Harry consiguió subir mucho más rápido de lo que pensaba. Mientras avanzaba hacia la fuente observó como Bellatrix salía de otro ascensor contiguo. Rápidamente la sorprendió y ambos batallaron rodeando la fuente de los Hermanos Mágicos. Una enorme escultura compuesta de todas las especies cívicas del mundo mágico.
Salvaguardándose gracias a la protección de la fuente, era difícil llegar a hechizarse. Bella intentó escapar hacia una de las chimeneas de flu cuando Harry la alcanzó con el maleficio Cruciatus. La tiró al suelo y le dio unos calambres pero nada en comparación a las torturas de Azkaban o de Lord Voldemort.
La bruja se levantó sonriendo y dijo—¿No te enseñaron Defensa Potter? ¡Tienes que sentirlo! ¡Te hare una demostración práctica! La furia no hace daño. Tienes que querer causar dolor de verdad, tu estúpida nobleza no te ayudará con este hechizo. Crucio—Harry se retorció en el suelo chillando de dolor de verdad. Recordando el objetivo central dijo—¿La profecía?
El mago solo podía pensar en el rostro de su padrino estrellado contra una roca. Encima el hombre no tenía intención de pelear, estaba recuperándose de un Cruciatus. Indignado dijo—Sirius…—solo podía articular ese nombre entre gritos cortados.
Bella cerró los ojos con fastidio—Le he concedido la muerte que él hubiese querido…peleando y siendo estúpido hasta el final—riendo dijo—No muy diferente de tu padre…intentar frenar a mi amo sin varita—jactándose de aquel acto estúpido—Valiente sin duda—dijo burlona.
—¡Más valiente de lo que serás jamás zorra! —era todo lo que podía hacer entre largos chillidos de dolor producidos por la maldición. Irónicamente, la bruja paraba el hechizo para no ocasionar daños severos al chico. Rápidamente le dijo—¿La profecía, Potter? Tengo prisa y no soy como Lucius.
Riéndose en el suelo dijo—La profecía se rompió.
—Mientes—desesperada—Estás diciéndome que hemos venido aquí. ¡Para nada! ¡Prometo acabar contigo pronto!
—La profecía se rompió, largate—le dijo Harry—Antes de que me recuperé y acabe contigo.
Encolerizada miró al chico antes de suplicar a gritos—Perdóneme amo. Le hemos fallado. Yo…yo no sabía nada. Tan solo hice lo que usted me ordeno. No fue mi culpa, amo. La culpa es de Lucius…le dije que el dialogo no funciona pero no me hizo caso. Al menos he aniquilado a mi primo y herido a la mestiza—dijo con algo de tristeza en frente de una sala vacía.
Extrañado, Harry se lo hizo saber—Nadie vendrá a escucharte. ¿Por qué pides perdón? ¡Él no está aquí! ¡Es un cobarde, no se atrevería a pisar el Ministerio en persona!
La voz fría de Tom Riddle sonó por todo el lugar—¿Con que no escuchó? Soy Lord Voldemort, Harry. Deberías saber que mis poderes transcienden la magia. Puedo ir a cualquier sitio. Pude entrar en Gringotts hace años. ¿Por qué el Ministerio me iba a detener cuando llevo meses preparándome para esto?
Bellatrix miró a su amo. Voldemort conservaba el misma aspecto que el del cementerio. Un hombre alto, de piel pálida cristalina, ojos rojos y pupilas rectas semejante a los de una serpiente. Sus dedos eran demasiado largos para un ser humano. No poseía cabello y su rostro era una mezcla entre una serpiente y un humano. Ya no conservaba la belleza que tuvo como humano, tampoco poseía gran parte de la carisma que encandilaba masas. Sus túnicas eran negras pero parecían más bien gasas que algo comprado o elaborado por un sastre. La varita estaba tallada asemejándose a un hueso humano. Algo que podía romper la concentración de cualquier enemigo.
—Amo. La profecía se ha roto. Lo siento.
Voldemort ni siquiera le dedicó una mirada a su lugarteniente. Se fijó en Harry como si estuviese esperando a que se librara de los efectos del Cruciatus. El Señor Tenebroso sabía que el chico era resistente a la tortura y si había resistido una maldición suya, una de Bella sería pan comido. No había grandeza en asesinar a alguien que no podía defenderse.
