Sirius ya había perdido el norte y soltaba comentarios extraños cada vez que podía.
—¿Te has follado alguna vez a una hembra tetona? Son grandes conquistas—dijo el hombre.
Harry simplemente dijo—Me follé a una madura pelirroja hace meses—meditando dijo—No lo vi venir pero la próxima vez la dejare destrozada.
—Joder Cornamenta no has perdido el tiempo—dijo el hombre embriagado.
—Sirius. ¿Nunca has pensado en formar una familia? —era una pregunta que le carcomía la mente a veces mientras pensaba en las cosas que Dumbledore le había dicho sobre los contratos de matrimonio.
El hombre se quedó callado y dijo—Estuve comprometido como casi todos los sangre pura. Era una dama esplendida. Unos años mayor que yo pero…inmensamente atractiva. Por desgracia, todo se acabó.
—¿Qué pasó?
—Me vio con Bellatrix.
Abriendo los ojos le dijo—Amelia Bones.
—Bingo—insinuó Sirius riéndose mientras continuaba bebiendo—Que gran mujer. No solo lo digo por sus pechos que eran…—hizo un movimiento con las manos expresando la cantidad— sino que realmente era una mujer impresionante. Decidida, fuerte, valiente y pensando siempre en los demás. Pero todo acabó, no confió en mí. Después de lo de los Potter todo se borró.
Harry reconoció que el odio que ambos se tenían no podía ser simplemente por la supuesta traición de sus padres o porque Amelia pillase a su padrino poniéndole los cuernos. Era algo grave, sin duda pero había atisbos de que más cosas habían sucedido. Quizás, Sirius nunca quiso renunciar a tener a dos mujeres. Ciertamente la historia que en su día, la jefa del DMLE le contó resultaba ser verdad.
—Sirius. ¿Tu familia hizo que inseminases a Bellatrix?
—¿Inse—mi—qué? —claramente su comprensión fallaba ya—Necesitaban un heredero. Yo me…me dejé convencer. No tenía nada que perder y un gran polvo que ganar. Podía salvar a Bella de su esposo. Lestrange era un imbécil, si la dejaba preñada…podría regresar con los Black y divorciarse.
—¿Y qué ocurrió?
—Bella presionó para que la tomase en mi apartamento de soltero—recordando un poco—tras acabar. Apareció Amy…ambas discutieron. Amy me dejó simplemente. Meses después fue la última sobreviviente del ataque, ella y la hija de su hermana. Pensó que Bella lo hizo queriendo…fue a mi departamento a hechizarme. Y luego…
Impactado dijo—¿Luego qué?
—Después de que me capturasen los del Ministerio. Amy propuso usar la maldición Cruciatus para sacarme información…Crouch aprobó el trato duro a los criminales y fui sometido a ese dolor durante algunos minutos—con dolor en la voz murmuró—Me encerraron en Azkaban y ella fue la encargada de patrullar el bloque de alta seguridad. Era como un oasis, evitaba que los dementores atacasen pero cuando se iba, los pensamientos felices eran una cena deliciosa para aquellos bichos. A veces hablaba o gritaba—intentó recordar—pero no recuerdo nada.
—¿Y Bellatrix?
—Una vez Amelia fue ascendida tras la jubilación de Moody, decidió ahorrar espacio y me hizo compartir celda con mi querida prima. Algunas noches fueron fantásticas pero por desgracia ya no era la misma.
El hombre lloraba mientras bebía sin parar como si estuviese reviviendo una pesadilla. Harry se alejó de él con una peste a alcohol inmensa. No pensaba con claridad tan solo vía que su padrino había tomado malas decisiones y había herido a una mujer. Lo que no comprendía era porque intentaba tanto proteger a sus primas. Ambas eran mortífagas y apoyaban a Voldemort. Pero parecía que Sirius no tenía problemas en interactuar con ellas íntimamente. ¿A quién quería Sirius realmente? No podía decirlo con certeza pero ahora mismo un único pensamiento cruzó por su mente. Y ese pensamiento tras tanta charla caliente con su padrino fue decisivo.
