—Entonces…usted me está diciendo que lo que ocurrió hace quince años. ¿Va a volver a pasar? —un hombre muggle vestido de traje graznaba asustado ante un derrotado Fudge.
El ministro de magia miraba a su homologo muggle con desesperanza. En su infinita idiotez había dado más tiempo a Voldemort, no solo eso. Había puesto a cientos de puristas de sangre en puestos importante en el Ministerio, todos habían resultado ser espías e incluso algunos admitieron crímenes pasados. Lo peor fue cuando la jefa del DMLE, Amelia Bones lo había puesto a parir por reducir la dote presupuestaria durante años a su departamento.
Ahora por su culpa, los aurores no eran una fuerza de choque soviética sino pequeñas guerrillas que a lo sumo detenían ataques puntuales. Lo único que tenía que agradecer era que al menos todos los mortífagos salvo uno habían sido devueltos a Azkaban. Los dementores no los custodiaban por lo que tenía que haber aurores allí. Eso disminuía más aun el poder ofensivo del Ministerio.
Mientras meditaba en su futuro, el ministro muggle afirmó—Me has visitado mucho esto últimos años, Cornelius—dijo bebiendo té—Primero un fugitivo se escapa de prisión, luego se producen actos terroristas que no podemos explicar—la destrucción de un puente por obra de Bellatrix salió en todos los telediarios—y ahora me dice que la guerra ha vuelto a nuestro mundo. Lo ocurrido hace lustros… ¿va a volver?
Fudge temblando dijo—Me temo que ha vuelto. No es ninguna broma. Solo pretendía avisarle…pronto dejaré de ser ministro.
—Tan solo espero que sea alguien más útil que usted Fudge—bramó el ministro muggle mientras el mago se desaparecía. Esa frase lo hundió más. Ahora le tocaba dar la cara. Debía de pensar en cómo le había fallado a toda la sociedad. Al menos Dumbledore apoyaba su renuncia pública.
Cuando llegó al Ministerio ya había varios periodistas esperando su llegada. La rueda de prensa fue corta. Fudge no se entretuvo en tonterías y parecía sentir vergüenza por sus actitudes pasadas. La mano le temblaba y parecía incluso cerca de sollozar. Tras un breve discurso y una declaración de guerra rápidamente otorgó a la directora del DMLE el puesto de ministra actual.
Curiosamente Amelia Bones parecía haber cambiado en estas semanas. Había dejado de usar su monóculo característico y ahora se podían ver sus ojos similares a los de Susan. Su cabello había crecido hasta más allá de sus hombros y parecía haber sido tratado hábilmente y teñido. Ya no tenía el tono pelirrojo blanquecino sino que llevaba un color cobrizo más apagado por la edad. Sus labios estaban sin pintar y llevaba unas túnicas de gala grises con un símbolo del ministerio metálico en ellas. Tacones con base prismática terminaban el estilo, haciéndola ver mucho más deseable a la mente masculina. Ya no era la madura tetona antigua sino un verdadero bombón de mediana edad.
—Magos y brujas de Gran Bretaña, prometo cuidar nuestra soberanía y proteger nuestros hogares de cualquier amenaza pública. Ni siquiera el que se hace llamar Lord Voldemort—tembló un poco ante el nombre—podrá vencernos. Esta vez no dejaremos el destino de nuestro mundo en manos de un infante. Como auror, madre y ministra defenderé a todos del terror. Combatiremos a nuestros enemigos con poder pero con justicia. Mi primera medida será la de revisar todos los juicios realizados durante las administraciones pasadas. Así podremos empezar de nuevo con verdadera justicia y sin ninguna culpa en nuestras cabezas—cesó de hablar y recibió un tenue aplauso de los periodistas. A poca gente la hacía gracia revisar los juicios de antiguos asesinos, pero tras haber escuchado lo ocurrido con Sirius sabía que había que hacerlo. Quizás Crouch había dejado a otros inocentes en Azkaban.
