Esta historia está ambientada en la época post-sinsajo, con una Katniss y un Haymitch listos para pasar un día libre de todo tormento.

Los personajes son de Suzanne Collins.

Recomendación musical: Crawling to you. Cover realizado por Maiah Wynne de las canciones de Balada de Pájaros Cantores y Serpientes. Visiten su canal en YouTube y escuchen sus covers, son buenísimos.


Odio el verano. Odio los mosquitos. Odio el calor.

Mi mano vuela rápido a mi cuello para intentar matar a otra de estas mugrosas bestias, pero nuevamente no lo consigo. En cambio, continuo a paso lento y torpe el camino que se erige frente a mí, siguiendo a la guía que no pensaba tener en mucho tiempo.

Maldigo haber propuesto este recorrido y más aún, haber aceptado como si fuera un paseo que había deseado desde mi infancia. A los tres minutos de acordar hacerlo, ya estaba mendigando un poco de licor en mi boca. Ardiente y doloroso licor.

Rehuyo a otro mosquito a tiempo mientras ella se detiene unos segundos, alza la mirada al cielo y frunce el ceño. Me detengo para tomar un respiro, apoyando mi poca dignidad sobre mis rodillas, encorvando mi cuerpo con cada bocanada pesada y dolorosa de aire.

Seco mi frente sudorosa con el dorso de mi mano y ella me devuelve la mirada con ese ceño pronunciado que tanto detesto. Echa una simple mirada a mi deprimente aspecto y se da vuelta de nuevo, continuando con su andar.

-Ya vamos a llegar. - es lo único que pronuncia cuando ya me lleva algo de ventaja, pero recibo ese mínimo gesto de clemencia como una bofetada.

Odio los paseos al aire libre.

Caminamos a través del bosque unos metros más que caen en mi maltrecho cuerpo como cinco kilos de cemento, lo que me hace gruñir y a Katniss resoplar por tener que detenerse cada cinco minutos para asegurarse que no he caído por un hoyo en la tierra. En parte creo que lo está deseando.

El plan inicial era tener un día de campo en el prado, porque Peeta lo había sugerido en unos de sus días de lucidez y buen humor. Sin embargo, yo me fui al extremo y propuse que sería interesante conocer aquel lago que tanto ella había mencionado, y del que se tenían tomas luego de ese propo en donde había cantado aquella canción.

Al principio dudó, pero luego Peeta pensó que mi propuesta era más que suficiente y se entusiasmó más de la cuenta, pero todo sin saber que lo que dije lo hice por culpa del alcohol en mi cuerpo.

Cabe decir que a los dos días me había contagiado con su entusiasmo, algo que yo mismo no supe cómo explicar. Pero todo se fue al caño cuando el chico no estuvo del todo bien desde hace dos días, y justo ayer no quiso hablar con nadie, salvo con Katniss que irrumpió en su casa sin permiso. Esto pudo haberle costado la vida, pero luego me dijo que él solo quería estar en casa. Katniss se mostró renuente a dejarlo solo, pero el chico le aseguró que estaría bien y le prometió que Sae lo cuidaría, siendo este un trato que no pudo rechazar.

Entonces, ¿dónde entro yo? El caso es que por terco decidí que sería buena idea alejarla de la nube gris de la Villa, solo con el buen pretexto de que ella se relajara y se calmara después de todo. Ella no estuvo de acuerdo, claro está, pero a Peeta le pareció una buena idea, alegando que un día en el lago la haría sentir mejor y a mí me alejaría de las botellas.

Cómo siempre, mi hábito estaba a merced de sus decisiones.

Después de todo, acepté sin más que hacer y de pronto caí en cuenta de que nunca había entrado al bosque, por lo que esta sería mi primera vez en contacto con su mundo. ¿Qué mal podría pasar?

Y eso es lo que me lleva a cómo estoy ahora.

Mis malos hábitos con la bebida han hecho estragos en mí que ahora me dejan como un idiota que no puede caminar diez pasos sin morir en el intento. Recuerdo que de niño solía ser muy enérgico, lo cual sacaba de sus casillas a muchos, menos a mi padre, quien se divertía con cada ocurrencia que tenía bajo la manga. Habían días que solía correr por toda la Veta, jugando con un par de amigos, o simplemente haciendo rabiar a mi madre, quien terminaba buscándome detrás de las casas de los vecinos con amenazas de no dejarme salir con mi padre en su día libre de las minas.

Aquel recuerdo me deja con el pecho más comprimido, impidiendo que el aire entre como lo necesitaba. Odio regresar al pasado y ver sus caras, es un simple recordatorio de lo que perdí y nunca podré recuperar. Mi familia, todos consumidos por las llamas: mi padre en las minas, cuando yo estaba en mi segundo año de cosecha; y mi madre, mi hermano Timothy y mi chica, Anna, en un incendio "accidental" en mi antigua casa de la Veta.