Lo único en lo que podía pensar era en conseguir los papeles que Tonks había dejado en el cuarto de la Señora Weasley. En su estado, no le importó dejar a la orden sin información, tan solo terminar de averiguar todo el entramado. Subió las escaleras en busca del dichoso cuarto, mientras tanto imágenes tórridas de su padrino y su padre o incluso de él enseñándole modales a Bellatrix inundaron su mente.
Pero esas imágenes poco le importaban mientras avanzaba por el lugar. Mientras se dirigía directamente al cuarto de la madura pelirroja, fue detenido por sus dos mejores amigos. Nada más verlo, Ron añadió.
—¿Qué hacés?
No hizo faltar narrar nada ya que su estado lo decía en mayúsculas. Hermione decepcionada le dio una reprimenda mientras Ron añadía.
—¿Qué tienen esos papeles?
—Fechas de nacimiento de 1980
Hermione se quedó pensativa mientras el pelirrojo añadía—¿Para qué querría Voldemort saber los niños nacidos ese año? —ninguno supo responder a eso pero todos querían participar en la búsqueda del papel. Hermione se posicionó como la mejor opción para meterse en aquel cuarto sin levantar muchas sospechas. Mientras la chica regresaba con los papeles, anunció.
—He creado una copia. No deberían darse cuenta—anunció mientras comenzaba a leer los papeles. Ron simplemente vio la magnitud de los folios y dijo—Creo que iré a entrenar con Tonks…es mejor dejarla en estos momentos—Harry no lo pudo negar. Su amiga era demasiado pesada con los libros.
Mientras ambos chicos abandonaban el lugar. Ron cuestionó—¿Algo importante?
—Sirius tuvo una relación sentimental con Amelia Bones—el pelirrojo sonrió descaradamente.
—El amor a las pelirrojas va en vuestra sangre—riéndose.
—También se folló a Bellatrix…más de una vez al parecer.
Dejó de reírse—¿No estaba casada? —asintió Harry—Bueno la tía está buena incluso tras tantos años en Azkaban, imaginate en sus años buenos.
Ambos estuvieron de acuerdo en eso y se retiraron a diversas estancias. Por desgracia para Harry se encontró con la persona que menos deseaba en ese momento, Ginny Weasley parecía querer algo y sabía exactamente que era. No le había sentado bien que estuviese con Susan durante gran parte del ataque o que hasta su madre estuviese de acuerdo con mandarlo a pasar un día. La chica rápidamente lo agarró del brazo mientras lo guiaba hacía una habitación desconocida.
Harry intentó detenerla diciéndole—¡Para Gin! ¡Nos puede ver cualquiera! ¡Esto está mal!
La chica parecía no querer perder el tiempo y luchaba por llegar a sus genitales. Mientras daba besos en el cuello del mago, sus alegres manos intentaban llegar a los puntos más sensibles. La chica había sido la que más había usado su miembro y se comportaba como una admiradora ansiosa algo que lo molestaba mucho. Pronto pudo meter su mano y comenzó a masturbarlo desde dentro de la túnica. La sensación era agradable y en su estado poco le importaba ahora mismo lo que la jovencita hiciese. Su cuerpo parecía agradecido del trato recibido pero su poca cordura le decía que esto no estaba bien. Intentó detenerla pero la chica no se detenía tras haber encontrado una mina de oro en su pene.
—¡Para, coño! ¡Para!
La chica detuvo sus besos pero continuó masturbándolo—¡Necesito mimos! ¡Sigo estresada por lo de papa! ¡No puedo dormir, me paso el día escuchando a Hermione gemir!
Eso detuvo a Harry momentáneamente, sabía que Ron acostumbraba a salir para visitar a Hermione, tanto en Hogwarts como aquí pero nunca pensó que lo haría delante de su hermanita pequeña.