Se retiró rápidamente por una de las chimeneas, escoltada por dos aurores confiables. Miró el atrio conmocionada. A pesar de la reconstrucción el Ministerio aun guardaba cicatrices de lo ocurrido hace un mes. Muchos azulejos tenían cicatrices y la fuente de los hermanos mágicos se había convertido en una estatua conmemorando a James y Lily Potter. Su sacrificio salvó al mundo por catorce años y tenían que ser rememorados correctamente. Por otra parte el Departamento de Misterios había sido casi por completo destruido…el lugar era un campo de batalla de la primera guerra mundial en vez de un centro de investigación.
Se retiró pensando en sus propias cosas y al llegar a casa fue sorprendida por un ladrido feliz así como un comentario de Susan, quien al verla dijo.
—Sigo sin acostumbrarme—indicó su sobrina al verla tan seductora y extrañamente cargada de felicidad—Pareces hechizada por un Imperius.
Amelia rápidamente miró a su sobrina algo enfadada pero se abstuvo de decir nada. Tonks abandonó su semblante serio mientras acompañaba a la adolescente y murmuraba en voz alta.
—Parece que la jefa necesitaba una buena mascota para estar más feliz—dijo riéndose mientras un perro negro se movía alrededor de Amelia. La mujer acariciaba al animal con tranquilidad mientras se sentaba y miraba a su sobrina. Tonks y Kingsley miraron a la mujer momentáneamente.
El auror negro se quedó callado a la espera mientras Tonks se sentó al lado de Susan e intercedió por ambos. Su cabello cambió a un tono neutro marrón y dubitativa dijo—¿Quién será el jefe ahora?
Amelia simplemente miró a ambos y matizando su tono de voz dijo—Creía que a ustedes les daba igual quien mandase—fingió un tono de protesta. Ciertamente no le había sentado bien saber que miembros de su departamento espiaban para Dumbledore. El cabello de la metamorfomaga cambió del marrón al rubio platino y dijo temerosa.
—NO, NO. No. —negándolo todo—Nosotros solamente pensábamos que no era seguro contárselo. Estaba obsesionada con atrapar a Black…pensábamos lo peor Ministra.
Bajando la mirada, Amelia dijo—Puede que te salves de un castigo apropiado pero supongo que tienes razón…tenía mucho rencor. Por suerte los últimos días en los que lo cuidé sin Susan pude reconciliarme con él—dijo mientras le rascaba debajo del cuello a aquel animal.
—Si con cuidar te refieres a montar su polla como una loca y luego salivarle entero entonces…—dijo Susan mirando avergonzada pero con certeza en su voz. Seguía soñando con aquella imagen y aún no se acostumbraba del todo a la particular relación que tenían ambos adultos.
—Una lástima que no nos cuente esas historias—matizó Tonks—Mucho más interesantes que atrapar a un par de idiotas.
Sonrojada furiosamente dijo—Te prometo Tonks que estarás patrullando Hogwarts todo el año si sigues metiéndole ideas a mi sobrina—la auror rápidamente lo negó pero no fue suficiente—Para vuestra información…el departamento de aurores quedará en manos de Scrimgeour.
Kingsley chasqueó la lengua mientras con sus manos alisaba sus túnica moradas. Su oreja vibró haciendo que sus pendientes se moviesen—Rufus es más un político que un estratega. Probablemente salvará a los mortífagos que intenten comprarle. Seguiremos espiando para Dumbledore—dijo mirando a Tonks.
—No solo al viejo—Amelia fijó su mirada y dijo—Quiero informes diarios de que hace Rufus en mí Departamento—parecía tener algún tipo de sentimentalismo u obsesión por aquel lugar.
