La mente de Harry se encontraba tribulada. Se planteó el ir a ver a alguna chica en la noche e incluso volver a la costumbre de la masturbación. Ciertamente nunca había imaginado que su padre y Sirius se comportasen de esa manera. En este momento deseaba hablar con su padrino o con Remus. Necesitaba consultarles sobre lo que había visto.

Dumbledore le había explicado la utilidad de los pensaderos tiempo atrás. Sabía que lo que había visto era real, había ocurrido. Le llamaban la atención varios detalles, primero la actitud de espía de Snape y como su madre lo había defendido. Por otro lado estaba claro que el ambiente en el Hogwarts de los setenta se asemejaba al actual, un clima de guerra en el ambiente. Su padre ciertamente no abrazaba todas las tradiciones de sangre pura pero tampoco parecía sentir mucha repulsión por ellas. Simplemente era un bromista.

Sirius por el contrario era más bien una buena persona al que sus experiencias pasadas le impedían avanzar. Harry veía cada vez como su padrino tenía en esos momentos sentimientos encontrados con su familia. Parecía odiarlos pero al mismo tiempo proteger a algunos. Ciertamente se preocupaba más por su aspecto, las chicas y cazar a Snape que por las matanzas muggles que Voldemort ocasionaba.

Remus y Peter eran otra historia diferente. Parecían ajenos a todo lo demás. Uno simplemente se contentaba con estudiar e intentar controlar las acciones de los demás, el otro ensalzaba los logros de James y Sirius. Los seguía a todas partes y estaba integrado en el grupo. No comprendía muy bien aún por qué los había traicionado.

Daba vueltas en la cama pensando en lo que había visto y en cómo era incapaz de defenderse frente a Voldemort. Era imposible defenderse de él. No sabía que estaba haciendo, solamente que buscaba un arma en el Departamento de Misterios. Por otro las actividades de Lucius dejaban entre ver motivos muy diferentes a los de su amo. El padre de Draco parecía más preocupado por la política. Simplemente no encajaba nada. Sumergido en sus pensamientos, sin saber cómo se halló frente a una imagen que lo desconsoló totalmente.

Sus ojos se trasladaron a los de Voldemort. Similar a lo que había ocurrido antaño cuando Nagini atacó al Señor Weasley, está vez estaba observando un lugar andrajoso bajo la mirada incesante de Lord Voldemort. Lo que le llamó la atención era que el sol estaba elevándose en el horizonte y si no recordaba mal ya había pasado la media noche.

Divisaba todo lo que acontecía en aquel cuarto desde la perspectiva del Señor Oscuro. El lugar estaba repleto de tinieblas, apenas entraba la luz y la poca que pasaba no iluminaba nada porque todo era de un tono negro o gris. Los muebles estaban roídos y la suciedad dañaba todo lo material de aquel cuarto. La puerta de entrada se abrió revelando a dos personas besándose.

Su padrino tal cual lo recordaba estaba magreando lascivamente a una mujer. Una mujer que Harry deseaba no ver ni en pintura. La mortífaga más buscada estaba besando a Sirius sin ningún pudor. Ambos no parecían conscientes de que Voldemort los estaba viendo. La escena cambió por momentos.

Ahora ambos sobre la cama. Bella cabalgaba duramente al hombre que apenas podía ver nada. Lo único que quedaba ante los ojos de Sirius era el trasero de Bellatrix que ondeaba de manera sensual con cada golpe de cadera. Harry por un momento deseó estar allí pero nada era lo que parecía. Ambos parecían estar como nunca, disfrutando de aquel momento hasta que se escuchó la voz de Voldemort susurrando.

—Crucio

La maldición golpeó a Sirius que se retorció de dolor. Las posturas agonizantes, curiosamente parecían hacer gozar a Bellatrix más aún. El miembro de Sirius se doblaba y contraía dando ciertos matices de dolor. Curiosamente su cara no reflejaba dolor sino un placer desmedido. Al parecer la corriente eléctrica que producía el dolor también activaba el clímax. Sirius derramó todo dentro y Harry pudo notar como la relajación era mucho más intensa de lo normal. Al cabo de unos minutos, la bruja montó más fuerte al hombre entre sus piernas hasta que colapsó sobre él.