Intentó poner orden diciéndole—Gin yo estoy agradecido de todo. De tus formas de bajarme el estrés y eso…—intentando no darle nombre, a sus actos—Pero no podemos seguir haciendo esto. Está mal.
La pelirroja detuvo su masturbación para decir entristecida—¿Prefieres a una zorra estúpida como Bones? ¡Solo juega contigo! ¡Su tía quiere atrapar a Sirius y te usa para eso! ¡Quieres ser el responsable de que acabe de nuevo en Azkaban! ¿Cómo no te das cuenta?
Exasperado le dijo—¡A qué coño te refieres!
La chica quitó su mano y dijo—¡Después de que la salves de Bellatrix, comienza a tener interés en ti! ¡No te parece raro! ¡Justo el mismo día en el que Sirius aparece y Amelia Bones lo vuelve a ver! ¡Y ahora te invita a su casa! ¿¡Que será lo siguiente!? ¡Te echará un polvo y te hará confesar todo! ¡Quizás te asfixie con esas sandías! ¡O no espera mucho mejor! ¡Seguro esa zorra buena para nada no es capaz de tratar con semejante polla! ¡Es eso lo que quieres, un trío!
La bebida comenzó a proyectar imágenes candentes de tríos. Desde que lo echaron del quidditch no había podido hacer nada de tal índole y en ese caso, Angelina y Alicia habían sido excelentes pero no había sido dominante. Se había dejado hacer y no había saciado todos sus deseos con dos hembras. Ahora aparecían imágenes de las gemelas Patil o de Susan y su tía. Incluso una de Molly y Ginny. Eso le heló la sangre pero decidió darle lo que quería a la chica Weasley.
Si bien era poco probable que las dos temperamentales pelirrojas quisiesen hacerlo, Harry tenía un mejor plan. Lo haría por separado y había llegado el momento de enseñarle a Ginny una lección peculiar. Teniéndola arrodillada, la agarró del pelo mientras se bajaba los pantalones. Una vez con el rabo fuera, fue aproximándola a su miembro lentamente.
Parecía que el enfado se le había ido una vez su miembro estuvo fuera pero por desgracia Harry no tenía intención de usarla esta vez. Abrió la boca esperando la mamada pero el niño que vivió fue más rápido.
—Silencio. Incarcerous.
Gruesas sogas se ataron en las muñecas de Ginny manteniéndola quieta. Fue a hablar pero ningún sonido salió de su boca. Sonriendo, sacó el miembro de sus labios abiertos por temor a que lo mordiese. Irónicamente decidió restregárselo por toda la cara para que su perfume natural se mezclase con el de la chica.
—Estás más guapa calladita, Gin—dijo tocándole la mejilla como si fuese una niña pequeña. Ahora estaba al mando y pensaba quitarle en lo posible su actitud hacía Susan.
No se guardó el miembro sino que evaluó el lugar en el que se encontraban. No era el adecuado para su idea. Necesitaba castigarla en un lugar más transitado. Mientras observaba a una histérica pelirroja evaluó la situación. Sabiendo que sus conjuros no durarían para siempre decidió tomarla en la cocina. Justo el epicentro de la actividad de Molly. Era demasiado público pero una buena opción.
Decidió hacerlo sin magia y como había visto en muchas películas de vaqueros, se llevó a la chica sobre su hombro. Su mano la sostenía a la vez que palpaba la nalga de la chica que era un gran premio por sí solo. Ciertamente Gin era un buen polvo pero demasiado inexperta y acostumbraba a meterse en asuntos estúpidos por sus celos.
La chica pataleaba conforme se acercaban a la cocina pero poco le importaba al mago. Una vez llegó comprobó que estaba desierta, algo comprensible pues Molly estaría ocupada hasta que fuese más tarde. Se sentó en una silla y dejó que la pelirroja ocupase su lugar favorito entre sus piernas y frente a un pene que palpitaba de emoción.
Una simple orden fue suficiente para que Ginny entendiese su posición actual—¡Preparámela porque no seré lento contigo!
