Ron vio asombrado el lugar en el que ahora se encontraban. Millones de figuras rotaban alrededor una esfera de poder mágica. Sabía que era. Lo habían estudiado en Astronomía. Estaban en una habitación que reflejaba el cielo nocturno, con todos sus planetas, constelaciones, rocas en suspensión, estrellas. Era idéntico salvo por la diferencia de que eran maquetas de tamaño algo reducido. A pesar de todo, el trabajo de los inefables era mágico. Podían andar por la sala y los planetas seguían orbitando sobre sus cabezas.

Luna rápidamente observó aquello y dijo—Mirad soy yo—apuntando al satélite de la Tierra. Ginny observó embelesada esto pero pronto supo que algo debían hacer ya que diferentes maleficios los perseguían.

Todos se asustaron cuando vieron que dos mortífagos entraban en la misma sala que ellos, pero cuando vieron sus proporciones supieron que no había ningún problema. Eran los padres de Crabbe y Goyle. Ambos igual que sus hijos gorilas sin cerebro. Disparaban a matar con simples encantamientos destructores.

Esos hechizos ni siquiera eran magia oscura pero cualquiera podía realizarlos y causaban bastante daño. Era como una bola de demolición, poco precisa pero algo letal. Ginny y Luna supieron que la sala era una trampa mortal. No había escondites y por tanto los hechizos o eran reflejados o había que esquivarlos.

Crabbe y Goyle rápidamente cambiaron de objetivo. Habían decidido que se repartirían a las jóvenes brujas pero para ello primero tenían que acabar con Ron. El chico se vio acosado por innumerables maldiciones hasta que por casualidad flotó en el aire. Extrañado observó aquel fenómeno. Todos flotaban.

Ginny levantó la varita apuntando a que se encontraban en medio de una órbita. La atracción entre los planetas los mantenía flotando al parecer. Eso era algo contraproducente, no habían ensayado nunca eso y les resultaba difícil pelear en un largo abierto. No contaban con tanta destreza. En una de esas, ambos gorilas rodearon a la pelirroja y la sujetaron entre ellos.

La menor de los Weasley se vio amenazada por dos varitas mientras que los mortífagos Crabbe y Goyle la iban arrastrando hasta que los cabellos pelirrojos estuvieron justo en sus entrepiernas. Sacaron sus penes que apenas se notaban entre tanto vello y barriga. Se congeló recordando lo ocurrido con Percy. Le gustaba someterse a Harry pero sentía temor ante una violación de esta magnitud.

—Huele a fresas—masculló uno de los hombres.

—Me gustan con nata—rió mientras masajeaba su pene frente al rostro de aquella chica—Vamos pequeña no te lo pienses más—dijo mientras intentaba posicionar su pene para obligarla a mamarlo.

Sometida y sin poder llegar a su varita decidió arriesgarse. Abrió la boca y gritó—¡Ron Ayuda! —rápidamente fue silenciada por una polla y eso se hizo claro en el otro lado de la sala.

Ron y Luna no podían ver nada en este momento. Delante de ellos había un objeto que les tapaba la vista del otro lado. Por los sonidos de asfixia se imaginaban lo peor. Luna fue la que avivó la furia en Ron al decir.

—Le dije que debía practicar más con Harry.

—¿A qué te refieres?

—Comer rabos. Se asfixia muy pronto—Ron ató cabos y entendió que los sonidos no eran porque Ginny estuviese siendo atacada sino que la estaban violando o al menos violando su rostro. No había podido protegerla de Percy pero esto era distinto. Ahora sí que podía hacerlo.

—¿Qué podemos hacer? —instó a Luna a pensar rápido en que había que hacer. La rubia observó todo y comprendió que la única opción era destruir lo que tenían delante, el planeta Urano necesitaba ser destruido.

—Reducto. Bombarda Maxima—la rubia comenzó a atacar aquella replica. Ron hizo lo mismo. En poco tiempo el lugar donde había estado el gigante gaseoso se convirtió en una nube densa de polvo y hielo. Ahora sí podían ver a Ginny. Se resistía cómo podía pero tenía la cara lastimada, claramente habían utilizado la fuerza para someterla.

Luna rápidamente al ver a su amiga que la había defendido muchas veces decidió hacer lo mismo—Ventus—una ráfaga de viento dirigió los escombros hacía los mortífagos. Ron en cambio, vengativo convirtió todo lo que pudo en piedras. El cambio en masa hirió más a los mortífagos. Ginny también había recibido golpes y su rostro estaba arañado y lleno de moratones además de saliva. Se incorporó como pudo pero la agarraron del tobillo, no dispuestos a perder a su putita.

Ron al ver aquello digirió su varita a la mano—Diffindo—casi llegó a cortar todo el brazo de un tajo limpio. Una gran brecha se abrió revelando las venas de aquel hombre. La sangre salía a borbotones de la herida. No era sadismo sino justicia. Ginny cayó de bruces doblándose el tobillo y gritando de dolor.

Luna—Fregotego—limpiando cualquier rastro de la violación y abrazándola—Tergeo—limpió la sangre que manchaba su cuerpo—Ferula—consiguiendo que pudiese mover el pie algo y no estorbase.

