× Comisión hecha para Liz

× Dean x Kevin

× Historia situada en la temporada 7 de Supernatural


˗ˏˋ Inefable ˎˊ˗


Él es Kevin Tran. Está en colocación avanzada.

Mediante un tono de voz dubitativo en sus palabras, Sam le presentó a Kevin. Todo en su vida era raro y tal presentación no faltó a la regla. Esa fue la primera vez que lo vio. Al principio, no le pareció distinto al resto de seres humanos. Era simplemente un chico asustado como cualquier otro que acababa de descubrir la existencia de lo sobrenatural. Siempre lidiaban con personas y situaciones así, este nuevo muchacho, Kevin, no sería distinto de los demás.

Equivocarse nunca le había agradado. Hasta ahora.

Contra su voluntad, las comisuras de sus labios se elevaron provocándole una sonrisa ante el fugaz recuerdo. Ahora, esa escena parecía tan lejana mientras miraba a Kevin hablar y hablar sobre... sobre... ¿Qué más daba? De igual forma el chico era un genio, lo que significaba que la mayor parte del tiempo no comprendía ni la mitad de las cosas que salían por su boca. Pero entenderlo no era lo más importante, no. Desde su perspectiva lo más importante era, sencillamente, tenerlo ahí a su lado hablando. Hablando de lo extraña que aún le parecía su labor como profeta, luciendo a momentos el ceño fruncido y cierta preocupación latente, la cual le daba a su rostro el aspecto de un hombre adulto que contaba con una vida de experiencia; eso en parte era verdad. Hablando acerca de cierto juego, su historia y sus detalles interesantes, mostrándose tan entusiasmado que sus ojos marrones adquirían un brillo responsable de hacerlos ver una tonalidad más claros; entonces parecía volver a ser un muchacho normal sin otras preocupaciones, casi sin rastro de las increíbles dificultades que había superado. Hablando de todo. Hablando de todo con él.

—Dean, ¿me estás escuchando?

—Escucharte sí —asintió, demostrando seguridad conforme intentaba no distraerse pensando en lo atractivo que le parecía al fruncir el ceño otra vez, ahora en un silencioso reproche—. Entender este... —hizo un ademán con la mano y miró hacia arriba en un gesto brevemente pensativo— "Lore" sobre el videojuego que estabas explicando, no.

Moviendo la cabeza de lado a lado realizó una honesta negativa; mentirle era innecesario. Terminó perdido pocos instantes después de que la mencionada palabra saliera a flote en la conversación. Comprendía su significado, siendo cazador se la había topado en algunas investigaciones, lo que no comprendía era el cómo eso se implicaba con un videojuego. Y siéndose sincero... Distrayéndose en contemplar el atractivo rostro juvenil mucho menos iba a entender algo.

Una cosa sí entendió: Los gestos de Kevin.

Leer a las personas no era lo suyo, por eso se sorprendió al descubrir la recién adquirida nueva habilidad. El entrecejo ligeramente fruncido denotaba cierta molestia, reforzada por una chispa de acusación en los ojos marrones, sin embargo, los labios entreabiertos y la ausencia de palabras le hacían ver duda e indecisión. Eso último lo supo porque solía provocarle tales sentimientos bastante seguido mediante comentarios o referencias que no entendía. Esta vez no esperó a que sus ideas se aclararan.

Eliminó la distancia entre ambos al adueñarse de su boca, e ignoró si el sonido que alcanzó a percibir ahogándose en el beso fueron por fin las palabras que Kevin iba a decirle o un ruido de sorpresa ante la repentina unión de sus labios. No lo culparía si se tratara de lo segundo. Los pocos meses juntos hacían de su relación algo bastante nuevo, una obra en proceso cuyo comienzo no pudo predecir.

¿A dónde crees que vas?

Sensaciones incomodas le retorcían el estómago de una manera poco usual. No era para menos. Crowley y sus sucios comentarios sobre Kevin habiéndole proporcionado "diversión" y que ahora era su "juguete favorito" causaron un asco de grandes magnitudes a su interior. Ah, pero sabía muy bien que la repulsión no prevenía enteramente de lo asqueroso que fue oírlo. No, por supuesto que no.

Oye, oye, ¡oye! —lo sujetó por el brazo, sintiéndose cada vez más incómodo; no se suponía que el muchacho le ignorara como si nada— Háblame.