La lengua de la chica se deslizó sobre uno de los lados y comenzó su movimiento característico. La altiva pelirroja se había convertido en una perrita obediente y Harry la recompensaba con pequeñas caricias en su pelo. Conforme su pene iba irguiéndose la chica mudaba sus atenciones hacia el glande. El placer aumentaba pero esto no iba a terminar pronto. Ginny intentó hacerle correr lo antes posible ya que no quería estar haciendo esto en ese lugar, siendo visible por cualquiera de la Orden. Harry tenía otros planes, ciertamente no deseaba que Dumbledore lo viese pero no se negaría a Tonks.
Los ojos caramelos se cruzaron mientras los labios terminaban de catar el rabo del mago. Eso provocó un gran gemido y Ginny inmediatamente dejo de prodigar caricias con su lengua juguetona y se centró en sus labios. Fue succionando mientras sus labios iban acoplándose por todo el miembro en un movimiento continuo de vaivén. Si bien no se atrevía a profundizar más de lo que su campanilla imponía, podía dar bastantes caricias al glande el cual había pasado del rosado al tono rojo.
Se pajeó momentáneamente mientras Ginny se ceñía únicamente a su uretra, intentando abrirla con su lengua. Era una sensación extraña y dio gracias que no intentase abrirse camino por ese conducto. No estaba lo suficientemente húmedo aun así que de un tirón de pelo, la chica volvió a prestar atención.
—Necesita más humedad, cariño—por casualidad el afecto hizo que la chica soportase algo más el trato rudo y se dedicó a escupir y a masturbar su polla mientras seguía lubricando el glande—Has mejorado bastante, pero la práctica hace a la maestra—dijo sumergiéndola más intentando sobrepasar la campanilla.
Si bien aún no había conseguido entrar dentro de la pelirroja, logró meterlo lo más posible. Su boca se llenó y Ginny incomoda intentó sacarla o respirar por la boca. Al verlo imposible, intento abrir la nariz lo más posible pero quería enseñarle una lección, bloqueó sus orificios nasales y la asfixia fue contraproducente. Su única salida era abrir más la boca pero eso hacía que el pene pugnase por su garganta y sobrepasase los límites establecidos. Los ojos chocolate comenzaban a llenarse de lágrimas mientras miraba esperanzada al chico. Harry la miró momentáneamente pero no se compadeció de ella, siguió manteniendo su pene estático hasta que una tos movió el miembro.
Toses repetidas fueron lubricando el pene mientras Ginny se ponía roja y comenzaba a pugnar por salir. El oxígeno se agotaba y pronto la desesperación hizo que se plantease morder. Los dientes empezaron a cerrarse en un intento de atemorizar a Harry. Al sentir el peligro en su tronco, la sacó rápidamente llevándose un gran golpe en el glande. Sus paletas habían logrado chocar pero por suerte no cerrarse.
—¿Qué pensabas hacer Gin? —la mirada le recordó a la de un cervatillo atemorizado tan solo que su boca estaba llena de saliva goteando y sus labios lucían maltratados. Con una mano sujetando su pelo, usó la otra para agarrarle la barbilla y vio en sus ojos una pizca de rebeldía. La típica mirada ardiente de la chica. A pesar de eso sus labios se abrían con anticipación mientras observaba el pene erecto.
Harry la dejó levantarse y notó que miraba todo el rato a su miembro. Aun así estaba demasiado vestida y se iba a divertir desnudándola. La arrinconó sobre la mesa y fue acercándose a ella dispuesto a unir sus labios y otras cosas. La chica tenía algo de temor después de la mamada e iba cada vez apoyándose en la mesa para evitar darle un beso, la saliva corría pegándose por su túnica. Una vez estuvo totalmente, Harry agarró sus piernas lechosas abriéndolas y preparado para meterla. Tan solo sus ropas evitaban que lo hiciese.
