Todos arribaron al Ministerio en plena noche. Harry recordaba el código usado por el Señor Weasley para entrar por lo que fue realmente fácil. Ahora corrían por los pasillos buscando el lugar con el que Harry había soñado. Todos seguían a Harry en su camino pero era muy extraño.

Lo normal era que el lugar tuviese una guardia mínima. Varios magos que estuviesen dando vueltas, vigilando o que al menos algunos departamentos dejaran algunos miembros trabajando para que el flu funcionase o por alguna urgencia. Ese día todo estaba desierto. El silencio se apoderaba del lugar y daba un aire aún más tenebroso.

En poco tiempo llegaron al Departamento de Misterios. Atravesaron la puerta de sus sueños y se toparon con una sala semicircular con muchas puertas. Harry las leyó a lo lejos evaluando en cual tendrían cautivo a Sirius.

—Cámara del tiempo, del espacio, del amor, de la mente. Salón de las profecías, cámara de la muerte—los nombres no dejaban entrever mucho. Todo parecía tan etéreo en ese lugar.

Hermione señaló—Los inefables estudian los misterios de la magia. Debe ser fascinante trabajar aquí—dijo mientras intentaba quedarse con cualquier pizca de conocimiento prohibido que encontrasen.

Luna en cambio dijo—¿Qué viste?

Dudó por un momento en describírselo pero le dijo—Una sala llena de estanterías con bolas de cristal.

—Sala de las profecías—dijo la chica abriendo el lugar y desvelando que en efecto era el indicado. El lugar de sus sueños, solo que más tenebroso. La única luz era la proveniente de las esferas de cristal.

—¿Cómo lo ha sabido? —masculló Ron.

—No hay planetas en el lugar que soñó—dijo Luna rápidamente mientras todos entraban en la sala.

Una vez allí comenzaron a buscar hasta que Harry llegó al lugar exacto donde debería estar Sirius. Para su desgracia no había nada. Hermione alterada dijo—Puede que esté en otro lado. Este lugar es enorme—la sala se expandía mágicamente y había millones de esferas. Todas las esquinas eran iguales.

Harry temeroso dijo—Es este. Era este. Hemos llegado tarde.

Neville observó una de las esferas y Luna le siguió la mirada—Pone tu nombre, Harry.

El chico agarró la esfera y leyó la etiqueta—Harry James Potter y Lord Voldemort, por Sybill Trelawney, delante de Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore—miró a sus amigos y dijo—¿Para qué querría una profecía?

Ninguno dijo nada y todos esperaron a ver qué ocurría. Harry escuchó dentro de su cabeza unas palabras con la voz de la profesora de Adivinación. Sintió un escalofrío y vio cómo sus amigos apuntaban temerosos a las sombras. El lugar era la intersección de dos pasillos, por lo que estaban rodeados. Las luces de sus varitas desvelaron un mínimo de diez figuras encapuchadas.

Las capuchas eran las mismas que había visto durante el altercado en la final de quidditch. Mortífagos. Eso era al menos una pista. Se subdividieron para que al menos hubiese una varita apuntando a cada esquina. Harry encaró solo una de las esquinas al ser el más versado en defensa.

Un sinuoso taconeo le hizo saber de quien se trataba. La única mujer entre aquel grupo de hombres, la mortífaga más temida. Bellatrix Lestrange sonreía a Harry mientras avanzaba. A su lado, un hombre enmascarado pero cuya máscara carecía de utilidad. Su cabello pálido y largo lo delataba así como su bastón plateado.

Les gritó—¿Dónde está Sirius?

Neville y Luna entrecerraron los ojos. Sabían que Harry tendría una buena razón para ir tras Black pero a pesar de todo temían aquel nombre un poco. Una risa recorrió a los mortífagos mientras Bellatrix mascullaba.

—El Señor Tenebroso nunca se equivoca—sonriendo descaradamente.

—Debes aprender a distinguir los sueños de la realidad, Potter—se quitó la máscara—Entrégame la profecía y dejaremos que salgáis sanos y salvos—se ganó una mirada recriminatoria de su acompañante.

Harry sabía que no cumplirían sus promesas—¿Para qué me necesitaba Voldemort aquí?