Todos ya terriblemente ausentes y viviendo a mi alrededor como fantasmas. ¿Quién no quiere ahogarse en una botella de ron después de eso?

No obstante, precisamente hoy debería estar feliz — si se puede decirlo — con esta caminata, porque me hará olvidar todas esas pesadillas que había estado acumulando a lo largo de los años.

Hoy, en este día de campo, Katniss me guía hacia el lugar en donde pasaba la mayoría del tiempo junto a su padre, recolectando recuerdos que poco a poco le irán abriendo o cerrando heridas. En parte me siento un intruso, sobre todo ahora que ya mis pies no dan para más y el sudor me inquieta. Pero si ella accedió es porque todavía, muy en el fondo, necesita compañía.

El sol no está en su punto más alto, así que todavía es temprano cuando comenzamos a descender desde una parte alta del camino boscoso. Apuesto a que ya estamos llegando y eso se nota por sus ganas de acelerar el paso.

Ella no se quejó en voz alta por el camino, pero sé de su inconformidad por cómo me mira de soslayo, aprieta sus labios y suspira resignada. Estoy seguro que está igual de arrepentida que yo por aceptar este trato, y eso me permite sonreír.

—A la derecha. — dice después de unos segundos y señala un pequeño claro que se materializa entre dos cortezas de árboles caídos.

Tomo una bocanada de aire y troto, como puedo, el pequeño tramo hasta ese lugar, ya queriendo acelerar el paso y llegar de una vez por todas. Pero por mucho que me haya enfrascado en odiarlo, e incluso, con todo ese resentimiento y arrepentimiento de haber salido de casa y dejar mis botellas; aún con todo eso a mi favor, no pude evitar abrir los ojos con sorpresa y dejar salir el aire que hasta ese momento había retenido.

Aquel lugar es un oasis en medio del desierto, o como se llamen, según lo que una vez Effie me explicó. Ese alejado y absurdo rincón está más cerca del doce que de cualquier otro lugar, por lo que le atribuye más picardía y belleza.

Recuerdo haber visto tomas de este sitio gracias a los propos del Distrito 13, pero jamás en mi patética vida se me cruzó por la mente estar en un lugar así.

De pronto dejo a un lado la apatía y el cansancio, para darle paso al asombro y deslumbramiento. Entrecierro los ojos ante la luz que se refleja en el inmenso lago como un espejo natural del cielo. Los árboles que rodean el agua le dan un tono verdoso al agua, pero no lo suficiente para poder ver destellos azules en su profundidad. El olor a musgo y campo silvestre le da un toque personal y único, haciendo del lugar un espacio perfecto para reponer de oxígeno a mis agotados pulmones.

Mis pies avanzan sin pedirlo y cuando estoy cerca de la orilla del lago me dejo caer con un movimiento brusco, haciendo crujir las hojas debajo de mí. Suelto un silbido y levanto la mirada al cielo, maravillándome con su azul y el resplandor del sol entre las nubes. Nunca me había detenido a contemplar la naturaleza, y mucho menos admirar más allá de las ventanas de mi sala de estar; pero estaba seguro que esta no era la primera vez que me iluminaba la mirada tanta belleza natural, puesto que la primera ocasión sucedió en mis juegos. Ante ese amargo recuerdo, crujir mis dedos y rápidamente trato de borrar aquella similitud, no quiero nada doloroso a mi alrededor hoy.

Suspiro y observo a una bandada de pájaros que revolotean sobre el agua, soltando silbidos de alegría que armonizan la escena. En cuestión de segundos detecto que son sinsajos y suelto un bufido por la ironía.

—A los sinsajos les gusta este lugar.

Katniss, quien llegó sigilosamente a mi lado, no se inmuta ante mi comentario, pero luego de sentarse sobre una roca saliente cerca de mí, escucho una risa amarga que gorjea desde el interior de su garganta.

—Es dónde se sienten libres.

Asiento en respuesta ante su lógica y sonrío, porque al fin logro escuchar lo que tanto esperaba de su parte desde hace días: la palabra, libertad.

No digo nada más después de allí y ella lo agradece. Ambos nos quedamos en silencio, como es costumbre desde que llegamos al distrito. Me descuelgo el pequeño morral de mi espalda y lo dejo a un lado. El sol se hace espacio entre las nubes y ahora el color del agua cambia a uno más azulado, siendo esta una fotografía muy interesante. Seguramente a Peeta le gustaría pintar esto algún día.

—Ten, lo dejó Peeta para nosotros. — Ella extiende un bulto enrollado en tela, el cual tomo ante el aroma que despide.

—Tenemos suerte que está de vuelta.