—Lo sé, Bellatrix. ¡Porque te crees que he venido a las mismísimas puertas del Ministerio! ¡Vuestra inutilidad será castigada más adelante! ¡Pero primero me ocupare de Potter!
—Mi Señor no…Ha venido él. Debe irse—le instó la bruja. Voldemort la miró por unos momentos que el chico aprovecha para poner distancia entre ambos—Harry no huyas. Es de mala educación. Avada Kedavra—el destello verde iba dirigido a Harry pero antes de que lo matase, una gruesa losa de granito se elevó del suelo e interceptó la maldición.
Voldemort ciñó su mirada a la persona que había realizado aquella hazaña mágica. El director Dumbledore tranquilamente se acercaba desde la otra punta del atrio. No parecía tener especialmente prisa. Movía su varita pero nada ocurría. El anciano miró a Voldemort, Bellatrix y a Harry. Sonriendo con inocencia inaudita habló pausadamente.
—Fue un error venir hoy Tom. Los aurores vienen en camino—la mirada de Voldemort se congeló un minuto entendiendo el significado real de sus palabras—Sería mejor que os retiraseis—Harry no daba crédito a lo que escuchaba. Les estaba dejando marcharse. Si él tuviese el poder del director esos dos no escaparían fácilmente.
Voldemort no se iba a dejar amedrentar tan fácilmente. Alardeando insinuó—Cuando lleguen yo ya me habré ido y tú…estarás muerto.
Suspiró agotado de escuchar siempre lo mismo. El director agarró su varita fuerte y dijo—Aun no has entendido que existen cosas peores que la muerte, Tom. Pensé que tras pasar años poseyendo animales habrías llegado a una conclusión acertada.
Voldemort simplemente dijo—Nada puede detenerme Dumbledore. Soy invencible—regodeándose dijo—Derroté a la muerte una vez, puedo hacerlo más de una.
—Nadie derrota a la muerte Tom—mientras giraba la varita con regocijo. Parecía que disfrutaba las charlas metafísicas con su antiguo alumno ahora némesis—Pensé que ya lo habrías sabido. ¿Qué opinas tú Bellatrix?
La mujer miró al director y riéndose le hizo una reverencia. Dumbledore le guiño un ojo sonriendo. Parecía que compartían algo de humor. La bruja simplemente dijo—Sin duda morir es terrible pero—su maestro la observaba—no es la muerte en sí misma. Lo terrible es morir sin un legado. Morir sin que nadie recuerde quien fuiste. Por eso la familia es importante.
Dumbledore abrió los ojos impresionado—Sabías palabras, Señora Lestrange. Me temo que Tom ya ha sido conocido bastante en nuestro mundo. —la miró y dijo—No debería temer a la muerte.
Bellatrix en silencio escuchó esas palabras. A diferencia de su maestro, ella no se tomaba los consejos de magos poderosos a la ligera. Podía mejorar mucho gracias a eso. Aunque Dumbledore fuese un idiota era increíblemente diestro en la magia.
—Hay cosas peores que la muerte. —dijo Bella—Pero se derivan del amor. Son una consecuencia. Ver a tu amado morir, estar con otra furcia…incluso ser encerrada en una celda por catorce años…estar siempre rodeada de seres que te arrebatan todo lo positivo—con dolor en su voz dijo—Si no hubiese amor esas cosas no dolerían, no serían peores que la muerte. La muerte puede ser un respiro en una vida agotada.
Albus se alisó la barba—Parece que Azkaban conservó tu cordura más de lo normal. En efecto Bellatrix, la muerte es solo un peso para aquellos quienes no han conocido el amor nunca—miró a Voldemort.
—Eso es una tontería Albus. No hay nada peor que morir—insistió.
—Ni siquiera tras escuchar a la persona que más fidelidad te ha guardado eres capaz de afrontar un hecho como ese Tom—susurró—Sigues siendo igual que hace años. Aun recuerdo cuando ambos atravesasteis las puertas de Hogwarts. Podríamos estar horas contando anécdotas de aquellos tiempos.
—Quizás otro día, Albus. Tenemos prisa—dijo Bellatrix mientras intentaba ir a una chimenea de flu. Dumbledore rápidamente movió su varita y las figuras de la fuente cobraron vida propia. La bruja sujetó a Bellatrix, el mago a Harry y los mantuvo alejados del centro del atrio.