—¡Se atreve a decir su nombre! ¡Sangre sucia y traidores a la sangre!

—Calma Bella, solo tiene curiosidad—agregó Malfoy mientras mantenía la distancia—Las profecías solo pueden ser cogidas por aquellos para los que han sido hechas. Una suerte para ti, Potter.

Sus amigos sacaban las varitas, preparados para una pelea. Pero debían planear mejor la estrategia. Al menos estaban distraídos por varios minutos. Decidió sacar toda la información posible, blanquear sus ideas ahora que podía.

—¿Kreacher me mintió? —podía asegurar que era cierto y ciertamente mataría a ese elfo la próxima vez que lo viese.

Bellatrix sonrió como una desquiciada—El pobre elfo huyó cuando su amo lo mando fuera. Por suerte nos sirvió bien. Fue muy útil. Gracias a él estás aquí.

Hermione ató cabos y dijo—Por eso el que no debe ser nombrado amenazó a los Davis—miró a Harry—Su padre era vigilante de seguridad en el Ministerio. ¿La muerte de Bode en San Mungo? No fue un incidente aislado supongo.

Lucius sonrió—Para ser una sangre sucia eres inteligente. Demasiado para tu propio bien—masculló—Davis se encargó de que el Ministerio estuviese desierto para que pudiéramos entrar fácilmente. Yo mismo eché la maldición Imperius en Bode y en Podmore pero ambos fallaron.

—¿Podmore? —dijo Ron—Ese es de la Orden.

Lucius dijo—El pobre tiene que aprender a usar una capa de invisibilidad correctamente. Lo insté a asaltar el Ministerio pero fue capturado por Bones.

—Por eso el ataque a Hogsmeade—pensó en voz alta Harry—Para que hubiese muchos aurores vigilando el colegio.

Bella sonrió pero negó con la cabeza—Es un muy buen plan pero para tú desgracia. Los aurores son hormiguitas ante el Señor Oscuro. Su existencia es anecdótica. Se trataba de desprestigiar a mi querida Amy—riendo bramó en voz alta—Tendríais que haberla visto. Apenas podía mantenerse en pie. Ha envejecido muy mal. Una lástima que no pudiese matarla.

—Bode era un inefable conocido. Se jactaba de ello en los bares. Una simple maldición Imperius y fue a por la profecía. Para su desgracia perdió la mente y tuvimos que deshacernos de él—con algo de lástima en su voz—Se estaba resistiendo a la maldición y podría haber confesado.

Neville dijo—¿El Lazo del Diablo?

Lucius sonrió—Un regalo de un amigo. Pero Bellatrix una vez más tuvo que intervenir para causar suficiente caos y que la muerte de Bode no fuese una noticia tan importante. Muchos inefables murieron mientras probábamos las defensas del Departamento. Cuando Augustus salió nos facilitó las cosas—inclinó la mirada hacía una hombre de aspecto serio pero con la cara carcomida por alguna infección.

Harry intervino de nuevo preguntando—¿Y qué tiene que ver todo esto con el secuestro de Daphne? Ambos estuvisteis allí, casi nos matas—apuntando a Bellatrix.

Lucius esperó brevemente y dijo—Necesitábamos más seguidores para cuando el Señor Oscuro se dejase ver de verdad. Greengrass tiene dinero por desgracia tuviste que venir a arruinarlo todo—masculló. La bruja morena en cambió dijo—Os ayudé a encontrar la salida. Quizás fui demasiado agresiva—mientras se detenía a pensar—A la pobre Amy le disgustaría saber que el presunto novio de su sobrinita se pasea con Greengrass por la noche.

Harry en cambio dijo—Podemos deteneros lo suficiente. Después de todo, vuestro maestro no pudo conmigo varias veces.

Sonriendo, el rubio dijo—Weasley. Vuestra familia ya está acostumbrada a perder miembros por nuestra culpa. Una lástima que no pudieras matarlo Bella.

La mujer dijo—Neville Longbottom. ¿No? —al ver al chico—¿Cómo está tu madre? Pobre Frank…le hice un favor en realidad. No merecía esa triste vida. Encerrados en una habitación con la única compañía de la persona que les daba de comer—riéndose dijo—Me recuerda a mí.

