Los días tras la huida de Dumbledore habían sido desastrosos. Umbridge se había proclamado directora y reinaba con puño de hierro. Le había dado poder a Filch y ahora se solían escuchar castigos físicos de vez en cuando. El conserje era aficionado al sadomasoquismo y parecía gustarle el uso de cadenas para azotar a las pequeñas niñas.

El Escuadrón Inquisitorial estaba en otro nivel diferente. Nadie podía llevarles la contraria y estaban en una posición más alta que cualquier prefecto e incluso que el premio anual. Su líder Malfoy disfrutaba de torturar abiertamente a los pequeños Gryffindorr. Ya no molestaba a Harry sino que estaba constantemente violando a niñas indefensas. El ED se había disuelto. Sus miembros apenas tenían contacto entre sí y se dedicaban a proteger a los miembros nacidos de muggle o pequeños de su propia casa.

Los profesores eran constantemente puestos a prueba y algunos como Trelawney habían huido del colegio. Hagrid seguía ejerciendo aunque dormía con una ballesta ya que sospechaba que su tiempo era limitado. Lo único bueno es que al menos Firenze, un centauro escogido por Dumbledore daba clases de Adivinación mucho más útiles. Tampoco duraría demasiado.

Umbridge había ejercido tal poder que nadie sabía cuándo sería su ultimo día en el colegio. En especial los miembros del ED habían sido marcados por plumas de sangre. Todos tenían en el antebrazo un gran corte a modo de tatuaje. Por desgracia los TIMOS se iban acercando y la siguiente semana comenzaba el primero de ellos. Hermione era la más preparada mientras que Harry y Ron pasaban su tiempo decidiendo que materia dejar.

El pelirrojo en especial estaba mucho más frustrado al darse cuenta de que su compañera sexual cada vez era menos apetecible. Hermione había migrado a su personalidad anterior y devoraba información al tiempo que ayudaba a todo el que podía. Todos necesitaban un descanso momentáneamente por lo que la masturbación se había vuelto algo común de nuevo en el dormitorio de los chicos.

En este momento se encontraban en la sala común estudiando. Tan solo Ginny disfrutaba tranquilamente acariciando a Hedwig. Harry tiró el libro de Pociones al suelo y añadió exasperado.

—Creo que dejaré Pociones. Seamos sinceros…con Snape no voy a poder ir a los cursos superiores.

Ron añadió—Al menos aseguraremos Defensa, Adivinación, Encantamientos y Cuidado de Criaturas Mágicas…

Hermione intercedió—¿Transformaciones y Herbología? ¿No queríais ser auror?

Ron leyó la mente de Harry y se lo explicó cuidadosamente a su amiga—Queremos ser aurores pero somos sinceros…nos van a matar en los TIMOS. No sabemos distinguir flores y la Transformación puede ser muy lioso. Dudó que apruebe.

Neville añadió—Dudo que apruebe algo más que Herbología—siendo pesimista. Seguía teniendo problemas con la magia y ahora que no practicaba tanto se había acrecentado. Ron decidió darle confianza al decirle—¿Duelo?

Estaba prohibido pelear en cualquier parte del colegio pero a menudo se hacía practica de duelo sin consecuencia. Ron rápidamente se situó a un lado del salón dejando a todos expectante. El chico Weasley no solía alardear de sus poderes y era bastante flojo, pero aun así Neville era inmensamente torpe. Hermione intentó mediar entre los dos amigos.

—Umbridge prohíbe los duelos.

Harry hizo girar su varita para apartar los muebles y dejar espacio para el duelo. Ron y Neville sacaron sus varitas preparándose para comenzar la batalla. A pesar de ser amistosos, ambos querían ganar. Sin embargo, la Torre de Gryffindorr no era un buen lugar para los duelos. Hermione aprovechó la pausa iniciada para lanzar escudos y proteger a los más pequeños que veían el duelo con algo de terror.

Ron fue el primero en comenzar y emulando a Draco Malfoy declaró—Serpensortia—una serpiente salió de la punta de la varita y se dispuso a atacar a Neville.

El chico rápidamente golpeó a la víbora con un encantamiento que la desintegró y contratacó con un encantamiento desarmador que no funcionó. Eso redobló la confianza del chico y Ron supo aprovecharlo. Practicar con Harry le había dado buenos reflejos por lo que le era fácil esquivar y atacar.