Dumbledore apuntó con su varita y una figura de un enano se movió hacia él—Convoca al Ministro Fudge y a Madame Bones—el enano inmediatamente se sumergió en una chimenea. La ultima figura, el centauro cabalgó alrededor de Voldemort a la espera.
El Señor Tenebroso miró asombrado como había logrado transmutar las estatuas de oro en unas milésimas de segundo. Ni siquiera él habría podido realizar esos hechizos. Comprendió que Dumbledore realmente era un verdadero oponente y sintió un temblor por la columna.
—No querrás huir verdad, Tom. Me sentiría apenado si no le enseñamos a Bellatrix un buen espectáculo. Igual eso la ayuda a elegir un verdadero bando—Harry intentó resistirse pero la estatua parecía repeler su magia. A pesar de eso, se le helaba la sangre ver como el director parecía perdonar a la mortífaga.
Voldemort rápidamente disparó otra maldición asesina que volvió a ser interceptada por otra losa de granito. Sonrió descaradamente haciéndole ver que esos trucos no funcionaban con él. El Señor Oscuro desapareció para aparecer unos metros detrás del anciano. Otra maldición asesina fue lanzada. Parecía que iba a conseguir acabar con el director pero Fawkes apareció y absorbió el rayo. Los fénix por supuesto eran resistentes a esas maldiciones.
Voldemort siguió intentándolo pero está vez el centauro se interpuso en el camino del hechizo. Su torso de oro fue destruido por el impacto. Dumbledore al ver esto rápidamente alzó la varita. Una potente llamarada salió de la punta y se enroscó alrededor de Voldemort.
El Señor Tenebroso rápidamente conjuró un escudo plateado y mientras se protegía logró disipar las llamas. Usando un maleficio poderoso, tanto que heló la sangre de Harry cuando sintió la magia oscura, Voldemort convocó una enorme serpiente de fuego.
Un fuego que conforme se deslizaba en camino a Voldemort destruía todo lo que había en el camino. Ni la piedra podía resistirse al inmenso calor de aquella bestia ígnea. Era magia oscura avanzada sin duda. Harry observó como Dumbledore sobrecogido evaluaba la situación mientras retrocedía. Voldemort se veía ganador pero el anciano no iba a permitir que su alumno disfrutase de la victoria.
Unos movimientos cortantes desestabilizaron las llamas. El fuego siguió avanzando hacia él pero rápidamente fue redirigido. Voldemort tuvo que destruir su propia maldición antes de que le quemase la túnica. Dumbledore inmediatamente levitó toda el agua de la fuente y la usó para intentar ahogar a Tom.
El agua formó una esfera con el Señor Oscuro en el interior. Por desgracia poco iba a durar aquello. La esfera se rompió rápidamente y un encantamiento desconocido originado un humo negro corrosivo. Dumbledore se defendió con un escudo. Voldemort regresó a la ofensiva lanzando una onda que destruyó cristales, tras eso los dirigió hacia Dumbledore. Harry inmediatamente supo de quien había aprendido Bellatrix aquello.
Para desgracia del Señor Oscuro, Dumbledore logró conjurar un inmenso escudo que destruyó todo el cristal reduciéndolo a menos que cuarzo. Impresionado por la hazaña, Voldemort se desapareció. Harry contento dijo—Dígale a la estatua que se detenga profesor. Tenemos que atraparla—al ver como Bellatrix seguía peleando con la estatua que la atrapaba.
—Lord Voldemort sigue aquí, Harry—fijó su mirada en el chico y de repente la cicatriz comenzó a dolerle. Sus ojos cambiaron del verde al gris y Harry retorciéndose de dolor dijo.
—Matame director. No puedo vivir sin Sirius. Acabe conmigo. Hágame un favor.
Dumbledore se arrodilló para ver al chico sufrir y dijo—Harry lucha contra él. Puedes hacerlo. No estás solo. Siento lo de este año, te prometo que respetare tus decisiones. Pero tienes que luchar. No dejes que te controle Harry—la voz de Dumbledore sonaba casi suplicante.