Neville arremetió contra ella pero fue detenido por Hermione y Ron—¡Mejor ahora que morirás!

—Un poco de calma—indicó Lucius intentando calmar a su cuñada—No queremos violencia innecesaria. Tú familia ya ha disfrutado de nuestra presencia durante mucho tiempo. Es innecesario que la pobre Augusta reciba una nueva mala noticia.

—Lo dirás por ti, Malfoy—dijo un hombre adulto en el silencio. Bella rápidamente añadió—Para una vez que tienes razón cariño mío. ¡Acabemos con esto ahora, Lucius! Tengo prisa.

Harry simplemente miró al hombre al que se había dirigido la mortífaga. En un intento de consumir más tiempo dijo—¿Quieres saber cómo Voldemort hizo que viniese? —todos se estremecieron ante el nombre de su amo.

El hombre se soltó la máscara revelando otro rostro demacrado. Rodolphus Lestrange lucía mucho más mayor que Bellatrix. El tiempo en Azkaban le había sentado bastante mal. Parecía sumamente curioso por lo que Harry le había dicho.

—Me enseñó a Sirius aquí—todos permanecieron en silencio. Parecía que ya lo sabían—Pero para capturarlo me envió una imagen de ella—señalizó a la bruja—follando con él.

Rodolphus abrió fuego pero la maldición cruzó el espacio entre los chico con una precisión inaudita y golpeó a su mujer haciéndola chillar de dolor. Tras unos minutos de dolor, la maldición se terminó y Bellatrix observaba a todos con muchísima más furia. Todos temblaban ahora con miedo. Por suerte, Lucius mantuvo la calma y se acercó más.

—No te has preguntado nunca sobre la conexión entre tú y el Señor Oscuro—pausó moviendo su varita por si había algún ataque imprevisto—Porque no pudo acabar contigo cuando solo eras un bebe. Las respuestas están ahí, Potter. Dámela y sabrás la verdad.

Se quedó pensando en eso brevemente. Ciertamente el padre de Draco podía convencer a cualquiera con sus palabras. Desde pequeño había deseado saber porque sus padres murieron y cuando se enteró del mundo mágico más aún. ¿Qué tenían ellos de especiales para tener que morir? Pero ese, ahora era el menor de sus problemas. Tenía que sacar a sus cinco amigos de aquí. Podían morir por su culpa.

—He esperado catorce años—dijo respirando con dificultad.

Lucius sonrió enteramente afirmando—Lo sé. Dámela y obtendrás tus respuestas.

Harry resguardó la bola lo más que pudo y gritando instó a sus compañeras a lanzar maleficios letales—Rápido. Desmaius.

La luz roja salió disparada con mucha fuerza pero ambos mortífagos huyeron rápidamente. Sus amigos parecían haber hecho lo mismo. Harry corrió por un camino y todos le siguieron desde atrás. Por desgracia, les superaban en número y en habilidad. Lo bueno era que al estar los pasillos tan reducidos, los movimientos eran limitados. Mientras recorrían un pasillo fueron rodeados de nuevo. Lucius en frente y otro mortífago detrás de ello.

—¡La profe…cía Potter! —las sílabas le salían cortadas por la ira. Harry atacó de nuevo pero evidentemente dos veces no iba a funcionar.

Luna consiguió derribar al mortífago de detrás invocando grandes llamas. Lucius se distrajo lo suficientemente como para que varios conjuros se dirigiesen hacía él. Consiguió esquivarlos y volvió a desaparecer fácilmente.

—¡Vámonos!

Volvieron a correr mientras despejaban el camino a base de encantamientos poderosos. Les estaba funcionando pero poco a poco parecía que los mortífagos conseguían redirigirlos a una trampa. Necesitaban ganar tiempo. Todos se separaron cuando Neville fue golpeado por un encantamiento. Harry y Hermione se quedaron protegiéndolo mientras los otros tres huían.

Mientras revertían el daño causado, la maldición petrificante se escuchó detrás suya. Hermione se dio la vuelta con miedo solo para ver cómo desde el otro extremo de la sala, Luna les había protegido. Una vez Neville estuvo en condiciones de caminar, se dirigieron todos corriendo en una dirección diferente. Los ataques de los mortífagos perdieron intensidad hasta que Dolohov sin máscara apareció frente a ellos. Intentaron expulsarle con maldiciones explosivas pero un rayo púrpura golpeó la pierna de Hermione. Tras eso se retiró.

