Cuando los chicos se internaron en la primera habitación vieron que está escapaba de nuevo a su control. Esta vez no era un sala llena de estanterías con profecías, sino un lugar totalmente extraño. Lo más común en ella eran los miles de giratiempos colocados en vitrinas. Relojillos con capacidad de viajar atrás en el tiempo.
Hermione reconoció al instante que eran mientras los chicos se intentaban esconder de los Lestrange. Se los hizo saber con un susurró de voz—Giratiempos. En esta sala deben estudiar el tiempo.
Neville habló claramente—¿Tiempo? Es algo aburrido. El destino—refiriéndose a la otra sala—tiene más sentido. Todo el mundo quiere saber qué pasará pero el tiempo solo puede ir hacia delante.
La chica sonrió diciendo—También puede ir hacia atrás—mirando a los relojes.
El chico hizo clic e ilusionado miró a su amigo Harry—Podemos salvar a nuestros padres y acabar con esto. Hermione le bajó de la nube al recordarles las normas de uso de los giratiempos—Solo sirven para unas horas y siempre que tú estes vivo en ese lapsus de tiempo. Retroceder antes de que nacieras crearía una paradoja que podría matarte. Si no recuerdas ese período también podría matarte por sobredosis. Imaginate recordar cada detalle de tu vida, sería agobiante aunque interesante.
Se refugiaron detrás de algunas mesas cuando los Lestrange comenzaron a reorganizar la sala a su antojo. Rodolphus y Rabastan, eran hermanos y bastante similares físicamente. La diferencia era que el marido de Bellatrix llevaba la cara afeitada y sus cejas eran gruesas. Su mirada se ausentaba bastante seguramente producto de los dementores. Su hermano en cambio llevaba una barba pelirroja y estaba sumamente delgado. Ambos parecían haber tenido buen tono muscular en su juventud.
Lanzaban maldiciones que destruían la sala. Las mesas se rompían, los relojes eran calcinados y todo parecía ir rompiéndose poco a poco en aquella sala. Pronto tendrían que pelear, lo sabían. Intentaron evitarlo todo lo posible hasta que Neville en su ira, avanzó a encararlos.
—Desmaius—el rayo golpeó a uno de los hermanos. El otro contratacó con un sinfín de maldiciones oscuras que el chico pudo esquivar a duras penas. Harry se unió a la pelea. Era de vital importancia acabar con uno porque la inconsciencia del otro no duraría eternamente.
Mientras peleaban, Rodolphus se recuperó e intentó lanzar una maldición pero fue evitado por Hermione que le hizo reír a carcajadas con un Rictusempra.
—Harry—dijo ella alarmada. Ambos estaban peleando sin problemas y Hermione no tenía la misma agilidad desde su batalla anterior. Los chicos se dividieron pero sabían que no eran suficientemente buenos para estos mortífagos.
Los Lestrange no tenían piedad y no jugaban con sus víctimas. Todo hechizo que salía de sus varitas tenía el potencial de mutilar o matar. Neville solo podía lanzar hechizos mientras que Harry los esquivaba cómo podía. Llegó un momento en el que espalda contra espalda, ambos magos supieron que estaba perdido. Tendrían que hacer algo pronto.
Sin que se diesen cuenta, Hermione fue agarrada por uno de ellos. Amenazó a la chica agarrándole el cuello bruscamente. La bruja intentó respirar pero eso tan solo hizo que sus grandes mamas se llenasen más, provocando la risa de los mortífagos.
—Buenas tetas. Me recuerdas a mi esposa—masculló el que la sujetaba—Quizás pueda divertirme contigo más tarde.
Su hermano sonrió descaradamente sabiendo que iban a hacer—Rendíos. Solo queremos la profecía—Harry no supo qué hacer en ese momento. Sus dudas eran utilizadas por ambos para ir poco a poco destruyendo las prendas de la bruja. Hermione no estaba desnuda aun pero sus zapatos ya habían sido arrebatados al igual que su túnica. Tan solo le quedaba el uniforme de Hogwarts debajo. Sus grandes tetas parecía que podrían hacer estallar ese sujetador.
Rodolphus sonrió disfrutando de aquello—Encantamiento de extensión indetectable—al darse cuenta de que ningún sujetador muggle podría soportar tales pechos—Hábil para ser una sangre sucia.
Harry desconocía ese dato pero no iba a dejar que siguiesen—Relaxio—el hombre soltó a Hermione y rápidamente Neville contratacó—Depulso—Rodolphus fue lanzado contra una gran vitrina llena de relojes. Por desgracia, Longbottom fue atacado por una maldición desconocida.
Sus efectos fueron gráficos ya que vieron cómo sus dedos comenzaban a sufrir quemaduras sin estar en llamas. El dolor era tal que Neville dejó caer su varita. Harry rápidamente se las ingenió para ralentizar el proceso—Glacius. Glacius. Aguamenti—el agua y el hielo podían ralentizar ciertas reacciones químicas por lo que ese dolor podía ser amortiguado e incluso curado.
El chico agarró la varita e irónicamente vieron como Rabastan apuntaba a ambos riéndose. Listo para matarlos hasta que Hermione decidió dejarle caer encima un armario. Ambos estaban noqueados. Se dieron prisa en recomponerse solo para ver como un conmocionado Rodolphus parecía haberse sumergido en una especie de gran reloj cuyas agujas giraban sin parar.
Su rostro envejecía desde el de un tierno bebe hasta el de un anciano. La sala empezaba a resonar con la voz del hombre, parecía estar experimentando ciertos recuerdos. Algunas voces resonaron en la sala. Harry distinguió las de Lucius, Voldemort, Bellatrix e incluso el llanto desenfrenado de Alice Longbottom. Parecía que el tiempo se había vuelto loco y sus recuerdos salían sin parar.