La petición salió de sus labios en un tono, quizás, demasiado suave para gusto propio. No prestó gran atención a ello cuando su foco central de interés era el joven profeta que parecía dispuesto a irse.

No pueden tenerme encerrado. Me voy.

Genial. Lo que faltaba.

¡No, señor! —aún con un revuelo de pensamientos y emociones no tardó ni tres segundos en negarse a esa locura— Te dijimos que no hablaras con Crowley, ¡se mete en tu cabeza!

Regañarlo o hacerlo sentir mal era lo último que buscaba, pero estaba enfadado, preocupado y... celoso. Le asqueaba tanto imaginar la desobediencia de Kevin, el maltrato que infringió a Crowley y que este disfrutara de eso. Su imaginación ofreciéndole las repugnantes imágenes no estaba ayudándole en nada. Fue difícil dejar de pensar en eso a la hora de responderle sobre la posibilidad de que su madre, Linda, estuviera viva. Pudo haber demostrado mejor empatía o sensibilidad antes de decirle que lo importante de ella seguramente estaba muerto ya. Pudo, si los desagradables sentimientos no hubieran estado carcomiéndole más a cada maldito segundo.

Y te necesitamos.

No midió sus palabras, ni tampoco sus acciones al deslizar el agarre en su brazo hasta terminar sujetándole la muñeca. Era bien sabido que, viéndose abrumado ante la inquietud de perder a alguien amado, no meditaba en las consecuencias de su actuar. De un modo u otro buscaba impedir esa perdida, justo lo que estaba haciendo en ese momento.

Porque soy útil.

Porque eres familia. Después de todo lo que hemos pasado, después de todo el bien que has hecho, si no crees que moriríamos por ti... No sé qué decirte. Porque tú, yo, Sam y Cas somos todo lo que tenemos. Pero si nada de eso te importa... No voy a detenerte.

Necesitaba sacarlo de su error y hacerle entender que era importante para ellos, para él. Haber dicho esas últimas palabras no cambiaría el hecho de que intentaría, por cualquier medio, convencerlo de quedarse.

¿Y si quiero algo más que ese afecto "familiar"?

La suave pregunta lo tomó desprevenido. Desde segundos antes, cuando vio caer algunas lágrimas, tuvo la sensación de que Kevin evadía en la medida de lo posible mirarlo a los ojos, y tampoco lo hizo tras haber pronunciado esa cuestión. Parpadeó desconcertado. Aún la marea de malos sentimientos continuaba golpeando su interior fuertemente, aunque ahora ya no sabía el motivo exacto de ello, porque al malestar se sumó ese llanto del chico, sus equivocadas ideas y el temor de perderlo.

Kevin...

En un remolino bullicioso llegaron muchos pensamientos, algunos con inclinación a averiguar de qué hablaba, otros con predilección por demostrarle cuánto significaba para él. Sin darse cuenta, estos últimos lo empujaron a actuar imprudentemente.

Durante meses había procurado huir de los sentimientos alojados en su interior, pero ahí, teniendo la carga de todos ellos, no se tomó la molestia de frenar el momento de locura, ¡al contrario! Pisó el acelerador sin pausa ni titubeo y de un segundo a otro el agarre que tenía en la muñeca del muchacho cambió.

Sus dedos dejaron de aplicar tanta presión, descendiendo por la chaqueta hacia donde ésta ya no cubría, tratándose directamente de la mano de Kevin. Dejó unos suaves toques en el dorso, dibujando pequeños círculos mediante su dedo pulgar. Nunca antes había hecho algo como eso, ni siquiera parecido. Fue embriagador lo natural que se sintió el tacto. Sumergido en las sensaciones y motivado ante el brillo que acudió a las pupilas del muchacho, continuó adelante. Un nuevo agarre llegó, afable, cálido, con el cual se acercó esa mano a los labios. Devotamente le obsequió un beso en el dorso.

El chico era increíble en tantos aspectos que le tomaría un rato enlistarlos todos. Aunque podía hacerlo si se lo pedía. No habría cosa que no estuviera dispuesto a hacer por él; ocultarlo a esas alturas sería imposible y no hacía falta tampoco. Lo supo en los ojos marrones adquiriendo una viveza especial, comparable a la de alguien que acaba de hacer un grandioso descubrimiento. Así era en realidad, así era.