Neville vio el daño causado y se sobrecogió. La pierna de la chica parecía haber sido golpeada por picaduras de medusa. Estaba hinchada y roja, cualquier toque hasta el leve de la falda la hacía chillar de dolor.

—¿Qué era eso? —dijo el chico sobrecogido de temor.

—Nada bueno—le instó Harry.

Caminaron todo lo que pudieron de nuevo pero Hermione comenzaba a ser una carga a veces. No avanzaban al ritmo necesario. En el otro extremo, Ron protegía a Luna con todo lo que tenía. La rubia era la más pequeña y ciertamente no contaba con un repertorio muy amplio. Irónicamente era la que más dolor soportaba. Los Weasley ya tenían quemaduras y cortes pero Luna seguía peleando sin prestar atención a sus heridas. Vieron como una maldición verde se dirigía hacia ellos directamente por un pasillo. Iba a golpearlos a los tres.

Luna al ver el resplandor dijo—Mamá, estaré contigo pronto.

Ron señaló—¡Qué coño dice!

Ginny entendió claramente lo que decía su amiga y con un Bombarda finamente colocado derribó estanterías con esferas para que el impacto se perdiese. El problema era que toda la sala comenzó a derrumbarse. Las bolas golpeaban el suelo produciendo cristales que se iban agolpando y produciendo cortes en sus pies. La sangre ya corría por algunos huecos de sus zapatos.

—Seguimos vivos—le dijo alertando a la rubia—¿Alguna idea?

Ron rápidamente vio que el estruendo no había sido suficiente. Los mortífagos se abrían camino entre los escombros. Luna y Ginny lo miraron con dudas.

—Ron debemos irnos. Ya.

—Ron vámonos— ambas chicas estaban en lo correcto pero el pelirrojo tenía un plan.

El pelirrojo esperó a que los escombros fueran destruidos. Levantó los cristales en el aire y los dirigió hacia sus atacantes tal y como había visto hacer a Susan en el ED y a Bellatrix en otros enfrentamientos. Los mortífagos chillaron de dolor pero eso no los detuvo. Por desgracia de ellos, Luna tenía otros planes.

—Incendio—los cristales se fundieron causando más dolor.

—¡Cuánto aguantan estos cabrones! —dijo Ginny viendo que ni ese dolor los detenía. Sonrió para sí misma—Veamos si esto los detiene. Reducto—la maldición se dirigió con un inmenso poder. Rompió los escudos produciendo una inmensa luz y tras eso el camino estaba despejado. Un humo se levantó por la sala dejando en claro que ese hechizo había golpeado la pared contraria.

Ron agarró a su hermana instándola a huir de ese lugar. El lugar ya no contaba con estanterías para protegerse por lo que defender la posición era casi imposible. La voz de mujer hizo que los tres adolescentes temblaran brevemente mientras sujetaban las varitas con más fuerzas.

—Me merezco un premio por ser tan buena profesora. ¿No creéis? —una luz derribó brevemente a Ron. Las chicas corrieron a socorrerle pero ella dijo—No está muerto queridas. Soy demasiado buena persona como para asesinar adolescentes.

—Torturar gente, sí—instó Ginny apuntándola con la varita.

—Incongruencias de la moral—dijo simplemente—¿Cuál de vosotras es la sangre sucia? Tengo prisa.

Todos permanecieron callados—Vaya. Me he equivocado. Volveré a por vosotros luego—movió la varita y los chicos se vieron sumergidos en unas especie de remolino y lanzados por los aires en la misma dirección—Bombarda—si bien no era tan fuerte como para romper huesos si consiguió dejarles serios hematomas y algunos daños superficiales. No estaban desmayados pero si adoloridos. Bella caminó por los pasillos—Sangre sucia. ¡No te escondas de mí!

Mientras tanto al otro lado de la sala, Hermione había conseguido recuperarse lo suficiente como para caminar sin ayuda. El estruendo en la sala dejaba ver que los Weasley estaban peleando bastante. El humo y el polvo inundaban el lugar y cada vez era más difícil recorrer los pasillos debido a que los maleficios golpeaban las estanterías causando más caos.