Ambos asintieron para marcharse rápidamente de lugar usando el flu. Aparecerse en la casa de los Bones era imposible salvo que fueses parte de la familia. Amelia rápidamente miró a su sobrina de frente y Sirius se transformó de nuevo en su versión humana. Suspirando de alivio dijo.
—Me tratas mejor como perro que como humano—dijo riéndose. Susan acompañó la risa dándose cuenta de que tenía algo de razón. Su tía parecía sentir más apego hacia los animales que a las personas.
La mujer lo miró y secamente dijo—Quizás puedas permanecer trece años así…—Susan admiró ese dato mientras que Sirius le devolvió una mirada de odio absoluto. No parecía querer pensar en cómo Colagusano lo había conseguido siendo un debilucho.
—¿Se puede permanecer así por tanto tiempo? —preguntó la chica curiosa, deseando poder aprender tal habilidad mágica compleja.
Sirius simplemente dijo—Lo máximo que estuvo transformado fueron horas para poder salir de Azkaban y para cuidar a Remus en Hogwarts—Susan simplemente se quedó callada pero Amelia masculló—¿Nunca tuviste respeto por las normas, Black?
—A ti te gusta eso, Amy—dijo el hombre sonriendo descaradamente. Susan sonrió diciendo—¿Le puedo llamar tío?
Amelia se horrorizo mientras ambos reían sin parar. Rápidamente contratacó diciendo—No sé si sabes que mi querida y afable sobrina ha tenido ciertas relaciones con el Señor Potter.
Sirius rápidamente dijo—Me lo imaginó. Potter y pelirrojas es una buena combinación.
—Parece que hay más de una pelirroja que quiere estar con Harry—matizó Amelia dejando a su sobrina sonrojada y alterada—Esa zorra—masculló Susan en voz baja.
Con un ladrido de alegría, Sirius dijo—Supongo que te refieres a Ginny Weasley…es una buena chica. Algo intensa—Amelia abrió los ojos y al ver que Susan hacía lo mismo bromeó diciendo—¡Fuera de aquí! ¡Has hecho daño a Susan!
Sirius rápidamente dijo—No llores pequeña—sonriendo y ganándose un maleficio punzante de la chica—Oye no me des en la cara o en el culo que son las partes favoritas de tu tía.
Otro maleficio le golpeó en la entrepierna y esté aulló de dolor. El pene era un lugar mucho más sensible. Amelia sonrió mientras decía—Susan te doy permiso para visitar a Harry. Toma esto—le arrojó un cordón a modo de traslador—Avisanos si pasa algo…o si te hacen algo los muggles.
Impaciente agarró el cordón fuerte conectándolo con su magia y fue trasladada rápidamente. Sirius observó aquello y suspiró. Una vez la chica desapareció, observó a la mujer y dijo—¿Por dónde íbamos, ministra?
Amelia se lamió los labios y matizó—Señora…Ministra—mientras agarraba al hombre y lo llevaba al sofá.
Tiró al mago y se sentó encima. Curvó la espalda sacando busto mientras besaba al hombre. Sirius no sabía hacia donde mirar o que hacer, se sentía extrañamente sumiso ante aquella hembra. Siguió juntando sus labios mientras sus brazos se desplazaban buscando algún punto de apoyo. Someterse no era una opción, puso sus manos en la cintura intentando redirigir algo de la fuerza con la que la mujer lo besaba.
Cuando sintió sus manos, Amelia apretó más su cadera y pronto sintió el pene del hombre devolviendo la presión e intentando escapar. La mujer movió los hombres intentando evitar que Sirius la dominase a su antojo en aquella postura. Se liberó de sus manos y manteniéndose erguida sobre su entrepierna, notó como los ojos grises se dirigían a su amplio pecho.