Otra tersa presión de sus labios, ahora sobre los nudillos y vio a Kevin contener el aliento. Ese muchacho jamás debió involucrarse en lo sobrenatural ni atravesar tantos sufrimientos.

Un nuevo beso, éste bajo los nudillos y tuvo una extraña sensación en el pecho. El tiempo parecía haberse congelado y al mismo tiempo parecía marchar a gran velocidad.

Otro encuentro más entre sus labios y su mano, esta vez sobre la unión de los huesos cerca de las uñas. No sabía qué era más sorprendente, haberse enamorado de ese chico o… que ese chico se hubiera enamorado de él. Buscó una explicación en sus labios, una respuesta a cómo, cuándo, dónde o porqué. No halló nada de eso, encontró algo mucho mejor, algo que ni siquiera sabía que buscaba o que ni siquiera creía que existía. Encontró a su complemento, a su compañero de vida.

Raro, ¿no? Experimentar en un simple beso sensaciones nuevas, arrasadoras y maravillosas. Mientras Kevin se aferraba a él abrazándole por el cuello, o mientras él se aferraba a Kevin envolviendo su cintura entre sus brazos fuertemente, concluyó que ya no podría volver a burlarse jamás de todas aquellas personas que en programas y películas juraban haber descubierto el amor durante un beso. En su defensa… ¿Cómo iba él a saber que todas esas escenas melosas tenían la razón? Nunca lo hubiera creído de no ser porque en ese preciso instante estaban ya en un cuarto, sin saber en cuál, ni cómo llegaron ahí sin caer o golpearse con algo en el proceso. Sólo supo de breves pausas para respirar, de la necesidad de un momento a solas para no ser interrumpidos por Sam y de que ahora tenía a Kevin contra una puerta cerrada, besándolo como si no hubiera un mañana, cosa probable considerando sus estilos de vida.

No hubo entera satisfacción al dejar de besarse, mucho menos al poner unos centímetros de distancia.

Mil sensaciones arremolinándose en sus pieles, mil preguntas atacando sus mentes, mil cosas por decir atoradas en sus gargantas. Finalmente, no se dijo nada, nada respecto a lo recién hecho. Querían hablar tanto y al mismo tiempo sentían que las palabras sobraban.

Necesitas descansar, Kev. Hablaremos después.

Fue lo único que salió de sus labios. Tras recibir un mudo asentimiento, acompañó a Kevin a la cama del que ahora sabía era el cuarto del fondo.

Quédate…

A punto de salir oyó la débil palabra. Estuvo muy seguro de que esa petición sonaría más o menos a "Quédate hasta que me duerma". No comprendió el motivo de haber sido repentinamente acortada. Quizás el muchacho no quería sonar infantil, o quizás creyó que lo molestaría. No logró descubrirlo y no preguntó tampoco.

Volvió a la cama, tomó asiento en un extremo y acarició los oscuros cabellos del menor hasta que este se quedó dormido después de varios días sin conciliar el sueño.

No hablaron sobre lo ocurrido.

Sus sensaciones eran correctas, las palabras estaban demás cuando podían ver a través de una mirada, de un discreto toque entre sus manos o de una simple sonrisa el efecto que producían en el otro. ¡Y ni hablar de cuando se besaban! Kevin temblaba, aferrándose al culpable de ponerlo tan mal. Dean lo envolvía fuertemente entre sus brazos sin dejar muy claro si sólo estaba sosteniéndolo o si deseaba protegerlo de todo mal.

Así que ahí estaban ambos. Meses y dificultades después del comienzo, robando fragmentos de tiempo para estar juntos, para darse muestras del profundo amor que se tenían, pero que, dadas ciertas circunstancias, debía mantenerse en secreto.

Pasaron de estar hablando sentados en un extremo de la cama a estar sobre esta. Kevin acostado boca arriba con Dean encima suyo comiéndole los labios con un cariño mucho mayor al que había esperado. Las escenas proporcionadas por su imaginación no le hicieron justicia ni a la cercanía real, ni a los toques, ni mucho menos al verdadero Dean.

No le tomó mucho tiempo para darse cuenta de que el hombre era amoroso. Quizás no de manera abierta o común, porque no endulzaba el oído con palabras melosas, ni tampoco daba obsequios románticos como chocolates o rosas, pero a su particular manera demostraba lo que sentía. Y sin mentir... Prefería un millón de veces las especiales muestras de interés del hombre a los típicos detalles que todos obsequiaban.