Una luz roja se precipitó sobre su padrino dejándole indefenso. Ahora amo y sierva se miraron gustosamente. Parecía que Voldemort había anulado el encantamiento y se dirigía rápidamente hacia su mortífaga.

—Atalo—dijo rápidamente—Confesará o morirá.

Bella asintió rápidamente. Realizó los conjuros pertinentes mientras se quejaba de lo ocurrido.

—Mi Señor. La maldición no era necesaria. Black estaba a punto de acabar—dijo mientras miraba hacia abajo—Estaba relajado y a mí merced. No podía hacer nada.

Los ojos rojos se posaron en ella por momentos y con voz melosa añadió—La fidelidad es importante entre nuestro bando Bella. Me pregunto, qué pensará Rodolphus sí dejó que su esposa retoce con un traidor a la sangre.

—Lo hice por usted, mi señor.

Voldemort simplemente dijo—Entonces está conversación es una pérdida de tiempo. El plan ha funcionado. Yo me encargare de torturarlo, personalmente—agarró a Black por unos minutos y miró a su leal sirviente—Si no muere puedes quedártelo para ti, querida—se desapareció ante la mirada de la mujer.

La imagen cambió de nuevo. Era el lugar que algunas veces veía en sus sueños. La sala de las bolas de cristal, el lugar lleno de estanterías donde reposaban esferas cristalinas blancas. En un cruce se hallaba Sirius atado a una silla. Delante de él, Voldemort hablaba mientras lanzaba la maldición Cruciatus sin pararse mucho a esperar una respuesta. El hombre parecía cerca de romperse mientras el Señor Oscuro no paraba de murmurar.

—Dime donde esta, Crucio

Entre gritos de dolor se escuchaba simplemente—Nunca

Harry despertó justo en ese momento. Rápidamente se levantó y llamó a Ron quien dormía plácidamente en la cama de al lado. El pelirrojo somnoliento miró a su amigo quien lucía alterado. Asustado al recordar cómo su padre había sido atacado dijo con temor.

—¿Quién ha muerto? ¿Qué ha ocurrido? —su voz cobró un tono desesperado.

Harry simplemente anunció—Sirius. Voldemort lo tiene en el Departamento de Misterios.

Ron se levantó en pijama y dijo—Hay que hablarlo con Hermione. Hacer algo.

Desesperado dijo—¿Cómo?

Neville desde su cama indicó—Las monedas del ED. Pueden mandar un mensaje corto.

Los dos chicos observaron cómo Neville permanecía atento. Tomaron sus palabras y Ron logró mandar el mensaje. Tras esto salieron del cuarto para esperar en la sala común a Hermione. Neville quiso caminar junto a ellos pero Harry lo dejó quieto.

—Si necesitamos tu ayuda te llamaremos Nev—dijo el chico mientras bajaba las escaleras de caracol.

El tímido chico contratacó—Todos hemos perdido cosas Harry. Tú, yo, Ron, Susan…todos perdimos familiares por su culpa. Está es tú guerra tanto como la nuestra.

—Te avisaremos cuando sepamos algo—dijo el chico rápidamente sin prestarle mucha atención. Su desesperación le hacía ser antipático.

Una vez abajo, una somnolienta Hermione estaba con los ojos casi cerrados. Ron la despertó sacudiéndola. Harry prestó atención a como sus pechos votaban antes de decirle con algo de desesperación.

—Sirius. Voldemort lo tiene

Hermione abrió los ojos extrañada y dijo—Puede que sea una trampa. Recuerda lo que dijo Dumbledore sobre la oclumancia. ¿Lograste bloquear tu mente?

Harry observó a Ron y ambos de vuelta a Hermione. Los dos magos sabían que no, ni siquiera se lo había tomado en serio o practicado. Todo porque lo daba Snape básicamente.

—Harry no podemos descartar eso—dijo la chica—Tendríamos que escribirle a Sirius o algo al menos.

—Es imposible. No hay red flu en el castillo. Las cartas son interceptadas y si lograse escapar Umbridge mandaría a los aurores a cazarme—dijo desesperado. Las opciones se le acababan.