Sonriendo mientras dejaba su melena suelta, se pasó la lengua por los labios humedeciéndolos. Su cuello conservaba pequeñas marcas de su actividad de besuqueo anterior. Sirius se quedó mirándola como quien observa a un ángel. Mientras tanto, sus manos hacían todo lo contrario. Palpaban sus nalgas y daban algún pequeño azote, Amelia parecía disfrutar de esto ya que fingía falsos gemidos mientras movía sus caderas. El miembro de Sirius pulsaba por entrar en acción pero aun ni un una prenda había caído.
Con una artimaña verbal, comenzó a elogiar a la mujer mientras tanto a su espalda, sus hábiles manos comenzaban a ir apartando prendas de ropa. El objetivo era sentir la carne femenina de nuevo. Al menos así el roce sería mucho más placentero con menos capas de ropa.
Con un susurro de voz, la bruja ordenó—¡Pantalones fuera!
No tardó mucho en cumplir su orden e incluso se extralimitó al sacar su miembro al exterior. El roce piel con piel era mucho más placentero aunque la mujer se dio cuenta de que la parte inferior de su ropa había sido apartada hace tiempo y tan solo quedaba una braga negra funcional que tapaba todo lo que no debía ser visto. Enfadada golpeó la cara de Sirius.
—¡Como me pone que me pegues! —dijo el hombre tras recibir el golpe y responder a ello amasando con más fuerza el trasero de Amelia. La mujer poseía un buen culo aunque su mayor atributo sin duda eran sus melones colgantes. Las manos de Sirius no solo estrujaban sino que movían todo lo que podían en círculos. Eso no solamente excitaba a las nalgas sensibles de la bruja sino que excitaba más a su pene al palpar y disfrutar de aquel culo a su antojo.
En un intento de demostrar que unas simples caricias no podían amedrentarla decidió inclinarse más sobre él. Esto condujo a una nueva actividad, de la admiración pasó a la acción. No solo su boca disfrutaba de catar el cuello o de oler su cabello, sino que su miembro recibía el estímulo de la entrepierna de la bruja deslizándose sobre él. Por otro lado sus senos tapados parecían no resistir la gravedad y en cada movimiento bamboleaban de forma semejante a michelines. Solo que mucho más atractivos y firmes. Los pechos se mantenían en su lugar y no tenían caída pero su propio peso hacía que se moviesen de manera armónica.
El poder de la excitación fue tal que el pene quedo alojado entre los labios vaginales. Así ayudaba a que el clítoris chocase no solo con el glande sino también con la tela que lo recubría. Eso lo incomodaba. La braga no estaba hecha para tal roce y poco a poco comenzaba a escocerle. Deseando aumentarlo todo suplicó.
—¡Por favor! —el roce era satisfactorio pero deseaba hacer algo más que solo besar o magrear sus nalgas. Deseaba sentirlo todo de nuevo.
La mujer sonrió y dijo—¿Por favor qué? ¡No te entiendo esclavo! —esas fantasías que ahora se derivaban de su cargo comenzaban a excitarla. Nunca se lo había planteado pero disfrutaba de aquellas fantasías de dominación.
Sirius la miró interrogante pensando que decir. Mientras pensaba, Amelia siguió moviéndose haciendo que gimiese—Por favor, Señora…—la súplica sonaba mucho más seria.
Decidió ayudar al hombre y bajó de su entrepierna para arrodillarse en el suelo del sofá. Para favorecer la postura tuvo que acuchillarse, una postura algo incomoda pero que le permitía la vista perfecta de aquel pene. Sirius se reincorporó de tal manera que su miembro estuviese alineado con los pechos y el rostro de la mujer. Se masturbó un poco de manera que la mujer viese el esplendor máximo así como el glande sin prepucio.
Tras lamerse los labios empezó a chupar aquel pene. Para sorpresa de la bruja, su hombre gimió sin parar e incluso los músculos de sus piernas y estómago se agarrotaban en un esfuerzo titánico por no correrse. No sabía si eso se debía exclusivamente a su forma de mamar, de hecho lo dudaba. Nunca había sido diestra con la boca porque al tener semejantes mamas daba un poco igual. Tampoco había tenido demasiada practica en los últimos años por lo estuvo muy extrañada.