—Sirius—la mente de Harry se llenó de imágenes de su padrino, de sus amigos, de estar abrazado con Susan o de las riñas con Daphne, en el bosque. Voldemort gritaba en su cabeza, parecía dolor.
—Está vivo—le informó Dumbledore—Quizás tarde horas en recuperarse del golpe pero se encuentra vivo. Remus se está encargando de ayudarle. Pelea por él. Sácalo de tu mente. Harry puedes hacerlo.
Los ojos de Harry se abrieron y la barba del director se reflejó en ellos. Poco a poco comenzaban a cambiar de color. Parecía que Voldemort se había marchado por fin de su mente. Dumbledore se alejó del cuerpo del muchacho esperando un posible ataque.
Sin darse cuenta, una barrera envolvió a Harry. El Señor Oscuro estaba dentro mirando a un agotada Harry y burlándose del mago que los miraba con aprensión. Voldemort levantó su arma dispuesto a liquidar al niño que vivió cuando Dumbledore rápidamente le instó a no hacerlo.
—¿Aun no has aprendido que los actos traen consecuencias Tom? —levantó la varita y la barrera se desvaneció rápidamente—No quiero hacerte daño.
Tom sonrió de nuevo—Estás por encima de matar, Albus. Ambos lo sabemos. No tienes valor para hacerlo.
—No te detuvo una vez. ¿Porque te detendría ahora? —razonó sabiamente el director. Ambos magos se miraban expectantes hasta que todo el atrio se iluminó. Dumbledore sonrió levemente al contemplar como todo el lugar se llenaba con magos del Ministerio.
El mismismo Fudge abrió los ojos al ver a Voldemort rápidamente. Sacó su varita con temor, todos en el lugar hicieron lo mismo. El Señor Tenebroso viéndose en inferioridad de condiciones se desapareció.
El Ministro de Magia dijo con visible temor—¡Se supone que el Ministerio está protegido frente a apariciones! ¡Como diablos hizo eso! ¡Él está vivo…vivo! Es imposible, Albus.
—Ministro le dije hace meses la verdad. Usted se negó a creerla. Está ilegitimado para llevar este gobierno—miró brevemente al hombre y dijo—Las defensas del Ministerio son formidables pero no invencibles.
—¿Potter? —dijo Fudge al ver al chico herido en el suelo protegido por una estatua.
Dumbledore rápidamente giró la varita y las estatuas perdieron la vida. Miró a Harry y le dijo—Coge esto—Portus—te llevará a mi despacho. Allí hablaremos de todo lo que ha pasado.
Fudge dijo—¿Traslador ilegal? Bueno supongo que tras esto—el desastre causado y la resurrección de Voldemort—tendremos que legalizarlos de nuevo.
Una risa femenina sonó de nuevo—Gracias por el favor Albus. Tenía las piernas entumecidas—Fudge casi se desmayá al escuchar la voz de Bellatrix tras de sí. La mujer se acercaba a una chimenea. Nadie se atrevía a detenerla. Dumbledore la observó brevemente con pesimismo, levantó la varita disparando un hechizo que la mortífaga desvió hábilmente.
Amelia Bones rápidamente al verla le disparó un encantamiento que hizo colapsar la chimenea por donde se había sumergido. —¿Creen que la mate? —dijo sin respuesta.
Dumbledore negó diciendo—Consiguió huir me temo. Pero Amelia querida tenemos otros problemas en el Departamento de Misterios, si fueses tan generosa de acompañarme.
—¿Problemas?
—Varios mortífagos capturados y algunos heridos. Quizá quiera condecorar a la Señorita Tonks por su valentía. Tenemos que hablar también de una cosa importante—miró a Harry y dijo—Ve a mí despacho. Yo me encargaré de estos asuntos.
—Pero…Si—Dumbledore lo regañó con una mirada y dijo—Yo me encargo.
Harry escapó sujetando el objeto que le había dado el director. Tras un tirón apareció en el frente del despacho del director que curiosamente parecía tan limpio como siempre. Observó todo por encima pero no vio nada importante. Permaneció por allí, pensando en todo lo que había sucedido aquel día.
Habían peleado y la profecía había acabado rota. ¿Qué pretendía Voldemort? Había enviado a sus mortífagos a pelear contra seis adolescentes y ni siquiera habían conseguido derrotarlos. Tenía que decir que mientras ellos habían luchado con todo, los mortífagos se habían contenido o al menos no habían luchado con todo. Muy diferente a como habían peleado contra la Orden.