Abro la tela y descubro un bollo de queso, junto con un par de bizcochos y tres galletas de mantequilla.

El olor me nubla la mente y dejo escapar un suspiro de alegría. Hasta ahora no sabía que estaba tan hambriento.

—Lo dices por ti.

Alzo una ceja ante su comentario y dejo salir una carcajada que la descoloca.

—No disimules tanto, preciosa, la actuación no es tu fuerte — Le guiño un ojo y ella parpadea aturdida, regresando su atención a la comida sobre su regazo —. Tú y yo somos muy parecidos, aunque lo niegues.

Ella pone los ojos en blanco y le da un mordisco grande al bollo de queso. Aquello me hace reír aún más.

—Eres predecible Katniss, y muy terca también al no querer aceptar la verdad.

—Ya cállate. — sisea con molestia, pero pronto veo un atisbo de lo que ella cree que es una sonrisa cuando me tiende una botella con agua.

¡Lo sabía! Es un libro abierto, para su desgracia.

Cuando le doy un sorbo a la botella, un sinsajo vuela hasta nosotros, como si hubiera sido invitado al desayuno. El muy astuto ladea la cabeza a un lado y agita sus alas en busca de atención, la cual obtiene cuando le lanzo un pedazo de fruta que tomo de un recipiente a mi lado.

—No son gansos, Haymitch.

—Lo sé, pero no son muy diferentes.

Ella resopla, ocultando una risa que no quería dejar salir. Hasta ahora no me había detenido a observar cómo ella trata de regular sus emociones, a tal punto de dejar salir solo lo que ella quiere mostrar.

Esta lectura me deja un tanto descolocado y aturdido, porque es la primera vez en mucho tiempo que acierto en que Katniss, sin duda alguna, puede llegar a ser mi pariente, y no solo lo digo por nuestros rasgos físicos oriundos de la Veta. Ella y yo, en cierto punto, pudimos ser cortados con la misma tijera.

Mi razonamiento me lleva mucho tiempo atrás, cuando conocí a su padre en la escuela. Aquel chico alto, misterioso y molestamente encantador, que hacía detener a todos con sus historias y cantos; aquellos que hacían a las chicas suspirar y a muchos chicos envidiar en secreto.

Observo a Katniss y de inmediato lo veo en su silueta, en su andar, en aquella pequeña sonrisa carente de absoluta emoción, pero lo suficientemente adecuada para dejar a todos satisfechos.

Es ahí cuando sé que Walter Everdeen está presente hoy y eso me reconforta.

«Puedes hacerlo Abernathy. Puedes salir adelante — comentó entre susurros —. No estarás solo.» Fue lo último que me dijo esa vez que ayudó a despejar lo que quedaba de las llamas que consumieron a mi familia. Pero ahora, veinticinco años después, ¿sí podré salir adelante? ¿Qué será de mí junto a los pedazos que quedan de su hija y su "posible yerno"?

¿Es esta la familia que ahora me toca? Por ahora puedo llegar a razonar un poco sobre ello, pero de lo que puedo concluir de toda esta diatriba, es que aquella chica que se convirtió en un símbolo para todo un país, ahora está tarareando una melodía mientras degusta un bollo de queso con absoluto placer. Y eso, solo eso, me hace sentir en paz.

«Sí, Everdeen, tal vez pueda estar bien.»

Miro al sinsajo todavía frente a nosotros y ahora se le une otro, esperando comida. Sin pensarlo se la doy, pero termino silbando la melodía que Katniss creía tararear para ella sola. Es una vieja canción que las chicas en la escuela solían cantar, incluso mi madre lo llegó a hacer mientras cocinaba. Tenía mucho tiempo que no la escuchaba, y ahora Katniss la trae a colación de la manera más natural y jocosa, como si de verdad estuviéramos en un paseo escolar.

Definitivamente, ambos necesitábamos esto.

La pareja de aves ladean sus cabezas tratando de reconocer la melodía cuando va por la segunda estrofa, pero solo uno se dignó a responder a mi canto.

—Sí, lo sé, no es lo mejor que escucharán hoy. Malagradecidos. — les digo con amargura fingida y a mi lado escucho como Katniss resopla, ocultando otra risa que no esperaba soltar.

Sin despegar la mirada de las aves, busco a tientas mi bolso y meto mi mano para sacar aquel instrumento que encontré guardado en uno de los gabinetes de mi habitación.

El objeto pequeño, alargado y plateado brilla por el resplandor del sol, creando un halo de luz alrededor de mi mano, captando la atención de las aves, como perros sabuesos en busca de un hueso.

En ese instante tomo una buena bocanada de aire y comienzo a improvisar con la armónica, creando melodías al azar hasta que logro seguir un tema coherente y sorprendentemente agradable.