A veces, el afecto de Dean tomaba la forma de un café y unos waffles perfectamente preparados como a él le gustaban.

A veces, se convertía en excusas baratas, pero creíbles, para que salieran del búnker juntos, sin la compañía de Sam o Castiel y así pasar tiempo a solas.

A veces, los sentimientos de Dean se mostraban en arriesgadas e impulsivas caricias en sitios donde los otros podían verlos. Un beso robado en la cocina, una caricia al dorso de su mano en la mesa de la sala principal, un susurro en el oído al caminar por el pasillo.

En definitiva, no existía ni un pequeño detalle que quisiera cambiar de Dean y su manera de ser.

Jadeó sonoramente. No pudo hacer nada para evitarlo, necesitaba con urgencia llevar aire a sus pulmones tras haber pasado largos instantes sin respirar como era adecuado entre un beso, y otro, y varios más.

—Sam volverá pronto.

Antes de volver a perderse en los labios del hombre realizó el recordatorio. Además de ser de vital importancia parar las muestras de afecto, no se sentía listo para llevar su relación al siguiente nivel. Al parecer, Dean tampoco lo estaba porque asintió despacio y se retiró de encima suyo, permitiéndole alzarse de la cama.

Había mutua comprensión, lo cual facilitaba bastante las cosas.

El hombre abandonó la habitación en minutos posteriores. Él aguardó un rato, antes de salir a ver si Sam estaba de vuelta, y así era, sólo que no contó con notarlo considerablemente extraño.

—¿Todo en orden, Dean?

Aparentó desinterés en su conversación mientras pasaba de largo la sala, dirigiéndose a la cocina.

—¡Por supuesto que sí, Sam!

—Bien.

La respuesta del Winchester menor le inquietó. Sam sospechaba que algo no andaba bien con Dean, sobre todo después de haber recibido la marca de Caín. No lo juzgaba, él también estaba preocupado, pero a diferencia suya, Sam daba la apariencia de ser una potencial amenaza. De acuerdo, exageraba un poco; lo hacía porque le preocupaba ver la actitud que adquiría al molestarse. Había estado en primera fila observando varios desplantes de Sam a Dean cuando este intentaba explicarle el porqué permitió que Gadreel lo poseyera. Podía comprender la molestia, él mejor que nadie podía, dado que Dean también le mintió y por esa mentira estuvo a punto de morir en manos de Gadreel. Aun así... También se esforzó en entender al Winchester mayor, y finalmente no tuvo nada que perdonar, porque sabía que así actuaba Dean, dispuesto a pagar cualquier costo en el afán de proteger a los seres que amaba. Sam, por otro lado, parecía no ver las cosas del mismo modo.

Durante el resto del día no dejó de pensar en ello, tampoco lo hizo en los días siguientes.

Una cita, que no era cita porque nunca las llamaban así, no ayudó a disipar las preocupaciones. Dean a su lado, hamburguesas y palomitas en los regazos de ambos, sodas en los portavasos del auto, gran pantalla frente a ellos y cierta oscuridad envolviéndolos eran un escenario especial, todas las salidas sorpresas que el cazador siempre lograba preparar lo eran. Los besos, las caricias inocentes, las sonrisas y el tiempo juntos coronaban cada encuentro, convirtiéndolo en algo incomparable, salvo por la siguiente salida, la cual, de algún extraño modo, terminaba superando la anterior.

Sólo Dean podía superarse a sí mismo.

Con esa idea en mente dejó de prestar atención a la película, clavando la vista en el hombre. No supo durante cuánto tiempo estuvo observándolo; fue el suficiente para admirar y adorar cada detalle de su perfil, llegando a la conclusión de que temía perderlo o que algo los separara.

—Sé que soy atractivo, pero la película también es muy buena.

Claro, ni siquiera trató de ser discreto y se vio atrapado en su intensa observación. De inmediato desvió la vista hacia el frente. Hubiera querido no ruborizarse, pero un liviano calor acudió a su rostro. Odiaba cuando se sonrojaba, incluso si Dean le había dicho en más de una ocasión que a él le gustaba.

—¿Qué pasa? —cierta tensión se adueñó de su cuerpo al oír la pregunta— Estás actuando extraño desde hace varios días.

—Lo notaste —susurró en una afirmación, sintiendo sus latidos acelerándose ante el evidente hecho de que Dean le prestaba atención—. No quiero perder esto.