Le hubiese resultado aterrador ver a Ginny o Luna desmayadas en el suelo como le había sucedido a Tonks o incluso ver a Neville escupiendo sangre y convulsionando. No había visto eso y tenía que estar orgulloso. Lo que peor llevaba era ver a Sirius a punto de morir, todavía seguía pensando que el director le había engañado. Su visión no había fallado, lo había visto morir. Aun estaba extrañado de todo lo que había sucedido.
La habitación estaba en silencio, ni siquiera Fawkes estaba allí recuperándose de su renacimiento. Aprovechó para inspeccionar todo lo que pudo. Vio la espada de Gryffindorr en una vitrina, en un cajón estaba el diario de Tom e incluso al lado del pensadero había un enorme recipiente con recuerdos del director. Sintió curiosidad pero no había tiempo. Vio inmensos tomos sobre diferentes aspectos de la magia, ninguna particularmente interesante a sus ojos. Tras una cortina se escondían los aposentos del director. Estuvo tentado de entrar pero irónicamente no pudo.
La voz de Dumbledore dijo—No es bueno espiar los cuartos de los mayores, Harry—dijo ciñéndose las gafas. Sonriendo dijo—Tan solo imaginate si yo decidiese espiar a mis estudiantes en sus cuartos privadas. Te sorprendería lo que hubiese visto en mis más de setenta años enseñando en esta institución.
Harry se sonrojó por escuchar al hombre lanzar indirectas sexuales. Rápidamente se sentó agotado en su escritorio y dijo—He de decir que lo habéis hecho maravillosamente—alabando la tarea del ED—. Por desgracia fuiste engañado por Lord Voldemort. Yo lo preví pero no hice mucho para evitarlo. El profesor Snape es excelente pero tiene demasiado rencor hacia ti, no pudo enseñarte bien—dijo con algo de pesar en su voz.
—Profesor. Snape es un inepto. Aprendería más con usted e incluso con Molly que con él—dijo.
—Debo decir que siempre querré que trates al Profesor Snape como tal—dijo con algo de seriedad—Deberíamos hablar sobre el porque estuviste involucrado en está situación. La profecía que destruisteis se trataba de una visión del futuro de la profesora Trelawney. —al ver que Harry lo miraba con confusión dijo—Sí. No es una completa estafadora. En esa profecía se hablaba de que un niño cuyos padres retaron tres veces a Voldemort nacería al concluir el séptimo mes. Él lo marcaría como su igual pero tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce.
—¿Eso dice? —dijo Harry con temor.
—Resumido—le dijo Dumbledore—Lo gracioso es que esa descripción llegó a Voldemort hace años. Al menos una parte de ella y había dos niños que cumplían esa descripción.
—¿Dos? —dijo Harry extrañado—¿O sea que había alguna posibilidad de que mis padres hubiesen vivido?
Asintió—Sí. —espetó Dumbledore sin ninguna sensibilidad—Tú cumplías con el criterio pero también Neville Longbottom. Ninguna familia gozó de suerte tras que Voldemort oyese la profecía.
Escuchó lo que dijo. Podía incluso visualizar como hubiese sido su vida con sus padres vivos. Felicidad pura. Pasando el rato con Remus y Sirius, puede que hubiese aprendido a volar muy temprano y habría aprendido bastante del mundo mágico. Probablemente habría sido una copia algo menos altanera de James. Eso no lo tranquilizaba mucho.
—¿Por qué me escogió a mí? —preguntó—Neville es de sangre pura. Debería haber sido él—eso sonó algo egoísta pero la vida con sus padres habría sido demasiado feliz.
—Voldemort a pesar de sus increíbles capacidades mágicas también es un poco supersticioso—indicó fríamente—Quien mejor para detener a un mestizo que otro mestizo—dijo Dumbledore mirando al chico con lástima.
Harry entendió todo aquello así que cuestionó—Él no sabe…que puedo derrotarle. ¿Verdad? Para eso quiere la profecía… ¿No? Saber cómo matarme.