Una vez apoyados ambos y con las piernas de ella aprisionándolo, unieron sus bocas hasta que Harry optó por empezar a quitarle prendas a la joven para abrirse camino hasta sus pequeños pechos. Era algo que tanto Ginny como Luna tenían en común, pequeños pechos con pezones erectos. La diferencia era que la piel pecosa de Ginny le daba más erotismo que la pálida de Luna.
Mientras abusaba de sus pechos hasta convertirlos en puntillas, pensó en las diferencias entre ambas zorrillas. Físicamente había pocas diferencias, la mayoría radicaban en sus cabellos y en el tono de su piel, algo más pálido el de Luna. Pero tras esas sutiles diferencias, Harry notaba las más grandes. Luna apenas tenía caderas ni unas nalgas buenas pero parecía tener un don nato en el sexo. Ginny por otra parte gozaba de musculatura inferior pero era una novata en todo, a pesar de que había mejorado en sus mamadas.
Una vez la chica se perdió de nuevo en el placer, llegó el turno de rellenar su interior. Sobre la mesa de la cocina tomaría a la más pequeña de los Weasley. No sería una cogida romántica, Harry no quería que volviese a ilusionarse, tan solo saciarla lo suficientemente y darle una base. No quería ir a ver a Susan sin estar saciado sexualmente y sobrepasarse con ella. Y por suerte Ginny era una excelente válvula de escape. Ahora que estaba recibiendo más caricias había pasado a una postura menos sumisa.
Decidió acabar con esto y simplemente fue remangando su pantalón mientras posicionaba sus caderas. Ginny anticipó su movimiento y lo rodeó con brazos y pies mientras seguía compartiendo un beso. Era una lucha para ver quien lideraría el juego y Ginny se lo tomaba personal. Toda su vida había sido dominante y ahora no pretendía ser una simple muñeca. Harry intentaba apaciguar esa llama ya que no quería lidiar con una pelirroja histérica cada dos por tres. Está era la forma perfecta de someterla.
—Ahhh—un sonoro gemido fue suficiente para que Ginny se diese cuenta de que ahora ambos estaban unidos.
Con sus entrepiernas haciendo contacto, Harry se fue internando más y más. Contra más empujaba más placer recibía y también más apretada estaba la joven. Su vagina estaba demasiado cerrada por el poco uso y eso provocaba el orgasmo más rápido. Si se quedaba esperando era muy probable que la humedad y la presión le hiciesen vaciar sus testículos. Pero tenía otros planes, tenía que continuar y mientras la besaba hizo eso. La fue embistiendo lentamente sin pararse a percibir nada, solo sexo. Ginny había dejado de ver aquello como algo malo y gemía mientras arañaba toda la espalda del mago. Ambos entregados al placer en una estancia donde perfectamente podían ser observados. Ciertamente no era un pasillo o en pleno salón pero aun así la cocina era un lugar concurrido.
El mago siempre intentaba besarla para evitar posibles altercados. Ginny no era una gritona pero ciertamente gemía en voz alta o se retorcía cuando las penetraciones abrían más su vagina. Por desgracia el sonido de la mesa traqueteando si era algo reconocible y Harry no se detuvo ni por un minuto. Borró todo sonido ajeno a la chica de su mente y se dedicó a volver rítmico el choque entre sus genitales. Mientras tanto sus manos se entretenían desnudando a la joven hasta dejarla únicamente vistiendo unas calcetas negras propias del uniforme escolar.
Sabía que podía continuar esto por horas sin siquiera cansarse demasiado. El entrenamiento físico del quidditch y los duelos en el ED le daban buen aguante, pero para desgracia de Ginny, ella tan solo era la plata. Un sickle y él pretendía cumplir la fantasía que había tenido hace minutos. Desde hacía media hora se le había metido en la mente hacer un trío con las mujeres Weasley. Si bien las había probado levemente por separado quería degustarlas en su plenitud. Sabía que juntas no querrían así que optó por lo más sabio. Tras provocar un orgasmo a Ginny, la agarró y sujetándola contra su pecho decidió llevarla a un lugar algo menos prohibido. La cocina era demasiado pública para la siguiente parte de su plan.