Sin rodeos ni dudas externó sus inquietudes, tomándose apenas unos cuantos segundos para ordenar ideas.

—Sam sospecha que estás ocultándole algo y no sé cuánto tiempo más podremos seguir sin decirle. Cuando él sepa, yo... tengo miedo de que esto entre nosotros termine.

Hasta ese punto había permanecido con la mirada baja sobre la hamburguesa aún sin probar, pero las cosas que decía y la carga de emociones lo hicieron alzar la vista y fijarla en esas radiantes esmeraldas cuyo interés y atención en su persona eran notables. No quería que jamás dejara de mirarle así.

—Eres muy importante para mí, Dean —prosiguió, dándole por fin voz a esas palabras que no solían decirse—. Eres todo lo que tengo, e incluso diciéndolo así siento que…

—¿Que no puedes expresar tus sentimientos en palabras? Sé cómo te sientes, Kevin, porque… yo me siento igual. No quiero que nunca dudes de las cosas que me haces sentir, ni mucho menos de lo mucho que significas para mí.

Expresó una ligera sorpresa espontánea. No esperaba que el cazador le robara las palabras, ni tampoco que se sintiera como él lo hacía. La confesión le provocó un grato revuelo a cada fibra de su ser. Siempre estuvo seguro de lo difícil que era poner en palabras los sentimientos que Dean le provocaba, pero sólo hasta ese preciso instante comprendió la causa de ello. Esos sentimientos junto a su relación eran cosas tan maravillosas que no podían ser expresadas con palabras.

Caricias en su mejilla capturaron su atención, convirtiéndose en las responsables de hacerle cerrar los ojos y, por ende, no percatarse de que el hombre se acercó sino hasta que sus labios estuvieron sobre los suyos, presionándolos en un gesto tan suave como cálido y confortable. No supo muy bien cómo lidiar con las miles de sensaciones que la simple caricia le provocó. Trató de aligerar la carga soltando un suspiro apenas dejaron de besarse. Entonces sus ojos se abrieron, permitiéndole ver la determinación fulgurando en las verdes pupilas.

—Nuestra relación no va a terminar, ni siquiera si Sam se entera. Resolveremos las cosas con él cuando llegue el momento.

Algo lo convenció, tal vez la seguridad en su profunda voz capaz de producir multitud de efectos en él, o quizás la sonrisa que vio en esos exquisitos labios que amaba besar, o probablemente el simple hecho de que fue Dean quien le expresó esas palabras sin titubear. No logró averiguarlo y dejó de importar al segundo siguiente cuando unieron de nuevo sus labios en un beso que él mismo buscó.

En ese autocine en Mount Pleasant, Utah, los temores se esfumaron durante una cita que sí era cita, luego de unas palabras cuya sencillez no sería suficiente para otros, pero era suficiente para Kevin, porque conocía bien a Dean y en lo dicho encontró una fuerte promesa impulsada por el verdadero amor que el hombre le profesaba.

«Cuando llegue el momento». El momento llegó antes de lo esperado.

Tres días habían transcurrido desde esa cacería en Utah. Todo marchaba bien con su relación, cuando tuvieron que enfrentarse a un difícil obstáculo: Sam.

—¡Quiero saber qué estás ocultándome, Dean!

La exigencia de Sam, soltada en viva voz, detuvo al instante el andar de Kevin. Esas palabras se sintieron como un balde con agua helada que lo sacaba violentamente de un cálido sueño. Congelado, permaneció a medio metro de la entrada a la cocina.

—¡Vamos, Sam!

Dean estaba esforzándose de manera sobrehumana a fin de no seguir esa absurda discusión que Sam había iniciado apenas entró al lugar dispuesto a prepararse el desayuno.

Perdió el control de la situación demasiado rápido, porque no tenía explicaciones ni argumentos para aclarar su extraño comportamiento adquirido desde meses atrás. No quería pensar que el momento de decirle la verdad a su hermano había llegado. Contarle sobre su relación con Kevin sólo significaría más problemas y no necesitaban eso. Tenían cosas importantes en las cuales centrarse. Pero... ¿Acaso Kevin y su relación con él no eran también algo importante? Comenzó a reflexionar en ello a media discusión.

