Tras la expulsión de Hagrid y el ataque que había recibido la profesora McGonagall, todo el mundo estaba en vilo. Ahora apenas quedaba ningún profesor con capacidad de hacerle frente a Umbridge. Flitwick y Sprout intentaban no meterse en problemas y salvaguardar a los alumnos mientras que Snape pasaba totalmente de las reglas de la directora.

La Suma Inquisidora se estaba encargando de convertir el colegio en una especie de centro de adoctrinamiento militar. Los cuadros mágicos fueron retirados de las paredes y Filch tenía poder de castigar a los alumnos como quisiera. Eso incluía azotes y otros tratos denigrantes. Sin embargo, había algo que la directora seguía sin tener bajo control.

Además de los profesores mestizos y los alumnos que ocasionalmente usaban magia para molestar, había un problema mayor. El despacho de Dumbledore había permanecido cerrado desde que se fugó y nadie podía entrar en él. La gárgola que lo custodiaba impedía el paso y ni tan siquiera la magia conseguía destruir aquella estatua.

Por desgracia ese día ocurriría algo mucho peor. Justo se estaba desarrollando el TIMO de Transformaciones cuando un pequeño estruendo levantó la mirada de todos los estudiantes.

El conserje caminaba cojeando y cubierto de una sustancia semejante al lodo pero de un tono negro. El olor era nauseabundo y a pesar de los intentos de Dolores no consiguió eliminarlo de su cuerpo. Mientras la mujer lo intentaba, se escuchó el típico sonido de los petardos al encenderse. El zumbido de la ignición era alarmante.

Umbridge se percató de eso y simplemente giró la cabeza preguntando a otro de los profesores que habían acudido al Gran Comedor para ver lo que ocurría.

—¡Flitwick! ¿Qué ha ocurrido?

El enano simplemente miró a la mujer y con una mueca que parecía un intento de no reírse le dijo—Alguien conjuró una réplica del Lago Negro en los corredores. Algunos están inundados y el lodo lo cubre todo.

—¿Cómo lo eliminamos? No podemos dejar que el colegio nade en porquería

El profesor simplemente insistió—Ni mis mejores hechizos pueden desvanecerlo totalmente. Es un fino trabajo multidisciplinar, necesitaría la ayuda de Minerva.

Umbridge enfadado estuvo a punto de amenazar al profesor cuando el sonido se volvió a escuchar y está vez las chispas entraron en el Gran Comedor. Todos se giraron de nuevo para ver como una lengua de chispas rojas y amarillas emergían y comenzaban a multiplicarse. Cada vez que se encontraban un obstáculo se multiplicaban y se dispersaban en todas las direcciones. Poco a poco todo estuvo lleno de chispas que comenzaban a agruparse para formar una W gigante. Todos sabían de qué se trataba. Era una señal de irrespeto que claramente no iba a ser tolerado. Las puertas del Gran Comedor se abrieron revelando a Fred y George con sus varitas levantadas.

Umbridge abrió los ojos amenazante—Atrápenlos—Filch avanzó hacía ellos con la escoba.

El pobre squib no duró mucho ya que cruelmente Fred apuntó a él y le dijo—Fregotego—acabó bañado por burbujas y agua. Muchos rieron ante aquella pequeña broma pero eso no iba a terminar.

Dolores sacó la suya en medio del examen bajo la mirada de los funcionarios que examinaban los TIMOS. La mujer se preparó para un duelo pero fue sorprendida cuando la W se transformó en un dragón que comenzó a perseguir a la mujer. Acabó fuera de la sala huyendo de aquella llamarada. Los gemelos rieron y rápidamente alzaron sus varitas al unísono dejando un destello de luz.

Todos los alumnos se levantaron al ver cómo huían. Hermione fue la primera en proclamas dejando su examen.

—¿Qué encantamiento han usado?

Nadie le contestó, solamente vieron como los carteles que anunciaban las nuevas normas y reglamentos ministeriales estallaban en pedazos y se prendían fuego. Las bengalas y los fuegos artificiales seguían a los gemelos hasta uno de los patios donde curiosamente Umbridge había conseguido destruir el dragón.