—Impedimenta

—Petrificus totales

—Desmaius

El intercambio no era letal ni muy dañino. Por desgracia Neville no tuvo suerte al defenderse bien y recibió sin parar, intentando no caer del todo. Las maldiciones le golpeaban pero eran leves y por tanto el chico se aferraba a su varita con todo lo que podía. Ron claramente hastiado de pelear con alguien inferior alzó su varita para dar el golpe de gracia.

—Acabemos con esto, amigo—silenció un momento para defenderse de otros hechizos—Expelliarmus.

Neville en cambio miró fijamente a Hermione y levantó su varita diciendo—Protego Maxima—una gran luz envolvió la sala reflejando el hechizo del pelirrojo que lo golpeó a él mismo.

El pelirrojo añadió desde el suelo—¿Cómo coño ha hecho eso?

Neville se sonrojó claramente incómodo al ver cómo la gente de la sala observaba aquella magia impresionado. Ginny miraba al chico con los ojos abiertos mientras que otras chicas tenían los pezones erectos. El poder mágico excitaba a cualquiera, lo llevaban en la sangre.

Hermione desvaneciendo los escudos añadió—Neville y yo practicamos hechizos defensivos para proteger lugares estratégicos. Flitwick nos ayudó un poco. Pero nunca pensé que Neville podría realizarlo—felizmente impresionada por la hazaña.

Harry le dio una palmada al chico en la espalda y añadió—Estoy seguro de que a Hannah le gustaría saber esto—tanto ellos como él y Susan casi habían perdido el contacto debido a la directora. Ahora no se podía sentarse con personas de otras casas.

El chico sonrió curioso deseando volver a ver a su amor platónico y de paso dar algunos pasos más en la dirección adecuada. El mago añadió al niño que vivió—¿Cómo puedo ir a verla?

Sonriendo le dijo—Yo te ayudó ven conmigo—se lo llevó al dormitorio para ver el mapa del merodeador y así evitar que capturasen a Neville en su viaje por el castillo. De paso además podía ver a Susan en rato. Mientras tanto un amargo Ron se quedó quieto en el suelo expectante por varios minutos. Recuperó su varita mientras meditaba en silencio lo ocurrido durante el duelo. Había subestimado el poder de Neville y no se esperaba un hechizo desconocido que hiciese rebotar el suyo. Era algo impredecible. Necesitaba practicar más. Puede que el ED hubiese desaparecido pero la guerra era real. Lo sabía desde que su padre había estado en el hospital.

Antes de que se fueran el chico añadió—Harry Neville… ¿creo que…deberíamos practicar más?

Ambos asintieron mientras se retiraban por el retrato. Hermione se acercó al mago arrodillándose a su nivel y expresó su disgustó.

—Deberías estudiar más para los TIMOS y evitar los retos de hombres. ¡Mira lo que te ha pasado! ¡No estás preparado Ron!

Enfadado por la diatriba constante y sintiéndose inferior atacó—¿Por qué le enseñas eso a Neville y a nosotros no? ¡Cuántos trucos escondes!

Hermione se levantó haciendo que sus pechos rebotasen dentro de su jersey. Se alejó del pelirrojo algo alterada y añadió—¡No tengo porque aguantar vuestra actitud vagos! ¡Harry y tú confiáis en vuestro poder y vuestras grandes varitas! ¡Ni siquiera lees los libros…por eso no sabeís más que lo básico y algunas maldiciones escolares! ¡Quieres ser mejor! ¡Lee y estudia! Como ha hecho Neville o yo.

Se fue fuera de la torre, seguramente a la biblioteca. Sin nadie con quien estar se quedó en un sofá murmurando. Tan solo Harry parecía darle la razón. No se esforzaba en aprender más, pero Harry tampoco lo hacía. Aun así el arsenal de su amigo era mucho más amplio debido a las luchas constantes. Decidió sacar un libro de texto y comenzar a leer maldiciones. Mientras lo hacía observó cómo Fred y George hacían un esquema en un pergamino. Algo tramaban esos dos pero no era importante ahora.

Tras un rato de lectura les indicó a sus hermanos—¿Cuántos TIMOS sacasteis?

George dijo—Tres. ¿No somos geniales?

Fred siguió diciendo—Solo vamos a las materias que nos ayudan con nuestro proyecto.

Ron claramente no quería eso en su vida. No tenía la imaginación de los gemelos, ni su carisma o habilidad en el quidditch. Tuvo que darle la razón a Hermione, tenía que estudiar. Pero le costaba concentrarse. Llevaba meses sin probar nada de carne. Su miembro pulsaba bastante deseando volver a entrar en algún agujero femenino. Esos pensamientos nublaron su mente mientras escuchaba la voz melosa de Lavender Brown añadir.