Llevo mucho tiempo sin tocar ese regalo que encontré entre los tantos instrumentos musicales dentro del centro de mentores. Muchos de ellos puestos a propósito para que un vencedor se entretuviera entre tanto caos, por lo que no fue difícil tomar uno "prestado" luego de una noche estrepitosa.

Cierro los ojos y me transporto a aquellos días cuando escuchaba a mi madre tararear algunos de los "temas prohibidos" del distrito. Su canto desafinado servía de distractor en días de hambre y angustia, por lo que mi padre no tardaba en unirse con sus palmas, para luego ser reprendido por ella, o en el mejor de los casos, unirse a sus bailes improvisados.

De allí mi gusto hacia la música, aunque este se vio nublado luego de sus muertes.

Ahora, junto a estas tontas aves me permito regresar a esos días de risas y felicidad, pero con el plus de que un agente de la paz no estará apuntando a la puerta de mi casa para ahogar al sinsajo.

Termino con la canción que Katniss tarareaba y con un último ademán con la armónica le doy un final digno de aplaudir, mismo que consigo cuando los sinsajos aletean y comienzan a silbar la melodía.

Miro de soslayo y alzo las cejas ante la mirada atónita de Katniss. Esto terminó siendo una gran sorpresa.

—¿Qué? ¿Creías que Peeta y tú eran los únicos con talento?

Ella parpadea y niega con la cabeza, el sonrojo de sus mejillas delata su vergüenza y río con más ganas para hacerla rabiar. Pero tarde me doy cuenta que el sorprendido terminaría siendo yo, cuando ella se voltea hacia el lago y con un atisbo de sonrisa nos deja a todos esperando.

Hasta que sucede lo impensable.

My heart's stupid and that's not maybe.

Can't blame Cupid, he's just a baby.

Shoot it, boot it, execute it,

Still comes a-crawling to you-hoo.

La canción, hasta ahora tocada por mí en la armónica, vuelve a renacer esta vez en boca de ella, siendo interpretada con una voz suave y agradable, muy diferente a la sutil y dolorosa que entonó hace varios meses en este mismo lugar, cuando cantó The Hanging Tree para todos los rebeldes.

Heart's gone funny, it won't hear reason.

You're like honey, you bring the bees in.

Sting it, wing it, give a fling it,

Still comes a-crawling to you.

Sin pensarlo mucho me uno con la armónica, siendo un acompañante que no esperaba, pero que recibe con una pequeña sonrisa cuando me ve de reojo y luego vuelve a cerrar sus ojos, dejándose llevar por la letra.

I wish it mattered that

You chose to smash it up

How come you shattered that

Thing I love with?

Did you feel flattered that

You could just trash it up?

That's why you battered that

Thing I love with

Termino tocando un solo de armónica que ella acompaña con sus palmas, lo que me invita a improvisar y terminar con una señal para que ella siga con la letra, tal como si fuéramos parte de un grupo musical.

Trapped my ticker but haven't freed it.

People snicker at how you treat it.

Snare it, tear it, strip it bare it,

Still comes a-crawling to you-hoo.

La sigo con las palmas, siendo esta vez quien la anima a seguir con más entusiasmo.

Heart's been jumping just like a rabbit.

Blood keeps pumping but that's just habit.

Drain it, pain it, I'm insane, it

Still comes a-crawling to you.

Burn it, spurn it, don't return it,

Break it, bake it, overtake it,

Wreck it, deck it, what the heck, it

Still comes a-crawling to you.

Toco un arreglo más y damos por terminada esta canción que los sinsajos no tardan en repetir, siendo una banda sonora que se repite en bucle por todo el lago, haciéndonos reír por lo absurdo y disparatado de todo.

¿Quién diría que estas dos almas ariscas y solitarias terminarían cantando una canción sobre amor? Ni en mis locos sueños lo creería, pero ahora, con este aire puro y de libertad, me puedo ofrecer este momento.

Le devuelvo la mirada a Katniss y en sus ojos, muy similares a los míos, capto el mismo mensaje que me dice: sí, podemos estar bien.

Agito la armónica con gracia y alzo una ceja esperando su respuesta; ella solo se encoge de hombros y se deja caer cerca de mí, para luego sacar de su mochila una botella térmica, acompañada de dos tazas.

—Que esto no salga de aquí. — dice, medio en broma, y yo solo tomo una de las tazas, siguiendo el juego de sus palabras.

—Yo no sé nada. — Simulo pasar un cierre sobre mis labios y ella me empuja con su hombro, lo que solo me hace reír.

Después de allí cantamos, reímos y bromeamos hasta que el sol nos da indicios de esconderse.

Desde ese momento confirmo que efectivamente, por muy cliché que ahora suene, el bosque sí que es el mejor escape de todos.

Al final es el único que puede hacer que un sinsajo y un ermitaño se rindan ante una tonta canción de amor.