—¡¿Cómo esperas que confíe en ti después de lo que ocurrió con Gadreel?! ¡Me mentiste, Dean! Y ahora estás haciéndolo de nuevo.

—Estás exagerando las cosas.

—¿Esa es tu respuesta?

Incredulidad y exasperación fueron palpables en la voz de Sam. Los mismos sentimientos también comenzaban a despertar en Kevin, sólo que estos no eran dirigidos hacia Dean, sino a quien llevaba a cabo el duro interrogatorio.

¿Cómo podía Sam comportarse de ese modo?

Estuvo ahí cuando Gadreel controló su cuerpo. Desde luego, se sintió herido al saber que Dean también le había ocultado la verdad, pero pudo ver el palpable temor del hombre a perderlo luego de que el ángel hubiera estado cerca de asesinarlo.

Estuvo ahí cuando Dean demostró estar dispuesto a lo que fuera para recuperar a Sam y a su vez protegerlo a él. Aunque su engaño aún dolía no le permitió apartarse, ni apartarlo, de su lado.

Estuvo ahí cuando atraparon a Gadreel. Sin importarle nada, puso su propia vida en riesgo al acompañar a los tres hombres, Dean, Castiel y Crowley. Sam también era importante para él y lo quería de vuelta.

Estuvo ahí durante el complejo procedimiento de Crowley para hallar a Sam. Vio a Dean ahogándose en dolor y culpa ante los gritos que el ángel daba a través de la garganta de su hermano.

Sam no podía darse el lujo de decir que era el único afectado por el error de Dean. Y sin embargo... Parecía estar comportándose como si así fuera, alejando una y otra vez al mayor, dedicándole palabras acidas y crueles, manteniendo la guardia alta incluso tras el mutuo perdón silente que se otorgaron en el impala después del caso que involucró a los Ghostfacers.

¿Realmente Sam era tan ciego para no ver que Dean siempre perdonaría sus crueles palabras porque era capaz de perdonar todo, excepto a sí mismo cuando se equivocaba?

¿Y acaso Dean estaba aceptando reclamos y agresiones de Sam como un castigo autoimpuesto? Si era el caso no iba a permitírselo.

—Ya déjalo en paz.

Con esa frase claramente dirigida hacia el Winchester menor interrumpió la discusión. Se ganó una mirada extrañada de parte del castaño y una sorprendida por parte del rubio.

—No tienes derecho de tratarlo de esa manera —la dureza en su habla era notoria, así como un atisbo de amenaza en sus ojos—. Dean siempre ha cuidado de ti sin importarle el precio.

—Kevin...

—No —frenó en seco lo-que-sea que Sam quisiera decirle—. Si Dean permitió que Gadreel te poseyera fue para curarte. ¡Lo llamas egoísta por eso, pero...! ¡¿Acaso no fue egoísta de tu parte querer morir al término de esas pruebas y terminar así con todo?! ¡¿Estabas pensando tú en Dean cuando estuviste dispuesto a eso?!

De un instante a otro el ambiente en la habitación se cargó de emociones agitadas. Ambos hermanos Winchester pasaron de la estupefacción a la inquietud. La molestia de Sam se vio reemplazada por mera alteración. El previo enfado de Dean se convirtió en escepticismo.

¿Kevin había salido en su defensa?

El mayor de los presentes le daba una y mil vueltas a esa pregunta, así como a la escena, pero no terminaba de creer lo que ocurría.

—Tú no puedes entender...

—¡No me digas que no puedo entenderlo!

Dean regresó al estupor ante el grito con el cual Kevin calló a Sam. Para nadie era un secreto la oscuridad que se había adherido al joven profeta. Dean mejor que nadie la conocía. Al acercarse tanto a él pudo acariciar esa oscuridad. Era la cicatriz de todo el daño que recibió, daño del que no pudo protegerlo. Siempre se hallaba deseando haber podido evitarle el sufrimiento, siendo otra cosa más por la cual no se perdonaba. Aunque... Esa nueva versión de Kevin no le hizo quererlo menos. Lo adoraba intensamente sin importar nada.

—¡Es que no puedes! —Sam insistió, arrugando el entrecejo. Ninguno de los otros dos pudo decir si el gesto fue de molestia, extrañeza o ambas— Dean es mi hermano. No puedes entender cómo me sentí cuando actuó a mis espaldas, mintiéndome y poniendo en peligro a todos por un capricho suyo.

