No se podía escuchar nada en esa habitación. Era un ruidoso silencioso, incómodo, de estos tan cortantes que, incluso, solo con el respirar parecía como si se estuviera cometiendo un grave pecado.

Aún así, el no podía evitar dejar escapar pequeños gemidos de su garganta, Frisk se estaba asfixiando, como si tuviera un grueso lazo alrededor que le quitaba la respiración. Tapaba sus vías respiratorias, su nariz y boca, ella sensación era tal, que pequeñas lagrimillas luchaban por salir de sus ojos. Se estaba axfisiando.

El aire era pesado, denso. Era algo más que añadir al peso de sus hombros, eso y la culpa que estaba sintiendo, que, aunque lo intentase, no podría soltar. Estaba arrastrándose por sus venas y arterias, por debajo de su piel, como si su sangre fueran los pecados, como si su piel fuera el mismísimo infierno. Ardía. Se estaba quemando vivo.

Él dio una gran bocanada de aire, buscando por respirar. Pero, nada más se encontró el asqueroso sabor metálico en su boca. Quiso vomitar. Quiso vomitar pero no pudo, él sabía que, si abría los labios, no dejaría de disculparse, de rogar perdón, de intentar convencerle a él y a si mismo que, no había sido intencional, aunque así había sido. Que no quería matar de verdad, que simplemente había sido curiosidad.

El ambiente estaba teñido de sangre.

Su cuerpo, sus manos, tintadas de sangre.

Allí, Sans, tumbado, cubierto de sangre.

Frisk no podía parar de temblar. Su corazón latía, le bombeaba ruidosamente en las orejas, y si no fuera porque estaba cauteloso a que el esqueleto se levantase otra vez, se abría sumergido en un profundo mar de resentimiento a uno mismo.

Sans movió los labios por un intento de hablar. Nada salió de él.

Están recostando en una pared, con las manos intentando hacer un tapón, inútil, a la apuñalada que tenía en donde estaría su estómago.

Podía ver como sus costillas se movían rítmicamente, lentas, dificultosamente, como si estuvieran luchando a la presión del aire. Veía, como a cada movimiento, la camiseta blanca se empapaba cada vez más de sangre, como, después de la ardua batalla que tuvieron, el blanco había pasado a grises y los grises a rojos. Su sudadera no se libraba tampoco. El celeste había resaltar mucho más las manchas, como las plumas de su gorro se habían habían perdido su flexibilidad, quedando apelmazadas unas entre otras, como si hubieran perdido la vida.

Sans, la miró. Su rostro, grisáceo y escarlata, no podía ser más distante. Había ojeras que resaltaba sus cuencas negras. Arañazos de cuchillos y gotas de sangre. Pupilas vacías que lo miraban como si de la misma muerte se tratase.

Frisk trago fuerte.

Se sentía asqueroso.

Quería arrancarse la piel...

No quería haberlo hecho.

Si lo quiso, se arrepentía ahora...

Había sido curiosidad, ¿podría resetear de todas formas? ¿No?

Pero la culpa estaba allí, sobre sus hombros, y verlo, no hacía más que carcomerlo por dentro. Ahora que lo pensaba, él no podía evitar decir que había sido una mala idea desde el principio.

¿Quien era él para jugar con la vida de los monstruos? ¿De sus amigos?

¿¡Quien en su sano juicio habría pensado que repetir, de nuevo, la historia de la guerra, monstruos vs humano, sería interesante!? ¿¡Divertido!?

Estaba hiperventilando, con inspiraciones secas y, en los ojos, lágrimas húmedas.

-Después... después no digas que no te lo advertí... Frisk.

Las palabras de Sans irrumpieron el silencio y él no pudo más que jadear con miedo.

No podía...

No podía más...

Odiaba lo que había hecho...

Odiaba en que se había convertido...

Odiaba las decisiones que había tomado...

¡Quería volver atrás en el tiempo!

-Welp... Bien... me voy al Grillby's.

Un gemido escapó de sus labios. Rogaba de que se callase ya, que dejara de hablar con la verdad. Quería que volviera sus bromas y risas, quería ser feliz como lo fueron antes de que se equivocara.