—¡Ron me ayudas con esto!

Se acercó a la chica y notó que su apariencia era igualmente deliciosa. Lavender era una bruja de cabellos rubios y cara acorazonada. Poseía unos grandes ojos saltones y una gran boca que auguraba intensas sesiones de uso. De mediana estatura, destacaba entre los Gryffindors por su intensa concentración en Adivinación y Cuidados de Criaturas Mágicas pero sobre todo por ser de las más cotillas entre las chicas. Entre los chicos era conocido por otras cosas bien distintas. Lavender había perdido la virginidad la primera y solía ser de las que más transitaban por los cuartos de los chicos. Se decía que había catado casi todos los penes de los chicos de la casa del león. Y es que a la joven bruja no le faltaban atributos. Poseía unos pechos grandes, incluso más que los que le habían crecido a Hermione. Sus pechos contaban con una aureola gruesa y parda junto con pezones bastante gruesos. Lo demás era desconocido para Ron pero claramente pagaría por verlo.

Se acercó a la chica que estaba sentada en un sillón. La joven sacó un mapa estelar bastante grande, claramente preparándose para el TIMO practico de Astronomía que sería esa noche. Poniéndoselo en las rodillas afirmó.

—¿Cómo puedo saber si la constelación que veo es la que el mapa me muestra?

Ron observó el mapa mientras intentaba mirar el amplio escote que la chica enseñaba. La blusa que llevaba dejaba ver bastante. Cada vez meditaba porque existía la regla de los uniformes si todo el mundo de cuarto curso hacía delante se vestía como quería.

—Bueno tienes que fijarte en el diseño del dibujo—apuntó al mapa y la rubia se acercó más aun al pelirrojo—Luego tienes que ver si lo que el telescopio te enseña tiene algo que ver… Saber que hemisferio, el mes en el que estamos. En fin, paja—añadió el chico. La Astronomía era una asignatura fácil de dominar y en la que poca gente seguía.

Lavender simplemente se inclinó más y añadió—La Adivinación también utiliza planetas o eso es lo que nos dijo Trelawney. Firenze dice que la posición de Marte con respecto a Venus es peligrosa. Algo oscuro pasará esta semana…

Ron pasó por alto lo dicho por un centauro y una chiflada—Veo claramente la posición de Júpiter y Saturno—en alusión al gran tamaño de esos melones.

Lavender omitió ese comentario pero sí sintió los ojos del chico pegados a su pecho. Aun recordaba las charlas que tenían ella, Parvati y Hermione sobre chicos hace años. Por desgracia el ratón de biblioteca les había ocultado todo sobre la reciente relación sexual con Ron. Y además les había dado permiso para atacar si podían, estaba claro que necesitaba algo de liberación. El pelirrojo ya se había beneficiado a la rubia durante su cuarto año cuando aún no destacaba en sus pechos, había perdido la virginidad con ella y ahora iba a disfrutar plenamente de aquel rabo. Meditándolo por un momento decidió seguir con lo que pasaba.

Respiró profundamente haciendo que sus pechos se hinchasen más de lo normal. Los ojos del mago se salieron de su órbita.

—¿Qué opinas de la posición de las lunas de Júpiter? ¿Podrían provocar algún efecto en licántropos?

Ron había visto ya a un hombre lobo real así que simplemente insistió sin apartar los ojos de aquellos pechos—No. No tienen tanta influencia, demasiado alejadas. Solo la Luna puede provocar eso.

Lavender siguió insistiéndolo. Hiperventiló constantemente haciendo que el sujetador que portaba fuese debilitándose. Ron parecía disfrutar de esa experiencia y simplemente intentaba sentarse con otro ángulo para ocultar su floreciente erección.

—¿Y qué opinas de la posición de Marte? —guiñándole el ojo dijo—Parece que alguien quiere hacer guerra últimamente, sin Dumbledore no sé qué podría pasar.

Cualquiera pensaría en Voldemort mientras que Ron solamente pensaba en cómo podría hacer una verdadera batalla con aquella chica entre sus brazos.