Voces se entremezclaban mientras el pobre hombre estaba en un limbo temporal. Su hermano parecía reincorporarse a la distancia. Parecían acostumbrados a los golpes, después de todo Azkaban no era el lugar más amigable. Harry decidió arriesgarse y corrió hacia un extremo de la sala. Sus amigos lo siguieron y los tres cruzaron una especie de campana que daba vueltas marcando el intervalo de segundos de cada reloj.
Escondidos esperaron a ver qué ocurría. Parecían que las voces de la mente de Rodolphus se habían detenido y ahora otras voces inundaban el lugar. Harry se enmudeció cuando varias frases resonaron en toda la sala. Ellos habían entrado en el ciclo temporal y la sala reproducía sus memorias al azar. Un montón de voces resonaban en el lugar.
—Mamá he hecho levitar la cuchara—sonaba la voz de una niña pequeña que todos vincularon con Hermione—Mira Hermione está es la Profesora McGonagall. Ella es como tú.
—¿Puede hacer trucos? —la voz de sorpresa de una niña dijo—Una gata. Yo la he acariciado durante días. Era usted—con algo de temor.
La voz cambió de nuevo—¡Parvati esto es obra tuya! —otra voz resonó—No. No. Es la naturaleza. No es magia—Hermione se veía asombrada—Soy casi como Lav.
—Krum me ha pedido salir—dijo alegre—Pensé que te gustaba mi hermano—la voz asqueada de Ginny. —Tú hermano tiene el rango emocional de una cucharilla. Además esto es para ponerle celoso. Luego lo tendré comiendo de mi mano. —De tus tetas más bien—añadió Ginny haciendo reír a Parvati.
—Siento mucho la equivocación Profesor Weasley—con voz de niña—¿Debería dejar de chupársela? —tras esto un sondo de succión que hizo que Harry recordase aquel momento mientras Neville miraba a su amiga con ojos abiertos—Me preguntó si Harry sería capaz de comerme las tetas—añadió burlona mientras la voz de Ginny enfadada masculló—Después de Bones cualquier pecho es pequeño. Debe ser un maestro con la boca igual que con el falo, Herms.
La voz de Rodolphus habló alto y claro—¡Que viciosa es la sangre sucia! ¡Sal cariño solo somos Santa Claus y su duende! —riendo a carcajadas por aquella broma—Traemos unas varitas gordas y sabrosas. A las de tu sangre les encantan.
Se estaba acercando y los sonidos de Hermione distraían a los chicos. Ahora los recuerdos estaban avanzando hacía facetas sexuales por lo que Harry y Neville habían perdido el enfoque totalmente. Hermione dolorida poco podía hacer en esta situación. Supieron que algo andaba mal cuando un hechizo hizo que estuviesen llenos de una sustancia líquida aceitosa.
La voz de Hermione habló—No es tóxico para la piel ¿Qué puede ser?
Neville olió lo que les habían lanzado sin identificarlo. Harry lo olió y a su mente vino el recuerdo de Vernon Dursley obligándole a soplar por una goma para robar gasolina a sus vecinos. Odiaba aquello.
—Hermione—pidió ayuda—Desvanécelo lo antes posible.
La chica hizo lo que le pidieron pero comprobaron que está era una nueva táctica. Quemarlos vivos. Ahora no prestaban atención en apuntar correctamente. Solamente lanzaban fuego en todas las direcciones. Si golpeaba algo del fluido anterior, prendía o explotaba. La habitación estaba lo suficiente golpeada hasta que algo cambió en los ecos de la sala.
La chica aprovechó esto para desvanecer el fluido con un Evanesco e intentó emular la magia de una bruja medieval que se dejaba capturar para disfrutar de su propia quema. La bruja lograba congelar las llamas y estás solo le hacían cosquillas. Una nueva voz salió de la cámara perturbando a todos.
—¿Quién es Cedric?¡Tú novio!
—No me des la espalda Harry Potter. Quiero ver cómo desaparece la luz en tus ojos—la voz de Voldemort hizo que ambos mortífagos detuvieran su pelea por un momento asustados ante la presencia de su amo.
—Esperemos que el Señor Potter esté siempre aquí para salvar el día—la malicia en la voz de Lucius se dejaba entrever mientras Harry respondía con soberbia—Estaré.
—Uf como la chupa Señora…—no se escuchó debido a una explosión—prepárese para su recompensa.
— Si no hay penetración vaginal no hemos roto nuestros lazos—la voz de Bellatrix hizo temblar de furia a Rodolphus. No comprendía nada de esta sala pero los sonidos le distraían.
—Avada Kedavra—la luz verde enfermiza corrió directamente hacia ellos pero se lanzaron en todas direcciones para esquivarlo.
Hermione animó todo lo que pudo y los envió a luchar contra los mortífagos que consiguieron destruirlo todo con facilidad. Apuntando a la chica un simple Crucio la derribó por minutos. Sonriendo como un desquiciado, el esposo de Bellatrix preguntó—¿Cuánto crees que hará falta para que comience a babear? Alice tardó horas—recordando aquel momento.
Rabastan simplemente dijo—Me da igual que siga consciente pienso darle la follada de su vida.
Neville recordó el momento en el que había visto la maldición Cruciatus en persona. Cuando Ojoloco Moody o al menos eso creía la había ejecutado en una araña. Ahora la veía en Hermione y se le heló la sangre. Veía a sus padres retorciéndose de dolor. Agarrando su varita con fuerza lanzó un fuerte encantamiento que envió a ambos hombres volando contra la pared.
Harry rápidamente voló todo lo que pudo para que los escombros impidiesen su avance. Mientras corrían de nuevo, Hermione cerró la puerta de aquella sala.
