Mientras tanto al otro lado de Gran Bretaña, el mármol reflejaba cada detalle del rostro imperturbable de Lord Voldemort. El Señor Tenebroso daba órdenes a sus mortífagos sin siquiera mirarlos a la cara. Tan solo se permitía un poco de calma cuando hablaba con el sibilino Lucius.
El hombre le había servido bien antaño y a pesar de su cobardía y de no haberle buscado, seguía siendo extremadamente útil. Infiltrado en el Ministerio y siendo un experto con la maldición Imperius, Lucius Malfoy se había convertido en un empresario y político excelente. Pero ahora su negocio era unir familias dubitativas a la causa.
Lord Voldemort había diezmado a la población mágica en la pasada guerra. Las familias traidoras nunca volverían a confiar en las familias que habían asesinado a otros magos. Por suerte quedaban familias que conservaban las viejas tradiciones pero no poseían el estatus o la valentía necesaria para unirse al lado vencedor.
Arrastrando las sílabas, Voldemort habló a su leal sirviente—¿Crees que eso funcionará?
Tragó saliva. La duda de su maestra indicaba un disgusto con su forma de actuar. Algo que era mejor que no ocurriese. Lucius había tenido una idea para atraer a los Greengrass y otras familias pero no lo había hecho por la causa sino por perpetuar su linaje. Unas intenciones que no pasaban desapercibidas para el Señor Tenebroso.
—Mi Lord…todo ha ido bien—indicó—Hogwarts está a mano. Sin el viejo, ni su perra faldera pronto estará listo para que usted inaugure el nuevo curso escolar.
—Sí, Lucius…Tan solo necesitamos la profecía. Tú te encargaras de eso cuando acabemos con esto. ¿Funcionará?
—Umbridge acudirá al Ministerio para lidiar con el secuestro de aquella mocosa. Yo me ofreceré para rescatarla a cambio de una serie de—arrastró las palabras—clausulas.
—Tu afición por mantener tus lazos sanguíneos es útil y necesario, mi buen amigo—eso ejemplificaba bien su lugar entre los mortifagos—Pero me temo que aún hay piedras en el camino.
Lucius levantó la mirada con fastidió—¿Piedras? ¿Quién sería tan estúpido como para dialogar con criaturas semihumanas híbridas? Meterse en ese bosque. Nadie en ese colegio tiene las agallas para hacerlo.
Voldemort le dio la razón pero sugirió con voz baja—Los aurores podrían coordinar una fuerza de choque lo suficientemente poderosa como para pelear contra los seres mágicos del Bosque…—miró a Lucius desafiante.
El hombre se levantó y añadió—No ocurrirá Milord. Todo ocurrirá como deseamos. Solo necesitamos una firma. El destino de la niña—suspiró con algo de tranquilidad—resulta irrelevante.
Su esposa observó a al hombre rubio con algo de respeto. No osaba contradecirlo pero había visto crecer a la pequeña Daphne y le disgustaba la idea de arriesgar la pureza de una joven solo por un contrato.
Lord Voldemort simplemente se manifestó diciendo—No hemos estado trabajando en las sombras para perdelo todo por un fallo tuyo—remarcó el problema—Me ha costado mucho convencer a Davis y enterarme de cada detalle sobre el departamento de Misterios.
—Pronto tendrá la profecía Milord—afirmó Lucius de nuevo—Conserve la paciencia. Pronto estará sentado en el Gran Comedor celebrando nuestra victoria.
Esgrimió una sonrisa en su tez cristalina que hizo que ambos retrocedieran con algo de impresión. La sonrisa era más una mueca grotesca en un cadáver. Todo el cuerpo de Voldemort estaba deformado y asustaba.
—Y tú estarás en el puesto de Fudge.
Lucius rápidamente se desapareció de escena mientras veía extrañado como su maestro comenzaba a desprenderse de su túnica frente a su esposa. No quería pensar en lo que había visto cuando llegó al despacho de Umbridge en Hogwarts. Saludó afectuosamente a Severus y vio como el pobre padre de Daphne estaba visiblemente angustiado. Poco le importaba la reacción de aquel hombre, había vistos rostros peores hace años. Saludó a la directora cortésmente quien hablaba con Cornelius Fudge.