Kevin rodó los ojos. Sentía el corazón latiéndole más y más fuerte.

—Nos mintió a todos.

Masculló con evidente enojo, pero no con Dean por lo hecho, sino que se encontraba enfadado por no poder decirle al castaño lo primero que cruzó su mente. "También me mintió a mí". Esas palabras serían demasiado reveladoras, y si su pareja no estaba listo para hablar sobre su relación no iba a forzarlo a ello.

—Y estás actuando como un idiota —añadió, volviendo a clavar su mirada en las pupilas hazel que lo escudriñaban, quizás tratando de comprender su comportamiento—. ¿Llamas "capricho" al cariño y protección de Dean? —le dedicó una profunda mirada de desapruebo— Tú no lo mereces. Jamás has agradecido todo lo que ha hecho por ti. ¡Murió por ti! ¡Fue al infierno por ti! ¡¿Qué más quieres de él?!

En una fracción de segundo, Sam pasó de la confusión, a la contrariedad y finalmente a una emoción indescifrable. Aunque el muchacho podría jurar que veía los engranajes trabajando en la cabeza del cazador. Probablemente había sobrepasado el límite con su dura crítica.

—Kevin… Eres un buen amigo, pero eso no te da derecho de entrometerte en esta discusión con Dean —su voz, si bien tranquila, portaba un aire de peligro—. Así que quisiera pedirte que no lo hicieras. Tú no sabes nada de nosotros.

—¡Muy bien! ¡Suficiente! Tiempo fuera.

Dean intervino en cuanto notó las señales de riesgo. Por la crudeza en las últimas palabras de su hermano, Kevin miraba entre herido y rabioso a Sam, y este a su vez observaba con sentimientos contenidos al menor como respuesta a sus duros comentarios. Los dos estaban a punto de explotar en una discusión mucho peor. Y todo era su culpa.

—¿Vas a ponerte de su lado?

Moreno y castaño preguntaron a la par, fijando su mirada en el mayor durante unos segundos, tras los cuales volvieron a mirarse como si la amistad entre ellos se hubiera convertido en lo opuesto.

Un ruidoso silencio tomó posesión de la cocina. La hostilidad entre cazador y profeta era palpable, incomoda e incluso dolorosa para Dean. Ellos no estarían enfrascados en esa lucha si él hubiera sabido ordenar sus prioridades y darle a cada uno su debido lugar. Bajó la mirada al suelo, pensando en cuál sería su siguiente movimiento. Aunque no había mucho que pensar.

—Sam…

No supo cómo continuar luego del llamado a su hermano.

—Dean… —Kevin habló de nuevo— Creo que… me excedí.

Sonó a una pésima disculpa, sobre todo porque en sus marrones ojos aún ondeaba la flama del enojo al mirar brevemente a Sam. No pediría perdón a menos que fuera realmente necesario, y le pareció así en cuanto sintió que estaba poniendo a Dean entre la espalda y la pared. De ningún modo deseaba hacerlo sentir así. Si retroceder a lo dicho era la única solución para calmar las cosas y no agobiar al cazador mayor… entonces lo haría, por él lo haría.

—No sé si te excediste o no, Kevin —ignoró la confusión en el rostro de su hermano, dedicándose a cambiar miradas con el joven profeta—. Lo que sí sé, es que… todo esto es mi culpa. Debí haber aclarado las cosas desde hace tiempo.

Entonces volvió a mirar a Sam. El desconcierto en sus pupilas parecía ir cediendo lugar a las sospechas.

Sam no era idiota. Con bastante prontitud, los motivos detrás del actuar de Kevin iban tomando forma, una… que no estaba gustándole en lo absoluto. Pese a ello, procuró recuperar la calma perdida y escuchar lo que Dean tuviera que decir.

—Sí estaba ocultándote algo, Sammy. Pero no era nada relacionado a ángeles o demonios —hizo una pequeña pausa para avanzar hacia Kevin, colocándole una mano en la espalda baja apenas estuvo a su lado—. Kevin y yo tenemos una relación. Es importante, mucho.

No titubeó, tampoco apartó la mirada de encima de su hermano, ni siquiera cuando las pupilas hazel adquirieron un ligero filo. En verdad ya no le importaba el giro que dieran las cosas. Se sentía libre y, a través de una fugaz mirada al muchacho a su lado, corroboró que él también se sentía igual.

—Dean… Esto no está bien.