—Y observa esta influencia oculta en la constelación de la perra—Ron simplemente gruñó mientras excitada observaba aquello—Perdón…del perro. Una estrella brillante en el hombro de un cazador…No te parece curioso. La amazona—indicó mientras hinchaba su pecho aún más…

Ron no siguió ocultando el arma que portaba. Abrió las piernas revelando que su ropa estaba tensa no, lo siguiente. Cada palabra y cada acto conseguía revocar una imagen sexual a la mente del pelirrojo. Podía imaginarse a muchas chicas arrodilladas ante su pene pero ahora mismo tan solo podía ver a la rubia cabalgándolo. En su mente Hermione iba sustituyéndose progresivamente por una imagen de aquella bruja extravagante y cotilla.

Una vez hubo visto que el pene del chico seguía erecto y que él no dejaba de observarla. La bruja añadió—Sabes Ron…Parvati y yo llevamos tiempo queriendo verte…en la cama. Ya sabes.

Ron recordó lo que la india le había dicho durante su pequeño encuentro sexual en el bosque prohibido. Lavender parecía querer experimentar de nuevo su pollón. Ya lo había catado una vez y ahora podía dárselo otra vez. Era la oportunidad perfecta.

—¿Dónde?

Lavender rio para sí—Dormitorio de las chicas

Nunca lo había hecho allí con Herm. Ella no quería que el chico en pleno acto destruyese sus cosas y mancillase su orden y su lugar de estudio. Y él, no la había contradicho. Es más sabía que las escaleras de las chicas se convertían en tobogán y por tanto no podría ascender a su antojo para espiar chicas.

—¿Tobogán?

La rubia entendió a medias y simplemente agarró al chico y fue con él subiendo por las escaleras de caracol que conducían a los dormitorios de las chicas. Ron preparaba su varita para evitar una caída muy brusca pero nada ocurrió. La bruja se lo hizo saber con un simple comentario.

—Se activa en función de las intenciones de los chicos. Si la chica lo autoriza puede subir cualquier macho.

Esa oración explicaba mucho y daba más contexto a la maldición impuesta por Rowena Ravenclaw tiempo atrás. Era extraño que durante siglos se mantuviese esa estúpida tradición pero a Ron no le molestó eso mucho. De igual manera podía ver escotes y traseros en las clases y los pasillos. Lo que le molestaba era que Hermione no le permitiese ver su dormitorio ni una vez. Desconfiaba incluso de él, que era su…" novio". Al menos la persona que satisfacía su coño.

Subió con Lavender al cuarto y pudo ver un dormitorio que se asemejaba al suyo salvo que tan solo había tres camas. La diferencia entre quien ocupaba cada una era clara. La de Hermione estaba llena de papeles y libros, su mesa de trabajo en cambio era impoluta. Las otras dos se asemejaban más a las camas típicas de cualquier estudiante. Algo desordenadas pero con el olor característico que diferenciaba un hombre de una mujer.

Sin saber que hacer esperó hasta que la chica se tumbó en su cama y le hizo señas. Ron simplemente se sentó en la cama dándose cuenta de que eran más livianas. Le hubiese gustado dormir en una de esas pero esa noche había otros planes en su mente. Como toda una desvergonzada, la rubia indicó.

—Veamos cuanto has crecido Ron—dijo la chica con un tono empalagoso que podría excitar a muchos o dar bastante repelús.

El chico supo que lo había que hacer y sacó su miembro dejando en claro que entendía a la perfección lo que ocurría. Su miembro ya estaba rojo y era más grueso que la última vez que aquella bruja lo había visto. No había alcanzado su máximo esplendor pero poco importaba. La otra vez le había costado acostumbrarse al sexo con Parvati. Le resultaba raro pero ahora mientras observaba como la bruja empezaba a mamar se olvidó de Hermione.

Tan solo cerró los ojos mientras sus manos iban magreando el cuerpo de la chica. Era tosco pero no al nivel de los Slytherins. Simplemente sus manos no prestaban atención a los pequeños detalles. Ron únicamente se contentó cuando el sujetador que tantos botes había dado estaba fuera y la ropa estuvo apartada. Ahora él estaba vestido con solamente su miembro fuera. Lavender engullía el rabo apoyándose en sus codos mientras descansaba tumbada en la cama. Lo único que salvaguardaba su dignidad era una braga que cubría su trasero.

Pero la chica pensaba poco en eso. Lo único que le importaba era lo que ocupaba toda su panorámica visual. Aquel pene siempre había conseguido hacer volar la imaginación de la bruja. Para ella, era perfecto. Sabía bien que para las cubanas siempre era preferible que fuese largo para así no solo brindar caricias con sus mamas sino también con su juguetona lengua. También la longitud era importante para que llegase más profundo a su coño. Pero Lavender prefería que fuese gorda.