—Dolores, Cornelius—ambos se giraron a mirarle y sorprendidos le saludaron amablemente—Vine en cuanto supe lo que había pasado. Esperemos que esté bien, Cyrus—intentó mostrar comprensión con la situación difícil de aquel hombre.
El hombre asintió mientras seguía andando serio por toda la estancia. Cornelius habló tartamudeando—Quizás sería mejor retirar la orden de captura sobre Hagrid, él siempre ha conocido el bosque muy bien. Podría recuperarla o tal vez a Dumbledore.
Dolores rápidamente le instó a retroceder—No. No podemos recular- ¿Qué pensarían los ciudadanos de ti?
—¿Qué haces aquí? Esta situación no te inmiscuye Lucius—habló serio el hombre canoso.
Sonriendo se acercó y le dio una palmada en la espalda. Una muestra de respeto y sobre todo de empatía.
—En cuanto me enteré vine a ver qué pasaba, después de todo soy miembro de la junta directiva. Es mi responsabilidad saber lo que ocurre con el castillo y estamos todos de acuerdo en que nuestra querida directora—apuntó su mirada a Umbridge—no ha sabido proteger a los alumnos. Encima una sangre pura—insinuó delicadamente.
Umbridge se lamentó de eso—Sí. Si hubiese sido otro se hubiese solucionado de manera más…directa. Pero tengo que decirle Cyrus que yo misma aniquile al principal captor.
Snape carraspeó ante todos advirtiendo con su tono de voz bajo—Me temo directora que su intento fue inútil. Ahora—miró a Lucius—deberíais tomar una decisión. Después de todo, contra más tiempo estemos aquí menos posibilidades hay de que esos animales le hayan hecho daño.
Lucius asintió y mirando a un Cornelius derrotado anunció—Yo puedo ocuparme ministro. Lideraré un operativo siempre que Cyrus y usted se comprometan con unas simples peticiones.
Dolores parecía extrañada por ese comportamiento mientras que Cyrus dijo perspicazmente—No es auror, Malfoy.
—En mi juventud fui campeón de duelo. Puedo con un par de centauros…además se me da mejor no usar la fuerza—añadió sibilino, destacando su pasión por los negocios.
Sin embargo Cyrus Greengrass no era un estúpido. Había conocido a Lucius Malfoy en su juventud y a pesar de la simpatía de sus esposas, nunca lo soporto. Conocía sus intenciones y ahora más que nunca.
—¿Antes o después de la maldición Imperius?
Una mueca delató brevemente a Malfoy cuando su boca y ojo se contrajeron a la vez. Snape habló para salvaguardar la distancia entre ambos.
—Yo acompañaré al Señor Malfoy en su…búsqueda
Cornelius asintió solemnemente y preguntó con dudas—¿De qué se tratan esas condiciones Lucius?
—Bueno ministro, soy un empresario. Pero entenderá que mis términos son simples pero no detallistas.
Cornelius y Dolores examinaron un pequeño contrato. El ministro sonrió al ver que claramente solo se trataban de asuntos menores como ventas de bienes, saldar pequeñas deudas o algunos enchufes. Podían hacerlo fácilmente. Cyrus en cambio tuvo otras opiniones.
—¡Apoyar a tu casa en los asuntos políticos! ¡Que dé a una de mis hijas en matrimonio y encima una dote de 500.000 galeones! ¡Se te ha ido la cabeza con tanta laca Lucius! —anunció el hombre furioso—Si por algún casual falláis en la misión me quedaría sin hijas. Ni hablar.
Lucius le quitó peso—Podemos hablarlo por supuesto. Pero sería una pena que perdieses a Daphne. Narcissa lloraría por días, todo esto lo hago por ella—al ver que Dolores lo miraba dubitativa, indicó—Mi esposa ha conocido a Daphne y Astoria desde que eran bebes. Estaría encantada con tener a alguna de ellas como nuera.
—Tengo una sobrina muy guapa… ella—indicó Dolores pero una mirada del Señor Malfoy fue suficiente para hacerle saber sus opiniones sobre métodos tan insulsos.
Cyrus simplemente indicó—Te daré 100.000 galeones si quieres pero mi posición política no. Mis pensamientos son míos y de nadie más. No sirvo pleitesía a las ideas de nadie—Severus observó a Lucius momentáneamente.