La sensación de libertad duró hasta esa enfática censura de sus actos. No resultó sorpresiva, sino dolorosa.

—Kevin, de verdad te aprecio. Eres familia, lo sabes —Sam se mostró un tanto más apacible al hablar, sin embargo, eso no cambió el hecho de que sus palabras fueron como lacerantes disparos a ambos—. Pero esta relación no es correcta. Dean es demasiado mayor para ti y… —observó al mencionado— Ni siquiera te gustan los hombres.

Un nuevo silencio hizo acto de aparición. ¿Cuántos más de esos tendrían? La pareja esperaba que fuera el último, porque estaba siendo demasiado sofocante y no creían soportar otro parecido.

—Dean, por favor.

Ni Kevin ni Dean estuvieron seguros de cómo responder a todo eso. El primero había temido ese momento desde el inicio de su relación.

Kevin siempre supo que cuando Sam se enterara las cosas iban a ponerse difíciles, porque el hombre haría algo justo como lo que acababa de hacer. No sabía si calificar sus acciones como manipulación o llamarlas simplemente acciones de estúpida moral. Tuvieran el nombre que tuvieran, no cambiaba el hecho de que sus palabras afectaban a Dean. El miedo emergía al pensar en que podrían afectarlo lo suficiente para hacerlo terminar la relación. Lo cual le parecía cerca de suceder a juzgar por los gestos pensativos de su pareja y la expresión ligeramente aliviada del otro hombre.

—¿Sabes qué, Sam? —Dean lo observó seriamente— ¡Al diablo! ¡Al diablo lo correcto o incorrecto! ¡Al diablo la edad! ¡Al diablo todo! Estoy cansado de siempre perder a quienes amo.

El rostro de Sam pasó por variedad de sentimientos y emociones ante lo que a todas luces era una negativa de Dean a terminar con esa relación censurable.

—Dean…

Por su parte, Kevin apenas consiguió murmurar su nombre, sin lograr creer lo escuchado. Parecía tan irreal la forma en que Dean relajó las facciones de su rostro al mirarlo y dedicarle una pequeña sonrisa media, antes de regresar la vista hacia Sam. Si el mayor continuaba temiendo al juicio del menor fue algo que no demostró.

—Lamento no tener tu apoyo, Sammy, pero con o sin el, nuestra relación va a continuar.

A vista del profeta estaban ocurriendo muchas cosas. Se sentía como si estuviera en un descontrolado carrusel con sólo la capacidad de observar el panorama sin poder hacer mucho al respecto, salvo aferrarse a algo para no caer violentamente; y ese algo era el amor de su pareja que ya no era más un secreto. Sam rechazaba lo que tenía con Dean, era evidente por la forma en que los veía. Dean le había dado prioridad por encima de Sam, diciendo entre líneas que lo amaba. ¿De qué manera se asimilaba todo eso? Aún no lo descubría cuando su mano se vio tomada por la del hombre.

Por primera vez frente a otra persona, Dean tomó la mano de Kevin y entrelazó suavemente sus dedos. Demostrando estar orgulloso de él. Ni siquiera dio margen de respuesta a su hermano menor, sino que caminó hacia afuera de la habitación acompañado de su joven pareja. Tras ellos dejó a Sam, sin darle mucho peso al desapruebo que expresaba. Incluso si le dolía el rechazo, no existía ninguna posibilidad de escuchar su opinión, ni la de nadie más.

Hechos un lío de pensamientos y sentimientos, no llegaron demasiado lejos. En la sala principal, justo en donde todo comenzó, se detuvieron al mismo tiempo e instintivamente se enfrascaron en un apasionado beso donde desfogaron cualquier inquietud.

Se amaban. Se amaban con locura.

Sintieron como si hubieran repetido la historia, volviendo al primer beso, al primer instante en donde dejaron de contener sus sentimientos. Pero no, no estaban regresando, estaban avanzando. Haberle dicho la verdad a Sam, haberse tomado la mano enfrente suyo significaba un nuevo comienzo.

Temblando debido a la carga de emociones siguieron besándose, esta vez, envueltos por un silencio confortable en el cual sólo importaban sus acelerados latidos diciéndoles lo que ya sabían.

Se pertenecían el uno al otro, unidos por un lazo único y una conexión capaz de vencer cualquier adversidad.


════𝐓𝐡𝐞 𝐄𝐧𝐝