Corro lo más deprisa que me permiten las piernas, sintiendo la sangre golpeando con fuerza las sienes y el corazón queriendo salirse del pecho.

Sé que no llegaré a tiempo, pero no puedo dejar de pensar que necesito hacer algo, que no puedo quedarme quieto.

Las sirenas aúllan con fuerza a mi alrededor, yendo y viniendo, haciendo ver que un segundo puede ser vital para cambiarlo todo.

De pronto , me viene a la cabeza una canción de los Beatles:

No one you can save that can't be made

Estoy parado en mediode la carretera, cantando en voz baja.

Nothing you can do, but you can learn how to be you in time

It's easy

All you need is love

Alguien me está llamando, pero no hago caso.

Todo a mi alrededor es caos, y yo solo puedo cantar. ¿Qué me está pasando?

-¡Aaron! -All you need is love grito a todo pulmón.

-¡Aaron! -me despierto de repente y lo primero que veo es la mirada preocupada de Erin.

Estoy en el sofá de mi oficina, y dado la ausencia de luz en la estancia y la oscuridad que se ve a través de la ventana, creo que es bastante tarde. Estoy bañado en sudor, con la camisa pegada al cuerpo y todavía respirando con algo de dificultad y cuando me incorporo un poco para encender la lámpara, Erin aprovecha y se sienta a mi lado en el sofá.

-¿Estabas soñando con los Beatles? -pregunta con una sonrisa en la cara. Nunca me cansaré de ver esa sonrisa.

Ve mi mirada de confusión, estira su mano hacia mi mejilla y la acaricia con delicadeza. Tan suavemente que apenas es un roce, casi inexistente.

-All you need is love -susurra mirándome directamente a los ojos.

Tengo que apartar los ojos al cabo de unos segundos, porque aunque lo intento, su mirada siempre seguirá haciéndome daño. Aunque sé que no es su culpa.

-Era…era una pesadilla – digo al fin, sin querer hablar de ello.

-¿Una pesadilla con los Beatles? -Erin ríe en voz baja, sin ser consciente de lo que me duele ese sonido. Aún así, agradezco a quien sea, que esté aquí.

Mi teléfono suena en mi chaqueta, olvidada en el respaldo de la silla y aunque a regañadientes, me levanto a cogerlo. Sé que será Jessica, preocupada por mi falta de noticias. No la culpo, puesto que desde hace meses estoy distinto. Nadie dice nada, pero todos lo notan, aunque lo ignoren.

Después de hablar con ella y asegurarle que estaré en casa en breve, me doy la vuelta, pero Erin ya se ha ido.


Cuando llego al trabajo, siento la mirada de mi equipo sobre mí. Están preocupados, aunque de momento ninguno se ha atrevido a acercarse y preguntarme directamente qué ocurre exactamente.

Todos hemos hecho la terapia obligatoria en estos casos, todos somos aptos para seguir trabajando, y eso hacemos, o al menos, lo intentamos.

Nada será igual para la dinámica del equipo desde lo que pasó en Abril, pero yo sé que no volveré a ser el de antes, por mucho que lo intente.

Me culpo, no tanto por lo que ocurrió (de eso sí que no tuve nada que ver), sino por no haber sido más valiente para haber dado un paso más hacia la felicidad.

Después de la sesión informativa, corro a encerrarme en mi oficina, como cada día. Erin está esperando sentada en el sofá.

Cierro los ojos brevemente antes de enfrentarme a ella.

-¿Has dormido algo esta noche? -pregunta levantándose y acercándose a mí.

-Lo suficiente -respondo con la boca seca.

-Tienes un aspecto horrible, Aaron. Tienes que cuidarte más.

-Vaya, gracias -contesto con ironía.

-Sabes que sólo lo digo porque me preocupo por ti. No puedes seguir así mucho más tiempo -se ha apoyado en el borde del escritorio y su expresión es seria pero suave a la vez.

La miro directamente, por primera vez en mucho tiempo, y pienso que ojalá pudiera volver atrás. Haría todo diferente, y tal vez, las cosas no estarían ahora así.

-¿Por qué estás aquí? -me atrevo a preguntar.