Siempre había considerado sus pechos como un simple activo visual sin darles mucha utilidad. Había masturbado a algunos chicos mayores con ellas pero no conseguía excitarse a sí misma. Muy diferente de cómo intentaba abarcar ese pollón en su boca. Sus labios estaban al límite de capacidad mientras intentaban tragar todo lo que podía. Solamente el glande conseguía ocupar casi toda la boca de la bruja. Eso sí la excitaba. Era un verdadero desafío y además se mojaba más con el pensamiento de cómo acabaría su vagina tras un asalto contundente del pelirrojo.

Ron apenas prestaba atención al disfrute de la chica. Se distraía tocando todo lo que tenía a su alrededor. Desde la blanca piel de la chica hasta las mamas que se aplastaban contra la sabana de la cama. Su trasero se movía cada vez que chupaba el pene y Ron felicitaba a la chica en cada movimiento con un pequeño toque. El pelirrojo ni siquiera guiaba la mamada como solía hacer con Hermione. Dejaba que Lavender hiciera lo que quisiese mientras se contentaba con tocar y disfrutar de todo lo que se le ofrecía.

Cogiendo impulso la bruja tragó todo lo que pudo. Eso hizo que el glande se deslizase tras la úvula y retozase por toda la saliva que la chica tenía. El líquido escapo de los labios dándole una apariencia mucho más excitante. Ron gimió aún más al ver cómo su miembro pugnaba y se "transparentaba" por la garganta de la chica. Los ojos de Lavender parecían a punto de llorar. La sacó de su garganta profunda a la vez que usaba su mano para masajear su trasero.

El pene aumentó de tamaño tras unos minutos dentro de aquellas fauces. El chico decidió que era momento de uno de los placeres de la vida. Agarró ambos pechos de la chica y los situó a ambos lados de su miembro. Envuelto en ese abrazo de carne y mojado como nunca, el pene se deslizó rápidamente. Lavender se dedicó a darle más velocidad para así ayudar en la tarea. Por desgracia no podía usar su lengua. El pene no sobresalía de entre su escote. Tan solo escupitajos ocasionales conseguían que Ron detuviese su avance. La vista de ella con la lengua fuera, dejando caer aquel fluido conseguía que el chico se detuviese y respirase con pesar. No quería acabar con esto aún. Nunca había sido capaz de aguantar muchas corridas. Era imprescindible un parón.

Estaba acostumbrado al sexo duro con Hermione y claramente podía soportar mucho. Pero en esas ocasiones él llevaba la batuta. Decidía cuando detenerse, cuando seguir y cuando cambiar. Mantener la variedad no solo excitaba a la morena sino que le permitía aguantar más. Lavender por otro lado se encargaba de todo y él era su ayudante.

Detuvo a la chica y está rápidamente lo besó con pasión. Más de la que nunca había recibido de nadie. Lavender lo hacía sentirse vivo y no como una especie de vibrador para aliviar el estrés de Hermione. Correspondió el beso, excitándose más cuando captó el sabor de su pene entre la saliva de la bruja. Mientras la besaba, dejó que la chica se posicionase sobre él. Sus piernas rosadas le rodearon y pronto su visión se vio oscurecido por el valle de sus senos.

Su miembro descansaba ahora pulsando contra lo que las bragas tapaban. La chica sonrió al ver cómo Ron se entretenía en dos frentes. Mientras su boca se dedicaba a mamar de aquellos senos tan bien puestos, sus manos amasaban sus nalgas. Lavender no poseía un trasero de gran tamaño o musculoso, ni tan siquiera contrastaba en color o forma con su cuerpo. Era corriente en cierto modo pero sabía moverlo bien. Los constantes polvos habían tenido ese efecto en su habilidad.

Por desgracia esa frontera de tejido era insuficiente. Su miembro ya húmedo consiguió que la ropa interior de la bruja fuese más bien un trapo empañado. Los líquidos preseminales impregnaban la prenda y fluían hasta adentrarse en el coño de Lavender. La difusión hacía que poco a poco la chica notase como algo entraba en ella. Era una sensación diferente a la de un hombre propulsando semen pero conseguía excitarla igualmente.