Asintió el anciano diciendo—Por suerte y gracias a vosotros no pudo conseguirlo. Se quedará con la duda y hemos conseguido que el Ministerio empiece con la guerra. Para mí, es una victoria. No ha visto victimas mortales. Nuestros compañeros disfrutaran de estancias en San Mungo y poco más—con algo de pesar dijo—Harry he de decir que lo que te protegió hace unos minutos no fue tu poder mental sino la mayor debilidad de Voldemort, el amor.
Las tonterías del amor no le convencían. Quizás no pudiese soportar aquella emoción pero no entendía el porqué. Todo parecía un plan del director. A sus ojos tenía sentido que guiase a Voldemort a un misión en la que podría perder su invisibilidad a cambio de un secreto obvio. Lo que había hecho el Señor Tenebroso no era un acto inteligente. Más bien un intento vano de conocer su futuro. Inquieto aun preguntó.
—¿Sirius?
Dumbledore le miró y dijo—La maldición no golpeó ningún órgano vital…el golpe si hirió su cuerpo bastante. Probablemente necesite cuidados durante semanas, es imposible saberlo.
—¿Dónde está? ¿Quiero verlo?
—Lo primero son tus heridas y visitar a tus amigos. Estarán contentos de ver que sigues vivo. Estaban asustados tras tu intento de perseguir a Bellatrix. —dijo el anciano intentando recordarle que lo importate era la amistad con personas de su edad.
—¿Pero Sirius…?
Le conto lo que había sucedido tras su huida—Una vez abandonaste el Ministerio acompañé a Amelia al Departamento de Misterios—sonriendo dijo—Quedo impresionada por el desastre causado en todas las salas. La sala de las profecías destrozada y con fuego, la sala del espacio con planetas rotos, la del tiempo con todos los giratiempos destruidos y en la cámara de la muerte…mortífagos aturdidos y aurores con grandes heridas. Amelia se encargó de Tonks, Kingsley y Alastor—dijo con alegría—después de todo dos de ellos son sus trabajadores y uno fue su mentor. En cuanto a Remus pudo huir pronto. Sirius me temo que Amelia se comprometió a no entregarlo al Ministerio a cambio de…
Temeroso de dejar a su padrino con la jefa del DMLE, le dijo—¿Está seguro profesor de que es seguro confiar en Madame Bones? Ella hace cumplir la ley y Sirius a pesar de todo sigue siendo un asesino buscado.
Dumbledore dijo—Sí. Amelia se comprometió a no entregarlo a cambio de que Sirius proporcionase evidencia de…todo lo ocurrido con Pettigrew, Voldemort y de los trapos sucios de los Malfoy y Bellatrix.
—¿Qué tiene que ver Sirius con Malfoy?
Dumbledore le dijo—Sirius convivió cuando era joven con su prima Narcissa. La esposa de Lucius—sonriendo levemente—Probablemente haya estado al tanto de los trapicheos que Malfoy manejó en el Ministerio. Suficiente evidencia como para que Amelia pueda entrar a la Mansión Malfoy y vender todo el patrimonio de Bellatrix.
Harry simplemente dijo—Es un buen movimiento pero me extraña que dejase escapar a Sirius.
—También pidió mantener a Sirius en su casa mientras se recupera. Una vez recuperado…pasará a visitarlo dos veces por semana—dijo Dumbledore.
—Más que una pena de clausura parece un noviazgo afianzándose—indicó Harry—Al menos veré a Sirius durante el verano—fue a irse del despacho cuando preguntó—¿Señor porque dejó escapar a Bellatrix? Es una mortífaga y muy peligrosa.
Dumbledore se alisó la barba con delicadeza antes de decir—Puede que sea letal y haya sido mi error—se limpió las gafas brevemente— Pero me pareció ver que la Señorita Lestrange guarda más rencor a Amelia que al resto de magos y brujas. Eso aminorará el daño. Amelia es capaz de defenderse muy bien.
—Pero eso no es ético—dijo Harry—Es cargarle el muerto a otro. Estaría mejor entre rejas. Es peligrosa.
Dumbledore simplemente dijo—¿Quién dice que ella no es ya prisionera Harry? No hay peor prisión que la de tu propia mente, Harry—eso silenció al chico—Sin embargo, eso no la exime de sus crímenes, probablemente acabe en Azkaban. La locura puede ser un problema y a la vez un impulso hacía un mismo lugar.