—¡Ustedes! ¡Acabareis en Azkaban! Engendros del diablo… una celda os esperá.

Fred miró a su hermano y cuestionó—Sabes George… nuestro futuro nunca estuvo destinado a la grandeza académica.

El otro gemelo asintió—Sí. Tienes toda la razón ahora si me permite Directora—dijo dramáticamente—Accio escobas.

Las escobas que fueron requisadas volaron ante la llamada de sus dueños. Ambos chicos se subieron y volando evitaron los maleficios letales que la directora mandaba. Mientras sobrevolaban Hogwarts los dos fueron esgrimiendo sus varitas mientras lanzaban encantamientos que soltaban chispas en formas curiosas. Umbridge enfurecida no supo que hacer hasta que vio como todas las chispas se fundían en una única W gigantesca que se precipitó sobre el colegio.

Harry y Ron miraron entusiasmados todo el espectáculo de luces. Debajo de ellos un tímido Flitwick observaba aquel inmenso trabajo—Estoy muy orgulloso de ellos. Ahora me pondré a revertir su pantano.

Umbridge en cambio observó a todos los de quinto año y el desastre que los gemelos habían formado. No sabía ni qué hacer en ese momento. Por desgracia iba a ocurrir algo peor ese día. Mientras todos observaban aquello, un sinuoso trote alarmó a los alumnos. Los centauros se marchaban cargando con una chica que gritaba y lloraba.

Harry observó aquello y vio como Firenze iba hacia aquellos ladrones de su misma especie. Umbridge también se dio cuenta y en un comentario de Malfoy la sacó de su ensimismamiento.

—Profesora esos monstruos han cogido a Daphne—no sonaba muy angustiado por haber perdido a una compañera Slytherin aun así lo había comentado.

La mujer de rosa se aproximó para ver mejor el borde del bosque y apuntando su varita disparó. Un destello verde se dirigió hacia Firenze acabando con él. Todos observaron cómo había asesinado a aquel centauro sin perder la compostura. Mientras tanto los captores ya estaban dentro del bosque fuera del alcance.

La profesora no supo que decir hasta que mirando a todos gritó—¡A las salas comunes!

Ron fue el primero en hablar—¿Greengrass?

—Lo hablare con Snape. Todos dentro. Ya.

Los estudiantes corrieron hacia sus salas comunes mientras que el trío de oro esperó en el patio. Un ofuscado Snape murmuraba cosas mientras acompañaba a Umbridge escaleras adentro. Una vez allí reunidos, comenzaron a hablar entre ellos.

Weasley fue el primero en comenzar—¿Por qué a Greengrass? ¿Por qué no a Umbridge?

Una vez más la lógica de Hermione se abrió camino—El rapto de ese sapo hubiese hecho que el ministro mandase a los aurores para matar a los centauros. Con Greengrass—dijo con desprecio—no hay tanto riesgo.

—Ya ha demostrado que le importa poco la vida de sus enemigos—dijo Harry quien claramente había distinguido la imperdonable cuando asesinó a Firenze—Supongo que los centauros se solidarizaron con Hagrid y McGonagall.

—Bueno, ¿qué hacemos? —instó Ron—No podemos dejarla allí. Es una víctima inocente a pesar de ser una serpiente maligna.

La bruja tragó saliva—¿Inocente? —masculló—Es una zorra pero, sí. No podemos dejarla en el bosque. ¿El mapa la localizaría?

Negó—No. Solo funciona con la casa de los gritos y los terrenos. El bosque escapa al mapa.

Ron preguntó—¿Sobrevolándolo con escobas?

—Demasiados árboles, Ronald

El chico cansado insistió a Hermione—¿Cómo propones afrontar esto? ¡Lista!

—Los profesores se encargarán.

—Mataran a los centauros, Hermione. ¿Tanto PEDDO y luego qué?

Harry acabó la conversación diciendo—Yo iré a por Daphne. Mientras tanto ustedes dos—observó a sus amigos—Encárguense de que Umbridge no molesté y envíen una lechuza al Ministerio y a la Orden. Espero que Madame Bones pueda ayudar con esto—dijo mientras poco a poco marchaba hacia el bosque prohibido siguiendo los pequeños rastros de los cascos de aquellos animales.