La llevó al cuarto de sus padres mientras con sus manos iba montándola sobre su pene. La penetración no era la más cómoda pero permitía llenarla casi totalmente, la bruja estaba sensible y no se percató del lugar en el que estaban. Una vez estuvo tumbada en la cama dijo entre gemidos.
—Menos mal. Tenía la espalda…
Sonriéndole, la volteó hasta ponerla a cuatro patas. La dejó apoyarse con las manos y los pies sobre la cama. Examinanda su trasero y el coño entreabierto por las penetraciones dijo sonriendo.
—Espero que así te duela menos—dio un azote lento y movió su miembro hacía la cueva.
Lo introdujo y comenzó lentamente a montarla. Mientras disfrutaba del vaivén de caderas fue observando cómo la chica se adecuaba a esta nueva postura. Ginny ahora podía liberar toda su frustración sexual con hermosos gemidos. Tener el cuarto cerrado, aunque fuese el de su madre, era ya una gran mejoría y la chica lo hacía notar. No solo está postura favorecía a su físico de atleta sino que Harry podía ver el lugar en el que la bruja había sido bendecido. Ginny había nacido para estar a cuatro patas, todo en ella llamaba a la misma conclusión.
Sus cabellos ya húmedos por el sudor se pegaban a su espalda o eran agarrados por Harry cuando decidía llevar el ritmo. Su cuerpo no se retorcía sin sentido como antes. Está vez, cada movimiento de su cadera tenía un propósito claro, excitar e incitar a ir más profundo al mago que la follaba. Su cuerpo ondeaba cual ola de mar mientras constantemente era maltratada, por suerte su vagina iba adecuándose cada vez más. Ya no dolía solo daba placer. El pene había tocado fondo y ahora solo podía agasajar a su apretado coño. Sus pechos no dejaban de estar puntiagudos y la intermitente penetración hacía que se mojase más aún cuando por fin notaba como su vagina iba abriéndose.
Sus chillidos y gemidos incentivaban al chico pero la pelirroja aún no obtenía lo que quería. Sabía que todo esto había sido un fallo por su temperamento y se trataba de un intento de castigo, no tendría que haber sido tan directa. Pero ahora, mientras recibía constantes empujes le daba un poco igual. Sus gritos aceleraban a Harry y esto era lo que pretendía de momento. Un simple desliz en una de sus embestidas y sería rellenada de leche, podría tener un bebe. Era joven pero con la amenaza constante de Voldemort sabía que muchas cosas se acelerarían. Además eso alejaría a todas aquellas zorras de Harry, a la vez que le proporcionaba un techo a futuro.
No se sentía particularmente mal por sus ideas. Después de todo ambos disfrutaban de esto. Podría vivir con varias sesiones de sexo al día, todo con contentar a un hombre rico que la mantuviese a salvo y que al menos mostrase algo de amor. Y a Harry, después de una infancia tan mala, le sobraba el dar amor. Mientras todo eso pasaba las embestidas se volvían más fuertes, lo suficiente para que sus nalgas se tiñesen progresivamente. No hicieron falta azotes, tan solo el rítmico golpeteo entre sus cuerpos.
Sin embargo esto no podía seguir indefinidamente y Harry tenía otros planes. Este no iba a ser su único polvo del día sino que pretendía disfrutar aún más de varios cuerpos femeninos. Aprovechando que su miembro iba a estallar pronto decidió destrozar a la hija de los Weasley. Empujes bruscos se sucedieron cada vez más, está vez acompañados por algunos azotes de disciplina. Usó sus manos para marcar el ritmo y a veces apretaba sus pezones intentando que se siguiese corriendo. La resistencia de la bruja era formidable a pesar de no follar a menudo. Decidió acabarla de la única manera posible, con una carrera de resistencia.