Llegado el momento decidió empezar con el verdadero infierno. Su cuerpo había disfrutado del trato rudo de Ron pero claramente el mago era ineficaz al excitar a una mujer usando su boca o sus manos. Estaban hechas para agarrar fuertemente no para la delicadeza de abusar de unos pechos como los suyos. En general, los pechos eran demasiado sensibles como para abusar de ellos de esa forma. Pero había otros lugares donde alguien como Ron podía trabajar a su ritmo.

Gimió de placer cuando su pene se adentró inesperadamente dentro de la bruja. La sensación era irresistible y Ron se fijó en cómo los ojos de la chica centelleaban con cada acometida. La postura no era su favorita pero toda la situación le ponía demasiado y se estaba dejando llevar. La bruja rubia lo montaba lentamente pero sin detenerse nunca. Sus caderas chocaban dejando tras de sí el hermoso sonido de la carne. Ron simplemente podía relajarse a este ritmo.

Su miembro disfrutaba de aquella vagina pero claramente estaba acostumbrado a trotes peores y eso lo hacía superior en este enfrentamiento. Podía tomarse su tiempo de admirar aquel cuerpo, de palpar las nalgas e incluso usar sus manos para amasar sus pechos. Simplemente todo su cuerpo estaba inmerso en un mar de posibilidades. La chica gemía cada vez más mientras sus caderas ganaban velocidad y el pene de Ron tocaba lugares desconocidos.

Si bien no era muy largo, podía agrandar aquel coño. Lavender poseía gran control sobre su musculatura y eso hacía que la dilatación no fuese un problema. Lo notaba igual de apretado que la primera vez. Poco a poco su pene quedo atorado. El glande se hinchó más aún, quedando encajado ahí. Ron gemía con algo de dolor. Claramente lo disfrutaba demasiado pero quería alargarlo más todavía.

La bruja notó que algo había sucedido. Los embates cesaron en poder ya que el miembro no salía completamente. Estaba encajado y solamente podía moverse unos centímetros. Sabía lo que había que hacer. Giró un poco la cabeza e insistió con vehemencia.

—¡Taladrame! ¡Puedo resistir este gordo rabo! ¡Hazlo RoRo!

Eso hizo mella en el chico. Usando los abdominales que había estado entrenando para el quidditch, revirtió la postura. Lavender acabó a cuatro patas, con sus manos y piernas sustentando el peso a la vez que la cama se tambaleaba con cada empuje. Ron ahora tenía más facilidad para moverse y en pocos empujes consiguió sacarla.

—¡Preparate para el taladro Weasley!

Lavender conocía eso. Era el sello de identidad de los gemelos quienes parecían haberle enseñado a Ron su técnica secreta. Ron ahora no se preocupaba por el calor del roce o por las posibles lesiones que un rabo de esa magnitud podría ocasionar. Simplemente la golpeaba salvajemente. Su miembro entraba sin ningún pudor, ignorando todo grito. Era más bien un martillo golpeando. Sus nalgas acabaron siendo comprimidas por las caderas del mago y todo se volvió peor cuando su cuerpo cedió al placer.

Sus manos y piernas se desmoronaron cual castillo de naipes y acabó tumbada sobre la cama. Ron se posicionó perfectamente para golpear de nuevo. No podía hacerlo igual de fuerte pero fue suficiente como para que Lav mojase su cama. Notó como un fluido semejante a la miel salía y mojaba su glande para luego discurrir por los pequeños recovecos hasta depositarse por la cama junto al sudor de ambos. Sus cuerpos nunca habían estado entrelazados, esto no era un acto de amor sino solo sexo.

Pronto el pelirrojo se vio en la necesidad de acabar. A pesar de ese pequeño orgasmo, Lavender aguantaba cómo podía demostrando que era una campeona en cuanto a tomar rabos. Sus pechos oscilaban y su cabello se pegaba a la cara pero aquello era normal. Su trasero por otra parte estaba rojo de tanto golpeteo.

Ron estaba en una difícil circunstancia. Correrse dentro implicaba un gran riesgo pero si lo hacía fuera, el problema radicaba en la duda. ¿Dónde podría acabar? ¿Culo, tetas, cuello, labios, rostro? Muchas variables que se solucionaron cuando el chico sin querer profundizó más de la cuenta. Lavender levantó las caderas en un intento de que no la atravesase. Con tal profundidad, el semen salió rápidamente y la bruja se vio colmada. El pelirrojo agarró su miembro, sacándolo de aquella batalla y tras un azote y un breve magreo de tetas se dispuso a irse.

—¡Ha estado bien pero…debería irme!