—Madame Bones no le haría caso a Umbridge—dijo Hermione.

Ron miró hacia abajo e intercediendo dijo—Los aurores obedecieron a Umbridge cuando atacaron a Hagrid. No creo que Bones tenga todo el control que le gustaría sobre sus hombres. ¿Qué hacemos?

—En realidad sí que hay red flu—dijo una voz en la escalera de las chicas. Ginny Weasley que había estado espiando dijo—El despacho de Dumbledore y el de Umbridge siguen conectados.

Hermione dijo—La gárgola no se moverá y el de Umbridge está vigilado constantemente. Es un suicidio Harry.

Ginny habló una vez más mirando asqueada a la castaña—¿Piensas poner tantas trabas? ¡Podemos hacerlo! El ED puede crear suficientes distracciones como para que Harry viaje y hable con Sirius por flu.

Ron asintió diciendo—Sí. Es la mejor idea que tenemos, Harry.

Negando con la cabeza dijo—No sabemos si funcionará—mirando a todos sus amigos dijo—Solamente podemos decirle la realidad a los más íntimos. Los demás díganles que causen caos para molestar a Umbridge.

Ginny sacó su moneda mientras Ron hacía lo mismo. Harry observó aquello con pesar y mirando a Hermione preguntó—¿A quién van a avisar?

—Neville y Luna—dijo la chica por lógica. Puede que no sean los más fuertes pero se puede confiar en ellos lo suficiente.

Harry simplemente dijo—Bueno mañana lo hablamos en el Gran Comedor—fue a irse a su cuarto cuando Ron sacó un trozo de espejo y se lo entregó a un perplejo Potter.

—Parvati y yo lo encontramos hace meses—se lo dio—se me había olvidado dártelo. Casi ilegible—señalando la inscripción—Creo que era de tu padre.

Harry escudriñó la superficie por momentos antes de decir—Quedátelo Ron, es solo un espejo. Guardalo—si bien lo quería de vuelta, ni siquiera era un trozo completo. Nada especial. Esas iniciales podían ser de cualquiera.

Ron miró el espejo y por un instante le pareció ver un reflejo diferente. Como si un ojo femenino le estuviese mirando. Extrañado guardó el espejo en la túnica mientras se retiraba a dormir las horas antes de su ataque a Umbridge.

La noche fue complicada para Harry. No podía dormir, cada vez que cerraba los ojos se encontraba con la misma visión. Voldemort torturando a Sirius de maneras cada vez más imaginativas. Todo fue un desastre y cuando se levantó para desayunar, su rostro era testigo de la mala noche que había pasado. Tenía ojeras y le picaban los ojos. No tenía hambre, a diferencia de Ron quien engullía sin parar. Esperaron hasta que Umbridge se hubo retirado del Gran Comedor para unirse alrededor de la mesa de Gryffindorr.

Muchos miembros del ED habían acudido al llamado pero solamente cinco conocían las implicaciones reales de aquel acto. Harry a duras penas consiguió explicarles lo que había que hacer. Ron aportaba ideas mientras ambos dirigían el operativo. Fred y George habían dejado el listón alto pero con más personas pensaban superarlo. Una vez organizados todos esperaron a que la aguja del reloj se posicionase en las doce. Ese era el momento indicado.

Ron, Hermione y Harry corrieron hacia el despacho de Umbridge. La vieron desaparecer cuando el alboroto comenzó por todo el castillo. Todo estaba saliendo bien al menos, algunos pasillos habían sido llenados de agua de nuevo, mientras que los miembros del Escuadrón Inquisitorial eran emboscado y confrontados en duelos. La superioridad era clara para el ED. Podrían crear suficiente distracción para que Umbridge estuviese ocupada.

Una vez frente a la puerta comprobaron que estaba cerrada. Ron sacó la varita dispuesto a destrozar el marco pero Hermione rápidamente usó magia para desarmar los escudos que la directora había puesto en ellos. Una vez dentro Harry usó el flu para que la chimenea comenzase a funcionar. Miró a sus amigos inquieto.

Ron le dijo—Venga, ve. No podremos garantizarte suficiente tiempo.