Neville y Harry se defendían con hechizos explosivos. Ya les daba igual que la sala acabase destruida, tan solo buscaban incapacitar a sus agresores pero por desgracia se curaban entre ellos. Jugaban con ellos sin preocuparse mucho por los daños físicos causados.

—La puerta de salida—dijo Neville dando un golpe de sensatez—Hay que llegar a ella. Así ampliamos los lugares de batalla.

Harry simplemente le dijo—Este lugar es grande.

—Pero lo estamos destruyendo—el chico tenía razón. Pocas estanterías quedaban en pie. Los cristales y el humo estaban por todos lados mientras que algunas cosas habían prendido dando un espectáculo digno de una guerra—Busquemos la salida.

Los tres caminaron hasta unas puerta. Allí Harry buscó atravesarla pero no pudieron, había algún tipo de protección que lo impedía. Hermione rápidamente usó magia para desbloquearla. Los chicos fueron hacía dentro por suerte la voz lejana de Bellatrix los hizo actuar con rapidez.

—¡Sangre sucia! ¡Vine a verte! —la bruja parecía correr hacia la puerta de salida—¡Intentan salir! —eso iba a alertarlos a todos. Los chicos se miraron entre ellos—Bloquea la puerta—le dijeron a Hermione. Antes de que pudiera hacerlo, varios movimientos de varitas hicieron que las restantes bolas de cristal se moviesen de sus lugares y cayesen sobre los mortífagos—Oppugno—las bolas se dirigieron hacía todas partes causando el caos.

Una vez tras la puerta, los tres respiraron con tranquilidad. La puerta estaba hechizada pero no duraría eternamente. Hermione dijo—¿Ginny y Ron?

—Dentro

—Ya saldrán por algún lado. Vienen a por esto—recordando que el objetivo era la bola de cristal que Harry sujetaba. Esperaron por momentos hasta que la voz de Lucius les hizo pararse momentáneamente.

—Están en otras cámaras—indicó—Jugson y Avery. Crabbe, Goyle. Mulciber con Macnair. Dolohov con Nott. Travers, Rookwood conmigo. Vosotros—indicó a los tres Lestrange—ya sabeís que hacer. Postaos bien con Potter hasta que tengamos la profecía. Al resto podéis matarlos.

—Se han dividido—dijo Hermione.

—Eso es bueno…podemos encargarnos de dos de ellos—dijo Harry—Pongámonos en marcha no quiero que haya problemas.

Un asustado Neville preguntó—¿Te refieres a eso?

Voces detrás de la puerta resonaron. Estaba claro que algo tramaban. La voz irritada de Bellatrix resonó de nuevo, burlona como siempre.

—¡Hombres! ¡No saben hacer nada! ¡Dejadme a mí! —un estruendo resonó y la puerta salió volando causando una explosión. Los dos hermanos Lestrange se asomaron a la sala y comenzaron la cacería—¡Acordaros de traerme a la sangre sucia! Divertiros con Longbottom.

Mientras tanto en el otro lado de la sala, Ron se despertaba dolorido. Agarró a Ginny y Luna despertándolas. Ambas chicas estaban sumamente doloridas pero al parecer nadie había venido a por ellas. La voz de Dolohov los despertó de su ensoñación.

—Tienen que estar por aquí—dijo el hombre.

Ron rápidamente supo que era a por ellos. Tenían que huir rápido. Luna sacó su varita y sin preocuparse mucho invocó llamas enormes. Ron decidió seguirle la corriente e hizo lo mismo. Después de todo, Luna era la más inteligente. El fuego hizo que los encontraran rápido pero Ginny dispersó las llamas fácilmente con encantamientos de primer año.

La distracción ocasionó quemaduras a los hombres y pudieron escapar entrando en otra sala diferente. Ron dijo—¿Sabeís bloquear puertas?

Ambas negaron—Es muy avanzando incluso para mí—declaró la rubia.

—Nunca está Hermione cuando se le necesita—masculló el mago mientras avanzaba hacía dentro de la sala en la que se encontraban.an./span/p