Ron rápidamente instó a todos a caminar pero pronto otros dos hombre suplieron a Crabbe y Goyle. Mucho más fuertes, lanzaban hechizos más poderosos y desconocidos. Cualquier escudo que lanzaban eran destruidos con facilidad. Sabían que no durarían demasiado en aquel cuarto. Luna rápidamente usó su magia con todo lo que pudo.

—Ventus—un viento se dirigió hacia los nuevos mortífagos pero no consiguió mucho a parte de algunos roces cuando fragmentos de roca les golpearon.

Ron instó a la bruja rubia—Ve cerca de Saturno. Allí es más útil ese hechizo—la bruja saltó como pudo. Por suerte los saltos a esa gravedad evitaban que fuese golpeada por embrujos peligrosos. Ron y Ginny decidieron parapetarse junto a ciertos asteroides mientras eran constantemente golpeados por fuego enemigo.

Las maldiciones golpeaban las rocas como una artillería. No parecían tener fin, pronto esas defensas serían inútiles. Esta sala era útil si eras buen duelista pero en inferioridad se volvía una trampa. Ron esperó lo suficiente como para decirle a Ginny.

—¿Puedes derribarlo? —señalando como un planetoide pasaba detrás de los mortífagos. La bruja dubitativa pensó con furia y rabia y disparó una potente maldición que desintegró la roca en mil pedazos. Los mortífagos quedaron algo despistados por el estruendo, la fragmentación los hirió levemente.

Una vez más, Ron pensó en una táctica útil. El quidditch le estaba sirviendo de mucho en estas circunstancias. Ahora es nuestro turno, pensó el mago pelirrojo. Instó a Lovegood a mandar volando parte de los anillos de Saturno mientras él aproximaba los escombros que su hermana había originado. Los mortífagos quedaron atrapados entre dos masas de polvo en rotación que los iba hiriendo poco a poco.

Rápidamente aprovecharon todo el tiempo posible para escapar a otra sala donde encontraron a Hermione, Neville y Ron. Todos se miraron entre sí. Sus ropas estaban rotas y cada uno tenía muchas heridas, algunas sin curar del todo. Ron observó que Hermione se movía raro al andar.

—¿Qué le ha pasado?

La chica añadió—Dolohov. Una maldición desconocida—miró que Ginny llevaba una férula en el pie—Al menos todavía tenemos la profecía y hemos incapacitado a los Lestrange durante un rato.

Ginny juguetona como siempre dijo—4 a 2—riendo—Os vamos ganando.

Harry observó que la apariencia de sus amigos era bastante más mala que la de él o Neville. Incluso Hermione parecía estar mejor. Ginny cojeaba al dañar y tenía toda su ropa y pelo destruido. Sus labios estaban rotos y sangraba. Su cara estaba magullada.

Ron por otro lado tenía quemaduras y heridas por todo el cuerpo. En algunos lugares incluso se veían trozos de cristal incrustado. Luna parecía estar bien pero todo su cuerpo y cara estaba llena de moretones y heridas. No parecía quejarse por la sangre.

—Estuvimos en una sala con planetas. Conseguimos destruir algunos—dijo Ron mientras todos se adentraban en la nueva sala. Hermione ofendida dijo furiosa—Ron. Es propiedad del Ministerio. No podemos hacerlo intencionalmente.

Riendo los Weasley afirmaron—Díselo a Fudge cuando vea la sala de las profecías—ese lugar se encontraba totalmente destruido y en llamas—¿Vosotros?

Neville dijo—Una sala llena de relojes. Se escuchaban voces del pasado. Extraño. Al menos hemos derrotado a los mejores duelistas de Voldemort—en voz alta haciendo que casi todos se estremecieran. Para él, era una venganza personal. Los Lestrange se merecían la muerte o estar de nuevo entre rejas. Los habían derrotado al menos.

Luna dijo—¿Este lugar?

La nueva sala estaba llena de frascos. En ellos había cerebros vivos que se movían y retorcían dentro del frasco. A demás de eso, tan solo había mobiliario de oficina. Era un lugar mejor al parecer.

Los chicos se posicionaron sabiendo que tarde o temprano algún mortífago vendría a por ellos. Mientras tanto se preparaban psicológicamente para ello e intentaban encontrar una salida. Hermione agarró un plano y dijo.

—Parece que solo podemos llegar a la sala de entrada si antes recorremos todas las salas—suspirando dijo—Curioso funcionamiento, sin duda.

—¿Cuál falta?

—Está y otra más. En el plano pone que hay otra más pero parece desconectada como si no tuviese puerta—era algo extraño. Observaron el mapa todos hasta que un maleficio los hizo volver a centrarse. Fuego azul fue lanzado hacía ellos, quemando toda la mesa.

En la puerta Lucius Malfoy junto a otros cuatro mortífagos los esperaban. Malfoy se quedó allí mientras sus camaradas tomaban posiciones de ataque. El padre de Draco simplemente dirigía ataques desde la lejanía. Usaba Desmaius o incendiaba lugares obligando a los chicos a plantar cara. Algo que les saldría muy caro.