Mantuvo el ritmo de empujones todo lo que pudo hasta que curiosamente Ginny se dio por vencida. Se recostó en la cama, respirando con dificultad y aceptó recibir sin siquiera gemir. El placer había podido con ella y la chica se dejaba hacer sin protestar. Harry siguió penetrando su coño viendo que a pesar de todo, su vagina respondía apretando. Conservaba algo de conciencia. No era lo mejor pero al menos valdría para esto.
—¡Voy a correrme!
Indicó en voz alta mientras se salía de su interior y derramaba toda su semilla por su espalda y nalgas. Una pequeña protesta salió de sus labios pero la dejó recostada y manchada sobre la cama de sus padres. Por suerte Arthur dormía en otro cuarto por su enfermedad—Descansa, Gin. La próxima vez será diferente—no sabía cuánto.
Salió del cuarto e inmediatamente se dirigió hacia el comedor. Allí estaban sentados y conversando varios miembros de la Orden. Era simple ocio así que solamente le miraron evaluando su estado. Harry estaba sudoroso y olía a sexo pero lo único que no lo delataba era su cabello siempre despeinado.
Remus observó aquello con perspicacia pero se mantuvo en silencio mientras esperaba a que su padrino dijese algo de su estado. Por desgracia Sirius no había acabado aun con las reservas de alcohol de Grimmauld y estaba en un estado deplorable.
El joven mago habló primero refiriéndose respetuosamente a la Señora Weasley—¿Podría ir a ver a Susan?
La madura estaba en ese momento limpiando el polvo de puntillas y se apreciaba bastante bien su trasero regordete. Deseó por un momento repetir la experiencia que había tenido con la madre de Ron pero se contuvo. Sus pensamientos ya se habían desplazado a su madre mientras conversaba con Ginny. Deseaba tenerlas a ambas pero sabía que estaba mal. Lo que hizo fue en un momento de debilidad emocional y sabía que Molly nunca más lo haría con él. Su objetivo era otra pelirroja.
Observó cómo dejaba su actividad y se volvía hacía él. Sus enormes mamas acompañaron el movimiento excitando visiblemente al chico. Mientras se quitaba el sudor que transparentaba sus senos dijo.
—Por supuesto que sí. El profesor Dumbledore ya dio su aprobación con tu romance—dijo alegre aunque Harry se quedó con algo más siniestro. Parecía que Dumbledore deshacía a su antojo—Seguro que mañana por la mañana a horas razonables puedes ir y quedarte una noche con ella.
Frunciendo el ceño dijo—Preferiría darle una sorpresa, Señora Weasley—intentando excusarse—Sería mejor si pudiese irme ahora.
La mujer miró rápidamente a uno de los relojes que adornaban el comedor. Ciertamente no eran comparables al enigmático reloj de la Madriguera pero parecía ser útil para su función principal. Molly simplemente observó al resto de las personas de la sala, ninguna quería mojarse.
Remus fingía leer, Sirius buscaba entre los muebles algo de vino rancio mientras que Tonks y Hestia parecían disfrutar contándose aventuras sexuales. Anunció al final, mirando con algo de molestia al resto.
—Son las ocho de la noche, Harry. ¿No deberías comer algo y ducharte al menos? Sigues estando escuálido…
Con una sonrisa traviesa dijo—Ya cené con Ginny antes, Señora Weasley—notó por un momento los ojos de la mujer fijos en él intentando descifrar aquel mensaje. Remus miraba al chico con asombro mientras Tonks cuchicheaba—Pero iré a ducharme. No quiero que Susan huela el perfume de Ginny.
Mientras abandonaba la sala escuchó la voz de Molly—¿Me preguntó que habrá cenado Gin? No la he visto bajar a la cocina.
Fue a contestar algo desde la escalera pero escuchó a una risueña Tonks—Un gran tazón de leche, Molly—Hestia se rio de esto al ver que la pelirroja seguía sin comprender las implicaciones. Sirius por el contrario reía sin saber el porqué.