Ella me mira con seriedad un momento, luego sonríe abiertamente. Dos pequeños hoyuelos se le forman en las mejillas y mi corazón se detiene un segundo. Sé que no me va a contestar.

Se levanta y vuelve al sofá. Su expresión vuelve a ser seria.

-¿Has ido a verlo ya? -pregunta al cabo de un momento.

No puedo soportar una conversación seria sentado, así que me levanto y voy hasta la ventana. El sol me hace entornar un poco los ojos.

-Todavía no -respondo al fin.

-Deberías hacerlo, Aaron.

-¿Por qué? ¿Por qué debería hacerlo? -pregunto con un tono más duro del que pretendía.

Siento que Erin se ha levantado y está justo detrás de mí.

-Porque habéis sido amigos durante casi treinta años, Aaron, y él tampoco tuvo la culpa de lo que pasó -responde dulcemente.

Siento las lágrimas en mis ojos, y quiero gritarle que no es cierto, que él tuvo toda la culpa, que no importa que los demás intenten también convencerme de lo contrario.

-Prométeme que irás a verlo, Aaron, por favor -murmura.

No quiero hacerlo, pero no quiero estar enfadado con ella también por obligarme a hacerlo.

-Está bien, lo haré.

Me limpio las lágrimas no derramadas, y me doy la vuelta. Erin ha vuelto a marcharse tan discretamente como suele venir.


Llevo sentado en el coche frente a su casa casi veinte minutos. Necesito un poco de valor para hacer esto. No he sido nunca un cobarde, pero creo que para esto necesito algo más de tiempo, no me valen sólo tres meses. Pero lo voy a hacer por ella.

Acabo de llamar a la puerta, y escucho el lento clon clon del bastón golpeando el suelo. Respiro fuertemente justo cuando se abre la puerta.

-Aaron -veo la sorpresa en su cara por verme allí.

-David. ¿Puedo pasar?

-Claro, por supuesto.

Se hace a un lado para dejarme pasar y voy directo a la sala. Lo oigo detrás de mí.

-¿Te apetece tomar algo?

-No, gracias -cuanto antes termine con esto, antes me iré de aquí.

Me siento en el sofá y Rossi en el sillón, frente a mí. Ahora que me fijo más en él, puedo ver lo desmejorado que está. El pelo se le ha encanecido completamente, y luce unas grandes ojeras, que probablemente, sean ya permanentes. Tiene más arrugas que la última vez que lo vi.

-¿Cómo estás? -pregunto. Me sorprendo queriendo saber realmente la respuesta.

-No voy mal. Necesito otra operación, en un par de meses, según me han dicho, para fijar completamente la cadera. Aunque no me desprenderé ya nunca del bastón, va a ser mi fiel compañero de por vida.

Asiento lentamente, pensando en mis próximas palabras. Rossi me mira fijamente, pero yo también le mantengo la mirada. No me va a intimidar, no a mí.

-¿Por qué estás aquí, Aaron?

Buena pregunta, porque yo todavía no quería venir. Tal vez algún día, pero no todavía.

-Quiero saber qué pasó exactamente, David -digo con toda la tranquilidad del mundo, aunque en realidad no la sienta.

Durante un segundo, veo una expresión de dolor en su rostro, pero enseguida se desvanece. Se apoya en el respaldo del sillón y esboza una media sonrisa.

-¿Por qué quieres torturarte, Aaron? Ya sabes lo que pasó.

-No. Todos sabemos cómo fue el accidente, quiero que me cuentes lo que pasó cinco, o diez o quince minutos antes. Lo que ocurrió en el coche, David.

Se levanta con dificultad y se acerca al mueble bar. Se sirve un whisky y me vuelve a ofrecer a mí. Niego con la cabeza. Vuelve a sentarse y antes de hablar, toma un pequeño sorbo de whisky.

-¿Sabes, Aaron? Me recuerdas mucho a ella. Siempre queriendo saber hasta el último detalle. No es de extrañar que estuvieras tan enamorado de ella.

Noto como la ira se me acumula en el estómago por ese comentario, creí que lo había logrado esconder mejor, pero quiero escuchar lo que tiene que decirme.