Sans se movió y Frisk se alarmó. Solo de pensar que Sans se levantaría otra vez, que pasaría por su lado, que le observaría con esos ojos vacíos... Su corazón saltó, electrizado por todas las horribles emociones que estaba sintiendo.

Como no podía ser otra, él huyó, y todo de sí mismo gritó:

¡Cobarde!

¡Cobarde!

¡Traidor!

¡...!

...

Las suelas de sus delicados zapatos retumbaban fuerte en la habitación. En el silencio, todo se hacía más ruidoso. Como gritos pasajeros, uno tras otro, uno tras otro, se alejaban sin mirar hacia atrás, desapareciendo en la distancia.

A su vez, unos tacones se estrellaron contra el suelo. Sonaban cada vez más cerca, con pisadas cada vez más seguras y una risa, cada vez más divertida.

Sans elevó la mirada cuando pararon las pisadas, allí estaba, ella, con sus ojos escarlata y su jersey a rayas.

Una risilla pícara se escapó de sus labios mientras hablaba. Era una melodía peligrosa al igual de obsesiva, de la cual, el esqueleto sabía que había quedado bajo su magia.

-¿Dormiste bien? ¿Huh?

La voz de Chara como un suave ronroneo y Sans no pudo evitar que su propia expresión perdiera la seriedad dramática con la que antes había hablado. Notaba como recuperaba las fuerzas al solo escucharla, sentía su alma latir a un suave tempo.

Se recostó en la columna incomodo por la cantidad de ketchup que lo mancha. Estaba completamente pegajoso, su tan icónica sudadera empapada, su camisa desgarrada e incluso un gran gota de salsa caía por su cara.

Todo fuera porque el show debía de continuar, bueno, finalizar.

Chara lo seguía mirando, desde arriba, con los ojos brillantes. No le sorprendería si ella los hubiera estado espiando durante toda la palabrería, ella se caracterizaba por aparecer en los momentos menos adecuados, solo por divertirse a su costa un rato.

Como la amaba, como la odiaba.

La castaña había dejado todo su peso caer en un de sus costados, utilizando la columna como soporte. Se le veía como si fuera superior a los demás, con la mano en la cadera y su rostro a contraluz. Las sombras oscuras se arremolinaba en su rostro y su figura, mientras que, la luz dorada de los grandes ventanales de The Last Corridor, dibujaban su silueta. Era un aterrador contraste, sus ojos resaltaban como dos llamas ardiendo pues.

Realmente tenía la apariencia de una villana.

Las risas mal contenidas de Sans irrumpieron el silencio en el cual había caído la habitación. Se sentía relajado, como si no estuviera delante de quien podría haber sido el propio demonio.

-¿Que opinas?

Chara desvió la mirada. Sus ojos rodaron y su boca se torció en un gesto de burla, como si estuviera pensando intensamente en algo; que Sans no dudaba que fuera alguna que otro comentario cruel.

-¿Como era eso? ¿Los muertos no hablan? Entonces, ¿por qué me respondes?

El esqueleto de río con ganas a sus palabras. Ya no podía aparentar algo de seriedad a esa cómica situación. Ella le acompañó a sus risas, pero, cosa rara de ella, fue lo suficientemente amable para esperar a que dejase de asfixiarse con sus carcajadas, antes de volver de volver a hablar. El esqueleto la miró, esperando por palabras que nunca llegaron.

Mientras se recuperaba, Sans no pudo evitar posar su mirada en Chara, sus ojos eran más suaves que la última vez, con una sonrisa tonta pegada a sus labios. Se sintió un poco cohibido al verla, pero eso no evitó que continuase el intercambio juguetón de insultos camuflados en frases hechas y palabras de amor escondidas.

-¿Podría decirte lo mismo, verdad?

Las carcajadas estallaron de nuevo, más ruidosas,como si un cúmulo de emociones hubieran hervido en su interior hasta escapar de sus gargantas en forma de explosión. Sans sintió un regusto agridulce en su lengua, él podría no estar muerto -un humano como Frisk, demasiado ladrador pero poco mordedor no haría nada contra él-, por el contrario, Chara lo estaba desde hace ya mucho tiempo.

Ella acomodó todo su peso sobre la columna, deslizándose sobre esta, como enredaderas que crecían de abajo arriba. Zarzas espinosas de colores lúgubres... marrones cobrizos como su cabello, verdes oscuros como su chaleco... pero, que, en determinados tiempos del año, nacían de ellas exóticas flores rosadas, como las raras sonrisas de Chara.