Lavender simplemente giró la cabeza y con una mirada que se podía encuadrar entre seductora y extraña, anunció con grandes cantidades de azúcar en su voz—¿No te quedas a dormir?

Estaba claro lo que la joven proponía y Ron no estaba en desacuerdo. Era más el temor de estar durmiendo a metros de Hermione. Sabía que en un duelo no podía derrotar a la Gryffindorr sin herirla de muerte y eso le quitaba mucho peso al enfrentamiento. No supo que contestar hasta que sus ojos se posaron en lo que Lavender estaba haciendo. La chica se metía mano frente al pelirrojo a la vez que sus senos se mecían cuando la rubia gemía.

El miembro parecía responder en silencio a sus provocaciones y pronto Ron no supo qué hacer. Su sentido del deber se impuso a su pene por poco y huyo semidesnudo acabando tirado en el suelo de la Sala Común. La escalera femenina parecía haber reconocido su presencia y formó un tobogán que arrastró al mago escaleras abajo.

Desnudo escuchó a su hermana cerrando y los ojos y diciendo—¡Ron por favor! ¡Vístete!

El chico rápidamente miró despistado para ver cómo Ginny se tapaba los ojos con un libro mientras sus amigas de cuarto se reían al ver el miembro rojizo y erecto del chico. Sin saber qué hacer, se quedó quieto hasta que una asqueada pelirroja gritó.

—Accio ropa de Ron—toda la ropa salió volando hasta tapar al chico por completo. El chico se vistió por completo ante la vista entusiasmada de algunas chicas de años anteriores. Incluso algunas de años superiores como Katie Bell observaban aquello con risa.

El chico rápidamente agarró sus libros y se dispuso a ir a la Torre de Astronomía para su examen TIMO. Ron subió las escaleras del lugar solo para ver cómo la mayoría de los estudiantes estaban ya con sus telescopios listos para empezar la prueba. Tan solo una agitada Lavender llegó tarde, observando al mago con una mirada entrecortada.

La profesora Sinistra destacaba por su tez oscura y aspecto juvenil. Era una mujer de mediana edad bastante atractiva pero ahora poco importaba. La mujer tan solo se dedicaba a observar el cielo mientras unos hombres del Ministerio evaluaban a los alumnos. Ron se distraía no solo por las vistas a su profesora sino que delante de él, Parvati parecía querer cobrar el premio. Exhibía su trasero cada vez que ajustaba su telescopio. Evitó distraerse hasta que escuchó algo que desvió su atención de las estrellas.

Harry había desviado la mirada y eso hizo que todos lo siguiesen. Malfoy risueño alardeó proclamando ante todos.

—Por fin ese idiota ha recibido su merecido.

Ron fue rápido en preguntarle—¿Quién?

—Miralo Weasley…la próxima será tu sangre sucia—estuvo a punto de levantar su varita pero vio como todos se aproximaban a las almenas de la torre.

Allí a los pies de la Torre había una escena más propia de una detención forzada. Umbridge a varios metros lideraba un ejército de aurores que intentaban capturar a Hagrid. El semigigante usaba su fortaleza mágica para resistir al tiempo que empuñando hachas y ballestas disparaba a todos.

—¡Acaben con esa choza! ¡Así dejará de esconderse! ¡Entréguese ante el Ministerio!

Hagrid observó cómo un obediente auror incendiaba su casa sin prestar atención a sus ocupantes. Agarrando su paraguas, rompió la puerta y envió a volar a los aurores con su fuerza.

Ahora la pelea era entre el hombre y los aurores. Curiosamente los maleficios comunes rebotaban en el hombre por lo que la pelea se basaba más en derribarlo y huir de sus ataques físicos. Por desgracia en Hogwarts no se podía aparecer nadie y eso evitaba que huyesen.

Umbridge por otro lado era más practica—Incarcerous. Crucio— gruesas cuerdas ataron al gigante impidiéndole el movimiento. Por otro la maldición torturadora tan solo le dio grandes calambres que hicieron que el hombre gritase de dolor. Sus gritos hicieron que hasta la Profesora Sinistra mirase agobiada por la Torre.

Los aurores parecían ignorar el hecho de que la persona que los lideraba había usado una imperdonable. Se acercaban a Hagrid dispuesto a desarmarlo y entregarlo a Azkaban. La Suma Inquisidora se regodeaba en su fama al afirmar con una voz siniestra y falsa.