Hermione dijo—Luna, Neville y Gin protegerán el pasillo y nosotros el despacho pero aun así no duraremos mucho—le advirtió mientras Harry se sumergía en la chimenea diciendo—Número 12 de Grimmauld Place—las llamas verdes se tragaron al chico mientras Ron y Hermione esperaban que todo fuese bien.

Harry se precipitó de inmediato al salón de Grimmauld Place. La casa estaba en silencio total. No escuchó los gritos de la Señora Weasley, ni los aullidos de Sirius ni siquiera los golpes torpes de Tonks. Parecía otro lugar. Buscó todo lo que pudo por las habitaciones de la primera planta sin encontrar nada. Sabiendo que el tiempo no estaba consigo llamó al único que podía ayudarle.

—Kreacher—el elfo apareció por suerte y al verle masculló.

—El ahijado del traidor ha vuelto a la noble casa de los Black. ¿Qué puedo hacer por el niño que derrotó al Señor Oscuro.

—¿Sirius? ¿Dónde está?

El elfo se quedó pensativo y dijo—El amo traidor salió en busca de la Señorita Bella. Dijo que quería matarla con sus propias manos. Los otros traidores salieron tras él pero nadie ha vuelto—esperanzado dijo—¿Cree que están muertos?

Harry negó con la cabeza y dijo—Kreacher dame alguna pista. ¿Cómo es el lugar al que fue Sirius?

El elfo con voz monótona dijo—Un lugar oscuro, con menos clase que Grimmauld Place. Los Lestrange nunca fueron tan refinados como para compararse con los Black—con algo de pesar dijo—Una lástima que el amo traidor prefiriese una traidora de la sangre que a alguien de su propia estirpe. Oh la Señorita Bella y la Señorita Cissa. Kreacher se castiga cada día por el destino de ambas.

Lo ignoró y simplemente regresó por la chimenea con aún más pesar. Lo que vio le heló la sangre, sus cinco amigos estaban derrotados y atrapados por miembros del Escuadrón Inquisitorial. Parecía que habían subestimado a Umbridge. La mujer alzaba su varita en dirección a Harry mientras murmuraba.

—Pensé que tras lo de Dumbledore y ese grupo de alumnos hostiles todo esto—señalizó con la cabeza—se acabaría. Pero veo que no, Potter. Usted merece un castigo ejemplar. Ha convencido a cerca de una veintena de alumnos para atacarme a mí y a protegidos del Ministerio.

Harry observó a los presentes y pudo ver los estragos de los duelos. Ron sangraba por un labio mientras intentaba liberarse de la llave que Crabbe le hacía. El musculoso Slytherin no parecía manejar su fuerza y el pelirrojo parecía luchar por coger aire. Neville estaba herido pero no parecía obra de ningún hechizo. El chico había sido golpeado y ahora tenía muchos moretones mientras Goyle lo sujetaba.

Las chicas eran muy diferentes. Pansy parecía complacida de tener a Luna a sus pies. Su pie mantenía a la rubia platino tirada en el suelo y le impedía levantarse. La bruja jugaba con la chica como si fuese un triste ratón. Le levantaba la falda con el pie o usaba la punta de su zapato a modo de dildo. Luna no parecía quejarse. Estaba en silencio. Ginny era sujetada por Daphne quien miraba a Harry con una dicotomía total. Se veía que no quería estar ahí y Ginny era la muestra perfecta de eso. El agarre era delicado como si no quisiese mancharse las manos por lo que daba a la pelirroja más maniobra de movimiento.

La que peor la pasaba era Hermione. Malfoy la sometía brutalmente mientras usaba sus manos para amasar todo lo que podía. La chica incluso había llegado a gemir de dolor debido a los brutales toques que el rubio hacía. Sus pechos estaban rojos y sus pezones ya apuntaban como picos. Su pelo estaba despeinado pero había sangre manchando sus túnicas.

Las cuatro varitas de sus amigos las tenía curiosamente Daphne en una mano. Estaba claro que Ginny podía escapar fácilmente pero la varita de Draco la apuntaba directamente a ella. Hermione al parecer no era un problema para Draco, no necesitaba la varita para tratar con ella.