Cayó a su lado con un suave plof y Sans tuvo que luchar contra si mismo para no alcanzar su mano. Si ahora se acercaba a ella, no sabía si desaparecería. Lo odiaba. Estaban separados por centímetros que parecían kilómetros. Allí estaba la maldición de que ella fuera fantasma, estaba viva, si, pero él no podía tocarla por mucho que lo quisiera.

-¿Asustamos a Frisk hasta la muerte?

Entre risas siguió burlándose. Hacia tanto que no mantenían una conversación así. No había palabras de odio, ni molestos intentos de desgarrar sus huesos mediante comentarios crueles. Nada. Era como si volvieran atrás en el tiempo. Eran amigos de nuevo... bueno, hasta que volviera el silencio y cada uno volviera a su camino.

Sans tendría que atrapar a Frisk, asustarlo un poco, obligarlo a resetear, o alguna cosa de esa. Tendría que volver a esconder los cadaveres en los armarios, como siempre pasaba después de la llegada de algún niño humano con los cables cruzados. ç

Algún día de estos se cansaría de ser quien recoge la basura. Cuando llegase ese momento... quizas no seria tan educado.

En días como esos, niños como Frisk arderían en el infierno.

Mientras que Chara, ella haría lo suyo. Nunca le había preguntado que hacía cuando no intentaba aterrorizar a los niños pequeños, cuando no buscaba crear un estruendoso caos que alterará el Underground de arriba a abajo, si ella era más que un mero espectador. Podría estar haciendo cualquier cosa ocultada por su situación de vida. Nadie se enteraría de la maldad que estuviera haciendo hasta que no fuera tarde. Algo se movió dentro de su alma por ese pensamiento, le daba curiosidad y a la vez pereza, ¿cuál sería el siguiente paso que Chara daría?

Sin embargo, su completo desconocimiento nacía de la escasez de sus palabras compartidas... y eso era lo realmente doloroso.

-¡Eso espero!

Chara desgarró su sudadera, mientras seguía con las risas. El crujido de los hilos al romperse se extendió por toda la habitación. Convirtió la manga de su sudadera en largas cintas de tela verdes, casí como si fuera delgadas enredaderas o algas realmente planas, que, al abandonar cualquier contacto con su cuerpo, dejaban de tener ese desagradable brillo translúcido. Cayeron al suelo sin vida. ¡Que ironía era aquella!

Él quiso burlarse de ello, no estaba "sangrando" mucho, no estaba sangrando nada. Pero, se quedó callado. Era extraño ver en ella acciones desinteresadas de cuidado, de una rara amabilidad... siempre y cuando la otra persona no fuera su queridísimo príncipe, que gestos amables hacía él no habían faltado..., al verlo, se sintió complacido de la manera más idiota a la cual se podría sentir. Era una emoción inútil, agridulce, que, al cabo de las horas, terminaría como una dolorosa espina clavada en su alma.

Sans recogió las vendas, algunas la utilizo de pañuelo, limpiando las asquerosas gotas de ketchup que mechaban sus blancos huesos, gesto que provocó que Chara girara los ojos con desdén por los gestos tan descuidados, y otras, terminaron siendo como una piel protectora para cuerpo dañado.

Se sentía cálido, casi como si quien le rodease, fueran los brazos firme de Chara.

Que alegre hubiera sido si no fuese más que una triste mentira.

-.-.-.-.-.

¡Hola!

Primero de todo, lo lamento, pero no tengo ninguna excusa para el retraso... dije que lo iba a publicar en los días que estan recogidos en la ChansWeek, pero, bueno, fui demasiado ingenuo :-:

Es decir, me pasa lo mismo siempre, a menos que lo tenga ya escrito todo antes de publicarlo o no llego con los plazos. Ya sabeis, me gana la pereza, y todo se ha empeorado dado que es época de examenes XD

Dicho esto, ha sido corto, aunque más lo es el mini comic que hice :) y no sé cuando subiré el último día, lo más seguro que hasta finales de junio no esté, siendo optimistas.

¡Espero que lo hayaís disfrutado!

Nos vemos en el siguiente y último día :p