Un encantamiento rompió una de las peceras y un cerebro se aferró a Ron. El chico intentó quitárselo como pudo mientras que Harry al ver eso lanzó un encantamiento que destruyó al cerebro.

—La profecía Potter—instó Lucius de nuevo—No queremos que esto sea una carnicería.

Sonriendo dijo—Ya hemos acabado con los Lestrange. ¿Crees ser mejor que ellos? —eso consiguió amedrentarle un poco pero rápidamente Lucius decidió pasar a modo letal. Los mortífagos dejaron de usar encantamientos indirectos para pasar al fuego de combate. Maldiciones desgarradoras, explosivas y otros muchos tipos se fueron lanzando. Los chicos respondían como podían. Algunas eran conocidas pero no las suficientes como para que fuese una lucha equitativa.

Los chicos claramente estaban desgastados por las peleas anteriores y no podían hacerle frente. Uno de los mortífagos se aventuró más de lo necesario. El trío de oro lo reconoció, era el verdugo que había intentado matar a Buckbeak. Los tres lo odiaban debido a que la pobre criatura era inocente.

—Pronto sangre sucia serás mía. Te trataré como el animal que eres—dijo mientras se aproximaba a ellos—Te marcaré con un hierro al rojo vivo. Flagrante—un destello rojo se lanzó hacía Hermione, la golpeó y la chica aulló de dolor. La zona donde la había golpeado se quemó al instante dando un marca propia de una operación.

Ron y Harry rápidamente decidieron acabar con ese hombre dirigiendo dos maldiciones hacia él. Acabo en el suelo con sangre saliendo de su cabeza y sus extremidades. Poco les importaba si estaba vivo o muerto. Ahora tenían otros problemas.

—Travers, a por la chica Weasley—instó Malfoy—Estoy seguro de que Bella la convertirá en una buena chica.

Uno de los hombres se acercó más para acorralar a Ginny que no podía esconderse con eficiencia. Travers rápidamente invocó cuerdas para amordazar a la pelirroja que intentaba resistirse. Hermione había visto aquel maleficio, lo había usado Umbridge para atar al centauro y casi lo asfixia. Esto no iba a acabar bien, la morena lo sabía. Travers parecía tener mejor control sobre el maleficio que Umbridge o al menos no lo usaba para matar por asfixia solo como un bondage mágico.

Hermione rápidamente supo que un encantamiento seccionador sería peligroso. Podrían cortar a Ginny como un cerdo. Tenían que hacer algo para ayudarla a quitarse aquellas cuerdas. Hermione supo que era la única opción—Cierra los ojos—la pelirroja lo hizo y sintió que se quemaba. Una llamarada consumió las cuerdas quemando también la ropa. Ginny se levantó con sus prendas ardiendo. Un conjuro quitó las llamas y ahora la chica decidió enseñarle algo a su captor.

—Bombarda—el conjuro en vez de ir dirigido al mortífago estaba dirigido a los pies del hombre. No pudo protegerse cuando algunos trozos de ladrillos le golpearon en el rostro rompiéndole algunos dientes.

Quisieron irse lo más rápido posible a la siguiente sala pero varios certeros disparos de Lucius los hirieron brevemente. Atravesaron la puerta y vieron una sala semejante a un anfiteatro destruido. En el centro, un gran arco de piedra con una cortina que ondeaba.

Todo parecía tan extraño. Un aire frío les heló la sangre a todos. La cortina se movió de nuevo e hizo que Harry y Luna miraran extrañados al arco. Neville incluso miró extrañado aquella construcción.

Ron miró a los tres y señaló—Solo es un arco. Vámonos de aquí. No podemos seguir haciendo esto—les instó Ron sabiendo que tenía razón. Harry y Neville eran los que mejores estaban. La profecía seguía con ellos al menos. El resto estaba en un estado deplorable.

—El arco nos llamá—dijo Luna con curiosidad—Que extraño. Nunca pensé que un ladrillo pudiese hablar.

Harry también lo había notado. Un movimiento extraño sobre ellos. Miró al techo y dijo—Detrás de mí—todos lo hicieron apuntando a la oscuridad que había justo arriba de sus cabezas. Todos se extrañaron cuando oyeron un sonido inquietante. Todo se volvió raro cuando la voz de Bellatrix los sorprendió—Lumus Sollem—una esfera de luz los dejó ciegos por unos momentos. Cuando Harry abrió los ojos, todos los mortífagos habían aparecido y sujetaban al resto de sus amigos o vigilaban las salidas. El único que quedaba era Harry con la esfera en la mano.

Miró largo y tendido y pudo ver que todos los hombres estaban en aquella sala. Algunos miraban con mucho odio a los chicos e incluso se podía notar las heridas que habían sufrido durante la pelea. Túnicas negras quemadas o rotas e incluso en algunos casos dientes y otras partes del cuerpo rotas, cortadas. Se sorprendió cuando los Lestrange a pesar de tanto lucha parecían estoicos al dolor físico.

Lucius Malfoy caminó ante él sonriendo en un alarde de victoria.