-No sé muy bien qué quieres saber. Nos habías enviado a entrevistar a los padres de la primera víctima, e íbamos comentando el caso. No recuerdo la razón exacta, pero terminamos discutiendo.

-Tenías la habilidad de sacarla de quicio -no puedo evitar comentar. Él suelta una risita.

-Así es. A pesar de eso, estábamos en silencio justo cuando el coche se salió. Había llovido un par de horas antes, y el asfalto todavía estaba mojado, perdí el control del coche en la curva y aunque lo intenté, no conseguí recuperarlo. Faltaban apenas doscientos metros para llegar a la comisaría.

Nos quedamos en silencio, y sentí cómo me costaba tragar, tenía un nudo en la garganta.

Todavía recuerdo (tanto dormido como despierto), el estruendo que se escuchó desde la comisaría cuando el SUV se salió la carretera y nos dimos cuenta de lo que había pasado. Enseguida comenzaron a llegar los servicios de emergencia, pero para Erin fue demasiado tarde.

-Sé que me culpas de lo que pasó, pero intenté hacer todo lo posible para que el coche no se saliera, que el daño fuera el menos posible.

-Sin embargo, tú estás aquí y ella está muerta -digo con intención de hacerle daño.

Me mira un instante antes de volver la atención a su vaso. Sé que mi comentario le ha dolido, pero más me ha dolido a mí lo que resultó de ese accidente.

-Lo siento. Sé que crees que perdiste tu oportunidad de ser feliz, pero tú sigues vivo, Aaron, no te quedes en el pasado.

-Vete a la mierda, David.

Me pongo de pie, con intención de irme, cuando su voz me detiene.

-Igual que me di cuenta de lo que tú sentías por ella, también descubrí que ella se sentía igual. Fuisteis unos cobardes por no decir nada, está claro que no tenemos todo el tiempo que creemos.

Respiro hondo para calmarme.

-Antes de…que me sacaran del coche, Erin consiguió murmurar algo. Me dijo que te dijera que lo sentía.

-¿Qué es lo que sentía? -consigo preguntar.

-No lo sé, Aaron. Supongo que no haberte dicho nada, guardarse sus sentimientos para sí misma. Te lo dije antes, sois muy iguales, por eso hubierais hecho tan buena pareja.

Trago con dificultad mientras asimilo sus palabras. Luego me doy la vuelta y me marcho sin despedirme.


He salido de casa de Rossi con la cabeza espesa, como atontado. He conducido sin rumbo, aunque en realidad, sabía exactamente hacía dónde iba.

Y ahora estoy aquí, como desde hace tres meses dos veces a la semana. El aroma de las flores frescas llega hasta mi nariz, recordándome donde estoy.

-¿Cómo ha ido? -el sonido de la dulce voz de Erin me hace sonreír.

-De momento no puedo perdonarlo. Quiero hacerlo, pero no puedo -contesto mirándola.

-Está bien, pero has dado un paso importante -se encoge de hombros y mira hacia el frente.

Nos quedamos en silencio, aunque siento que tengo que decir algo.

-Erin, lo siento mucho.

-Yo también -me mira y sonríe. Esta vez es una sonrisa triste.

-Crees que…¿crees que hubiera funcionado? -pregunto.

Coge mi mano, y por un momento puedo imaginar el calor que irradia su cuerpo.

-Estoy segura que lo habríamos hecho bien -murmura.

-¿Por qué sólo puedo verte yo? ¿Por qué estás aquí?

Suelta una risita y se vuelve a encoger de hombros.

-El amor es una razón muy fuerte que hace cosas imaginables.

No puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas.

-¿Por qué tengo la impresión que esto es una despedida? -digo intentando no llorar.

-No lo sé, pero yo también te hecho mucho de menos -murmura, y ahora ambos estamos llorando.

Miro al frente, hacia su lápida, cuando siento sus labios sobre mi mejilla húmeda.

-Siempre estaré contigo.

Cuando me giro, Erin ya no está. Y creo que esta vez, se ha ido para siempre.

Fin