—¿A quién llamaba por flu, Potter? —amenazaba Umbridge.

Harry permaneció callado. Sabía que si contestaba, la profesora no haría nada. Los encarcelaría por encubrimiento y de todos modos su padrino moriría. Umbridge ya estaba alterada y mirando a alguien en la puerta. Sopesando sus posibilidades dijo.

—Quizás la maldición Cruciatus te haga hablar—indicó.

Hermione habló más alto que todos—ES ILEGAL—Malfoy no la dejó continuar dándole un puñetazo en el estómago y dejándola sumamente mermada.

—Si Cornelius no se enterá no pasara nada—miró a Pansy y Malfoy añadiendo—Tampoco se enteró de cómo maté al centauro. Además esto no lo hago por disfrute, lo hago por proteger al Ministerio. Potter confiese. ¿A quién llamaba?

Harry permaneció en silencio y por suerte Snape apareció por la puerta antes de que la mujer lanzase aquella maldición.

—Snape—amagó una sonrisa genuina—¿Tiene Veritaserum? Necesito sacarle algo a este alumno—dijo observando a Harry.

El profesor observó a sus alumnos de Slytherin y dijo—Crabbe Goyle relájense o los mataran. Malfoy no te sobrepases con la Señorita Granger, dejarle marcas puede ser más peligroso.

—¡Snape! —chilló al verse ignorada.

—Acabó todo lo que tenía interrogando alumnos y profesores. Me temó que tendría que hacerlo de nuevo.

—Hágalo.

Riendo por lo bajo dijo—Usted debería de saber que se tarda una luna entera en preparar esa poción y que un falló es desastroso para el proceso. Si quiere torturar a Potter hágalo, no es mi problema—se marchó pero en un impulso estúpido Harry añadió.

—Tiene a Canuto en el lugar donde la guardan.

Snape lo miró interrogante mientras Umbridge estaba estoica ante la confesión—¿Quién es Canuto? ¡Hablé Snape!

—Ni idea—dijo mientras se iba de la sala.

Ahora mucho más enfadada dijo—Solucionaremos esto a la antigua usanza—apuntó con la varita—Crucio—Harry chilló de dolor mientras la mujer de rosa se lamía los labios de placer ante la vista de aquel chico retorciéndose—¡Acabarás hablando Potter! ¡Da igual cuanto tarde en hacerte hablar! ¡Ya envié a los dementores a por ti una vez! ¡Me costaría poco volver a hacerlo! ¡Un simple beso y no serás un problema más!

Ron añadió—Usted…usted mandó a esas cosas en verano.

Umbridge sonriendo como una desquiciada dijo—Sí. Era un peligro para Fudge y el Ministerio. Diciendo mentiras de que ha regresado, advirtiendo al mundo sobre una mentira—Draco se contuvo la risa—Tengo contactos en el Departamento de aurores. Fue fácil administrarlo sin que la estúpida de Bones se diese cuenta. Por desgracia para ella—riendo—eligió el lado equivocado. Comprometer a su familia contigo…un traidor. Hundirá su carrera cuando esto salga a la luz. ¡A quien llamabas!

Hermione rápidamente dijo—Dumbledore

Giró la cabeza diciendo—¿Dónde está el viejo?

—No lo sabemos. Lo buscamos en varias direcciones pero nada. Íbamos a decirle que…

Harry pensó por un momento y dijo—El arma estaba lista. Para destronar al Ministerio en el Bosque.

Umbridge simplemente observó a ambos y dijo—Vosotros dos me guiareis a ella. Draco custodia a estos cinco—el chico sonreía mientras tiraba a Hermione al suelo y agarraba por el cuello a Ginny mientras una de sus manos tocaba el pelo de Daphne. La rubia se arrastraba fuera de su alcance asqueada por la cercanía.

—Profesora…no creo que sea la mejor idea…el Bosque es peligroso—dijo Daphne tras haber estado dentro.

La Profesora sonrió y dijo—Tranquila. Tú eres solo una niña de bien, pero yo tengo el poder y no dudaré en hacer lo que deba—miró a Harry y Hermione—Vosotros dos. Caminen.