—Esto no es culpa tuya Hagrid—le indicó bonachona—Es todo culpa de Dumbledore. Él hizo creer a la sociedad que los impuros podrían estudiar magia y que los que poseen sangre de criatura pueden convivir como personas…Pero no sois personas. Ni tú, ni Firenze—dijo con desprecio.

Hagrid rápidamente sonrió a la mujer y escupiéndole le gritó—¡Cree que así solucionará eso! ¡Dumbledore regresará! ¡Sin él, tendremos a Lucius Malfoy de ministro y a Lestrange como nueva directora!

Los aurores se miraron entre ellos. Algunos bajaron las varitas mientras que los más sumisos esperaban una orden. Umbridge sacó su arma de nuevo e insinuó.

—El Señor Malfoy es un hombre respetable en nuestra sociedad…y estoy segura de que me recompensará por proteger su honor y el de su hijo. Una vez… me contó que un bicho de los tuyos lo atacó y casi lo mata—mirando a Fang que se escondía en el bosque—¿Debería devolverle el favor? Reducto.

El encantamiento destruyó el árbol donde se escondía el perro y levantó una lluvia de astillas. Hagrid hirviendo de ira destruyó las cuerdas que lo sujetaron y una vez comenzaron a lloverle aturdidores. Mientras tanto, las puertas del castillo se abrieron y una iracunda McGonagall se apareció ante todos.

—Minerva retírese. Es asunto oficial del Ministerio. Este ser—dijo con desprecio—debe de ser capturado. Es un peligro para los alumnos.

La profesora de Transformaciones observó aquello y defendió a Hagrid. Emulando a Dumbledore insistió—A Hagrid le confiaría mi vida Dolores. No tiene derecho a tratarlo así.

Umbridge atacó diciendo—¿Brindaría un trato diferente a un rebelde? ¿Protegería a los torturadores de los Longbottom o los invitaría amablemente a té? —estaba claro que la mujer sabía defenderse y buscar argumentos.

Claramente Minerva no supo que decir momentáneamente y dijo—Esto ha llegado muy lejos. Hablaré con Dumbledore inmediatamente…

Levantando la varita Umbridge casi la atacó—¿Dónde se esconde? ¿Qué planea?

—Aparté eso de mí antes de que la convierta en un sonajero—dijo la mujer con furia—Le digo algo más Dolores, preferiría que los mortifagos gobernasen al mundo mágico a usted. ¡Ahora Hagrid nos vamos!

Caminó junto al semigigante de vuelta al castillo pero Umbridge dio la orden y varios aturdidores golpearon a la profesora McGonagall. Hagrid visiblemente enojado desató un mar de llamas mientras huía por el bosque. Algunos aurores intentaban socorrer a la profesora pero parecía haber fallecido.

Harry observó aquello con visible temor. La profesora Sinistra descendió la torre dejando a todos visiblemente conmocionados. Pronto hubo una desaparición y Hermione visiblemente preocupada añadió.

—¿La han…matado?

Harry negó pero un angustiado Ron dijo—Cinco aturdidores a una anciana. No es moco de pavo. Espero que se recupere por el bien de Hogwarts.

El TIMO se acabó y todos salieron perjudicados por lo que habían visto. Todos menos Malfoy que sonriendo al saber que tenía el poder anunció mientras bajaba la escalera de caracol.

—Pronto serás mía Granger. Tú y Davis me brindaran horas de diversión.

Ron cerró los puños mientras que Hermione como siempre le ignoró y dijo—¿No está Pansy para eso?

Malfoy sonrió y dijo—Esa es solo una amante. Calienta mi cama algunas noches pero yo necesito a alguien noble y de buena familia. Sangre sucias y traidores a la sangre hay muchas…

Harry simplemente le preguntó curioso—¿Y quién es la bella dama?

El chico miró el trasero de una chica y masculló—Mi familia está segura de que Greengrass será mi futura esposa…pronto os tendré a las dos Granger. Tan solo esperó que Daphne no te azoté lo suficientemente fuerte—mientras reía.

Mientras Hermione y Harry hablaban sobre lo ocurrido. Ron tenía otros planes. Fue asaltado por Parvati y la chica le hizo claras sus intenciones. Media hora más tarde, profanaba el trasero indio de la bruja. Mientras se retiraba la chica indicó.

—Espero que podamos compartirte yo y mi hermana alguna vez Ron.

Eso le iluminó la sonrisa y se olvidó de Hermione bastante mientras miraba como Parvati se posicionaba de nuevo las bragas. Había probado un trasero y podía tener dos iguales.