Pasados unos minutos, Sirius se recompuso y comenzó a mantenerse firme. Amelia optó por mejorar sus habilidades, no tenía demasiada prisa por acabar el espectáculo. Sus labios se separaban todo lo posible mientras en cada subida intentaba tragar algo más. No siempre lo conseguía pero el esfuerzo era considerable. La saliva era la encargada de facilitar el trabajo aunque no siempre era fácil usarla. Usualmente su boca estaba tan llena que era casi imposible lograr que el fluido saliese ordenadamente y no inundase su rostro como si fuese una vulgar zorra.
Ella no se rebajaría a actuar de esa forma. Sabía bien que una mamada sin lubricación adecuada no era tan placentera y que ella necesitaba mucha lubricación para semejante rabo. Sin embargo, era la que mandaba en este polvo. Este polvo no era por ansía desmedida o deseo sexual como la primera vez que vino a la casa, esto era por su ascenso.
Le dio igual que no hubiese lubricación. Es más, conforme se agotaba se dio cuenta de que el tacto directo también era erótico. El contacto entre sus labios con el glande despertaba gemidos en el mago. Mientras tanto sus manos se encargaban del resto y su lengua jugaba golpeando todo lo que había dentro. No era la mejor pero ciertamente tendría tiempo de practicar.
La perturbó un poco, el sentir dos manos sobre su cabeza haciendo presión. Parecía que Sirius quería llevar el ritmo algo que no pensaba permitir. Un simple apretón en sus testículos así como un roce de más por parte de sus dientes fueron suficientes para que quitase las manos de su pelo. Se repantingó en el sofá mientras disfrutaba de la vista ante él. Un sonido de succión era lo único que se escuchaba tras los gemidos ocasionales del hombre.
Un comentario burlón salió de los labios de Sirius. Sus actitudes anteriores regresaban a él poco a poco. Ahora que no estaba encerrado en Grimmauld Place había comenzado a ser más normal.
—¿No te duelen las rodillas? —dijo jocosamente dándose cuenta de que la mujer llevaba ya un rato allí. No sintió lástima por ella, disfrutaba de sus atenciones orales pero quería llevar esto más a su terreno.
La mujer soltó un sonoro, pop, cuando dejó de chupar el glande como si fuese una ventosa. Siguió masturbándolo y dijo—No estoy de rodillas, imbécil—en efecto estaba en cuchillas. Si tuviese que mamar de rodillas, entonces tendría que adoptar una postura de cuatro patas que no pensaba hacer.
—¿Sabes? La chupas muy bien para no haber probado un pene en tanto tiempo—intentó sonar tranquilo y evitando que interpretase su mensaje como una manera fina de llamarla zorra. Sirius estaba algo asombrado, en apenas unos minutos la mujer había mejorado muchísimo con su boca. Incluso le había costado soportarlo a él, que había recibido felaciones con trece años.
Amelia siguió comiendo y cuando escuchó eso dijo—¿Recuerdos de la otra guerra, tal vez? —pretendía ser una broma pero Sirius no se lo tomó tan bien. Cerró los puños y su miembro se levantó más hasta chocar con el paladar superior y los dientes? —Lo bueno es que está vez estoy más segura de mí misma—indicó risueña.
Sirius le apartó el pelo cariñosamente y le dijo—¿Por?
—Porque en el hipotético caso de que pensases en hacerlo con otras…digamos que no tendrías mucho tiempo para despedirte del pequeño Harry…—suspiró tras una chupada larga donde esgrimió su lengua como nunca dijo—El velo del departamento de misterios sigue intacto y te echa de menos…
Sirius tembló por momentos y dejó de mirar a los ojos a la bruja. Cerró los suyos y suspirando dijo—Espero que lo digas en broma. ¡Vamos! Admite que no puedes vivir sin mí. Me echaste mortalmente de menos.