El hombre rubio sacó su varita del bastón que portaba—El dinero y un contrato de matrimonio. Me conformaré con la pequeña Astoria—indicó fríamente. Cyrus rápidamente al ver cómo las agujas del reloj se movían estuvo de acuerdo.
El hombre rubio sonrió e indicó a Snape—Severus si me permites—el profesor levantó la varita y el contrato se firmó automáticamente con él como testigo. Ambos hombres rubricaron mientras que un Lucius sonriente miró a todos y dijo—Iré al bosque y le traeré a su hija. Mantenga la esperanza, Cyrus.
Se marchó de la habitación recogiendo el contrato y vio como Snape avanzaba decidido hacía la escalera que conducía a la puerta de salida. El profesor de Pociones indicó fríamente.
—El Señor Oscuro no estará contento con tu trato…
—Amigo mío, esto es una victoria—alzando el contrato—Suficiente oro como para sobornar a medio departamento de aurores. Pronto tendremos los bienes de los Lestranges y los Black bajo un mismo apellido y los Malfoy gobernaremos el mundo mágico.
Severus avanzó bajando las escaleras junto a su amigo de la escuela—¿Y lo de la esposa para Draco? Siempre pensé que la chica Parkinson sería la elegida.
Lucius simplemente dijo—Los Parkinson son sangre pura y su hija ciertamente no es moco de pavo pero—señaló—les falta finura y elegancia. No poseen tanta belleza. Ese pelo moreno, esa tez aceitunada—indicó con desprecio—señales de mezcla con sangre sucias. No, Astoria es mucho mejor. Será convertida en la perfecta Lady Malfoy y ciertamente es hermosa.
—La chica tiene algunas complicaciones médicas. Enferma con frecuencia. Madame Pomfrey cree que es una maldición de sangre inactiva.
Chasqueando los dientes—El Señor Oscuro podrá revertila. Incluso si muere—dijo fríamente—sería una perdida insignificante. Hay muchas damas pura sangre y su fallecimiento solo haría que Draco heredase la mitad de las propiedades de los Greengrass.
Justo cuando llegaban al bosque, Lucius insinuó—¿Cómo empezamos? Los centauros se mueven, no son fáciles de rastrear
Snape ciertamente no supo que decir. Su área eran las pociones no este tipo de cacería, con desdén dijo—Debiste negociar la libertad de Bellatrix. A ella le divierten estos jueguecitos enfermos.
Desesperado indicó—El Señor Oscuro la tiene en alta estima. Pero ciertamente ha perdida la cabeza. Esas apariciones públicas, esos ataques. ¿Qué planea? ¿Dejarse atrapar? Esa mujer busca la muerte Severus.
Ambos hombres cesaron sus conversaciones y en un intento de solucionar el problema optaron por la opción más fácil. Caminaron por las lindes del bosque, introduciéndose más conforme el terreno se lo permitía. Snape quien gracias a sus años de Hogwarts sabía más del Bosque guiaba el camino. Lucius se dedicaba a hechizar cualquier matojo para que diese luz y así evitar peligros ocultos. Al cabo de las horas no había sido encontrado nada. Ni la chica ni los centauros. Sensato, Severus indicó.
—Deberíamos decírselo a su padre…Que envíen a los aurores, esto nos queda grande.
Lucius optó por estar de acuerdo. Mancillaba su honor pero sondear todo el bosque en unas horas era improbable. Era demasiado espeso como para sobrevolarlo y a pie tardarían días. Simplemente anunció derrotado.
—Vámonos, es una pérdida de tiempo—miró el bosque de nuevo. Todo en silencio salvo por el canto de las aves.
Mientras regresaban al castillo, Malfoy se levantó la manga de la túnica dejando ver la marca oscura mucho más viva que hace unos meses. El regreso a la plenitud de Voldemort había hecho que su marca regresase de nuevo. Poniendo el dedo sobre ella, Lucius sabía a quién debía convocar. Subiendo las escaleras afirmó dolorido.
—Este resultado no es el que el Señor Oscuro desea…Espero que Bellatrix la encuentre.
Snape simplemente añadió—Probablemente quemará todo el bosque si es necesario.
Ambos hombres se retiraron al despacho de Snape para beber un poco de vino mientras recibían alguna noticia sobre Daphne. Después de todo, el contrato ya estaba firmado, así que nada iba a cambiar.