Suspirando de horror dijo—Lo único bueno de no tenerte a mí lado estos años fue que Susan pudo crecer sin tener a un idiota enseñándole estupideces.
Ofendido le dio un tirón de cabello que fue respondido con un apretón de testículos. Eso hizo que el miembro recobrase parte del vigor perdido durante la charla.
—Sabes que no lo haría de nuevo. ¿Verdad?
—Si lo haces…no vivirás para contarlo Black…Pero—dijo risueña mientras masturbaba el pene—por como reacciona esto creo que…Bella llorará al saber que ya no es una competencia real—había visto a la bruja en el Ministerio y aunque había pretendido matarla no lo había logrado. Lo que sí había observado era que estaba sumamente deteriorada. Incluso más que Sirius. Poco a poco ambos parecían haber recuperado su juventud pero Bella lucía espantosa a sus ojos.
Sirius la miró a los ojos de nuevo mientras la veía deslizarse arriba y abajo sobre aquella polla. No estaba tan de acuerdo con Amelia en eso, ciertamente no le importaba mucho la apariencia tras doce años en Azkaban y a pesar de que la mortífaga estaba deteriorada no dejaba de ser apetecible. Ciertamente no iba a causar una discusión cuando su pene estaba en la boca de una hembra.
Suspirando dijo—¿Crees que Harry ya se haya follado a Susan?
Negó con el pene en la boca y dijo— Solo sé que han intimado sexualmente no se hasta donde han llegado—se sumergió de nuevo en la entrepierna del hombre.
—Osea que a lo mejor tu pequeña sobrina ya ha estado abierta de piernas en tú misma cama—la mujer recordó un pensamiento que tuvo hace tiempo pero siguió con su trabajo de mejoría. Ya podía metérsela hasta sobrepasar la campanilla e incluso vibraba su boca para darle placer. A menudo esto iba acompañado de alguna nausea que lejos de angustiar a la mujer la excitaba mucho. Como líder necesitaba lo mejor y eso era un gran pene que pudiese hacerla gozar de verdad.
—Me gusta confiar en que he enseñado bien a mi Susan como para evitar problemas innecesarios—matizó la bruja—Pero ciertamente no me gustaría que la niña aprendiese más de la cuenta por tu culpa y la de Potter. Ella debe descubrir su sexualidad poco a poco.
—¿Qué tengo que ver yo en esto? Acabo de conocerla hace unas semanas.
—Potter y tú erais unos enfermos… ¡Te recuerdo la colección de bragas y sujetadores en el Ministerio!
Sirius se lamentó y cambió de tema—Te he dicho alguna vez lo hermosa que estás…
—¿Contestá?
—Eran de esposas de mortífagos…
—O sea que estabas comprometido conmigo y te follabas a cualquiera—indicó asqueada mientras seguía devorando aquella polla.
Harto de una diatriba que nada aportaba y que le impedía disfrutar, se incorporó y usando sus manos rompió la túnica por la mitad dejando ver su imponente valle. Ahora sus senos eran visibles pero el sujetador hacía un gran trabajo. Quiso quitárselo pero sujetándole la cabeza decidió que había llegado el momento de hacerse valer como hombre. Un gran empujón insertó toda la polla en las fauces de la ministra.
Mientras se recuperaba la agarró y notó como sus senos pugnaban por escapar del sujetador. No hubo tiempo ya que pronto se encontró tumbada en el sofá junto a él. Pensó que iba a follarla pero una sola frase le hizo replanteárselo todo.
—Usa la boca para lo que sabes, anda—mientras le indicaba que tenía que hacer. Tumbada encima de su pecho y con sus enormes pechos tocando todo el cuerpo del mago, la bruja se volvió a sumergir en su entrepierna. Solo que ahora más cómoda se permitió comprobar como de grande era en su garganta.
